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Sábado 04 de Diciembre de 2010 09:57

La evolución del precio de los Sestercios

 

Ya conocemos como poder valorar aproximadamente la rareza del reverso de un Sestercio y la calidad de su patina y en qué forma podemos utilizar sus distintos grados, para a partir del valor de una pieza tipo con reverso corriente y patina media, de ese mismo emperador y con el mismo grado de conservación llegar a determinar el valor de mercado de un Sestercio dado que podamos observar en vivo o en fotografía. Es claro que el afinar este criterio solo es posible con la visualización de piezas concretas o de sus fotografías reproducidas con la calidad suficiente para las que alguien experimentado en la valoración de este tipo de piezas, haya emitido sobre ellas una opinión sobre qué grado de calificación merece cada una de estas piezas reales respecto a los estados de estas dos variables.
Esta necesidad de ir contrastando la manera comúnmente conocida de estimar el valor de la tercera variable, el grado de conservación de una moneda, a partir de la definición sucinta de los grados de calidad generalmente aceptados, tal como se describían en la entrada anterior, necesitan, mas aun que en el caso de la rareza del reverso y la calidad de la patina, sea contrastada con una extensa visualización de piezas junto con el grado de conservación que le han sido asignadas por alguien suficientemente experimentado. Esta visualización es la que permite que cualquiera que tenga un mínimo de afición a las monedas, llegue a convertirse en muy poco tiempo en auténtico experto en el conocimiento, al menos para un tipo determinado de piezas de su interés, de cómo evaluar lo que reza el título del blog “El valor de las monedas”.
En efecto, si nos pasamos  por algún sitio publico en el que haya una variedad de comerciantes o comerciantes/coleccionistas que en su mayoría exhiben los mismos tipos de monedas con indicaciones de a què precio están dispuestos a venderlas, la primera sensación que nos invade es la de desánimo. Así, la misma moneda, mas aùn, si se trata de Sestercios, èstos nos aparecen, a los  que estamos tratando de iniciarnos en lo coleccionismo, con unos precios absolutamente diferentes (no es raro que con un rango de variación de 1 a 10) y lo que es peor, no solo publicitados por vendedores distintos, sino que incluso un mismo vendedor nos estará ofreciendo diferentes ejemplares de una misma moneda, sin que ni una sola coincida en su precio, con cualquiera de la demás.


Hablamos de desánimo, y efectìvamente èste es el efecto que nos produce. Como iniciarnos en un campo en  que cada pequeña compra de una pieza a un determinado precio, pueda llegar a frustrarnos, al comprobar, que, literalmente a la vuelta de la esquina de ese mercadillo dominical, encontramos la misma pieza a un precio claramente inferior e incluso muchas veces con una apariencia e incluso grado de conservación claramente superior.
La respuesta nos la da precisamente la expresión “pequeña compra” utilizada en el párrafo anterior. El evitar equivocarnos al comprar algo es inevitable, no solo en el campo de la numismática sino en cualquier otro, el de los electrodomésticos, por ejemplo. Como estar seguro de la relación precio calidad es la correcta. En el caso de un restaurante, simplemente tomando la comida y estimando el efecto que nos produce, no solo en el momento sino en los posteriores, tenemos resuelto  el problema. Sin embargo cuando adquirimos algo ya de mas precio y mas difícil de evaluar, como una casa o un coche, por ejemplo, es claro que en general, antes de su compra, nos documentamos en el doble sentido de hablar con las personas mas cercanas cuyo criterio estimamos y examinar con cuidado ofertas en internet y catálogos de precios y características publicados en medio especializados. De esta manera si la primeras compras son pequeñas  o/y  si nos hemos documentado mínimamente, los riegos de adentrarnos en la numismática ya se hacen mas pequeños. Recordemos que en  la primera entrada en este blog, dedicada exclusivamente a animar a los lectores a iniciar el coleccionismo de monedas, minimizando el riego de que desperdicien su dinero, ya se indicaba que la forma mas eficiente de empezar a coleccionar monedas es sencillamente como rezaba el titulo de esta entrada ” Del monedero al monetario”, es  comenzar identificando las monedas que tenemos en nuestro monedero al final del día reteniendo aquellas que todavía no tengamos incorporadas a nuestro monetario (al comienzo frecuentemente solo una caja, después ya un álbum, luego muchos) por corresponder a una fecha, denominación o país que todavía no tenemos en la colección, o bien que aunque la tengamos, estimamos que la nueva pieza se encuentra en una conservación mejor que la anterior.
Esto hace que “ la pequeña compra” incluso no sea tal, sino que realmente no  nos hace desembolsar ningún dinero, sino que simplemente tengamos  la atención de retenerla o ahorrarla, sin que la moneda pierda el valor por el hecho de retenerla, en una época en que la baja inflación y el bajo tipo de interés, no devalúan  ni desperdician el valor adquisitivo de nuestra monedas de euro, su múltiplo, y sus divisores.
No obstante, es preciso,  considerar  que esta no pérdida de valor por el hecho de retener alguna moneda será en, y solo en, monedas que hayamos retenido de nuestro monedero procedentes del cambio, ya que para todas la demás, debemos tener en cuenta que el mero hecho de su compra, incluso en el caso de que se haya efectuado a un precio correcto, por el mero hecho de realizarse, puede decirse que, en términos generales, reduce su valor a algo aproximadamente la mitad de lo que ha costado, en  el sentido de que la persona que nos las ha vendido, o un comerciante tipo, estarían dispuesta a comprárnosla de inmediato por la mitad de lo que nos ha costado (salvo que medien relaciones personales, de amistad, interés o confianza).


Esto que puede parecernos dramático, en realidad no es tal, ya que difícilmente encontraremos en campos colaterales a la numismática, relaciones tan favorables como 2 a 1, en cuanto al precio de compra por un comerciante respecto a algo que èl mismo nos ha vendido, pensamos que por ejemplo en filatelia o en los artículos de joyería, en los casos en que el valor de una pieza no sea básicamente determinado por su contenido en metal precioso, o en el mercado de arte, o artesanía. El comerciante para volver a vender esa pieza ha de afrontar los fenómeno de su transporte su conservación su seguridad, su espacio de almacenaje y posible depreciación circunstancias especialmente relevantes si tenemos en cuenta que el ciclo medio de una moneda determinada en el inventario de un comerciante puede alcanzar fácilmente varios años, especialmente si el precio de la moneda es alto en relación con su rareza y calidad.
La otra vía para recuperar el dinero que hemos desembolsado por una moneda no nos conduce a un resultado mas halagüeño. Seria èsta, la de su venta en una de las múltiples subastas que se organizan por diferente Casas especializadas. Decimos que el resultado, no es en principio mejor, ya debemos descontar aproximadamente un 10% que la Casa de Subastas carga al que vende, un 20% que carga al que compra, y del resultado (del orden del 70%), si no disponemos de la factura de venta, como suele ser el caso de las piezas adquiridas en mercadillos o convenciones, que debemos deducir de la repercusión del incremento sobre nuestro impuesto sobre la renta, que nos cobrarà Hacienda, al considerarse que por la venta de un objeto del que no podemos acreditar su coste de adquisición, hemos obtenido una cantidad que se sumarà  sin mas a nuestra base imponible, con lo que su repercusión será en % la que indique nuestro tipo marginal, con lo cual el precio que obtengamos por la moneda subastada será también aproximadamente la mitad de lo que nos costò, siempre, claro està que realicemos la operación en un momento en que la pieza en cuestión no se ha revalorizado no depreciado todavía.
Este negro panorama para quièn decida desprenderse de monedas que ha adquirido, no cabe desconocerlo, aunque tampoco debemos pensar que las dificultades con las que previsiblemente nos encontraremos a la hora de vender nuestras monedas si así lo precisamos, sean insalvables o nos conduzcan a la perdida de la mitad del dinero que hayamos pagado por ellas.


Aunque sea recalar algo en el humor negro, si pensamos en el bienestar de nuestros descendientes, debemos tener en cuenta que, de acuerdo con nuestra legislación, en la liquidación mediante venta pública de los bienes de alguien que ha fallecido no se considera que exista plusvalía, a abonar por los herederos, por lo que la obligación de los sucesores con Hacienda queda satisfecha con el abono del impuesto de sucesiones que en gran parte del territorio español se reduce, al menos por un momento, a un cantidad simbólica. A este hecho se debe en que en España la mayor parte de las colecciones de cierta importancia únicamente se liquiden en venta pública y solo se dispersen tras la muerte de àquel que las formò. No es este el caso de la mayoría del resto de los países, en los que criterios mas realistas a la hora de la valoración de los bienes tangibles, hace posible que los coleccionistas puedan razonablemente vender en subasta sus piezas y que pueda dejar el coleccionismo o ejercerlo en otros campos, antes de la muerte de el que  las reunió.
También, no  cabe desconocer, en este sentido, que el pensamiento de que las monedas tienden en general a revaluarse por encima de la inflación es una idea absolutamente equivocada. En un sector en el que los precios internacionales tienden a ser equivalentes, si tomamos como referencia nuestro país, desde 1965 hasta 2010, efectivamente el precio medio de las monedas de colección ( excluyendo aquellas que cuyo precio, por su contenido metálico y  conservación, dependen casi exclusivamente de la variación del precio del oro y de la plata) se ha multiplicado aproximadamente en este periodo, por 20, lo que no es muy diferente del multiplicador de la inflación. Esto  significaría que el precio en términos reales o de valor adquisitivo, es ahora igual, mas o menos, que en 1965. Sin embargo es preciso tener en cuenta que este incremento de precio, en términos corrientes, a lo largo del periodo 1965- 2010, no se ha acompasado, en años intermedios, con la inflación, ya que , en términos generales, el precio medio de una moneda media se ha multiplicado por 20 en los primeros 15 años del periodo, de 1965 a 1980, mientras que en los últimos 30 años ha permanecido prácticamente constante en términos corrientes.
Si examinamos estas cifras con cierto cuidado, podemos darnos cuenta de que de 1980 a ahora, 30 años, con un nivel del índice de vida en España de 100 en 1980 a 300 en 2010, el precio de las monedas de colección, tal como las hemos definido, se ha dividido por 3 en términos reales o sea que tienen el 33% del  valor que tenían en 1980. Este fenómeno, ajeno a la creencia popular, no debe extrañarnos demasiado, si tenemos en cuenta que el precio de la plata ( componente básico  de la mayoría de las monedas de colección), pese a su reciente revalorización que ha duplicado su precio en los últimos meses, aun no ha alcanzado en términos corrientes, el precio que llegó a alcanzar al comienzo de 1980.


Esta circunstancia no debe desanimar al coleccionista, sino aunque a primera vista parezca lo contrario, estimularle, ya que pese a todo ello, si nos documentamos debidamente y compramos con lógica, de menos a mas, podremos llegar a recuperar la mayor parte del efectivo que hayamos empleado en la compra de monedas. La buena noticia es que los Sestercios, de los que por el momento nos estamos ocupando, son de las pocas monedas que han tenido en este periodo una evolución prácticamente paralela a la infracción en cada país, ya que se coleccionan prácticamente en todo el mundo, especialmente en los países occidentales.
Valga para ello como ejemplo, los cinco Sestercios del emperador Nerón, cuya rareza de reverso, grado de conservación y calidad de pátina no son muy distintos, que podrían tener un valor medio aproximado de 4.200 pesetas ( 25 euros) en torno a 1965 y ahora, un valor medio aproximado de unos 500 euros.

7.THE EVOLUTION OF THE PRICE OF SESTERCES

 We already know how we can to assess the rarity of the back of a sesterce and the quality of its patina and how we can use its various degrees, so from the value of a type piece with a common back and medium patina, of the same emperor and with the same degree of conservation, we are able to determine the market value of a sesterces when we observe it directly or in a photography. It is clear that it is only possible to refine this approach with the observation of the specific pieces or their photographs reproduced with sufficient quality for the one who is experienced in the valuation of such pieces, issues an opinion of what level of qualification deserves each of these real pieces because of the state of these two variables.

This necessity of contrasting the way commonly known to estimate the value of the third variable, the degree of preservation of a coin, from the succinct definition of quality grades generally accepted, as we described in the previous post, it is need, even more that in the case of the rarity of the back and the quality of the patina, to be contrasted with an extensive display of pieces along with the degree of conservation assigned by someone sufficiently experienced. This examination is what allows anyone with a minimum love for coins to become very quickly an authentic expert in this area, at least for a certain kind of pieces of his interest, about how to assess as the title of this blog states "The Value of Coins."

In fact, if we go through a public place where there are a variety of merchants or traders / collectors who most of them exhibit the same types of coins with indications of at what price they are willing to sell them, the first sensation that grips us is the discouragement. Thus, the same currency, even more if they are sesterces, those appear to us, to who is trying to lead in collecting, with quite different prices (it is not uncommon that with a variation range from 1 to 10) and what is worse, they are not only advertised by different sellers, but even the same seller will be offering different copies of the same coin, and not a single match in price with any of the other ones.

We talk about disappointment, and indeed this is the effect that makes us feel. So how a starter in a field in which each small purchase of a piece at a certain price, you can get frustrated, when we verify that literally just around the corner from the Sunday market, we find the same piece at a price much lower and even sometimes with a even much higher appearance and degree of conservation.

The answer is given precisely by the term "small purchase" used in the previous paragraph. Avoiding mistakes when buying is an inevitable thing, not only in the field of numismatics, but in any other, the electrical appliances, for example. Being sure about the relation between quality and price is the right thing. In the case of a restaurant, simply eating the food and estimating the effect it has on us, not just at the moment but also after it, we have solved the problem. However, when we buy something of a higher value and more difficult to assess, as a house or a car, for example, it is clear that in general, before purchasing, we document ourselves in the double sense of talking to people close to us whose criteria we consider and of carefully reviewing online offers and price lists and the features published in specialized publications. Thus if the initial purchases are small and / or if we are minimally documented the risks we assume in numanistic get smaller. Remembering that in the first post in this blog, dedicated exclusively to encourage readers to start collecting coins, minimizing the risk of wasting money, we indicated that the most efficient way to start collecting coins is just like the title of that post stated "From the Purse to the Monetary Person" is to begin identifying the coins we have in our wallet at the end of the day to retain those that we have not incorporated yet into our currency (at the beginning often just a box, then an album, then many) to correspond to a date, name or country that we still do not have in our collection, or that even though we estimate that the new piece is in a conservation better than the previous one.

This makes that the "small purchase" is not so, but also without spending any money, just being aware of keeping or saving it, without the currency losing value by the fact of retaining it, at the time that low inflation and low interest rate, it does not devalue or waste its purchasing power of our euro coins, their multiples and dividers.

However, it is necessary to consider that this no loss of value by the fact of retaining some coin happens only with coins we have kept from our purse from change, because with all the other coins, we should bear in mind that the mere fact of their purchase, even if it was made at the right price, by the mere fact done, we can say that in general terms that it reduces their value to something about half of what it cost, in the sense that the person who has sold it to us, or a trader type, would be disposed to buy it immediately from us for the half of the price we paid (unless there were personal relationships, friendship, interest or trust between both).

