¿Buscamos unos triunviros?

La anécdota es conocida: Diógenes de Sínope, el filósofo cínico, recorría el ágora ateniense con un candil encendido, cuando la plaza estaba más llena de gente que compraba, vendía o paseaba y si le preguntaban qué estaba haciendo, respondía que estaba buscando a una “persona adulta”. Traduzco ánthropos de esta manera porque es una palabra que se refería tanto a los varones como a las mujeres y traducirla al español por “contribuyente” o “votante” me parece algo anacrónico y poco filosófico .

Les confieso que me he sentido últimamente un poco como Diógenes de Sínope porque he tenido la impresión de que ni en el Palacio de la Moncloa, ni en el Palau de la Generalitat hay personas adultas sino sendos grupos de adolescentes atolondrados que nos están conduciendo al desastre ante el estupor y la tristeza de la incrédula ciudadanía.

Yo sé que en el parlamento de Cataluña tres partidos que no representan ni a la mitad de la población han derogado de hecho la Constitución española y el Estatut de Catalunya y se han puesto al margen de la legalidad; de acuerdo, la legalidad hay que restablecerla, pero después ¿qué hacemos?

En situaciones de grave crisis de la república, los antiguos romanos recurrían a soluciones que aún podrían valernos hoy; buscar a una persona cuya auctoritas sea comúnmente respetada es una de esas soluciones ensayadas con éxito en la antigua Roma, pero lo malo es que no se me ocurre hoy en España nadie como Cincinato a quien los senadores retiraron en su día de sus labores agrícolas, dieron plenos poderes y un plazo acotado de tiempo y el buen patricio se puso manos a la obra, arregló el embolado, devolvió la potestas al senado y regresó a su hacienda.

En ausencia de un Cincinato, que no lo acabo de ver, se me ocurre que podríamos elegir un triunvirato consultivo que, a la manera de las “reales comisiones” del Reino Unido, alcanzase un pacto o foedus, susceptible de servir de base doctrinal para una reforma de la constitución. Obviamente ese documento elaborado por los sabios triunviros sería elevado a los respectivos parlamentos estatal y catalán para su debate y eventual validación.

Estoy pensando en una reforma constitucional que funcionase otros cuarenta años, como la de 1978 porque, como bien decía Keynes, “a largo plazo estamos todos muertos”.

Me vienen a la cabeza algunos ciudadanos honestos que podrían ser nombrados triunviros. Pienso en personas como Josep Borrell, ministro con Felipe González, Josep Piqué, ministro con José María Aznar y Andreu Mas Colell, conseller con Artur Mas.

Para mí que los tres son personas educadas, inteligentes, competentes y dialogantes y representan además las ideologías que en su día acordaron el texto constitucional que ha venido funcionando estas últimas décadas.

Como además ellos tres sí que hablan catalán en la intimidad, a lo mejor llegaban a un acuerdo en no demasiado tiempo y nos evitaban tener que repetir aquello de don Estanislao Figueras, el barcelonés presidente de la primera República española: “estoy hasta los cojones de nosotros mismos”.

Javier López Facal