Suscribirse

El 10 de septiembre de 1988 se publicó mi nombramiento como Director General de Servicios del Ministerio de Sanidad y Consumo y tomé posesión en la mañana del lunes 12, acompañado por el nuevo Director General de Salud Alimentaria, el veterinario de Sanidad Nacional Ismael Díaz Yubero, Premio Nacional de Gastronomía 1984 y miembro de la Real Academia de Gastronomía.

Unos días después, el 4 de octubre, asistí a la comida-homenaje al cesante Miguel Marañón y al encontrarme allí con mi compañero de promoción, y articulista de Triunfo, Santiago Rodríguez Santerbás, este se sorprendió al verme y me preguntó que qué hacía yo allí y al intuir que era el nuevo Director, aunque él estaba en la S.G.T. y no dependía de mí, dijo : “ Tu aquí, de aquí hay que irse”. No volví a verle en los 3 años que permanecí en el Ministerio y allí seguía cuando me marché.

Me encontré a mi llegada al Ministerio con Maria Jesús Noqué Navacerrada, una compañera encantadora de Subdirectora de Personal, a la que convencí para que aceptara volver a Costes de Personal, y que desafortunadamente, fumadora empedernida de Partagas, murió muy joven. También me encontré como Oficial Mayor a un viejo conocido y buen amigo de la etapa de Agricultura Juan Antonio Richart Chacón, que al cabo de unos meses aceptó la oferta que le hicieron de ocupar la Secretaria General del INAP, que fué el inicio de su carrera profesional ascendente que le llevó a ocupar la Dirección General de Servicios de Presidencia y posteriormente, hasta su jubilación, la Dirección de Personal de BAZÁN. Para ocupar sus vacantes nombré a Jose Vicente Nuño Ruiz, al que iba a cesar su compañero Santos Castro como Subdirector de Personal de Industria y a un TAC murciano Demetrio de Ramón Hernández, que venía de ocupar durante muchos años la Secretaria del Gobierno Civil de Toledo.

De mí dependía también la Subdirección de Gestión Económica, que ocupaba eficazmente otro TAC Antonio Martínez Martín cuya mujer Fica, murciana de Villanueva del Rio Segura, era Administrativo y la Oficina Presupuestaria, que ocupaba y ocupó hasta su jubilación el gallego de Navia de Suarna -en la Sierra de los Ancares- Nicasio Becerra Álvarez, también TAC.

Igualmente tenía a mi cargo la Informática del Ministerio, que llevaba Luciano Saéz Ayerra. Y a ella me dediqué singularmente convencido, sobre todo tras mi experiencia en Industria, de que la aplicación de las Tecnologías de la Información a la gestión de las Administraciones Públicas era esencial para conseguir unos servicios públicos de calidad al servicio de los ciudadanos. Para ello encargue la elaboración de un Plan de Sistemas de Información del Ministerio de Sanidad y Consumo a la consultora Tecnova, que había montado mi antiguo colaborador del Ministerio de Industria Cesar Lanza, y que en su resumen de conclusiones de abril de 1990 calificaba como “en fase de despegue” la situación en cuanto al grado de implantación de sistemas y tecnologías de la información en el Ministerio de Industria. El principal reto era coordinar las actuaciones en la materia del Insalud.

Precisamente en este área de Informática tuve la oportunidad de realizar mi primer viaje oficial a un país iberoamericano, y fué a Argentina para asistir como ponente en representación del Mº de Sanidad, acompañado por Luciano Saéz, al II Congreso Iberoamericano de Informática y Documentación que organizado por el CREI, Centro Regional para la Enseñanza de la Informática, con sede en Madrid, iba a tener lugar en Mar del Plata (Argentina) del 5 al 9 de diciembre de 1988.

La Asociación Española de Documentalistas y Bibliotecarios a través de su Presidenta Mercedes Caridad y de M.ª Teresa Fernández, Directora de Informática del CSIC, había concertado el viaje con Viajes El Corte Inglés, que se iniciaba en este área y organizó espléndidamente el viaje poniendo una persona para acompañarnos y resolver a favor nuestro y a su cargo cualquier incidencia, como se demostró con el alojamiento todo incluido en el Hotel Sasso Casino de Mar del Plata, con “bifés” repetidos y excursiones adicionales gratuítas. El viaje se iniciaba la noche del 2 de diciembre con llegada a Buenos Aires el 3, donde estuvimos alojados en el Hotel Libertador el sábado 3, el domingo 4 y el lunes 5 y el martes 6 salimos para la sede del Congreso en Mar del Plata, donde permanecimos hasta que yo tuve que regresar precipitadamente para hacerme cargo, antes del miércoles 14 de diciembre, del dispositivo de control del Ministerio y sus Organismos, como consecuencia de la huelga general que le plantearon las Centrales Sindicales al Gobierno de Felipe González contra el Plan de Empleo Juvenil de este.

Al año siguiente, 1989, asistí acompañado igualmente por Luciano Saéz a otro Congreso organizado también por el C.R.E.I. en Quito (Ecuador) donde presenté una Ponencia.

En 1990 IBM, cuyo Presidente era Fernando de Asúa, organizó un viaje para altos cargos directivos de Empresas y Organismos Oficiales al objeto de visitar algunos Centros de IBM en el área de Nueva York y de Dallas, del 2 al 9 de Junio, con el siguiente Programa :

Dia 2 -Sábado Salida en vuelo IB-951/PAN AM-157, Madrid-Nueva York. Estancia en el Hotel Plaza hasta el miércoles 6.

Dia 3 -Domingo : Cena Oficial de Bienvenida.

Dia 4 -Lunes : Visita a las Oficinas de IBM en White Plains (N.Y.) y al Laboratorio de IBM de Investigación en Yorktown, donde se cubrieron temas sobre Tendencias de la Industria de la Información, visión de la Investigación en IBM, Demostración de superconductibilidad, etc.

Dia 5 -Martes : Visita a las Oficinas de IBM en Madison Avenue, por la mañana, donde se expusieron temas sobre Calidad, Recursos Directivos y Desarrollo de Dirección. Comida en el Metropolitan Club. Tarde libre.

Dia 6 -Miércoles : Por la mañana visita a Merril Lynch, incluyendo almuerzo.

A las 18:11 viaje a Dallas (Texas) en vuelo American Airline AA-375.

Alojamiento en el Hotel The Mansion of Turtle Creek.

Dia 7 -Jueves : Visita al Executive Briefing Center de IBM, cubriendo Futuro de los Sistemas de Información y Oficinas, Sistemas de Oficinas y Productividad, y Grandes Sistemas.

Dia 8 -Viernes : Por la mañana desayuno de trabajo con exposición de la Organización de IBM España.

A las 17:40 regreso a Madrid en vuelo de la American Airlines AA066, que tenía su llegada a Madrid a las 10:35 del sábado día 9.

Entre los invitados estábamos : Antonio Vicent -Presidente de la firma de servicios informáticos CINSA -, Fernando Magro, Luis el yerno de Ramón Rubial y el Secretario General Técnico del Banco de Sabadell Josep Oliu, dos representantes del Gobierno Vasco y yo, como responsable de Informática del Ministerio de Sanidad. Nos acompañó al viaje el Consejero Delegado de IBM España Joaquín Moya-Angeler.

Fué un viaje muy interesante, porque nos permitió conocer por donde iban las lineas de futuro en materia de tratamiento de la información y las comunicaciones.

El equipo de Julián García Vargas en Sanidad y Consumo estaba integrado por:

El Director de Gabinete que era un médico llamado Jose Luis Rodríguez Agulló.

El Director de la Alta Inspección y Relaciones con las Comunidades Autónomas Pedro Pablo Mansilla Izquierdo, copartícipe de la famosa Librería Fuente Taja ubicada en la C/San Bernardo, 48 de Madrid.

El Subsecretario, que era también médico neurocirujano, José Luis Fernández Noriega.

El Secretario General Técnico que era un TAC Diego Chacón Ortiz, que fué al único que García Vargas se llevó con él cuando pasó a dirigir el Ministerio de Defensa.

Un farmacéutico catalán Joaquín Bonald de Director General de Farmacia y Productos Sanitarios, que al año sustituyó, con mi sugerencia al respecto, por el Subdirector de Farmacia, el farmaceútico sevillano nacido en Pedrera, Ignacio Lobato Casado.

Un Catedrático de Medicina, José Simón Martín de Director General de Planificación Sanitaria.

Otro médico asturiano, Jesus Gutiérrez Morlote de Director General del INSALUD

Dos TAC, Luis Herrero Juan de Director General de RR.HH. del Insalud, que tenía con él como Subdirector a otro TAC, que ha llegado a Ministro de Justicia con el PP., Rafael Catalá Polo, y Cesar Estrada Martínez que era el Director General de Programación Económico-Financiera del Insalud.

Otro médico como Director del Instituto de Salud Carlos III, Rafael Nájera Morrondo.

Un Secretario General de Consumo con rango de Subsecretario, viejo sindicalista de UGT , César Braña Pino, del que dependían :

La Dirección del O.A. Instituto Nacional del Consumo, con la farmacéutica Ana Corcés Pando, mujer de Teófilo Serrano Beltrán, el ingeniero de Caminos que fue Secretario de Estado de Administraciones Públicas.

La Dirección General de Salud Alimentaria y Protección de los Consumidores, que ocupaba Ismael Diaz Yubero, farmaceútico y Premio Nacional de Gastronomía, que en una de sus publicaciones y recordando una comida que tuve con él y mis colaboradores en el restaurante el Ñeru de Madrid, me cita y hace referencia a mi capacidad de entonces con el simil de la “boa constrictor”.

El Delegado del Gobierno para las Drogas, también con categoría de Subsecretario, el catalán Miguel Solans Soteras y su adjunto y también catalán Santiago de Torres Sanahuja, que era cuñado de Toni Zabalza, el Secretario de Estado de Hacienda con Solchaga y a quien, con ocasión de un desplazamiento a Bruxelas y no teniendo habitación reservada, le ocupé la suite que él se había hecho reservar para si en un céntrico hotel.

Las relaciones con el Subsecretario no fueron fáciles, ya que él pasaba bastante de la gestión del Ministerio y prefería ocuparse de los temas político-sanitarios, por lo que no podía despachar conmigo con la frecuencia necesaria y utilizaba a su Jefe de Gabinete Angel Capapé, excelente persona, para intentar que despachara a través de él. Evidentemente no lo logró, con las demoras y la tensión consiguientes, agravadas por la que había entre él y el Ministro. Esta era tan grande, que el Ministro llegó a animarme en varias ocasiones a que frenara al Subsecretario, a lo que yo le respondía que cómo hacerlo si dependía jerárquicamente de él. La situación llego a ser tal que, cuando cesó el Subsecretario y pasó a ocupar la Consejería de Economía de la Comunidad de Madrid con Joaquín Leguina, al verme en un acto que presidía y al que yo asistí, se dirigió a mí y me dijo : “ Juan, dame un abrazo ahora que no dependes de mí y no te tengo que pedir que me hagas las cosas por favor”. Era una gran persona y tuvo mala suerte en la vida, murió muy joven.

En una de esas ocasiones de tensión en el Ministerio, el Ministro se decidió a cesar al Secretario General de Asistencia Sanitaria el asturiano Eduardo Arrojo Martínez, Inspector de Hacienda, y mantener al frente del Insalud al médico José Simón Martin y a sustituir al farmaceútico catalán del Hospital San Pablo de Barcelona Joaquin Bonal de Falgas por el farmaceútico titular Ignacio Lobato Casado que era el Subdirector más cualificado hasta que chocó con Bonal, y al que yo apoyé para que el Ministro se decidiera a nombrarlo. Ha sido el mejor Director General de Farmacia junto a Félix Lobo.

Dentro de mis competencias en el Ministerio estaba el área de Recursos, que llevaba la Oficialía Mayor. Ahí me encontré con un tema complejo y delicado que eran los Recursos presentados por los farmacéuticos individualmente contra la Orden Conjunta de la Presidencia del Gobierno de 10 de agosto de 1985, a propuesta de los Ministerios de Economía y Hacienda y de Sanidad y Consumo, que establecía los márgenes comerciales de las Oficinas de Farmacia en la expedición de medicamentos y por la que se había modificado el porcentaje del 30% a percibir por los mismos por la dispensación de los productos farmacéuticos, ya que el beneficio de estos se entendía se había incrementado con la implantación del IVA y con la ampliación del sistema de Seguridad Social a mayor número de beneficiarios, y que había sido recurrida ante la Audiencia Nacional primero y después ante el Tribunal Supremo por el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos y sobre la que había recaído Sentencia de la Sala 3ª del Tribunal Supremo, con fecha 4 de julio de 1987, declarándola nula. El magistrado que instruyó el proceso en la Audiencia Nacional que declaró inicialmente la nulidad por no haberse aportado el preceptivo informe de la SGT del Ministerio, fue Rafael Mendizábal Allende, quien después, cuando se vió el sumario en el Tribunal Supremo, donde era Presidente de la Sala 3ª, aunque no correspondía a su sala, lo reclamó por haberlo conocido con anterioridad. La actuación era legal, pero quizás un tanto torticera.

En realidad, la Oficialía Mayor del Ministerio de Sanidad y Consumo, al parecer si había remitido el oportuno informe de la SGT a la Orden Ministerial Conjunta, pero no podía acreditar su remisión ante la Audiencia Nacional, cuando esta reclamó los antecedentes, porque no tuvieron la precaución de hacer constar los documentos que se habían remitido. Hay que hacer constar que ese informe es preceptivo para conformar la voluntad de la Administración pero no es vinculante y en modo alguno afecta a los derechos de terceros.