This may seem dramatic, but it is not so much, because we hardly find in collateral fields of numismatics, as beneficial relations as 2 to 1, regarding the purchase price from a trader given to something he has sold, we can think about in stamps or jewelry items for example, when the value of a piece is not primarily determined by its content of precious metal, or in the case of the art market, or craft. The trader to re-sell that piece has to face the phenomenon of preservation, transportation, security, storage space and possible depreciation, circumstances particularly relevant if we consider that the average cycle of a particular coin in the inventory of a business man can easily reach several years, especially if the coin price is high due to its rarity and quality.

The other way to recover the money we paid for a coin does not lead to a more satisfying way. It would be the sale of one of the many auctions that are organized by different specialized houses. We say that the result is not in principle better, because we deduct about 10% of cargo to the seller by the Auction House, 20% loading to the one that purchases, and from the result (about 70%), if we have not the bill of sale, as it is the case of pieces acquired at flea markets and conventions, we must deduct from the impact of the increase on our income tax, finance charge by the Treasury, because the sale of an object that we cannot prove its cost of acquisition, we obtained an amount that will add just like that to our tax base, so their impact will be in % which indicates our marginal rate, so the price that we will obtain for the coin auction will also be about the half of what it cost us, provided, that we perform the operation at a time when the piece in question has not been revalued nor reduced its value yet.

This black picture for those who decide to dispose of coins that have purchased, it should not be ignored, but we should not think that the difficulties that we expected to find when we will sell our coins if we need to do it are insuperable or will lead us to loss half of the money that we paid for them.

Although going deeper is something in the black humor, if you think about the welfare of our descendants, we must bear in mind that, according to our legislation, in the liquidation by public sale of the assets of someone who has died is not considered that there is surplus, payable by the heirs, so that the duty of the successors with the Treasury is satisfied with the payment of inheritance tax which to a large part of Spanish territory is reduced, at least for some time, to a token amount. This fact is due to the fact that in Spain most of the collections of some importance are only settled by public auction and they are only dispersed after the death of the one that formed them. This is not the case of most of other countries, where there are more realistic criteria when assessing tangible property, what allows collectors to be able to sell reasonably at auctions their pieces and to stop collecting or exercise in other areas, before the death of the one who made it.

Also, it cannot be ignored in this sense that thinking that currencies generally tend to be revalued over inflation is an absolutely wrong idea. In a sector where international prices tend to be equivalent, if we take as a reference our country, from 1965 to 2010, effectively the average price of collector coins (excluding those whose price, because its metal content and maintenance, depend almost exclusively on the change in the price of gold and silver) has multiplied in this period almost by 20, what is not very different from the inflation multiplier. This means that the price in real terms or of purchasing power now is equal, more or less, than in 1965. But we must bear in mind that this price increase, in current terms, over the period 1965 - 2010, has not been measured, in the intermediate years, with inflation, because, in general terms, the average price of an average currency has increased by 20 in the first 15 year period from 1965 to 1980, while in the past 30 years has remained fairly constant in current terms.

If we examine these numbers with some caution, we realize that from 1980 to now, 30 years, with an index level of living in Spain from 100 in 1980 to 300 in 2010, the price of collector coins, such as we have defined it, it is divided by 3 in real terms or whether they have 33% of their value in 1980. This phenomenon, oblivious to popular belief, should not be too surprised if we consider that the price of silver (basic component of most collectible coins), despite its recent appreciation has doubled in price in recent months, has not achieved yet in current terms the price was as high at the beginning of 1980.

This situation should not discourage collectors, but although at first sight seem otherwise, encourage him, because despite all this, if we are properly documented and buy with logic, from least to most, we will be able to recover most of the money we used in the purchase of coins. The good news is that sesterces, of which at the moment we are dealing, are among the few currencies those that have evolved in this period almost parallel evolution to the inflation in every country, given that they are collected almost all over the world especially in Western countries.

As an example of this, the five sesterces of Emperor Nero, whose rarity of back, degree of preservation and quality of patina are not very different, which could have an approximate average value of 4,200 pesetas (25 euros) around 1965 and now, an average value of about 500 euros.

 

 

Domingo 28 de Noviembre de 2010 09:59

Como graduar las monedas

 

En esta entrada se proporcionan indicaciones sobre los grados en que podemos encuadrar un Sestercio determinado  respecto a la rareza de su anverso y reverso, su conservación  y la calidad de patina.                

La primera variable a considerar a la hora de valorar un Sestercio, y en general cualquier moneda del Imperio Romano, es a que emperador o miembro relevante de su familia corresponde. La atribución a un personaje determinado, salvo que la pieza se encuentren tan gastada que sea prácticamente ilegible no es en principio una tarea demasiado complicada que nos exija conocimientos profundos de numismática, de historia del Imperio Romano, ni de latín.  

En el centro del anverso, lo que vulgarmente llamamos cara, figura normalmente la efigie del emperador o familiar relevante. Esta efigie puede estar representada únicamente por el rostro del personaje, como es el caso normal desde Augusto a las primera acuñaciones de Trajano, o bien por el rostro, cuello y parte superior del busto, bien desnudo o con manto o coraza, lo que es el caso desde las ultimas emisiones de Trajano hasta los últimos Sestercios de Postumo.

  Esta regla, como todas, tiene sus excepciones, prácticamente todas ellas, en los llamados Sestercios del Alto Imperio que corresponderían a las dinastías Julia y Flavia a lo  largo del siglo I D.C. En estos casos, aparece la figura completa del personaje retratado, bien de pie o sentado, acompañado de carruajes u otras figuras.        

 Este retrato de anverso va normalmente rodeado de una leyenda que en  el caso de las dinastías referidas suele rodear en forma de corona circular el rostro del personaje. La regularidad de esta leyenda y el gran tamaño de sus caracteres proporcionan a los Sestercios de alto Imperio una prestancia que los hacen especialmente bellos y distinguibles de inmediato, de la acuñaciones de los siglos II y III D.C. en los que leyenda se ajusta simplemente a la parte superior de la figura, sin rodearla por la parte inferior. La presencia de corona de laurel sobre la cabeza del anverso representa siempre que el personaje ostentaba la dignidad imperial en el momento en que se acuñó la moneda, lo que también quedara reflejado por la expresión “Augusto” en la leyenda, representada de ordinario por abreviatura latina “AUG”. En el caso de tratarse de un Sestercio acuñado a nombre de alguien que en el momento de su emisión no tenia aun este titulo, pero había sido identificado por el imperador reinante como su sucesor, normalmente a través de su nombramiento como hijo adoptivo, el titulo reflejado en la inscripción es el de “Cesar” representado normalmente por los caracteres latinos “CAES”, no ostentado  en este caso, la cabeza la corona de laurel.

 Para la correcta interpretación de la leyenda del anverso, debemos tener en cuenta que los caracteres latinos aparecerán en ella sin solución de continuidad, es decir sin separaciones ni puntos intermedios. También tenemos que tener en cuenta que la palabras que aparecen en la leyenda frecuentemente están abreviadas, representándose muchas veces solo los primeros caracteres cada palabra. Por tanto incluso la lectura del nombre del emperador e incluso la de los títulos que sele  asignan como: emperador, cesar, augusto, padre de la patria, consul, tribuno, pontífice máximo y otros, requieren cierta atención para la correcta localización de donde empieza y termina la abreviatura de cada palabra.   

 

No obstante, para nuestra tranquilidad, la pericia requerida para esta identificación, no tiene relación alguna con la necesaria para la interpretación de un palimpsesto medieval e incluso la de un inofensivo sudoku. Además, si tenemos en cuenta que el retrato romano en la monedas es claramente figurativo, es posible, a partir del momento en que hayamos contemplado un número suficiente de piezas o de sus representaciones fotográficas, que identifiquemos a qué emperador pertenece un determinado Sestercio, aunque no hayamos podido leer uno solo de los caracteres de sus inscripciones, simplemente a partir de la figura de su rostro.  Esta identificación de a què emperador o miembro relevante de su familia pertenece un Sestercio, ya nos permite tener una primera idea de su rareza de acuerdo con la escasez relativa de la emisiones efectuadas al nombre de ese personaje. En principio, claro está, a menor tiempo de reinado de un emperador, menor número de piezas emitidas, aunque no siempre. Valgan, por ejemplo los casos de Antonino Pio y Gordiano III, los dos emperadores que emiten un mayor número de Sestercios lo que en el primero caso resulta lógico al haber reinado 23 años, pero que es mas extraño en el caso de segundo que reinò únicamente durante 6 años. No obstante, reinados muy cortos y agitados como los de Vitelio o Pertinax de pocos meses, corresponden siempre a Sestercios de gran rareza.       

Por tanto, para iniciar la valoración de un Sestercio, una vez identificado el emperador, necesitamos conocer con precisión suficiente, la rareza relativa de ese emperador o miembro relevante de su familia, con relación al rostro de los emperadores. Respecto al emperador resultaría artificiosa cualquier representación de rareza a traves de un número limitado de grados. Sin embargo, es raro que dos personas que tengan una cierta experiencia en el manejo de los Sestercios discrepen en consideran los Sestercios de un emperador, más o menos raros que los de otro emperador. De esta manera podría resultar posible ordenar a todos los emperadores romanos en función de la rareza de sus Sestercios que tuvieran el reverso más común aunque, claro está, en bastante casos determinados puestos en la lista serian ocupados no por uno, sino por varios emperadores, con una rareza relativa prácticamente igual.          

Por tanto, para valorar este tipo de rareza resulta necesario considerar el precio de mercado de un Sestercio tipo de cada conservación, con unas características respecto a tipo de reverso, grado de conservación y calidad de patina semejantes. Así, para cada emperador del cual se adjunte reproducción fotográfica de un tipo común de Sestercio, se indicará opinión del precio de mercado que alcance ese Sestercio, con una conservación extremadamente pobre que solo permite una identificación, y con una calidad media de pàtina, correspondiente a una pàtina irregular con alguna manipulación y cierta discontinuidad que muestre el latòn original en la parte mas alta de la moneda. Este precio nos resultara particularmente útil ya que el precio de cualquier otro ejemplar de este emperador ,podremos estimarlo una vez que hayamos valorado el grado de conservación y de calidad de pàtina de un determinado Sestercio, asi como la rareza de su reverso. Estas tres características nos proporcionaran los coeficiente aproximados por los cuales multiplicar los precios descritos, para deducir el valor final estimado de mercado de una pieza especifica.    

 

                  

 En cuanto a la asignación de grado de rareza a los reverso, distinguiremos el reverso corriente, el raro y el muy raro. El reverso corriente normalmente van asociado a la representación de una figura, normalmente femenina, que retrata a una deidad dentro del universo romano. Normalmente esta deidad lleva el nombre de la figura representada seguida del título de augusta, bien completo AVGUSTA o en abreviatura AVG. A este tipo de reverso corresponderá el precio al que nos estamos refiriendo. Cuando el reverso es utilizado para la conmemoración de un hecho determinado que tiene lugar durante el reinado de ese emperador, separándose por tanto del modelo anterior, podemos considerar ese reverso, como raro, correspondiendo aproximadamente a un valor doble del asignado a una pieza del mismo emperador, pero con un reverso corriente. Cuando el hecho a conmemorar tiene una significación tal que se representa al emperador y un número alto de familiares o subordinados en el reverso, normalmente corresponde a un reverso que podemos considerarle como muy raro, se llega a elevar el valor del Sestercio con ese reverso, a 4 veces del  valor de la moneda del mismo emperador con el reverso normal.   

En cuanto al grado de conservación, por el momento solo resulta posible el proporcionar una ligeras ideas sobre los grados aplicados a los Sestercios, así como reglas muy generales sobre la características de desgate que deben reunir una pieza determinada para encuadrarla en cada una de ellos, así como la repercusión en su precio a que da lugar esta clasificación. Valga ya adelantar que el grado de rareza es la variable con una influencia mas grande en la valoración de un Sestercio (y en general de cualquier tipo de moneda que haya tenido una larga circulación y escaso atesoramiento), ya que el rango de los coeficientes multiplicadores del valor de la pieza según grado de conservación es muy amplio, lo que redunda en una extraordinaria diferencia de precio entre grados altos y bajo de conservación.                                                                                          El sistema de clasificación mas formalizado y mas comúnmente aceptado es el empleado en los Estado Unidos que es el que se emplearà respecto a la justificación de la valoración del grado  que se llevara a cabo para cada una de las monedas reproducidas. Al tratarse por el momento de Sestercios, se realizaran unas indicaciones adicióneles sobre la graduación de estas piezas. Dentro del ámbito de cada país, se  tiende a usar sistemas con diferentes denominaciones por lo que en entradas sucesivas se irán indicado las correspondencias entre las denominaciones de los distintos grados dentro de cada sistema.                                                                                                                     Se considera que una moneda se encuentra en grado ABOUT GOOD (AG) cuando su desgaste de anverso y reverso es tal que solo son visibles los elementos mínimos necesarios para su identificación, es decir que en el caso de los Sestercio se pueda identificar de que personaje se trata y cuál es la representación que aparece en el reverso.      

 

El valor considerado como base para cada tipo de Sestercio se ajustarà a este grado de conservación( AG)  con una pàtina media,  tal como la hemos descrito. La inexistencia de pàtina dividirá por 2 el valor de la pieza y la existencia de patina viva con muy escasa manipulación, regular e continua la dividirá  por 2. Esta aplicación de coeficientes en función de la pàtina  se mantendrá contante con independencia de la rareza y del grado de conservación de la pieza.     

 Se considerara que una moneda se encuentra en el grado GOOD (G) cuando se distingue por completo el contorno de las figuras de anverso y reverso aunque no se aprecie prácticamente nada de la definición de las líneas interiores a su contorno. Por tanto la corona de laurel del emperador podrá ser completamente invisible salvo en la parte muy superior y muy inferior.

 Se considera que la pieza se encuentra en estado VERY GOOD (VG) cuando algunas de las líneas interiores al contorno de las figuras de anverso y reverso resultan visibles. En general será visible el ojo del emperador y la hojas superiores y inferiores de la corona de laurel, aunque sin distinguirse ninguno de sus nervios centrales.

 Se considera que la pieza se encuentra en grado FINE (F) cuando una parte substancial ( del orden del 50%) de las líneas de detalle del interior de la figuras resultan visibles. También se aprecian parte del pómulo de la cara del emperador, y la hojas de la corona del laurel se distinguen, salvo en la zona central de la figura del anverso.   

 Se considera que la pieza se encuentra en grado VERY FINE(VF)  cuando la práctica totalidad de las líneas de detalle de la figuras( 80%) sean visibles y solamente estén ausentes en las partes mas salientes de la figuras. La pieza examinada a la distancia que media entre el ojo y la mano con el brazo extendido aparecerá como sin desgaste significativo, y la hojas de la corona de laurel aparecerán contorno completo y las correspondientes a la parte superior y inferior de la corona mostraran prácticamente completos sus nervios centrales.                    

