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Miércoles 04 de Abril de 2018 19:59

Mi etapa en Función Pública.

A principios de 1977, cansado de que los expedientes de los particulares y pequeños comerciantes del Sáhara no pudiesen completarse y, por consiguiente, no se sometiesen a aprobación de la Comisión Liquidadora de los Intereses Españoles en el Sáhara, decidí dejar mi puesto de trabajo aunque supusiese bajar de nivel, de 26 a 24, ya que mantenerlo suponía pasar a la SGT de Presidencia en La Moncloa, y no me interesaba por las limitaciones de movilidad que me suponía, máxime estando ya casado y con hija en perspectiva y habiendo alquilado un apartamento en la C/ Victor Pradera, por lo que al final me decidí a ocupar la Sección de Plantillas Orgánicas en la D.G. de Función Pública, que tenía la sede en la C/ Ferraz, 64, al lado de casa, con un sevillano, Julio Moreno Ventas, de Jefe del Servicio de Programación de Efectivos de CC.II. y Plantillas Orgánicas, que a los 3 meses se marchó a Sevilla, con lo que pasé a ocupar el Servicio y recuperé así el nivel 26. Tenía de Jefe de Negociado a Matías Martí, un veterano Administrativo que era de lo más eficiente y a dos Auxiliares Maricarmen y Ángeles Santamaría y como Jefe de Sección a Manolo Grande, un compañero educado pero poco eficiente.

De esa etapa recuerdo como preparé, especialmente con Jose Carlos Blanco del Mº de Educación, las dotaciones presupuestarias de los Cuerpos Generales y la reunión con el todopoderoso Jose María Dalmau, Subdirector de Hacienda, viejo republicano que se preciaba de decirle no al Presidente del Gobierno, y que no pudo rebatirme ni él ni sus colaboradores : Leandro González, Luis Herrero,…, dada la precisión de los datos puestos sobre la mesa y la advertencia de que él sería el responsable de que algunos Institutos de Enseñanza Media no pudieran funcionar, si no me aceptaba las dotaciones propuestas.

También tengo que destacar que, en materia de Plantillas Orgánicas, choqué con el todopoderoso Técnico Comercial José Manuel Reyero, que se empeñó en que en la plantilla de Comercio todos los puestos tenían que ser asignados a Técnicos Comerciales, a lo que le dije que de acuerdo, salvo el que ejercía los temas de personal que tenía que ser asignado a un TAC. Montó en cólera y dijo que ni hablar. No estaba dispuesto a perder la discrecionalidad con la que gobernaba al Cuerpo. Y ahí se atascaron las Plantillas Orgánicas y en el futuro no hubo movimiento alguno.

Durante este periodo, al parecer a instancias de Luis Fernando Crespo, que era Secretario General para la Administración Pública, me encargaron un Informe sobre la Protección Civil en España, en el que ya avancé que sólo sería eficaz si se le dotaba de efectivos operativos dedicados exclusivamente a esas tareas, cosa que se hizo finalmente con la UME Unidad Militar de Emergencias. Al final no me encargaron hacerme cargo de la Protección Civil y seguí allí vegetando.

También por ese tiempo Miguel Marañón Barrio me propuso ir de Delegado Provincial de Educación a Murcia y no lo consideré por estimar, erróneamente, que una vez aprobada la Constitución las primeras transferencias que se iban a realizar eran las de Educación por lo que el puesto tendría muy corta duración y no tenía sentido el cambio de domicilio que comportaba. Me equivoqué, tardaron en realizarse más de 10 años, no se hicieron hasta el 2.000.

El Subdirector de CC.II. era Fernando García Manzano que pasó a la Subdirección General de Función Pública y le sucedió Ignacio Alcaide, con el que tuve una entrañable amistad hasta que falleció de un infarto.

Le sucedió Julián Álvarez Álvarez, que me propuso por dos veces cambiarme al Servicio de Gestión de CC.II., rechazándolo la 1ª vez porque no me suponía ninguna ganancia y era más trabajo y responsabilidad. Pero aceptándolo la 2ª, cuando se marchó Antonio Ramírez Rebollo. Así pasé a dirigir los 4 Cuerpos Generales de la Admón. Civil del Estado: de Jefe de Sección del Cuerpo Técnico tenía a un excelente funcionario procedente de Marruecos y natural de Torrevieja, Antonio Villanueva; a cargo del Cuerpo Administrativo estaba el incombustible Juan Cañas, veterano Administrativo; a cargo del Cuerpo General Auxiliar estaba D. José Lorite, viejo funcionario de Plazas y Provincias Africanas; y a cargo del Cuerpo Subalterno estaba el TAC Manuel Súnico Suances, emparentado con varios Almirantes.

De Ferraz nos cambiamos a la C/ Ayala y allí entablé amistad con José Garrido Falla, que era el Jefe de Gabinete de la Comisión Superior de Personal, con Jose Luis Castañeda Andrés que era el Jefe del Registro de Personal y con Jose Antonio Gallo que era el Jefe del Personal procedente del Movimiento.

Allí vivimos el 24 de febrero y la manifestación como golpistas de Javier Casado Rodríguez de Amezúa, de Angel Diez Roncal y de un tercero.

Nombraron a Gerardo Entrena Cuesta Director General de Función Pública y asistí con Julián a una reunión con él para hablar de Plantillas Orgánicas y me creí en la obligación de dar mi opinión que fue totalmente ignorada por Gerardo, por lo que creí que había tomado mala impresión sobre mí.

Por eso me sorprendió que, cuando Julián dejó la Subdirección para pasar a la Secretaria General del INAP, me nombrara a mí como Subdirector de CC.II.

En este puesto estaba feliz. Ocupaba el puesto clave de la Administración en unos momentos claves para la transición política y el afianzamiento de la democracia en nuestro país.

Desde el 23 F estaba colaborando con el PSOE en la elaboración del Programa Electoral en materia de Función Pública y contribuí, como muchos otros no afiliados, a la victoria en las elecciones del 28O que llevaron al PSOE al Gobierno.

Gerardo me pidió que dado que conocía a Enrique Barón que le hablara bien de él, ya que Ignacio Fuejo que iba con él de Subsecretario de Transportes le iba a proponer como Director General de Servicios y sería mejor que tuviera alguna referencia. Yo cogí el teléfono y llamé al nuevo Ministro de Transportes, Turismo y Comunicaciones y le dije “ Enhorabuena Enrique, creo que va a ir contigo mi actual Jefe Gerardo Entrena, te lo recomiendo especialmente”. A resultas, Gerardo que estaba propuesto como Director General fue nombrado Subsecretario.

Yo estaba encantado en mi reciente puesto de Subdirector de CC.II. donde pensaba podía hacer una tarea extraordinaria de colocar a la gente adecuada en la nueva Administración del cambio. Pero recibí una llamada de Paco Velazquez, que estaba actuando de Director de Gabinete del nuevo Secretario de Estado para la Admón Pública Francisco Ramos Fernández-Torrecilla, que me dijo que el nuevo Subsecretario del Ministerio de Industria y Energía Luis Carlos Croissier les había pedido un experto en materia de Recursos Humanos de confianza para Director General de Servicios y habían pensado en mí. Yo le dije que yo estaba muy bien donde estaba y que creía que allí podía dar mejor servicio. Entonces me pasó con Paco Ramos que me dijo : “Juan necesitamos que vayas allí”. A lo que le dije que de acuerdo.

Y así se gestó mi pase a Alto Cargo y el fín de mi etapa en Función Pública, donde estaba encantado.

Miércoles 21 de Marzo de 2018 14:31

En Memoria de José Luis Centeno Castro

Este 26 de Febrero nos ha abandonado José Luis Centeno Castro, compañero entrañable que pertenecía a la XIV Promoción de T.A.C. y que, desde su ingreso en 1974 se dedicó en cuerpo y alma a luchar por la profesionalización de nuestra Administración y a implantar la democracia en España.

Profesionalmente se entregó, inicialmente, a gestionar los aspectos del Consumo en España y, posteriormente, a dirigir la difícil y compleja materia de los Títulos Académicos, sus Convalidaciones y Homologaciones, área en la que se desempeñó durante un largo periodo con el mayor interés y acierto y se jubiló siendo el Vicegerente de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares.

Su calidad humana y su bonhomia le granjearon el cariño y la amistad de todos los que le conocían y aunque era un hombre tímido y reservado fue siempre valorado y respetado por los colectivos en los que participó.

José Luis se ha unido así en el recuerdo al de aquellos otros de nuestra Promoción, la XIV, que le precedieron en su viaje hacia nuestra memoria : África Jaén Azpitarte, una de las primeras Subdirectoras de la Administración Española, que falleció el 19 de enero de 1985 en un accidente de aviación junto al Ministro Gregorio López Bravo; el veterano funcionario y abogado Joaquín Morales Hernández, que falleció pocos años después; el singular economista Julián Arévalo Arias, que al final le sacó aplicación a su secreta afición a todo lo militar y ocupó el puesto de Secretario de Estado de Defensa, y que falleció el 21 de noviembre de 2008; Jesús Cabanillas Montejo que destinado en Agricultura falleció el 17 de agosto de 2010; la entrañable economista, discípula predilecta de Fuentes Quintana, Trinidad Cano Simón que falleció el 2 de diciembre de 2010; el Ingeniero de Caminos y fundador de los Técnicos de Informática Pedro Maestre Yenes que falleció el 20 de octubre de 2014 y Santiago Rodríguez Santerbás el novelista burgalés que nos dejó el pasado año.

Que quede aquí constancia de nuestro afecto y reconocimiento para todos ellos.

Juan Alarcón Montoya

Lunes 05 de Marzo de 2018 11:50

Activismo sindical

Al incorporarme a la Administración inicié mi participación en los distintos movimientos, que empezaban a aflorar entre los funcionarios, para exigir los cambios imprescindibles que condujesen a una Función Pública más participativa y al servicio de los ciudadanos, para lo que era necesario crear los cauces de participación que posibilitaran una reclamación eficaz de los derechos de los funcionarios.

A principios de los años 60, el intento de superar el aislamiento internacional en el que había caído España y la pervivencia de los antecedentes históricos hizo que la Administración empezase a diferenciarse del régimen político al que servía y fuese consiguiendo cuotas de autonomía, en la medida que los Cuerpos de Funcionarios que la servían, reflejando la propia evolución de la sociedad, fueron recuperando peso e independencia, y nutriéndose, es decir, seleccionándose sus componentes, en función de los antiguos y democráticos criterios de mérito y capacidad.

Esta realidad, la reconfiguración de una Administración profesional, adaptada a la sociedad cambiante e independiente políticamente, va a ser uno de los factores determinantes de la viabilidad del proceso político de transición a la democracia, facilitando su aplicación de un modo gradual, ordenado y sin traumas.

Cuando se aprueba la Constitución de 1978, y se consolidan los valores y derechos democráticos, la Administración estaba en condiciones de llevarlos a la práctica y de hecho se puso con todo entusiasmo a la tarea, sin que hubiese que realizar grandes cambios normativos para que su labor se viese facilitada. Ello se debió, en gran medida, a que las dos grandes Leyes que regulaban la organización y el funcionamiento de la Administración, la de Régimen Jurídico de 1957 y la de Procedimiento Administrativo de 1958 permitían un funcionamiento acorde con la Constitución y no fueron modificadas. Y cuando se modificaron, 20 años después, se hizo solo muy ligeramente.

La creación de la Secretaria General Técnica de la Presidencia en diciembre de 1956, inició un proceso de reformas, con introducción de técnicas y procedimientos de gestión procedentes del exterior que tenían como objetivo la modernización y racionalización del aparato y del personal al servicio de la Administración Pública que dio como fruto la elaboración de un conjunto de leyes básicas para la regulación y objetivación de la administración entre los años 1956 y 1968. Leyes de un rigor técnico y de un carácter innovador que han posibilitado el funcionamiento de la Administración muchos años después de aprobarse la Constitución de 1978. Estas normas fueron : La Ley de 27 de diciembre de 1956, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa; El Decreto de 26 de Julio de 1957, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado; la Ley de 17 de Julio de 1958, sobre Procedimiento Administrativo; la Ley de Tasas de 1958; la Ley de Régimen Jurídico de Entidades Estatales Autónomas de 26 de diciembre de 1958; la Ley y el Decreto de 7 de febrero de 1964, por los que se aprueba la Ley articulada de Funcionarios Civiles del Estado. Con estas normas, más la Ley de Expropiación Forzosa de 1954 y especialmente con la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, se configura una Administración Civil del Estado separada de la Administración del Régimen, propiamente dicha (reducida a personal del Movimiento y de los Sindicatos Verticales).

