30/7/2026

MEMORIAS DE ALCALÁ (II)

«Memorias de Alcalá» es el título global de una serie de artículos que recogen las vivencias y reflexiones de personas que promovieron tanto la Asociación Española de Antiguos Alumnos del INAP como la Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP de España.

En esta segunda entrega, Ignacio Bonilla rememora su llegada a Alcalá desde su México natal en el año 1982, iniciando así una vinculación estrecha con el INAP que le llevaría, en 1995, a la presidencia de la Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP español.

 

Alcalá de Henares, siempre en mi corazón

Por Ignacio Bonilla Arroyo

 

La hispanidad desde mi niñez

Nací en la región mestiza de Mezquitic, el municipio más marginado y pobre del Estado de Jalisco en México. Contaba con nueve años de edad, cuando mis padres me enviaron a Guadalajara, capital del estado, a continuar mis estudios. Fue en esa época, cuando comencé a querer a España a través de algunas películas, como “Marcelino pan y vino”, con Pablito Calvo; “Un rayo de luz” con Marisol y los cantos y películas de Joselito. Tiempo después, a través del cine, conocí a mi primer amor de adolescente, la bellísima Sara Montiel. Más tarde, siendo un joven universitario, como muchos de los mexicanos, entonaba las populares canciones de Rafael y Rocío Dúrcal, la cantante española más mexicana. Durante esos años, siempre soñé conocer España.

Cuando ya era un profesionista de la administración, con mis primeros ahorros, viajé a “la madre patria” en marzo de 1975. En esa ocasión, reafirmé mi gusto por la cultura española y decidí regresar en la primera oportunidad.

Sin embargo, al poco tiempo, la vida me llevó a ser electo alcalde del municipio en que nací, una experiencia maravillosa llena de aprendizajes y formación personal. Como afirma el dicho popular, “pueblo chico infierno grande”. Gobernar un pequeño pueblo es una de las experiencias con mayor riqueza. Ahí todo es más claro, más intenso. La noche es más oscura, el sol brilla más, la crítica mordaz duele hasta los huesos, el poder se disfruta enormemente, es todo un laboratorio humano que forma de manera integral. En este municipio tiene su asentamiento la cultura wixárika, el pueblo indígena mexicano que más ha conservado su cultura ancestral, la cual estudié a fondo después de ser alcalde, cuando fui nombrado Procurador de asuntos indígenas y al desempeñarme como delegado del Instituto Nacional Indigenista en Jalisco.  En uno de los congresos del INAP de España, tuve ocasión de obsequiarle a S.M. el rey Juan Carlos el libro “Gente antigua” de tema indigenista y a la reina Sofía un bolso de la artesanía indígena wixárika.

Y así, con este interés y gusto por mis dos raíces, solicité en dos ocasiones la beca para estudiar administración pública en Alcalá de Henares.  En mi segunda solicitud hablé telefónicamente con Benito Ramos, quien me atendió con toda la amabilidad. Fui aceptado para el III Curso de Dirección en la Administración Pública del INAP español, el cual dio inicio en abril de 1982.

 

Alcalá de Henares

Abordé el vuelo Iberia, de México a Madrid, con todas las preguntas que mantenían inquietos a mi mente y a mi corazón. ¿Cómo sería la Universidad?, y todos los aspectos que conlleva iniciar un curso de formación profesional: los profesores y compañeros; los dormitorios y comedores; los libros, la dificultad de las tareas, las exigencias académicas.

Alcalá era una ciudad de 75 mil habitantes, amurallada, íntima. Se decía que, entre las características distintivas de su población, estaban las monjas, los militares y los estudiantes. Llegué a Alcalá un domingo por la tarde. Toqué en el gran portón de la Universidad, después de caminar a través de la plaza de San Diego. Fui atendido con cortesía y me asignaron mi habitación.

Salí a conocer la ciudad donde nació Cervantes y la plaza que lleva su nombre.  Precisamente en dicha plaza Cervantes, frente a mí, me sorprendió una marquesina de cine anunciando la película mexicana “La de la mochila azul” con el popular actor y cantante infantil, Pedrito Fernández. La ciudad amable, me recibió con los niños jugando en la plaza, acompañados de sus padres, muestra de la convivencia armónica de las familias alcalaínas. Al recorrer los pequeños restaurantes, percibí el aroma del pan dulce, el café, la cerveza y el vino tinto. Había llegado a vivir temporalmente a una ciudad con alma, con paz y muy cercana a Madrid, la gran capital.

