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A modo de memorias
A modo de memorias

A modo de memorias (15)

Poco después, en una reunión de la Ejecutiva de la FPS, planteé por qué no nos uníamos al PSOE, a lo que tanto Raventós como Barón me contestaron algo parecido a que Felipe era un niñato y que no valía la pena. Sin embargo, unos meses después, poco antes de las elecciones de junio de 1977, ambos negociaron e integraron a sus organizaciones en el PSOE, sin contar para nada con el resto de la FPS. En ese momento nos quedamos descolgados las restantes organizaciones federadas de la FPS, que en ese periodo habíamos progresado hasta convertirnos en partidos políticos legalizados: el PS de Galicia, el PS de Andalucía, el PS del País Valenciá, el PS de la Región Murciana, el PSD de Aragón, el PS de Asturias, el PS de Mallorca, el PS de Canarias, el PS de Extremadura, y nos vimos abocados a pactar de prisa y corriendo una Coalición Electoral con el Partido Socialista Popular de Tierno Galván. A esos efectos nos reunimos en el despacho de abogados de Raúl Morodo y allí acordamos unirnos en la Coalición Electoral “Unidad Socialista”, que firmé en representación del Partido Socialista de la Región Murciana (PSRM) y presenté en las Cortes ante Tomás F. Romojaro, Secretario de las mismas. En la primavera de 1977, en una de las últimas reuniones de la Ejecutiva de la FPS en la que todavía estaba el PS de Cataluña recuerdo que, dado que al estar yo en Madrid no controlaba a mi partido, el PSRM, y la USO, en la que me apoyaba para crecer en mi ausencia de Murcia, a la que ya iba menos por estar casado, había metido a una serie de impresentables como el Ñoño, Cebrián, el Rojo,… y éstos estaban controlando el Partido, que no avanzaba adecuadamente, le dije a Joan Raventós, a quien yo tenía como un referente moral, que estaba pensando pedir tres meses por asuntos propios sin sueldo e irme a Murcia a levantar el Partido, a lo que me aconsejó que no lo hiciera, que a veces esos sacrificios personales no eran recompensados en política. Y lo tuve en cuenta y no lo hice. Después he pensado que no sé si por esas fechas ya tenía previsto integrarse en el PSOE. Efectivamente, el PSRM iba a la deriva, se había nombrado un Secretario General que era un trabajador del metal, honesto pero sin demasiada base ni capacidad de liderazgo: Ambrosio Garre, y no había ningún componente intelectual entre su militancia. Como se aproximaban las elecciones, y me iba a ir a Murcia a presentarme en la Coalición Unidad Socialista (PSP-PSRM), solicité un permiso de un mes por asuntos propios a esos efectos y me llamaron de Personal de Presidencia para decirme que había otros funcionarios que se presentaban por otros partidos y ninguno había solicitado ese permiso. Y yo les repliqué que sin él no me iba porque me podían abrir expediente por abandono de servicio, con lo cual provoqué que el Subsecretario firmara una Resolución concediendo permiso, por el tiempo de la campaña, a todos los que se presentaran. Resuelto este tema, y dejando en Madrid a mi esposa en avanzado estado de gestación, dado que trabajaba, me fuí a Murcia y, cuando llegué a la sede del PSP para iniciar la campaña, no habían pensado en nombrar un Director de la Campaña Electoral y me ofrecí a desempeñarlo y a partir de ahí me ocupé de la Campaña. En primer lugar, había que elaborar la lista de candidatos y, por nuestra parte, propusimos a Francisco Estrada Moreno, ebanista de El Palmar, Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, a mí, funcionario también de El Palmar, y a Jesús García Jiménez, pintor decorador. Con lo que la lista definitiva al Congreso de los Diputados quedó integrada por: 1.- Francisco Pérez Mayo por el PSP, Farmacéutico de Calasparra y Secretario General del PSP en Murcia. 2.- Francisco Estrada Moreno, Ebanista de El Palmar y militante de USO y del PSRM. 3.- Julia Bascuñana Moreno, Asistente Social, militante de USO y del PSRM y Presidenta de la Federación Provincial de Asociaciones De Vecinos de Murcia. 4.- Luis Casalduero Campoy, del PSP, Licenciado en Derecho y Técnico de Radiodifusión de Radio Popular de Lorca. 5.- Juan Alarcón Montoya, de El Palmar, Licenciado en Derecho y Técnico de Administración Civil del Estado, Fundador de la USTA y del PSRM y fundador y primer Presidente de Diógenes. 6.- Antonio Jesús Sánchez Ramos, del PSP, Maestro de Escuela de Cieza. 7.- Jesús García Jiménez, Pintor decorador, del PSRM. 8.- Francisco Guillén Castaño, del PSP, Panadero de Yecla y militante de la USO. 9.