A finales de 1975, cuando se produce la muerte de Franco, España contaba con una Administración relativamente moderna y profesionalizada, que realizaba las funciones que llevaban a cabo las Administraciones Públicas de otros países de nuestro entorno. Se hallaba integrada por millares de funcionarios que habían pasado exámenes que comportaban pruebas objetivas, y que ponían el acento en los conocimientos y las competencias o técnicas conocidas por los candidatos, independientemente de sus contactos políticos o de sus relaciones económicas. Los tribunales de selección, nombrados por los responsables políticos pero integrados por funcionarios, no eran más que grupos de funcionarios que seleccionan a otros funcionarios y lo hacen sobre la base del mérito y las competencias ( incluso, hay casos en que la corrección se hace por ordenador). Lo que garantizaba la independencia ideológica de los seleccionados.

En ese sentido, no es extraño, sobre todo a mitad ya de los años setenta, cuando yo me incorporé, encontrar algunos altos funcionarios con convicciones democráticas e incluso promotores de situaciones de conflicto con el régimen. Por ejemplo, el “escrito de los quinientos” altos funcionarios, funcionarios de cuerpos superiores, pidiendo una democratización total de la Función Pública o la fundación de la Asociación Española de Administración Pública constituyeron importantes muestras de acciones democráticas en esta área.

Se asumió así, por las fuerzas políticas democráticas emergentes, que la caída de la dictadura en España no tenía por qué suponer una modificación significativa de la estructura de la Administración Pública, sino que se podía apostar por el mantenimiento de las Instituciones que, con tan sólo el cambio de los titulares de los órganos superiores, contribuirían a facilitar el tránsito pacífico, ordenado y sin traumas a la democracia.

La normativa básica en materia de Función Pública era la Ley de Funcionarios de 1964, algunos de cuyos artículos aún están en vigor, y su trascendencia fue capital para el inicio de la profesionalización de la Administración Pública : creación de los Cuerpos Generales, extensión de la normativa básica en materia de derechos y deberes a todos los colectivos de funcionarios, establecimiento de órganos centrales de personal que establecieron criterios objetivos y uniformes en la gestión de personal, y sobre todo, la introducción de nuevos elementos culturales que modificaron la mentalidad existente en los ámbitos políticos y administrativos sobre las funciones y la responsabilidad de los funcionarios situados en un entorno determinado, pero necesariamente cambiante.

En las transformaciones de los regímenes políticos y económicos, los periodos de transición son tan importantes como los de consolidación democrática. En todo ese proceso, el papel de la administración y de los servicios públicos es esencial. La modernización de las instituciones, su funcionamiento eficaz y la prestación de servicios de mayor calidad constituyen hoy en día la base de la legitimidad de las instituciones, más allá de las meras declaraciones legales o constitucionales. Todo país requiere de una Administración moderna y eficaz, y conseguirla depende en gran medida de la profesionalidad de sus funcionarios, de su cualificación técnica, y de la existencia de un nivel de dirección con un compromiso personal respecto del cambio.

La Constitución de 1978 estableció las bases de lo que debe ser una Administración y Función Pública democrática. Su punto de arranque es la definición de España como un Estado social y democrático de Derecho y, por ende, las Administraciones Públicas son parte de ese modelo de Estado y su Función Pública debe ser asimismo coherente con el mismo. Por ello el Art. 9.1 de la Constitución establece la sujeción de los poderes públicos a la misma y al resto del ordenamiento jurídico, y el Art. 9.3 garantiza los principios de legalidad, de jerarquía normativa, de publicidad de las normas, de irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables, de seguridad jurídica, de responsabilidad y la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos.

Como decíamos la primera expresión de este malestar de los funcionarios, que exigían cambios hacia una Administración democrática, fué el denominado “Escrito de los quinientos” que yo firmé en septiembre de 1974, recién ingresado como Jefe del Negociado de Informes y Dictámenes en la Vicesecretaria General Técnica del Ministerio de Agricultura, con Jose Maria Peña Vazquez, un TAC extremeño, de Subdirector y Paco Peña Diez, otro TAC asturiano, de Jefe de Sección. El escrito sentó muy mal al Gobierno de Arias Navarro que sometió a expediente disciplinario a Felicísimo Muriel que se encargó de recoger firmas por Guadalajara, Zaragoza, Barcelona, Tarragona, Castellón y Valencia, donde se le incoó el expediente, que le comportó una suspensión de empleo y sueldo por 6 meses, que originó una recogida de fondos entre los compañeros para ayudarle. Los Subsecretarios presionaron a los firmantes, todos técnicos superiores y bastantes subdirectores generales, para que se retractaran, cosa que consiguieron en algunos casos, no así en el mio, ya que cuando el Secretario General Técnico de Agricultura Rafael Dal-Re me convocó y me dijo que yo no sabía lo que había firmado le contesté : “que sabía leer y había leído el documento antes de firmarlo”. Afortunadamente el tema no pasó a mayores.

El primer cauce de participación fué la Asociación Española de Administración Pública, constituida por los Técnicos de Administración Civil del Estado en 1965, acogiéndose a la Ley de Asociaciones de 1964, con sede en la Calle Rios Rosas, 11, 6º, de Madrid y cuyos fines eran la promoción de estudios referentes a la estructura, funciones, carácter, historia, y reforma de la Administración, así como el apoyo de las iniciativas que persiguen su fomento, y para ello publica la revista Pragma y celebra cada dos años desde 1970 unas “Jornadas de la Función Pública”. Tuvo como primeros Presidentes a Aurelio Desdentado Bonete, que llegó a Vocal del Tribunal Supremo, a Juan Damián Traverso y a Luis Rufilanchas Serrano y de Secretario a Paco Hernández Sayans y a la que yo me afilié a poco de ingresar en el Cuerpo. Inicialmente circunscrita al Cuerpo Técnico se aprobó en Asamblea celebrada en mayo de 1975 abrirla a otros colectivos y transformarla en un sindicato de funcionarios estructurado en secciones ministeriales. En junio de 1976 ya era operativa la apertura de la Asociación, que pasó así de agrupar a unos 1.500 TAC a acoger a 6.000 trabajadores de la Administración de los distintos Cuerpos y dando cabida también a contratados, interinos, etc.

Además de la Asociación existían otros movimientos en la Administración tales como la Comisión Interministerial de los Cuerpos Administrativo, Auxiliar y Subalterno creada en 1974, y la Unión de Funcionarios Demócratas ( UFD ) que se creó en 1975, por un grupo de funcionarios de comercio, inspirándose en la U.M.D. ( Unión de Militares Demócratas) y en la que yo era uno de los representantes del Ministerio de la Presidencia junto con Jose Luis Peinado del Instituto Geográfico y también participaba Carmina Gomis, que después creo terminó en la O.R.T.. La U.F.D. se configuraba como una organización política de carácter minoritario y semiclandestino, donde confluirían las organizaciones políticas pero no las sindicales y tenía como finalidad, además de servir de organismo de coordinación de partidos y grupos, el lanzar iniciativas políticas entre los funcionarios, así como realizar análisis globales de estrategia general y denunciar los hábitos de corrupción e irresponsabilidad en el seno de la Administración.

Una de las actuaciones de la U.F.D. fué la convocatoria de una comida de solidaridad con los militares procesados de la U.M.D. en el mes de julio de 1975, de la que fuí protagonista destacado. Estando en mi destino de Jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Promoción del Sáhara recibí una llamada telefónica de Pepe Barrionuevo en la que me comunicaba que se había decidido convocar una comida de los funcionarios demócratas en solidaridad con los militares de la U.M.D. para el día siguiente y que el primer firmante de la solicitud de autorización por orden alfabético era yo. No le dí más importancia, pero al día siguiente nada más llegar a mi despacho me llamó Molina, el secretario del Director, diciéndome que este quería verme. Cuando entré a su despacho y le saludé me preguntó de sopetón : “Usted conoce a este Juan Alarcón que aparece aquí en ABC como primer firmante de una comida en solidaridad con los militares de la U.M.D.” Yo me demudé y pensé: “me he caído con todo el equipo, pero a lo hecho pecho” y con una voz que no sé como pude articular respondí: “Si, soy yo” Entonces el sorprendido por mi gesto fué él, que me miró por primera vez y me dijo : “Sientese por favor. Estos chicos se han equivocado, entre ellos está el hijo del héroe del Alcazar. Y ¿cree usted que acudirán muchos funcionarios a la comida?” A lo que respondí que creía que no porque ya habían muchos funcionarios de vacaciones y no se había difundido la convocatoria con antelación suficiente. Me despidió amablemente y a las dos horas me llamó Pepe Barrionuevo para informarme que la Dirección General de Seguridad no había autorizado la comida.

Como consecuencia de mi militancia en Reconstrucción Socialista de Madrid conecte con otros funcionarios que también militaban en la misma y entre ellos con dos Inspectores de Trabajo: Pepe Barrionuevo y Segismundo Crespo, que a su vez militaban como Enrique Barón y otros muchos en la U.S.O., Unión Sindical Obrera, sindicato socialista autogestionario de raíz católica y que era la alternativa clandestina a CC.OO., Comisiones Obreras, el sindicato de tendencia comunista.

Reunidos, en el chalet de Andrés García de la Riva y Carmen Mestre en Aravaca, Pepe Barrionuevo, Segismundo Crespo, Carmen Serrano y yo acordamos crear la Unión Sindical de Trabajadores de la Administración (USTA), configurada como una Federación de la USO, que acoge a todos los trabajadores que prestan sus servicios a la Administración Pública por cualquier concepto y en cualquiera de sus tres esferas: la Central, la Local y la Institucional. El primer Secretario fué Segismundo Crespo y después le sustituí yo. La implantación de USTA fué lenta, sus primeros militantes fueron: Carlos Pérez Rocamora del Ayuntamiento de Madrid, Carmen Ferrero del Ayuntamiento de Getafe, Gonzalo y su socio, Juan Tovar, Ana Seguí Navarro, M.ª Carmen Cortés Valls, Conchita Omite, Agustin Rebollo, Jose M.ª Salas, Antonio Alcaide. Y finalmente y ya en 1977, de cara al proceso de fusión con la UGT, que dividió a la organización, entraron Araceli Pereda y su marido Julián García Vargas para integrar a la USTA en el seno de UGT.

El Gobierno intentó dar una solución al problema de la sindicación de los funcionarios con el Real Decreto 1839/1976, de 16 de julio, sobre el derecho de asociación de los funcionarios públicos con el que se pretende además cumplir con el compromiso adquirido ante la Conferencia Técnica sobre Servicio Público de la O.I.T. de abril de 1975, pero tenía bastantes limitaciones al principio de libertad sindical, no reconocía los derechos de negociación colectiva y huelga, excluía a algunos colectivos : militares, contratados y personal local, e imponía la asociación por cuerpos o ministerios, por lo que fue rechazado radicalmente.

Tras las primeras elecciones de 1977 y la desaparición de la Federación de Partidos Socialistas, que era el soporte político de la USO, se plantea la fusión de la UGT y de la USO lo que provoca un durísimo debate interno que se saldó con la división del Secretariado Confederal en dos sectores : el partidario de la Unión con U.G.T. integrado por: Bonifacio Rojo, Fernando Solano, Severino Arias, Ramón Muñagorri, Miguel García Rescalvo, Jose María Zufiaur, Francisco León, Juan Plaza, Pedro Cea, Antonio Martinez Ovejero y Aquilino Zapata; y el partidario de la afirmación de USO como organización diferenciada, integrado por: José Corell, Mariano Espuñez, Manuel Zaguirre, Sebastián González, Jose María de la Hoz, Paco Giménez, Jose Maria Freire, Ramón Puiggrós, Isidoro Galvez, Dativo Escobar, Chema Amigot y Pedro Quintero. Este sector se quedó con las siglas y el otro se integró en la U.G.T.

Por mi parte, tras las primeras elecciones y mi incorporación al PSP deje de militar en la USTA y al dejar la militancia política deje también la militancia sindical y cuando decidí, en 1984, ingresar en el PSOE, consulté con Justo Zambrana a la sazón Secretario General de la FETAP-UGT mis dificultades para militar sindicalmente, dadas mis responsabilidades directivas en materia de personal, a lo que me contestó que entendía que me abstuviese de militar y así seguí hasta hoy.

