4/9/2026
GUÍA DE UN KAMIKACE (TIC) DEL CAMBIO


Por Alberto Rodríguez Martín
(Reproducimos la intervención del autor en la clausura del curso selectivo del Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información de la Administración del Estado, celebrada en Madrid el 31 de julio de 2026):
Quiero empezar agradeciendo al INAP la invitación para dirigiros estas palabras. Estar hoy aquí frente a la nueva promoción del Cuerpo TIC A1 es un auténtico orgullo, la flamante Promoción XXX.
No tengo del todo claro si lo de «XXX» es por la película de espías de principios de los 2000 protagonizada por Vin Diesel… o por ese otro amplio género cinematográfico, con otro tipo de matices y objetivos, del que por supuesto no soy conocedor ni mucho menos experto, y del que desde luego no me han llamado para hablar hoy aquí.
Bromas aparte, me hace especial ilusión estar hoy frente a todos vosotros en concreto porque compartimos número. Vosotros sois la promoción 30, y yo cumplí los 30 hace apenas un mes y medio, así que de alguna manera entramos juntos en esta nueva etapa.
En primer lugar, quiero felicitaros a todos. Ya sé que estoy siendo súper original y que soy la primera persona en felicitaros en el día de hoy. Pero realmente, felicidades por vuestro éxito y esfuerzo; no es fácil el proceso y muchas veces el sesgo de éxito nos impide ver la verdadera dificultad de esta oposición.
Me presento. Me llamo Alberto Rodríguez Martín. Soy funcionario TIC A1 como vosotros, de la promoción anterior, y hace poco más de un año yo estaba sentado exactamente donde estáis vosotros. Aunque quiero puntualizar que en unas sillas bastante más incómodas, debido a que nuestro acto se realizó en el Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid. Así que, por favor, disfrutad al menos con cierta comodidad de la chapa que os voy a dar en los próximos 20 minutos, y luego dejaré 10 minutos para que me preguntéis las inquietudes que tengáis.
Actualmente trabajo como Jefe de Área de Regulación en la Subdirección General de Inteligencia Artificial, en la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, la SEDIA, en el Ministerio de Transformación Digital y de la Función Pública. Ya os iréis acostumbrando a soltar el organismo en el que trabajáis del tirón, como si fuera el DNI al repartidor de un paquete.
Se me planteó desde el INAP venir a contar cómo ha sido mi experiencia este primer año como TIC A1. Y si me preguntáis qué he hecho este último año, cómo ha sido mi aterrizaje en la Administración… os lo cuento por encima. Empecé asistiendo en la gestión de un contrato de ejecución del Programa Nacional de Algoritmos Verdes, una iniciativa para hacer más sostenibles y eficientes las soluciones de IA. Tras esto, me metí de lleno en la regulación de la Inteligencia Artificial a través de la tramitación del proyecto de ley para el buen uso y la gobernanza de la Inteligencia Artificial, aprobado en Consejo de Ministros el pasado mayo. Además de un sinfín de otras iniciativas, proyectos y formaciones. En resumen, un viaje tan apasionante como intenso.
Disculpad la osadía por mi parte, una persona que lleva solo dos años en la Administración, dándole la bienvenida a muchos de vosotros, más conocedores y con mayor experiencia dentro del propio sector público.
Hoy vengo a hablaros de lo que os espera. No desde la teoría, sino desde la trinchera de este primer año. Porque os aseguro que la Administración os va a exigir mucho, pero también os va a dar la oportunidad de tener un impacto que muy pocos profesionales, en el sector privado o público, llegan a soñar. Y, sobre todo, una gran satisfacción cuando ves tu trabajo reflejado en el servicio al ciudadano.

Papel del cuerpo TIC
Cuando alguien de fuera piensa en nuestro cuerpo, algunos piensan en tiracables, picacódigos, frikis de los ordenadores, los que arreglan impresoras, etc. Pero no es, o no debería ser, así.