- José Ruiz Sola, Albañil de los Dolores y militante de los Movimientos Obreros. Para el Senado los tres candidatos eran del PSP: - Gabriel Pinazo Núñez, Profesor de E.G.B. de Murcia. - Huberto Sanz Benítez, Médico de Murcia. - Francisco Rodríguez López, Catedrático de la Universidad de Murcia. Y aún más: para evitar que las leyes que emanasen de un Congreso democrático fuesen bloqueadas por un Senado antidemocrático, se hizo un acuerdo con el PCE para apoyar la votación de Gabriel Pinazo, de Unidad Socialista, y de Francisco Cuervo, independiente presentado por el PCE. Resuelto el problema de las listas, acometimos la campaña electoral, en la que nos gastamos unos cuatro millones de pesetas, frente a los cuarenta que invirtió el PSOE. Tras una intensa campaña electoral, cerramos con un mitin de Tierno en el Murcia Parque con un lleno absoluto y al que asistió como espectador el líder del PSOE por Murcia, Ciriaco de Vicente, Inspector de Trabajo enviado por Madrid para potenciar la candidatura del PSOE en Murcia, quien al verme me dijo: “Juan, ¿por qué no te vienes con nosotros?”, cosa que sí habían conseguido con algún integrante de nuestro Partido antes del inicio de la campaña electoral. De hecho, tras 3 meses de negociaciones, José Muñoz Camacho (Presidente del PSRM), José Cebrián Buendía, José Antonio Bordes Vila (Noño) de la USO de Bazán de Cartagena,…
Ya durante la carrera se habían despertado mis inquietudes políticas. Se despertaron con Don Rodrigo, que, a pesar de su ideología falangista, nos enseñó los principios básicos de democracia y ya empecé a asistir a las reuniones que teníamos los viernes por la tarde en la residencia del Marqués de Mondéjar, que era un monárquico de don Juan y tenía un vino fino que contribuía a que el debate sobre política fuese interesante. El coordinador y animador era José Luis Mirete Navarro y se acabaron las tertulias cuando se acabaron las botellas de vino de la reserva que tenía en su residencia el marqués. En esa época también conocí los planteamientos del carlismo representados por Carlos Hugo de Borbón y Parma y que en mi curso de Derecho eran defendidos por Daniel Cáceres Hernández-Ros, que después fué Registrador de la Propiedad. Uno de los líderes del carlismo en Murcia era el cura de San Antolín, en cuya Iglesia saludamos por ese tiempo a Carlos Hugo de Borbón Parma que estuvo de visita en Murcia. También en esos años de carrera era compañero mío un falangista, Joaquín Cortés, que terminó de jurídico militar en Sevilla, y con él asistí un 20 de noviembre a la conmemoración, en la cárcel de Alicante, de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, cuyas Obras Completas había leído en mi infancia, ya que estaban en poder no sé si de mi padre o de mi madre, que en su juventud fue falangista y tenía un sello con el yugo y las flechas, y siempre me pareció que sus ideas, aunque no eran democráticas, sin embargo, sí tenían bastante de sociales. Otro momento importante de este proceso de concienciación política fué el de mi etapa como Presidente de la Juventud Estudiante Católica, la J.E.C., de Murcia, que se produjo como consecuencia de un retiro espiritual en el Convento de la Luz, en el que al padre Mosquera, que era el que lo daba, le dije que estaba dispuesto a entregarme a Dios, pero que no podía ser sacerdote porque me gustaban mucho las mujeres, a lo que él me respondió que no era necesario para ser un buen cristiano ser sacerdote, sino que se podía ser de otras formas y, a poco de esto, me propuso ocupar la presidencia de la JEC de Murcia, de la que él era consiliario. Fuí Presidente durante un tiempo y en esa etapa me desplacé a Madrid para asistir a un Congreso Nacional de las Juventudes Católicas y allí coincidimos con la separación de la cátedra de Tierno, Aranguren, García Calvo, etc. y al regresar, en una reunión del Comité Provincial de la Acción Católica de Murcia bajo la presidencia de Juan Candela Martínez, que después fue el suegro de Joaquín Almunia, manifesté que había que movilizar a la Universidad, controlada férreamente por aquel entonces por el Rector don Manuel Batlle y por el falangista Luciano de la Calzada, Decano de Filosofía y Letras, ante lo cual Juan Candela manifestó que yo era un elemento peligroso y, poco después, al proponerle al padre Mosquera que me dejara la llave de la residencia para organizar algún baile de confraternización entre la rama masculina y femenina de la JEC, dado que solamente coincidíamos en las misas y retiros, no sólo no me dió la llave sino que me quitó la presidencia. Por esos años se celebró el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado y publiqué en el diario La Verdad de Murcia un artículo de opinión, el 30 de junio de 1970, titulado: “Ser ciudadano es participar”, en el que defendía la participación pero abogaba por la libertad de votar en contra o de abstenerse y, lógicamente, me abstuve en la votación celebrada en la mesa correspondiente montada en las Escuelas Nuevas de El Palmar, sesión a la que asistió mi padre para intentar protegerme, dado que, a pesar de que la votación era secreta, por los resultados se podía saber lo que había votado cada uno. Y, efectivamente, sólo hubo una abstención, la mía, y tres votos en contra, que eran de los comunistas del pueblo. Durante esos años de la carrera y al amparo de los propagandistas católicos de la A.C.N. de P., que estaban presididos en Murcia por Antonio Pérez Crespo, que fué después el primer Presidente del Ente Preautonómico Murciano, nos reuníamos unos cuantos jóvenes universitarios para debatir sobre temas