Sábado 04 de Diciembre de 2010 09:57

La evolución del precio de los Sestercios

por Ernesto Gutiérrez Guinea
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Ya conocemos como poder valorar aproximadamente la rareza del reverso de un Sestercio y la calidad de su patina y en qué forma podemos utilizar sus distintos grados, para a partir del valor de una pieza tipo con reverso corriente y patina media, de ese mismo emperador y con el mismo grado de conservación llegar a determinar el valor de mercado de un Sestercio dado que podamos observar en vivo o en fotografía. Es claro que el afinar este criterio solo es posible con la visualización de piezas concretas o de sus fotografías reproducidas con la calidad suficiente para las que alguien experimentado en la valoración de este tipo de piezas, haya emitido sobre ellas una opinión sobre qué grado de calificación merece cada una de estas piezas reales respecto a los estados de estas dos variables.
Esta necesidad de ir contrastando la manera comúnmente conocida de estimar el valor de la tercera variable, el grado de conservación de una moneda, a partir de la definición sucinta de los grados de calidad generalmente aceptados, tal como se describían en la entrada anterior, necesitan, mas aun que en el caso de la rareza del reverso y la calidad de la patina, sea contrastada con una extensa visualización de piezas junto con el grado de conservación que le han sido asignadas por alguien suficientemente experimentado. Esta visualización es la que permite que cualquiera que tenga un mínimo de afición a las monedas, llegue a convertirse en muy poco tiempo en auténtico experto en el conocimiento, al menos para un tipo determinado de piezas de su interés, de cómo evaluar lo que reza el título del blog “El valor de las monedas”.
En efecto, si nos pasamos  por algún sitio publico en el que haya una variedad de comerciantes o comerciantes/coleccionistas que en su mayoría exhiben los mismos tipos de monedas con indicaciones de a què precio están dispuestos a venderlas, la primera sensación que nos invade es la de desánimo. Así, la misma moneda, mas aùn, si se trata de Sestercios, èstos nos aparecen, a los  que estamos tratando de iniciarnos en lo coleccionismo, con unos precios absolutamente diferentes (no es raro que con un rango de variación de 1 a 10) y lo que es peor, no solo publicitados por vendedores distintos, sino que incluso un mismo vendedor nos estará ofreciendo diferentes ejemplares de una misma moneda, sin que ni una sola coincida en su precio, con cualquiera de la demás.


