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A modo de memorias
A modo de memorias

A modo de memorias (19)

Miércoles 04 de Abril de 2018 19:59

Mi etapa en Función Pública.

por Juan Alarcón Montoya
A principios de 1977, cansado de que los expedientes de los particulares y pequeños comerciantes del Sáhara no pudiesen completarse y, por consiguiente, no se sometiesen a aprobación de la Comisión Liquidadora de los Intereses Españoles en el Sáhara, decidí dejar mi puesto de trabajo aunque supusiese bajar de nivel, de 26 a 24, ya que mantenerlo suponía pasar a la SGT de Presidencia en La Moncloa, y no me interesaba por las limitaciones de movilidad que me suponía, máxime estando ya casado y con hija en perspectiva y habiendo alquilado un apartamento en la C/ Victor Pradera, por lo que al final me decidí a ocupar la Sección de Plantillas Orgánicas en la D.G. de Función Pública, que tenía la sede en la C/ Ferraz, 64, al lado de casa, con un sevillano, Julio Moreno Ventas, de Jefe del Servicio de Programación de Efectivos de CC.II. y Plantillas Orgánicas, que a los 3 meses se marchó a Sevilla, con lo que pasé a ocupar el Servicio y recuperé así el nivel 26. Tenía de Jefe de Negociado a Matías Martí, un veterano Administrativo que era de lo más eficiente y a dos Auxiliares Maricarmen y Ángeles Santamaría y como Jefe de Sección a Manolo Grande, un compañero educado pero poco eficiente. De esa etapa recuerdo como preparé, especialmente con Jose Carlos Blanco del Mº de Educación, las dotaciones presupuestarias de los Cuerpos Generales y la reunión con el todopoderoso Jose María Dalmau, Subdirector de Hacienda, viejo republicano que se preciaba de decirle no al Presidente del Gobierno, y que no pudo rebatirme ni él ni sus colaboradores : Leandro González, Luis Herrero,…, dada la precisión de los datos puestos sobre la mesa y la advertencia de que él sería el responsable de que algunos Institutos de Enseñanza Media no pudieran funcionar, si no me aceptaba las dotaciones propuestas. También tengo que destacar que, en materia de Plantillas Orgánicas, choqué con el todopoderoso Técnico Comercial José Manuel Reyero, que se empeñó en que en la plantilla de Comercio todos los puestos tenían que ser asignados a Técnicos Comerciales, a lo que le dije que de acuerdo, salvo el que ejercía los temas de personal que tenía que ser asignado a un TAC. Montó en cólera y dijo que ni hablar. No estaba dispuesto a perder la discrecionalidad con la que gobernaba al Cuerpo. Y ahí se atascaron las Plantillas Orgánicas y en el futuro no hubo movimiento alguno. Durante este periodo, al parecer a instancias de Luis Fernando Crespo, que era Secretario General para la Administración Pública, me encargaron un Informe sobre la Protección Civil en España, en el que ya avancé que sólo sería eficaz si se le dotaba de efectivos operativos dedicados exclusivamente a esas tareas, cosa que se hizo finalmente con la UME Unidad Militar de Emergencias. Al final no me encargaron hacerme cargo de la Protección Civil y seguí allí vegetando. También por ese tiempo Miguel Marañón Barrio me propuso ir de Delegado Provincial de Educación a Murcia y no lo consideré por estimar, erróneamente, que una vez aprobada la Constitución las primeras transferencias que se iban a realizar eran las de Educación por lo que el puesto tendría muy corta duración y no tenía sentido el cambio de domicilio que comportaba. Me equivoqué, tardaron en realizarse más de 10 años, no se hicieron hasta el 2.000. El Subdirector de CC.II. era Fernando García Manzano que pasó a la Subdirección General de Función Pública y le sucedió Ignacio Alcaide, con el que tuve una entrañable amistad hasta que falleció de un infarto. Le sucedió Julián Álvarez Álvarez, que me propuso por dos veces cambiarme al Servicio de Gestión de CC.II., rechazándolo la 1ª vez porque no me suponía ninguna ganancia y era más trabajo y responsabilidad. Pero aceptándolo la 2ª, cuando se marchó Antonio Ramírez Rebollo. Así pasé a dirigir los 4 Cuerpos Generales de la Admón. Civil del Estado: de Jefe de Sección del Cuerpo Técnico tenía a un excelente funcionario procedente de Marruecos y natural de Torrevieja, Antonio Villanueva; a cargo del Cuerpo Administrativo estaba el incombustible Juan Cañas, veterano Administrativo; a cargo del Cuerpo General Auxiliar estaba D. José Lorite, viejo funcionario de Plazas y Provincias Africanas; y a cargo del Cuerpo Subalterno estaba el TAC Manuel Súnico Suances, emparentado con varios Almirantes. De Ferraz nos cambiamos a la C/ Ayala y allí entablé amistad con José Garrido Falla, que era el Jefe de Gabinete de la Comisión Superior de Personal, con Jose Luis Castañeda Andrés que era el Jefe del Registro de Personal y con Jose Antonio Gallo que era el Jefe del Personal procedente del Movimiento. Allí vivimos el 24 de febrero y la manifestación como golpistas de Javier Casado Rodríguez de Amezúa, de Angel Diez Roncal y de un tercero. Nombraron a Gerardo Entrena Cuesta Director General de Función Pública y asistí con Julián a una reunión con él para hablar de Plantillas Orgánicas y me creí en la obligación de dar mi opinión que fue totalmente ignorada por Gerardo, por lo que creí que había tomado mala impresión sobre mí. Por eso me sorprendió que, cuando Julián dejó la Subdirección para pasar a la Secretaria General del INAP, me nombrara a mí como Subdirector de CC.II. En este puesto estaba feliz. Ocupaba el puesto clave de la Administración en unos momentos claves para la transición política y el afianzamiento de la democracia en nuestro país. Desde el 23 F estaba colaborando con el PSOE en la elaboración del Programa Electoral en materia de Función Pública y contribuí, como muchos otros no afiliados, a la victoria en las elecciones del 28O que llevaron al PSOE al Gobierno. Gerardo me pidió que dado que conocía a Enrique Barón que le hablara bien de él, ya que Ignacio Fuejo que iba con él de Subsecretario de Transportes le iba a proponer como Director General de Servicios y sería mejor que tuviera alguna referencia. Yo cogí el teléfono y llamé al nuevo Ministro…
Miércoles 21 de Marzo de 2018 14:31

En Memoria de José Luis Centeno Castro

por Juan Alarcón Montoya