 Se considera que una moneda está en un grado de conservación de EXTREMELY FIME (XF) cuando la totalidad de los detalles de las figuras resultan visibles para el ojo desnudo (es decir sin el empleo de lupas) de tal manera que el desgaste no llega a cortar las líneas de detalle. Así mismo, la totalidad de los nervios de la corona de laurel aparecerán como visibles.     

 

Se considera que una moneda está en un grado de conservación ABOUT  UNCIRCULATED (AU) cuando incluso en la observación con lupa de 2`5 aumentos no se visualizan discontinuidades en ninguna de las líneas de detalle,  aunque entre ellas puede detectarse cierto mínimo desgaste. Este es el máximo grado en el que podemos encontrar un Sestercio, aunque para otras piezas existan grados superiores.           

 Con estas nociones, aunque discutiremos con detalle en otra entrada la conservación de las 2 piezas de Claudio y las 3 de  Neròn que reproducimos, ya podemos adelantar que el grado de la primera corresponde a aun VF, la segunda y la tercera a un XF débil y las dos últimas a un VG.

6.HOW  WE CAN CLASSIFY COINS

In this post we provide the necessary information about the category in which we can classify any sesterce regarding the rarity of its front and back, its conservation and its quality of patina.
The first variable to consider when we evaluate a sesterce, and in general any coin of the Roman Empire, it is important indentifying to what emperor or member of his family it belongs. The attribution to a particular figure, unless the piece were so worn that it would turn almost unreadable, in principle is not a too complicated task that requires us to have deep knowledge of numismatics, of history of the Roman Empire, nor of Latin.  
 In the centre of the front, what is commonly called the face, it usually appears the effigy of the emperor or of a relevant family member. This effigy can only represent the figure’s face, as it happened from Augustus to Trajan's first coinage, or the face, neck and upper chest, either bare, with a cloak or breastplate, which was the case since the last issues of Trajan to the last sesterces of Posthumous. 
  This rule, like all others, has its own exceptions, almost all of them, as in the called High Empire sesterces which correspond to the Julia and Flavia dynasties along the first century A.C. In these cases, we can see the whole picture of the figure portrayed, either standing or sitting, accompanied by carriages or other figures.
This portrait of the front is normally surrounded by a legend that, in the case of the dynasties mentioned before, often with a circular crown shape around the figure's face. The regularity of this legend and the large size of the characters provide the High Empire sesterces an excellence that make them especially beautiful and immediately distinguishable from the coinage of the second and third centuries A.C. in which the legend simply adjusts to the top of the figure, without surrounding it at the bottom. The presence of a crown of laurel on the head in the front always represent that the figure held the imperial dignity in the moment that the coin was minted, what is also reflected by the term "Augustus" in the legend, usually represented by the Latin abbreviation  "AUG." In the case of a sesterce coined on behalf of someone who at the time of its issue had not this title jet, but he had been identified by the reigning emperor as his successor, normally through his appointment as a adopted child, the title reflected in the inscription is "Caesar" usually represented by the Latin characters "CAES", in this case he does not hold the laurel crown on his head.
For the correct interpretation of the legend on the front, we have to keep in mind that Latin characters appear in it without interruption, i.e. without gaps or points in between. We should also bear in mind that the words that appear in the legend are often abbreviated, normally portraying only the first characters of the word. Therefore even reading the name of the emperor and even the titles assigned to him as: emperor, Caesar, Augustus, forefather of the nation, consul, tribune, Pontifex Maximus and others, it requires some attention to identify the correct location of the point where the abbreviation of each word starts and ends.  
However, to our relief, the expertise required for this identification, it has nothing to do with the skilfulness necessary for interpreting a medieval palimpsest and even a simple sudoku. In addition, if we consider that the Roman portrait on coins is clearly figurative, it is possible that, from the moment when we have contemplate a enough number of pieces or their photographic representations, we will identify to which particular emperor belongs a sesterce, even without being able to read a single of the characters of its inscriptions, only because of the features of his face. This identification of to which emperor or a relevant member of his family own a sesterce allows us to have the first idea of its rarity according to the relative scarcity of issues made on behalf of that figure. In principle, it is logical that the shorter reign of an emperor, the fewer pieces issued of him, even if it is not always like this. Just to illustrate, the examples of Antoninus Pius and Gordian III, the two emperors who issues more sesterces ever, what in the first case is logical because he reigned for 23 years, but it is more surprising in the second case because he only reigned for 6 years. Even though, very short and troubled reigns, as those of Vitellius or of Pertinax of a few months, always generate sesterces of a great rarity.
Therefore, to start with the valuation of a sesterce, once we have identified the emperor, we need to know with enough precision, the relative rarity of that emperor or of the relevant family member, regarding the face of the emperors. Regarding the emperor, it would be artificial any representation of the rarity based on a limited number of degrees. However, it is strange that two people who have some experience in the management of sesterces disagree in the consideration of an emperor, in being more or less rare than another emperor. In this way, it might be possible to order all the Roman emperors on based on the rarity of their sesterces which had the most common back though, of course, in some cases not just one emperor but several emperors would be situated on the list at the same level with a relative rarity almost similar.
Therefore, to assess this kind of rarity is necessary to consider the market price of a sesterce each type of conservation, with respect to characteristics of back type, degree of preservation and quality of similar patina. Thus, for each emperor of who is attached a photographic reproduction of a common type of sesterce, it will be indicated the opinion of the price that this sesterce reaches in the market, with an extremely poor conservation which only allows one identification, and with a middle quality of patina, corresponding to an irregular patina with some manipulation and some discontinuity showing the original brass in the highest part of the coin. This price would be particularly useful because we will be able to estimate the price of any other copy of this emperor after we have assessed the degree of conservation and the quality of the patina of a particular sesterce, as well as the rarity of its back. These three features provide us the approximate factors by which we will multiply the prices described, to derive the final estimated market value of a specific piece.
Regarding the assignation of the rarity degree to the backs, we distinguish the common, rare and very rare back. The common backs are normally associated with the representation of a figure, usually female, which portrays a deity of the Roman world. Normally this deity is accompanied by the name of the figure depicted followed by the title of Augustus, either the full word AVGUSTA or the abbreviated AVG. The price to which we are referring corresponds to this type of back. When the back is used to commemorate a specific event that takes place during the reign of the emperor, for differing it from the previous model, we consider the reverse rare, esteeming it for approximately twice the value assigned to a piece of the same emperor with a common back. When the commemorating fact has such a significance that the emperor and a high number of his family members or subordinates are represented on the back, it usually corresponds to a back that can be considered very rare, the value of sesterces with that back raises to 4 times the value of the coin of the same emperor with a normal back.
 Regarding the degree of conservation, for the time being it is only possible to provide a few ideas about the levels applied to sesterces, and very general rules about the characteristics of the wear factors that a particular piece has to have to classify it in each of them, and so the impact on its price resulting from this classification. We can already anticipate that the degree of rarity is the variable with greatest influence in evaluating a sesterces (and in general it happens the same with any type of currency with a long time of circulation and a few retentions), because the range of multiplying factors of the value of a piece depending on the degree of conservation is very wide, resulting in a remarkable difference in price between high and low degrees of conservation.
The more formalized and more widely accepted classification system is the one used in the United States which will be used regarding the justification for evaluating the degree that will be held for each of the coins represented. At the moment, talking only about sesterces, we are going to add some indications to be made in the graduation of these pieces. Within the scope of each country, we tend to use systems with different names so in the subsequent spots we will show the correlation between the names of the different degrees within each system.    
It is considered that a coin is in ABOUT GOOD degree (AG) when the wear of the front and back is such that only the minimum elements necessary for its identification are visible, i.e. in the case of sesterces we can identify which figure is, and which is the representation that appears on the back.
The value considered as the basis for each type of sesterce shall adjust with this degree of conservation (AG) with a medium patina, as we have described. The lack of patina will divide the value of the piece by 2 and the existence of living patina with a very little handling, regular and continuous will divided its value by 2. This application of coefficients depending on the patina will be constant regardless the rarity and the degree of conservation of the piece.
It is believed that a coin is in the degree GOOD (G) when it is possible to distinguish completely the outline of the figures in front and back, even without identifying almost anything of the definition lines inside its outline. So the emperor's laurel crown may be completely invisible except at the very top and very bottom of the sesterce.
 It is considered that the piece is in a VERY GOOD (VG) state when some of the interior to the contour lines of the figures in front and back are visible. In general, the emperor’s eye and the upper and lower leaves of the laurel crown will be visible, but without distinguishing any of its central nerves.
It is considered that the piece is in grade FINE (F) when a substantial part (around 50%) of the detail lines inside the figures is visible. Also a part of the cheek of the emperor’s face can be seen, and the leaves of the laurel crown are distinguished, except from in the central part of the figure of the front.
It is considered that the piece is in VERY FINE (VF) grade when nearly all lines of detail in the figure (80%) are visible and they are absent only in the most salient parts of the figure. The piece examined at the distance between the eye and the hand with an outstretched arm seems not to have any significant wear, and the leaves of the laurel crown will have a complete outline and those from the top and bottom of the crown will show almost completely their central nerves. 
 It is considered that a coin is in a degree of conservation of EXTREMELY FIME (XF) when all the details of the figure are visible for a “naked eye” (i.e. without using magnifying glasses) so that the wear does not reach cutting the lines of detail. Also, all the nerves of the laurel crown appear as visible.
 It is considered that a coin is in a degree of preservation ABOUT UNCIRCULATED (AU) when even observing it under the microscope at 2 `5 lenses it does not present discontinuities in any detail lines, although between them it can be detected some minimal wear. This is the maximum degree at we can find a sesterce, although for other pieces there are other superior grades.
With these concepts, although in other post we will discuss in detail the conservation of the 2 pieces of Claudius and of the 3 of Nero that we reproduced, we can anticipate that the degree of the first one is still VF, the second and the third are a weak XF and the last two are VG.

 

 

Sábado 27 de Noviembre de 2010 14:28

Lo que vale un Sestercio

Si llegamos a tener en la mano cualquier moneda romana, mas aun, si se trata de un Sestercio, la primera sensación que nos invade es de que se trata de algo especialmente valioso. Cuando paseando por la calle algún objeto pequeño con un cierto reflejo llama nuestra atención hasta el punto de que nos inclinamos a recogerlo y realizar sobre èl una primara observación, el segundo paso de este proceso es tomar la decisión de si tiramos el objeto o lo depositamos en alguna papelera, o bien lo guardamos en el bolsillo asumiendo que el objeto tiene algún tipo de valor o utilidad para nosotros.  
 Se habla de valor o utilidad por que de ordinario estos dos términos corresponden a conceptos diferentes. Algo útil puede ser una determinada pieza, un tornillo, una tuerca, algo en definitiva que nos pueda servir ulteriormente para efectuar alguna reparación en nuestro domicilio. En estos caso, la pieza en cuestión suele acabar  en la cajas de herramientas que todos tenemos y a las que acudimos en caso de necesidad para tratar de resolver por nosotros mismos las mil y una chapuzas caseras que contribuyen a resolver los pequeños problemas prácticos de la vida diaria, ya sean eléctricos, mecánicos, o de cualquier otro tipo.
 Es claro que en este caso, lo que hemos encontrado tiene junto con su potencial utilidad, algún tipo de valor para nosotros, pero sin embargo nunca se nos ocurriría tratar de obtener dinero por este objeto aparte de casos excepcionales, publicitar su venta en Internet o en los periódicos especializados en la compra venta de objeto de segunda mano. A sensu contrario estimamos que el objeto tiene un valor cuando con independencia de que vayamos a conservarlos u ofrecerlos en venta, con independencia de su utilidad en la vida practica, decidimos no dejarlo en el suelo y pasar de largo, sino que igualmente que en el caso anterior, guardamos el objeto en nuestro bolsillo. Es decir que el concepto de valor suele ir asociado  con la idea de que otras personas que contemplaran este objeto formularían previsiblemente un juicio semejante al nuestro, y por tanto estarían interesadas en la posesión de este objeto y dependiendo de la características del objeto y de los particulares gustos de cada uno, estaríamos dispuestos a ofrecer una cuantidad grande o pequeña, de dinero por èl.  


 Es en este sentido en el que se afirma que cualquiera que tenga en su mano un Sestercio, tiende a pensar de inmediato que se trata de algo valioso. Las características de la pieza, que ya se han comentado en entradas anteriores, ayudan a ello. En efecto se trata de algo pesado, recordemos, de 20 a 30 gramos, en relación con su tamaño que no obstante resulta significativo, en tal forma que permite observar parte de la figura e inscripción del anverso y del reverso.  En forma imperceptible tendemos a tratar de entender  a que se refiere lo que estamos contemplando y acudimos perceptiblemente a intentar la lectura de las inscripciones que rodean la figura, normalmente coronada de laurel lo que, en principio, si somos ajenos a la numismática, es difícil que nos digan algo. Sin embargo estas inscripciones aunque  gastadas por el uso de las monedas, sí es fácil que nos den una pista cierta sobre la pieza que estamos examinando. Así, las palabras, Cesar o Augusto que a todos evocan la Antigüedad Clásica es fácil que sean legibles, e incluso otras mas especificas como IMPERATOR  o el nombre de algún emperador muy conocido como Nero (Nerón) o Claudius (Claudio) nos resultan perfectamente entendibles, merced a la similitud de nuestra lengua con la latina.  
 Por tanto, una vez que tenemos una sospecha cierta de que se trata de una moneda romana, inmediatamente pensamos que se trata de algo que tiene una antigüedad de unos dos mil años y que por tanto se trata de algo muy raro y valioso. Sobre su antigüedad nuestro juicio será certero aunque no tanto, la apreciación de rareza o valor. En efecto, los Sestercios, los Dupondios, los Ases y, en menor medida, los Semis y Cuadrans formaban parte de lo que a lo largo de los siglos se llamò calderilla, constituida por denominaciones de valor bajo que se utilizaban únicamente para las pequeñas transacciones y para ajustar las ultimas unidades del precio de los artículos.  
 Curiosamente, esta denominación de calderilla, inicialmente derivada de la composición predominante de cobre en su aleación, metal en el que también estaban hechos los calderos que se utilizaban para cocinar, ha pervivido asociada a la emisión de pequeños divisores de moneda de bronce desde el siglo XV  al siglo XIX respecto a las unidades monetarias acuñadas en plata y oro. Aun, con la introducción del euro, decimos que no nos entreguen el cambio en calderilla, cuando el conjunto de monedas que nos dan al cambiar, por debajo del valor del 1 euro, de 50,20,10,5,2, y 1 céntimos, superan al de 1 euro.  