Viernes 23 de Febrero de 2018 19:02

MIS RECUERDOS DEL “VIEJO PROFESOR”

Mis primeros contactos con Enrique Tierno Galván el “Viejo Profesor” datan de 1977, cuando como representante del Partido Socialista de la Región de Murcia en la Ejecutiva de la Federación de Partidos Socialistas participe, junto con los restos de la Federación ( FPS) que no se habían integrado en el PSOE, en la negociación desarrollada en el despacho de Raúl Morodo de la C/ Eduardo Dato de Madrid, de la Coalición Electoral Unidad Socialista (FPS-PSP) Partido Socialista Popular que presenté ante el Secretario 1º de las Cortes D. Félix Romojaro, en la sede de las mismas, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid.

Ese fue mi primer contacto directo con el “Viejo Profesor” al que sin embargo leía y tenía como referente ético-intelectual ya desde mi puesto de Ayudante de Derecho Político y Encargado de la Biblioteca del Seminario de Derecho Político de la Universidad de Murcia, bajo el magisterio de D. Rodrigo Fernández-Carbajal González, de ideología falangista pero respetuoso al máximo con sus discípulos, a los que daba una formación basada en los clásicos y abierta a todas las posiciones ideológicas desde una perspectiva democrática. Allí leí, y me fui identificando ideológicamente, los Boletines de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca editados por los discipulos y colaboradores de D. Enrique Tierno, que aportaban una visión distinta del análisis político imperante en la época.

El siguiente contacto fue ya en Murcia con motivo de la campaña electoral de 1976, año en que tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas, a las que se presentó la Coalición Electoral Unidad Socialista (FPS-PSP).

Formalizada la Coalición tuvieron lugar en Murcia los contactos para configurar la Candidatura que se presentaría a las Elecciones por Murcia y se decidió que el primer puesto sería para el líder del PSP murciano el farmacéutico de Calasparra Francisco Pérez Mayo, el segundo puesto lo ocuparía un trabajador del sector del mueble y militante de la USO y del PSRM Francisco Estrada, el tercero una mujer de las plataformas vecinales Julia Bascuñana y militante de USO y del PSRM. el cuarto puesto lo ocupó el periodista del PSP de Lorca Luis Casalduero Campoy, el quinto puesto lo ocupé yo fundador del PSRM y su representante ante la FPS y la nueva coalición electoral, el sexto puesto lo ocupó el maestro de Cieza del PSP Antonio Jesús Sánchez Ramos, el séptimo puesto lo ocupó Francisco Guillén Castaño trabajador de USO de Yecla y el octavo Jesús García Jiménez del PSRM y pintor decorador.

No había Director de Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñar el puesto, realizando una campaña muy digna con un presupuesto ajustado de un total de 4 millones de pesetas frente a los 40 millones que invirtió el PSOE en esta misma campaña. El resultado fueron :

Unión de Centro Democrático (U.C.D.) obtuvo 179.630 votos y 4 escaños.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 154.539 votos y 4 escaños.

Alianza Popular: 30.161 votos.

Partido Comunista de España (P.C.E.): 29.935 votos.

Unidad Socialista (PSP-PSM): 22.345 votos.

Mi contacto más directo con el “Viejo Profesor” fue con ocasión del Mitin que dió en Murcia con un auditorio entregado, en las instalaciones del Murcia Parque, que ofrecían un lleno espectacular y en el que a la entrada me encontré con Ciriaco de Vicente, el destacado en Murcia para dinamizar al PSOE tras la labor inicial de Fernando Valderrama, que me saludó diciendome : “ Juan, porqué no te vienes con nosotros” cuando sabía que era el director de campaña de Unidad Socialista en Murcia y no podía aceptar, cosa que si hicieron otros integrantes de nuestra candidatura.

Posteriormente regresé a Madrid y me integre en el PSP hasta su integración en el PSOE, momento en que, tras el encontronazo con Andrés García de la Riva cuando me acerqué a la Agrupación del PSOE de Moncloa para recoger el carnet que como ex militante del PSP me tenían preparado, decidí retirarme de la política activa. Era el año 1978.

Lunes 29 de Enero de 2018 18:42

MI ETAPA POLITICA (Segunda Parte)

Poco después, en una reunión de la Ejecutiva de la FPS, planteé por qué no nos uníamos al PSOE, a lo que tanto Raventós como Barón me contestaron algo parecido a que Felipe era un niñato y que no valía la pena. Sin embargo, unos meses después, poco antes de las elecciones de junio de 1977, ambos negociaron e integraron a sus organizaciones en el PSOE, sin contar para nada con el resto de la FPS.

En ese momento nos quedamos descolgados las restantes organizaciones federadas de la FPS, que en ese periodo habíamos progresado hasta convertirnos en partidos políticos legalizados: el PS de Galicia, el PS de Andalucía, el PS del País Valenciá, el PS de la Región Murciana, el PSD de Aragón, el PS de Asturias, el PS de Mallorca, el PS de Canarias, el PS de Extremadura, y nos vimos abocados a pactar de prisa y corriendo una Coalición Electoral con el Partido Socialista Popular de Tierno Galván. A esos efectos nos reunimos en el despacho de abogados de Raúl Morodo y allí acordamos unirnos en la Coalición Electoral “Unidad Socialista”, que firmé en representación del Partido Socialista de la Región Murciana (PSRM) y presenté en las Cortes ante Tomás F. Romojaro, Secretario de las mismas.

En la primavera de 1977, en una de las últimas reuniones de la Ejecutiva de la FPS en la que todavía estaba el PS de Cataluña recuerdo que, dado que al estar yo en Madrid no controlaba a mi partido, el PSRM, y la USO, en la que me apoyaba para crecer en mi ausencia de Murcia, a la que ya iba menos por estar casado, había metido a una serie de impresentables como el Ñoño, Cebrián, el Rojo,… y éstos estaban controlando el Partido, que no avanzaba adecuadamente, le dije a Joan Raventós, a quien yo tenía como un referente moral, que estaba pensando pedir tres meses por asuntos propios sin sueldo e irme a Murcia a levantar el Partido, a lo que me aconsejó que no lo hiciera, que a veces esos sacrificios personales no eran recompensados en política. Y lo tuve en cuenta y no lo hice. Después he pensado que no sé si por esas fechas ya tenía previsto integrarse en el PSOE.

Efectivamente, el PSRM iba a la deriva, se había nombrado un Secretario General que era un trabajador del metal, honesto pero sin demasiada base ni capacidad de liderazgo: Ambrosio Garre, y no había ningún componente intelectual entre su militancia.

Como se aproximaban las elecciones, y me iba a ir a Murcia a presentarme en la Coalición Unidad Socialista (PSP-PSRM), solicité un permiso de un mes por asuntos propios a esos efectos y me llamaron de Personal de Presidencia para decirme que había otros funcionarios que se presentaban por otros partidos y ninguno había solicitado ese permiso. Y yo les repliqué que sin él no me iba porque me podían abrir expediente por abandono de servicio, con lo cual provoqué que el Subsecretario firmara una Resolución concediendo permiso, por el tiempo de la campaña, a todos los que se presentaran.

Resuelto este tema, y dejando en Madrid a mi esposa en avanzado estado de gestación, dado que trabajaba, me fuí a Murcia y, cuando llegué a la sede del PSP para iniciar la campaña, no habían pensado en nombrar un Director de la Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñarlo y a partir de ahí me ocupé de la Campaña.

En primer lugar, había que elaborar la lista de candidatos y, por nuestra parte, propusimos a Francisco Estrada Moreno, ebanista de El Palmar, Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, a mí, funcionario también de El Palmar, y a Jesús García Jiménez, pintor decorador.

Con lo que la lista definitiva al Congreso de los Diputados quedó integrada por:

1.- Francisco Pérez Mayo por el PSP, Farmacéutico de Calasparra y Secretario General del PSP en Murcia.

2.- Francisco Estrada Moreno, Ebanista de El Palmar y militante de USO y del PSRM.

3.- Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, militante de USO y del PSRM y Presidenta de la Federación Provincial de Asociaciones De Vecinos de Murcia.

4.- Luis Casalduero Campoy, del PSP, Licenciado en Derecho y Técnico de Radiodifusión de Radio Popular de Lorca.

5.- Juan Alarcón Montoya, de El Palmar, Licenciado en Derecho y Técnico de Administración Civil del Estado, Fundador de la USTA y del PSRM y fundador y primer Presidente de Diógenes.

6.- Antonio Jesús Sánchez Ramos, del PSP, Maestro de Escuela de Cieza.

7.- Jesús García Jiménez, Pintor decorador, del PSRM.

8.- Francisco Guillén Castaño, del PSP, Panadero de Yecla y militante de la USO.

9.- José Ruiz Sola, Albañil de los Dolores y militante de los Movimientos Obreros.

Para el Senado los tres candidatos eran del PSP:

- Gabriel Pinazo Núñez, Profesor de E.G.B. de Murcia.

- Huberto Sanz Benítez, Médico de Murcia.

- Francisco Rodríguez López, Catedrático de la Universidad de Murcia.

Y aún más: para evitar que las leyes que emanasen de un Congreso democrático fuesen bloqueadas por un Senado antidemocrático, se hizo un acuerdo con el PCE para apoyar la votación de Gabriel Pinazo, de Unidad Socialista, y de Francisco Cuervo, independiente presentado por el PCE.

Resuelto el problema de las listas, acometimos la campaña electoral, en la que nos gastamos unos cuatro millones de pesetas, frente a los cuarenta que invirtió el PSOE.

Tras una intensa campaña electoral, cerramos con un mitin de Tierno en el Murcia Parque con un lleno absoluto y al que asistió como espectador el líder del PSOE por Murcia, Ciriaco de Vicente, Inspector de Trabajo enviado por Madrid para potenciar la candidatura del PSOE en Murcia, quien al verme me dijo: “Juan, ¿por qué no te vienes con nosotros?”, cosa que sí habían conseguido con algún integrante de nuestro Partido antes del inicio de la campaña electoral.

De hecho, tras 3 meses de negociaciones, José Muñoz Camacho (Presidente del PSRM), José Cebrián Buendía, José Antonio Bordes Vila (Noño) de la USO de Bazán de Cartagena, y Juan Rojo Gallego, secretario de prensa, firman el 30 de abril de 1977 con los representantes del PSOE de Murcia, Angel Alvarez Castellanos (Presidente), Pedro Díaz Saéz, Fernando Valderrama y Andrés Hernández Ros (secretario de organización), un acuerdo de fusión que no es aprobado por la Asamblea General del PSRM, celebrada el 27 de abril de 1977 en Espinardo, que decide, por el contrario, ir en coalición electoral con el PSP. Los firmantes, más José Saura Sánchez y José Ignacio García Murcia, abandonan el PSRM y se integran en el PSOE, de donde un año después son expulsados.

Los resultados de las Elecciones fueron los siguientes:

Unión de Centro Democrático (U.C.D.) obtuvo 179.630 votos y 4 escaños.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 154.539 votos y 4 escaños.

Alianza Popular: 30.161 votos.

Partido Comunista de España (P.C.E.): 29.935 votos.

Unidad Socialista (PSP-PSM): 22.345 votos.

Tras estos resultados y en una Asamblea del Partido Socialista de la Región Murciana (PSRM) realicé un análisis y comparé el proceso electoral con una campaña de marketing en la que el sistema electoral aboca al dominio de dos partidos, como si fuese la elección entre dos marcas de electrodomésticos: la Westinghouse americana, que apoyaría a la UCD y la Kelvinator alemana, que daría el apoyo socialdemócrata al PSOE, por lo que concluí que en esos momentos no había opciones para un Partido de corte regional como era el PSRM, por lo que yo me volvía a Madrid y dejaba el PSRM para ingresar en el PSP y esperar a su futura unión con el PSOE y les aconsejaba negociar su integración en el PSOE de Murcia, cosa que realizaron tras unas breves negociaciones, dando así nombre a este: PSRM-PSOE.

Al regresar a Madrid ingresé en la Agrupación de Argüelles del PSP, ya que yo vivía en la Calle Víctor Pradera, y pasé a formar parte de la Ejecutiva de esa Agrupación y viví en ella el traumático proceso de integración del PSP en el PSOE, porque el sentir manifestado en las asambleas de las Agrupaciones era contrario a una integración precipitada en el PSOE, como la que se realizó ante la proximidad de unas nuevas elecciones.

Los partidarios de la integración y principales beneficiarios de la misma, ya que se aseguraron puestos de salida en las futuras candidaturas fueron entre otros: José Bono, Donato Fuejo, Pedro Bofill,…, que convencieron al “Viejo Profesor” de que la deuda electoral de unos 80 millones de pesetas que arrastraban desde las elecciones de 1977 y que el PSOE estaba dispuesto a asumir les obligaba a negociar e integrarse en este Partido. Y así ocurrió en abril de 1978, relegando Alfonso Guerra a Enrique Tierno al papel de candidato a la Alcaldía de Madrid en las elecciones de 1979, que ganó, abriendo paso así a la llegada del socialismo a las instituciones públicas.