Este 26 de Febrero nos ha abandonado José Luis Centeno Castro, compañero entrañable que pertenecía a la XIV Promoción de T.A.C. y que, desde su ingreso en 1974 se dedicó en cuerpo y alma a luchar por la profesionalización de nuestra Administración y a implantar la democracia en España. Profesionalmente se entregó, inicialmente, a gestionar los aspectos del Consumo en España y, posteriormente, a dirigir la difícil y compleja materia de los Títulos Académicos, sus Convalidaciones y Homologaciones, área en la que se desempeñó durante un largo periodo con el mayor interés y acierto y se jubiló siendo el Vicegerente de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares. Su calidad humana y su bonhomia le granjearon el cariño y la amistad de todos los que le conocían y aunque era un hombre tímido y reservado fue siempre valorado y respetado por los colectivos en los que participó. José Luis se ha unido así en el recuerdo al de aquellos otros de nuestra Promoción, la XIV, que le precedieron en su viaje hacia nuestra memoria : África Jaén Azpitarte, una de las primeras Subdirectoras de la Administración Española, que falleció el 19 de enero de 1985 en un accidente de aviación junto al Ministro Gregorio López Bravo; el veterano funcionario y abogado Joaquín Morales Hernández, que falleció pocos años después; el singular economista Julián Arévalo Arias, que al final le sacó aplicación a su secreta afición a todo lo militar y ocupó el puesto de Secretario de Estado de Defensa, y que falleció el 21 de noviembre de 2008; Jesús Cabanillas Montejo que destinado en Agricultura falleció el 17 de agosto de 2010; la entrañable economista, discípula predilecta de Fuentes Quintana, Trinidad Cano Simón que falleció el 2 de diciembre de 2010; el Ingeniero de Caminos y fundador de los Técnicos de Informática Pedro Maestre Yenes que falleció el 20 de octubre de 2014 y Santiago Rodríguez Santerbás el novelista burgalés que nos dejó el pasado año. Que quede aquí constancia de nuestro afecto y reconocimiento para todos ellos. Juan Alarcón Montoya
Lunes 05 de Marzo de 2018 11:50

Activismo sindical

por Juan Alarcón Montoya
Al incorporarme a la Administración inicié mi participación en los distintos movimientos, que empezaban a aflorar entre los funcionarios, para exigir los cambios imprescindibles que condujesen a una Función Pública más participativa y al servicio de los ciudadanos, para lo que era necesario crear los cauces de participación que posibilitaran una reclamación eficaz de los derechos de los funcionarios. A principios de los años 60, el intento de superar el aislamiento internacional en el que había caído España y la pervivencia de los antecedentes históricos hizo que la Administración empezase a diferenciarse del régimen político al que servía y fuese consiguiendo cuotas de autonomía, en la medida que los Cuerpos de Funcionarios que la servían, reflejando la propia evolución de la sociedad, fueron recuperando peso e independencia, y nutriéndose, es decir, seleccionándose sus componentes, en función de los antiguos y democráticos criterios de mérito y capacidad. Esta realidad, la reconfiguración de una Administración profesional, adaptada a la sociedad cambiante e independiente políticamente, va a ser uno de los factores determinantes de la viabilidad del proceso político de transición a la democracia, facilitando su aplicación de un modo gradual, ordenado y sin traumas. Cuando se aprueba la Constitución de 1978, y se consolidan los valores y derechos democráticos, la Administración estaba en condiciones de llevarlos a la práctica y de hecho se puso con todo entusiasmo a la tarea, sin que hubiese que realizar grandes cambios normativos para que su labor se viese facilitada. Ello se debió, en gran medida, a que las dos grandes Leyes que regulaban la organización y el funcionamiento de la Administración, la de Régimen Jurídico de 1957 y la de Procedimiento Administrativo de 1958 permitían un funcionamiento acorde con la Constitución y no fueron modificadas. Y cuando se modificaron, 20 años después, se hizo solo muy ligeramente. La creación de la Secretaria General Técnica de la Presidencia en diciembre de 1956, inició un proceso de reformas, con introducción de técnicas y procedimientos de gestión procedentes del exterior que tenían como objetivo la modernización y racionalización del aparato y del personal al servicio de la Administración Pública que dio como fruto la elaboración de un conjunto de leyes básicas para la regulación y objetivación de la administración entre los años 1956 y 1968. Leyes de un rigor técnico y de un carácter innovador que han posibilitado el funcionamiento de la Administración muchos años después de aprobarse la Constitución de 1978. Estas normas fueron : La Ley de 27 de diciembre de 1956, reguladora de la Jurisdicción Contencioso-Administrativa; El Decreto de 26 de Julio de 1957, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado; la Ley de 17 de Julio de 1958, sobre Procedimiento Administrativo; la Ley de Tasas de 1958; la Ley de Régimen Jurídico de Entidades Estatales Autónomas de 26 de diciembre de 1958; la Ley y el Decreto de 7 de febrero de 1964, por los que se aprueba la Ley articulada de Funcionarios Civiles del Estado. Con estas normas, más la Ley de Expropiación Forzosa de 1954 y especialmente con la Ley de Régimen Jurídico de la Administración del Estado, se configura una Administración Civil del Estado separada de la Administración del Régimen, propiamente dicha (reducida a personal del Movimiento y de los Sindicatos Verticales). A finales de 1975, cuando se produce la muerte de Franco, España contaba con una Administración relativamente moderna y profesionalizada, que realizaba las funciones que llevaban a cabo las Administraciones Públicas de otros países de nuestro entorno. Se hallaba integrada por millares de funcionarios que habían pasado exámenes que comportaban pruebas objetivas, y que ponían el acento en los conocimientos y las competencias o técnicas conocidas por los candidatos, independientemente de sus contactos políticos o de sus relaciones económicas. Los tribunales de selección, nombrados por los responsables políticos pero integrados por funcionarios, no eran más que grupos de funcionarios que seleccionan a otros funcionarios y lo hacen sobre la base del mérito y las competencias ( incluso, hay casos en