La oposición, y vuestra experiencia profesional en la mayoría de los casos como ingenieros, físicos o matemáticos entre otros, os ha estructurado la cabeza para ser el cuerpo con mayor transversalidad de la Administración. Vuestro verdadero valor en la Administración General del Estado no reside meramente en la técnica o en conocer muy bien una tecnología en concreto. Las tecnologías cambian y, con la irrupción de la IA, tenemos una herramienta que nos vuelve expertos en una tecnología X en cuestión de horas.
No, el valor reside en nuestra capacidad para resolver problemas complejos. Somos traductores. Estamos aquí para entender un obstáculo legal, un proceso administrativo encallado o una necesidad ciudadana, y articular la solución. Bien sea estratégica, regulatoria, organizativa o tecnológica. O incluso, una mezcla.
Para poder asumir esa responsabilidad, hay que estar radicalmente abiertos al cambio. Somos los exploradores de la Administración. Ampliamos la realidad y el alcance de la propia Administración. Somos nosotros, con nuestros proyectos e ideas frontera, los que permitimos a la Administración actuar más allá de lo conocido por su experiencia y ampliar sus horizontes.
Y eso, a veces, requiere una actitud un poco temeraria. Por eso el título provocativo de esta ponencia: “Guía de un kamikaze del cambio”.
Guía del Kamikaze del cambio
Dejadme detenerme un segundo en el origen de la palabra kamikaze, que es algo que me resulta fascinante. Kamikaze es un término japonés compuesto por kami, que significa «divino» o «dios», y kaze, que significa «viento». Literalmente, el «viento divino». Históricamente, esta palabra no nació para designar a pilotos suicidas en la guerra, sino para nombrar a los inmensos tifones que, en el siglo XIII, salvaron a Japón dispersando y destruyendo a las flotas invasoras.
He elegido este concepto porque en la Administración, a veces, hace falta ser exactamente eso: una fuerza de la naturaleza. Ser un «kamikaze del cambio» no significa inmolarse a lo loco ni destruir por destruir. Significa atreverse a ser esa ráfaga de viento disruptivo que entra de lleno en la tormenta burocrática, que despeja el ambiente, que empuja con fuerza los proyectos estancados y que protege el servicio público. Requiere valentía y, sí, un puntito de temeridad.
Con este espíritu en mente, aquí van siete reflexiones, siete recomendaciones nacidas de la experiencia directa de estos meses, que me habría gustado escuchar en mi primer día.
Uno: No tengáis miedo a liderar proyectos.
Acabáis de salir de una oposición durísima. Tenéis la cabeza amueblada con una visión transversal del Estado que casi nadie posee, y venís con una experiencia profesional previa y una frescura que es oro puro para la Administración. No os quedéis en la silla esperando a que os digan qué hacer o pidiendo permiso para pensar.
Os pongo un ejemplo claro de lo que es ser un poco kamikaze. A mediados de septiembre del año pasado, apenas aterrizado en el puesto, me vi metido de lleno en la tramitación de un anteproyecto de ley de Inteligencia Artificial. Al principio, os lo confieso, tenía un síndrome del impostor enorme. Tenía reticencias y verdadero miedo a modificar el texto. Sentía que cualquier coma que tocara podía desestabilizar algo crítico.
Pero los meses pasan. Las urgencias aprietan. Y te das cuenta de que si tú no tomas el control, el proyecto se para. A lo largo de las etapas finales de ese anteproyecto, mi actitud cambió por completo: realizaba las modificaciones directamente y terminaba remitiendo la última versión por cambios de última hora en la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios (la CGSEYS) sin siquiera la supervisión directa de mis jefes.
Ese es el cambio de mentalidad. Debéis dar un paso al frente. Convencidos y capacitados para afrontar estos cambios. El sistema confía en vosotros; empezad a confiar vosotros en vuestro propio criterio.
Dos: El café es vuestro principal vehículo de interacción.
Esto puede sonar trivial, pero es alta estrategia organizativa. La Administración, a veces, es una estructura de silos. Cada área está centrada en lo suyo.