intelectuales, económicos y sociales de actualidad y en esas tertulias  participábamos: Juan Antonio Vicent, abogado de Alcantarilla, Mariano García Canales, actual Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Murcia, José Luis Mirete en la actualidadad Profesor Agregado de Filosofía del Derecho de la Universidad de Murcia, Mari-Carmen Sánchez-Rojas Fenoll que es Profesora Titular de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Julia Celdrán Ruano, May Bernal de la Cuesta, Jesús Galera, las oriolanas María Antonieta Esquer y Asunción Arias, sobrina de Adolfo Muñoz Alonso, Rector de la Complutense y Consejero del Movimiento, y los aportes de Molina del Segura del Consiliario Antonio Hernández: Joaquín Abellán García, Ramón, Luis Felipe Hernández Lorca y Andrés Hernández Ros, que no era universitario pero que asimilaba con avaricia la información que se ponía en común. A este último, que llegó a ser unos años después el primer presidente de la Comunidad Autónoma Murciana, como tenía antecedentes penales, pues intentó poner una bomba en el pantano de Santomera, Antonio Pérez Crespo lo quiso echar del grupo, pero no lo consiguió, porque todos cerramos filas con él y amenazamos con abandonar las reuniones. Los días 11 y 12 de diciembre de 1969 tuvieron lugar en Vitoria las III Connivencias de Jóvenes Propagandistas, con el desarrollo de una serie de ponencias: “Juventud y religión”, “Juventud y educación”, “Problema generacional”, Juventud e ideologías”, Juventud e ideologías políticas”, “Juventud y Familia”, “Juventud y amor” y “La realidad universitaria y la Ley de Educación”. El Centro de Murcia presentó la Ponencia “Juventud y familia”, siendo ponentes Joaquín Abellán García, María del Carmen Sánchez-Rojas Fenoll,…
Aún tuve que regresar al Sáhara, ya ocupado por Marruecos, en febrero de 1976, como Presidente del Grupo de Trabajo de la Comisión Interministerial para el desarrollo de los Acuerdos de Noviembre de 1975, con Marruecos y Mauritania, encargado de la valoración de los bienes inmuebles de carácter público existentes en el territorio del Sáhara y de los que procedía conservar por el Estado español. El Grupo, presidido por mí, en tanto representante de la Presidencia, estaba integrado por D. Avelino Fernández Areces, Ingeniero Jefe del Servicio de Obras Públicas del Gobierno General del Sáhara; D. Laureano García Ventura, Coronel de Intendencia de la Subsecretariía del Ministerio del Ejército; D. Eduardo Colomer Molinos, Coronel Ingeniero de Construcción, Jefe de la Comandancia de Obras de Canarias; D. Fernando Pérez de Sevilla y Guitard, Capitán de Intendencia de la Subsecretaría del Ministerio del Ejército, y D. Pablo Julio Roldán Verdejo, Arquitecto de la Dirección General de Patrimonio del Estado por el Ministerio de Hacienda. Realizamos un Informe-valoración, en base a los informes de los responsables de los distintos servicios, que daba un montante de 17.195 millones de pesetas. Como ha escrito Miguel Angel Aguilar_: “Desde aquel 14 de noviembre de 1975, hace ahora 40 años, cuando se firmó en Madrid el acuerdo tripartito por los gobiernos de España, Marruecos y Mauritania, arrastramos una mala conciencia invencible. Fue entonces, en la linde del deshonor, en la agonía de Franco, cuando el gobierno suspendió el ejercicio de los deberes que nos incumbían como potencia administradora del territorio, a tenor de la Carta de Naciones Unidas. Esa firma precipitó el abandono fulminante del Sáhara sin atender a su condición de provincia, adquirida por decreto de la Presidencia del Gobierno el 10 de enero de 1958. Idéntico abandono hizo antes del territorio de Ifni que, erigido en provincia por el mismo decreto, fue retrocedido a Marruecos mediante el acuerdo de Fez del 4 de enero de 1969, ratificado por las Cortes españolas el 22 de abril. La declaración de estos territorios como provincias seguía la senda del salazarismo respecto de las posesiones portuguesas de ultramar. Su objetivo era evitar la rendición de cuentas ante el Comité de los 24 de la ONU, competente en materia de descolonización. Otra cosa es que el embajador de Franco ante la ONU, Jaime de Piniés, ignorara la pretendida provincialidad y cumplimentara bajo cuerda las peticiones del mencionado comité. Ahí están los documentos gráficos acreditativos de la presencia en el hemiciclo de las Cortes orgánicas tanto del consejero nacional del Movimiento, enviado por los camaradas nómadas, como de los otros dos procuradores de Representación Familiar, que, a tenor de la Ley Orgánica del Estado de 1966, eran elegidos por los cabezas de familia, empadronados en las tribus del desierto. Eran muy de ver, con sus atuendos blancos y azules del cuello a los pies, agrupados en escaños contiguos sin atender al estricto orden alfabético. La crónica desde El Aaiún de un buen amigo periodista, escrita en el número 27 del semanario Posible del 17 de julio de 1975, remite al origen de nuestra mala conciencia. Se titulaba “Nadie quiere morir por el Sáhara”. Empezaba así: “Dijo Kissinger ‘el Sáhara para Marruecos’. Y la luz se hizo”.