Cuando me hice cargo de los Recursos del Ministerio me encontré con estos 15.964 recursos presentados individualmente por los farmacéuticos, que estaban siendo estudiados por el personal de los Servicios de Recursos del Insalud y del Ministerio, de un modo caótico. En Enero de 1989 centralicé la gestión de estos recursos en el Ministerio y el acuse de recibo de los mismos a los interesados y preparé una solicitud de informe al Consejo Estado sobre el cumplimiento de la Sentencia. Al respecto sostuve una entrevista con su Presidente D. Tomás de la Quadra Salcedo sugiriéndole la oportunidad de la aplicación de la teoría del lucro cesante, a lo que me dijo que iban a estudiarlo pero que creía había algún otro argumento para aplicar al caso.

Los recursos de los farmacéuticos se presentaban ante Presidencia, Hacienda o Sanidad y se acumulaban en Sanidad como Ministerio proponente de la Orden conjunta, pero unos cientos que se presentaron en Hacienda, en vez de remitirlos sin más a Sanidad, el Oficial Mayor resolvió que no era el Ministerio competente, con lo que les abrió ya la puerta para el Recurso contencioso.

Abierta ya la vía, los demás recursos, que teníamos en trámite en el Ministerio de Sanidad, siguieron un tiempo después, yo ya no estaba en el Ministerio, los mismos pasos y al parecer la broma se dice que costó a los españoles unos 16.000 millones de pesetas.

Otro episodio importante de mi etapa en Sanidad fué la inclusión entre las prestaciones de la Seguridad Social para los enfermos de hemodiálisis de la eritropoyetina, un medicamento extranjero muy caro, que además, al tratarse de una hormona que facilita la producción de glóbulos rojos, era usado por los deportistas para mejorar su rendimiento.

Alejandra Clemente Martínez, mi suegra, que era una mujer de una belleza excepcional, tanto en lo físico como en su interior, y dotada de una gran inteligencia natural y una voluntad de hierro estaba sometida a tratamiento de hemodiálisis desde hacía años, y que años después crearía una Asociación de Enfermos Renales en la Región de Murcia, se enteró de que existía ese medicamento pero que se autorizaba excepcionalmente. Yo lo planteé en el Ministerio y me dijeron que por tratarse de mí se lo podían facilitar excepcionalmente y cuando se lo dije me contestó que no, que o se lo facilitaban a todos los enfermos o que prefería morirse sin él. Mi esposa, que es una luchadora infatigable en defensa de los derechos humanos, llevó el tema ante el Defensor del Pueblo y allí le dijeron que si formalizaba una denuncia por escrito instaban al Ministerio para que lo incluyese entre las prestaciones farmacéuticas a los enfermos de la Seguridad Social.

Conseguido esto me planteó que si seguía adelante contra el Ministerio podría provocar mi cese. No dudé, le dije que adelante, pero que antes iba a hacer una gestión con mi amigo Ignacio, Director General de Farmacia, al que pedí recibiera a mi esposa y la escuchara. Al día siguiente, Ignacio Lobato la escucho y le dijo : “dame unos días para preparar la Resolución”. Efectivamente, pocos días después la eritropoyetina se incluyó como medicamento aplicable a todos los pacientes renales que la necesitasen.

El 12 de marzo de 1991 Julián García Vargas fue nombrado Ministro de Defensa y al despedirse me dijo que tan sólo se llevaría a Diego Chacón Ortiz como S.G.T., ya que para el puesto de Director General de Servicios contaba en Defensa con el general” Junquera.

El nuevo Ministro de Sanidad y Consumo fué el economista Julián García Valverde, que tardó un par de meses en realizar cambios en el equipo heredado, hasta el punto que yo despachaba directamente con él, ya que el Subsecretario no ejercía. Una tarde me comunicó que me iba a sustituir por una persona de su confianza -su compañero de partidos de tenis, Rodrigo Molina Fernández, Ingeniero de Caminos, Técnico Facultativo de Organismos Autónomos del MOPU- a lo que le contesté dándole las gracias por liberarme de ocupar un puesto sacrificado y que no otorgaba ninguna satisfacción. Al escucharme se quedó sorprendido y me dijo que era la primera que al cesar a alguien, este le daba las gracias. Al día siguiente -26 de abril de 1991- llevó el cese y nombramiento al Consejo de Ministros y allí debieron advertirle que había cometido un error, porque me llamó y me insistió en que quería contar conmigo y me ofreció la Gerencia de alguno de los grandes Hospitales de Madrid, a lo que le manifesté que estos carecían de la autonomía de gestión necesaria y que dependían excesivamente de los controles burocráticos impuestos desde el Insalud, diciéndome que estaba de acuerdo y era su intención dotarles de mayor autonomía y yo le dije que me lo volviese a plantear cuando lo hiciese. De momento me dijo que quedaría de Vocal Asesor en su Gabinete y con la productividad que estimase adecuada y así permanecí hasta el 12 de septiembre, fecha en que acepté la oferta que me había hecho Jorge Souto Alonso, Secretario General del Consejo de Seguridad Nuclear, para que ocupara el puesto de Subdirector de Administración de ese Organismo, que había dejado vacante Pablo Fernández.

A Ignacio Lobato, que había devenido en mi mejor amigo en el Ministerio de Sanidad, le advertí que estuviese preparado para su cese, ya que el Ministro sería muy sensible a las demandas de la industria farmacéutica y, efectivamente, unos meses después se produjo su cese. Cuando el Ministro le dijo que le buscaría una salida, Ignacio Lobato le contestó muy digno que él era funcionario y no tenía que preocuparse de su futuro. La respuesta del Ministro fue tenerlo sin productividad y sin actividad. Ese verano, cuando Pedro Sabando me invitó a comer y me quería ofrecer algo yo le dije que ya tenía una oferta, que mejor se lo ofreciese a Ignacio Lobato que tenía difícil salida, y así lo hizo, se lo llevó a la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

Tras la conversación telefónica con Paco Ramos llamé al nuevo Subsecretario de Industria y Energía, que era un economista TAC, Luis Carlos Croissier Batista, que hasta ese momento llevaba la Oficina Presupuestaria de ese Ministerio y que procedente de los movimientos leninistas se había integrado como militante del PSOE, al igual que su cuñado entonces José Borrell Fontelles, ya que ambos estaban casados con dos hermanas francesas. A Croissier le había conocido por teléfono, cuando me llamó meses atrás para consultarme un tema de personal y quedó agradecido y satisfecho con la respuesta.

Cuando le visité en su despacho, me dijo que necesitaban un hombre duro y de confianza para el puesto de Director General de Servicios del Ministerio y que Paco Ramos me había propuesto como el idóneo. Yo le contesté que si por duro se entendía hacer cumplir las leyes ese era yo, pero que si lo que se pretendía era dar patadas en los cojones gratuitamente yo no era el indicado.

A continuación, fuimos a ver al Ministro, el navarro de Tafalla Carlos Solchaga Catalán, que estaba en el proceso de seleccionar a su equipo ministerial y en la sala de espera ví salir de entrevistarse con él al economista del PSOE Julián García Valverde, que tenía grandes pretensiones y se tuvo que conformar con la Vicepresidencia del INI, también al Catedrático de Economía de la Complutense Oscar Fanjul Martín, que al parecer le dijo que no a la S.G.T. , y que al vernos a Luis Carlos y a mí esperando a que nos recibiera Solchaga, se dió la vuelta, regresó y aceptó el puesto.

Carlos Solchaga nos recibió y me dijo : “ A ti te avalan el Subsecretario y Paco Ramos y por eso tienes mi confianza, pero si no funcionas adecuadamente te relevaremos” . Yo le respondí que estaba de acuerdo y que haría todo lo posible para no defraudarles.

Mi nombramiento se aprobó en el 2º Consejo de Ministros del nuevo Gobierno del PSOE, el viernes 15 de diciembre de 1982, y se publicó en el BOE del sábado 16 y ese mismo día empecé a desempeñar mi nuevo y difícil puesto de trabajo.

La gestión en materia de personal en el Ministerio de Industria y Energía había sido caótica y desastrosa, las incompatibilidades eran la norma y como Subdirector de Personal tenía a un veterano TAC, muy buena persona, Francisco Javier Calderón y del Castillo, con el que había hecho amistad al coincidir con él en algún Tribunal de Oposiciones, y al que a petición del Subsecretario pero también por decisión propia tuve que cesar, llamando a Julián Alvarez, que había vuelto a Función Pública como Director General, para que le buscara un acomodo fuera del Ministerio. A Calderón le dolió el cese pero lo comprendió, hasta tal punto, que pocos años después me invitó a su jubilación.

Luis Carlos Croissier, que practicaba una política de clientelismo personal y colocó a todo el personal que había tenido con él en la Oficina Presupuestaria, (Alejandro Pina Barrio, que llegó a Presidente de ENRESA, Mauro Lozano y Federico Soria a los que colocó en el Gabinete del Ministro, y el primero llegó a Director General del Gabinete del Ministro, Pilar Martín Cortés que llegó a Jefa de la Oficina Presupuestaria y después a Directora General) quiso controlar también el área de personal colocando como Subdirector a un economista de la A.I.S.S., Juan Carlos Gonzalo García que estaba con él cuando fue Jefe de la Oficina Presupuestaria y yo me negaba a ello y proponía el nombramiento de un TAC, compañero suyo de promoción, que estaba de Secretario General de la Pequeña y Mediana Industria, nivel 26, José Vicente Nuño Ruiz, a lo que Croissier se negaba pretextando que era muy rígido en la aplicación de las normas, lo cual era cierto.

El resultado fué que, durante un mes, tuve que llevar la Dirección General y la Subdirección de Personal, y era el peor momento de todos, cuando había que instrumentar todas las medidas del cambio al mismo tiempo. Como consecuencia cogí un estrés que me hacía no dormir por las noches y estar al borde del infarto. Hasta tal punto que Solchaga, que debió darse cuenta, hizo que el Servicio Médico del INI me hiciera un chequeo. La situación llegó a tal extremo que, una noche de insomnio y taquicardias, tomé la decisión de que mi vida estaba antes que mi compromiso profesional y político, y que hasta aquí habíamos llegado, que iba a pedir ver a Solchaga y le iba a presentar la dimisión irrevocable. Esa mañana tenía que despachar con Croissier y este, que es muy inteligente, se dió cuenta de que había tomado una decisión sin vuelta atrás y entonces me dijo : “ No estoy de acuerdo con el nombramiento de José Vicente como Subdirector de Personal y te vas a arrepentir, pero allá tu, si quieres proponerlo adelante”. Efectivamente, se nombró a José Vicente Nuño y yo le dije : “ El nombrarte me ha costado estar al borde del infarto, ahora te voy a exigir que te pongas al día en el menor tiempo posible”. Y el esfuerzo que hizo fue tal que estuvo también al borde del infarto y bajó bastantes kilos de peso, que ya no volvió a recuperar, convirtiéndose en uno de los mejores expertos de personal de la Administración Española.

De Jefe de Sección de Régimen de Personal y Retribuciones ejercía un viejo TAC llamado Roberto Villanueva, que era de la escuela de otro famoso en ese ámbito llamado Villalpando, y al que llamaban “ Dios en el Ministerio de Industria”, que tenía más poder que el Ministro y que toleraba las comisiones de servicios cruzadas en los servicios periféricos, en función del interés de las funcionarias afectadas y de los cambios de destino de sus maridos. Al despachar conmigo, por estar vacante la Subdirección, y proponerle realizar unos nombramientos provisionales que quería hacer con carácter inmediato el Ministro, me dijo que eso era ilegal, a lo que yo le repliqué que, en todo caso, sería excepcional pero nunca ilegal y que era la última que le decía a un superior que estaba cometiendo ilegalidades, cuando no era así. Y a partir de ahí no despachó nunca más conmigo y, como podía jubilarse por edad, se jubiló.

Como Oficial Mayor del Ministerio estaba uno de los más veteranos TAC del mismo, Federico Moreno Cumplido, que era todo un caballero y que era un magnifico Preparador de Corredores de Comercio y un gran jurista, con él estaba un compañero mio de Promoción de TAC, Alfonso Sabán Godoy, que lo sabía todo sobre todo, pero que había chocado con Croissier y dejó el Ministerio e ingresó en la Magistratura por el 4º turno, en la especialidad de lo contencioso-administrativo. La especialidad de Federico Moreno era el Servicio de Recursos de donde procedía y donde tenía de Jefe del mismo a Juan Antonio Nuñez-Lagos Moreno, que cuando pasó a nivel 28 y dejó vacante el 26 me hizo tener que convencer, y casi obligar, a una TAC, M.ª del Carmen Pérez de Cabo, que estaba muy cómoda de Jefe de Sección para que lo ocupara y eso la realizó profesionalmente jubilándose, muchos años después, como la Subdirectora indubitada de Recursos del Mº de Industria. En el área económica el Jefe de Servicio era Rafael Pérez Rivero, otro TAC que desarrollaba su trabajo con absoluta eficiencia.

En el área de Obras y Suministros ejercía un aparejador, Adolfo Puente Muñoz, con el que tuve algunas diferencias ya que el Oficial Mayor no lo controlaba adecuadamente y comía todos los días con los contratistas en los restaurantes cercanos. Tendría que haberle cesado y me arrepiento de no haberlo hecho. Como anécdota de su actuación referiré que me pasó una propuesta de traslado del contenido de un local a otro en el sótano por 1 millón de pesetas, realizado por Lorenzana, que era la empresa que realizaba las mudanzas frecuentes de mobiliario en el Ministerio, y al decirle que me parecía muy caro, que pidiera más ofertas, al cabo de una semana me trajo la misma oferta pero por 500.000 pesetas, y al preguntarle como era posible esto, me dijo que porque hacían un boquete en el muro y evitaban tener que utilizar la escalera para el traslado y que la obra sólo costaba 100.000 pesetas. Le dije que de acuerdo y que en futuro pensase en ese tipo de soluciones para evitar el gasto.

Otra de las áreas clave de la Oficialía Mayor era la de Protocolo y esa la llevaba perfectamente una funcionaria de la A.I.S.S. Inmaculada Medina de Lemus, hermana de otro TAC sevillano Manuel Medina de Lemus.