 El uso frecuente de este tipo de  numerario conduce  a que estas monedas normalmente presenten un desgaste muy notable, especialmente presente en aquellas que han tenido un periodo de circulación  muy prolongado como ocurre con los Sestercios, ya que la pervivencia del régimen imperial y la relativa estabilidad de precios no hacía imprescindible su retirada de la circulación ya que cualquier emperador, aun en los casos de cambios sangrientos de dinastía, se sentía continuador de todos los anteriores, por lo que el numerario anterior continuaba circulando, lo que redundaba en su desgaste, especialmente evidente en las emisiones de los primeros emperadores.  
 Por tanto, todas las denominaciones que formaban parte de esta calderilla, no son en absoluto raras, en la misma medida en que no es rara la calderilla de la Casa de Austria, normalmente compuesta de 8 maravedies resellados para circular por un valor superior, y los maravedíes de la Casa de Borbòn acuñados desde Carlos III a Isabel II, ni los 10 o 5 céntimos de bronce del Gobierno Provisional de 1870 y de Alfonso  XII y menos aun, los 10 y 5 céntimos de aluminio de la época de Franco acuñados de 1940 a 1953 con jinete ibérico en el anverso a imitación del reverso de los Ases ibéricos de la época de la conquista romana.  


 Esta ausencia de rareza que presenta en principio un Sestercio común, se debe a la abundancia de emisiones, aun dentro de un mismo emperador, y al elevadísimo número de ejemplares acuñados en la mayoría de las emisiones. Tenemos, por tanto, ya fijadas dos de las características a utilizar para determinar el valor de un Sestercio dado: la rareza y la conservación, es decir el relieve y legibilidad que presenta debido a la circulación que ha tenido desde el momento de su emisión. La tercera característica, en  el caso específico de la monedas romanas en bronce ò latón, es como ya se ha indicado en la entrada anterior, es la patina o fina capa de oxido metálico que el tiempo transcurrido y la acción de los agentes atmosféricos ha ido depositando sobre su superficie.  
 La interacción de estas tres características nos va a determinar el valor de un Sestercio dado. Nuestra impresión de que un Sestercio es algo valioso, que normalmente sentiremos al contemplarlo por primera vez es, en sí correcta pero su valor puede llegar a ser en verdad, muy diferente, oscilando desde de los 3 euros de un Sestercio de Gordiano III con muy escasa legibilidad   y carente por completo de pátina, hasta los 30.000  euros de un Sestercio de romano Vitelio, con el emperador dirigiendo la palabra a sus tropas en el reverso, un relieve en el que se distinguen todos sus detalles y una patina completa que no ha sido manipulada artificialmente.
Divergencias tan sensibles como de 1 a 10000, no suelen ser corrientes dentro de las monedas de una determinada denominación, pero si nos atenemos a una misma pieza de un determinado tipo, con el mismo anverso y reverso y acuñada en un año determinada, las diferencias pueden llegar oscilar de uno a mil euro en algunos casos y de 1 a 100 siempre que se trate de denominaciones que han tenido una circulación muy duradera como son en general los bronces y latones romanos, la plata acuñada por las monarquías europeas desde el siglo XVI al XIX, las monedas fraccionarias en metales viles desde 1880 a 1960 y la plata y bronce acuñada en los Estados Unidos y en la repúblicas americanas después de la emancipación de España completada en 1825, con ello la buena noticia para quien  contempla por primera vez una moneda como un Sestercio, es que puede iniciar su colección con un coste muy bajo,  ya que si los Sestercios corrientes en mala conservación pueden ser adquiridos por 3 euros, en el caso de los Dupondios, Ases, Semis y Cuadrans podemos estimar una relación de precio con respecto a los Sestercios de igual rareza, conservación y patina, de 1 a 6,por lo que el precio de adquisición de éstos pueden ser tan bajo, como 50 céntimos de euro.
 Sin embargo claro está, que la mala noticia es que un Sestercio correctamente valorado 3 euros, nunca será igual de agradable a la vista como uno valorado en 30 euros, y a su vez la sensación que sentiremos al contemplar éste, será muy diferente de la que sentiremos al contemplar una pieza valorada en 300 euros. En general, entre estos tres valores: 3,30 y 300 euros será entre lo que se desenvuelvan la mayoría de las personas que se decidan a coleccionar Sestercios romanos. Evidentemente existen Sestercios de un valor muy superior, expresado en miles de euros, pero es absolutamente desaconsejable dedicarse a adquirir siquiera uno de este tipo de piezas, sin antes habernos familiarizado con piezas de un valor inferior, haber leído algunas obras elementales sobre numismática romana, haber contemplado cientos o mejor miles de fotografías de Sestercios, haber aprendido a distinguir lo realmente raro de lo que no lo es, llegar a distinguir los distintos escalones en la conservación de un Sestercio y especialmente valorar correctamente la condición  de una pátina, distinguiendo la natural de la artificial, y para la natural, hasta que punto ha sido retocada.
En entregas sucesivas se iràn exponiendo los criterios que nos permitirán llegar a determinar con precisión suficiente cual puede ser el valor de un determinado Sestercio. Para ello será inevitable describir las características generales de la graduación de la conservación de las monedas, tal como han ido decantándose a lo largo del  tiempo, especialmente desde 1990, a través de la obra de promotores de subastas, autores de catálogos y escritores de obras de referencia  en los diferentes países. Estas nociones permitirán explicar, sobre fotografías de anverso y reverso de monedas especialmente representativas, cedidas amablemente  para su reproducción por sus actuales poseedores, cual es su grado de rareza, de conservación y de pátina.


 Al ser el procedimiento de valoración relativa entre una y otras piezas , de carácter empírico, solo conociendo por què a una pieza especifica se le asigna un grado determinado es posible llegar a una valoración completa de cada ejemplar con el que podamos encontrarnos a la hora de buscar monedas, para lo cual suele resultar lo mas aconsejable el acudir a los lugares de reunión de coleccionistas y comerciantes, que suelen tener lugar los domingos por la mañana en la mayor parte de Plazas Mayores de la principales ciudades españolas.
 En espera de proporcionar mayores detalles respecto a la valoración de los Sestercios, se reproducen en esta entrega, 5 Sestercios del emperador Claudio del siglo I D.C. con un valor estimado actual de mercado de 150 euros los dos primeras,300 euros los dos siguientes y 750 euros el último lo que considerando que las características de rareza y pátina no son muy distintas entre ellas, ya nos permiten irnos haciendo una idea de la influencia de la conservación en el valor de las monedas cuya circulación en su época ha sido intensa.

 THE VALUE OF A SESTERCE

If we have in hand any Roman coin, especially if it is a sesterce, the first sensation that overcomes us is that it is especially valuable. When we are walking down the street and a small object with some reflection draws our attention to the point that we tend to pick it up and make a first observation, the second step of this process is deciding whether throw the object away or deposit it in any paper, or we keep it in your pocket assuming that the object has some value or usefulness for us.  
We talk about value or usefulness because these two terms usually correspond to different concepts. Something useful can be a particular piece, a screw, a nut, something that then we can be used for any repairs at our home. In this case, the piece in question usually ends up in the toolbox that we all have and where we go if necessary to arrange by ourselves a thousand and one botched home jobs that contribute to solving the small practical problems of daily life, whether electrical, mechanical, or of other nature.
It is clear that in this case, what we have found has along with its potential utility, some sort of value to us, but we will never think about trying to get money with it apart from exceptional cases, advertise its sale on the Internet neither publishing it in the buying and selling second-hand object section of specialized journals. On the contrary, we estimate that the object has a value regardless of where we're going to keep it or offer it for sale, regardless of its usefulness in practical life, but when we decided not to leave it on the floor and to pass through it, and as in the previous situation, we keep the object in our pocket. This means that the concept of value is generally associated with the idea that other people who would contemplate this object are expected to formulate a similar trial to ours, and therefore they would also be interested in the possession of this object, and depending on the characteristics of the object and liking of each individual would be willing to offer a large or small quantity of money for it.  
It is in this sense that we state that anyone, who has a sesterce in his hand, tend to think immediately that this is something valuable. The characteristics of this piece, which have been mentioned in previous posts, help to think like this. Indeed it is something heavy, remember, from 20 to 30 grams, in relation to its size also significant, in such a way that allows us to observe a part of the figure and inscription on the front and on the back. In a imperceptibly way, we tend to try to figure out what we are looking to is referred  to and perceptibly we try to read the inscriptions around the figure, usually crowned with laurel which, in principle, if we do not know anything about numanistic, it is difficult to mean something to us. However, these inscriptions even worn by the use of the coins, it is easy to give us a clue about the piece we are examining. Thus the words, Caesar or Augustus that to all of us evoke the classical antiquity are easily legible, and even other more specific words as IMPERATOR or the name of a well-known emperor as Nero or Claudius, are perfectly understandable for us thanks to the similarity of our language with the Latin.  
 Therefore, once we have some suspicion that it is a Roman coin, instantaneously we think that it is something that last from about two thousand years ago and therefore it is very rare and valuable. Our view on its antiquity will be accurate but not as much as the valuation of its rarity or value. Indeed, sesterces, dupondius, as and to a lesser extent, semis and quadrans were part of what over the centuries was called small change, consisting of low value denominations only used for small transactions and to adjust the last units of the goods prices.  
Interestingly, the name of small change initially came from the dominant composition of copper in the alloy, metal with which the buckets were also made to be used for cooking and it has remained associated to the issue of small dividers of bronze coin from the fifteenth century to the nineteenth century, regarding currencies minted in silver and gold. Even with the introduction of the euro, we ask for having the change different from being in small change, when the set of coins that they give us in change, below the value of 1 euro, 50, 20, 10, 5, 2, and 1 cents coins, exceeding the value of 1 euro.  
The frequent use of this type of coins makes that these coins usually present a very significant wear, especially it is present in those which have had a very long period of circulation as with the sesterces, because of the remaining imperial regime and the relative price stability did not produced their withdrawal from circulation as any emperor, even in cases of bloody changes of dynasty, felt as the follower of all the emperors above, so the previous coin continued to circulate, resulting in their wear, particularly evident in the issues of the  first emperors.  
Therefore, all names that were part of this small change are  not at all rare, to the same extent that it is not rare the small change from the Habsburg Spain, usually composed of 8 maravedies resealed for being in circulation with a superior value, and the maravedíes of House of Bourbon coined from Charles III of Spain to Isabella II of Spain, or the 10 or 5 cents a bronze of the Provisional Government from 1870 to Alfonso XII of Spain and much less the 10 and 5 cent aluminum coined in the time of the Franco form 1940 to 1953 with Iberian horseman on the front to imitate the back of the Iberian As of the time of the Roman conquest.  
 This lack of rarity which in principle has a common sesterces, is due to the abundance of issues, even within the same emperor, and to the high number of copies coined in most issues. Therefore, we already have fixed two of the characteristics used to determine the value of sesterces given: the rarity and conservation, i.e. the relief and the clarity that arises because of the circulation it has had since the time of issuance. The third feature, in the specific case of Roman coins in bronze or brass, as stated in the previous post, is the patina, or thin layer of metallic oxide that time passed and the action of the weather has been deposited on its surface.  
The interaction of these three characteristics will determine the value of a given sesterce. Our impression that a sesterce is valuable, usually felt when contemplating for the first time is in itself correct, but its value can be indeed very different, ranging from the 3 euros of a Gordian III sesterce very illegible and completely devoid of patina, to 30,000 euros from a Roman sesterce of Vitellius, with the emperor leading a speech to his troops in the back, a relief in which it ca be distinguished all the details and a full patina that has not been artificially manipulated.
Divergences as sensitive as from 1 to 10000 are not usual among the currencies with a certain name, but if you stick to one piece of a certain type, with the same front and back and coined in the same given year, their differences can reach a range from one to a thousand euro in some cases and from 1 to 100 provided that they are denominations that have had a long-lasting circulation and they are generally Roman bronzes and brasses, the silvers coined by European monarchies since the sixteenth to the nineteenth century, the coins broke up in vain metals from 1880 to 1960 and the silver and bronze minted in the United States and in the American republics after the independence from Spain completed in 1825, regarding this the good news for those who look for the first time currency as a sesterces, are that you can start your collection with a very low cost, because if the current sesterces in poor maintenance can be purchased for 3 euros, in the case of dupondios, as, semis and quadrans we estimate a price relation with respect to equal sesterces rarity, conservation and patina, form 1 to 6, so that the purchase price of these can be as low as 50 cents of euro.
 However it is clear that the bad news is that a properly sesterces worth 3 euros, never will be just as pleasing for the eye as one valued at 30 euros, and in turn the feeling you feel when contemplating this will be very different from the feeling when contemplating a piece valued at 300 euros. In general, between these three values: 3. 30 and 300 euros will be the quantities most of the people who decide to collect Roman sesterces will work with. Obviously there are sesterces with a much higher value, expressed in thousands of euros, but it is absolutely unwise to engage in acquiring even one of these pieces, without, before that, becoming familiar with pieces of a lower value, having read some elementary works on Roman coins, having contemplated hundreds or even better thousands of photographs of sesterces, having learned to distinguish what is really rare than what is not, being able to distinguish the different steps in the conservation of a particular sesterces and namely valuating properly the conditions of a patina, distinguishing natural from the artificial and in the case of being natural, till what point it has been retouched.
In successive posts we will expose the criteria that will allow us to determine with enough precision what may be the value of a given sesterces. With this objective in mind, it will be inevitably to describe the general characteristics for graduation of the conservation of coins, as they have been decanted over the time, especially since 1990, through the work of promoters of auction authors of catalogs and writers of reference works in different countries. These notions le us   explain, based on photographs of the front and back of the especially representative coins, kindly donated by its current owners for their reproduction, which is its degree of rarity, conservation and patina.
As the relative valuation procedure from one to other pieces, an empirical process, just knowing why for a specific piece is assigned a particular grade, it is possible to reach to a full valuation of each issue which we can face when looking for coins, for which it is often more advisable to go to the meeting places of collectors and traders, which usually take place on Sunday morning in the main squares in most of the main Spanish cities.
In hopes of providing more detail regarding the valuation of sesterces, we display in this post, 5 sesterces of Emperor Claudius of first century A.C. with an estimated current market value of 150 euros the first two, 300 euros the following two and 750 euros the last one, whereas their characteristics of rarity and patina are not very different among them, this difference gives as an idea of the influence of preservation in the value of coins whose circulation in that period was intense.