que la corrección se hace por ordenador). Lo que garantizaba la independencia ideológica de los seleccionados. En ese sentido, no es extraño, sobre todo a mitad ya de los años setenta, cuando yo me incorporé, encontrar algunos altos funcionarios con convicciones democráticas e incluso promotores de situaciones de conflicto con el régimen. Por ejemplo, el “escrito de los quinientos” altos funcionarios, funcionarios de cuerpos superiores, pidiendo una democratización total de la Función Pública o la fundación de la Asociación Española de Administración Pública constituyeron importantes muestras de acciones democráticas en esta área. Se asumió así, por las fuerzas políticas democráticas emergentes, que la caída de la dictadura en España no tenía por qué suponer una modificación significativa de la estructura de la Administración Pública, sino que se podía apostar por el mantenimiento de las Instituciones que, con tan sólo el cambio de los titulares de los órganos superiores, contribuirían a facilitar el tránsito pacífico, ordenado y sin traumas a la democracia. La normativa básica en materia de Función Pública era la Ley de Funcionarios de 1964, algunos de cuyos artículos aún están en vigor, y su trascendencia fue capital para el inicio de la profesionalización de la Administración Pública : creación de los Cuerpos Generales, extensión de la normativa básica en materia de derechos y deberes a todos los colectivos de funcionarios, establecimiento de órganos centrales de personal que establecieron criterios objetivos y uniformes en la gestión de personal, y sobre todo, la introducción de nuevos elementos culturales que modificaron la mentalidad existente en los ámbitos políticos y administrativos sobre las funciones y la responsabilidad de los funcionarios situados en un entorno determinado, pero necesariamente cambiante. En las transformaciones de los regímenes políticos y económicos, los periodos de transición son tan importantes como los de consolidación democrática. En todo ese proceso, el papel de la administración y de los servicios públicos es esencial. La modernización de las instituciones, su funcionamiento eficaz y la prestación de servicios de mayor…
Viernes 23 de Febrero de 2018 19:02

MIS RECUERDOS DEL “VIEJO PROFESOR”

por Juan Alarcón Montoya
Mis primeros contactos con Enrique Tierno Galván el “Viejo Profesor” datan de 1977, cuando como representante del Partido Socialista de la Región de Murcia en la Ejecutiva de la Federación de Partidos Socialistas participe, junto con los restos de la Federación ( FPS) que no se habían integrado en el PSOE, en la negociación desarrollada en el despacho de Raúl Morodo de la C/ Eduardo Dato de Madrid, de la Coalición Electoral Unidad Socialista (FPS-PSP) Partido Socialista Popular que presenté ante el Secretario 1º de las Cortes D. Félix Romojaro, en la sede de las mismas, en la Carrera de San Jerónimo de Madrid. Ese fue mi primer contacto directo con el “Viejo Profesor” al que sin embargo leía y tenía como referente ético-intelectual ya desde mi puesto de Ayudante de Derecho Político y Encargado de la Biblioteca del Seminario de Derecho Político de la Universidad de Murcia, bajo el magisterio de D. Rodrigo Fernández-Carbajal González, de ideología falangista pero respetuoso al máximo con sus discípulos, a los que daba una formación basada en los clásicos y abierta a todas las posiciones ideológicas desde una perspectiva democrática. Allí leí, y me fui identificando ideológicamente, los Boletines de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca editados por los discipulos y colaboradores de D. Enrique Tierno, que aportaban una visión distinta del análisis político imperante en la época. El siguiente contacto fue ya en Murcia con motivo de la campaña electoral de 1976, año en que tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas, a las que se presentó la Coalición Electoral Unidad Socialista (FPS-PSP). Formalizada la Coalición tuvieron lugar en Murcia los contactos para configurar la Candidatura que se presentaría a las Elecciones por Murcia y se decidió que el primer puesto sería para el líder del PSP murciano el farmacéutico de Calasparra Francisco Pérez Mayo, el segundo puesto lo ocuparía un trabajador del sector del mueble y militante de la USO y del PSRM Francisco Estrada, el tercero una mujer de las plataformas vecinales Julia Bascuñana y militante de USO y del PSRM. el cuarto puesto lo ocupó el periodista del PSP de Lorca Luis Casalduero Campoy, el quinto puesto lo ocupé yo fundador del PSRM y su representante ante la FPS y la nueva coalición electoral, el sexto puesto lo ocupó el maestro de Cieza del PSP Antonio Jesús Sánchez Ramos, el séptimo puesto lo ocupó Francisco Guillén Castaño trabajador de USO de Yecla y el octavo Jesús García Jiménez del PSRM y pintor decorador. No había Director de Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñar el puesto, realizando una campaña muy digna con un presupuesto ajustado de un total de 4 millones de pesetas frente a los 40 millones que invirtió el PSOE en esta misma campaña. El resultado fueron : Unión de Centro Democrático (U.C.D.) obtuvo 179.630 votos y 4 escaños. Partido Socialista Obrero Español (PSOE): 154.539 votos y 4 escaños. Alianza Popular: 30.161 votos. Partido Comunista de España (P.C.E.): 29.935 votos. Unidad Socialista (PSP-PSM): 22.345 votos. Mi contacto más directo con el “Viejo Profesor” fue con ocasión del Mitin que dió en Murcia con un auditorio entregado, en las instalaciones del Murcia Parque, que ofrecían un lleno espectacular y en el que a la entrada me encontré con Ciriaco de Vicente, el destacado en Murcia para dinamizar al PSOE tras la labor inicial de Fernando Valderrama, que me saludó diciendome : “ Juan, porqué no te vienes con nosotros” cuando sabía que era el director de campaña de Unidad Socialista en Murcia y no podía aceptar, cosa que si hicieron otros integrantes de nuestra candidatura. Posteriormente regresé a Madrid y me integre en el PSP hasta su integración en el PSOE, momento en que, tras el encontronazo con Andrés García de la Riva cuando me acerqué a la Agrupación del PSOE de Moncloa para recoger el carnet que como ex militante del PSP me tenían preparado, decidí retirarme de la política activa. Era el año 1978.