Verificada la integración, hubo alguna propuesta de mantener el PSP, a lo que yo respondí que el PSP era Tierno y sin él no existía, por lo que me decidí a aceptar la invitación que me realizó la Agrupación del PSOE de Moncloa para recoger el carnet de afiliado de esa Agrupación, pero cuando llegué a la sede me encontré en el portal con mi antiguo compañero de la FPS y delegado en Madrid del PSC, marido de Carmen Mestre, Andreu García de la Riva, que era militante desde hacía un año del PSOE, que me interpeló diciéndome: “Tú dónde vas, con la cantidad de millones que le has costado al PSOE?”. A lo que yo respondí: “A lo mismo que tú, solo que un año después”. Pero me causó tal indignación el reproche y la mala acogida de alguien que nos había traicionado en el pasado y que en vez de darme la bienvenida me veía como un enemigo, que dí media vuelta y me fuí a casa sin recoger el carnet del PSOE.

En esos momentos mi hija Sandra tenía unos meses y requería mi atención y yo no necesitaba la política porque tenía mi profesión de funcionario y, al parecer, la política no me necesitaba a mí. Ahí abandoné la política activa y no regresé a ella hasta que, tras el 23 F, ví que mi concurso era necesario de nuevo porque los políticos por sí solos no habían conseguido lograr una democracia estable y consolidada en nuestro país. Pero lo hice colaborando con el PSOE como independiente, como tantos otros miles, que conseguimos así la victoria electoral del 28 de octubre de 1982 que consolidó la democracia en España. Y en 1984 decidí darme de alta como militante, a pesar de que, como me dijo Carlos Solchaga, no me iba a servir de nada, más bien al contrario. Y, efectivamente, tenía razón, porque el PSOE ya tenía todos los puestos cubiertos y, como dije en el homenaje por mi jubilación: “había que tener mucha ambición personal o mucha necesidad para abrirse paso a codazos, y ese no era mi caso”.

En cualquier caso, mi residencia en Madrid y mi plena dedicación a la Administración dificultaban el poder jugar políticamente y ello sólo habría sido posible si hubiese fructificado alguna de las tres oportunidades en que pude ir destinado a Murcia para un cargo político-administrativo: la 1ª cuando, tras la dimisión de Andrés Hernández Ros, Pepe Molina le propuso mi nombre al que le sucedería como Presidente, Carlos Collado, para el cargo de Consejero de Presidencia y éste le contestó que en Murcia no me conocía nadie y nombró a Pepe Méndez. La 2ª cuando el Ministro del Interior, José Barrionuevo, me iba a nombrar Delegado del Gobierno en Murcia, pero cesó y le sustituyó Corcuera, que nombró a Eguiagaray. Y la 3ª cuando me entrevisté con Pedro Saura, siendo él Secretario General del PSOE murciano, en el Hotel Suecia de Madrid y, tras ver mi curriculum y mi disposición a ocupar el puesto, me dijo que no le iban a consultar, cuando ya había propuesto a un Catedrático de la Universidad de Murcia amigo suyo para el cargo.

También lo intenté en 1998, apoyando activamente, en las primeras primarias que se realizaron en el PSRM-PSOE murciano, a Antonio Martínez Ovejero frente al candidato del aparato, el ciezano Ramón Ortiz Molina, que ganó por 6.355 votos frente a 2330.

Desde que ingresé en el PSOE en 1984, y dada mi dedicación a la Administración como directivo profesional, he sido un militante de base que no ha querido ocupar ningún puesto orgánico, tanto en la Agrupación de Vallecas Villa cuando residía en Santa Eugenia como en la posterior de Retiro, eso sí apoyando todos los procesos democratizadores del Partido tanto internos -primarias- como externos de apertura a la sociedad y manteniendo siempre mi independencia de criterio y de voto respecto de cualquier facción, por eso era calificado como la minoría respetable y era elegido como Presidente de Mesa en las Asambleas para intentar evitar mis críticas constructivas.

Lunes 15 de Enero de 2018 19:54

MI ETAPA POLÍTICA ( Primera Parte)

Ya durante la carrera se habían despertado mis inquietudes políticas. Se despertaron con Don Rodrigo, que, a pesar de su ideología falangista, nos enseñó los principios básicos de democracia y ya empecé a asistir a las reuniones que teníamos los viernes por la tarde en la residencia del Marqués de Mondéjar, que era un monárquico de don Juan y tenía un vino fino que contribuía a que el debate sobre política fuese interesante. El coordinador y animador era José Luis Mirete Navarro y se acabaron las tertulias cuando se acabaron las botellas de vino de la reserva que tenía en su residencia el marqués. En esa época también conocí los planteamientos del carlismo representados por Carlos Hugo de Borbón y Parma y que en mi curso de Derecho eran defendidos por Daniel Cáceres Hernández-Ros, que después fué Registrador de la Propiedad. Uno de los líderes del carlismo en Murcia era el cura de San Antolín, en cuya Iglesia saludamos por ese tiempo a Carlos Hugo de Borbón Parma que estuvo de visita en Murcia. También en esos años de carrera era compañero mío un falangista, Joaquín Cortés, que terminó de jurídico militar en Sevilla, y con él asistí un 20 de noviembre a la conmemoración, en la cárcel de Alicante, de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, cuyas Obras Completas había leído en mi infancia, ya que estaban en poder no sé si de mi padre o de mi madre, que en su juventud fue falangista y tenía un sello con el yugo y las flechas, y siempre me pareció que sus ideas, aunque no eran democráticas, sin embargo, sí tenían bastante de sociales.

Otro momento importante de este proceso de concienciación política fué el de mi etapa como Presidente de la Juventud Estudiante Católica, la J.E.C., de Murcia, que se produjo como consecuencia de un retiro espiritual en el Convento de la Luz, en el que al padre Mosquera, que era el que lo daba, le dije que estaba dispuesto a entregarme a Dios, pero que no podía ser sacerdote porque me gustaban mucho las mujeres, a lo que él me respondió que no era necesario para ser un buen cristiano ser sacerdote, sino que se podía ser de otras formas y, a poco de esto, me propuso ocupar la presidencia de la JEC de Murcia, de la que él era consiliario. Fuí Presidente durante un tiempo y en esa etapa me desplacé a Madrid para asistir a un Congreso Nacional de las Juventudes Católicas y allí coincidimos con la separación de la cátedra de Tierno, Aranguren, García Calvo, etc. y al regresar, en una reunión del Comité Provincial de la Acción Católica de Murcia bajo la presidencia de Juan Candela Martínez, que después fue el suegro de Joaquín Almunia, manifesté que había que movilizar a la Universidad, controlada férreamente por aquel entonces por el Rector don Manuel Batlle y por el falangista Luciano de la Calzada, Decano de Filosofía y Letras, ante lo cual Juan Candela manifestó que yo era un elemento peligroso y, poco después, al proponerle al padre Mosquera que me dejara la llave de la residencia para organizar algún baile de confraternización entre la rama masculina y femenina de la JEC, dado que solamente coincidíamos en las misas y retiros, no sólo no me dió la llave sino que me quitó la presidencia.

Por esos años se celebró el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado y publiqué en el diario La Verdad de Murcia un artículo de opinión, el 30 de junio de 1970, titulado: “Ser ciudadano es participar”, en el que defendía la participación pero abogaba por la libertad de votar en contra o de abstenerse y, lógicamente, me abstuve en la votación celebrada en la mesa correspondiente montada en las Escuelas Nuevas de El Palmar, sesión a la que asistió mi padre para intentar protegerme, dado que, a pesar de que la votación era secreta, por los resultados se podía saber lo que había votado cada uno. Y, efectivamente, sólo hubo una abstención, la mía, y tres votos en contra, que eran de los comunistas del pueblo.

Durante esos años de la carrera y al amparo de los propagandistas católicos de la A.C.N. de P., que estaban presididos en Murcia por Antonio Pérez Crespo, que fué después el primer Presidente del Ente Preautonómico Murciano, nos reuníamos unos cuantos jóvenes universitarios para debatir sobre temas intelectuales, económicos y sociales de actualidad y en esas tertulias  participábamos: Juan Antonio Vicent, abogado de Alcantarilla, Mariano García Canales, actual Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Murcia, José Luis Mirete en la actualidadad Profesor Agregado de Filosofía del Derecho de la Universidad de Murcia, Mari-Carmen Sánchez-Rojas Fenoll que es Profesora Titular de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Julia Celdrán Ruano, May Bernal de la Cuesta, Jesús Galera, las oriolanas María Antonieta Esquer y Asunción Arias, sobrina de Adolfo Muñoz Alonso, Rector de la Complutense y Consejero del Movimiento, y los aportes de Molina del Segura del Consiliario Antonio Hernández: Joaquín Abellán García, Ramón, Luis Felipe Hernández Lorca y Andrés Hernández Ros, que no era universitario pero que asimilaba con avaricia la información que se ponía en común. A este último, que llegó a ser unos años después el primer presidente de la Comunidad Autónoma Murciana, como tenía antecedentes penales, pues intentó poner una bomba en el pantano de Santomera, Antonio Pérez Crespo lo quiso echar del grupo, pero no lo consiguió, porque todos cerramos filas con él y amenazamos con abandonar las reuniones.

Los días 11 y 12 de diciembre de 1969 tuvieron lugar en Vitoria las III Connivencias de Jóvenes Propagandistas, con el desarrollo de una serie de ponencias: “Juventud y religión”, “Juventud y educación”, “Problema generacional”, Juventud e ideologías”, Juventud e ideologías políticas”, “Juventud y Familia”, “Juventud y amor” y “La realidad universitaria y la Ley de Educación”. El Centro de Murcia presentó la Ponencia “Juventud y familia”, siendo ponentes Joaquín Abellán García, María del Carmen Sánchez-Rojas Fenoll, Julia Celdrán Ruano y May Bernal de Cuesta, y yo con M.ª Antonieta Esquer presenté una ponencia titulada: “Juventud e ideologías políticas”, que fue criticada por el catedrático de la Universidad de Madrid José Manuel González Páramo y que, sin embargo, querían, con algunas modificaciones publicar en el diario Ya, a lo cual me negué y planteé que tenía que ser tal y conforme yo la había escrito.

En l974, cuando estaba haciendo el Curso en la Escuela Nacional de Administración Pública de Alcalá de Henares, me planteé vincularme políticamente para contribuir a realizar el tránsito hacia la democracia en España y a esos efectos pensé en conectar con Ruiz Jiménez, que estaba a la izquierda de la Democracia cristiana, de los Propagandistas y del Opus, y para ello suscribí una acción de Cuadernos para el Diálogo, su revista, de la cual era ya era suscriptor, pero, dado que había conocido en el Curso Selectivo de Alcalá como profesor a Enrique  Barón Crespo, que estaba vinculado a la Unión Sindical Obrera (USO), sindicato de origen católico pero de carácter socialista autogestionario, me fui a verle a su despacho laboralista, ubicado en la calle Doctor Castelo de Madrid, que compartía con Agapito Ramos y con Ramón Muñagorri, y le planteé mis inquietudes, que recibió con el mayor interés, con lo que me vinculé a su organización clandestina Reconstrucción Socialista de Madrid, que estaba integrada en la Federación de Partidos Socialistas (FPS) a nivel del todo el Estado. Una vez allí me convenció para crear en Murcia, con Sebastián Ramayo y Matilde Lorca, el núcleo inicial de Reconstrucción Socialista Murciana, de la cual fui el representante en la ejecutiva de la Federación de Partidos Socialistas.

Durante un largo período de la clandestinidad, años 75, 76 y parte del 77, estuvimos teniendo reuniones de la ejecutiva de la Federación a la que pertenecía junto con otros representantes: de Reconstrucción Socialista de Cataluña, Joan Raventós, Narcís Serra y Ernest Lluch; del País Vasco, con el después Secretario General: Eugenio Royo Errazquin, que fué Consejero de Economía de la Comunidad de Madrid; con los valencianos Vicente y Joan Garcés y Vicent Ventura; con el médico asturiano Pedro Sabando, que fué Subsecretario de Sanidad y Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid; con el aragonés Emilio Gastón que ha sido Justicia Mayor de Aragón; con el mallorquín Antonio Taravini; con el gallego José Manuel Beirás, con los andalucistas Alejandro Rojas Marcos, Cristóbal Montes y Luis Uruñuela, etc.