Domingo 31 de Octubre de 2010 10:13

La cima de la numismática romana: el Sestercio

                         

En los tres artículos anteriores se ha mencionado en varias ocasiones un tipo de moneda romana, el Sestercio, a la par que se han publicado anverso y reverso de 15 de estas piezas, 5 de las cuales también se incorporan dentro del presente artículo.
Estos ejemplares, los Sestercios, nos proporcionan la más acabada imagen de lo que  constituye la numismática romana. Dentro del mundo griego y helenístico, posterior a Alejandro el Magno, la moneda de bronce o latón constituye una excepción ya que la mayor parte del circulante estaba constituido por la moneda de plata.
Aún así, los ejemplares en estos metales solían ser de peso muy reducido, siendo empleados en pequeñas transacciones o para completar el precio de los artículos cuando éste quedaba expresado en fracciones de peso como correspondía a la venta a granel de mercancías.
Únicamente en el Egipto tolomeico se acuñan grandes piezas de bronce con cabeza de Zeus en el anverso y águila en reposo en el reverso circundada por la leyenda Tolomeo Rey en lengua y caracteres griego. El determinar el valor circulante de esta piezas en relación con el Dracma o Tetradacma que constituía la unidad monetaria helenística, acuñada en plata, no resulta sencillo ya que la relación entre unas y otras dependía de las condiciones económicas de cada momento que influían  en la relación entre  los valores del cobre y de la plata.
Estas monedas de la dinastía tolomeico, en la misma forma que los primitivos Ases romanos nacen con la pretensión de circular por el valor intrínseco del metal en el que están acuñadas. Así, en la misma forma que los Ases, los bronces de Tolomeo I tienen un peso elevado que puede llegar a los 45 g, mientras que las últimas acuñaciones tolomeicas a nombre de la tan bien conocida reina Cleopatra, relacionada con Julio Cesar y Marco Antonio, no rebasan los 15 g. A la par, el retrato hierático de Zeus va humanizándose  hasta llegar a presentar una cabeza figurativa como se da en las acuñaciones de las reinas Berenice y la mencionada Cleopatra, ya en el siglo I A.C .
Estas monedas pueden ser consideradas como antecedente de los Sestercios, por cuanto sus últimas emisiones tenían un valor fiduciario, es decir independiente y claramente superior al valor intrínseco del metal a ellas incorporado. Dependiendo del autor que elijamos para documentarnos sobre estas piezas dentro de la numismática griega, son denominadas Hemidracmas ( por suponer que son el divisor inmediato del Dracma) o bien” grandes bronces” evidenciando la dificultad de expresar su valor en términos de relación con el de la unidad monetaria.
Precisamente  esta denominación de “grandes bronces” aparece asociada a la de Sestercios al referirse a ellos los primeros autores que se ocupan de la descripción del numerario romano en los albores de la edad moderna. En este caso, la expresión” gran bronce” alude básicamente al tamaño de los Sestercios, que en su primera época presentan un diámetro de 3 a 3,5 centímetros y un peso aproximado de 30 a 25 g.
En este sentido, son claramente identificables  en relación con Dupondios y Ases, cuyo peso no llega a rebasar  la mitad de el de los Sestercios.
Los Sestercios se acuñan siempre el latón, aleación en la que el bronce (cobre y estaño) aparece asociado con el zinc. La adición de este último se efectúa, buscando una mayor dureza, en forma que los rasgos de las figuras y leyendas representadas en la moneda, pervivan durante más tiempo así como que el brillo especial del metal acuñado, especialmente llamativo en el latón frente al cobre, se diluya más lentamente.
En este sentido, resulta sintomática la similitud de la aleación empleada en los Sestercios con la de las monedas de 10, 20 y 50 céntimos de euro en circulación en los países de la Unión Monetaria europea a partir de 2002.

                         
Para el aficionado a la numismática resulta útil el disponer de una estimación del valor adquisitivo de una determinada unidad monetaria del pasado, con las unidades de nuestro tiempo con las que se encuentra familiarizado. Esto que ya resulta complicado para las monedas de oro y plata en las que al menos se dispone de estimaciones de la evolución del precio de los metales nobles, realizadas por los autores que se ocupan de la historia de la economía, es particularmente difícil para el caso de la moneda acuñada en metales llamados viles, para la cual la única fuente que puede tomarse en cuenta son ordenes de compra o contratos para la adquisición de bienes o servicios que suelen estar expresados en unidades de cuenta, en este caso los Sestercios. No obstante debemos tener en cuenta que si consideramos periodos muy largos, tres siglos para los Sestercios, en que esta moneda tuvo una circulación extendida, su valor en términos de moneda actual puede llegar a presentar grandes variaciones, normalmente depreciándose en el tiempo, hasta el momento en que la circulación de una pieza desaparece cuando el valor del metal más el coste de acuñación rebasan el valor de las monedas que pueden ser acuñadas.
Esto es lo que llego a ocurrir con la moneda de una peseta, la popular “rubia”, acuñada en latón desde el año 1944, hasta que al finales del la década de los setenta, su valor de producción rebasó el de lo que podía ser adquirido con ella, lo que no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que desde 1944 a 1980, el valor adquisitivo de la peseta se dividió   aproximadamente por 20.
Este mismo fenómeno es el que tiene lugar para los Sestercios en la época de Galieno en el siglo III D.C. cuando dejó de acuñarse, en el momento en el que Antoniniano ( doble denario, equivalente por tanto a 8 sestercios) pierde prácticamente todo su contenido en plata, siendo su peso en cobre la octava parte de este metal incluida en los Sestercios.
Considerando todos lo elementos resaltados, podemos estimar un poder adquisitivo medio del sestercio durante el periodo de su acuñación equivalente a 50 céntimos de euro, lo que nos permite una identidad relativa entre ambas piezas, ya que las dos son los valores superiores de sus escalas monetarias, están acuñadas en latón, y tienen tamaños, si nos atenemos a los últimos Sestercios acuñados, no excesivamente distintos.
Desde el punto de vista artístico, los Sestercios suponen la culminación de la escultura, concretamente el bajo relieve, en la acuñación de monedas en la antigüedad. Ciertamente, los artistas griegos habían llegado a una extraordinaria calidad en la representación de figuras en las monedas. Pero sus diseños permanecían inalterados durante periodos muy largos de tiempo y prácticamente siempre la asociación entre figuras acuñadas en anverso y reverso de una determinada denominación no se modificaba durante el periodo de acuñación. Sin embargo a lo largo del periodo de vida del Sestercio en el Imperio Romano  de la mitad del siglo I A.C. hasta la mitad del siglo III D.C. , la figura del anverso siempre va asociada al emperador reinante o divinizado tras su muerte, a nombre del cual se acuña, con una pretensión de representación figurativa de rasgos faciales semejantes a los expresados en estatuas y bajo relieves en los que aparece el emperador o miembros relevantes de su familia.

                         
Al mismo tiempo para cada representación del emperador en el anverso que frecuentemente va modificándose con el paso del tiempo en el caso de los reinados largos, tenemos una amplia panoplia de reversos, no solamente para el caso de conmemoraciones especiales, como ocurre en la actualidad, sino también para las emisiones ordinarias en la que la representación de figuras mitológicas o de dioses o diosas menores no escasas en el mundo grecorromano se acompañan con la del emperador, a cuerpo completo en diferentes actitudes tanto cívicas como militares.
Si a todo ésto añadimos las leyendas que aparecen sobre estas monedas, de ordinario representando los títulos del emperador, no siempre los mismos, en el anverso, completados con la indicación del número de orden del consulado o del poder tribunicio que ejercía en el momento de la emisión de la moneda representado en el reverso juntamente con una inscripción alusiva a las figuras que aparecen en el mismo, tenemos una extraordinaria variedad de tipos de Sestercios que proporcionan al historiador elementos imprescindibles para reconstruir la evolución del Imperio Romano, al coleccionista un campo casi ilimitado sobre el que ejercer su afición y a la gente en general que contempla estas monedas en museos y en fotografías asociadas a los libros de historia, la posibilidad de visualizar estas auténticas obras de arte que aunque producidas en serie a partir de cuños cincelados manualmente, su procedimiento de acuñación asegura que sea prácticamente imposible encontrar dos monedas idénticas e incluso altamente semejantes.
Esta extrema individualización de cada Sestercio, válida en cierta medida para la mayor parte de la moneda romana, se completa en este caso con la casi infinita variedad de los tipos de pátina que el transcurso de tiempo ha ido acumulando sobre la moneda original. Tenemos así pátinas: negra, marrón, verde, gris, rojiza, amarillenta, y cualquier clase de combinación entre estos colores. La pátina, aparte de permitir apreciar la autenticidad y ausencia de manipulación de los Sestercios, les añade belleza al permitir apreciar con mayor detalle los rasgos distintivos de cada figura.
A todas estas características atractivas para los coleccionistas, los Sestercios añaden su tamaño, que permite apreciar sus detalles sin necesidad de recurrir de forma sistemática a instrumentos de aumento, y especialmente su abundancia, ya que el número de ejemplares para cada emisión es normalmente muy alto, y el número de emisiones muy elevado al prolongarse sobre un largo periodo. A ésto  cabe añadir su imponente aspecto y carencia de beneficio con su fusión, que ha originado que la mayor parte de los ejemplares acuñados hayan llegado hasta nuestros días.

                           
Desgraciadamente, el elevado número de años en que los Sestercios permanecieron en circulación, ya que los acuñados por los emperadores continuaron circulando indistintamente con los de sus sucesores, ocasionó que gran parte de los Sestercios, que han llegado hasta nosotros se encuentren en un estado pobre de conservación que en muchos caso, si bien permite su identificación, hace difícil la lectura de la totalidad de las leyendas y la representación de muchos de los rasgos distintivos de las figuras. También la pátina original de la moneda frecuentemente ha sido alterada o removida por procedimientos químicos o mecánicos por un intento de identificar y mejorar la apariencia y comercialidad de piezas que, en el momento de su hallazgo, se encontraban recubiertas de arcilla y óxidos que prácticamente imposibilitaban su catalogación.
 Así, las características de rareza de las emisiones de un determinado emperador, rareza del reverso de la moneda para un emperador determinado, características de la pátina, y grado de conservación, son las que nos permiten estimar el valor comercial de un Sestercio específico. La ponderación de estos factores para un tipo determinado de Sestercios, quedará expuesta en los próximos artículos, en el que las piezas ya reproducidas y que se irán reproduciendo, servirán de referencia para que podamos irnos familiarizando con la valoración que pueden tener los Sestercios dentro del mercado numismático.
Todo lo indicado para los tipos emitidos a nombre de los emperadores romanos resulta igualmente válido para las emisiones efectuadas a nombre de miembros relevantes de su familia, singularmente padres, esposa e hijos, que frecuentemente tienen lugar durante el reinado emperador. Sirva para ello de muestra los 3 Sestercios de Agripina, la nieta de Augusto y esposa de Germánico, los 2 Sestercios de Nerón Druso, hermano de Tiberio y padre de Germánico y Claudio, que se reproducen en este artículo.     

                                 

THE TOP OF ROMAN COINS: THE SESTERCIO

In the three previous articles it is mentioned in several occasions a type of Roman coin, the sesterces and the front and the back of 15 of these pieces have been published, 5 of them are also incorporated in this article.
These pieces, the sesterces, provide the most complete picture of what constitutes the Roman coins. In the Greek and Hellenistic world, after Alexander the Great, the bronze or brass coins were an exception because most of the circulating asset was made by silver.
Even so, the pieces of these metals generally were of a very low weight and used in small transactions or to complete the price of goods when it was expressed in fractions of weight as it was for the sale of goods in bulk.
Only in Ptolemaic Egypt were coined large pieces of bronze with the head of Zeus on the front and an eagle in repose surrounded by the legend King Ptolemy in Greek language and characters on the back. Determining the value of the current asset of this piece in relation with the drachma or tetradachm which was the monetary Hellenistic currency, minted in silver, it is not easy because the relation among them depended on the economic conditions of the moment that influenced the relationship between the values of the bronze and the silver.

These coins of the Ptolemaic dynasty, in the same way as the original Romans As, are created with the intention of them being in circulation based on the intrinsic value of the metal in which they are minted. Thus, in the same way as the As, the bronzes of Ptolemy I have a high weight that can reach 45 g, while the last Ptolemaic coinage on behalf of the Queen Cleopatra so well known, related to Julius Caesar and Mark Antony did not exceed 15 g. At the same time, the hieratic portrait of Zeus became more human to the point of presenting a figurative head as in the coinage of the queens Berenice and the above mentioned Cleopatra, in the first century B.C.
These coins can be considered as the antecedent of the sesterces, because the last ones issued had a trust value, i.e. they had an independent and clearly superior value than the value of the metal used to build them. Depending on the author we choose to do research about these pieces of the Greek coins, they are called Hemidracmas (by assuming they are the immediate divisor of the drachma) or "big bronzes" highlighting the difficulty of expressing its value in terms related to that of the monetary unit.
Precisely this term of "big bronzes" appears associated to sesterces to make reference to them by the first authors who are in charge of the description of the Roman coinage in the dawn of the modern age. In this case, the term "big bronzes" refers basically to the size of the sesterces, which in its first period had a diameter from 3 to 3.5 centimeters and weighing approximately 30 to 25 g.
In this sense, they are clearly identifiable in relation to Dupondius and As, whose weight is less than the half of the weight of a sesterce.
The sesterces are always coined in brass, alloy in which the bronze (copper and tin) appears associated to zinc. The addition of the last one is carried out, seeking for a greater strength, for the features of the figures and of the legends depicted on the coin to last for longer time and also for the special brightness of the metal coined, particularly sparkling in the brass compared with the copper to dilute more slowly.
In this sense, it is symptomatic the similarity of the alloy used in sesterces to the one used in the coins of 10, 20 and 50 cent  of Euro which are in circulation in the countries of the European Monetary Union since 2002.
For those interested in numismatic it is useful to have an estimated purchasing power of a particular currency of the past, with the currencies of our time, which we are familiar with. This is already difficult with the gold and silver coins for which at least we have an estimation of the evolution changes in the price of the precious metals, made by the authors in the history of the economy. Also it is particularly difficult for metal coinage of those called vain metals, for which the only source that can be considered are the purchase or contracts orders for the acquisition of goods or services which are usually expressed in units of account, in this case the sesterces. However, we should take into account that if we consider very long periods of time, three centuries for the sesterces, that this coin had a widespread circulation, so its value in terms of current currency can present large variations, It is normally undervalued over time, until the moment when the circulation of a piece disappears when the value of the metal plus the cost of its minting exceed the value of the coins that can be minted.
This is what happened with the currency of a peseta, the popular known as “blonde”, brass coined since 1944, until the end of the seventies, its production value exceeded the value of what could be acquired with it, what should not surprise us if we take in account that from 1944 to 1980, the purchasing value of the peseta was divided approximately by 20.
This same phenomenon took place with the sesterces at the time of Gallienus in the third century A.C. when its coinage stopped, at the time in which Antoninianus (double denarius, equivalent to 8 sesterces) lost all its silver content, and the copper represented the eighth part contained of this metal in the sesterces.
Considering all the highlighted items, we can estimate an average purchasing power of the sesterce during the period of its coinage equivalent to 50 cents of Euro, what gives us a relative identity between both pieces, since the two are the highest values of their monetary scales, they are minted in brass, and that have sizes, if we stick to the last sesterces coined, not too different.
From the artistic point of view, the sesterces are the culmination of the sculpture, namely of the low relief in the minting of coins in the antiquity. Certainly, the Greek artists had reached an extraordinary quality in the representation of figures on the coins. Nevertheless, their designs remained the same over very long periods of time and almost always the association of the figures minted between on the front and on the back of a specific name did not change during its minting period. However, over the lifetime of the sesterces in the half-century B.C. during the Roman Empire until the mid-third century A.D., the figure on the front is always associated with the reigning emperor or deified after his death, in behalf of the one it was coined, with a aim of a figurative representation of facial features similar to those expressed in statues and bas-reliefs in which the emperor or the relevant members of his family appeared.
At the same time, for each representation of the emperor on the front, which is often modified over time in the case of long reigns, we have a wide array of different backs, not just for special commemorations, as nowadays, but also for the routine issues in which the depiction of mythological gods and goddesses, numerous in the Greek and Roman world, were accompanied by the emperor's full body in various attitudes both civic and military.
If we add to above mentioned the legends that appear on these coins, usually representing the title of Emperor, which always varies, on the front, with the indication of the number of the consulate or of the tribunician power that exerted in the issue moment of currency represented on the back along with an inscription alluding the figures appearing in it, we have an extraordinary variety of different sesterces. Those facts provide the essential elements for historian to reconstruct the evolution of the Roman Empire, for the collector a field almost unlimited to exercise their affection and for people in general, who contemplate these coins in museums and in photos associated with the history books, the possibility to admire these pieces of art that, although mass-produced from hand chiseled stamps, their minting process ensures that it is nearly impossible to find two identical coins and even highly similar.
This extreme individualization of each sesterce, valid to some extent for most of the Roman coins, is completed in this case with the almost infinite variety of types of patina accumulated on the original currency over the time. Thus, we have different patinas: black, brown, green, gray, red, yellow, and any other kind of combination of these colors. The patina, apart from letting us appreciate the authenticity and lack of manipulation of the sesterces, gives them the beauty that enables to appreciate more fully the distinctive features of each figure.
To all these attractive features to collectors, sesterces also have a significant size, which allows us to appreciate their details without the necessity of using systematically magnifying instruments, and especially the abundance of them, as the number of copies for each issue is usually very high and the very large number of issues to continue over a long period. We should also add their impressive aspect and lack of benefit from their melting, what has caused that most of their copies coined have remained till today.
Unfortunately, the high number of years that sesterces were in circulation, because those coined by the emperors continued in circulation indistinctly at the same time with those of their successors, led to the fact that much of the sesterces, which nowadays are at our disposal, in many cases are in a poor state of conservation, even being able to identify them, that makes difficult to read all the legends and the representation of many of the distinctive features of their figures. Also the original patina of the coin has often been altered or removed by chemical or mechanical procedures in an attempt to identify and improve their appearance and for their marketability of pieces that, at the time of their discovery, were covered with clay and oxides that almost precluded their cataloging.
 Thus, the characteristics of rarity of a certain emperor issues, rarity of the back of the coin for a particular emperor, characteristics of the patina, and degree of conservation, are what allow us to estimate the market value of a specific sesterce. The weighting of these factors for a particular type of sesterce, shall be posted in future articles, in which the pieces already reproduced and which will be displayed will be use as reference for us to become more familiar with the valuation that sesterces may have within numismatic market.
All the criteria exposed for the types issued on behalf of the Roman emperors it also applies for the issues made on behalf of relevant members of their family, specially their parents, wives and children, who often take place during the reign of the emperor. We can take as an example the 3 sesterces of Agrippina, the granddaughter of Augustus and wife of Germanicus, the 2 sesterces of Nero Drusus, Tiberius's brother and father of Germanicus and Claudius, which are reproduced in this article.                
  