Poco después, en una reunión de la Ejecutiva de la FPS, planteé por qué no nos uníamos al PSOE, a lo que tanto Raventós como Barón me contestaron algo parecido a que Felipe era un niñato y que no valía la pena. Sin embargo, unos meses después, poco antes de las elecciones de junio de 1977, ambos negociaron e integraron a sus organizaciones en el PSOE, sin contar para nada con el resto de la FPS. En ese momento nos quedamos descolgados las restantes organizaciones federadas de la FPS, que en ese periodo habíamos progresado hasta convertirnos en partidos políticos legalizados: el PS de Galicia, el PS de Andalucía, el PS del País Valenciá, el PS de la Región Murciana, el PSD de Aragón, el PS de Asturias, el PS de Mallorca, el PS de Canarias, el PS de Extremadura, y nos vimos abocados a pactar de prisa y corriendo una Coalición Electoral con el Partido Socialista Popular de Tierno Galván. A esos efectos nos reunimos en el despacho de abogados de Raúl Morodo y allí acordamos unirnos en la Coalición Electoral “Unidad Socialista”, que firmé en representación del Partido Socialista de la Región Murciana (PSRM) y presenté en las Cortes ante Tomás F. Romojaro, Secretario de las mismas. En la primavera de 1977, en una de las últimas reuniones de la Ejecutiva de la FPS en la que todavía estaba el PS de Cataluña recuerdo que, dado que al estar yo en Madrid no controlaba a mi partido, el PSRM, y la USO, en la que me apoyaba para crecer en mi ausencia de Murcia, a la que ya iba menos por estar casado, había metido a una serie de impresentables como el Ñoño, Cebrián, el Rojo,… y éstos estaban controlando el Partido, que no avanzaba adecuadamente, le dije a Joan Raventós, a quien yo tenía como un referente moral, que estaba pensando pedir tres meses por asuntos propios sin sueldo e irme a Murcia a levantar el Partido, a lo que me aconsejó que no lo hiciera, que a veces esos sacrificios personales no eran recompensados en política. Y lo tuve en cuenta y no lo hice. Después he pensado que no sé si por esas fechas ya tenía previsto integrarse en el PSOE. Efectivamente, el PSRM iba a la deriva, se había nombrado un Secretario General que era un trabajador del metal, honesto pero sin demasiada base ni capacidad de liderazgo: Ambrosio Garre, y no había ningún componente intelectual entre su militancia. Como se aproximaban las elecciones, y me iba a ir a Murcia a presentarme en la Coalición Unidad Socialista (PSP-PSRM), solicité un permiso de un mes por asuntos propios a esos efectos y me llamaron de Personal de Presidencia para decirme que había otros funcionarios que se presentaban por otros partidos y ninguno había solicitado ese permiso. Y yo les repliqué que sin él no me iba porque me podían abrir expediente por abandono de servicio, con lo cual provoqué que el Subsecretario firmara una Resolución concediendo permiso, por el tiempo de la campaña, a todos los que se presentaran. Resuelto este tema, y dejando en Madrid a mi esposa en avanzado estado de gestación, dado que trabajaba, me fuí a Murcia y, cuando llegué a la sede del PSP para iniciar la campaña, no habían pensado en nombrar un Director de la Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñarlo y a partir de ahí me ocupé de la Campaña. En primer lugar, había que elaborar la lista de candidatos y, por nuestra parte, propusimos a Francisco Estrada Moreno, ebanista de El Palmar, Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, a mí, funcionario también de El Palmar, y a Jesús García Jiménez, pintor decorador. Con lo que la lista definitiva al Congreso de los Diputados quedó integrada por: 1.- Francisco Pérez Mayo por el PSP, Farmacéutico de Calasparra y Secretario General del PSP en Murcia. 2.- Francisco Estrada Moreno, Ebanista de El Palmar y militante de USO y del PSRM. 3.- Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, militante de USO y del PSRM y Presidenta de la Federación Provincial de Asociaciones De Vecinos de Murcia. 4.- Luis Casalduero Campoy, del PSP, Licenciado en Derecho y Técnico de Radiodifusión de Radio Popular de Lorca. 5.- Juan Alarcón Montoya, de El Palmar, Licenciado en Derecho y Técnico de Administración Civil del Estado, Fundador de la USTA y del PSRM y fundador y primer Presidente de Diógenes. 6.- Antonio Jesús Sánchez Ramos, del PSP, Maestro de Escuela de Cieza. 7.- Jesús García Jiménez, Pintor decorador, del PSRM. 8.- Francisco Guillén Castaño, del PSP, Panadero de Yecla y militante de la USO. 9.- José Ruiz Sola, Albañil de los Dolores y militante de los Movimientos Obreros. Para el Senado los tres candidatos eran del PSP: - Gabriel Pinazo Núñez, Profesor de E.G.B. de Murcia. - Huberto Sanz Benítez, Médico de Murcia. - Francisco Rodríguez López, Catedrático de la Universidad de Murcia. Y aún más: para evitar que las leyes que emanasen de un Congreso democrático fuesen bloqueadas por un Senado antidemocrático, se hizo un acuerdo con el PCE para apoyar la votación de Gabriel Pinazo, de Unidad Socialista, y de Francisco Cuervo, independiente presentado por el PCE. Resuelto el problema de las listas, acometimos la campaña electoral, en la que nos gastamos unos cuatro millones de pesetas, frente a los cuarenta que invirtió el PSOE. Tras una intensa campaña electoral, cerramos con un mitin de Tierno en el Murcia Parque con un lleno absoluto y al que asistió como espectador el líder del PSOE por Murcia, Ciriaco de Vicente, Inspector de Trabajo enviado por Madrid para potenciar la candidatura del PSOE en Murcia, quien al verme me dijo: “Juan, ¿por qué no te vienes con nosotros?”, cosa que sí habían conseguido con algún integrante de nuestro Partido antes del inicio de la campaña electoral. De hecho, tras 3 meses de negociaciones, José Muñoz Camacho (Presidente del PSRM), José Cebrián Buendía, José Antonio Bordes Vila (Noño) de la USO de Bazán de Cartagena,…
Ya durante la carrera se habían despertado mis inquietudes políticas. Se despertaron con Don Rodrigo, que, a pesar de su ideología falangista, nos enseñó los principios básicos de democracia y ya empecé a asistir a las reuniones que teníamos los viernes por la tarde en la residencia del Marqués de Mondéjar, que era un monárquico de don Juan y tenía un vino fino que contribuía a que el debate sobre política fuese interesante. El coordinador y animador era José Luis Mirete Navarro y se acabaron las tertulias cuando se acabaron las botellas de vino de la reserva que tenía en su residencia el marqués. En esa época también conocí los planteamientos del carlismo representados por Carlos Hugo de Borbón y Parma y que en mi curso de Derecho eran defendidos por Daniel Cáceres Hernández-Ros, que después fué Registrador de la Propiedad. Uno de los líderes del carlismo en Murcia era el cura de San Antolín, en cuya Iglesia saludamos por ese tiempo a Carlos Hugo de Borbón Parma que estuvo de visita en Murcia. También en esos años de carrera era compañero mío un falangista, Joaquín Cortés, que terminó de jurídico militar en Sevilla, y con él asistí un 20 de noviembre a la conmemoración, en la cárcel de Alicante, de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, cuyas Obras Completas había leído en mi infancia, ya que estaban en poder no sé si de mi padre o de mi madre, que en su juventud fue falangista y tenía un sello con el yugo y las flechas, y siempre me pareció que sus ideas, aunque no eran democráticas, sin embargo, sí tenían bastante de sociales. Otro momento importante de este proceso de concienciación política fué el de mi etapa como Presidente de la Juventud Estudiante Católica, la J.E.C., de Murcia, que se