La Seguridad del Ministerio también estaba en el ámbito de la Oficialía Mayor y la dirigía un ex Capitán no sé si del Ejercito o de la Guardia Civil, llamado Salvador Trucharte Armajach que dirigía los servicios de control y seguridad adjudicados a una empresa privada. Aquí también flojeaba el Oficial Mayor y me tocaba intervenir con frecuencia para tomar decisiones en un periodo conflictivo con manifestaciones continuas, consecuencia de la Reconversión Industrial. En una de ellas y como consecuencia de una reunión de los representantes sindicales en el Ministerio, decidieron encerrarse y tuve que ser yo quien, a las 11 de la noche, les conminara a salir porque el Ministerio tenía que cerrarse y, cuando salieron a consultar a los concentrados fuera, no les permití la entrada de nuevo. En otra ocasión le tuve que prestar mi coche oficial al Director General de SIDERO, Eduardo Santos, bestia negra de la Reconversión, para que abandonara el Ministerio sin peligro. Para controlar el fichaje de los funcionarios, instalamos una cámara de video que grababa los relojes de fichaje y un Inspector de Servicios, Joaquín Aguiló, se dedicaba a ver lo grabado y era objeto de las mofas del personal, hasta que murió de un infarto y suprimimos las grabaciones.

También dependía de mí la Informática, a cuyo cargo estaba un almeriense ingeniero industrial Antonio Cano Martin, que hacía la nómina en un viejo ordenador de la JEN de tarjetas perforadas. Aquí introduje medidas radicales: un terminal IBM valía 1 millón de pesetas y otro almeriense, Alberto Sánchez, lo había clonado y lo vendía por 100.000 pesetas; como sólo disponíamos de un presupuesto de 4 millones le compré 40 terminales con los que iniciamos el proceso de informática distribuida, con tal éxito que las auxiliares nos pedían el complemento de informática por utilizarlo, a lo que les respondíamos que les facilitaba el trabajo y deberían ser ellas quienes pagasen por tenerlo. Al cabo de 1 año fiché como Subdirector de Informática a un joven ingeniero de Caminos Tac, Cesar Lanza Suárez, con el que lanzamos un proceso de implantación informática extraordinario y pudimos ya incorporar terminales IBM, que habían bajado de precio y mejorado notablemente sus prestaciones.

Y Solchaga formó su equipo:

De Jefe de su Secretaria nombró al marino mercante José Casas.

De Director de su Gabinete Técnico el economista vasco Claudio Aranzadi Martínez.

De Secretario General Técnico al Catedrático de Economía Oscar Fanjul Martín.

De Subsecretario al TAC “guerrista” Luis Carlos Croissier Batista y dependiendo de él:

De Director General de Servicios a Juan Alarcón Montoya.

De Director General de Industrias Siderometalúrgicas y Navales el economista Eduardo Santos Andrés

De Director General de Industrias Químicas, Textiles y Farmacéuticas al técnico comercial Miguel Angel Feito Hernández.

De Director General de Innovación Industrial y Tecnología al asturiano economista de A.I.S.S y del PSOE, Florencio Ornia Alvarez.

De Director General de la Pequeña y Mediana Industria al TAC economista Luis Escauriaza Ibañez.

De Director General de Electrónica e Informática al ingeniero industrial, ex Alcalde de Mataro con el PSC, Joan Majó Cruzate.

De Secretario General de Energía al economista Martín Gallego Málaga del que dependían:

Como Directora General de Energía la economista Carmen Mestre Vergara, esposa separada de Andrés García de la Riva.

Como Director General de Minas al Ingeniero de Minas Juan Manuel Kindelán, nieto del general Kindelán y casado con Carlota Bustelo.

Con este equipo abordó la ardua tarea de hacer primero un diagnóstico de la situación industrial española, que era totalmente ruinosa, y acometer después sector por sector la necesaria Reconversión, cerrando las industrias no rentables y propiciando las fusiones necesarias para garantizar su viabilidad y todo ello en diálogo permanente con las Centrales Sindicales, que en principio intentaban minimizar los costes sociales de la Reconversión.

A poco más de dos años de ocupar la Dirección General me llamó mi “amigo” Segismundo Crespo, Subsecretario de Trabajo y me dijo que habían creado la D.G. de Personal y quería contar conmigo para el puesto, yo le dije que tenía el compromiso con Industria y no había terminado mi tarea allí y él le comentó, posiblemente al Ministro Almunia, que no aceptaba y me pidió que le diera el nombre de un candidato y yo le dí el nombre de Leandro González Gallardo, un TAC que estaba en Presupuestos, que finalmente fué el nombrado el 21 de junio de 1985.

Solchaga estuvo al frente del Ministerio desde el 1 de diciembre de 1982 hasta el 6 de julio de 1985, fecha en que pasó a ocupar la vacante de Ministro de Economía y Hacienda, motivada por la dimisión irrevocable de Miguel Boyer Salvador, como consecuencia de sus choques con el Vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra y su frustrada pretensión de ser nombrado Vicepresidente Económico.

Durante ese periodo, el 4 de octubre de 1984, se produjo el relevo de Enrique Moya Francés por Luis Carlos Croissier como Presidente del INI, el gran holding que agrupaba a la casi totalidad de las Empresas Públicas españolas, y quedó vacante la Subsecretaria de Industria. Solchaga decidió nombrar Subsecretario, dándole así muestras de su aprecio al Catedrático que ocupaba la Secretaria General Técnica y le había coordinado el Libro Blanco de la Industria Española Oscar Fanjul. Pero a los pocos días se dio cuenta que había cometido un gran error : no era un hombre adecuado para la gestión y se puso de manifiesto rápidamente.

UGT había denunciado al Subsecretario la presunta prevaricación del Director del Registro de la Propiedad Industrial, un TAC veterano y prestigioso internacionalmente en el mundo de las patentes, Julio Delicado Montero, que tenía una hija contratada en ese Organismo. El Subsecretario cometió el error de recibir directamente, sin contar conmigo como Director Gral. de Servicios, a los representantes sindicales, y el tema se enconó. El Ministro me llamó y me preguntó por el tema y yo le dije que no sabía nada, que el Subsecretario me había dejado al margen y entonces me pidió que asumiera yo el tema y buscara una salida, pero que quería conservar a Julio Delicado como Director. Me reuní con los Sindicatos y me costó Dios y Ayuda reconducir la situación, ya que como habían tocado Subsecretario no querían sentarse con un simple Director General.

Al final el conflicto se resolvió cesando al Secretario General del Registro que era otro TAC granaíno, Luis Padial, de colmillo retorcido, que llevaba en un puño a los sindicalistas del Organismo y que era el responsable de la contratación de la hija de Julio Delicado. Así se salvó este que siguió ejerciendo hasta su jubilación, y que fué, casualmente, sustituido años después por Julián Alvarez, al que precisamente tuve que llamar en esos momentos para que le buscara un acomodo a Luis Padial, que lo encontró en el Ministerio de Obras Públicas.

Carlos Solchaga rectificó pronto el error cometido y el 23 de enero de 1985 propuso el nombramiento de Oscar Fanjul para Presidente del INH, el holding energético Instituto Nacional de Hidrocarburos, del que acababa de dimitir el Presidente del Circulo de Empresarios Claudio Boada para pasar a presidir el Banco Hispano Americano, acompañado por su Vicepresidente Jose María de Amusátegui. O sea que Fanjul estuvo de Subsecretario no llegó a 4 meses.

Tras el cese de Fanjul, Solchaga no se atrevía a desafiar a los guerristas nombrando a Eduardo Santos Andrés, el Director General de Siderometalúrgicas y hombre clave de la Reconversión Industrial, que se había sentido molesto con el ascenso de Fanjul, y consideraba que no tenía el suficiente reconocimiento. Durante ese tiempo yo tenía que despachar directamente con el Ministro y en uno de los despachos le dije que nombrara a quién quisiera que podía contar con mi apoyo. Quizás eso le decidió y el 7 de febrero de 1985 nombró a Eduardo Santos Andrés como Subsecretario y este en mi primer despacho con él me dijo : “Yo de esto no entiendo nada, yo voy a seguir llevando los temas de la Reconversión como Viceministro, tu te ocupas de la gestión del Ministerio y yo voy a firmar lo que tu me propongas, basta con que le pongas una muesca tuya. Ahora eso si, si fallas te ceso automáticamente”. Y así funcionamos durante todo el tiempo que duró su mandato como Subsecretario, él me firmaba sin dudar ni preguntar todo lo que llevaba mi muesca. Y tan sólo en un par de ocasiones me planteó alguna propuesta suya.

Cuando presentó la dimisión Boyer, el 6 de julio de 1985 teníamos una reunión de Comité de Dirección del Ministerio en un edificio del Canal de Isabel II, sito en un pantano de la sierra de Madrid, cuando el Director General de Electrónica e Informática Joan Majó recibió una llamada urgente de Carlos Solchaga desde La Moncloa conminándole a ir allí. Al parecer Felipe le había pedido a Solchaga, esa misma mañana, que asumiera la Cartera de Economía y que le diera ya un nombre para Industria y Solchaga, valorando que fuera del PSOE, catalán y de su confianza, dio el nombre de Joan Majó. Este abandonó la reunión como Director General y regresó al Ministerio como nuevo Ministro de Industria y Energía.

Solchaga se despidió de nosotros pidiéndonos que siguiéramos todos en nuestros puestos y que él sólo se llevaba al Ministerio de Economía a Pepe Casas y a su Director de Gabinete un técnico comercial llamado Luis Sempere Couderc, al que acababa de nombrar para sustituir a Claudio Aranzadi que había pasado a la Vicepresidencia del INI.

Majó solo nombró a su Director de Gabinete, un catalán llamado Enric Homs Martínez, y a su sucesor en la D.G. de Electrónica Jaime Clavell Ymbert. Estábamos los iniciales de Solchaga, más Fernando Maravall que había sustituido como S.G.T. a Oscar Fanjul y José Fernando Sánchez- Junco, que había sustituido a Eduardo Santos como D.G. de Siderometalúrgicas.

Tras las elecciones de 1986, Felipe González hizo una remodelación de su Gobierno y nombró Ministro de Industria y Energía a Luis Carlos Croissier Batista que tomó posesión el 25 de julio de 1986 y dijo que iba a cambiar a todo el equipo menos a mí, a pesar de que en su opinión todo se había hecho mal durante la etapa como Subsecretario de Eduardo Santos. Yo le insistí en que estaba cansado y quería dejar el puesto y él por 3 veces me dijo que tenía que seguir. Nombró como Subsecretario a su vecino de piso, Miguel Angel Feito Hernández, que era la persona con la yo que tenía más amistad del Ministerio. Me alegré y le felicité diciéndole que me tenía a su disposición, pero que, como ya llevaba 4 años en el puesto, estaba un poco aburrido y me gustaría colaborar con él en la preparación de los temas de la Comisión de Subsecretarios.

Durante el año anterior se había aprobado la Relación de Puestos de Trabajo del Ministerio, que fue la 1ª que se aprobó junto a la de Presidencia, tras un muy duro proceso de análisis y valoración de los puestos de trabajo con Elena Salgado como Subdirectora de Retribuciones de Hacienda. Esta era una ingeniero industrial, cuñada de Miguel Martín, Subsecretario de Economía y Hacienda, que estuvo contratada en el IMPI, en el que ejercía como Secretario General Juan Antonio Pagán Lozano, un TAC de la 16 Promoción, que organizó las oposiciones que la convirtieron en funcionaria de la Escala Técnica de Organismos Autónomos del Mº de Industria, y de allí pasó a la D.G. de Costes de Personal y se convirtió, con Borrell de Secretario de Estado de Hacienda, en la instrumentadora inflexible del sistema Hay de análisis y valoración de puestos de trabajo de la Admón. Central española, sobre el que se montaron las Relaciones de Puestos de Trabajo. Su aprobación para el Ministerio de Industria y Energía supuso que los puestos de jefe de Sección, que antes eran de libre nombramiento, pasaron a tener que proveerse por concurso de méritos, restando margen de maniobra para nombramientos y ceses a los Directores Generales, lo que les dificultaba la gestión en una estructura con muy pocos puestos de libre designación y generó un cabreo generalizado.

El mismo día de su toma de posesión Feito me pidió que le explicara detenidamente, comida por medio, los pros y contras de la nueva RPT, cosa que hice con total minuciosidad. A continuación, tuvimos la 1ª reunión del nuevo Comité de Dirección presidido por el Ministro Luis Carlos Croissier y que estaba integrado por nuevos Directores como Fernando Magro, que sustituía a Feito, Julio González Sabat de D.G. de Electrónica, Victor Pérez Pita de Energía, Juan José Cerezuela Bonet de Minas y Subdirectores que habían ascendido como Santiago Eguidazu Mayor a S.G.T. y Mauro Lozano Belda a Director de Gabinete, y abrió la misma Feito que utilizó la información que yo le había facilitado para hacer una crítica total de la RPT y de la gestión realizada. Crítica a la que se sumaron los demás nuevos Directores Generales con la sonrisa de Croissier. Yo quedé tan demudado y estupefacto por la traición de quien yo creía mi mejor amigo dentro del Ministerio que no sabía como reaccionar, ya que cómo presentar la dimisión si ya había intentado rechazar el nombramiento. La situación embarazosa la salvó como siempre Croissier diciendo: “ya está bien, lo que decís es cierto, pero vais a tener que asumirlo y en el futuro es posible que la provisión por concurso llegue hasta los niveles 26, a cambio han mejorado las retribuciones del personal”.