Hablamos de desánimo, y efectìvamente èste es el efecto que nos produce. Como iniciarnos en un campo en  que cada pequeña compra de una pieza a un determinado precio, pueda llegar a frustrarnos, al comprobar, que, literalmente a la vuelta de la esquina de ese mercadillo dominical, encontramos la misma pieza a un precio claramente inferior e incluso muchas veces con una apariencia e incluso grado de conservación claramente superior.
La respuesta nos la da precisamente la expresión “pequeña compra” utilizada en el párrafo anterior. El evitar equivocarnos al comprar algo es inevitable, no solo en el campo de la numismática sino en cualquier otro, el de los electrodomésticos, por ejemplo. Como estar seguro de la relación precio calidad es la correcta. En el caso de un restaurante, simplemente tomando la comida y estimando el efecto que nos produce, no solo en el momento sino en los posteriores, tenemos resuelto  el problema. Sin embargo cuando adquirimos algo ya de mas precio y mas difícil de evaluar, como una casa o un coche, por ejemplo, es claro que en general, antes de su compra, nos documentamos en el doble sentido de hablar con las personas mas cercanas cuyo criterio estimamos y examinar con cuidado ofertas en internet y catálogos de precios y características publicados en medio especializados. De esta manera si la primeras compras son pequeñas  o/y  si nos hemos documentado mínimamente, los riegos de adentrarnos en la numismática ya se hacen mas pequeños. Recordemos que en  la primera entrada en este blog, dedicada exclusivamente a animar a los lectores a iniciar el coleccionismo de monedas, minimizando el riego de que desperdicien su dinero, ya se indicaba que la forma mas eficiente de empezar a coleccionar monedas es sencillamente como rezaba el titulo de esta entrada ” Del monedero al monetario”, es  comenzar identificando las monedas que tenemos en nuestro monedero al final del día reteniendo aquellas que todavía no tengamos incorporadas a nuestro monetario (al comienzo frecuentemente solo una caja, después ya un álbum, luego muchos) por corresponder a una fecha, denominación o país que todavía no tenemos en la colección, o bien que aunque la tengamos, estimamos que la nueva pieza se encuentra en una conservación mejor que la anterior.
Esto hace que “ la pequeña compra” incluso no sea tal, sino que realmente no  nos hace desembolsar ningún dinero, sino que simplemente tengamos  la atención de retenerla o ahorrarla, sin que la moneda pierda el valor por el hecho de retenerla, en una época en que la baja inflación y el bajo tipo de interés, no devalúan  ni desperdician el valor adquisitivo de nuestra monedas de euro, su múltiplo, y sus divisores.
No obstante, es preciso,  considerar  que esta no pérdida de valor por el hecho de retener alguna moneda será en, y solo en, monedas que hayamos retenido de nuestro monedero procedentes del cambio, ya que para todas la demás, debemos tener en cuenta que el mero hecho de su compra, incluso en el caso de que se haya efectuado a un precio correcto, por el mero hecho de realizarse, puede decirse que, en términos generales, reduce su valor a algo aproximadamente la mitad de lo que ha costado, en  el sentido de que la persona que nos las ha vendido, o un comerciante tipo, estarían dispuesta a comprárnosla de inmediato por la mitad de lo que nos ha costado (salvo que medien relaciones personales, de amistad, interés o confianza).


Esto que puede parecernos dramático, en realidad no es tal, ya que difícilmente encontraremos en campos colaterales a la numismática, relaciones tan favorables como 2 a 1, en cuanto al precio de compra por un comerciante respecto a algo que èl mismo nos ha vendido, pensamos que por ejemplo en filatelia o en los artículos de joyería, en los casos en que el valor de una pieza no sea básicamente determinado por su contenido en metal precioso, o en el mercado de arte, o artesanía. El comerciante para volver a vender esa pieza ha de afrontar los fenómeno de su transporte su conservación su seguridad, su espacio de almacenaje y posible depreciación circunstancias especialmente relevantes si tenemos en cuenta que el ciclo medio de una moneda determinada en el inventario de un comerciante puede alcanzar fácilmente varios años, especialmente si el precio de la moneda es alto en relación con su rareza y calidad.
La otra vía para recuperar el dinero que hemos desembolsado por una moneda no nos conduce a un resultado mas halagüeño. Seria èsta, la de su venta en una de las múltiples subastas que se organizan por diferente Casas especializadas. Decimos que el resultado, no es en principio mejor, ya debemos descontar aproximadamente un 10% que la Casa de Subastas carga al que vende, un 20% que carga al que compra, y del resultado (del orden del 70%), si no disponemos de la factura de venta, como suele ser el caso de las piezas adquiridas en mercadillos o convenciones, que debemos deducir de la repercusión del incremento sobre nuestro impuesto sobre la renta, que nos cobrarà Hacienda, al considerarse que por la venta de un objeto del que no podemos acreditar su coste de adquisición, hemos obtenido una cantidad que se sumarà  sin mas a nuestra base imponible, con lo que su repercusión será en % la que indique nuestro tipo marginal, con lo cual el precio que obtengamos por la moneda subastada será también aproximadamente la mitad de lo que nos costò, siempre, claro està que realicemos la operación en un momento en que la pieza en cuestión no se ha revalorizado no depreciado todavía.
Este negro panorama para quièn decida desprenderse de monedas que ha adquirido, no cabe desconocerlo, aunque tampoco debemos pensar que las dificultades con las que previsiblemente nos encontraremos a la hora de vender nuestras monedas si así lo precisamos, sean insalvables o nos conduzcan a la perdida de la mitad del dinero que hayamos pagado por ellas.