produjo como consecuencia de un retiro espiritual en el Convento de la Luz, en el que al padre Mosquera, que era el que lo daba, le dije que estaba dispuesto a entregarme a Dios, pero que no podía ser sacerdote porque me gustaban mucho las mujeres, a lo que él me respondió que no era necesario para ser un buen cristiano ser sacerdote, sino que se podía ser de otras formas y, a poco de esto, me propuso ocupar la presidencia de la JEC de Murcia, de la que él era consiliario. Fuí Presidente durante un tiempo y en esa etapa me desplacé a Madrid para asistir a un Congreso Nacional de las Juventudes Católicas y allí coincidimos con la separación de la cátedra de Tierno, Aranguren, García Calvo, etc. y al regresar, en una reunión del Comité Provincial de la Acción Católica de Murcia bajo la presidencia de Juan Candela Martínez, que después fue el suegro de Joaquín Almunia, manifesté que había que movilizar a la Universidad, controlada férreamente por aquel entonces por el Rector don Manuel Batlle y por el falangista Luciano de la Calzada, Decano de Filosofía y Letras, ante lo cual Juan Candela manifestó que yo era un elemento peligroso y, poco después, al proponerle al padre Mosquera que me dejara la llave de la residencia para organizar algún baile de confraternización entre la rama masculina y femenina de la JEC, dado que solamente coincidíamos en las misas y retiros, no sólo no me dió la llave sino que me quitó la presidencia. Por esos años se celebró el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado y publiqué en el diario La Verdad de Murcia un artículo de opinión, el 30 de junio de 1970, titulado: “Ser ciudadano es participar”, en el que defendía la participación pero abogaba por la libertad de votar en contra o de abstenerse y, lógicamente, me abstuve en la votación celebrada en la mesa correspondiente montada en las Escuelas Nuevas de El Palmar, sesión a la que asistió mi padre para intentar protegerme, dado que, a pesar de que la votación era secreta, por los resultados se podía saber lo que había votado cada uno. Y, efectivamente, sólo hubo una abstención, la mía, y tres votos en contra, que eran de los comunistas del pueblo. Durante esos años de la carrera y al amparo de los propagandistas católicos de la A.C.N. de P., que estaban presididos en Murcia por Antonio Pérez Crespo, que fué después el primer Presidente del Ente Preautonómico Murciano, nos reuníamos unos cuantos jóvenes universitarios para debatir sobre temas intelectuales, económicos y sociales de actualidad y en esas tertulias  participábamos: Juan Antonio Vicent, abogado de Alcantarilla, Mariano García Canales, actual Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Murcia, José Luis Mirete en la actualidadad Profesor Agregado de Filosofía del Derecho de la Universidad de Murcia, Mari-Carmen Sánchez-Rojas Fenoll que es Profesora Titular de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Julia Celdrán Ruano, May Bernal de la Cuesta, Jesús Galera, las oriolanas María Antonieta Esquer y Asunción Arias, sobrina de Adolfo Muñoz Alonso, Rector de la Complutense y Consejero del Movimiento, y los aportes de Molina del Segura del Consiliario Antonio Hernández: Joaquín Abellán García, Ramón, Luis Felipe Hernández Lorca y Andrés Hernández Ros, que no era universitario pero que asimilaba con avaricia la información que se ponía en común. A este último, que llegó a ser unos años después el primer presidente de la Comunidad Autónoma Murciana, como tenía antecedentes penales, pues intentó poner una bomba en el pantano de Santomera, Antonio Pérez Crespo lo quiso echar del grupo, pero no lo consiguió, porque todos cerramos filas con él y amenazamos con abandonar las reuniones. Los días 11 y 12 de diciembre de 1969 tuvieron lugar en Vitoria las III Connivencias de Jóvenes Propagandistas, con el desarrollo de una serie de ponencias: “Juventud y religión”, “Juventud y educación”, “Problema generacional”, Juventud e ideologías”, Juventud e ideologías políticas”, “Juventud y Familia”, “Juventud y amor” y “La realidad universitaria y la Ley de Educación”. El Centro de Murcia presentó la Ponencia “Juventud y familia”, siendo ponentes Joaquín Abellán García, María del Carmen Sánchez-Rojas Fenoll,…
Aún tuve que regresar al Sáhara, ya ocupado por Marruecos, en febrero de 1976, como Presidente del Grupo de Trabajo de la Comisión Interministerial para el desarrollo de los Acuerdos de Noviembre de 1975, con Marruecos y Mauritania, encargado de la valoración de los bienes inmuebles de carácter público existentes en el territorio del Sáhara y de los que procedía conservar por el Estado español. El Grupo, presidido por mí, en tanto representante de la Presidencia, estaba integrado por D. Avelino Fernández Areces, Ingeniero Jefe del Servicio de Obras Públicas del Gobierno General del Sáhara; D. Laureano García Ventura, Coronel de Intendencia de la Subsecretariía del Ministerio del Ejército; D. Eduardo Colomer Molinos, Coronel Ingeniero de Construcción, Jefe de la Comandancia de Obras de Canarias; D. Fernando Pérez de Sevilla y Guitard, Capitán de Intendencia de la Subsecretaría del Ministerio del Ejército, y D. Pablo Julio Roldán Verdejo, Arquitecto de la Dirección General de Patrimonio del Estado por el Ministerio de Hacienda. Realizamos un Informe-valoración, en base a los informes de los responsables de los distintos servicios, que daba un montante de 17.195 millones de pesetas. Como ha escrito Miguel Angel Aguilar_: “Desde aquel 14 de noviembre de 1975, hace ahora 40 años, cuando se firmó en Madrid el acuerdo tripartito por los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania, arrastramos una mala conciencia invencible. Fue entonces, en la linde del deshonor, en la agonía de Franco, cuando el gobierno suspendió el ejercicio de los deberes que nos incumbían como potencia administradora del territorio, a tenor de la Carta de Naciones Unidas. Esa firma precipitó el abandono fulminante del Sáhara sin atender a su condición de provincia, adquirida por decreto de la Presidencia del Gobierno el 10 de enero de 1958. Idéntico abandono hizo antes del territorio de Ifni que, erigido en provincia por el mismo decreto, fue retrocedido a Marruecos mediante el acuerdo de Fez del 4 de enero de 1969, ratificado por las Cortes españolas el 22 de abril. La declaración de estos territorios como provincias seguía la senda del salazarismo respecto de las posesiones portuguesas de ultramar. Su objetivo era evitar la rendición de cuentas ante el Comité de los 24 de la ONU, competente en materia de descolonización. Otra cosa es que el embajador de Franco ante la ONU, Jaime de Piniés, ignorara la pretendida provincialidad y cumplimentara bajo cuerda las peticiones del mencionado comité. Ahí están los documentos gráficos acreditativos de la presencia en el hemiciclo de las Cortes orgánicas tanto del consejero nacional del Movimiento, enviado por los camaradas nómadas, como de los otros dos procuradores de Representación Familiar, que, a tenor de la Ley Orgánica del Estado de 1966, eran elegidos por los cabezas de familia, empadronados en las tribus del desierto. Eran muy de ver, con sus atuendos blancos y azules del cuello a los pies, agrupados en escaños contiguos sin atender al estricto orden alfabético. La crónica desde El Aaiún de un buen amigo periodista, escrita en el número 27 del semanario Posible del 17 de julio de 1975, remite al origen de nuestra mala conciencia. Se titulaba “Nadie quiere morir por el Sáhara”. Empezaba así: “Dijo Kissinger ‘el Sáhara para Marruecos’. Y la luz se hizo”.