¡Qué privilegio, haber conseguido la beca!  Mi estancia entre aquellos muros de la Universidad con sabor a historia, cambiaría mi vida. Caminaría por donde habían transitado Lope de Vega, Francisco de Quevedo, San Ignacio de Loyola. Gozaría de la convivencia con funcionarios de gobierno latinoamericanos, que me permitiría conocer nuestra región iberoamericana y estrechar los lazos del espíritu que nos unen por historia, por sangre. Compartiendo una misma lengua, religión y tradiciones comunes.

Comencé a conocer a mis compañeros. Mi acompañante de habitación, Alejandro Ettiene, estimado amigo que después llegaría a ser alcalde de Ciudad Victoria en el Estado de Tamaulipas de México.  Con él y yo, éramos siete mexicanos: Betty, Jacinto, Jesús, Laura y Ricardo. Comenzó nuestra amistad con estudiantes colombianos y venezolanos: Eduardo, Bárbara, Silvia, Vitelio y Mario de Brasil. Después de cenar a las ocho de la noche, algunas ocasiones, salíamos a cualquiera de los acogedores bares de Alcalá, o bien, nos quedábamos a cantar música mexicana, hispanoamericana o española, en el patio de los filósofos, acompañados por la guitarra que recién había adquirido en una tienda de Alcalá.

Al mismo tiempo que empezamos a conocer y querer a España, estrechamos lazos, intercambiamos experiencias de nuestros países iberoamericanos, en largas conversaciones, dentro y fuera de las aulas, durante algunos tiempos libres. En ocasiones, íbamos en grupo a Madrid, los fines de semana. En total, éramos 27 estudiantes en el curso, y llegamos a considerarnos como una gran familia. El viaje de estudios o paseo (como quiera tomarse) al finalizar el curso, fue a la región de Galicia. Visitamos, Vigo, Coruña, Pontevedra y Santiago de Compostela. De esta zona tomó su nombre el Reino de la Nueva Galicia, derivado de la conquista española al occidente mexicano, y en cuyo territorio se encuentra ubicado el estado de Jalisco, de donde soy originario.  En Santiago de Compostela, una noche nos fuimos de farra, a disfrutar de la cena, la bebida y el baile. Benito Ramos nos había prometido ver la salida del sol, a la mañana siguiente, en la Plaza del Obradoiro, tomando churros y chocolate. Toda la noche llovió, y al amanecer nunca salió el sol. Benito quedó en deuda con nosotros.

 

Premio Cervantes a Octavio Paz

Los siete mexicanos del curso de administración pública logramos ingresar a la parte superior del Paraninfo de la Universidad, y ser testigos de la ceremonia solemne, en la cual, el poeta mexicano Octavio Paz, recibiría el Premio Cervantes de literatura, el 18 de abril de 1982. Como mexicanos estábamos orgullosos de tener la oportunidad de presenciar acto tan solemne. Nos cooperamos para comprarle un regalo al distinguido literato, un retrato de Cervantes enmarcado, que adquirimos en una galería de Alcalá.  En el reverso anotamos nuestros nombres y domicilios en México, para que Don Octavio supiera a donde enviarnos alguna carta de gratitud.  Acompañado de su esposa María José, le entregamos nuestro regalo. Nos dijo gracias. Por supuesto, nunca recibimos carta alguna de agradecimiento. En el patio trilingüe se sirvió un vino de honor, mientras la «Scola Cantorum» de Alcalá de Henares, dirigida por don Carmelo Llorente, deleitaba al público asistente.

En el rubro académico, don Mariano Baena fue mi asesor para la tesina que debíamos presentar al finalizar el curso. El título de mi trabajo fue “Crisis de la burocracia mexicana”. Han pasado más de cuarenta años y ahora la crisis de la burocracia mexicana es mayor. Y entonces, ¿Qué es lo que está fallando en la administración pública mexicana?

Desde ese curso inolvidable, Alcalá está siempre presente en mis recuerdos.  Al haber sido tratados de manera cálida y participar en excelentes programas académicos, los hispanoamericanos que estudiamos en el INAP español, nos hemos convertido en embajadores de la hispanidad en América.

