LA NOSTALGIA NO SIEMPRE ES UN ERROR (1)

La sombra de la noche puso término al día y consintió que, al fin, el Sol descansara después de haber brillado esplendorosamente. El anochecer se esparcía cual tinta derramada anunciando una discreta arribada de la luna como si ésta no quisiera quebrar un, sobrevenido, absoluto silencio.

Entonces, desconozco por qué, rememoré la otra noche un crepúsculo transcurrido, no hace tanto tiempo, en Lisboa en la bella y misteriosa Lisboa, capaz de hacer congeniar, privilegiadamente, lo atlántico y lo mediterráneo y resistente a la irrupción del atardecer al portar en sí, como señal inequívoca de su identidad, una inimitable luminosidad, una luz que parece invitar a su absorción.

Recuerdo como si fuese ayer que paseando por A Baixa-aunque quizás hubiese sido más propio que ello hubiera acontecido en Alfama, pero no se puede pedir todo-se oía desde una vivienda la grabación de un fado, desgarradora expresión de la saudade, cantado por la incomparable Amalia Rodrigues con la excepcional compañía de Don Byas al saxo y “transmitiendo”, por la hondura de la interpretación, eso que es, sí, tan difícil de alcanzar por un artista. Se trataba del fado “Lisboa Antiga”, que viene a decir-porque las traducciones, ay, son sólo aproximaciones al texto original-aquello de:

“El velo de la nostalgia

cubre tu rostro

de linda princesa.

No volverás

Lisboa antigua y señorial a ser morada feudal

de tu esplendor real”.

Se suspiraba nostálgicamente, pues, en el fado por un majestuoso pasado lisboeta que no habría de volver, pero girando ello sobre una ciudad que es, en sí, todo un monumento nostálgico. Y no se trataba, sin embargo, de ninguna suerte de banal redundancia sobre la nostalgia que podría vaciar el mensaje comunicado, sino de una admirable y triunfadora expresión artística.

Por si faltara poco, además, en los últimos tiempos, Lisboa, desafiando a sus propios y también a extraños, ha renacido con gran pujanza.

Y es que la nostalgia no siempre es un error.

(1) Este texto ha sido galardonado con el Tercer Premio en el Concurso de Microrrelatos convocado en 2021 y organizado por la Asociación Cultural TROTEA en una de sus múltiples actividades. Se hace constar la gentileza mostrada por la Asociación Cultural TROTEA al permitir la reproducción del Microrrelato en esta Revista.

Fernando Díaz de Liaño y Argüelles