19/8/2026

MEMORIAS DE ALCALÁ (V)

«Memorias de Alcalá» es el título global de una serie de artículos que recogen las vivencias y reflexiones de personas que promovieron tanto la Asociación Española de Antiguos Alumnos del INAP como la Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP de España.

En esta quinta entrega, Santa de Gloria Coloma Romero, actual presidenta de la Asociación Ecuatoriana de Antiguos alumnos del INAP, evoca su llegada al INAP de Alcalá pocos días después de un suceso que supuso un antes y un después para nuestras democracias: el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. 

 

UN AYER QUE SE NIEGA A DESAPARECER

Por Santa de Gloria Coloma Romero

Érase un 11 de septiembre de 2001, comenzaba un nuevo milenio. Un golpe mortal envolvía en llamas a la más soberbia representación de la opulencia y buen gusto de los neoyorquinos, las famosas Torres Gemelas. Admiradas por millones de turistas que quedaban extasiados ante la nitidez de líneas y la transparencia de cristales finamente colocados de frente a los ojos y sinuosas figuras de los orgullosos locales y curiosos visitantes venidos de todas partes y concentrados en este punto de obligado encuentro.

El equipaje listo, la alegría y nostalgia enredados entre la novedad de una nueva vivencia y la común realidad del día a día. Una oportunidad de mejoramiento en la administración pública, de relacionamiento con colegas de distintas partes de Iberoamérica, de intercambios de experiencias, culturas, costumbres, colores y sabores, congregados en las aulas de la vieja y singular casona de la Universidad de Alcalá de Henares. El INAP, el Organismo de Administración Pública de España, era el protagonista de esta otra aventura que marcó un antes y un después a través de recuerdos y añoranzas.

La algarabía de la despedida, pues era un tiempo largo que me alejaba de la familia, de la oficina, de la cátedra universitaria, de los alumnos, compañeros y amigos que fueron creciendo mientras el tiempo pasaba, a veces, sin ni siquiera darnos cuenta, pero que salí del letargo el mismo momento en que arribé al avión. Había pasado 20 días desde el brutal ataque a Nueva York, por no decir al mundo, porque un acto de terror conmociona a todos, los cambios en las políticas de seguridad fueron universales. Nadie imaginó que el transporte más grande, genial y seguro creado para unir pueblos, gente y familias se hubiese convertido en un arma mortal. La escala en Miami fue intensa, personas abrumadas, escépticas, temerosas pretendían esconder su temor en las enormes botellas de agua que era el único elemento en la sala de espera.

Llegado el momento tan anhelado primero por la rara situación del lugar y, segundo porque España esperaba a los nuevos visitantes que serían sus huéspedes por un buen tiempo. La sonrisa acomodada al entorno, el corazón acelerado ante lo desconocido, el repaso de todo lo vivido, el amor apretado en lo más íntimo por dejar a la niña, a la hija amada, a la familia, se aplacaba con la curiosidad de lo nuevo.

El calor de la estación, sumado al gentío en las largas filas del aeropuerto de Barajas, conocido así en el ámbito común, marcó el inicio del cambio. Opciones múltiples de transporte, pero ante lo desconocido el taxi era la mejor opción, eran blancos, en mi país son amarillos, bueno es parte de la mudanza, me dije. El tono fuerte del chofer me ubicó en el lugar, a dónde nos dirigimos, fue la pregunta y entre la simplicidad respondí a Alcalá de Henares, está fuera de Madrid me dijo con el mismo vozarrón, pero mientras se desplazaba por la amplia y larga vía su amabilidad afloró como si lo hubiese conocido. Se enteró que iba a un curso del INAP, y a la Residencia universitaria CRUSA, sin reclamos me condujo al lugar.

La ciudad envuelta en un aire de historia y saber, a través de Cervantes conocía su nombre, en la larga historia de la Edad Media y en resurgida en 1499 cuando se fundó la famosa Universidad, año que coincidía con el naciente proceso de la llegada de España a Américas, esas similitudes despertaron confianza. Aturdida por el viaje, el cambio de horario y un sol radiante que parecía una mañana soleada de mi ciudad, ingresé a la nueva residencia, pequeña, limpia, con compartimentos aceptables me acomodé a descansar, creo que dormí un corto tiempo, y al despertar, el sol seguía en su franca claridad. Era momento de salir a conocer la Plaza de San Diego, donde se decía se desarrollaría el curso.