Las relaciones con Feito, que era mi Subsecretario, por mi parte quedaron totalmente cortadas y se limitaron estrictamente al despacho de los asuntos oficiales y a pesar de que el intentaba distender y bromear, se encontró siempre ya con un muro. Así estuvimos los dos años que duró el mandato de Croissier y cuando se produjo su sustitución el 12 de julio de 1988 por Claudio Aranzadi Martínez, que dejaba la Presidencia del INI, Feito que continuaba como Subsecretario me dijo que el Ministro quería sustituirme, a lo que le repliqué que me lo dijera el Ministro.

Y así pasaban los días y seguíamos igual, pero a finales de julio me llamó el Subsecretario de Sanidad y Consumo Jose Luis Fernández Noriega, médico neurocirujano dedicado al sindicalismo, y me dijo que iban a cesar al D. G. de Servicios de Sanidad, que era mi amigo y Tac el granadino Miguel Marañon Barrio, y que querían contar conmigo, yo no le dije que sí ni que no y entonces me llamó el Ministro Julián García Vargas y me hizo la propuesta y yo le dije que estábamos a punto de irnos de vacaciones, que a la vuelta en septiembre hablaríamos.

Cuando pasó agosto, a mi regreso a Madrid la situación seguía igual, así que decidí tomar yo la iniciativa. Llamé a Julián García Vargas y le pregunté si la oferta seguía en pié, a lo que me contestó que fuese a verle ya mismo. Eso hice y me recibió con el Subsecretario que estaba encantado de que yo ocupase el cargo. El nombramiento se produjo el 9 de septiembre de 1988 y así finalicé una etapa de 6 años de mi vida profesional, que fueron de mucha dedicación en los que tuve que poner orden en materia de Recursos Humanos no sólo del Ministerio sino también de sus Organismos Autónomos: IMPI, CEDETI, IGME, Registro de la Propiedad Industrial, CIEMAT, EOI y también en el INI, y de los que los dos últimos años fueron muy incómodos. En la comida que me dieron mis colaboradores destaque que lo que más sentía era dejar el equipo humano que había logrado formar en esos años, entre los que destacaban: Jose Vicente Nuño Ruiz como Subdirector de Personal, Cristina Pena Soto como Oficial Mayor, César Lanza como Subdirector de Tratamiento de la Información, Manuel Pérez Olea como Vocal Asesor y M.ª Carmen Pérez de Cabo como Jefa de Recursos.

El Ministro Aranzadi me felicitó por el cambio de destino y me comunicó que siempre podría contar con el Ministerio de Industria, manteniéndome los dos Consejos de Admón de Empresas del INI que tenía: Bazán e INITEC. Me sustituyó un TAC, Santos Castro Fernández, compañero de promoción de Croissier, que estaba de Secretario General del INI con él y que era mi candidato a sucederme, pero que fué cesando a casi todos mis colaboradores.

Miércoles 04 de Abril de 2018 19:59

Mi etapa en Función Pública.

A principios de 1977, cansado de que los expedientes de los particulares y pequeños comerciantes del Sáhara no pudiesen completarse y, por consiguiente, no se sometiesen a aprobación de la Comisión Liquidadora de los Intereses Españoles en el Sáhara, decidí dejar mi puesto de trabajo aunque supusiese bajar de nivel, de 26 a 24, ya que mantenerlo suponía pasar a la SGT de Presidencia en La Moncloa, y no me interesaba por las limitaciones de movilidad que me suponía, máxime estando ya casado y con hija en perspectiva y habiendo alquilado un apartamento en la C/ Victor Pradera, por lo que al final me decidí a ocupar la Sección de Plantillas Orgánicas en la D.G. de Función Pública, que tenía la sede en la C/ Ferraz, 64, al lado de casa, con un sevillano, Julio Moreno Ventas, de Jefe del Servicio de Programación de Efectivos de CC.II. y Plantillas Orgánicas, que a los 3 meses se marchó a Sevilla, con lo que pasé a ocupar el Servicio y recuperé así el nivel 26. Tenía de Jefe de Negociado a Matías Martí, un veterano Administrativo que era de lo más eficiente y a dos Auxiliares Maricarmen y Ángeles Santamaría y como Jefe de Sección a Manolo Grande, un compañero educado pero poco eficiente.

De esa etapa recuerdo como preparé, especialmente con Jose Carlos Blanco del Mº de Educación, las dotaciones presupuestarias de los Cuerpos Generales y la reunión con el todopoderoso Jose María Dalmau, Subdirector de Hacienda, viejo republicano que se preciaba de decirle no al Presidente del Gobierno, y que no pudo rebatirme ni él ni sus colaboradores : Leandro González, Luis Herrero,…, dada la precisión de los datos puestos sobre la mesa y la advertencia de que él sería el responsable de que algunos Institutos de Enseñanza Media no pudieran funcionar, si no me aceptaba las dotaciones propuestas.

También tengo que destacar que, en materia de Plantillas Orgánicas, choqué con el todopoderoso Técnico Comercial José Manuel Reyero, que se empeñó en que en la plantilla de Comercio todos los puestos tenían que ser asignados a Técnicos Comerciales, a lo que le dije que de acuerdo, salvo el que ejercía los temas de personal que tenía que ser asignado a un TAC. Montó en cólera y dijo que ni hablar. No estaba dispuesto a perder la discrecionalidad con la que gobernaba al Cuerpo. Y ahí se atascaron las Plantillas Orgánicas y en el futuro no hubo movimiento alguno.

Durante este periodo, al parecer a instancias de Luis Fernando Crespo, que era Secretario General para la Administración Pública, me encargaron un Informe sobre la Protección Civil en España, en el que ya avancé que sólo sería eficaz si se le dotaba de efectivos operativos dedicados exclusivamente a esas tareas, cosa que se hizo finalmente con la UME Unidad Militar de Emergencias. Al final no me encargaron hacerme cargo de la Protección Civil y seguí allí vegetando.

También por ese tiempo Miguel Marañón Barrio me propuso ir de Delegado Provincial de Educación a Murcia y no lo consideré por estimar, erróneamente, que una vez aprobada la Constitución las primeras transferencias que se iban a realizar eran las de Educación por lo que el puesto tendría muy corta duración y no tenía sentido el cambio de domicilio que comportaba. Me equivoqué, tardaron en realizarse más de 10 años, no se hicieron hasta el 2.000.

El Subdirector de CC.II. era Fernando García Manzano que pasó a la Subdirección General de Función Pública y le sucedió Ignacio Alcaide, con el que tuve una entrañable amistad hasta que falleció de un infarto.

Le sucedió Julián Álvarez Álvarez, que me propuso por dos veces cambiarme al Servicio de Gestión de CC.II., rechazándolo la 1ª vez porque no me suponía ninguna ganancia y era más trabajo y responsabilidad. Pero aceptándolo la 2ª, cuando se marchó Antonio Ramírez Rebollo. Así pasé a dirigir los 4 Cuerpos Generales de la Admón. Civil del Estado: de Jefe de Sección del Cuerpo Técnico tenía a un excelente funcionario procedente de Marruecos y natural de Torrevieja, Antonio Villanueva; a cargo del Cuerpo Administrativo estaba el incombustible Juan Cañas, veterano Administrativo; a cargo del Cuerpo General Auxiliar estaba D. José Lorite, viejo funcionario de Plazas y Provincias Africanas; y a cargo del Cuerpo Subalterno estaba el TAC Manuel Súnico Suances, emparentado con varios Almirantes.

De Ferraz nos cambiamos a la C/ Ayala y allí entablé amistad con José Garrido Falla, que era el Jefe de Gabinete de la Comisión Superior de Personal, con Jose Luis Castañeda Andrés que era el Jefe del Registro de Personal y con Jose Antonio Gallo que era el Jefe del Personal procedente del Movimiento.

Allí vivimos el 24 de febrero y la manifestación como golpistas de Javier Casado Rodríguez de Amezúa, de Angel Diez Roncal y de un tercero.

Nombraron a Gerardo Entrena Cuesta Director General de Función Pública y asistí con Julián a una reunión con él para hablar de Plantillas Orgánicas y me creí en la obligación de dar mi opinión que fue totalmente ignorada por Gerardo, por lo que creí que había tomado mala impresión sobre mí.

Por eso me sorprendió que, cuando Julián dejó la Subdirección para pasar a la Secretaria General del INAP, me nombrara a mí como Subdirector de CC.II.

En este puesto estaba feliz. Ocupaba el puesto clave de la Administración en unos momentos claves para la transición política y el afianzamiento de la democracia en nuestro país.

Desde el 23 F estaba colaborando con el PSOE en la elaboración del Programa Electoral en materia de Función Pública y contribuí, como muchos otros no afiliados, a la victoria en las elecciones del 28O que llevaron al PSOE al Gobierno.

Gerardo me pidió que dado que conocía a Enrique Barón que le hablara bien de él, ya que Ignacio Fuejo que iba con él de Subsecretario de Transportes le iba a proponer como Director General de Servicios y sería mejor que tuviera alguna referencia. Yo cogí el teléfono y llamé al nuevo Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones y le dije “ Enhorabuena Enrique, creo que va a ir contigo mi actual Jefe Gerardo Entrena, te lo recomiendo especialmente”. A resultas, Gerardo que estaba propuesto como Director General fue nombrado Subsecretario.

Yo estaba encantado en mi reciente puesto de Subdirector de CC.II. donde pensaba podía hacer una tarea extraordinaria de colocar a la gente adecuada en la nueva Administración del cambio. Pero recibí una llamada de Paco Velazquez, que estaba actuando de Director de Gabinete del nuevo Secretario de Estado para la Admón Pública Francisco Ramos Fernández-Torrecilla, que me dijo que el nuevo Subsecretario del Ministerio de Industria y Energía Luis Carlos Croissier les había pedido un experto en materia de Recursos Humanos de confianza para Director General de Servicios y habían pensado en mí. Yo le dije que yo estaba muy bien donde estaba y que creía que allí podía dar mejor servicio. Entonces me pasó con Paco Ramos que me dijo : “Juan necesitamos que vayas allí”. A lo que le dije que de acuerdo.

Y así se gestó mi pase a Alto Cargo y el fín de mi etapa en Función Pública, donde estaba encantado.

Miércoles 21 de Marzo de 2018 14:31

En Memoria de José Luis Centeno Castro

Este 26 de Febrero nos ha abandonado José Luis Centeno Castro, compañero entrañable que pertenecía a la XIV Promoción de T.A.C. y que, desde su ingreso en 1974 se dedicó en cuerpo y alma a luchar por la profesionalización de nuestra Administración y a implantar la democracia en España.

Profesionalmente se entregó, inicialmente, a gestionar los aspectos del Consumo en España y, posteriormente, a dirigir la difícil y compleja materia de los Títulos Académicos, sus Convalidaciones y Homologaciones, área en la que se desempeñó durante un largo periodo con el mayor interés y acierto y se jubiló siendo el Vicegerente de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares.

Su calidad humana y su bonhomia le granjearon el cariño y la amistad de todos los que le conocían y aunque era un hombre tímido y reservado fue siempre valorado y respetado por los colectivos en los que participó.

José Luis se ha unido así en el recuerdo al de aquellos otros de nuestra Promoción, la XIV, que le precedieron en su viaje hacia nuestra memoria : África Jaén Azpitarte, una de las primeras Subdirectoras de la Administración Española, que falleció el 19 de enero de 1985 en un accidente de aviación junto al Ministro Gregorio López Bravo; el veterano funcionario y abogado Joaquín Morales Hernández, que falleció pocos años después; el singular economista Julián Arévalo Arias, que al final le sacó aplicación a su secreta afición a todo lo militar y ocupó el puesto de Secretario de Estado de Defensa, y que falleció el 21 de noviembre de 2008; Jesús Cabanillas Montejo que destinado en Agricultura falleció el 17 de agosto de 2010; la entrañable economista, discípula predilecta de Fuentes Quintana, Trinidad Cano Simón que falleció el 2 de diciembre de 2010; el Ingeniero de Caminos y fundador de los Técnicos de Informática Pedro Maestre Yenes que falleció el 20 de octubre de 2014 y Santiago Rodríguez Santerbás el novelista burgalés que nos dejó el pasado año.

Que quede aquí constancia de nuestro afecto y reconocimiento para todos ellos.

Juan Alarcón Montoya

Lunes 05 de Marzo de 2018 11:50

Activismo sindical

Al incorporarme a la Administración inicié mi participación en los distintos movimientos, que empezaban a aflorar entre los funcionarios, para exigir los cambios imprescindibles que condujesen a una Función Pública más participativa y al servicio de los ciudadanos, para lo que era necesario crear los cauces de participación que posibilitaran una reclamación eficaz de los derechos de los funcionarios.

A principios de los años 60, el intento de superar el aislamiento internacional en el que había caído España y la pervivencia de los antecedentes históricos hizo que la Administración empezase a diferenciarse del régimen político al que servía y fuese consiguiendo cuotas de autonomía, en la medida que los Cuerpos de Funcionarios que la servían, reflejando la propia evolución de la sociedad, fueron recuperando peso e independencia, y nutriéndose, es decir, seleccionándose sus componentes, en función de los antiguos y democráticos criterios de mérito y capacidad.

Esta realidad, la reconfiguración de una Administración profesional, adaptada a la sociedad cambiante e independiente políticamente, va a ser uno de los factores determinantes de la viabilidad del proceso político de transición a la democracia, facilitando su aplicación de un modo gradual, ordenado y sin traumas.

Cuando se aprueba la Constitución de 1978, y se consolidan los valores y derechos democráticos, la Administración estaba en condiciones de llevarlos a la práctica y de hecho se puso con todo entusiasmo a la tarea, sin que hubiese que realizar grandes cambios normativos para que su labor se viese facilitada. Ello se debió, en gran medida, a que las dos grandes Leyes que regulaban la organización y el funcionamiento de la Administración, la de Régimen Jurídico de 1957 y la de Procedimiento Administrativo de 1958 permitían un funcionamiento acorde con la Constitución y no fueron modificadas. Y cuando se modificaron, 20 años después, se hizo solo muy ligeramente.