Os garantizo que muchas veces, un café de quince minutos aligera y facilita la comunicación enormemente más que una cadena de veinte correos electrónicos institucionales. ¿Cuántas veces me ha pasado estar en la máquina de café y que un compañero del departamento empiece a hablar de pasada de un proyecto que, de repente, resulta que afecta de lleno a mi área y del que yo no tenía el más mínimo conocimiento? Muchas.
Analizad vuestro organismo. Salid de la mesa. Tomad cafés. Necesitáis conocer por qué la gente hace las cosas de esa forma para poder mejorarlas. Las burocracias están hechas por personas, y solo entendiendo a esas personas podréis desenredar los procesos.
Tres: Sed entusiastas en vuestro trabajo.
Tenéis que encontrar la felicidad y el propósito en lo que hacéis, porque esa energía inspira al resto de vuestro entorno. Y esto parte de una premisa básica: sois empleados públicos, no meros trabajadores. Esto cambia por completo la relación que tenemos con nuestro empleo. No trabajamos solo por la nómina a final de mes. Trabajamos porque nos gusta, porque nos motiva, porque vemos que somos imprescindibles para el correcto funcionamiento del Estado.
Como os decía antes, me apasiona el origen de las palabras. La palabra entusiasmo no significa simplemente estar contento. Viene del griego enthousiasmos, que significa literalmente «llevar un dios dentro», estar inspirado, poseído por una fuerza creadora. Ese entusiasmo es el que debéis buscar. Este trabajo os define. Encontrar vuestra posición en el mundo a través del servicio a los demás es uno de los mayores privilegios de nuestra profesión.
Cuatro: No debéis transformar la Administración, sino perfeccionarla.
A veces llegamos con ímpetu, queriendo romper con todo. Y solemos usar mucho la palabra «transformar», que implica cambiar por completo la forma de algo.
Pero debemos ser humildes. La forma en cómo se hacen las cosas en los organismos supone un histórico, un análisis profundo de la vida del propio ministerio. Hay razones, a veces crisis pasadas, que explican por qué un proceso es como es. No podemos perder, por un exceso de soberbia tecnológica, todos esos años de refinamiento del servicio.
Nuestra labor es ahondar en esa mejora. Procurar perfeccionar la maquinaria a través de nuestras ideas, nuestro liderazgo y las herramientas tecnológicas. Evolucionar desde el respeto a la institución.
Cinco: Aprovechad las pausas y los tiempos de calma.
Y os aviso desde ya: en muchos casos, tendréis que forzarlas. La inmensa mayoría de los organismos estamos abocados a ir al día. Los fuegos diarios o semanales nos impiden ver más allá de un mes vista, a veces incluso nos impiden ver más allá del próximo lunes.
Por ello, en los pequeños momentos de cierta calma, tenéis que procurar echar la vista atrás. Evaluar de forma objetiva, desde la barrera, hacia dónde debería ir la Administración y, por tanto, vuestro organismo. Es sobre esa base de calma desde donde se pueden idear propuestas y proyectos estructurales que mejoren realmente el servicio a la ciudadanía. Si solo nos dedicamos a apagar incendios, nunca construiremos un edificio nuevo.
Seis: El fracaso, o más bien la frustración, como aprendizaje.
En la Administración vais a tener que gestionar la frustración. Muchos proyectos a los que dediquéis horas de vuestra vida no se van a llegar a realizar por cuestiones puramente políticas, o fracasarán por cuestiones ajenas a vuestro control.
Os cuento un ejemplo personal reciente que no es un fracaso absoluto, pero que genera esa sensación de insatisfacción pura con la que tendréis que lidiar. Existen unas guías de las Administraciones Públicas para el uso ético de la Inteligencia Artificial. Se estuvieron desarrollando durante todo 2025. Pues bien, llega la última semana de diciembre, fechas complicadísimas, y me toca revisarlas y corregirlas por completo en tiempo récord, en una semana, junto a mis compañeros. Corría muchísima prisa tenerlas listas para publicar. Las terminamos. Y no se publicaron. Hubo silencio.