 

 

 

 

 

 

      
          

Domingo 17 de Octubre de 2010 21:58

El oro y la plata se acuñan en Roma

Durante el siglo III A.C. se verifica una extraordinaria trasformación de las monedas circulantes en el mundo romano llevada a cabo en forma paralela a la expansión del territorio dominado por Roma, pasando de poco más de la Italia central a comienzos de la centuria, a una parte sustancial de las riberas del Mediterráneo, comprendiendo la totalidad de Italia, el Levante español, Córcega, Cerdeña y Sicilia a finales del siglo, a la par de ejerciendo un efectivo protectorado sobre partes sustanciales del mundo helenístico europeo.
De esta manera, las necesidades del comercio pronto obligan a ir más allá de un sistema monetario basado exclusivamente en el bronce con el As y sus divisores, en los que el valor intrínseco del metal representaba expresamente el valor asignado a cada moneda. El trasporte de esta moneda, de hasta un tercio de Kilo para los Ases de comienzos de siglo, exigía, cuando se trataba de cantidades importantes, unos medios de desplazamiento que hubieran llegado a impedir la compraventa de mercancías más allá de los límites de la ciudad de Roma.
Así, juntamente con los Ases, fundidos en bronce, se continua comerciando con el oro y sobre todo con la plata, en forma de lingotes, tomados como medio de intercambio, por su valor intrínseco, sin incorporar marcas o símbolos, ya que cada comerciante se encargaba de ensayarlas, a menudo con la llamada piedra de toque que dependiendo de la ley del metal producía con el roce con el lingote, un efecto diferente. Estos procedimientos que se inician en Grecia, pasan como tantas otras cosas a Roma y, de ahí se extienden a Asía y al resto de Europa, pudiendo encontrarnos en el siglo XVIII en China, lingotes y monedas de plata ensayadas por mercaderes locales que señalaban con sus propias marcas o punzones, símbolos acreditativos de las características del metal y la autenticidad de la proporción de plata en la aleación. Esta práctica llega hasta el siglo XIX en Europa, pudiendo encontrarnos con moneda de plata de esta época con características evidentes de haber sido ensayadas por este procedimiento, para comprobar su autenticidad a través de la verificación de su ley, siempre dada a conocer por el Estado que emite una determinada moneda.
En la misma manera que había sucedido con el circulante de bronce, también el oro y la plata pasan a ser acuñados como sistema de posibilitar su intercambio en unidades de peso reducido, así como de verificar su autenticidad a partir de la identificación de las figuras incluidas en el anverso y reverso de las monedas. También la oportunidad de mostrar símbolos característicos de la autoridad a nombre la la cual se emite la moneda y figuras o hechos directamente relacionados con esta autoridad, no pasa desapercibida a las Casa de Moneda que emiten en nombre de Roma, iniciándose de esta manera una tradición que se mantendrá inalterada hasta nuestros días.


Antes del siglo III A.C y durante y durante la primera parte de éste, ya la plata y el oro acuñado eran utilizados en la órbita de Roma, aunque sin emisiones propias, en base a utilizar los Dracmas Didracmas y Tetradracmas propios del mundo griego y, posteriormente a Alejandro, helenístico. Sin embargo, a mediados del siglo III A.C. y singularmente tras el triunfo de Roma sobre Cartago en la I Guerra Púnica aunque se mantienen estas denominaciones, ya comienza a emitirse la moneda de plata a nombre de Roma, figurando este nombre en caracteres itálicos en reverso de las monedas. Las primeras monedas en las que aparece esta leyenda son Didracmas con 8 gramos y ley aproximada de 900 milésimas con cabeza con casco en anverso y leyenda ROMA acompañada de caballo alado ( Pegaso ) en el reverso y Didracmas, llamados en el lenguaje de calle Cuadrigatus en los que aparece en el anverso la doble cabeza Jano mirando a izquierda y derecha, idéntica  a la representada en los Ases de bronce, y en el reverso, una cuadriga conducida por la figura alada de la Victoria transportando a Júpiter, apareciendo igualmente en el reverso la leyenda aludida de ROMA en caracteres itálicos.
Esta representación de una cuadriga pervivirá en la moneda romana hasta la época de Diocleciano a finales del siglo III D.C. cuando el declive del Imperio ya comenzaba a evidenciarse. Esta representación de la cuadriga o carro de guerra, como símbolo del triunfo y poder de Roma, no es privativa de las monedas de oro y plata, sino que llega a extenderse a las monedas de bronce. Así en el artículo anterior podemos contemplar esta representación en las dos últimas monedas reproducidas, dos sestercios de Tiberio en las que en el anverso aparece la mencionada cuadriga. Claro es que como símbolo de los nuevos tiempos, la figura de Júpiter pasa a ser sustituida por la figura del emperador reinante, con objeto de que los utilizadores de la moneda tendieran a identificar la representación de la figura de la autoridad que la emitió, con la figura central de la mitología griega, Zeus o su trasunto romano, Júpiter.

                          


Este medio de difusión de la imagen del poder con propósito de propaganda resultaba particularmente efectivo en un mundo en el que no existían otros medios de comunicación social propios del mundo actual como prensa, radio, televisión  o Internet, a través de los cuales se trasmite a los ciudadanos mensajes de este tipo, cuyo vehículo ideal en otros tiempos eran las monedas que eran manejadas y comprendidas por una población que en su mayoría no sabía ni leer ni escribir.
La época preimperial desde el siglo II A.C. hasta el tiempo de Augusto al filo entre el siglo I A.C y el I D.C es predominantemente la época del Denario, pieza que con un peso aproximado de 4 gramos sustituye al Dracma, siendo acuñado en la ciudad de Roma en plata con una ley de 900 milésimas que con ligeras variantes, será la ley de la mayoría de las monedas acuñadas en metales preciosos hasta bien entrado el siglo XX y que será identificada en el lenguaje de joyería con el termino usual de plata de ley.
El Denario omnipresente en la literatura y documentos de la época y que hasta el Evangelio menciona en repetidas ocasiones, será la moneda más extensamente acuñada de la historia y con un ámbito de utilización más amplio como demuestran sus hallazgos frecuentes, incluso en nuestro tiempo, no solamente en Europa sino también en numerosas zonas de  África y Asia. Su popularidad y pervivencia de uso fue tal que diez siglos después de la caída del Imperio Romano de Occidente  en el que se generaliza la emisión en Europa de moneda gruesa  de plata, continuaba utilizándose como sinónimo de moneda de buena ley que era empleada aun como circulante, expresándose su valor en un número determinado de unidades de cuenta, como pudieran ser el Maravedí, castellano el Ardite  aragonés o el Pfenig alemán. Desde su creación hasta los tiempos modernos, el Denario desempeñará  un papel de moneda universalmente aceptada, como llegó a ser posteriormente el Peso español o pieza de ocho reales de plata en los siglos XVII y XVIII o el Dólar en los siglos XIX y XX.

                           
Continuando en la tradición   grecorromana de estructurar los sistemas monetarios para facilidad de cambio, en piezas tales que cada una represente el duplo de la pieza de valor inferior, un  Denario de plata se cambiaba por dos Quinarios de plata y cada Quinario por dos Sextercios, equivaliendo por tanto el Denario a 4 Sextercios, cambiándose de esta manera por 16 Ases. A diferencia del mundo griego, Roma no emite múltiplos en plata de Denario, salvo el Antoniano ( doble Denario ) acuñado desde Caracalla a Diocleciano, al menos en la zona occidental del Imperio, aunque en la zona oriental, particularmente en Alejandría, continúan emitiéndose Tetradracmas con características iniciales similares a los de Alejandro, si bien con representaciones de los rostros de los emperadores en sustitución de los bustos idealizados  de Hércules revestido de piel de lobo. El papel de múltiplos del Denario es asumido por la emisión de monedas de oro que llegan a alcanzar una difusión mucho mayor que las emisiones de Estáteras griegas iniciadas en la Grecia clásica y mantenidas en la helenística.
Así, la moneda de oro, propia de numerario romano será el Áureo ( denominación genérica del metal en el que está acuñada ) con un peso próximo a los 6 gramos que sólo empieza a acuñarse a partir del tiempo de Pompeyo, bien entrado el siglo I A.C. continuado por Cesar y los diferentes triunviros  y sus generales en la época denominada en la terminología anglosajona “imperatorial” y en términos castellanos, preimperial, llegando a la época de Augusto y manteniéndose con la misma denominación, peso y ley semejantes, a diferencia del Denario, hasta el reinado de Diocleciano a finales del siglo III D.C, siendo reemplazado durante el imperio de Constantino y sus sucesores, por el Sólido que continuará acuñándose por la práctica totalidad de los titulares de Imperio Romano de Oriente hasta la caída de Constantinopla en la década central del siglo XV. Siguiendo la equivalencia ya presente en cierta medida en la Grecia clásica de 1 a 16 en cuanto a la relación del valor de la plata al del oro, el Áureo se sitúa en términos generales en 25 Denarios, al tener cada uno 6 gramos frente a los 4 gramos de los denarios republicanos mantenidos durante el reinado de Augusto. En general a diferencia del Denario, el Áureo mantiene su peso y ley a lo largo de 4 siglos, mientras que el denario va decreciendo su peso y ley desde Augusto a sus últimas emisiones en época de Aureliano, a mediados del siglo III C,D.
Lógicamente este hecho fue determinando una pérdida del valor del Denario frente al Áureo a lo largo del tiempo, mientras que la valoración de este último en términos de moneda de cuenta acuñada como Ases o Sestercios permaneció sensiblemente equilibrada durante toda la época de su acuñación, llegando a desempeñar el Denario un papel similar a la llamada moneda de vellón  en el tiempo de los Austrias españoles en el siglo XVII, en el que las continuas devaluaciones del las monedas circulantes de vellón ( cobre recubierto por ligera capa de plata ) o bronce respecto a la moneda de cuenta ( Maravedí ) representaron una apreciación paralela del circulante en plata ( Reales ) y oro ( Escudos ) que en cada devaluación pasaban a tener un valor superior en Maravedís, moneda en la que se estipulaban la mayor parte de los contratos menores en forma similar a lo acaecido en Roma para este tipo de contratos expresados en Sestercios o en Ases como moneda de cuenta mientras que los de mayor cuantía quedaban expresados en Áureos o piezas de oro, según la terminología usual romana.
De esta manera queda completada una semblanza general del universo monetario romano antes de introducirnos en el fascinante mundo del Sestercio del que queda nuevamente como muestra reproducida en este artículo, un ejemplar de Tiberio y cuatro de Calígula, el emperador enloquecido de el que tanto hemos oído  hablar desde la niñez .                         
                         