Para incorporarme a mi nuevo puesto de Jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Promoción del Sáhara tuve que ir a Personal de Presidencia del Gobierno, sito en el Palacete de Castellana, 3, donde me recibió el Subdirector de Personal, Pablo Veiga, y la Jefa del Servicio, que era otra compañera, Consuelo Crespo Aparicio, que me acogió con gran cariño, y me presentó a otro compañero, Julián Alvarez Alvarez, que pertenecía a la 3ª Promoción y que había estado en Hacienda de Toledo y después excedente y que acababa de reingresar allí, en Personal de Presidencia. Con él formalicé los documentos de mi cambio de puesto de trabajo y después me trasladé al palacete contiguo, donde me presenté al Secretario General, D. Enrique Ruiz y Gómez de Bonilla, que me asignó un despacho impresionante en la 1ª planta del chalet, dando al jardín de la C/ Alcalá Galiano, y que era uno de los mejores despachos de la Dirección. Su única pega era que estaba ocupado, ya que enfrente de mi magnífica mesa de despacho, de madera labrada, había una silla que ocupaba un veterano administrativo de origen catalán, el Sr. Pons, que no tenía nada que ver con mi trabajo y que no sé con qué motivo, si para espiarme o por dejadez, permanecía allí. Como apoyo administrativo tenía una única persona, un auxiliar joven, muy espabilado y trabajador, llamado Mariano Galán, que después ha llegado a Jefe de Personal de las Cortes españolas y con el que yo desarrollé mis tareas, que, en principio, y mientras no tuviese que acudir a La Haya, consistían en trasladar al Sáhara la legislación española, por lo que tenía que seguir al día el BOE para adaptar la normativa a la realidad del territorio saharaui. Al mismo tiempo, de cara al proceso de descolonización, se me encargó diseñar un plan de transición que permitiera pasar de la actual administración española a una administración por los saharauis. A esos efectos, empecé a diseñar un plan que consistía en que, durante un periodo de tiempo, a los actuales delegados de la Administración española en el territorio saharaui se les iban a unir como becarios joóvenes estudiantes saharauis, en funcion de sus estudios para cada área, y estarían allí durante el periodo de transición, durara el tiempo que durara, como delegados adjuntos, recibiendo el conocimiento y asistiendo al delegado español en la gestión del servicio en cuestión. Posteriormente, esos saharauis designados delegados adjuntos, pasarían a ser los futuros ministros del Gobierno Saharaui y contarían con un experto español por área para seguir asesorándoles en la gestión de los distintos servicios. Con tal fín realice un análisis de los estudiantes saharauis en España para ver cuáles de ellos iban a ser elegidos como adjuntos a los distintos servicios e igualmente inicié, si bien con mucha prudencia, la búsqueda de asesores españoles que estuviesen dispuestos a desplazarse al Sáhara para convertirse en Asesores de los saharauis, en su momento, cuando estos ocupasen definitivamente los servicios, ya que los actuales delegados no servían a esos propósitos. Para familiarizarme con el Sáhara hice un primer viaje que fué de reconocimiento del territorio y, en el mismo, recuerdo que conocí al Secretario General del Gobierno del Sáhara, Luis Rodríguez de Viguri, coronel de infantería, y también me llevaron a visitar en un helicóptero militar y siguiendo el cauce de la Saguía el Hamra, antiguo lecho de un río, la ciudad santa de Smara, sede del Santón saharaui Al Malainin, y donde visité el acuartelamiento de las Tropas Nómadas allí, que tenían piedras con grabados rupestres formando parte de las paredes de las cuadras donde tenían los animales representativos de la fauna autóctona. También me llevaron, esta vez en Land Rover, a visitar las minas de fosfatos de Bucrá y su cinta transportadora de material desde las minas hasta el "pantalan" que lo ponía en el mar abierto a bordo de los barcos. Impresionante obra de ingeniería española. En el pabellón de empleados civiles, donde me alojé, conocí a una serie de universitarios españoles que había contratado Rodríguez de Viguri para que estudiasen y pusiesen en valor la historia, costumbres y tradiciones saharahuis y entre ellos estaba Javier Ruiz, historiador, que me presentó al nieto del Chej Malainin, que trabajaba en Correos en el Aaiún y que me invitó a tomar el té saharaui (que son tres: el primero amargo como el nacimiento, el segundo agridulce como la vida y el tercero dulce como la muerte) en su casa en el poblado saharaui en las afueras de El Aaiún, y me dió a comer carne seca de camello en una habitación que no tenía muebles sino tan sólo alfombras y esteras, y las mujeres permanecieron en otra estancia sin aparecer mientras yo estuve allí. En junio de 1975 hice otro viaje a El Aaiún con intención de verme con el Secretario General para darle a conocer la selección de jóvenes estudiantes saharauis que había hecho, para que fuesen nombrados delegados adjuntos de los delegados españoles de los distintos servicios. A esos efectos hice escala en Las Palmas, donde me alojé en el hotel Santa Catalina. Y, dado que la Dirección tenía a una persona destinada en Las Palmas, que era Felipe Antonio Pradas Hernando (un Catedrático de Filosofía de Instituto murciano, que había trabajado en el Organismo de Fideicomisos de Naciones Unidas durante 17 años como Secretario con nivel P5 del mismo, donde se había jubilado), que, por su conocimiento de los procesos de descolonización, ya que había participado activamente en los de Nueva _Guinea-Papúa y en los de las Islas del Pacífico, había sido contratado para asesorar en el proceso de descolonización del Sáhara, para hacer el seguimiento respecto de la Misión de Visita que estaba realizando en esos meses Naciones Unidas, quedé con él en verme en un restaurante en la playa de las Canteras y, en el transcurso de la cena, llegué a la conclusión de que el Sáhara no se iba a descolonizar, sino que…