Para incorporarme a mi nuevo puesto de Jefe del Gabinete Técnico de la Dirección General de Promoción del Sáhara tuve que ir a Personal de Presidencia del Gobierno, sito en el Palacete de Castellana, 3, donde me recibió el Subdirector de Personal, Pablo Veiga, y la Jefa del Servicio, que era otra compañera, Consuelo Crespo Aparicio, que me acogió con gran cariño, y me presentó a otro compañero, Julián Alvarez Alvarez, que pertenecía a la 3ª Promoción y que había estado en Hacienda de Toledo y después excedente y que acababa de reingresar allí, en Personal de Presidencia. Con él formalicé los documentos de mi cambio de puesto de trabajo y después me trasladé al palacete contiguo, donde me presenté al Secretario General, D. Enrique Ruiz y Gómez de Bonilla, que me asignó un despacho impresionante en la 1ª planta del chalet, dando al jardín de la C/ Alcalá Galiano, y que era uno de los mejores despachos de la Dirección. Su única pega era que estaba ocupado, ya que enfrente de mi magnífica mesa de despacho, de madera labrada, había una silla que ocupaba un veterano administrativo de origen catalán, el Sr. Pons, que no tenía nada que ver con mi trabajo y que no sé con qué motivo, si para espiarme o por dejadez, permanecía allí. Como apoyo administrativo tenía una única persona, un auxiliar joven, muy espabilado y trabajador, llamado Mariano Galán, que después ha llegado a Jefe de Personal de las Cortes españolas y con el que yo desarrollé mis tareas, que, en principio, y mientras no tuviese que acudir a La Haya, consistían en trasladar al Sáhara la legislación española, por lo que tenía que seguir al día el BOE para adaptar la normativa a la realidad del territorio saharaui. Al mismo tiempo, de cara al proceso de descolonización, se me encargó diseñar un plan de transición que permitiera pasar de la actual administración española a una administración por los saharauis. A esos efectos, empecé a diseñar un plan que consistía en que, durante un periodo de tiempo, a los actuales delegados de la Administración española en el territorio saharaui se les iban a unir como becarios joóvenes estudiantes saharauis, en funcion de sus estudios para cada área, y estarían allí durante el periodo de transición, durara el tiempo que durara, como delegados adjuntos, recibiendo el conocimiento y asistiendo al delegado español en la gestión del servicio en cuestión. Posteriormente, esos saharauis designados delegados adjuntos, pasarían a ser los futuros ministros del Gobierno Saharaui y contarían con un experto español por área para seguir asesorándoles en la gestión de los distintos servicios. Con tal fín realice un análisis de los estudiantes saharauis en España para ver cuáles de ellos iban a ser elegidos como adjuntos a los distintos servicios e igualmente inicié, si bien con mucha prudencia, la búsqueda de asesores españoles que estuviesen dispuestos a desplazarse al Sáhara para convertirse en Asesores de los saharauis, en su momento, cuando estos ocupasen definitivamente los servicios, ya que los actuales delegados no servían a esos propósitos. Para familiarizarme con el Sáhara hice un primer viaje que fué de reconocimiento del territorio y, en el mismo, recuerdo que conocí al Secretario General del Gobierno del Sáhara, Luis Rodríguez de Viguri, coronel de infantería, y también me llevaron a visitar en un helicóptero militar y siguiendo el cauce de la Saguía el Hamra, antiguo lecho de un río, la ciudad santa de Smara, sede del Santón saharaui Al Malainin, y donde visité el acuartelamiento de las Tropas Nómadas allí, que tenían piedras con grabados rupestres formando parte de las paredes de las cuadras donde tenían los animales representativos de la fauna autóctona. También me llevaron, esta vez en Land Rover, a visitar las minas de fosfatos de Bucrá y su cinta transportadora de material desde las minas hasta el "pantalan" que lo ponía en el mar abierto a bordo de los barcos. Impresionante obra de ingeniería española. En el pabellón de empleados civiles, donde me alojé, conocí a una serie de universitarios españoles que había contratado Rodríguez de Viguri para que estudiasen y pusiesen en valor la historia, costumbres y tradiciones saharahuis y entre ellos estaba Javier Ruiz, historiador, que me presentó al nieto del Chej Malainin, que trabajaba en Correos en el Aaiún y que me invitó a tomar el té saharaui (que son tres: el primero amargo como el nacimiento, el segundo agridulce como la vida y el tercero dulce como la muerte) en su casa en el poblado saharaui en las afueras de El Aaiún, y me dió a comer carne seca de camello en una habitación que no tenía muebles sino tan sólo alfombras y esteras, y las mujeres permanecieron en otra estancia sin aparecer mientras yo estuve allí. En junio de 1975 hice otro viaje a El Aaiún con intención de verme con el Secretario General para darle a conocer la selección de jóvenes estudiantes saharauis que había hecho, para que fuesen nombrados delegados adjuntos de los delegados españoles de los distintos servicios. A esos efectos hice escala en Las Palmas, donde me alojé en el hotel Santa Catalina. Y, dado que la Dirección tenía a una persona destinada en Las Palmas, que era Felipe Antonio Pradas Hernando (un Catedrático de Filosofía de Instituto murciano, que había trabajado en el Organismo de Fideicomisos de Naciones Unidas durante 17 años como Secretario con nivel P5 del mismo, donde se había jubilado), que, por su conocimiento de los procesos de descolonización, ya que había participado activamente en los de Nueva _Guinea-Papúa y en los de las Islas del Pacífico, había sido contratado para asesorar en el proceso de descolonización del Sáhara, para hacer el seguimiento respecto de la Misión de Visita que estaba realizando en esos meses Naciones Unidas, quedé con él en verme en un restaurante en la playa de las Canteras y, en el transcurso de la cena, llegué a la conclusión de que el Sáhara no se iba a descolonizar, sino que…