En 1975, en el ámbito de Murcia, y junto con mis amigos procedentes del Club Crao Juan José González Ruíz, que era Visitador médico y Sebastián Ramayo Verbo, que trabajaba en Hierros Vivanco, había constituido una sociedad anónima, Diógenes Levante S.A., con un capital de 1 millón de pesetas, para contribuir al desarrollo cultural, político y económico de la región de Murcia buscando al hombre nuevo, y de ahí el nombre de Diógenes, que pretendía aglutinar en torno a esta sociedad a las fuerzas renovadoras y emergentes tanto intelectuales como obreras murcianas en base al soporte de una librería y galería de exposiciones que instalamos en la plaza del Cardenal Belluga de Murcia, creando así un cauce de participación alternativo a los escasos y oficiales que había en aquel momento.

Diógenes fue, efectivamente, el punto de encuentro de todas las personas con inquietudes de Murcia, con independencia de su adscripción política. Nacimos estrechamente observados por el régimen, para quien esa unión de universitarios y obreros era peligrosa, pero, paradójicamente, yo, que era el Presidente, ocupaba entonces un puesto de trabajo en la mítica Presidencia del Gobierno de Carrero Blanco, a las órdenes del Coronel Blanco Rodríguez, antiguo Jefe de los Servicios de Información y Director General de Seguridad con Camilo Alonso Vega, y Sebastián Ramayo, mi socio y Gerente de Diógenes, era hijo del Comisario de Policía Ramayo y sobrino de la Diputada en Cortes y Jefa de la Sección Femenina de Murcia Carmen Verbo, con lo que la policía no se atrevía a tomar medidas. Eso sí, estábamos en su ojo de mira.

El objetivo era lograr la máxima participación y para ello contamos con el apoyo de las mujeres de mis socios: Encarnita y Carmen Alarcón Felices, y especialmente de un administrativo de Estrella de Levante, Juan Sabater, que pertenecía a USO y contribuyó a extender la participación mediante la compra de acciones por los trabajadores.

En el verano de 1976, un fin de semana fui a Santander con Alejandra, mi compañera, y el sábado terminamos en Gijón, porque no había plazas hoteleras libres en Santander y habíamos tenido que dormir el viernes en mi Simca 1200 aparcado en la Plaza Mayor de Torrelavega, y en la mañana del domingo leí en la prensa local que a las doce en el polideportivo de Gijón daba el primer mitin en España el Secretario del PSOE: Isidoro (Felipe González) y convencí a Alejandra para que asistiéramos antes de regresar a Madrid. Cuando le oí, le dije a Alejandra: “Ahí hay un líder”.

Aún tuve que regresar al Sáhara, ya ocupado por Marruecos, en febrero de 1976, como Presidente del Grupo de Trabajo de la Comisión Interministerial para el desarrollo de los Acuerdos de Noviembre de 1975, con Marruecos y Mauritania, encargado de la valoración de los bienes inmuebles de carácter público existentes en el territorio del Sáhara y de los que procedía conservar por el Estado español. El Grupo, presidido por mí, en tanto representante de la Presidencia, estaba integrado por D. Avelino Fernández Areces, Ingeniero Jefe del Servicio de Obras Públicas del Gobierno General del Sáhara; D. Laureano García Ventura, Coronel de Intendencia de la Subsecretariía del Ministerio del Ejército; D. Eduardo Colomer Molinos, Coronel Ingeniero de Construcción, Jefe de la Comandancia de Obras de Canarias; D. Fernando Pérez de Sevilla y Guitard, Capitán de Intendencia de la Subsecretaría del Ministerio del Ejército, y D. Pablo Julio Roldán Verdejo, Arquitecto de la Dirección General de Patrimonio del Estado por el Ministerio de Hacienda. Realizamos un Informe-valoración, en base a los informes de los responsables de los distintos servicios, que daba un montante de 17.195 millones de pesetas.

Como ha escrito Miguel Angel Aguilar_: “Desde aquel 14 de noviembre de 1975, hace ahora 40 años, cuando se firmó en Madrid el acuerdo tripartito por los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania, arrastramos una mala conciencia invencible. Fue entonces, en la linde del deshonor, en la agonía de Franco, cuando el gobierno suspendió el ejercicio de los deberes que nos incumbían como potencia administradora del territorio, a tenor de la Carta de Naciones Unidas. Esa firma precipitó el abandono fulminante del Sáhara sin atender a su condición de provincia, adquirida por decreto de la Presidencia del Gobierno el 10 de enero de 1958. Idéntico abandono hizo antes del territorio de Ifni que, erigido en provincia por el mismo decreto, fue retrocedido a Marruecos mediante el acuerdo de Fez del 4 de enero de 1969, ratificado por las Cortes españolas el 22 de abril.

La declaración de estos territorios como provincias seguía la senda del salazarismo respecto de las posesiones portuguesas de ultramar. Su objetivo era evitar la rendición de cuentas ante el Comité de los 24 de la ONU, competente en materia de descolonización. Otra cosa es que el embajador de Franco ante la
ONU, Jaime de Piniés, ignorara la pretendida provincialidad y cumplimentara bajo cuerda las peticiones del mencionado comité.

Ahí están los documentos gráficos acreditativos de la presencia en el hemiciclo de las Cortes orgánicas tanto del consejero nacional del Movimiento, enviado por los camaradas nómadas, como de los otros dos procuradores de Representación Familiar, que, a tenor de la Ley Orgánica del Estado de 1966, eran elegidos por los cabezas de familia, empadronados en las tribus del desierto. Eran muy de ver, con sus atuendos blancos y azules del cuello a los pies, agrupados en escaños contiguos sin atender al estricto orden alfabético. La crónica desde El Aaiún de un buen amigo periodista, escrita en el número 27 del semanario Posible del 17 de julio de 1975, remite al origen de nuestra mala conciencia.
Se titulaba “Nadie quiere morir por el Sáhara”. Empezaba así: “Dijo Kissinger ‘el Sáhara para Marruecos’.
Y la luz se hizo”.

Para incorporarme a mi nuevo puesto de Jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Promoción del Sáhara tuve que ir a Personal de Presidencia del Gobierno, sito en el Palacete de Castellana, 3, donde me recibió el Subdirector de Personal, Pablo Veiga, y la Jefa del Servicio, que era otra compañera, Consuelo Crespo Aparicio, que me acogió con gran cariño, y me presentó a otro compañero, Julián Alvarez Alvarez, que pertenecía a la 3ª Promoción y que había estado en Hacienda de Toledo y después excedente y que acababa de reingresar allí, en Personal de Presidencia. Con él formalicé los documentos de mi cambio de puesto de trabajo y después me trasladé al palacete contiguo, donde me presenté al Secretario General, D. Enrique Ruiz y Gómez de Bonilla, que me asignó un despacho impresionante en la 1ª planta del chalet, dando al jardín de la C/ Alcalá Galiano, y que era uno de los mejores despachos de la Dirección. Su única pega era que estaba ocupado, ya que enfrente de mi magnífica mesa de despacho, de madera labrada, había una silla que ocupaba un veterano administrativo de origen catalán, el Sr. Pons, que no tenía nada que ver con mi trabajo y que no sé con qué motivo, si para espiarme o por dejadez, permanecía allí.

Como apoyo administrativo tenía una única persona, un auxiliar joven, muy espabilado y trabajador, llamado Mariano Galán, que después ha llegado a Jefe de Personal de las Cortes españolas y con el que yo desarrollé mis tareas, que, en principio, y mientras no tuviese que acudir a La Haya, consistían en trasladar al Sáhara la legislación española, por lo que tenía que seguir al día el BOE para adaptar la normativa a la realidad del territorio saharaui.

Al mismo tiempo, de cara al proceso de descolonización, se me encargó diseñar un plan de transición que permitiera pasar de la actual administración española a una administración por los saharauis. A esos efectos, empecé a diseñar un plan que consistía en que, durante un periodo de tiempo, a los actuales delegados de la Administración española en el territorio saharaui se les iban a unir como becarios joóvenes estudiantes saharauis, en funcion de sus estudios para cada área, y estarían allí durante el periodo de transición, durara el tiempo que durara, como delegados adjuntos, recibiendo el conocimiento y asistiendo al delegado español en la gestión del servicio en cuestión. Posteriormente, esos saharauis designados delegados adjuntos, pasarían a ser los futuros ministros del Gobierno Saharaui y contarían con un experto español por área para seguir asesorándoles en la gestión de los distintos servicios.

Con tal fín realice un análisis de los estudiantes saharauis en España para ver cuáles de ellos iban a ser elegidos como adjuntos a los distintos servicios e igualmente inicié, si bien con mucha prudencia, la búsqueda de asesores españoles que estuviesen dispuestos a desplazarse al Sáhara para convertirse en Asesores de los saharauis, en su momento, cuando estos ocupasen definitivamente los servicios, ya que los actuales delegados no servían a esos propósitos.

Para familiarizarme con el Sáhara hice un primer viaje que fué de reconocimiento del territorio y, en el mismo, recuerdo que conocí al Secretario General del Gobierno del Sáhara, Luis Rodríguez de Viguri, coronel de infantería, y también me llevaron a visitar en un helicóptero militar y siguiendo el cauce de la Saguía el Hamra, antiguo lecho de un río, la ciudad santa de Smara, sede del Santón saharaui Al Malainin, y donde visité el acuartelamiento de las Tropas Nómadas allí, que tenían piedras con grabados rupestres formando parte de las paredes de las cuadras donde tenían los animales representativos de la fauna autóctona. También me llevaron, esta vez en Land Rover, a visitar las minas de fosfatos de Bucrá y su cinta transportadora de material desde las minas hasta el "pantalan" que lo ponía en el mar abierto a bordo de los barcos. Impresionante obra de ingeniería española.

En el pabellón de empleados civiles, donde me alojé, conocí a una serie de universitarios españoles que había contratado Rodríguez de Viguri para que estudiasen y pusiesen en valor la historia, costumbres y tradiciones saharahuis y entre ellos estaba Javier Ruiz, historiador, que me presentó al nieto del Chej Malainin, que trabajaba en Correos en el Aaiún y que me invitó a tomar el té saharaui (que son tres: el primero amargo como el nacimiento, el segundo agridulce como la vida y el tercero dulce como la muerte) en su casa en el poblado saharaui en las afueras de El Aaiún, y me dió a comer carne seca de camello en una habitación que no tenía muebles sino tan sólo alfombras y esteras, y las mujeres permanecieron en otra estancia sin aparecer mientras yo estuve allí.

En junio de 1975 hice otro viaje a El Aaiún con intención de verme con el Secretario General para darle a conocer la selección de jóvenes estudiantes saharauis que había hecho, para que fuesen nombrados delegados adjuntos de los delegados españoles de los distintos servicios. A esos efectos hice escala en Las Palmas, donde me alojé en el hotel Santa Catalina. Y, dado que la Dirección tenía a una persona destinada en Las Palmas, que era Felipe Antonio Pradas Hernando (un Catedrático de Filosofía de Instituto murciano, que había trabajado en el Organismo de Fideicomisos de Naciones Unidas durante 17 años como Secretario con nivel P5 del mismo, donde se había jubilado), que, por su conocimiento de los procesos de descolonización, ya que había participado activamente en los de Nueva _Guinea-Papúa y en los de las Islas del Pacífico, había sido contratado para asesorar en el proceso de descolonización del Sáhara, para hacer el seguimiento respecto de la Misión de Visita que estaba realizando en esos meses Naciones Unidas, quedé con él en verme en un restaurante en la playa de las Canteras y, en el transcurso de la cena, llegué a la conclusión de que el Sáhara no se iba a descolonizar, sino que los Estados Unidos habían decidido, por razones geopolíticas, que se integrase en Marruecos y, por consiguiente, el proceso de descolonización no se iba llevar a cabo. Creo que mi interlocutor se dió cuenta de que yo había llegado a esa conclusión y cuando lo abandoné lo hice con miedo, mirando hacia todas las esquinas en mi regreso al hotel, dado que tenía el temor de ser eliminado y que fuese atribuido el atentado al Frente Polisario, con lo que se daría pie a interrumpir el proceso de descolonización, por el atentado sufrido por el tercer cargo de la Dirección General, por actuación de los representantes del pueblo saharaui. Hasta esa fecha, los atentados del Frente Polisario habían sido sin victimas.