Uno de agosto de 1970, sábado. Ayer por la mañana estuvo en mi habitación el padre Arrieta y estuvimos charlando sobre las salidas al régimen español, los problemas planteados por la ley orgánica, la socialización posible (número de Cuadernos para el Diálogo y artículo de Peces-Barba). Me refirió que ha conocido a Claudio Sánchez Albornoz “el maestro” y a Madariaga, en Buenos Aires. Me habló también de las dificultades de convalidación de títulos y me puso por ejemplo a un discípulo de Rey Pastor y de Eisemberg que trabaja en la NASA en el proyecto Apolo y que al intentar hacer la tesis doctoral en Madrid, ya que era español, no se lo permitieron por formulismos burocráticos. Respecto de la Argentina y Perón me refirió la anécdota de que el día que se le destituyó Perón aguardaba la decisión de la reunión de generales y, como se prolongaba, los interrumpió para saber el veredicto y al comunicarle que por el bien del país debía dejar el poder, él les argumentó que eran unos militares vendidos (les sacó su relación con Mercedes, ya que su cuñado era el concesionario, y que el gobierno les había regalado uno a cada uno de ellos) y cómo cuando estaba en esto se presentó un grupo de coroneles, revólver en mano, conminándole a salir del país en dos horas, y, al saber lo de los Mercedes, destituyeron a los generales. En relación a este golpismo militar, me hizo la advertencia de que era preferible lo actual que un nuevo golpe militar. Que hay que andar con mucho tiento en España para intentar resolver los problemas por la vía civil. Después de la cena me enteré de algunas peculiaridades de la orden de benedictinos por el padre Juan Antonio. El noviciado lo tienen en Silos. Y tienen a gala mantener abierta a todo el mundo una hostelería en cada convento, así como la tendencia última a comunidades de vida sencilla. He recibido carta de casa, enviándome la de José Luis y la de ACN de P. Hoy, sábado, he charlado con Laurentino, Juan Antonio, Samuel y el padre Abad después de cenar y la conversación ha girado sobre los proyectos del CES del Valle para el curso próximo. El Abad está preocupado porque van a tener dos seminarios a cargo del padre Vázquez sobre técnicas de investigación social y de Fernando Guerrero sobre la empresa, imagino. Y piensa especializarse en pastoral y sociología completando el programa de la carrera de sociología del León XIII. Y ha dicho que, mejor que dedicarse a “desbarbar bestias”, refiriéndose a los cursos de ciencias sociales, el centro se especializaría en promover con becas la realización y la publicación de tesis sobre temas sociológicos acordes con la doctrina social de la Iglesia. Parece ser que iba a colaborar con la obra Fomento de Estudios Sociales de los jesuitas, pero éstos le han estropeado su programa de trabajo y no hay colaboración posible. El Abad proponía el estudio del paso de la responsabilidad individual a una responsabilidad o moral colectiva (estudio teórico siempre y sin demasiado peligro de chocar con personas e instituciones, posición conservadora), en tanto que los jesuitas proponían el estudio de la reforma de las instituciones (tocando ya cada vez más tierra). Estaba enfadado con éstos el Abad. Ha hecho también un comentario a la declaración de los obispos sobre la pobreza, indicando que estaban fuera de órbita, que teorizaban demasiado y no tenían un conocimiento certero de la realidad. El padre Juan Antonio estaba más de acuerdo con los jesuitas que con el programa del padre Abad. 4 agosto 1970. He tardado tanto porque el Merrill me lleva a mal traer, quiero terminarlo pronto y cada día se alarga más. Hoy ya lo he casi terminado. El domingo llegaron dos chicos, unos antiguos escolanos: Julio Sanz, estudiante no muy brillante de telecomunicaciones, y el otro, Jesús, de 22 años, estudiante de medicina, con una pose y una cierta amplitud de conocimientos. Me los ha presentado el padre Juan Antonio y los he invitado a tomar café. El padre Abad también ha estado charlando con ellos sobre el mundo futuro, con la cibernética, etc., está obsesionado con su mesa de prospectiva y con el programa sobre el paso de la conciencia individual a la conciencia social activa. Volví a leer en misa la epístola con Samuel. Y por la noche el padre Juan Antonio, que estuvo en mi habitación por la tarde, me estuvo pinchando en el aspecto religioso. Intenté quitarmelo de encima, pero no fue posible y el lunes después de comer volvió a insistir al respecto, lo cual me sentó un poco mal y se lo dijeron o me lo notó, pues después se disculpó. Me contó su vida de seminarista a monje con 17 años y últimamente de casamentero y me habló de sus publicaciones en la Biblioteca de Autores Cristianos. El lunes en la mañana estuve con el padre Manuel Garrido, que me enseñó la biblioteca de la Abadía. Es prodigiosa y valen una fortuna los libros que contiene: Teología, Liturgia (de la que es especialista, ha escrito un libro para la BAC), Patrística, Historias locales y regionales (con ejemplares muy curiosos), Historia (que era la especialidad de Fray Justo Pérez de Urbel, que fué el anterior Abad), Historia del Arte (el Pijoan), y en diccionarios una colección muy buena: (Espasa-Calpe); en Literatura, toda la colección Austral (el especialista es el padre Arrieta). En estos días, entretenido con los dos chicos nuevos, no he hablado con el padre Abad hasta esta noche, que casi ha ido a buscarme. Hemos hablado de la situación internacional: el dominio de bloques, también de inversiones americanas en España, del caso Areilza; de Gonzalo Fernández de la Mora; que interfirieron el objeto de negociaciones de España con un país extranjero; sobre su conversación con José Larraz y Joaquín Calvo Sotelo; sobre su hermano, el ex embajador en Chile, que es amigo de infancia del Presidente chileno Eduardo Frei. El porvenir…