Terminado nuestro curso en Alcalá, regresamos a nuestros países. Nos quedaba claro que España era nuestra segunda patria, ahora sería más fácil entender cómo es que los mexicanos somos como somos. La herencia que nos viene de los pueblos indígenas y la que hemos recibido de los españoles. Me quedaba pendiente estudiar la ascendencia africana, nuestra tercera raíz.

 

Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP

En México se constituyó la Asociación Mexicana de Exalumnos del INAP de España, de la que fui electo presidente en 1994, con aproximadamente 300 egresados. Me acompañaron en esa directiva Eduardo Romero, Francisco Pulido, Alejandro Santa María, Jaime Nicolas y Edgar Villalpando. También se conformaron asociaciones nacionales en cada país donde había antiguos alumnos de las aulas de Alcalá.

En 1984 se fundó la Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP de España (FIAAIINAPE). A partir de estas asociaciones y la federación, comenzó la movilidad anual de los antiguos alumnos, al celebrar congresos y seminarios bienales.

El VII Congreso de la FIAAIINAPE se verificó en Guadalajara, Jalisco, México, a partir del 23 de noviembre de 1995, con el tema “La función pública iberoamericana en los albores del siglo XXI”. Recibimos el mensaje del Rey de España D. Juan Carlos de Borbón, que fue leído por el embajador español en México en la sesión solemne de apertura en el edificio del Hospicio Cabañas, considerado parte del patrimonio cultural de la humanidad. En ese congreso, en la sesión verificada en el Centro de la Amistad Internacional de Guadalajara, bajo la cúpula pintada por Chávez Vega con los rostros de Martí, Bolívar, Juárez, Cervantes y otros grandes personajes de Hispanoamérica, fui electo como presidente de la Federación Internacional (FIAAIINAPE).

En los dos años de mi administración de la FIAAIINAPE, estuve acompañado por una brillante directiva: Rosana Escobar de Colombia, Carlos Moratorio de Argentina, Ary Oliveira de Brasil, Amílcar Zúñiga de Honduras, Américo Franco de Uruguay, Edgar Villalpando de México y Fernando Cerón de España.

Cada año en la medida de lo posible me preparo para ir al congreso de la Federación Internacional en alguna ciudad iberoamericana o al Seminario en alguna ciudad española, siempre con la visita obligada y deseada a Alcalá de Henares, ya que su ayuntamiento nombró a la FIAAIINAPE, Hija Adoptiva, desde su fundación. Para los miembros de la Federación, Alcalá es nuestra casa, con todo y sus cigüeñas, la tenemos siempre presente y, si nos es posible, la saludamos en el mes de octubre, porque nuestra hispanidad la traemos en el corazón y la compartimos siempre en América y en el mundo.

Camino por las calles de Alcalá de Henares, en una alfombra de hojas amarillas. El otoño esta vez es luminoso y fresco. La ciudad que encierra siglos de historia, es paz para el alma.

Mientras arrastro con mis pies, el tapete de hojarasca, pasan por mi mente imágenes de Cervantes escribiendo su inmortal novela, los caminos de La Mancha, los molinos de viento, el rostro de Dulcinea. Mi ensimismada imaginación es cervantina.

Doy vuelta en la esquina, y, de pronto frente a mi: ¡el Quijote de la Mancha en todo su esplendor!, sabio, justo, con su lanza, impresionante.

¿Por qué será que se aparece frente a mí después de 400 años? ¿Estoy soñando o es mi imaginación, más fuerte que la realidad?

Lo que admiro es una obra de arte monumental, creada por Sebastián, escultor mexicano que quiso honrar a Cervantes en la tierra donde vio su primera luz.

 

Sobre el autor:

Ignacio Bonilla Arroyo es un decidido defensor de la cultura como herramienta de cohesión social.

Originario de Mezquitic (Jalisco), estudió Licenciatura de Administración de Empresas en la Universidad Autónoma de Guadalajara (México). Fue Presidente Municipal de Mezquitic, Oficial mayor de Cultura del Ayuntamiento de Guadalajara y Procurador para Asuntos Indígenas del Gobierno del Estado de Jalisco. Actualmente es productor y empresario teatral.

Ha recibido diversas distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez y la Orden del Mérito Civil del Rey de España por sus acciones para estrechar lazos entre España e Iberoamérica.

Ha sido presidente de la Asociación Mexicana de Alumnos Egresados del INAP de España (AMEINAPE) y de la Federación Internacional de Antiguos Alumnos Iberoamericanos del INAP de España (FIAAIINAPE)