Con esa sensación volé a El Aaiún y al llegar me encontré con que el Secretario General, Luis Rodríguez de Viguri, no me podía recibir, dado que al parecer padecía un cólico nefrítico y estaba en cama en su domicilio. En El Aaiún me alojé en un Pabellón para personal civil que existía en las afueras y me dieron una habitación que estaba situada en la última planta y en una esquina que caía justo debajo del montículo donde estaba enclavado el poblado saharaui, por lo _que al acostarme y comenzar a oír ruidos extraños en el techo, que lógicamente serían producto de los cambios bruscos de temperatura que se producen en esas latitudes, y pensando en las circunstancias raras que se dejaban sentir en el ambiente de El Aaiún últimamente, me llevaron a decidir que si alguien entraba en la habitación no me encontraría durmiendo plácidamente en la cama, y como había una habitación anexa con un water, allí sentado pasé la noche.

En ese alojamiento me pude apercibir de que había un personaje, de origen creo libanés, que era un agente doble, si no triple.

Mi estancia se alargaba sin que pudiese tener una entrevista con el Secretario General, que era el objetivo de la misma, por lo que al tercer día _le planteé al brigada que hacía de secretario de Rodriguez de Viguri que o este me recibía o yo regresaba a Madrid y le contaba al Director General que no había podido entrevistarme con él.

Mano de santo. A las pocas horas recibí el aviso de que el Secretario General se había reincorporado a su despacho y me recibiría. Lógicamente, despache con él, pero no le comenté nada de lo que me había planteado, y tampoco él me insistió demasiado ni me comentó que su situación respondiera a un arresto domiciliario al que le había sometido el Gobernador General, el General de División Gómez de Salazar, por discrepar de él y mantener sus tesis de apoyo a los saharauis.

Regresé a Madrid y despaché con el Director General, al que le conté sucintamente que había conseguido entrevistarme con Rodríguez de Viguri y que habíamos hablado de continuar con el proceso de descolonización, pero sin detallar mucho, a lo que me contestó que continuara con mis trabajos. Y lo que hice fué recoger todos los papeles que había preparado y las listas de estudiantes saharauis y llevármelos a casa y guardarlos y no volver a verlos hasta estos días, para evitar que hubiesen podido caer en manos de los marroquíes.

Decepcionado e indignado por la traición que se iba a cometer con el pueblo saharaui, escribí un artículo que publiqué en el boletín clandestino de Reconstrucción Socialista de Madrid con el seudónimo “Orlando furioso”, en el que denuncié la entrega del Sáhara a Marruecos por imposición de los Estados Unidos y expresé mi indignación y mi desengaño.

A partir de ahí incrementé más, si cabe, mi activismo político y sindical, en la clandestinidad, de cara a cambiar el régimen político español.

En ese verano, julio de 1975, tuve que desempeñar la responsabilidad máxima de la Dirección General por vacaciones tanto del Director como del Secretario General, y tuve que recibir los partes confidenciales del Sáhara y despacharlos con el Ministro de la Presidencia, Antonio Carro Martínez, denominado “el hombre de Cromagnon” por su característica mandíbula, que por esa época además estaba escayolado.

Continué con mi trabajo, pero ya con poca ilusión, mientras se sucedían las noticias de que, ante la previsible respuesta del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya que establecía que, antes de esos acuerdos entre España y las tribus saharauis, no existía una dependencia política de los sahararauis respecto al Sultán, en tanto que jefe político y religioso, y que en aquellos territorios nunca se había ejercido soberanía por parte del Sultán de Marruecos, este país lanzaba la denominada “Marcha Verde”, con el apoyo logístico de Estados Unidos. Ante esa situación el Gobierno español estaba dividido_: había un Grupo de intereses, representado por Solís y apoyado por los Fierro, que defendía la entrega a Marruecos, y otro representado por los militares africanistas, que se oponían a la entrega del Sáhara.

Así tuve que seguir en mi puesto de la Dirección General de Promoción del Sáhara, viendo cómo se consumaba la entrega a Marruecos, coincidente con la larga agonía del Dictador y la incertidumbre por el futuro de España.

Mi trabajo, lógicamente, fué disminuyendo y se concretó en preparar los expedientes de las solicitudes de indemnización de los particulares y los pequeños comerciantes, que nunca se podían completar porque no conseguían aportar las necesarias facturas, cosa que sí hacían las empresas más importantes. Hecho que incrementaba mi frustración.


Miércoles 29 de Noviembre de 2017 09:26

Mi estancia en el VALLE DE LOS CAIDOS ( segunda parte )

Uno de agosto de 1970, sábado.

Ayer por la mañana estuvo en mi habitación el padre Arrieta y estuvimos charlando sobre las salidas al régimen español, los problemas planteados por la ley orgánica, la socialización posible (número de Cuadernos para el Diálogo y artículo de Peces-Barba). Me refirió que ha conocido a Claudio Sánchez Albornoz “el maestro” y a Madariaga, en Buenos Aires. Me habló también de las dificultades de convalidación de títulos y me puso por ejemplo a un discípulo de Rey Pastor y de Eisemberg que trabaja en la NASA en el proyecto Apolo y que al intentar hacer la tesis doctoral en Madrid, ya que era español, no se lo permitieron por formulismos burocráticos.

Respecto de la Argentina y Perón me refirió la anécdota de que el día que se le destituyó Perón aguardaba la decisión de la reunión de generales y, como se prolongaba, los interrumpió para saber el veredicto y al comunicarle que por el bien del país debía dejar el poder, él les argumentó que eran unos militares vendidos (les sacó su relación con Mercedes, ya que su cuñado era el concesionario, y que el gobierno les había regalado uno a cada uno de ellos) y cómo cuando estaba en esto se presentó un grupo de coroneles, revólver en mano, conminándole a salir del país en dos horas, y, al saber lo de los Mercedes, destituyeron a los generales. En relación a este golpismo militar, me hizo la advertencia de que era preferible lo actual que un nuevo golpe militar. Que hay que andar con mucho tiento en España para intentar resolver los problemas por la vía civil.

Después de la cena me enteré de algunas peculiaridades de la orden de benedictinos por el padre Juan Antonio. El noviciado lo tienen en Silos. Y tienen a gala mantener abierta a todo el mundo una hostelería en cada convento, así como la tendencia última a comunidades de vida sencilla.

He recibido carta de casa, enviándome la de José Luis y la de ACN de P.

Hoy, sábado, he charlado con Laurentino, Juan Antonio, Samuel y el padre Abad después de cenar y la conversación ha girado sobre los proyectos del CES del Valle para el curso próximo. El Abad está preocupado porque van a tener dos seminarios a cargo del padre Vázquez sobre técnicas de investigación social y de Fernando Guerrero sobre la empresa, imagino. Y piensa especializarse en pastoral y sociología completando el programa de la carrera de sociología del León XIII.

Y ha dicho que, mejor que dedicarse a “desbarbar bestias”, refiriéndose a los cursos de ciencias sociales, el centro se especializaría en promover con becas la realización y la publicación de tesis sobre temas sociológicos acordes con la doctrina social de la Iglesia. Parece ser que iba a colaborar con la obra Fomento de Estudios Sociales de los jesuitas, pero éstos le han estropeado su programa de trabajo y no hay colaboración posible. El Abad proponía el estudio del paso de la responsabilidad individual a una responsabilidad o moral colectiva (estudio teórico siempre y sin demasiado peligro de chocar con personas e instituciones, posición conservadora), en tanto que los jesuitas proponían el estudio de la reforma de las instituciones (tocando ya cada vez más tierra). Estaba enfadado con éstos el Abad. Ha hecho también un comentario a la declaración de los obispos sobre la pobreza, indicando que estaban fuera de órbita, que teorizaban demasiado y no tenían un conocimiento certero de la realidad. El padre Juan Antonio estaba más de acuerdo con los jesuitas que con el programa del padre Abad.

4 agosto 1970.

He tardado tanto porque el Merrill me lleva a mal traer, quiero terminarlo pronto y cada día se alarga más. Hoy ya lo he casi terminado.

El domingo llegaron dos chicos, unos antiguos escolanos: Julio Sanz, estudiante no muy brillante de telecomunicaciones, y el otro, Jesús, de 22 años, estudiante de medicina, con una pose y una cierta amplitud de conocimientos. Me los ha presentado el padre Juan Antonio y los he invitado a tomar café. El padre Abad también ha estado charlando con ellos sobre el mundo futuro, con la cibernética, etc., está obsesionado con su mesa de prospectiva y con el programa sobre el paso de la conciencia individual a la conciencia social activa. Volví a leer en misa la epístola con Samuel. Y por la noche el padre Juan Antonio, que estuvo en mi habitación por la tarde, me estuvo pinchando en el aspecto religioso. Intenté quitarmelo de encima, pero no fue posible y el lunes después de comer volvió a insistir al respecto, lo cual me sentó un poco mal y se lo dijeron o me lo notó, pues después se disculpó. Me contó su vida de seminarista a monje con 17 años y últimamente de casamentero y me habló de sus publicaciones en la Biblioteca de Autores Cristianos. El lunes en la mañana estuve con el padre Manuel Garrido, que me enseñó la biblioteca de la Abadía. Es prodigiosa y valen una fortuna los libros que contiene: Teología, Liturgia (de la que es especialista, ha escrito un libro para la BAC), Patrística, Historias locales y regionales (con ejemplares muy curiosos), Historia (que era la especialidad de Fray Justo Pérez de Urbel, que fué el anterior Abad), Historia del Arte (el Pijoan), y en diccionarios una colección muy buena: (Espasa-Calpe); en Literatura, toda la colección Austral (el especialista es el padre Arrieta).

En estos días, entretenido con los dos chicos nuevos, no he hablado con el padre Abad hasta esta noche, que casi ha ido a buscarme. Hemos hablado de la situación internacional: el dominio de bloques, también de inversiones americanas en España, del caso Areilza; de Gonzalo Fernández de la Mora; que interfirieron el objeto de negociaciones de España con un país extranjero; sobre su conversación con José Larraz y Joaquín Calvo Sotelo; sobre su hermano, el ex embajador en Chile, que es amigo de infancia del Presidente chileno Eduardo Frei. El porvenir de Europa él lo vé a través de Jean Jacques Servan-Screiber. Tiene miedo de Rusia y es partidario del mantenimiento de espacios neutros a su alrededor (democracias populares y repoblación de Siberia). Critica a López Rodó furibundamente.

Ayer tarde bajé con Samuel a Guadarrama a sacarse una muela y comprobé que esta localidad es un poblado de servicios de la zona de chalets de la Sierra de Madrid.

El padre Anselmo Alvarez Navarrete, que es el más serio, resulta que es de Moratalla (Murcia), y parece ser que tiene grandes problemas familiares.

7 agosto 1970.

Ya se han ido Jesús, estudiante de medicina, con el que he tenido una profunda conversación sobre temas diversos y que con sus 22 años es un gran valor intelectual si no se estropea, y Julio Sanz. Las aficiones de Jesús van desde la música hasta la radiofonía, la física y todos los amplios campos de la medicina.

Después he estado en el vino de honor con los estudiantes de Ciencias Sociales que están con los Agustinos en El Escorial, donde preparan oposiciones 15 chicos, a 250 ptas. de pensión diaria, muy bien instalados. Ha asistido el ex director general de prensa don Manuel Jiménez Quiles, que es actualmente secretario del Centro de Estudios Sociales en sustitución de Luis Sánchez Agesta. Las chicas del curso me han invitado a ir con ellas a la Laguna en la Sierra de Gredos, pero no está la cosa muy bien organizada.

Asímismo, estuve hablando con Arrieta y Samuel de los problemas político-religiosos españoles.

Ayer se incorporaron dos nuevos huespedes: el Padre Ormaza, superior general de los victorienses de San Víctor, dedicados a la enseñanza en Madrid, con dos colegios, y sobre todo por la parte del norte de España; y el prefecto general del Sáhara, hombre de gran humildad. El padre Ormaza contó sobre la caída de varios sacerdotes salidos de Comillas en una secta del amor en Santiago de Chile, alrededor de una sacerdotisa de cuya hija sin padre (por relaciones promiscuas) se espera nazca el mesías. Samuel resulta que era amigo de ellos. Comentamos los peligros que la melosidad y pobreza de los americanos pueden suponer para el sacerdote español aislado de todo lo anterior.

El padre Laurentino es Sainz de Buruaga y el de Moratalla, el serio con problemas, el padre Anselmo Álvarez, resulta ser carlista y bien relacionado políticamente en las altas esferas.

Resulta que la Cruz la iban a hacer en otro lugar, y además no iban a hacer cruz sino viacrucis, pero al ver Franco las obras pensó que era mejor hacerlo aquí en Cuelgamuros y hacer Cruz y Basílica. Pero las capillas del Viacrucis (5 ó 6) subsisten en los montes de alrededor de la Cruz.