  En el verano de 1970 decidí solicitar alojamiento, para preparar la Oposición de manera intensiva y alejado de los lugares de veraneo, en la Abadía del Valle de los Caídos y, con el apoyo de D. Rodrigo Fernández-Carvajal, me aceptaron los benedictinos, que me acogieron como huésped en su comunidad. Llegué el día 22 de julio de 1970 a la abadía del Valle de los Caídos a las 10,45 aproximadamente de la mañana y el recibimiento de que me hizo objeto el padre Raúl Arrieta será para mí inolvidable. Me instaló en la habitación 97 y me recogió a las dos de la tarde para ir a comer en el comedor de la abadía con los monjes benedictinos presididos por el Abad Luis María de Lojendio, un abogado vasco que había ingresado en la orden benedictina en 1960. Me presentó después al padre Cipriano García Gambin, licenciado en políticas, que me acogió más estirado. Por la tarde fuí a dar un paseo por la Basílica y regresé a la abadía, encontrandome con el padre Arrieta, que me entretuvo hablándome de las editoriales hispanoamericanas y me dijo que las grandes editoriales argentinas y mexicanas (Losada, Fondo de Cultura Económico, Paidós, Espasa-Calpe,…) habían sido fundadas por los intelectuales españoles expatriados. Asimismo, me habló del clima de Buenos Aires, que es horrendo (húmedo y caluroso). Me las veía y me las deseaba al principio para utilizar correctamente el cuchillo y el tenedor en las comidas, pero en poco tiempo me hice con ellos. Esas comidas en la comunidad benedictina eran acompañadas de lecturas, creo recordar que de las diferencias entre los dominicos y los franciscanos. Por la noche, después de cenar de 9,30 a 10, estuve charlando con el mismo padre Arrieta, que no me abandonó un solo momento en el primer día, y comentamos sobre sociología, el nivel de preparación español en la materia, confesándome su especialización en antropología. El día 23 ya trabé contacto con mi vecino de habitación, que era un joven sacerdote, coadjutor de una parroquia de Madrid, pero que a partir de septiembre sería Prefecto del Seminario, encargado de los chicos de quinto y sexto, y que preparaba una tesis de sociología sobre “educación de adultos según la Unesco”. Era el padre Samuel, que me prestó asimismo una inestimable ayuda para conseguir entablar contacto con los miembros de la comunidad, a los cuales fuí conociendo poco a poco. Esa noche estuvimos hablando con el padre Juan Antonio, que tenía una mentalidad bastante abierta, y comentamos los sucesos sociales de Granada y los anteriores de Murcia, cuando la Policía reprimió a tiros unas manifestaciones como consecuencia de la huelga en la construcción. También hablamos de la flexibilidad del Superior y de la correspondiente necesidad de ampliar la responsabilidad personal. El 24 a las 9,30 fuí a ver al padre Cipriano, que era el bibliotecario. Le entregué la carta del reverendo Yelo y se puso a contarme su carrera de políticas. Entre muchas otras cosas me contó la visita de Franco a Muñoz Grandes antes de marchar a Barcelona y cómo éste le dijo: “Paco, no pretendas ocultar lo de Matesa, podría ser tu perdición al final de tu carrera. Y te lo dice no un hombre, sino un cadáver que, por ello, no tiene ambiciones personales de ningún tipo”. Y que Franco, aconsejado por Carrero, había querido pegarle el carpetazo a Matesa, pero que Herrero Tejedor se había opuesto y el Tribunal Supremo estaba actuando inflexiblemente con mentalidad de juez. Que se había publicado en Alemania el informe de la Comisión Matesa a las Cortes en España. Y que sólo la revista S.P. había publicado la serie de fraudes e infracciones cometidas en el affaire Matesa. Me puso mal a Ollero y muy bien a Fraga y a Maravall. Por la tarde bajé a la cafetería de la Basílica y después de la cena estuve charlando con el padre Arrieta y con Samuel sobre la filosofía española. Muy malo para ellos el libro de Alfonso López Quintas y magistral Ortega en su libro sobre la cinegética, que es una verdadera obra maestra. Hoy 25 de julio he estado en la misa solemne en la Basílica, a donde he bajado con los padres benedictinos. He trabado cierta amistad con el reverendo Leoncio, que está en Alcalá y estudia composición y quizá venga a la abadía para dirigir el coro o escolanía. De tendencias socialistas de izquierda. Así, hemos subido hasta el pie de la cruz, que es el máximo permitido. El escenario es espléndido. He conocido al padre encargado por ahora de la escolanía, el padre Laurentino, que es un hombre juvenil y goza de la predilección servil del Abad. A la comida ha asistido un amigo personal del Abad, don Victorino, jefe de prensa del Ministerio de Trabajo, hombre con un conocimiento personal tanto de José Antonio, del cual fue jefe del gabinete de estudios, y del jefe de la falange de Valladolid, que luchó y murió en las alturas del Guadarrama, o sea aquí mismo. Después de la comida el Abad Luis María de Lojendio, que me ha sido presentado por el padre Arrieta, nos ha invitado a tomar café y copa de coñac, quedando a mi izquierda un benedictino holandés y a mi derecha el padre Angel. El Abad se ha sorprendido de que no fuera seminarista ni cura, y me ha preguntado varias veces qué hacía yo allí. Después se ha interesado por mi oposición y me ha preguntado ante quién me tenía que recomendar. Insinuando a la hija de Jordana de Pozas, el veterano administrativista, me insistió varias veces en que le interesaba vincular gente joven al centro y que contaba conmigo para algún seminario. Me explicaron que van a celebrarse dos mesas redondas, una a cargo de Juan Velarde Fuertes y otra a cargo de Luis González Seara, sobre Prospectiva: la sociedad del futuro y varios seminarios. Al café han asistido todos los elementos seglares: uno de ellos por el que el Abad…
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