Pasan los meses. Llegamos a junio de este año. De repente, en 3 días, y tras unas modificaciones por la ley ómnibus y la publicación de nuevas guías de la Comisión Europea, nos dicen que hay que hacer una segunda revisión integral e incorporar cambios urgentes. Todo en 3 días, deprisa y corriendo, porque se querían presentar por todo lo alto en un evento. Nos dejamos la piel. Llega el día del evento… y el ministro, por motivos de agenda, no asiste. Resultado: vuelven a quedarse sin publicar.
Ahora la estimación es que, quizá, vean la luz este septiembre. Pero como solemos decir: ya se verá.
¿Por qué os cuento esto? Porque no os podéis desmotivar. Tenéis que utilizar estas situaciones como herramienta de aprendizaje y como valor añadido para cuando las cosas sí salen. El trabajo está hecho, el conocimiento se ha generado, y el marco ético existe, independientemente de los tiempos políticos. Esa resiliencia es vital.
Siete: La trayectoria en la Administración es una carrera de fondo, no un sprint.
La necesidad de vuestros perfiles y de nuestro cuerpo en la Administración es innegable e incluso innegociable. Por ponerlo en números, vuestra convocatoria de 2023 determinaba la necesidad de 1.054 plazas para los distintos organismos de la Administración General del Estado. La demanda de nuestro cuerpo está ahí. Habéis logrado aprobar el proceso 185 personas de las 1.006 que se presentaron. Se cubrieron, por tanto, sólo el 18% de las plazas ofertadas.
Por tanto, conforme a la demanda de la Administración, hay trabajo de cinco TIC A1 esperando para cada uno de vosotros. Por un lado, esto os da una flexibilidad y unas posibilidades infinitas de embarcaros en los proyectos que más os llenen o más satisfactorios os parezcan. Sin embargo, por otro lado, la inmensa necesidad que tienen de nuestros perfiles nos puede llevar a un cierto sobreesfuerzo, o a llegar a quemarnos por abarcar más de lo que somos capaces. Por ello, la recomendación es ser constantes y dosificaros, como en una maratón. Nuestro paso por la Administración se llama «carrera administrativa» por eso mismo. La Administración os va a necesitar por muchos años vista; no le vale una persona que vaya a tope dos años, se queme y desaparezca o ya no rinda, a diferencia del sector privado.
Cierre
Y todo esto: la burocracia, las prisas, los cafés, los riesgos y los anteproyectos… ¿para qué sirve?
Quiero terminar hablándoos de una anécdota de un compañero del cuerpo: David Gómez Cordero. Es un compañero de mi organismo, pero que estuvo trabajando durante casi ocho años en el Ministerio de Educación. Cuando hablo con él sobre su etapa anterior, siempre me cuenta cómo participó en el proyecto para migrar las nóminas al sistema NEDAES dentro del ministerio.
No os hablo de un algoritmo revolucionario de inteligencia artificial que vaya a salir en las portadas de los periódicos. Os hablo de nóminas. De garantizar que la gente cobre, de que la maquinaria fundamental del Estado funcione correctamente.
Siempre que lo cuenta, se le iluminan los ojos. Él no es del todo consciente, pero lo cuenta con un orgullo inmenso, puro, el haber logrado sacar adelante un trabajo bien hecho.
Ese orgullo es la esencia de lo que somos. Esa luz en los ojos es el reflejo de un proyecto de éxito. Es la confirmación de que nuestro trabajo, aunque muchas veces este oculto o no salga del todo como esperábamos, sostiene al país.
Para terminar, y volviendo a mi gusto por el origen de las palabras, la palabra recordar viene del latín re-cordis, que significa literalmente «volver a pasar por el corazón».
Os pido que, cuando la maquinaria burocrática se ponga cuesta arriba, cuando llegue esa inevitable frustración de la que hablábamos, volváis a pasar por el corazón el motivo por el que estáis aquí sentados hoy.
Sed valientes. Tomad cafés. Liderad. Equivocaos si hace falta, pero mantened siempre el entusiasmo, porque a partir de hoy, vosotros también sois el motor de esta maquinaria.
Bienvenidos a la Administración como TIC A1, y muchísimas gracias.
Sobre el autor:

Alberto Rodríguez Martín es funcionario del Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información de la Administración del Estado (Promoción XXIX).