Uno de agosto de 1970, sábado. Ayer por la mañana estuvo en mi habitación el padre Arrieta y estuvimos charlando sobre las salidas al régimen español, los problemas planteados por la ley orgánica, la socialización posible (número de Cuadernos para el Diálogo y artículo de Peces-Barba). Me refirió que ha conocido a Claudio Sánchez Albornoz “el maestro” y a Madariaga, en Buenos Aires. Me habló también de las dificultades de convalidación de títulos y me puso por ejemplo a un discípulo de Rey Pastor y de Eisemberg que trabaja en la NASA en el proyecto Apolo y que al intentar hacer la tesis doctoral en Madrid, ya que era español, no se lo permitieron por formulismos burocráticos. Respecto de la Argentina y Perón me refirió la anécdota de que el día que se le destituyó Perón aguardaba la decisión de la reunión de generales y, como se prolongaba, los interrumpió para saber el veredicto y al comunicarle que por el bien del país debía dejar el poder, él les argumentó que eran unos militares vendidos (les sacó su relación con Mercedes, ya que su cuñado era el concesionario, y que el gobierno les había regalado uno a cada uno de ellos) y cómo cuando estaba en esto se presentó un grupo de coroneles, revólver en mano, conminándole a salir del país en dos horas, y, al saber lo de los Mercedes, destituyeron a los generales. En relación a este golpismo militar, me hizo la advertencia de que era preferible lo actual que un nuevo golpe militar. Que hay que andar con mucho tiento en España para intentar resolver los problemas por la vía civil. Después de la cena me enteré de algunas peculiaridades de la orden de benedictinos por el padre Juan Antonio. El noviciado lo tienen en Silos. Y tienen a gala mantener abierta a todo el mundo una hostelería en cada convento, así como la tendencia última a comunidades de vida sencilla. He recibido carta de casa, enviándome la de José Luis y la de ACN de P. Hoy, sábado, he charlado con Laurentino, Juan Antonio, Samuel y el padre Abad después de cenar y la conversación ha girado sobre los proyectos del CES del Valle para el curso próximo. El Abad está preocupado porque van a tener dos seminarios a cargo del padre Vázquez sobre técnicas de investigación social y de Fernando Guerrero sobre la empresa, imagino. Y piensa especializarse en pastoral y sociología completando el programa de la carrera de sociología del León XIII. Y ha dicho que, mejor que dedicarse a “desbarbar bestias”, refiriéndose a los cursos de ciencias sociales, el centro se especializaría en promover con becas la realización y la publicación de tesis sobre temas sociológicos acordes con la doctrina social de la Iglesia. Parece ser que iba a colaborar con la obra Fomento de Estudios Sociales de los jesuitas, pero éstos le han estropeado su programa de trabajo y no hay colaboración posible. El Abad proponía el estudio del paso de la responsabilidad individual a una responsabilidad o moral colectiva (estudio teórico siempre y sin demasiado peligro de chocar con personas e instituciones, posición conservadora), en tanto que los jesuitas proponían el estudio de la reforma de las instituciones (tocando ya cada vez más tierra). Estaba enfadado con éstos el Abad. Ha hecho también un comentario a la declaración de los obispos sobre la pobreza, indicando que estaban fuera de órbita, que teorizaban demasiado y no tenían un conocimiento certero de la realidad. El padre Juan Antonio estaba más de acuerdo con los jesuitas que con el programa del padre Abad. 4 agosto 1970. He tardado tanto porque el Merrill me lleva a mal traer, quiero terminarlo pronto y cada día se alarga más. Hoy ya lo he casi terminado. El domingo llegaron dos chicos, unos antiguos escolanos: Julio Sanz, estudiante no muy brillante de telecomunicaciones, y el otro, Jesús, de 22 años, estudiante de medicina, con una pose y una cierta amplitud de conocimientos. Me los ha presentado el padre Juan Antonio y los he invitado a tomar café. El padre Abad también ha estado charlando con ellos sobre el mundo futuro, con la cibernética, etc., está obsesionado con su mesa de prospectiva y con el programa sobre el paso de la conciencia individual a la conciencia social activa. Volví a leer en misa la epístola con Samuel. Y por la noche el padre Juan Antonio, que estuvo en mi habitación por la tarde, me estuvo pinchando en el aspecto religioso. Intenté quitarmelo de encima, pero no fue posible y el lunes después de comer volvió a insistir al respecto, lo cual me sentó un poco mal y se lo