13/7/2026
POLÍTICAS PÚBLICAS DE ÉXITO


Por Francisco Velázquez
La actividad de los gobiernos, mediante sus administraciones, se desarrolla por medio de políticas públicas, necesarias unas e imprescindibles otras, con la finalidad de mantener y en su caso desarrollar la actividad pública para el mayor bienestar de los ciudadanos. Su necesidad se valora especialmente en tiempos de dificultad, como está demostrando la situación posterior a los sismos que han ocurrido en Venezuela. Para paliar la situación son necesarias todas las ayudas posibles, en el interior del país y también procedentes de contribuciones de otros países o mediante la cooperación de organizaciones especializadas.
Estas políticas públicas, cuyo origen puede ser gubernamental o social, precisan de ciertos adjetivos y condiciones que pueden generar su éxito o fracaso. El éxito absoluto está fuera de la realidad, pero hay ciertas condiciones y ejemplos que pueden acercarnos a generar satisfacción con los resultados. Nunca llueve a gusto de todos, pero pueden realizarse actuaciones que mejoren la vida de amplias capas de la población.
Un ejemplo de política pública de éxito puede afirmarse de las actuaciones en materia de tráfico de vehículos que han tenido lugar en los últimos años en numerosos países europeos. En especial, la introducción del carné por puntos desde 2004 ha generado una disminución sustantiva del número de fallecidos en España, siguiendo la estela marcada unos años antes por parte de Alemania, la República Francesa y otros países de la Unión Europea.
La disminución drástica del número de fallecidos y heridos en accidente de tráfico en España (de 21.382 en 2006 a 9.561 en 2024) ha supuesto una reducción de la tasas de mortalidad del 73%, a pesar del incremento del parque automovilístico. Como se ha afirmado, ningún partido importante ha planteado suprimir el permiso por puntos. La sociedad lo considera necesario (Jordi Jané, diputado de Convergencia y Unió en 2004).
Pero lo realmente relevante es poner de manifiesto que la adopción de esta política pública tiene características que posiblemente puedan tenerse en cuenta para la adopción de otras, especialmente en cuanto a la metodología.
En este sentido debe de reflexionarse sobre el abandono de la originalidad, pues no tiene sentido esconder las influencias extranjeras. Se constata que es una buena idea analizar actuaciones que pudieran generar benchmarking o estudio concienzudo de las ventajes e inconvenientes de otras experiencias.
Un aspecto determinante de la pervivencia de esta política pública, que ha resistido por más de veinte años, a pesar de las opciones políticas contrapuestas entre la izquierda y la derecha en el régimen parlamentario español, es el hecho de que, en su tramitación parlamentaria realizada con numerosas enmiendas, se generó la unanimidad que permitió la aprobación de la ley.
Aprobada la norma por los grupos políticos, su difusión hacia los ciudadanos, que demoró todavía un año, presentó una imagen positiva: a la necesidad de disminuir el número de accidentes y por tanto de fallecidos y heridos, ha de añadirse la sanción a aquellos conductores incumplidores a los que la ley restaba puntos por las sanciones y obligaba a recuperarlos, mediante cursos de mejora de sus condiciones como conductores, de recuperación de puntos o de la vigencia del carné.
Como ha señalado el director de Tráfico que inició esta política pública con el ministro Alonso y la continuó con Alfredo Pérez Rubalcaba, además de reducir el número de accidentes se trataba de emprender un cambio de hábitos y mentalidad en todos los conductores (Pere Navarro, 2026).
El ejemplo de la política pública de tráfico nos sirve para recordar algunas de las características necesarias para el éxito las políticas públicas:
– La experiencia de otras administraciones nos enseña por sus éxitos y también por sus fracasos. La originalidad y búsqueda de lo singular, mediante experimentos, puede generar sonoros fracasos.
– El debate profundo de todas las fuerzas políticas de forma que se logre el mayor consenso posible, con independencia de las opciones ideológicas.
– La pervivencia de las acciones emprendidas, de manera que los siguientes gobiernos, aún siendo de opciones políticas diferentes admitan su vigencia e incluso la desarrollen.
– La comunicación eficaz, que no sólo insista en los aspectos sancionadores sino también en la responsabilidad ciudadana, de manera que conducir de forma más arriesgada no constituya un elemento de distinción, sino una cierta penalización social, además de administrativa.
En fin, las políticas públicas más acertadas y prolongadas en el tiempo son aquellas que aúnan la convergencia de las fuerzas políticas y el apoyo social, anclado en el comportamiento de respeto de los ciudadanos. Las sanciones pueden ser necesarias, pero lo realmente imprescindible es la convicción social.
De forma certera se apuntó que el marco en el que se mueven las administraciones públicas permite pocas “alegrías” desde el punto de vista de la gestión (Subirats,1993). En este caso, aunque queda camino por recorrer, podemos anotar un motivo de satisfacción.
Sobre el autor:

Francisco Velázquez ha sido Secretario General para la Administración Pública del Gobierno de España y Secretario General del Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo (CLAD). Es autor de varias publicaciones: «El burócrata disruptivo», «Gobernanza iberoamericana» y «El burócrata artificial».
@fjvelazquez.bsky.social

