29/6/2026

VENEZUELA: ENFRENTAR LAS DIFICULTADES

Por Francisco Velázquez

La sorpresa y preocupación que genera la emergencia producida por dos sismos sucesivos (7,2 y 7,5) en diversos estados de Venezuela, incluyendo Caracas, y especialmente en La Guaira, impulsa a recordar que los Estados deben poner en marcha actuaciones ineludibles de inmediato, así como recordar que otras deberían haberse adoptado con anterioridad.  Se imponen medidas importantes por parte de los poderes públicos venezolanos, de la cooperación internacional y de la población que conviene recordar, aunque su difusión pueda ser reiterativa. Las crisis motivadas por emergencias son frecuentemente impredecibles, pero pueden de alguna manera paliarse con actuaciones coordinadas de los poderes públicos, de la población y de la cooperación internacional.

Las principales actuaciones de las instituciones se relacionan con la existencia de canales de información, frecuentemente insuficientes, y que habitualmente se colapsan por el incremento del tráfico de llamadas, así como por los daños en las infraestructuras de comunicación. Las medidas adoptadas por las compañías de telefonía ofreciendo temporalmente sus servicios de forma gratuita pueden ser efectivas, pero ha de llamarse la atención también a la población para que realice sólo las comunicaciones imprescindibles pues en caso contrario la generación del colapso está garantizada. La prioridad debe ser para los servicios de emergencia, médicos y de seguridad con el fin de garantizar que la población pueda pronto volver a la normalidad. En momentos de crisis es cuando puede observarse la fortaleza de los gobernantes y las instituciones, pues es cuando efectivamente son más necesarios para los ciudadanos. Todos los gobiernos en todos los países tienen dificultades y crisis de mayor o menor entidad, pero lo que define la buena gobernación es precisamente la manera exitosa de paliar la crisis.

La experiencia señala que es sumamente importante que las emergencias estén planificadas dentro de lo posible, pues no puede saberse totalmente su intensidad o extensión. Para ello, la planificación en tiempos de tranquilidad es fundamental, de manera que ocurrida la emergencia los servicios de protección civil, emergencia y seguridad se pongan inmediatamente en funcionamiento. Aunque los planes de las emergencias frecuentemente se ven desbordados por la realidad, es imprescindible la actuación inmediata, que irá paliando dentro de sus posibilidades las dificultades que han sobrevenido para la población.

La ayuda internacional que llega en las emergencias debe ser cuidadosamente gerenciada. La encomiable voluntad de los países de ayudar después de la tragedia, frecuentemente se traduce en el envío de materiales no especialmente necesarios.

Por eso es esencial que los países pregunten sobre las necesidades puesto que en caso contrario pueden generarse más dificultades que ayudas necesarias. No son extraños los casos en los que se envían ropas de abrigo a países tropicales o millares de pares de zapatos o ropa que exigen multitud de colaboradores parea su clasificación y distribución. Igualmente, los equipos de rescate deben ser especialmente solicitados pues exigen una infraestructura de alimentación y alojamiento que en muchos casos no existen.

Los sismos revelan de nuevo al menos dos aspectos. El primero es que la técnica actual, aunque muy avanzada y en progresión constante, no logra adelantarse suficientemente al hecho sísmico que genera decenas, centenares y en ocasiones miles de muertos. Por esta razón, conviene tener en cuenta que la población debe estar especialmente educada, realizando de forma sistemática simulacros de evacuación que les acostumbren a realizar rutinas imprescindibles como demuestran las autoridades mexicanas, con ocasión de la celebración de reuniones internacionales o en el interior de las empresas y organismos oficiales. Además, Japón ha puesto de manifiesto certeramente que la obligación de construir los edificios con normas de edificación especialmente exigentes salva muchas vidas al lograr que sismos de alta intensidad tengan repercusión escasa en los edificios y por lo tanto en las vidas humanas, al contrario de lo que ocurre en los países menos desarrollados, donde las construcciones de los edificios e infraestructuras son más débiles.

Por eso, vienen a la memoria las palabras de Rousseau sobre el terremoto de Lisboa, cuando pone de manifiesto que “la naturaleza no construyó allí 20.000 casas de seis a siete pisos… si los habitantes de esta gran ciudad hubieran vivido menos hacinados… los estragos del terremoto hubieran sido menores, o quizá inexistentes (Rousseau, 1755).

En fin, ante las dificultades de la naturaleza, probablemente acentuados por el cambio climático, los Estados han de prepararse mediante la planificación y la educación ciudadana, conscientes de que, en distinto grado de probabilidad, los desastres naturales pueden ocurrir.

Sobre el autor:

Francisco Velázquez ha sido Secretario General para la Administración Pública del Gobierno de España y Secretario General del CLAD. Ha sido también Director General de Protección Civil y Emergencias.

@fjvelazquez.bsky.social