dijeron o me lo notó, pues después se disculpó. Me contó su vida de seminarista a monje con 17 años y últimamente de casamentero y me habló de sus publicaciones en la Biblioteca de Autores Cristianos. El lunes en la mañana estuve con el padre Manuel Garrido, que me enseñó la biblioteca de la Abadía. Es prodigiosa y valen una fortuna los libros que contiene: Teología, Liturgia (de la que es especialista, ha escrito un libro para la BAC), Patrística, Historias locales y regionales (con ejemplares muy curiosos), Historia (que era la especialidad de Fray Justo Pérez de Urbel, que fué el anterior Abad), Historia del Arte (el Pijoan), y en diccionarios una colección muy buena: (Espasa-Calpe); en Literatura, toda la colección Austral (el especialista es el padre Arrieta). En estos días, entretenido con los dos chicos nuevos, no he hablado con el padre Abad hasta esta noche, que casi ha ido a buscarme. Hemos hablado de la situación internacional: el dominio de bloques, también de inversiones americanas en España, del caso Areilza; de Gonzalo Fernández de la Mora; que interfirieron el objeto de negociaciones de España con un país extranjero; sobre su conversación con José Larraz y Joaquín Calvo Sotelo; sobre su hermano, el ex embajador en Chile, que es amigo de infancia del Presidente chileno Eduardo Frei. El porvenir…
  En el verano de 1970 decidí solicitar alojamiento, para preparar la Oposición de manera intensiva y alejado de los lugares de veraneo, en la Abadía del Valle de los Caídos y, con el apoyo de D. Rodrigo Fernández-Carvajal, me aceptaron los benedictinos, que me acogieron como huésped en su comunidad. Llegué el día 22 de julio de 1970 a la abadía del Valle de los Caídos a las 10,45 aproximadamente de la mañana y el recibimiento de que me hizo objeto el padre Raúl Arrieta será para mí inolvidable. Me instaló en la habitación 97 y me recogió a las dos de la tarde para ir a comer en el comedor de la abadía con los monjes benedictinos presididos por el Abad Luis María de Lojendio, un abogado vasco que había ingresado en la orden benedictina en 1960. Me presentó después al padre Cipriano García Gambin, licenciado en políticas, que me acogió más estirado. Por la tarde fuí a dar un paseo por la Basílica y regresé a la abadía, encontrandome con el padre Arrieta, que me entretuvo hablándome de las editoriales hispanoamericanas y me dijo que las grandes editoriales argentinas y mexicanas (Losada, Fondo de Cultura Económico, Paidós, Espasa-Calpe,…) habían sido fundadas por los intelectuales españoles expatriados. Asimismo, me habló del clima de Buenos Aires, que es horrendo (húmedo y caluroso). Me las veía y me las deseaba al principio para utilizar correctamente el cuchillo y el tenedor en las comidas, pero en poco tiempo me hice con ellos. Esas comidas en la comunidad benedictina eran acompañadas de lecturas, creo recordar que de las diferencias entre los dominicos y los franciscanos. Por la noche, después de cenar de 9,30 a 10, estuve charlando con el mismo padre Arrieta, que no me abandonó un solo momento en el primer día, y comentamos sobre sociología, el nivel de preparación español en la materia, confesándome su especialización en antropología. El día 23 ya trabé contacto con mi vecino de habitación, que era un joven sacerdote, coadjutor de una parroquia de Madrid, pero que a partir de septiembre sería Prefecto del Seminario, encargado de los chicos de quinto y sexto, y que preparaba una tesis de sociología sobre “educación de adultos según la Unesco”. Era el padre Samuel, que me prestó asimismo una inestimable ayuda para conseguir entablar contacto con los miembros de la comunidad, a los cuales fuí conociendo poco a poco. Esa noche estuvimos hablando con el padre Juan Antonio, que tenía una mentalidad bastante abierta, y comentamos los sucesos sociales de Granada y los anteriores de Murcia, cuando la Policía reprimió a tiros unas manifestaciones como consecuencia de la huelga en la construcción. También hablamos de la flexibilidad del Superior y de la correspondiente necesidad de ampliar la responsabilidad personal. El 24 a las 9,30 fuí a ver al padre Cipriano, que era el bibliotecario. Le entregué la carta del reverendo Yelo y se puso a contarme su carrera de políticas. Entre muchas otras cosas me contó la visita de Franco a Muñoz Grandes antes de marchar a Barcelona y cómo éste le dijo: “Paco, no pretendas ocultar lo de Matesa, podría ser tu perdición al final de tu carrera. Y te lo dice no un hombre, sino un cadáver que, por ello, no tiene ambiciones personales de ningún tipo”. Y que Franco, aconsejado por Carrero, había querido pegarle el carpetazo a Matesa, pero que Herrero Tejedor se había opuesto y el Tribunal Supremo estaba actuando inflexiblemente con mentalidad de juez. Que se había publicado en Alemania el informe de la Comisión Matesa a las Cortes en España. Y que sólo la revista S.P. había publicado la serie de fraudes e infracciones cometidas en el affaire Matesa. Me puso mal a Ollero y muy bien a Fraga y a Maravall. Por la tarde bajé a la cafetería de la Basílica y después de la cena estuve charlando con el padre Arrieta y con Samuel sobre la filosofía española. Muy malo para ellos el libro de Alfonso López Quintas