Hoy he descubierto de qué pié cojea el padre Cipriano: resulta que llevaba Fuerza Nueva y al comentárselo me ha respondido que le gustaba y en cambio no Cuadernos para el Diálogo. Se explica mi dificultad de comunicación con él. Ha puesto verde a Juan José Rodríguez, que fue presidente de la HOAC y ahora es secretario de Cáritas, diciendo que era un comunista. Esto ya me lo ha calificado. Ha comentado indignado los contestaciones de las Semanas Sociales. Y parece que Juan Candela anda por las mismas veredas. Habrá que poner también en cuarentena a Antonio Hernández, a quien este hombre admira tanto o por lo menos dice admirar.

El padre Abad me había dejado el guión de la mesa redonda: de la responsabilidad o conciencia individual a la social. Resulta que es un escritor de libros y folletos de arte y turísticos. Está especializado en románico tardío de Castilla, Navarra y Vascongadas.

Esta tarde, estando en la cafetería, he tenido que servir de intérprete entre un muchacho belga y los arrendatarios. Había sido dejado en tierra por el autobús del colegio con el que venía y estos señores le llevarían a Madrid y a través de la policía intentarían encontrar el colegio religioso donde iba a hospedarse.

10 agosto 1970.

Hoy han estado a comer el señor Padilla y otro chico, que resulta ser sacerdote y es bastante liberal.

Esta noche nos ha contado el Abad la conversación que ha tenido con él tomando café y se confirman mis sospechas de que mutuamente se quieren cazar. Han venido dos sacerdotes más, uno de ellos cubano, que ha estado varios años en el S. Alberto Magno, así como un sacerdote de inmigrantes en Alemania con su hermano, al que recomendó el Abad para su ingreso al cuerpo de policía. Es bastante mayor y esto ha sido la solución de su vida. Viene con un Wolkswagen que dice dan al llegar a Alemania. El clero está allí bien pagado, pues para sostenerlo el Estado descuenta el 10% del salario a los ciudadanos. Para evitarlo se declaraban ateos y entonces iba a fondo benéfico; ahora ya declaran pertenecer a la fé católica.

Ayer estuve con Samuel en El Escorial pero no tuvimos fiesta ni nada, esto de salir con un cura es un atraso. Por la mañana estuvimos con el encuadernador y un señor de Miranda del Ebro que vino a recoger a su hijo.

Tomamos café con Fernando Xifra, de 42 años, abogado que trabaja en una constructora y domina la doctrina social de la Iglesia. Se educó en los jesuitas, y es soltero, y algo sarasa parece. Mentalidad tradicional, debe estar trabajando en algo de apostolado seglar, pues en fines de semana se dedica a descansar en monasterios, amigo aparentemente de Arrieta.

Nos han pedido a Samuel y a mí dar clases a una niña de matemáticas, física y latín de cuarto y el padre Raúl me ha echado una mano para no aceptar.

Los proyectos del Centro de Estudios Sociales son organizar unos Cursos permanentes de Teología y su adecuación a las realidades contemporáneas para Sacerdotes. Continuar con las Mesas Redondas. Hacer, asimismo, Seminarios o Cursos para postgraduados en ciencias sociales y conceder becas y hospedaje a los que preparen tesis doctorales sobre ciencias sociales. Los cursos de postgraduados en julio-agosto y el hospedaje para investigación en septiembre y octubre.

12 agosto 1970.

Ayer mañana estuve paseando después del desayuno con Rafael López Heredia y con Samuel. Después de comer nos fuimos a tomar café a la cantina: Rafael, Samuel, el cura cubano Pedro Capdevila, el prefecto del Sáhara, el cura de Cáceres : Jose Luis Rubio y yo. Se habló de lo divino y lo humano: desde el problema del Sáhara hasta de la vocación de Rafael. Por la tarde estuve en la cafetería con Rafael, representante de vinos, soltero de 45 años, de una buena familia, que aún recibe el dinero de su madre.

Después de comer el abad nos contó sus andanzas guerreras de la Oficina de Información de Franco, la batalla de Brunete, las discusiones que oye en los cuarteles generales de Franco, el chaqueteo de los italianos en Guadalajara y Santander. Tiene escritas 2 obras sobre la guerra civil española. Nos contó que en Cáceres combatió una compañía de irlandeses que, por no acostumbrarse al vino español, suscitaban discordias y se acabaron por marchar.

Hoy hemos despedido al cubano Pedro, que, por cierto, es contrario acérrimo del régimen de Fidel. Dice que salen de Cuba 1.500 personas a la semana. Que hay 1 millón de cubanos fuera y cinco dentro y que todos saldrían si pudieran. Que Emilio Romero y otros muchos personajes están pagados por el régimen castrista, ¿ingenuidad?, cuyo presupuesto mayor es el de Propaganda.

El cura de Cáceres, Jose Luis Rubio, que es profesor del Seminario, del Instituto, organista, amén de llevar su parroquia y otras actividades de apostolado, es un tío cachondo. Cae bien, es un gran tipo humano. Ha querido la dirección de todos y es un hombre con una memoria especial y una sencillez, no desprovista de cálculo, extraordinaria, y tiene la frase oportuna en el momento oportuno.

Después de tomar café y 3 copas de coñac hemos bajado a la Basílica a tocar el órgano. Y un señor de paisano nos ha escoltado todo el tiempo, no muy a gusto, por las molestias que le implicaba nuestra presencia. El control es bastante severo. Ricardito me ha llamado la atención por subir al altar a ver las piedras preciosas que hay al pie de la cruz de madera. Es maravilloso el órgano, con cerca de 9000 tubos.

Esta noche he estado con Samuel y el prefecto, que nos ha contado la situación del Sáhara: se celebrará referéndum en septiembre. La posición de Mauritania. Los yacimientos de fosfatos: 11 tn anuales, y cinta transportadora de 100 km. (que los americanos juzgaron imposible, en contra del parecer de los ingenieros del INI) y espigón en el Aaiún de 3.200 m. para atracar, dos barcos de 80.000 tn y otros dos de 40.000. La rebelión de junio pasado, que al disparar un legionario mató a dos e hirió a uno. Uno de los cabecillas, un bedel de Instituto, que había colocado el prefecto y no tiene ni primero de bachiller. 40.000 habitantes que prefieren seguir con España: Marruecos los arruinaría. Fuerte control actual de España. Proyectos de explotar aquello 10 años y salir pitando.

Me escribe Juan Antonio Vicent diciéndome que los nombramientos de Díez Alegría y de Coronel de Palma (Grupo Silva) pueden ser muy significativos.

21 agosto 1970.

Esta es la última noche que paso en el Valle. He estado después de cenar en la habitación del padre Alejandro, que me ha estado enseñando sus instrumentos fotográficos, excelentes, son Cannon y tiene todo el equipo adecuado. Me ha regalado una fotografía que tiene en mucha estima y tres puros.

El padre Abad lleva varios días sin bajar a rezar o a comer con todos, debe estar un poco fastidiado. Mañana veré si puedo despedirme de él. Esta noche he tenido la conversación con D. Elías, canónigo honorario de Bilbao y catedrático del Instituto de Madrid Beatriz Galindo en filosofía. Le he tocado el problema de la fé y a poco me echa de su habitación. Me ha hablado de su amistad con José Luis López Aranguren. Está afectado de los bronquios. Parece que como buen filósofo tiene sus altibajos en la fé, pues cuando se le toca el problema salta.

Así finalicé mi convivencia con la comunidad benedictina de la Abadía del Valle de los Caídos, durante la que hube de hacer frente a las sugerencias de ingreso en la misma, que llegaron a concretarse con un poderoso incentivo: la posibilidad que tenía, al contar con la Licenciatura en Derecho, de llegar a Padre Abad.

Martes 28 de Noviembre de 2017 20:26

Mi estancia en el VALLE DE LOS CAIDOS (primera parte)

 

En el verano de 1970 decidí solicitar alojamiento, para preparar la Oposición de manera intensiva y alejado de los lugares de veraneo, en la Abadía del Valle de los Caídos y, con el apoyo de D. Rodrigo Fernández-Carvajal, me aceptaron los benedictinos, que me acogieron como huésped en su comunidad.

Llegué el día 22 de julio de 1970 a la abadía del Valle de los Caídos a las 10,45 aproximadamente de la mañana y el recibimiento de que me hizo objeto el padre Raúl Arrieta será para mí inolvidable. Me instaló en la habitación 97 y me recogió a las dos de la tarde para ir a comer en el comedor de la abadía con los monjes benedictinos presididos por el Abad Luis María de Lojendio, un abogado vasco que había ingresado en la orden benedictina en 1960. Me presentó después al padre Cipriano García Gambin, licenciado en políticas, que me acogió más estirado.

Por la tarde fuí a dar un paseo por la Basílica y regresé a la abadía, encontrandome con el padre Arrieta, que me entretuvo hablándome de las editoriales hispanoamericanas y me dijo que las grandes editoriales argentinas y mexicanas (Losada, Fondo de Cultura Económico, Paidós, Espasa-Calpe,…) habían sido fundadas por los intelectuales españoles expatriados. Asimismo, me habló del clima de Buenos Aires, que es horrendo (húmedo y caluroso).

Me las veía y me las deseaba al principio para utilizar correctamente el cuchillo y el tenedor en las comidas, pero en poco tiempo me hice con ellos. Esas comidas en la comunidad benedictina eran acompañadas de lecturas, creo recordar que de las diferencias entre los dominicos y los franciscanos.

Por la noche, después de cenar de 9,30 a 10, estuve charlando con el mismo padre Arrieta, que no me abandonó un solo momento en el primer día, y comentamos sobre sociología, el nivel de preparación español en la materia, confesándome su especialización en antropología.

El día 23 ya trabé contacto con mi vecino de habitación, que era un joven sacerdote, coadjutor de una parroquia de Madrid, pero que a partir de septiembre sería Prefecto del Seminario, encargado de los chicos de quinto y sexto, y que preparaba una tesis de sociología sobre “educación de adultos según la Unesco”. Era el padre Samuel, que me prestó asimismo una inestimable ayuda para conseguir entablar contacto con los miembros de la comunidad, a los cuales fuí conociendo poco a poco.

Esa noche estuvimos hablando con el padre Juan Antonio, que tenía una mentalidad bastante abierta, y comentamos los sucesos sociales de Granada y los anteriores de Murcia, cuando la Policía reprimió a tiros unas manifestaciones como consecuencia de la huelga en la construcción. También hablamos de la flexibilidad del Superior y de la correspondiente necesidad de ampliar la responsabilidad personal.

El 24 a las 9,30 fuí a ver al padre Cipriano, que era el bibliotecario. Le entregué la carta del reverendo Yelo y se puso a contarme su carrera de políticas. Entre muchas otras cosas me contó la visita de Franco a Muñoz Grandes antes de marchar a Barcelona y cómo éste le dijo: “Paco, no pretendas ocultar lo de Matesa, podría ser tu perdición al final de tu carrera. Y te lo dice no un hombre, sino un cadáver que, por ello, no tiene ambiciones personales de ningún tipo”. Y que Franco, aconsejado por Carrero, había querido pegarle el carpetazo a Matesa, pero que Herrero Tejedor se había opuesto y el Tribunal Supremo estaba actuando inflexiblemente con mentalidad de juez. Que se había publicado en Alemania el informe de la Comisión Matesa a las Cortes en España. Y que sólo la revista S.P. había publicado la serie de fraudes e infracciones cometidas en el affaire Matesa. Me puso mal a Ollero y muy bien a Fraga y a Maravall.

Por la tarde bajé a la cafetería de la Basílica y después de la cena estuve charlando con el padre Arrieta y con Samuel sobre la filosofía española. Muy malo para ellos el libro de Alfonso López Quintas y magistral Ortega en su libro sobre la cinegética, que es una verdadera obra maestra.

Hoy 25 de julio he estado en la misa solemne en la Basílica, a donde he bajado con los padres benedictinos. He trabado cierta amistad con el reverendo Leoncio, que está en Alcalá y estudia composición y quizá venga a la abadía para dirigir el coro o escolanía. De tendencias socialistas de izquierda.

Así, hemos subido hasta el pie de la cruz, que es el máximo permitido. El escenario es espléndido.

He conocido al padre encargado por ahora de la escolanía, el padre Laurentino, que es un hombre juvenil y goza de la predilección servil del Abad.

A la comida ha asistido un amigo personal del Abad, don Victorino, jefe de prensa del Ministerio de Trabajo, hombre con un conocimiento personal tanto de José Antonio, del cual fue jefe del gabinete de estudios, y del jefe de la falange de Valladolid, que luchó y murió en las alturas del Guadarrama, o sea aquí mismo. Después de la comida el Abad Luis María de Lojendio, que me ha sido presentado por el padre Arrieta, nos ha invitado a tomar café y copa de coñac, quedando a mi izquierda un benedictino holandés y a mi derecha el padre Angel.