La creación de la Secretaria General Técnica de la Presidencia en diciembre de 1956, inició un proceso de reformas, con introducción de técnicas y procedimientos de gestión procedentes del exterior que tenían como objetivo la modernización y racionalización del aparato y del personal al servicio de la Administración Pública que dio como fruto la elaboración de un conjunto de leyes básicas para la regulación y objetivación de la administración entre los años 1956 y 1968. Leyes de un rigor técnico y de un carácter innovador que han posibilitado el funcionamiento de la Administración muchos años después de aprobarse la Constitución de 1978. Estas normas fueron : La Ley de 27 de diciembre de 1956, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa; El Decreto de 26 de Julio de 1957, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado; la Ley de 17 de Julio de 1958, sobre Procedimiento Administrativo; la Ley de Tasas de 1958; la Ley de Régimen Jurídico de Entidades Estatales Autónomas de 26 de diciembre de 1958; la Ley y el Decreto de 7 de febrero de 1964, por los que se aprueba la Ley articulada de Funcionarios Civiles del Estado. Con estas normas, más la Ley de Expropiación Forzosa de 1954 y especialmente con la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, se configura una Administración Civil del Estado separada de la Administración del Régimen, propiamente dicha (reducida a personal del Movimiento y de los Sindicatos Verticales).

A finales de 1975, cuando se produce la muerte de Franco, España contaba con una Administración relativamente moderna y profesionalizada, que realizaba las funciones que llevaban a cabo las Administraciones Públicas de otros países de nuestro entorno. Se hallaba integrada por millares de funcionarios que habían pasado exámenes que comportaban pruebas objetivas, y que ponían el acento en los conocimientos y las competencias o técnicas conocidas por los candidatos, independientemente de sus contactos políticos o de sus relaciones económicas. Los tribunales de selección, nombrados por los responsables políticos pero integrados por funcionarios, no eran más que grupos de funcionarios que seleccionan a otros funcionarios y lo hacen sobre la base del mérito y las competencias ( incluso, hay casos en que la corrección se hace por ordenador). Lo que garantizaba la independencia ideológica de los seleccionados.

En ese sentido, no es extraño, sobre todo a mitad ya de los años setenta, cuando yo me incorporé, encontrar algunos altos funcionarios con convicciones democráticas e incluso promotores de situaciones de conflicto con el régimen. Por ejemplo, el “escrito de los quinientos” altos funcionarios, funcionarios de cuerpos superiores, pidiendo una democratización total de la Función Pública o la fundación de la Asociación Española de Administración Pública constituyeron importantes muestras de acciones democráticas en esta área.

Se asumió así, por las fuerzas políticas democráticas emergentes, que la caída de la dictadura en España no tenía por qué suponer una modificación significativa de la estructura de la Administración Pública, sino que se podía apostar por el mantenimiento de las Instituciones que, con tan sólo el cambio de los titulares de los órganos superiores, contribuirían a facilitar el tránsito pacífico, ordenado y sin traumas a la democracia.

La normativa básica en materia de Función Pública era la Ley de Funcionarios de 1964, algunos de cuyos artículos aún están en vigor, y su trascendencia fue capital para el inicio de la profesionalización de la Administración Pública : creación de los Cuerpos Generales, extensión de la normativa básica en materia de derechos y deberes a todos los colectivos de funcionarios, establecimiento de órganos centrales de personal que establecieron criterios objetivos y uniformes en la gestión de personal, y sobre todo, la introducción de nuevos elementos culturales que modificaron la mentalidad existente en los ámbitos políticos y administrativos sobre las funciones y la responsabilidad de los funcionarios situados en un entorno determinado, pero necesariamente cambiante.

En las transformaciones de los regímenes políticos y económicos, los periodos de transición son tan importantes como los de consolidación democrática. En todo ese proceso, el papel de la administración y de los servicios públicos es esencial. La modernización de las instituciones, su funcionamiento eficaz y la prestación de servicios de mayor calidad constituyen hoy en día la base de la legitimidad de las instituciones, más allá de las meras declaraciones legales o constitucionales. Todo país requiere de una Administración moderna y eficaz, y conseguirla depende en gran medida de la profesionalidad de sus funcionarios, de su cualificación técnica, y de la existencia de un nivel de dirección con un compromiso personal respecto del cambio.

La Constitución de 1978 estableció las bases de lo que debe ser una Administración y Función Pública democrática. Su punto de arranque es la definición de España como un Estado social y democrático de Derecho y, por ende, las Administraciones Públicas son parte de ese modelo de Estado y su Función Pública debe ser asimismo coherente con el mismo. Por ello el Art. 9.1 de la Constitución establece la sujeción de los poderes públicos a la misma y al resto del ordenamiento jurídico, y el Art. 9.3 garantiza los principios de legalidad, de jerarquía normativa, de publicidad de las normas, de irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables, de seguridad jurídica, de responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos.

Como decíamos la primera expresión de este malestar de los funcionarios, que exigían cambios hacia una Administración democrática, fué el denominado “Escrito de los quinientos” que yo firmé en septiembre de 1974, recién ingresado como Jefe del Negociado de Informes y Dictámenes en la Vicesecretaria General Técnica del Ministerio de Agricultura, con Jose Maria Peña Vazquez, un TAC extremeño, de Subdirector y Paco Peña Diez, otro TAC asturiano, de Jefe de Sección. El escrito sentó muy mal al Gobierno de Arias Navarro que sometió a expediente disciplinario a Felicísimo Muriel que se encargó de recoger firmas por Guadalajara, Zaragoza, Barcelona, Tarragona, Castellón y Valencia, donde se le incoó el expediente, que le comportó una suspensión de empleo y sueldo por 6 meses, que originó una recogida de fondos entre los compañeros para ayudarle. Los Subsecretarios presionaron a los firmantes, todos técnicos superiores y bastantes subdirectores generales, para que se retractaran, cosa que consiguieron en algunos casos, no así en el mio, ya que cuando el Secretario General Técnico de Agricultura Rafael Dal-Re me convocó y me dijo que yo no sabía lo que había firmado le contesté : “que sabía leer y había leído el documento antes de firmarlo”. Afortunadamente el tema no pasó a mayores.

El primer cauce de participación fué la Asociación Española de Administración Pública, constituida por los Técnicos de Administración Civil del Estado en 1965, acogiéndose a la Ley de Asociaciones de 1964, con sede en la Calle Rios Rosas, 11, 6º, de Madrid y cuyos fines eran la promoción de estudios referentes a la estructura, funciones, carácter, historia, y reforma de la Administración, así como el apoyo de las iniciativas que persiguen su fomento, y para ello publica la revista Pragma y celebra cada dos años desde 1970 unas “Jornadas de la Función Pública”. Tuvo como primeros Presidentes a Aurelio Desdentado Bonete, que llegó a Vocal del Tribunal Supremo, a Juan Damián Traverso y a Luis Rufilanchas Serrano y de Secretario a Paco Hernández Sayans y a la que yo me afilié a poco de ingresar en el Cuerpo. Inicialmente circunscrita al Cuerpo Técnico se aprobó en Asamblea celebrada en mayo de 1975 abrirla a otros colectivos y transformarla en un sindicato de funcionarios estructurado en secciones ministeriales. En junio de 1976 ya era operativa la apertura de la Asociación, que pasó así de agrupar a unos 1.500 TAC a acoger a 6.000 trabajadores de la Administración de los distintos Cuerpos y dando cabida también a contratados, interinos, etc.

Además de la Asociación existían otros movimientos en la Administración tales como la Comisión Interministerial de los Cuerpos Administrativo, Auxiliar y Subalterno creada en 1974, y la Unión de Funcionarios Demócratas ( UFD ) que se creó en 1975, por un grupo de funcionarios de comercio, inspirándose en la U.M.D. ( Unión de Militares Demócratas) y en la que yo era uno de los representantes del Ministerio de la Presidencia junto con Jose Luis Peinado del Instituto Geográfico y también participaba Carmina Gomis, que después creo terminó en la O.R.T.. La U.F.D. se configuraba como una organización política de carácter minoritario y semiclandestino, donde confluirían las organizaciones políticas pero no las sindicales y tenía como finalidad, además de servir de organismo de coordinación de partidos y grupos, el lanzar iniciativas políticas entre los funcionarios, así como realizar análisis globales de estrategia general y denunciar los hábitos de corrupción e irresponsabilidad en el seno de la Administración.

Una de las actuaciones de la U.F.D. fué la convocatoria de una comida de solidaridad con los militares procesados de la U.M.D. en el mes de julio de 1975, de la que fuí protagonista destacado. Estando en mi destino de Jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Promoción del Sáhara recibí una llamada telefónica de Pepe Barrionuevo en la que me comunicaba que se había decidido convocar una comida de los funcionarios demócratas en solidaridad con los militares de la U.M.D. para el día siguiente y que el primer firmante de la solicitud de autorización por orden alfabético era yo. No le dí más importancia, pero al día siguiente nada más llegar a mi despacho me llamó Molina, el secretario del Director, diciéndome que este quería verme. Cuando entré a su despacho y le saludé me preguntó de sopetón : “Usted conoce a este Juan Alarcón que aparece aquí en ABC como primer firmante de una comida en solidaridad con los militares de la U.M.D.” Yo me demudé y pensé: “me he caído con todo el equipo, pero a lo hecho pecho” y con una voz que no sé como pude articular respondí: “Si, soy yo” Entonces el sorprendido por mi gesto fué él, que me miró por primera vez y me dijo : “Sientese por favor. Estos chicos se han equivocado, entre ellos está el hijo del héroe del Alcazar. Y ¿cree usted que acudirán muchos funcionarios a la comida?” A lo que respondí que creía que no porque ya habían muchos funcionarios de vacaciones y no se había difundido la convocatoria con antelación suficiente. Me despidió amablemente y a las dos horas me llamó Pepe Barrionuevo para informarme que la Dirección General de Seguridad no había autorizado la comida.

Como consecuencia de mi militancia en Reconstrucción Socialista de Madrid conecte con otros funcionarios que también militaban en la misma y entre ellos con dos Inspectores de Trabajo: Pepe Barrionuevo y Segismundo Crespo, que a su vez militaban como Enrique Barón y otros muchos en la U.S.O., Unión Sindical Obrera, sindicato socialista autogestionario de raíz católica y que era la alternativa clandestina a CC.OO., Comisiones Obreras, el sindicato de tendencia comunista.

Reunidos, en el chalet de Andrés García de la Riva y Carmen Mestre en Aravaca, Pepe Barrionuevo, Segismundo Crespo, Carmen Serrano y yo acordamos crear la Unión Sindical de Trabajadores de la Administración (USTA), configurada como una Federación de la USO, que acoge a todos los trabajadores que prestan sus servicios a la Administración Pública por cualquier concepto y en cualquiera de sus tres esferas: la Central, la Local y la Institucional. El primer Secretario fué Segismundo Crespo y después le sustituí yo. La implantación de USTA fué lenta, sus primeros militantes fueron: Carlos Pérez Rocamora del Ayuntamiento de Madrid, Carmen Ferrero del Ayuntamiento de Getafe, Gonzalo y su socio, Juan Tovar, Ana Seguí Navarro, M.ª Carmen Cortés Valls, Conchita Omite, Agustin Rebollo, Jose M.ª Salas, Antonio Alcaide. Y finalmente y ya en 1977, de cara al proceso de fusión con la UGT, que dividió a la organización, entraron Araceli Pereda y su marido Julián García Vargas para integrar a la USTA en el seno de UGT.

El Gobierno intentó dar una solución al problema de la sindicación de los funcionarios con el Real Decreto 1839/1976, de 16 de julio, sobre el derecho de asociación de los funcionarios públicos con el que se pretende además cumplir con el compromiso adquirido ante la Conferencia Técnica sobre Servicio Público de la O.I.T. de abril de 1975, pero tenía bastantes limitaciones al principio de libertad sindical, no reconocía los derechos de negociación colectiva y huelga, excluía a algunos colectivos : militares, contratados y personal local, e imponía la asociación por cuerpos o ministerios, por lo que fue rechazado radicalmente.

Tras las primeras elecciones de 1977 y la desaparición de la Federación de Partidos Socialistas, que era el soporte político de la USO, se plantea la fusión de la UGT y de la USO lo que provoca un durísimo debate interno que se saldó con la división del Secretariado Confederal en dos sectores : el partidario de la Unión con U.G.T. integrado por: Bonifacio Rojo, Fernando Solano, Severino Arias, Ramón Muñagorri, Miguel García Rescalvo, Jose María Zufiaur, Francisco León, Juan Plaza, Pedro Cea, Antonio Martinez Ovejero y Aquilino Zapata; y el partidario de la afirmación de USO como organización diferenciada, integrado por: José Corell, Mariano Espuñez, Manuel Zaguirre, Sebastián González, Jose María de la Hoz, Paco Giménez, Jose Maria Freire, Ramón Puiggrós, Isidoro Galvez, Dativo Escobar, Chema Amigot y Pedro Quintero. Este sector se quedó con las siglas y el otro se integró en la U.G.T.

Por mi parte, tras las primeras elecciones y mi incorporación al PSP deje de militar en la USTA y al dejar la militancia política deje también la militancia sindical y cuando decidí, en 1984, ingresar en el PSOE, consulté con Justo Zambrana a la sazón Secretario General de la FETAP-UGT mis dificultades para militar sindicalmente, dadas mis responsabilidades directivas en materia de personal, a lo que me contestó que entendía que me abstuviese de militar y así seguí hasta hoy.

Viernes 23 de Febrero de 2018 19:02

MIS RECUERDOS DEL “VIEJO PROFESOR”

Mis primeros contactos con Enrique Tierno Galván el “Viejo Profesor” datan de 1977, cuando como representante del Partido Socialista de la Región de Murcia en la Ejecutiva de la Federación de Partidos Socialistas participe, junto con los restos de la Federación ( FPS) que no se habían integrado en el PSOE, en la negociación desarrollada en el despacho de Raúl Morodo de la C/ Eduardo Dato de Madrid, de la Coalición Electoral Unidad Socialista (FPS-PSP) Partido Socialista Popular que presenté ante el Secretario 1º de las Cortes D. Félix Romojaro, en la sede de las mismas, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid.