Aunque sea recalar algo en el humor negro, si pensamos en el bienestar de nuestros descendientes, debemos tener en cuenta que, de acuerdo con nuestra legislación, en la liquidación mediante venta pública de los bienes de alguien que ha fallecido no se considera que exista plusvalía, a abonar por los herederos, por lo que la obligación de los sucesores con Hacienda queda satisfecha con el abono del impuesto de sucesiones que en gran parte del territorio español se reduce, al menos por un momento, a un cantidad simbólica. A este hecho se debe en que en España la mayor parte de las colecciones de cierta importancia únicamente se liquiden en venta pública y solo se dispersen tras la muerte de àquel que las formò. No es este el caso de la mayoría del resto de los países, en los que criterios mas realistas a la hora de la valoración de los bienes tangibles, hace posible que los coleccionistas puedan razonablemente vender en subasta sus piezas y que pueda dejar el coleccionismo o ejercerlo en otros campos, antes de la muerte de el que  las reunió.
También, no  cabe desconocer, en este sentido, que el pensamiento de que las monedas tienden en general a revaluarse por encima de la inflación es una idea absolutamente equivocada. En un sector en el que los precios internacionales tienden a ser equivalentes, si tomamos como referencia nuestro país, desde 1965 hasta 2010, efectivamente el precio medio de las monedas de colección ( excluyendo aquellas que cuyo precio, por su contenido metálico y  conservación, dependen casi exclusivamente de la variación del precio del oro y de la plata) se ha multiplicado aproximadamente en este periodo, por 20, lo que no es muy diferente del multiplicador de la inflación. Esto  significaría que el precio en términos reales o de valor adquisitivo, es ahora igual, mas o menos, que en 1965. Sin embargo es preciso tener en cuenta que este incremento de precio, en términos corrientes, a lo largo del periodo 1965- 2010, no se ha acompasado, en años intermedios, con la inflación, ya que , en términos generales, el precio medio de una moneda media se ha multiplicado por 20 en los primeros 15 años del periodo, de 1965 a 1980, mientras que en los últimos 30 años ha permanecido prácticamente constante en términos corrientes.
Si examinamos estas cifras con cierto cuidado, podemos darnos cuenta de que de 1980 a ahora, 30 años, con un nivel del índice de vida en España de 100 en 1980 a 300 en 2010, el precio de las monedas de colección, tal como las hemos definido, se ha dividido por 3 en términos reales o sea que tienen el 33% del  valor que tenían en 1980. Este fenómeno, ajeno a la creencia popular, no debe extrañarnos demasiado, si tenemos en cuenta que el precio de la plata ( componente básico  de la mayoría de las monedas de colección), pese a su reciente revalorización que ha duplicado su precio en los últimos meses, aun no ha alcanzado en términos corrientes, el precio que llegó a alcanzar al comienzo de 1980.


Esta circunstancia no debe desanimar al coleccionista, sino aunque a primera vista parezca lo contrario, estimularle, ya que pese a todo ello, si nos documentamos debidamente y compramos con lógica, de menos a mas, podremos llegar a recuperar la mayor parte del efectivo que hayamos empleado en la compra de monedas. La buena noticia es que los Sestercios, de los que por el momento nos estamos ocupando, son de las pocas monedas que han tenido en este periodo una evolución prácticamente paralela a la infracción en cada país, ya que se coleccionan prácticamente en todo el mundo, especialmente en los países occidentales.
Valga para ello como ejemplo, los cinco Sestercios del emperador Nerón, cuya rareza de reverso, grado de conservación y calidad de pátina no son muy distintos, que podrían tener un valor medio aproximado de 4.200 pesetas ( 25 euros) en torno a 1965 y ahora, un valor medio aproximado de unos 500 euros.