y magistral Ortega en su libro sobre la cinegética, que es una verdadera obra maestra. Hoy 25 de julio he estado en la misa solemne en la Basílica, a donde he bajado con los padres benedictinos. He trabado cierta amistad con el reverendo Leoncio, que está en Alcalá y estudia composición y quizá venga a la abadía para dirigir el coro o escolanía. De tendencias socialistas de izquierda. Así, hemos subido hasta el pie de la cruz, que es el máximo permitido. El escenario es espléndido. He conocido al padre encargado por ahora de la escolanía, el padre Laurentino, que es un hombre juvenil y goza de la predilección servil del Abad. A la comida ha asistido un amigo personal del Abad, don Victorino, jefe de prensa del Ministerio de Trabajo, hombre con un conocimiento personal tanto de José Antonio, del cual fue jefe del gabinete de estudios, y del jefe de la falange de Valladolid, que luchó y murió en las alturas del Guadarrama, o sea aquí mismo. Después de la comida el Abad Luis María de Lojendio, que me ha sido presentado por el padre Arrieta, nos ha invitado a tomar café y copa de coñac, quedando a mi izquierda un benedictino holandés y a mi derecha el padre Angel. El Abad se ha sorprendido de que no fuera seminarista ni cura, y me ha preguntado varias veces qué hacía yo allí. Después se ha interesado por mi oposición y me ha preguntado ante quién me tenía que recomendar. Insinuando a la hija de Jordana de Pozas, el veterano administrativista, me insistió varias veces en que le interesaba vincular gente joven al centro y que contaba conmigo para algún seminario. Me explicaron que van a celebrarse dos mesas redondas, una a cargo de Juan Velarde Fuertes y otra a cargo de Luis González Seara, sobre Prospectiva: la sociedad del futuro y varios seminarios. Al café han asistido todos los elementos seglares: uno de ellos por el que el Abad…
Cuando terminó la oposición iniciamos el curso selectivo en Alcalá de Henares, donde durante nueve meses nos dieron formación diaria en distintas materias relacionadas con nuestro futuro ejercicio profesional por parte de un elenco de profesores tales como Francisco Ansón Oliart y Julián Mesa, que nos dieron Psicología Social; Informática, por Juan José Scala Estalella y Emilio Sánchez González; Estadística, por Vicente Jiménez Díaz; Administración de Personal por Vicente González Guisado; Procedimiento Administrativo, por Ricardo Pellón Rivero; Gestión Financiera, por Ceferino Argüello Reguera; Dirección Administrativa, por Luis Blanco de Tella; Economía, por José Espí, Jesús González, Enrique Barón Crespo, Carlos Lerena, Javier Irastorza, Laureano Lázaro,…. En la Escuela, dirigida por Andrés de la Olíva y con Miguel Angel Arroyo de jefe de estudios protagonice un incidente en el que intervino Ramón García Mena quien era Gerente de la misma. Estabamos en un descanso de las clases e hice una pelota con papeles y me puse a jugar al futbol en los pasillos con mis compañeros, cuando apareció Ramón García Mena que me miró con severidad pero yo hice caso omiso y seguí jugando como si tal cosa, después me enteré que el Reglamento de la Escuela calificaba ese acto como falta muy grave por lo que pudo tener trascendencia, pero al final afortunadamente no la tuvo. Hicimos un viaje de estudios a Melilla con Gonzalo Puebla como responsable y allí el Secretario General del Gobierno de Melilla Francisco Avanzini ordenó cerrar todos los locales públicos, conforme nosotros hacíamos el recorrido nocturno de la ciudad, al parecer para evitarnos riesgos. Asimismo como Prácticas teníamos que ir por grupos a una provincia y conocer la administración de esa provincia, durante una semana y a mí me tocó con Javier Pascual Casado, Jose Miguel García Eiranova y Victoriano Martínez Sánchez y así nos presentamos en el Gobierno Civil de Sevilla al Secretario General que era el todopoderoso Mario López, padre de Pina López Gay, que nos recibió y quiso ponernos a trabajar pero yo le sugerí que más bien debíamos conocer toda la administración periférica y para ello era mejor que tuviésemos libertad de movimientos. Así se acordó y al final hicimos un informe con la documentación que nos facilitaron las distintas delegaciones y direcciones provinciales, pero aprovechamos el tiempo libre disponible para hacer turismo y conocer Andalucía. De esta estancia recuerdo con especial agrado la visita a Itàlica, yacimiento situado en Santiponce y especialmente la mesa que nos pusieron a la entrada al mismo para tomar gambas de Huelva y en la que participaron don Mario y alguna de sus hijas, no creo que Pina. Durante el curso, uno de los compañeros, José María Goizueta fue nombrado por Cruz Martínez Esteruelas, el Ministro de Planificación del Desarrollo, Subdirector General en ese ministerio, con lo que tuvo que dejar de asistir a las clases. Al parecer, había sido su preparador de oposiciones al Cuerpo de Abogados del Estado y ambos pertenecían al establisment, ya que José María terminaría jubilándose como Gerente del Centro de Estudios Económicos, donde prácticamente estuvo desde que dejó el trabajo en la Administración. Al finalizar el curso, quisieron hacer que fuese selectivo pero nos plantamos y nos negamos a que lo fuera, máxime con el precedente