Ese fue mi primer contacto directo con el “Viejo Profesor” al que sin embargo leía y tenía como referente ético-intelectual ya desde mi puesto de Ayudante de Derecho Político y Encargado de la Biblioteca del Seminario de Derecho Político de la Universidad de Murcia, bajo el magisterio de D. Rodrigo Fernández-Carbajal González, de ideología falangista pero respetuoso al máximo con sus discípulos, a los que daba una formación basada en los clásicos y abierta a todas las posiciones ideológicas desde una perspectiva democrática. Allí leí, y me fui identificando ideológicamente, los Boletines de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca editados por los discipulos y colaboradores de D. Enrique Tierno, que aportaban una visión distinta del análisis político imperante en la época.

El siguiente contacto fue ya en Murcia con motivo de la campaña electoral de 1976, año en que tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas, a las que se presentó la Coalición Electoral Unidad Socialista (FPS-PSP).

Formalizada la Coalición tuvieron lugar en Murcia los contactos para configurar la Candidatura que se presentaría a las Elecciones por Murcia y se decidió que el primer puesto sería para el líder del PSP murciano el farmacéutico de Calasparra Francisco Pérez Mayo, el segundo puesto lo ocuparía un trabajador del sector del mueble y militante de la USO y del PSRM Francisco Estrada, el tercero una mujer de las plataformas vecinales Julia Bascuñana y militante de USO y del PSRM. el cuarto puesto lo ocupó el periodista del PSP de Lorca Luis Casalduero Campoy, el quinto puesto lo ocupé yo fundador del PSRM y su representante ante la FPS y la nueva coalición electoral, el sexto puesto lo ocupó el maestro de Cieza del PSP Antonio Jesús Sánchez Ramos, el séptimo puesto lo ocupó Francisco Guillén Castaño trabajador de USO de Yecla y el octavo Jesús García Jiménez del PSRM y pintor decorador.

No había Director de Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñar el puesto, realizando una campaña muy digna con un presupuesto ajustado de un total de 4 millones de pesetas frente a los 40 millones que invirtió el PSOE en esta misma campaña. El resultado fueron :

Unión de Centro Democrático (U.C.D.) obtuvo 179.630 votos y 4 escaños.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 154.539 votos y 4 escaños.

Alianza Popular: 30.161 votos.

Partido Comunista de España (P.C.E.): 29.935 votos.

Unidad Socialista (PSP-PSM): 22.345 votos.

Mi contacto más directo con el “Viejo Profesor” fue con ocasión del Mitin que dió en Murcia con un auditorio entregado, en las instalaciones del Murcia Parque, que ofrecían un lleno espectacular y en el que a la entrada me encontré con Ciriaco de Vicente, el destacado en Murcia para dinamizar al PSOE tras la labor inicial de Fernando Valderrama, que me saludó diciendome : “ Juan, porqué no te vienes con nosotros” cuando sabía que era el director de campaña de Unidad Socialista en Murcia y no podía aceptar, cosa que si hicieron otros integrantes de nuestra candidatura.

Posteriormente regresé a Madrid y me integre en el PSP hasta su integración en el PSOE, momento en que, tras el encontronazo con Andrés García de la Riva cuando me acerqué a la Agrupación del PSOE de Moncloa para recoger el carnet que como ex militante del PSP me tenían preparado, decidí retirarme de la política activa. Era el año 1978.

Lunes 29 de Enero de 2018 18:42

MI ETAPA POLITICA (Segunda Parte)

Poco después, en una reunión de la Ejecutiva de la FPS, planteé por qué no nos uníamos al PSOE, a lo que tanto Raventós como Barón me contestaron algo parecido a que Felipe era un niñato y que no valía la pena. Sin embargo, unos meses después, poco antes de las elecciones de junio de 1977, ambos negociaron e integraron a sus organizaciones en el PSOE, sin contar para nada con el resto de la FPS.

En ese momento nos quedamos descolgados las restantes organizaciones federadas de la FPS, que en ese periodo habíamos progresado hasta convertirnos en partidos políticos legalizados: el PS de Galicia, el PS de Andalucía, el PS del País Valenciá, el PS de la Región Murciana, el PSD de Aragón, el PS de Asturias, el PS de Mallorca, el PS de Canarias, el PS de Extremadura, y nos vimos abocados a pactar de prisa y corriendo una Coalición Electoral con el Partido Socialista Popular de Tierno Galván. A esos efectos nos reunimos en el despacho de abogados de Raúl Morodo y allí acordamos unirnos en la Coalición Electoral “Unidad Socialista”, que firmé en representación del Partido Socialista de la Región Murciana (PSRM) y presenté en las Cortes ante Tomás F. Romojaro, Secretario de las mismas.

En la primavera de 1977, en una de las últimas reuniones de la Ejecutiva de la FPS en la que todavía estaba el PS de Cataluña recuerdo que, dado que al estar yo en Madrid no controlaba a mi partido, el PSRM, y la USO, en la que me apoyaba para crecer en mi ausencia de Murcia, a la que ya iba menos por estar casado, había metido a una serie de impresentables como el Ñoño, Cebrián, el Rojo,… y éstos estaban controlando el Partido, que no avanzaba adecuadamente, le dije a Joan Raventós, a quien yo tenía como un referente moral, que estaba pensando pedir tres meses por asuntos propios sin sueldo e irme a Murcia a levantar el Partido, a lo que me aconsejó que no lo hiciera, que a veces esos sacrificios personales no eran recompensados en política. Y lo tuve en cuenta y no lo hice. Después he pensado que no sé si por esas fechas ya tenía previsto integrarse en el PSOE.

Efectivamente, el PSRM iba a la deriva, se había nombrado un Secretario General que era un trabajador del metal, honesto pero sin demasiada base ni capacidad de liderazgo: Ambrosio Garre, y no había ningún componente intelectual entre su militancia.

Como se aproximaban las elecciones, y me iba a ir a Murcia a presentarme en la Coalición Unidad Socialista (PSP-PSRM), solicité un permiso de un mes por asuntos propios a esos efectos y me llamaron de Personal de Presidencia para decirme que había otros funcionarios que se presentaban por otros partidos y ninguno había solicitado ese permiso. Y yo les repliqué que sin él no me iba porque me podían abrir expediente por abandono de servicio, con lo cual provoqué que el Subsecretario firmara una Resolución concediendo permiso, por el tiempo de la campaña, a todos los que se presentaran.

Resuelto este tema, y dejando en Madrid a mi esposa en avanzado estado de gestación, dado que trabajaba, me fuí a Murcia y, cuando llegué a la sede del PSP para iniciar la campaña, no habían pensado en nombrar un Director de la Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñarlo y a partir de ahí me ocupé de la Campaña.

En primer lugar, había que elaborar la lista de candidatos y, por nuestra parte, propusimos a Francisco Estrada Moreno, ebanista de El Palmar, Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, a mí, funcionario también de El Palmar, y a Jesús García Jiménez, pintor decorador.

Con lo que la lista definitiva al Congreso de los Diputados quedó integrada por:

1.- Francisco Pérez Mayo por el PSP, Farmacéutico de Calasparra y Secretario General del PSP en Murcia.

2.- Francisco Estrada Moreno, Ebanista de El Palmar y militante de USO y del PSRM.

3.- Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, militante de USO y del PSRM y Presidenta de la Federación Provincial de Asociaciones De Vecinos de Murcia.

4.- Luis Casalduero Campoy, del PSP, Licenciado en Derecho y Técnico de Radiodifusión de Radio Popular de Lorca.

5.- Juan Alarcón Montoya, de El Palmar, Licenciado en Derecho y Técnico de Administración Civil del Estado, Fundador de la USTA y del PSRM y fundador y primer Presidente de Diógenes.

6.- Antonio Jesús Sánchez Ramos, del PSP, Maestro de Escuela de Cieza.

7.- Jesús García Jiménez, Pintor decorador, del PSRM.

8.- Francisco Guillén Castaño, del PSP, Panadero de Yecla y militante de la USO.

9.- José Ruiz Sola, Albañil de los Dolores y militante de los Movimientos Obreros.

Para el Senado los tres candidatos eran del PSP:

- Gabriel Pinazo Núñez, Profesor de E.G.B. de Murcia.

- Huberto Sanz Benítez, Médico de Murcia.

- Francisco Rodríguez López, Catedrático de la Universidad de Murcia.

Y aún más: para evitar que las leyes que emanasen de un Congreso democrático fuesen bloqueadas por un Senado antidemocrático, se hizo un acuerdo con el PCE para apoyar la votación de Gabriel Pinazo, de Unidad Socialista, y de Francisco Cuervo, independiente presentado por el PCE.

Resuelto el problema de las listas, acometimos la campaña electoral, en la que nos gastamos unos cuatro millones de pesetas, frente a los cuarenta que invirtió el PSOE.

Tras una intensa campaña electoral, cerramos con un mitin de Tierno en el Murcia Parque con un lleno absoluto y al que asistió como espectador el líder del PSOE por Murcia, Ciriaco de Vicente, Inspector de Trabajo enviado por Madrid para potenciar la candidatura del PSOE en Murcia, quien al verme me dijo: “Juan, ¿por qué no te vienes con nosotros?”, cosa que sí habían conseguido con algún integrante de nuestro Partido antes del inicio de la campaña electoral.

De hecho, tras 3 meses de negociaciones, José Muñoz Camacho (Presidente del PSRM), José Cebrián Buendía, José Antonio Bordes Vila (Noño) de la USO de Bazán de Cartagena, y Juan Rojo Gallego, secretario de prensa, firman el 30 de abril de 1977 con los representantes del PSOE de Murcia, Angel Alvarez Castellanos (Presidente), Pedro Díaz Saéz, Fernando Valderrama y Andrés Hernández Ros (secretario de organización), un acuerdo de fusión que no es aprobado por la Asamblea General del PSRM, celebrada el 27 de abril de 1977 en Espinardo, que decide, por el contrario, ir en coalición electoral con el PSP. Los firmantes, más José Saura Sánchez y José Ignacio García Murcia, abandonan el PSRM y se integran en el PSOE, de donde un año después son expulsados.

Los resultados de las Elecciones fueron los siguientes:

Unión de Centro Democrático (U.C.D.) obtuvo 179.630 votos y 4 escaños.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 154.539 votos y 4 escaños.

Alianza Popular: 30.161 votos.

Partido Comunista de España (P.C.E.): 29.935 votos.

Unidad Socialista (PSP-PSM): 22.345 votos.

Tras estos resultados y en una Asamblea del Partido Socialista de la Región Murciana (PSRM) realicé un análisis y comparé el proceso electoral con una campaña de marketing en la que el sistema electoral aboca al dominio de dos partidos, como si fuese la elección entre dos marcas de electrodomésticos: la Westinghouse americana, que apoyaría a la UCD y la Kelvinator alemana, que daría el apoyo socialdemócrata al PSOE, por lo que concluí que en esos momentos no había opciones para un Partido de corte regional como era el PSRM, por lo que yo me volvía a Madrid y dejaba el PSRM para ingresar en el PSP y esperar a su futura unión con el PSOE y les aconsejaba negociar su integración en el PSOE de Murcia, cosa que realizaron tras unas breves negociaciones, dando así nombre a este: PSRM-PSOE.

Al regresar a Madrid ingresé en la Agrupación de Argüelles del PSP, ya que yo vivía en la Calle Víctor Pradera, y pasé a formar parte de la Ejecutiva de esa Agrupación y viví en ella el traumático proceso de integración del PSP en el PSOE, porque el sentir manifestado en las asambleas de las Agrupaciones era contrario a una integración precipitada en el PSOE, como la que se realizó ante la proximidad de unas nuevas elecciones.

Los partidarios de la integración y principales beneficiarios de la misma, ya que se aseguraron puestos de salida en las futuras candidaturas fueron entre otros: José Bono, Donato Fuejo, Pedro Bofill,…, que convencieron al “Viejo Profesor” de que la deuda electoral de unos 80 millones de pesetas que arrastraban desde las elecciones de 1977 y que el PSOE estaba dispuesto a asumir les obligaba a negociar e integrarse en este Partido. Y así ocurrió en abril de 1978, relegando Alfonso Guerra a Enrique Tierno al papel de candidato a la Alcaldía de Madrid en las elecciones de 1979, que ganó, abriendo paso así a la llegada del socialismo a las instituciones públicas.

Verificada la integración, hubo alguna propuesta de mantener el PSP, a lo que yo respondí que el PSP era Tierno y sin él no existía, por lo que me decidí a aceptar la invitación que me realizó la Agrupación del PSOE de Moncloa para recoger el carnet de afiliado de esa Agrupación, pero cuando llegué a la sede me encontré en el portal con mi antiguo compañero de la FPS y delegado en Madrid del PSC, marido de Carmen Mestre, Andreu García de la Riva, que era militante desde hacía un año del PSOE, que me interpeló diciéndome: “Tú dónde vas, con la cantidad de millones que le has costado al PSOE?”. A lo que yo respondí: “A lo mismo que tú, solo que un año después”. Pero me causó tal indignación el reproche y la mala acogida de alguien que nos había traicionado en el pasado y que en vez de darme la bienvenida me veía como un enemigo, que dí media vuelta y me fuí a casa sin recoger el carnet del PSOE.