7.THE EVOLUTION OF THE PRICE OF SESTERCES

 We already know how we can to assess the rarity of the back of a sesterce and the quality of its patina and how we can use its various degrees, so from the value of a type piece with a common back and medium patina, of the same emperor and with the same degree of conservation, we are able to determine the market value of a sesterces when we observe it directly or in a photography. It is clear that it is only possible to refine this approach with the observation of the specific pieces or their photographs reproduced with sufficient quality for the one who is experienced in the valuation of such pieces, issues an opinion of what level of qualification deserves each of these real pieces because of the state of these two variables.

This necessity of contrasting the way commonly known to estimate the value of the third variable, the degree of preservation of a coin, from the succinct definition of quality grades generally accepted, as we described in the previous post, it is need, even more that in the case of the rarity of the back and the quality of the patina, to be contrasted with an extensive display of pieces along with the degree of conservation assigned by someone sufficiently experienced. This examination is what allows anyone with a minimum love for coins to become very quickly an authentic expert in this area, at least for a certain kind of pieces of his interest, about how to assess as the title of this blog states "The Value of Coins."

In fact, if we go through a public place where there are a variety of merchants or traders / collectors who most of them exhibit the same types of coins with indications of at what price they are willing to sell them, the first sensation that grips us is the discouragement. Thus, the same currency, even more if they are sesterces, those appear to us, to who is trying to lead in collecting, with quite different prices (it is not uncommon that with a variation range from 1 to 10) and what is worse, they are not only advertised by different sellers, but even the same seller will be offering different copies of the same coin, and not a single match in price with any of the other ones.

We talk about disappointment, and indeed this is the effect that makes us feel. So how a starter in a field in which each small purchase of a piece at a certain price, you can get frustrated, when we verify that literally just around the corner from the Sunday market, we find the same piece at a price much lower and even sometimes with a even much higher appearance and degree of conservation.

The answer is given precisely by the term "small purchase" used in the previous paragraph. Avoiding mistakes when buying is an inevitable thing, not only in the field of numismatics, but in any other, the electrical appliances, for example. Being sure about the relation between quality and price is the right thing. In the case of a restaurant, simply eating the food and estimating the effect it has on us, not just at the moment but also after it, we have solved the problem. However, when we buy something of a higher value and more difficult to assess, as a house or a car, for example, it is clear that in general, before purchasing, we document ourselves in the double sense of talking to people close to us whose criteria we consider and of carefully reviewing online offers and price lists and the features published in specialized publications. Thus if the initial purchases are small and / or if we are minimally documented the risks we assume in numanistic get smaller. Remembering that in the first post in this blog, dedicated exclusively to encourage readers to start collecting coins, minimizing the risk of wasting money, we indicated that the most efficient way to start collecting coins is just like the title of that post stated "From the Purse to the Monetary Person" is to begin identifying the coins we have in our wallet at the end of the day to retain those that we have not incorporated yet into our currency (at the beginning often just a box, then an album, then many) to correspond to a date, name or country that we still do not have in our collection, or that even though we estimate that the new piece is in a conservation better than the previous one.

This makes that the "small purchase" is not so, but also without spending any money, just being aware of keeping or saving it, without the currency losing value by the fact of retaining it, at the time that low inflation and low interest rate, it does not devalue or waste its purchasing power of our euro coins, their multiples and dividers.

However, it is necessary to consider that this no loss of value by the fact of retaining some coin happens only with coins we have kept from our purse from change, because with all the other coins, we should bear in mind that the mere fact of their purchase, even if it was made at the right price, by the mere fact done, we can say that in general terms that it reduces their value to something about half of what it cost, in the sense that the person who has sold it to us, or a trader type, would be disposed to buy it immediately from us for the half of the price we paid (unless there were personal relationships, friendship, interest or trust between both).

This may seem dramatic, but it is not so much, because we hardly find in collateral fields of numismatics, as beneficial relations as 2 to 1, regarding the purchase price from a trader given to something he has sold, we can think about in stamps or jewelry items for example, when the value of a piece is not primarily determined by its content of precious metal, or in the case of the art market, or craft. The trader to re-sell that piece has to face the phenomenon of preservation, transportation, security, storage space and possible depreciation, circumstances particularly relevant if we consider that the average cycle of a particular coin in the inventory of a business man can easily reach several years, especially if the coin price is high due to its rarity and quality.