Todo era diferente, el autobús a la hora precisa, ¿el boleto? ¿Qué boleto? Debía haber comprado en “Tabacos” primer error, producto del desconocimiento, en fin, todo se superó y llegué a la Plaza citada, crucé la calle Libreros y entre piedras discretamente acomodadas, divisé la enorme fachada de piedra y con decorados que maravillaron a mis ojos y permitieron introducirme en un tiempo con sabor a arte, ciencia, a historia fue como estar en un museo al aire libre rodeado de calaveras medievales, soldados mongoles o ángeles renacentistas, la piedra caliza me recordaba a los pueblos de la Sierra Central de mi país donde este material es muy utilizado en varias construcciones. Continué con  mi exploración y atravesé una pequeña calle, que me condujo a la Plaza de Cervantes, glamurosa, extendida entre flores y árboles, monumentos y, lo más impactante los enormes nidos de las cigüeñas, al fin las conocí (como se diría) en persona. Radiantes, libres, blancas dueñas de las cúpulas y de la ciudad. Una vuelta breve y la calle Mayor como un imán, me invitó a introducirme en sus callejones y portales repletos de colores y productos de toda especie que lucían afanosos tras los cristales de sus vitrinas. ¡Qué raro! Las puertas cerradas, si aún –pensé- era temprano, el sol continuaba.

El cambio, nuevamente el cambio. Estaba en España, y en verano el sol se oculta tarde y también quiere saborear la exquisitez de los lugares, de la gente, de la vida. Miré el reloj ¡eran las 8:30 de la noche! Otra desubicación del tiempo…

El primer día en el aula de la Universidad de Alcalá, rostros nuevos, un número mayor de mujeres, los hombres parecían más sorprendidos, envueltos en un silencio nada común para un latinoamericano, una que otra sonrisa, las miradas disparadas por todos lados. El reloj marcaba la hora de inicio, pero aún nadie aparecía a dar el saludo de bienvenida. Lentamente un hombre menudo, un tanto regordete, de amigable sonrisa, detrás de unos redondos lentes que confirmaban era el Coordinador. Su voz más llamativa que su estatura, despertó la atención: habéis venido al curso del INAP, espero tengáis grandes expectativas. Para nosotros es un verdadero placer contar con vuestra presencia. Estaré como coordinador, cualquier inquietud decirnos con toda franqueza a fin de buscaros alguna solución.

El saludo corto, directo y afable creó el espacio propicio para el intercambio de inquietudes. Cada uno de los cursantes desplegó su voz, resaltando su nombre, país y origen, institución donde laboraba y las expectativas sobre esta nueva experiencia.

Dieciséis personas, convertidas en compañeros cada una con sus particularidades, características y sueños, pero tenían algo en común: todos eran servidores públicos, todos trabajaban para el Estado en sus respectivos países. Todos querían intercambiar experiencias para aprovechar lo bueno y descartar lo nocivo. Dieciséis colores, dieciséis experiencias, dieciséis sorpresas. Por el otro lado un desfile de conferencistas españoles, hombres, mujeres, jóvenes, mayores, igualmente la diversidad no solo estaba en los cursantes sino también en los locales. El tratado sobre los distintos ámbitos del servicio público español ponía de manifiesto apreciables coincidencias, pero también grandes divergencias, entre las administraciones latinoamericanas. Seguramente, había mucho por hacer.

 

Sobre la autora:

Santa de Gloria Coloma Romero, ecuatoriana, es una destacada académica, investigadora y líder cívico-social.

Doctora en Ciencias de la Educación, Investigación y Planificación. Magister en Seguridad y Desarrollo de Políticas Públicas y especialista en Gerencia Pública para el Desarrollo social. Catedrática en la Universidad Central del Ecuador. Miembro Docente del Honorable Consejo Universitario y Asesora Permanente de la Presidencia de la República en Política Pública y Seguridad. Ha sido nombrada Doctora Honoris Causa y ha recibido Mención como Embajadora de la Paz Mundial.

Fue Presidenta de FIAAIINAPE desde 2019 a 2021.

Es Presidenta actual de la Asociación Ecuatoriana de Antiguos alumnos del INAP.