En esos momentos mi hija Sandra tenía unos meses y requería mi atención y yo no necesitaba la política porque tenía mi profesión de funcionario y, al parecer, la política no me necesitaba a mí. Ahí abandoné la política activa y no regresé a ella hasta que, tras el 23 F, ví que mi concurso era necesario de nuevo porque los políticos por sí solos no habían conseguido lograr una democracia estable y consolidada en nuestro país. Pero lo hice colaborando con el PSOE como independiente, como tantos otros miles, que conseguimos así la victoria electoral del 28 de octubre de 1982 que consolidó la democracia en España. Y en 1984 decidí darme de alta como militante, a pesar de que, como me dijo Carlos Solchaga, no me iba a servir de nada, más bien al contrario. Y, efectivamente, tenía razón, porque el PSOE ya tenía todos los puestos cubiertos y, como dije en el homenaje por mi jubilación: “había que tener mucha ambición personal o mucha necesidad para abrirse paso a codazos, y ese no era mi caso”.

En cualquier caso, mi residencia en Madrid y mi plena dedicación a la Administración dificultaban el poder jugar políticamente y ello sólo habría sido posible si hubiese fructificado alguna de las tres oportunidades en que pude ir destinado a Murcia para un cargo político-administrativo: la 1ª cuando, tras la dimisión de Andrés Hernández Ros, Pepe Molina le propuso mi nombre al que le sucedería como Presidente, Carlos Collado, para el cargo de Consejero de Presidencia y éste le contestó que en Murcia no me conocía nadie y nombró a Pepe Méndez. La 2ª cuando el Ministro del Interior, José Barrionuevo, me iba a nombrar Delegado del Gobierno en Murcia, pero cesó y le sustituyó Corcuera, que nombró a Eguiagaray. Y la 3ª cuando me entrevisté con Pedro Saura, siendo él Secretario General del PSOE murciano, en el Hotel Suecia de Madrid y, tras ver mi curriculum y mi disposición a ocupar el puesto, me dijo que no le iban a consultar, cuando ya había propuesto a un Catedrático de la Universidad de Murcia amigo suyo para el cargo.

También lo intenté en 1998, apoyando activamente, en las primeras primarias que se realizaron en el PSRM-PSOE murciano, a Antonio Martínez Ovejero frente al candidato del aparato, el ciezano Ramón Ortiz Molina, que ganó por 6.355 votos frente a 2330.

Desde que ingresé en el PSOE en 1984, y dada mi dedicación a la Administración como directivo profesional, he sido un militante de base que no ha querido ocupar ningún puesto orgánico, tanto en la Agrupación de Vallecas Villa cuando residía en Santa Eugenia como en la posterior de Retiro, eso sí apoyando todos los procesos democratizadores del Partido tanto internos -primarias- como externos de apertura a la sociedad y manteniendo siempre mi independencia de criterio y de voto respecto de cualquier facción, por eso era calificado como la minoría respetable y era elegido como Presidente de Mesa en las Asambleas para intentar evitar mis críticas constructivas.

Lunes 15 de Enero de 2018 19:54

MI ETAPA POLÍTICA ( Primera Parte)

Ya durante la carrera se habían despertado mis inquietudes políticas. Se despertaron con Don Rodrigo, que, a pesar de su ideología falangista, nos enseñó los principios básicos de democracia y ya empecé a asistir a las reuniones que teníamos los viernes por la tarde en la residencia del Marqués de Mondéjar, que era un monárquico de don Juan y tenía un vino fino que contribuía a que el debate sobre política fuese interesante. El coordinador y animador era José Luis Mirete Navarro y se acabaron las tertulias cuando se acabaron las botellas de vino de la reserva que tenía en su residencia el marqués. En esa época también conocí los planteamientos del carlismo representados por Carlos Hugo de Borbón y Parma y que en mi curso de Derecho eran defendidos por Daniel Cáceres Hernández-Ros, que después fué Registrador de la Propiedad. Uno de los líderes del carlismo en Murcia era el cura de San Antolín, en cuya Iglesia saludamos por ese tiempo a Carlos Hugo de Borbón Parma que estuvo de visita en Murcia. También en esos años de carrera era compañero mío un falangista, Joaquín Cortés, que terminó de jurídico militar en Sevilla, y con él asistí un 20 de noviembre a la conmemoración, en la cárcel de Alicante, de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, cuyas Obras Completas había leído en mi infancia, ya que estaban en poder no sé si de mi padre o de mi madre, que en su juventud fue falangista y tenía un sello con el yugo y las flechas, y siempre me pareció que sus ideas, aunque no eran democráticas, sin embargo, sí tenían bastante de sociales.

Otro momento importante de este proceso de concienciación política fué el de mi etapa como Presidente de la Juventud Estudiante Católica, la J.E.C., de Murcia, que se produjo como consecuencia de un retiro espiritual en el Convento de la Luz, en el que al padre Mosquera, que era el que lo daba, le dije que estaba dispuesto a entregarme a Dios, pero que no podía ser sacerdote porque me gustaban mucho las mujeres, a lo que él me respondió que no era necesario para ser un buen cristiano ser sacerdote, sino que se podía ser de otras formas y, a poco de esto, me propuso ocupar la presidencia de la JEC de Murcia, de la que él era consiliario. Fuí Presidente durante un tiempo y en esa etapa me desplacé a Madrid para asistir a un Congreso Nacional de las Juventudes Católicas y allí coincidimos con la separación de la cátedra de Tierno, Aranguren, García Calvo, etc. y al regresar, en una reunión del Comité Provincial de la Acción Católica de Murcia bajo la presidencia de Juan Candela Martínez, que después fue el suegro de Joaquín Almunia, manifesté que había que movilizar a la Universidad, controlada férreamente por aquel entonces por el Rector don Manuel Batlle y por el falangista Luciano de la Calzada, Decano de Filosofía y Letras, ante lo cual Juan Candela manifestó que yo era un elemento peligroso y, poco después, al proponerle al padre Mosquera que me dejara la llave de la residencia para organizar algún baile de confraternización entre la rama masculina y femenina de la JEC, dado que solamente coincidíamos en las misas y retiros, no sólo no me dió la llave sino que me quitó la presidencia.

Por esos años se celebró el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado y publiqué en el diario La Verdad de Murcia un artículo de opinión, el 30 de junio de 1970, titulado: “Ser ciudadano es participar”, en el que defendía la participación pero abogaba por la libertad de votar en contra o de abstenerse y, lógicamente, me abstuve en la votación celebrada en la mesa correspondiente montada en las Escuelas Nuevas de El Palmar, sesión a la que asistió mi padre para intentar protegerme, dado que, a pesar de que la votación era secreta, por los resultados se podía saber lo que había votado cada uno. Y, efectivamente, sólo hubo una abstención, la mía, y tres votos en contra, que eran de los comunistas del pueblo.

Durante esos años de la carrera y al amparo de los propagandistas católicos de la A.C.N. de P., que estaban presididos en Murcia por Antonio Pérez Crespo, que fué después el primer Presidente del Ente Preautonómico Murciano, nos reuníamos unos cuantos jóvenes universitarios para debatir sobre temas intelectuales, económicos y sociales de actualidad y en esas tertulias  participábamos: Juan Antonio Vicent, abogado de Alcantarilla, Mariano García Canales, actual Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Murcia, José Luis Mirete en la actualidadad Profesor Agregado de Filosofía del Derecho de la Universidad de Murcia, Mari-Carmen Sánchez-Rojas Fenoll que es Profesora Titular de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Julia Celdrán Ruano, May Bernal de la Cuesta, Jesús Galera, las oriolanas María Antonieta Esquer y Asunción Arias, sobrina de Adolfo Muñoz Alonso, Rector de la Complutense y Consejero del Movimiento, y los aportes de Molina del Segura del Consiliario Antonio Hernández: Joaquín Abellán García, Ramón, Luis Felipe Hernández Lorca y Andrés Hernández Ros, que no era universitario pero que asimilaba con avaricia la información que se ponía en común. A este último, que llegó a ser unos años después el primer presidente de la Comunidad Autónoma Murciana, como tenía antecedentes penales, pues intentó poner una bomba en el pantano de Santomera, Antonio Pérez Crespo lo quiso echar del grupo, pero no lo consiguió, porque todos cerramos filas con él y amenazamos con abandonar las reuniones.

Los días 11 y 12 de diciembre de 1969 tuvieron lugar en Vitoria las III Connivencias de Jóvenes Propagandistas, con el desarrollo de una serie de ponencias: “Juventud y religión”, “Juventud y educación”, “Problema generacional”, Juventud e ideologías”, Juventud e ideologías políticas”, “Juventud y Familia”, “Juventud y amor” y “La realidad universitaria y la Ley de Educación”. El Centro de Murcia presentó la Ponencia “Juventud y familia”, siendo ponentes Joaquín Abellán García, María del Carmen Sánchez-Rojas Fenoll, Julia Celdrán Ruano y May Bernal de Cuesta, y yo con M.ª Antonieta Esquer presenté una ponencia titulada: “Juventud e ideologías políticas”, que fue criticada por el catedrático de la Universidad de Madrid José Manuel González Páramo y que, sin embargo, querían, con algunas modificaciones publicar en el diario Ya, a lo cual me negué y planteé que tenía que ser tal y conforme yo la había escrito.

En l974, cuando estaba haciendo el Curso en la Escuela Nacional de Administración Pública de Alcalá de Henares, me planteé vincularme políticamente para contribuir a realizar el tránsito hacia la democracia en España y a esos efectos pensé en conectar con Ruiz Jiménez, que estaba a la izquierda de la Democracia cristiana, de los Propagandistas y del Opus, y para ello suscribí una acción de Cuadernos para el Diálogo, su revista, de la cual era ya era suscriptor, pero, dado que había conocido en el Curso Selectivo de Alcalá como profesor a Enrique  Barón Crespo, que estaba vinculado a la Unión Sindical Obrera (USO), sindicato de origen católico pero de carácter socialista autogestionario, me fui a verle a su despacho laboralista, ubicado en la calle Doctor Castelo de Madrid, que compartía con Agapito Ramos y con Ramón Muñagorri, y le planteé mis inquietudes, que recibió con el mayor interés, con lo que me vinculé a su organización clandestina Reconstrucción Socialista de Madrid, que estaba integrada en la Federación de Partidos Socialistas (FPS) a nivel del todo el Estado. Una vez allí me convenció para crear en Murcia, con Sebastián Ramayo y Matilde Lorca, el núcleo inicial de Reconstrucción Socialista Murciana, de la cual fui el representante en la ejecutiva de la Federación de Partidos Socialistas.

Durante un largo período de la clandestinidad, años 75, 76 y parte del 77, estuvimos teniendo reuniones de la ejecutiva de la Federación a la que pertenecía junto con otros representantes: de Reconstrucción Socialista de Cataluña, Joan Raventós, Narcís Serra y Ernest Lluch; del País Vasco, con el después Secretario General: Eugenio Royo Errazquin, que fué Consejero de Economía de la Comunidad de Madrid; con los valencianos Vicente y Joan Garcés y Vicent Ventura; con el médico asturiano Pedro Sabando, que fué Subsecretario de Sanidad y Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid; con el aragonés Emilio Gastón que ha sido Justicia Mayor de Aragón; con el mallorquín Antonio Taravini; con el gallego José Manuel Beirás, con los andalucistas Alejandro Rojas Marcos, Cristóbal Montes y Luis Uruñuela, etc.

En 1975, en el ámbito de Murcia, y junto con mis amigos procedentes del Club Crao Juan José González Ruíz, que era Visitador médico y Sebastián Ramayo Verbo, que trabajaba en Hierros Vivanco, había constituido una sociedad anónima, Diógenes Levante S.A., con un capital de 1 millón de pesetas, para contribuir al desarrollo cultural, político y económico de la región de Murcia buscando al hombre nuevo, y de ahí el nombre de Diógenes, que pretendía aglutinar en torno a esta sociedad a las fuerzas renovadoras y emergentes tanto intelectuales como obreras murcianas en base al soporte de una librería y galería de exposiciones que instalamos en la plaza del Cardenal Belluga de Murcia, creando así un cauce de participación alternativo a los escasos y oficiales que había en aquel momento.

Diógenes fue, efectivamente, el punto de encuentro de todas las personas con inquietudes de Murcia, con independencia de su adscripción política. Nacimos estrechamente observados por el régimen, para quien esa unión de universitarios y obreros era peligrosa, pero, paradójicamente, yo, que era el Presidente, ocupaba entonces un puesto de trabajo en la mítica Presidencia del Gobierno de Carrero Blanco, a las órdenes del Coronel Blanco Rodríguez, antiguo Jefe de los Servicios de Información y Director General de Seguridad con Camilo Alonso Vega, y Sebastián Ramayo, mi socio y Gerente de Diógenes, era hijo del Comisario de Policía Ramayo y sobrino de la Diputada en Cortes y Jefa de la Sección Femenina de Murcia Carmen Verbo, con lo que la policía no se atrevía a tomar medidas. Eso sí, estábamos en su ojo de mira.

El objetivo era lograr la máxima participación y para ello contamos con el apoyo de las mujeres de mis socios: Encarnita y Carmen Alarcón Felices, y especialmente de un administrativo de Estrella de Levante, Juan Sabater, que pertenecía a USO y contribuyó a extender la participación mediante la compra de acciones por los trabajadores.

En el verano de 1976, un fin de semana fui a Santander con Alejandra, mi compañera, y el sábado terminamos en Gijón, porque no había plazas hoteleras libres en Santander y habíamos tenido que dormir el viernes en mi Simca 1200 aparcado en la Plaza Mayor de Torrelavega, y en la mañana del domingo leí en la prensa local que a las doce en el polideportivo de Gijón daba el primer mitin en España el Secretario del PSOE: Isidoro (Felipe González) y convencí a Alejandra para que asistiéramos antes de regresar a Madrid. Cuando le oí, le dije a Alejandra: “Ahí hay un líder”.