The other way to recover the money we paid for a coin does not lead to a more satisfying way. It would be the sale of one of the many auctions that are organized by different specialized houses. We say that the result is not in principle better, because we deduct about 10% of cargo to the seller by the Auction House, 20% loading to the one that purchases, and from the result (about 70%), if we have not the bill of sale, as it is the case of pieces acquired at flea markets and conventions, we must deduct from the impact of the increase on our income tax, finance charge by the Treasury, because the sale of an object that we cannot prove its cost of acquisition, we obtained an amount that will add just like that to our tax base, so their impact will be in % which indicates our marginal rate, so the price that we will obtain for the coin auction will also be about the half of what it cost us, provided, that we perform the operation at a time when the piece in question has not been revalued nor reduced its value yet.

This black picture for those who decide to dispose of coins that have purchased, it should not be ignored, but we should not think that the difficulties that we expected to find when we will sell our coins if we need to do it are insuperable or will lead us to loss half of the money that we paid for them.

Although going deeper is something in the black humor, if you think about the welfare of our descendants, we must bear in mind that, according to our legislation, in the liquidation by public sale of the assets of someone who has died is not considered that there is surplus, payable by the heirs, so that the duty of the successors with the Treasury is satisfied with the payment of inheritance tax which to a large part of Spanish territory is reduced, at least for some time, to a token amount. This fact is due to the fact that in Spain most of the collections of some importance are only settled by public auction and they are only dispersed after the death of the one that formed them. This is not the case of most of other countries, where there are more realistic criteria when assessing tangible property, what allows collectors to be able to sell reasonably at auctions their pieces and to stop collecting or exercise in other areas, before the death of the one who made it.

Also, it cannot be ignored in this sense that thinking that currencies generally tend to be revalued over inflation is an absolutely wrong idea. In a sector where international prices tend to be equivalent, if we take as a reference our country, from 1965 to 2010, effectively the average price of collector coins (excluding those whose price, because its metal content and maintenance, depend almost exclusively on the change in the price of gold and silver) has multiplied in this period almost by 20, what is not very different from the inflation multiplier. This means that the price in real terms or of purchasing power now is equal, more or less, than in 1965. But we must bear in mind that this price increase, in current terms, over the period 1965 - 2010, has not been measured, in the intermediate years, with inflation, because, in general terms, the average price of an average currency has increased by 20 in the first 15 year period from 1965 to 1980, while in the past 30 years has remained fairly constant in current terms.

If we examine these numbers with some caution, we realize that from 1980 to now, 30 years, with an index level of living in Spain from 100 in 1980 to 300 in 2010, the price of collector coins, such as we have defined it, it is divided by 3 in real terms or whether they have 33% of their value in 1980. This phenomenon, oblivious to popular belief, should not be too surprised if we consider that the price of silver (basic component of most collectible coins), despite its recent appreciation has doubled in price in recent months, has not achieved yet in current terms the price was as high at the beginning of 1980.

This situation should not discourage collectors, but although at first sight seem otherwise, encourage him, because despite all this, if we are properly documented and buy with logic, from least to most, we will be able to recover most of the money we used in the purchase of coins. The good news is that sesterces, of which at the moment we are dealing, are among the few currencies those that have evolved in this period almost parallel evolution to the inflation in every country, given that they are collected almost all over the world especially in Western countries.

As an example of this, the five sesterces of Emperor Nero, whose rarity of back, degree of preservation and quality of patina are not very different, which could have an approximate average value of 4,200 pesetas (25 euros) around 1965 and now, an average value of about 500 euros.

 

 

Ultima modificacion el Domingo 03 de Abril de 2011 21:13
Ernesto Gutiérrez Guinea

Ernesto Gutiérrez Guinea

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