El Abad se ha sorprendido de que no fuera seminarista ni cura, y me ha preguntado varias veces qué hacía yo allí. Después se ha interesado por mi oposición y me ha preguntado ante quién me tenía que recomendar. Insinuando a la hija de Jordana de Pozas, el veterano administrativista, me insistió varias veces en que le interesaba vincular gente joven al centro y que contaba conmigo para algún seminario. Me explicaron que van a celebrarse dos mesas redondas, una a cargo de Juan Velarde Fuertes y otra a cargo de Luis González Seara, sobre Prospectiva: la sociedad del futuro y varios seminarios.

Al café han asistido todos los elementos seglares: uno de ellos por el que el Abad mostraba especial predilección y que ha tenido beca March de música para ampliar estudios en USA, y que antes era un simple taxista.

Don Victorino se ha enzarzado con el padre Leoncio con el tema de José Antonio y la Falange y su postura es que se han desengañado, pues los posibles líderes falangistas: Girón, Salas Pombo, Fernández Cuesta,... se han enriquecido, viven en palacios y no quieren saber nada del nacional-socialismo. Que está en contacto con Manolito Cantarero del Castillo y que se pueden hacer cosas interesantes. Añora los grandes líderes sindicalistas de la República y afirma que no hay gente que sustituya a las figuras del Instituto de Reformas Sociales.

Por su parte, el padre Angel me ha contado el porqué de la discusión del Centro con el Instituto León XIII, que ponía los profesores, los alumnos y los títulos y obtenía las instalaciones y los fondos del Centro (3 millones). Carrero era el presidente del patronato del Centro y había dado carta blanca al Abad para resolver la situación a su gusto. Pero el Padre Abad intentaba una reestructuración con titulación propia. Yo pienso que la suspensión de los cursos en el Valle (ahora se celebran en el Escorial) se debe en gran parte a la imposibilidad de continuación con la Secretaría efectiva del Centro de su gran, animador don Luis Sánchez Agesta, actual rector de la Autónoma.

Y esto es todo lo que hay por hoy, que ya es.

18 julio 1970, martes.

El domingo me lo tiré trabajando durante toda la mañana. A la comida asistieron varios ex escolanos, entre los cuales estaba un testigo de Jehová. Y después de la cena el padre Abad habló a Laurentino delante de mí respecto a la constitución de una asociación de antiguos escolanos. Estaban emocionados y yo creo que la conversación iba con miras a preparar favorablemente la decisión de éste para hacerse cargo de la escolanía. Por la tarde bajé con Samuel a la basílica, que es algo impresionante por la cantidad de trabajo que allí se ha hecho.

El lunes 27 fui a Alcalá con Leoncio en su R-8 y fumando Partagas. Antes trabé confianza con el padre Alejandro, que es de Vitoria y lleva los cometidos de mano de obra de la comunidad (conduce los coches y es el encargado del botiquín y las excursiones-hoy martes iban a Valladolid con la gente del poblado del Valle de los Caídos-). En Alcalá estuve en la Escuela de Administración Pública y en la Secretaría me atendió un chico de Murcia. Regresé a Madrid en los autobuses de la Continental que salen cada hora de la calle Alenza, que está cerca de los Nuevos Ministerios. En Presidencia del Gobierno, Castellana 3, vía José Luis Hernández Conesa, el murciano n.º 1 de su Promoción de TAC, con quien tomé una cerveza. Con él estaba otro TAC, Juan Luis Simón Vallarino. Este me aconsejó preparar los temas generales de las tres especialidades y me habló de la composición del tribunal (que tenía carácter continuador: José Jiménez Blanco, Miguel Beltrán Villalba, Juan Junquera,… ). Me insistió en el carácter decisivo del primer ejercicio respecto al segundo, y también me dijo que había muy pocas instancias para la próxima convocatoria.

Por la tarde, me vine en el autobús de Guadarrama-Cercedilla que sale de Plaza de España. Subí andando hasta la entrada del Valle (3 km) y desde allí me subió José Luis Pardos, economista, que tenía con un grupo de 14 personas una estancia de tres días de trabajo en la hospedería.

Después de cenar estuve con el Abad y el padre Juan Antonio, que conocía al Abad de antes, pues debió ingresar en Silos como novicio en 1964. Y el Abad nos contó que fue portavoz para prensa extranjera de Franco durante la guerra y después vivió en el hotel Palace cuando estaba en el Ministerio, y que era un gran gastrónomo. Y también debió vivir lo suyo, pero me dijo que él seguía el refrán: “donde mores no enamores”, así como que la gente lo creía más inteligente de lo que era.

Y hoy martes he conocido al padre hospedero titular, padre José Luis, y parece ser que tendré de vecinos de habitación a unos seminaristas. Ha estado en USA. Veremos qué cuenta. Después de cenar me ha cogido otra vez Laurentino con el Abad (que estaba con el padre Topete, jesuita que marcha mañana porque ha terminado ya sus ejercicios espirituales en solitario), el cual ante los acontecimientos de Granada dice que es un problema de incultura y de pérdida de casta, que lo que hace falta además es cambiar las vacas por otras que den más leche. En parte tiene razón, pero es un tanto fatalista. El mismo reconoce haber perdido las ilusiones que concibió al acabar la guerra.

Laurentino me ha contado algunas cosas curiosas sobre la burocracia sindical y entre ellas un chiste que una chica dijo a un dirigente sindical: “Le regalan a Franco en la Guinea ecuatorial una cobra. Y claro la intenta rehusar, por ser peligroso tenerla, pero se le arguyó que se le había eliminado el veneno y era inofensiva, que no hacía nada. Y entonces Franco dijo: cobra y no hace nada, entonces a sindicatos con ella, ese es su puesto”.

Me ha hablado asimismo de las infiltraciones comunistas en la policía y entre los sacerdotes (caso de uno de Murcia que desapareció).

Por ahora también acabo la redacción.

29 de julio de 1970, miércoles.

Hoy he trabajado bastante y cuanto más profundizo en ella tanto más me convenzo de que era algo que yo estaba intentando hacer sin conseguirlo plenamente. Creo que la Sociología puede completar mi formación muchísimo.

No he dormido siesta, pues han venido 2 autobuses de maestras que están haciendo en Madrid varios cursillos y han estado cantando y bailando hasta las cuatro, hora en que se marcharon. Después he estado hablando con el padre Angel, que me ha contado chismes y cosas de los habitantes del poblado que trabajan para el Patrimonio, el cual les proporciona la vivienda y otra serie de ventajas como empleados públicos. Los guardias del Valle son de la Guardia Civil y, amén de tener más de un empleo, trabaja toda la familia, hasta la mujer.

Después he charlado con el padre Laurentino, que es un hombre inquieto y enterado, y me ha contado que en Le Monde ha aparecido una crónica sobre las donaciones de Vilá al Opus Dei. Al respecto yo estaba enterado, pues Informaciones publicó el lunes 27 una nota de la oficina de prensa del Opus Dei en España que calificaba de calumnias tales noticias. Parece ser que la cuantía se eleva a unos 3.000 millones de pesetas para una Universidad en Lima, dos residencias en Estados Unidos, etc.

Asimismo, me ha informado que Navarro Rubio está procesado, pues presionó a la banca privada para que concediese créditos a Matesa. Y están amenazados López Bravo y Villar Palasí, abogado de Matesa). Es verosímil la noticia, pues Navarro Rubio ha cesado como gobernador del Banco de España (y la noticia procede de Coronel de Palma).

He conocido a la alcaldesa del Escorial y a su hija, cuyo marido es el médico de la comunidad. Y a Alfonso Padilla, catedrático de Derecho Político de Valladolid, que paseaba con el Padre Abad.

Después de la cena, como ya va siendo tradicional, me he sentado a la puerta de la Abadía con el Abad y con el padre Juan Antonio (que es de Avila) y la conversación ha discurrido por el panorama monumental de Avila y Segovia. Y el Abad me ha descubierto la enfermedad de los monjes: se les abre la planta del pie derecho por las genuflexiones (esto sólo con los no habituados). Los judíos se santiguan con la mano izquierda. El Abad tuvo a sus órdenes a Jordana de Pozas el Viejo.

Por último, ha llegado la noticia de la muerte de Fernando Martín Sánchez-Juliá y la decisión del gobierno español de si mañana no acaba la huelga en el metro, meter al ejército. Da la casualidad de que esto es fácil, pues, previendo este tipo de cosas (u otras) el personal superior de Renfe y los maquinistas, etc., tienen grado militar y están en situación de reserva. Por lo cual el personal no militar ocuparía los puestos menos difíciles (taquillas, etc.).

Por eso mismo la policía de tráfico, pertenece a la Guardia Civil, lo que asegura el control militar en las carreteras españolas en cualquier momento.

30 de julio de 1970, jueves.

Escribo a la luz de los relámpagos y de la brasa del cigarrillo que me estoy fumando, pues la tormenta que estaba amenazando toda la tarde ha descargado intensamente después de la cena, o sea a las 9,30. El espectáculo que ofrecía la Cruz a la luz de los relámpagos es algo único y de lo más bello que voy a ver en mi vida. Si se tomara un filme de este hecho sería algo fantástico y prodigioso, pues la claridad a veces es superior a la diurna y además no hay nubes bajas que entorpezcan la visibilidad, como debe ocurrir en invierno.

Después de comer he estado cambiando impresiones con el padre José Luis, que ha estado en México y Estados Unidos, y hemos comentado asimismo la situación de clero, monjas e iglesias de Madrid y sus alrededores.

Hemos ido Samuel, el padre Cipriano y yo a la Universidad de los Agustinos en El Escorial, donde están los restos salvados del naufragio de los Cursos de Ciencias Sociales del Valle; ahí quedan 31 alumnos de los cursos segundo y tercero, junto con los 50 americanos de todas las edades que siguen un curso de verano en el viejo caserón de los Agustinos, que, eso sí, tiene piscina y habitaciones individuales y está muy céntrico.

Allí me han presentado a don Alfonso Padilla, catedrático de derecho político de Valladolid, casado, sin hijos, durante mucho tiempo ayudante adjunto de Sánchez Agesta y especializado en derecho constitucional comparado, hombre muy sencillo, afable, pero sin gran categoría intelectual, al menos a primera vista.

Asimismo, he conocido a D. Efrén Borrajo, gallego, actual Director General de Promoción Social, Catedrático de Trabajo, hombre sencillo pero de gran valía intelectual y moral, autor de un gran Manual sobre Derecho del Trabajo, e inspirador de otras leyes laborales de la seguridad social y discípulo del Profesor Eugenio Pérez Botija, que está colocando a todos sus colaboradores: Luis Enrique de la Villa, Alfredo Montoya, Fernando Suárez. Me ha parecido un hombre extremadamente ponderado y prudente. Le he preguntado si no había quizá una predisposición por parte del régimen hacia la ampliación de los estudios de sociología y me ha contestado que no, sino que más bien no se había creado la necesidad de expandir esos estudios y que ahora que se hace, quizás el gobierno los recoja y fomente.

Parece ser que se ha resuelto lo del metro merced al gesto del gobierno de amenazar con la militarización y que hoy la situación se había normalizado.

El padre Cipriano ha insistido en lo de que Carrero estaba amenazado también por el asunto Matesa y había dicho que lo único que le interesaba era ser nombrado Jefe del Alto Estado Mayor, a lo cual se oponían ejército y marina, acusándolo de haber hecho la guerra sin pisar un frente. Al final ha sido propuesto para el puesto el Teniente General Díez Alegría, que tiene un hermano que es el actual Director General de la Guardia Civil y también otro jesuita en Roma.

Ha contado la anécdota de Mónica Plaza de Prado, procuradora franquista por Palencia, que en las Cortes, ante una disposición que condenaba la conducta licenciosa y una intervención, haciendo salvedades, de un procurador muy amante de la buena vida que decía: que “había casos en que…”, Mónica le contestó airada: “Ni casos ni nada, a eso le llamo yo ser un sinvergüenza”.

Después de cenar, el padre Abad, que ha estado en Avila, tras contar su viaje me ha referido que lo más difícil de controlar por el hombre son las manos y de ahí la cartera de mano. Y me ha hablado de su contacto personal con Herrera Oria y los demás miembros de la vieja guardia de la A.C.N. de P. Sabe francés muy bien y recibió clases de alemán del profesor de Zubiri.

 

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