GOLD AND SILVER ARE MINTED IN ROME

During the third century B.C. a remarkable transformation of the circulating coins takes place in the Roman world held in parallel with the expansion of the territory controlled by Rome, from just over central Italy at the beginning of the century, a substantial part of the shores of the Mediterranean, comprising the whole of Italy, the east of Spain, Corsica, Sardinia and Sicily at the end of the century, as well as with exercising a effective protectorate in substantial parts of the Hellenistic world in Europe.
Thus, rapidly business needs forced to go beyond a monetary system based just on the bronze with the as and its dividers, in which the intrinsic value of this metal specifically represented the value assigned to each coin. The transportation of the currency, up to one third of kilogram for the as at the beginning of the century, required when substantial quantities, means of movement that had come to prevent the sale of goods beyond the city limits of Rome.
Thus, together with the As, casted in bronze, they continue the trading with gold and especially with silver in ingot form, taken as a way of exchange, for its intrinsic value, without adding marks or symbols, because each trader was responsible for assaying them, they made normally with the so-called touchstone, depending on the purity of the metal by the contact with the ingot, a different effect. These procedures that are initiated in Greece, like many other things go to Rome and from there they spread to Asia and to the rest of Europe, we may find in the eighteenth century in China, silver coins and ingots assayed by local merchants who used their own marks or hallmarks, making symbols proving the characteristics of the metal and the authenticity of the proportion of silver in the alloy. This practice continues until the nineteenth century in Europe, we may find silver coins of this period with obvious features of having been assayed with this procedure for verifying its authenticity by checking its purity, given by the state which emits a particular currency.
In the same way as it had happened with the current asset of bronze, also with gold and silver are coined as a system that allows its exchange in a weight-reduced way, and also their authenticity to be verify by the identification of the figures included on the front and on the back of the coins. Also the chance to show characteristic symbols of the authority’s name which issues the currency and figures or events directly related to this authority, it does not go unnoticed by the Mint that issued in the name of Rome, thus the beginning of this tradition that will remain unchanged until today.
Before the third century B.C. and during the first part of it, the minted silver and gold were used in the orbit of Rome, although without their own emissions, based on using Greek Drachmas, Didrachmas and Tetradrachms of the Greek world and after Alejandro, Hellenistic. However, in mid-third century B.C. and particularly after the victory of Rome over Carthage in the first Punic War, though those names remain the same, they start to issued silver coins in the name of Rome, this name appears in italics on the back of the currency. The first coins with this legend are seen in the Didrachmas of 8 grams and of approximately 900 mil-head, with the head with helmet in the front and the legend ROMA accompanied by winged horse (Pegasus) on the back, they were called in the street language Cuadrigati which features the double Janus head looking left and right on the front, identical to that shown in the As of bronze, and in the back, a quadriga (four-horse chariot) driven by the winged figure of Victory carrying Jupiter, also appearing on the back the legend ROME in italics aforementioned.
This representation of a quadriga in the Roman coin will remain until the time of Diocletian at the end of the third century A.D. when the decline of the empire was already starting to become evident. This representation of the quadriga or war chariot as a symbol of triumph and power of Rome is not exclusive of the gold and silver coins, but it is also use in the bronze coins. So in the previous article we can see this representation in the last two coins shown, in the two sesterces of Tiberius we can see the above mentioned chariot. It is clear that as a sign of new times, the figure of Jupiter is replaced by the figure of the reigning emperor, with the purpose of the users of the currency would identify the representation of the figure of authority that issued it, with central figure of the Greek mythology, Zeus or its ffaithful representation Roman Jupiter.
This way of spreading the image of power for purposes of propaganda was particularly effective in a world in which there were no other social media present in nowadays world as press, radio, television or Internet, used to transmit such messages to the citizens, whose vehicle at other times were the coins that were handled and understood by a population who mostly could not read or write.
The pre-imperial period from the second century B.C. to the time of Augustus at the edge between the first century B.C. and the first A.D. is predominantly the period of the denarius, a piece weighing about 4 grams replaced the drachma, being coined in the city of Roma in silver at a grade of 900 milliseconds with slight variations, it will be the purity of most of the coins minted in precious metals until the advanced twentieth century and it will be identified in the language of jewelry with the usual term of marked silver.
The denarius, ubiquitous in the literature and documents of that period and even mentioned the Gospel in several times, will be the most widely coin minted in history and a wider field of use as evidenced by its frequent findings, even in our time, not only in Europe but also in many parts of Africa and Asia. His popularity and persistence of use was such that ten centuries after the fall of Western Roman Empire in which the issue of thick silver coins is widespread in Europe, it continued to be used as a synonym for currency of good purity that was still used as current asset, expressing its value in a number of units of account, like the Castilian Maravedí, or the Aragonese Ardite or the German Pfenig. From its creation untill modern times, the denarius coin play a role universally accepted, as it became the Spanish peso later on or piece of eight Reals of silver in the seventeenth and eighteenth centuries or the dollar in the nineteenth and twentieth centuries.
Continuing in the Greco-Roman tradition of structuring monetary systems for making the change easier, they coined pieces in a way that each one represents the double of the lower value piece, a silver denarius was changed by two silver Quinarius and every Quinario by two Sesterces, therefore the Denarius was equivalent to 4 Sesterces, in this way you could change them for 16 as. Unlike the Greek world, Rome does not issue multiples in silver of Denarius, apart from the Antoniano (double denarius) coined Caracalla to Diocletian, at least in the western empire, although in the east, particularly in Alexandria, they continue to issued Tetradrachmas with similar initial characteristics to those of Alexander, but with representations of the faces of the emperors to instead of the idealized busts of Hercules covered with wolf's skin. The role of the multiples of the Denarius is assumed by issuing gold coins that can reach a much larger spreading than Greek Stater emissions started in ancient Greece and kept in the Hellenistic period.
Thus, the gold coin, typical of Roman coinage is the Aureus (generic name for the metal in which it is coined) weighing close to 6 grams which only begins to be coined from the time of Pompey, well into the first century B.C., continued by Cesar and by different triumvirs and their generals, called at that time in the Anglo-Saxon terminology "imperatorial" and in Spanish terms, “pre-imperial”, reaching the era of Augustus and maintaining the same name, weight and similar purity, unlike Denarius, until the reign of Diocletian in the late third century A.D., which was replaced during the reign of Constantine and his successors by the Solidus, continuing minted by nearly all of the holders of the Eastern Roman Empire until the fall of Constantinople in the central decade of the fifteenth century. Following this equivalence and to some extent present in ancient Greece from 1 to 16 regarding the relationship of the value of silver to gold, the Aureus is generally situated at 25 Denarius, having 6 grams each compared to the 4 grams of Republican Denarius held during the reign of Augustus. Overall unlike the Denarius, the Aureus maintains its weight and fineness over 4 centuries, while the Denarius is decreasing its weight and fineness from Augustus to his latest issued in time of Aurelian, in the mid-third century A.D.
Logically, this fact determined a lost of the Denarius value compared with the Aurius over the time, while the valuation of the last one in terms of currency as As or Sesterces remained substantially balanced during the whole period of its coinage, reaching Denario to play a role similar to the so-called billon coins at the time of the Spanish Habsburgs in the seventeenth century, in which the continuous devaluation of the currencies circulating of billon (copper cover by thin layer of silver) or bronze regarding the currency (Maravedí) represented a parallel assessment of current asset in silver (Real) and gold (Escudo) so in each devaluation went to have a higher value in Maravedí, the currency in which is set most of the minor contracts, similarly to what happened in Rome for this type of contracts denominated in Sesterces or As, as currency while those of highest amount were expressed in Aureus or in gold pieces, as the usual Roman terminology.
Thus, with this is completed a general description of the Roman monetary universe before enter into the fascinating world of the sesterces which is again reproduced as we can see in this article, a copy of Tiberius and four of Caligula, the mad emperor of who we have heard since childhood.                         

 

 

Domingo 03 de Octubre de 2010 23:40

El despertar de la moneda romana

Durante todo el periodo de existencia de la moneda metálica, desde el siglo VI A.C en Lidia ( Asia Menor) hasta nuestros días ha sido una constante el mostrar en el anverso de las monedas, lo que en lenguaje popular conocemos como “cara”, la imagen de la máxima autoridad del Estado que la he emitido en los casos en que ésta puede ser personificada en un hombre o mujer concreta como es el caso de emperadores , reyes , príncipes , duques , etc, mientras que cuando ésta no puede ser encarnada en una persona determinada , sino que es asumida por un Cuerpo representativo, como es el caso de las repúblicas, ciudades libres o confederaciones de Estados , esta imagen es tomada de representaciones alegóricas de la nación como el símbolo de la libertad ( normalmente una figura femenina) o el escudo de armas del Estado o ciudad que emite la moneda.

Estas dos alternativas de representación de la “cara” de la moneda ya se manifiestan con claridad en la moneda griega en la que la representación de personas concretas, solo comienza a partir del siglo III A.C. Anteriormente, sólo símbolos de una ciudad o confederación de ciudades están presentes, de ordinario a través de escenas mitológicas o figuras de la deidades protectoras de cada una. Es a partir del siglo III A.C cuando la figura de Alejandro de Macedonia se hace omnipresente en forma de cabeza idealizada evocando a Hércules, no sólo en las monedas emitidas en territorios primigeniamente griegos, como Macedonia, Tracia y Jonia, sino también en todo el mundo helenístico desde  Siria y Egipto hasta Persia y Bactria.

Esta cabeza, idealizada, de Alejandro irá siendo progresivamente sustituida por la de los distintos monarcas de las dinastías que se sucedan en los diferentes territorios en que queda dividido el Imperio tanto en Europa como en Asía. Toda esta tradición de representación figurativa del mundo griego será recogida, fijada y sistematizada en la moneda romana cuya evolución va a situarse desde el siglo III A.C hasta el siglo V D.C,

comprendiendo inicialmente la moneda republicana anterior a Augusto basada principalmente en la moneda de plata, siguiendo la tradición helenística, y posteriormente la moneda imperial en la que la plata se va progresivamente sustituyendo en la circulación diaria   por la moneda de bronce y particualermente de latón.

Como podemos fácilmente suponer, la moneda republicana nos muestra representaciones alegóricas, en este caso símbolos de las familias en nombre de las cuales se emite la moneda, mientras que la moneda imperial aunque con los dos primeros emperadores mantiene aún un respeto a la tradición de la Republica  que vedaba la presencia del retrato figurativo de autoridades, con una presencia escasa en la moneda de bronce y latón de Augusto y Tiberio, a partir de Calígula la figura del emperador o de miembros distinguidos de su familia se hará omnipresente en este tipo de circulante, así como también en la moneda de plata y oro, en la que el uso del busto del emperador es ya una constante desde los tiempos de Augusto.

A diferencia de la moneda griega basa fundamentalmente en la plata obtenida a través del activo comercio mantenido por las polis a lo largo y ancho del Mediterráneo, el mundo romano parte de una mayor austeridad en el circulante, dadas las dificultades de aprovisionamiento de metales preciosos, presente en los primeros tiempos de la República  cuya autoridad a comienzos del siglo IIIA.C sólo a duras penas se extendía más alla de la región del Lazio en la Italia central.

Así, el sistema monetario romano anterior al siglo III A.C se basa en la utilización de los metales, básicamente el bronce, como instrumento de intercambio con una valoración del mismo, como el de cualquier otra mercancía, en función de su valor intrínseco, ya que los signos monetarios podían ser fundidos y utilizados para la forja de utensilios metálicos con una utilidad real en su manejo.

Sin embargo a lo largo del siglo III A.C. a medida que se va fortaleciendo la autoridad  la República que tras las victorias sucesivas sobre los galos cisalpinos, Pirro y Anibal, se va extendiendo no sólo sobre Italia sino también sobre el mundo mediterráneo, tiene lugar un fenómeno que va repetirse sistemáticamente en todas las civilizaciones posteriores. La moneda pierde valor intrínseco, es decir que expresado en términos actuales, se devalúa, al propio tiempo que la autoridad del Estado impone su curso forzoso para asegurar por una parte el comercio y por otra la obtención de recursos para el Estado en función de su papel de emisor de la moneda, proceso en el cual el valor asignado al producto final, es decir la moneda, es muy superior al valor de la materia prima, es decir el metal, y al de los costes de producción en el proceso de fabricación de la moneda.

La separación del valor intrínseco del valor circulante de la moneda, exigió  que la autoridad emisora, en el caso de la república y aún en el Alto Imperio, termino por el que se conoce al anterior a Diocleciano a finales del siglo III D.C, el Senado modelaba en el anverso y reverso de las monedas representaciones tan detalladas como fuera posible que dificultaran su reproducción a potenciales falsificadores y al mismo tiempo actuaran como un símbolo de la existencia de la autoridad del Estado  a través de la presencia de sus símbolos en la vida diaria de sus ciudadanos, obligando a la visualización de estos símbolos en su quehacer cuotidiano a través de la adquisición ordinaria de bienes y servicios.

Antes del siglo III A .C la unidad de peso en Roma era el As con una  masa equivalente a unos 360 gramos. Es en estos momentos cuando los lingotes de bronce inicialmente sin marca oficial alguna y después con marca oficial, pasan a ser sustituidos por auténticas monedas con forma lenticular en las cuales figuran siempre el símbolo del Estado, con doble cabeza de Jano, mirando a izquierda y derecha en el anverso y proa de nave en el reverso, con el número romano I arriba y la leyenda ROMA debajo de ella.

Estas monedas, dado su enorme peso, dimensiones ( unos 10 cms de diámetro y 1 cms de espesor), no podían ser, en modo alguno, acuñadas por el procedimiento griego de construcción de cuños con la figura incusa que eran posteriormente martilleados sobre los discos de metal, sino que tenían necesariamente que ser fundidas a partir de unos moldes de metal configurado en arcilla sobre los que se vería la aleación fundida, primero con el anverso y luego con el reverso, que posteriormente se soldaban a martillo.

Este procedimiento impedía, claro está, que los rasgos de las figuras quedaran delimitados con claridad por lo que se facilitaba la labor de los falsificadores, si bien inicialmente el problema no era excesivo ya que la moneda circulaba por su valor intrínseco, aunque ya a lo largo del siglo III A.C las monedas pasan progresivamente a ser acuñadas con lo que los rasgos de las figuras pasan a ser más acusados por lo que la identificación de las falsificaciones pasan a ser más pausible. Es claro que ésto es cada vez más imprescindible a irse alejando el valor circulante de los Ases, de su valor intrínseco.

Como submúltiplo de los Ases, se funden a lo largo de este periodo, Semis con un peso de 180 gramos y valor de la mitad del As con cabeza de Saturno identificados con una  S, Triens con un peso de 120 gramos y valor de un tercio de As con cabeza de Minerva identificados por cuatro puntos, Cuadrans con 90 gramos de peso y valor de un cuarto de As con cabeza de Hércules identificados por tres puntos, Sextans con peso de 60 gramos y cabeza de Mercurio, con valor de un sexto de As, identificados por dos puntos y Uncia con un peso de 30 gramos con cabeza de Bellona, con valor de un doceavo de As identificada por un punto.

Los primeros Ases acuñados datan de mediados del siglo III A.D ya con un peso de 30 gramos, es decir casi la décima parte de su peso a comienzos del siglo. En la época de Augusto en el siglo I A.C el As, ya siempre acuñado, se estabilizó en su peso de 10 gramos  que prácticamente se mantiene aún con un ligero declive hasta la epoca que deja de ser emitido ya en tiempos de Aureliano en el siglo III D.C

Como múltiplos del As se emiten al declinar el valor de éste, Duopondios con valor de dos Ases, Sextercios ya en tiempo de Augusto e incluso dobles Sextercios, si bien en forma esporádica, en tiempos de Trajano Decio y Póstumo ya en el siglo III D.C. Precisamente los sextercios emitidos a lo largo de casi tres siglos a nombre de todos los emperadores y familiares relevantes, de Augusto a Diocleciano, conocidos también como grandes bronces, por su peso ( de 30 a 20 gramos) y tamaño ( de 4 a 2 centímetros de diámetro) constituyen el culmen de numismática romana y es a ellos a los que dedicaremos los próximos artículos. Como muestra de éstos, añadimos a la reproducción de los 5 sextercios de Augusto publicados en el artículo anterior, otros 5 sextercios acuñados todos ellos en el reinado de Tiberio, hijo adoptivo y sucesor de Augusto.   