Aún tuve que regresar al Sáhara, ya ocupado por Marruecos, en febrero de 1976, como Presidente del Grupo de Trabajo de la Comisión Interministerial para el desarrollo de los Acuerdos de Noviembre de 1975, con Marruecos y Mauritania, encargado de la valoración de los bienes inmuebles de carácter público existentes en el territorio del Sáhara y de los que procedía conservar por el Estado español. El Grupo, presidido por mí, en tanto representante de la Presidencia, estaba integrado por D. Avelino Fernández Areces, Ingeniero Jefe del Servicio de Obras Públicas del Gobierno General del Sáhara; D. Laureano García Ventura, Coronel de Intendencia de la Subsecretariía del Ministerio del Ejército; D. Eduardo Colomer Molinos, Coronel Ingeniero de Construcción, Jefe de la Comandancia de Obras de Canarias; D. Fernando Pérez de Sevilla y Guitard, Capitán de Intendencia de la Subsecretaría del Ministerio del Ejército, y D. Pablo Julio Roldán Verdejo, Arquitecto de la Dirección General de Patrimonio del Estado por el Ministerio de Hacienda. Realizamos un Informe-valoración, en base a los informes de los responsables de los distintos servicios, que daba un montante de 17.195 millones de pesetas.

Como ha escrito Miguel Angel Aguilar_: “Desde aquel 14 de noviembre de 1975, hace ahora 40 años, cuando se firmó en Madrid el acuerdo tripartito por los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania, arrastramos una mala conciencia invencible. Fue entonces, en la linde del deshonor, en la agonía de Franco, cuando el gobierno suspendió el ejercicio de los deberes que nos incumbían como potencia administradora del territorio, a tenor de la Carta de Naciones Unidas. Esa firma precipitó el abandono fulminante del Sáhara sin atender a su condición de provincia, adquirida por decreto de la Presidencia del Gobierno el 10 de enero de 1958. Idéntico abandono hizo antes del territorio de Ifni que, erigido en provincia por el mismo decreto, fue retrocedido a Marruecos mediante el acuerdo de Fez del 4 de enero de 1969, ratificado por las Cortes españolas el 22 de abril.

La declaración de estos territorios como provincias seguía la senda del salazarismo respecto de las posesiones portuguesas de ultramar. Su objetivo era evitar la rendición de cuentas ante el Comité de los 24 de la ONU, competente en materia de descolonización. Otra cosa es que el embajador de Franco ante la
ONU, Jaime de Piniés, ignorara la pretendida provincialidad y cumplimentara bajo cuerda las peticiones del mencionado comité.

Ahí están los documentos gráficos acreditativos de la presencia en el hemiciclo de las Cortes orgánicas tanto del consejero nacional del Movimiento, enviado por los camaradas nómadas, como de los otros dos procuradores de Representación Familiar, que, a tenor de la Ley Orgánica del Estado de 1966, eran elegidos por los cabezas de familia, empadronados en las tribus del desierto. Eran muy de ver, con sus atuendos blancos y azules del cuello a los pies, agrupados en escaños contiguos sin atender al estricto orden alfabético. La crónica desde El Aaiún de un buen amigo periodista, escrita en el número 27 del semanario Posible del 17 de julio de 1975, remite al origen de nuestra mala conciencia.
Se titulaba “Nadie quiere morir por el Sáhara”. Empezaba así: “Dijo Kissinger ‘el Sáhara para Marruecos’.
Y la luz se hizo”.

Para incorporarme a mi nuevo puesto de Jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Promoción del Sáhara tuve que ir a Personal de Presidencia del Gobierno, sito en el Palacete de Castellana, 3, donde me recibió el Subdirector de Personal, Pablo Veiga, y la Jefa del Servicio, que era otra compañera, Consuelo Crespo Aparicio, que me acogió con gran cariño, y me presentó a otro compañero, Julián Alvarez Alvarez, que pertenecía a la 3ª Promoción y que había estado en Hacienda de Toledo y después excedente y que acababa de reingresar allí, en Personal de Presidencia. Con él formalicé los documentos de mi cambio de puesto de trabajo y después me trasladé al palacete contiguo, donde me presenté al Secretario General, D. Enrique Ruiz y Gómez de Bonilla, que me asignó un despacho impresionante en la 1ª planta del chalet, dando al jardín de la C/ Alcalá Galiano, y que era uno de los mejores despachos de la Dirección. Su única pega era que estaba ocupado, ya que enfrente de mi magnífica mesa de despacho, de madera labrada, había una silla que ocupaba un veterano administrativo de origen catalán, el Sr. Pons, que no tenía nada que ver con mi trabajo y que no sé con qué motivo, si para espiarme o por dejadez, permanecía allí.

Como apoyo administrativo tenía una única persona, un auxiliar joven, muy espabilado y trabajador, llamado Mariano Galán, que después ha llegado a Jefe de Personal de las Cortes españolas y con el que yo desarrollé mis tareas, que, en principio, y mientras no tuviese que acudir a La Haya, consistían en trasladar al Sáhara la legislación española, por lo que tenía que seguir al día el BOE para adaptar la normativa a la realidad del territorio saharaui.

Al mismo tiempo, de cara al proceso de descolonización, se me encargó diseñar un plan de transición que permitiera pasar de la actual administración española a una administración por los saharauis. A esos efectos, empecé a diseñar un plan que consistía en que, durante un periodo de tiempo, a los actuales delegados de la Administración española en el territorio saharaui se les iban a unir como becarios joóvenes estudiantes saharauis, en funcion de sus estudios para cada área, y estarían allí durante el periodo de transición, durara el tiempo que durara, como delegados adjuntos, recibiendo el conocimiento y asistiendo al delegado español en la gestión del servicio en cuestión. Posteriormente, esos saharauis designados delegados adjuntos, pasarían a ser los futuros ministros del Gobierno Saharaui y contarían con un experto español por área para seguir asesorándoles en la gestión de los distintos servicios.

Con tal fín realice un análisis de los estudiantes saharauis en España para ver cuáles de ellos iban a ser elegidos como adjuntos a los distintos servicios e igualmente inicié, si bien con mucha prudencia, la búsqueda de asesores españoles que estuviesen dispuestos a desplazarse al Sáhara para convertirse en Asesores de los saharauis, en su momento, cuando estos ocupasen definitivamente los servicios, ya que los actuales delegados no servían a esos propósitos.

Para familiarizarme con el Sáhara hice un primer viaje que fué de reconocimiento del territorio y, en el mismo, recuerdo que conocí al Secretario General del Gobierno del Sáhara, Luis Rodríguez de Viguri, coronel de infantería, y también me llevaron a visitar en un helicóptero militar y siguiendo el cauce de la Saguía el Hamra, antiguo lecho de un río, la ciudad santa de Smara, sede del Santón saharaui Al Malainin, y donde visité el acuartelamiento de las Tropas Nómadas allí, que tenían piedras con grabados rupestres formando parte de las paredes de las cuadras donde tenían los animales representativos de la fauna autóctona. También me llevaron, esta vez en Land Rover, a visitar las minas de fosfatos de Bucrá y su cinta transportadora de material desde las minas hasta el "pantalan" que lo ponía en el mar abierto a bordo de los barcos. Impresionante obra de ingeniería española.

En el pabellón de empleados civiles, donde me alojé, conocí a una serie de universitarios españoles que había contratado Rodríguez de Viguri para que estudiasen y pusiesen en valor la historia, costumbres y tradiciones saharahuis y entre ellos estaba Javier Ruiz, historiador, que me presentó al nieto del Chej Malainin, que trabajaba en Correos en el Aaiún y que me invitó a tomar el té saharaui (que son tres: el primero amargo como el nacimiento, el segundo agridulce como la vida y el tercero dulce como la muerte) en su casa en el poblado saharaui en las afueras de El Aaiún, y me dió a comer carne seca de camello en una habitación que no tenía muebles sino tan sólo alfombras y esteras, y las mujeres permanecieron en otra estancia sin aparecer mientras yo estuve allí.

En junio de 1975 hice otro viaje a El Aaiún con intención de verme con el Secretario General para darle a conocer la selección de jóvenes estudiantes saharauis que había hecho, para que fuesen nombrados delegados adjuntos de los delegados españoles de los distintos servicios. A esos efectos hice escala en Las Palmas, donde me alojé en el hotel Santa Catalina. Y, dado que la Dirección tenía a una persona destinada en Las Palmas, que era Felipe Antonio Pradas Hernando (un Catedrático de Filosofía de Instituto murciano, que había trabajado en el Organismo de Fideicomisos de Naciones Unidas durante 17 años como Secretario con nivel P5 del mismo, donde se había jubilado), que, por su conocimiento de los procesos de descolonización, ya que había participado activamente en los de Nueva _Guinea-Papúa y en los de las Islas del Pacífico, había sido contratado para asesorar en el proceso de descolonización del Sáhara, para hacer el seguimiento respecto de la Misión de Visita que estaba realizando en esos meses Naciones Unidas, quedé con él en verme en un restaurante en la playa de las Canteras y, en el transcurso de la cena, llegué a la conclusión de que el Sáhara no se iba a descolonizar, sino que los Estados Unidos habían decidido, por razones geopolíticas, que se integrase en Marruecos y, por consiguiente, el proceso de descolonización no se iba llevar a cabo. Creo que mi interlocutor se dió cuenta de que yo había llegado a esa conclusión y cuando lo abandoné lo hice con miedo, mirando hacia todas las esquinas en mi regreso al hotel, dado que tenía el temor de ser eliminado y que fuese atribuido el atentado al Frente Polisario, con lo que se daría pie a interrumpir el proceso de descolonización, por el atentado sufrido por el tercer cargo de la Dirección General, por actuación de los representantes del pueblo saharaui. Hasta esa fecha, los atentados del Frente Polisario habían sido sin victimas.

Con esa sensación volé a El Aaiún y al llegar me encontré con que el Secretario General, Luis Rodríguez de Viguri, no me podía recibir, dado que al parecer padecía un cólico nefrítico y estaba en cama en su domicilio. En El Aaiún me alojé en un Pabellón para personal civil que existía en las afueras y me dieron una habitación que estaba situada en la última planta y en una esquina que caía justo debajo del montículo donde estaba enclavado el poblado saharaui, por lo _que al acostarme y comenzar a oír ruidos extraños en el techo, que lógicamente serían producto de los cambios bruscos de temperatura que se producen en esas latitudes, y pensando en las circunstancias raras que se dejaban sentir en el ambiente de El Aaiún últimamente, me llevaron a decidir que si alguien entraba en la habitación no me encontraría durmiendo plácidamente en la cama, y como había una habitación anexa con un water, allí sentado pasé la noche.

En ese alojamiento me pude apercibir de que había un personaje, de origen creo libanés, que era un agente doble, si no triple.

Mi estancia se alargaba sin que pudiese tener una entrevista con el Secretario General, que era el objetivo de la misma, por lo que al tercer día _le planteé al brigada que hacía de secretario de Rodriguez de Viguri que o este me recibía o yo regresaba a Madrid y le contaba al Director General que no había podido entrevistarme con él.

Mano de santo. A las pocas horas recibí el aviso de que el Secretario General se había reincorporado a su despacho y me recibiría. Lógicamente, despache con él, pero no le comenté nada de lo que me había planteado, y tampoco él me insistió demasiado ni me comentó que su situación respondiera a un arresto domiciliario al que le había sometido el Gobernador General, el General de División Gómez de Salazar, por discrepar de él y mantener sus tesis de apoyo a los saharauis.

Regresé a Madrid y despaché con el Director General, al que le conté sucintamente que había conseguido entrevistarme con Rodríguez de Viguri y que habíamos hablado de continuar con el proceso de descolonización, pero sin detallar mucho, a lo que me contestó que continuara con mis trabajos. Y lo que hice fué recoger todos los papeles que había preparado y las listas de estudiantes saharauis y llevármelos a casa y guardarlos y no volver a verlos hasta estos días, para evitar que hubiesen podido caer en manos de los marroquíes.

Decepcionado e indignado por la traición que se iba a cometer con el pueblo saharaui, escribí un artículo que publiqué en el boletín clandestino de Reconstrucción Socialista de Madrid con el seudónimo “Orlando furioso”, en el que denuncié la entrega del Sáhara a Marruecos por imposición de los Estados Unidos y expresé mi indignación y mi desengaño.

A partir de ahí incrementé más, si cabe, mi activismo político y sindical, en la clandestinidad, de cara a cambiar el régimen político español.

En ese verano, julio de 1975, tuve que desempeñar la responsabilidad máxima de la Dirección General por vacaciones tanto del Director como del Secretario General, y tuve que recibir los partes confidenciales del Sáhara y despacharlos con el Ministro de la Presidencia, Antonio Carro Martínez, denominado “el hombre de Cromagnon” por su característica mandíbula, que por esa época además estaba escayolado.

Continué con mi trabajo, pero ya con poca ilusión, mientras se sucedían las noticias de que, ante la previsible respuesta del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya que establecía que, antes de esos acuerdos entre España y las tribus saharauis, no existía una dependencia política de los sahararauis respecto al Sultán, en tanto que jefe político y religioso, y que en aquellos territorios nunca se había ejercido soberanía por parte del Sultán de Marruecos, este país lanzaba la denominada “Marcha Verde”, con el apoyo logístico de Estados Unidos. Ante esa situación el Gobierno español estaba dividido_: había un Grupo de intereses, representado por Solís y apoyado por los Fierro, que defendía la entrega a Marruecos, y otro representado por los militares africanistas, que se oponían a la entrega del Sáhara.

Así tuve que seguir en mi puesto de la Dirección General de Promoción del Sáhara, viendo cómo se consumaba la entrega a Marruecos, coincidente con la larga agonía del Dictador y la incertidumbre por el futuro de España.

Mi trabajo, lógicamente, fué disminuyendo y se concretó en preparar los expedientes de las solicitudes de indemnización de los particulares y los pequeños comerciantes, que nunca se podían completar porque no conseguían aportar las necesarias facturas, cosa que sí hacían las empresas más importantes. Hecho que incrementaba mi frustración.


Página 1 de 3
Diseñado por:
Jaitek