         

 

THE BIRTH OF THE ROMAN COIN

During the entire period of existence of metallic coins, from the sixth century B.C. in Lydia (Asia Minor) to the present day, it has been a constant to display in the front of the coins, what we know in popular language as "face", the image of the highest authority of the state who have issued it, in those cases when it can be embodied by a specific man or woman as in the case of emperors, kings, princes, dukes, etc., whereas when it can not be embodied by a particular person, but it is assumed by a representative body, as in the case of the republics, free cities or confederations of states, this picture is assumed by allegorical representations of the nation as the symbol of freedom (usually a female figure) or the coat of arms of the state or city that issues the coin.
These two alternative representations of the "face" of the currency are clearly displayed in the Greek currency in which the representation of real people just begins in the third century B.C. Before then, there are only symbols of a city or of the confederation of cities are present in them, normally represented by mythological scenes or figures of deities, guardians of each place. It is in the third century B.C. when the figure of Alexander of Macedonia is ubiquitous as idealized head evoking Hercules, not only on coins minted in originally Greek encompassed territories such as Macedonia, Thrace and Ionia, but also in the whole Hellenistic world from Syria and Egypt to Persia and Bactria.
This idealized Alexander’s head will be progressively replaced by the one of various kings of the dynasties which follows him of the different territories in which the Empire was divided in, both in Europe and in Asia. All this tradition of figurative representation of the Greek world will be collected, fixed and systematized in the Roman currency whose evolution will be placed from the third century B.C. to the fifth century A.D.
Initially there was the Republican currency before Augustus based primarily on the silver coin, following by the Hellenistic tradition, and afterwards the imperial currency in which the silver is gradually replacing the daily circulation by the coin of bronze and in particular of brass.
As we can easily guess, the Republican coin shows allegorical representations, in this case symbols of the families on behalf of who the currency is issued, while the imperial currency even with the first two emperors still maintains a respect for the tradition of the Republic, which forbade the presence of the figurative portrait of the authorities, with a little presence of Augustus and Tiberius in the brass and bronze coins. After the emperor Caligula, the figure of the emperor or of the distinguished members of his family will be omnipresent in this type of currency, as well as in the silver and gold currency, in which the use of the bust of the emperor is already a constant since the time of Augustus.
Unlike the Greek coin based primarily on silver obtained through the active trading made between the polis and throughout the Mediterranean, the Roman world suffered a larger austerity in the currency at the beginning, due to the difficulties in the precious metals supply, present in the early days of the Republic whose authority, at the beginning of the third century A.C., only barely extended beyond the region of Lazio in central Italy.
Thus, the Roman monetary system before the third century B.C. is based on the use of metals, mainly bronze, as an instrument of exchange with a valuation of it, like any other merchandise, according to their intrinsic value, as monetary signs could be melted and used to forge metal tools with real utility in their management.
However during the third century B.C. as the authority is strengthening the Republic after successive victories over the Cisalpine Gauls, Pyrrhus and Hannibal, it is spreading not only in Italy but also in the Mediterranean world, a phenomenon takes place which is going to be consistently repeated in all subsequent civilizations. The currency lost its intrinsic value, i.e. expressed in current terms, it is devalued at the same time as the State's authority impose its legal tender on one hand to ensure trading and on the other to obtain resources for the State according to its issuing currency role, a process in which the value assigned to the final product, i.e. the currency is much higher than the value of the raw material, i.e. metal, and than the cost of production in the manufacturing process currency.
The separation of the intrinsic value from the current asset value of the currency, demanded that the issuing authority, in the case of the Republic and even in the Early Empire, the term for which is known the predecessor of Diocletian in the late third century A.D., the Senate modeled representations on the front and on the back of the coin as detailed as possible to make potential counterfeiters more difficult to copy them and at the same time was the symbol of the existence of the state authority thanks to the presence of its symbols in everyday life of their citizens, forcing them to see these symbols in their everyday routine through the regular acquisition of goods and services.
Before the third century B.C., the weight unit in Rome was the As with a mass equivalent of about 360 grams. It is in this time when the ingots of bronze, which initially did not have any official mark and then with the official mark, are replaced by a lenticular authentic coins in which there always are the symbol of the state, with a double head of Janus, looking left and right on the front and a ship’s prow on the back, with the Roman number I above it and the legend ROME underneath.
These coins, due to its huge weight, dimensions (about 10 cm. of diameter and 1 cm. thick) could not be in any way, coined by the Greek procedure of creating stamps with the figure carved (in incuso) which then were hammered on metal discs, but they were necessary to be cast from metal molds set in clay on which the molten alloy would be, first with the front and then with the back, which then were welded with a hammer.
Obviously, this procedure prevented that the features of the figures were clearly defined, facilitating the work of counterfeiters, although initially this problem was not usual because of the intrinsic value of the circulating currency, while throughout the third century B.C. coins started gradually to be minted so the features of the figures become more pronounced therefore the identification of fakes become more plausible. Clearly this is becoming more imperative when the current value of the As change from its intrinsic value.
As a submultiple of the As, they melt along this period Semis weighing 180 grams and costing one-half of an As, with the head of Saturn and identified with an S, Triens weighing 120 grams and with a  value of one third of an As, with the head of Minerva and identified by four points, Quadrans with 90 grams of weight and with a value of a quarter of an As, with the head of Hercules and identified by three points, Sextans weighing 60 grams and identified by two points and Uncia weighing 30 grams with the head of Bellona, worth one-twelfth of an As and identified by a point.
The first As coined date from mid-third century B.C. and weighing 30 grams, i.e. almost a tenth of its weight at the beginning of the century. At the time of Augustus in the first century B.C. the As, continually coined, stabilized at a weight of 10 grams and it practically remains even with a slight decline until the time it ceases to be issued in the time of Aurelian in the third century A.C. As the decline of the As, Dupondius are issued as the multiples of the As, they worth two as, in time of Augustus sesterces are issued and even double sesterces, although sporadically, in times of Trajan Decius and Posthumous in the third century A.C. Specifically, the sesterces issued during nearly three centuries in the name of all the emperors and relevant relatives of Augustus to Diocletian, known also as large bronzes, because their weight (30 to 20 grams) and size (4 to 2 cm of diameter) are the pinnacle of Roman coins and we will talk about them in the next articles. As an example of these, we add to the reproduction of the 5 sesterces of Augustus published in the previous article, 5 sesterces more coined in the reign of Tiberius, the adopted son and successor of Augustus.

 

 

 

 

 

 

 

 

Lunes 17 de Mayo de 2010 16:33

Del monedero al monetario

 

No hay otro objeto con el que estemos mas familiarizados que con las monedas . Con ellas , el llamado dinero de bolsillo , pagamos nuestros gastos de cafetería , de transporte , interaccionamos con las máquinas de expedición de pequeños productos o ajustamos el valor de los billetes que hemos entregado para la adquisición de algo al valor señalado en su precio. Y no solo las damos , sino también las recibimos de las personas a través de las cuales hemos comprado algo , de manera que es prácticamente imposible volver a casa sin una modificación substancial de las monedas con las que hemos salido de ella .

Ello es así desde hace 2500 años ,en que en Lidia en la costa del Egeo ,los griegos , innovando como en tantos otros casos , pusieron en circulación unos pequeños trozos de aleación de oro y plata conformados por el sello del Estado que permitían , en forma sensiblemente igual que en nuestros días , ajustar el valor de las mercancías  al expresado en un determinado número de estas piezas de metal .

Si ello ha continuado siendo así a lo largo de 25 siglos , nada tiene de extraño que haya sido una constante a lo largo de la historia que muchas personas , ricas y pobres ,poderosas o débiles , hayan ido detrayendo de la circulación diaria parte de las monedas que reciben , aquellas que les han merecido una particular atención , en la misma medida que las mariposas ,plantas , conchas o fósiles curiosos , siempre han sido objeto de retención .

No hay otro objeto con el que estemos mas familiarizados que con las monedas . Con ellas , el llamado dinero de bolsillo , pagamos nuestros gastos de cafetería , de transporte , interaccionamos con las máquinas de expedición de pequeños productos o ajustamos el valor de los billetes que hemos entregado para la adquisición de algo al valor señalado en su precio. Y no solo las damos , sino también las recibimos de las personas a través de las cuales hemos comprado algo , de manera que es prácticamente imposible volver a casa sin una modificación substancial de las monedas con las que hemos salido de ella .

 

Ello es así desde hace 2500 años ,en que en Lidia en la costa del Egeo ,los griegos , innovando como en tantos otros casos , pusieron en circulación unos pequeños trozos de aleación de oro y plata conformados por el sello del Estado que permitían , en forma sensiblemente igual que en nuestros días , ajustar el valor de las mercancías  al expresado en un determinado número de estas piezas de metal .

Si ello ha continuado siendo así a lo largo de 25 siglos , nada tiene de extraño que haya sido una constante a lo largo de la historia que muchas personas , ricas y pobres ,poderosas o débiles , hayan ido detrayendo de la circulación diaria parte de las monedas que reciben , aquellas que les han merecido una particular atención , en la misma medida que las mariposas ,plantas , conchas o fósiles curiosos , siempre han sido objeto de retención .

Es prácticamente imposible el encontrar un hogar en que en el fondo de muchos cajones no queden unas monedas que el tiempo ha puesto fuera de circulación o que algún antecesor nuestro retuviera por aquella extraña fascinación que ejercen sobre la mayoría de nosotros las cosas de antaño .

Las monedas tienen inscripciones que nos permiten llegar a conocer la autoridad que las emitió , que órgano ostentaba la competencia , que diríamos en el lenguaje administrativo , cual es el año de su emisión , cual es el valor que se les asignó para su circulación o en que divisa están expresadas , que nos invitan a preguntarnos cosas relacionadas con ellas en cuando se salen de las usuales que estamos acostumbrados a manejar , pero por encima de todo la mayoría de ellas , no todas , son objetos bellos , son autenticas obras de arte con un diseño seleccionado por concurso entre los artistas nacionales de mas renombre , que presentan la ventaja de estar fabricados en serie  de tal manera que se nos facilita su posesión y el disfrute de su contemplación .

De esta retención que tantas personas realizan, especialmente desde que nuestra pertenencia a la Unión Monetaria permite la circulación en España de monedas diseñadas y emitidas por otros países , surge el deseo de coleccionar las monedas , de comparar sus características , de disponerlas de forma que podamos visualizarlas con facilidad o de acudir a publicaciones que nos faciliten información adicional acerca de ellas .

Ahí es donde esta situada la puerta que nos puede permitir entrar en el maravilloso mundo del coleccionismo . ¡ Claro que para transponerla se necesita un cierto gusto innato por el coleccionismo! Pero si en nuestra niñez hemos coleccionado cromos , en nuestra juventud carteles de nuestros cantantes preferidos y en nuestra madurez postales de los lugares que hemos visitado , seguro que somos potenciales coleccionistas de monedas, que partiendo del material que va a ir pasando por nuestras manos cada día en las vueltas que recibamos , podemos llegar a ser auténticos coleccionistas que pasemos agradabilísimos momentos manejando esto objetos , aprendiendo cosas acerca de ellos y trasmitiendo a otros lo que vayamos conociendo .

Este es el objeto de este Blog . Por supuesto que en Internet podemos extraer informacion sobre monedas raras o excepcionales. Por supuesto que existen publicaciones especializadas en las que bucear y enterarnos con detalle cuanto puede valer una determinada moneda o cual es el diseño de las monedas emitidas por un pais en una época determinada . Pero es seguro que ello es tarea de cierta aridez a la que solo es posible sentirse llamado una vez que se tiene ya una cierta idea de lo que es el coleccionismo de monedas .

Esta idea es la que pretendo ir difundiendo a los compañeros de las Administraciones Publicas . Facilitar fotografias de las mas significativas que nos inviten a conocer cosas sobre ellas . Dar estimaciones del valor de mercado de cada tipo de monedas . Proporcionar informacion complementaria , huyendo de terminologia especializada . Contestar a vuestras inquietudes en este campo que manifesteis en forma de comentarios . En definitiva perseguir la amenidad , prometiendo que de  vuestra participacion , en un tiempo razonable , podeis llegar al  interes en este tipo de coleccionismo , a la par que frecuentar este Blog os suponga el entrar en un agradable intercambio de ideas sobre el mundo de las monedas

                                          .

FROM THE PURSE TO THE MONETARY PERSON

There is no other object with which we are most familiar than with the coins. With them, the so-called pocket money, we pay our expenses in the cafeteria, transport, of what we acquaint in machines of small products or we use for giving  the change of a note given to pay the value indicated in the price of something. And we do not only give them but also we receive from the people we have bought something too, so it is nearly impossible to come back home without a substantial modification of the coins with which we had gone out. It is like this for 2500 years ago, when in Lydia on the coast of the Aegean Sea, the Greeks, innovating as in many other cases, put into circulation a few small pieces of a gold and silver alloy with the seal of the State which allowed them, in very similar way as well as in our days, set the value of the goods to that expressed with a number of these pieces of metal.
If it has continued being like this over 25 centuries, it is not strange that along the history many people, rich and poor, powerful or weak, have been removing from the daily circulation of coins those that had deserved a particular attention for them, the same as butterflies, plants, shells or curious fossils, they have always been an object for keeping.
It is nearly impossible to find a home where there are not any coins left in the bottom of drawers which the time has taken them out of circulation or which some of our predecessors had retained moved by a strange fascination that most of the old thing produces in us.
The coins have inscriptions that enable us to know the authority that issued them, what organ held that authority, what in the administrative language is called the year of issue, the value assigned for its circulation or in which currency are expressed, this make us wonder things about them when they are not like the ones we are used to use. Above all, most of them, not all, are beautiful objects, they are authentic works of art with a design selected by competition among the most renowned national artists, which have the advantage of being produced in series what facilitates us having one and enjoying its contemplation.
Because of the fact of keeping them what so many people do, especially since our membership to the Monetary Union allows the circulation in Spain of coins designed and issued by other countries, it arises the desire to collect the coins, to compare its characteristics, to arrange them so that we can visualized them easily or go to publications that provide us more information about them.
That is where the door is placed, the one that allows us enter in the extraordinary world of collecting. It is clear that to go through it, we need a certain innate pleasure for collecting!
Nevertheless, if in our childhood we have collected picture cards, when teenagers posters of our favorite singers and in our maturity postcards from the places we visited, we are potential collectors of coins for sure, starting from the material that will go through our hands from the everyday changes we receive, we can become authentic collectors spending pleasant moments handling these objects, learning things about them and transmitting to others what we know.
This is the purpose of this Blog. Of course, in Internet we can obtain information about rare or unusual coins. Certainly, there are specialized publications that allow us diving and learning in details of how much you can afford a particular currency or what the design of the coins issued by a country at a particular time. But, for sure, it is somehow a hard task which is only possible if you have felt the interest once you have already some idea of what coin collecting is.
This idea is what I try to transmit to the partners of the Public Administration. To facilitate some of the most significant photographs will help us to know things about them. To give estimations of the market value of each type of coin. To provide additional information, avoiding specialized terminology. To answer your concerns in this field expressed by comments. Definitively to pursue the amenity, promising that your participation in a reasonable time, you can reach the interest for this type of collecting, at the same time as frequenting this blog, it will mean to enter into a friendly exchange of ideas about the world of coins.

 

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