anterior. En junio nos dieron las plazas vacantes que los Ministerios nos ofrecían y yo pensé en solicitar la vacante de Secretario provincial de Agricultura en Albacete, lo que suponía acercarme a Murcia. Pero el Jefe de Sección de Personal del Ministerio me dijo que si pedía ese destino me olvidara de volver a Madrid en un año como yo pretendía, ya que una vez ocupado el puesto no me soltarían tan fácilmente. Yo, que me planteaba ocupar ese puesto para tener un conocimiento de la realidad de la gestión administrativa desde abajo, al conocer esta circunstancia descarté pedirlo y solicité una Jefatura de Negociado, nivel 14, en la Secretaría General Técnica del Ministerio de Agricultura, puesto que me adjudicaron, y lógicamente con ello, permanecí en Madrid. Siempre he pensado que las circunstancías te condicionan la vida y que si hubiese ido a ocupar ese puesto en Albacete, habría terminado en Murcia o casado con la hija de un terrateniente de Albacete y mi vida habría sido otra. Pero eso nunca se sabe. Así pues, me incorporé a mi puesto de Jefe de Negociado de Informes y Dictámenes en la Secretaría General Técnica del Ministerio de Agricultura y volví a depender de Paco y José María Peña, que ya habían sido mis jefes en mi periodo anterior de contratado e igualmente me reencontré con mis compañeros TAC: Adolfo Hernández Lafuente, Mariano Aguilar Benítez de Lugo, Eva Blanco Medio, Angeles Fernández Simón y con el interino Juan Antonio Richard Chacón, que había sacado las oposiciones en la siguiente convocatoria y se tenía que incorporar a hacer el curso en Alcalá. En ese puesto permanecí hasta principios de 1975 y en él habría seguido de no haberse producido la oferta del Jefe del Servicio de Recursos del Ministerio, Froilán Crespo, que me planteó la necesidad de que ocupara una vacante de Jefe de Sección en Recursos para que le ayudara a llevar el Servicio ya que él era abogado en ejercicio y tenía mucho trabajo. Me resistí a ello y el día que finalizaba el plazo para el concurso me convenció diciendo que el puesto era para mí. Pasó un mes y cuando le pregunté que pasaba me dijo que el Subsecretario había decidido darselo a otro compañero que tenía que dejar el Mº de Trabajo. Me enfurecí y le dije que los TAC no mandaban nada en el Ministerio de Agricultura y que me iría a la menor oportunidad y no volvería mientras mandasen los Ingenieros y los Veterinarios. Al cabo de un mes me llamó Juan Junquera González, Subdirector de Función Pública, que era primo hermano de D. Rodrigo Fernández-Carvajal González, y me dijo que en Función Pública, en la Subdirección de Cuerpos Interministeriales había una vacante y que me pedía la ocupara.…
Jueves 12 de Octubre de 2017 10:00

CORREDOR DE FONDO.

por Juan Alarcón Montoya
Haciendo los cursos de doctorado en la Facultad de Derecho de Murcia tuve que asistir a los Seminarios de las distintas disciplinas para documentarme sobre los trabajos a realizar en las bibliotecas especializadas con que estos contaban. Recuerdo especialmente el de Derecho Civil y los de Derecho Administrativo y de Filosofía del Derecho y Derecho Político a cargo de don Mariano Hurtado Bautista y D. Rodrigo Fernández-Carvajal González, en los que estaban como Profesores adjuntos: D. Juan Candela y D. Angel Garrorena Morales, número uno de su oposición de Técnicos de Administración Civil, cuerpo al que pertenecía en excedencia al igual que D. Rodrigo. En ese Departamento y en su Seminario trabajaba, contratado como Profesor auxiliar de clases prácticas, un compañero de un curso superior Mariano García Canales, que tuvo que dejarlo por ser hijo de un agricultor de la Daya Vieja en Orihuela, y con la retribución que tenía en ese momento como Profesor Auxiliar no podía mantenerse y tuvo que colocarse en una compañía de seguros. En ese momento, me propusieron ser contratado en su lugar y yo acepté de inmediato ya que había hecho los cursos de doctorado porque en aquella época no era fácil iniciarse en la abogacía, salvo que tu padre tuviese un bufete, que no era mi caso. El salario no era mucho, unas 200 pesetas, pero tenía para mis gastos, ya que vivía con mis padres en El Palmar, y el trabajo consistía en atender la biblioteca especializada del departamento, tarea para la que se había contratado también para Filosofía del Derecho a José Luis Mirete, de un curso posterior. Así, y con la experiencia de Angel Garrorena y de don Rodrigo, inicie la preparación de la oposición al Cuerpo Técnico de la Administración Civil del Estado, para lo cual me venía de perlas el poder contar con la biblioteca del departamento y poder dedicarme a leer sus libros con toda comodidad. Mi primer Preparador fué Antonio Viñao Frago, Técnico de Administración Civil , destinado en la Dirección provincial de Educación de Murcia y que ha terminado de Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Educación de Murcia y siendo uno de los mayores expertos españoles en Historia de la Educación. Posteriormente se hizo cargo de mi preparación Pedro Andujar Naval, también Técnico de Administración Civil que ocupaba el puesto de Secretario de la Delegación de Información y Turismo de Murcia y más tarde fué, ya con UCD, Director Provincial de esa Delegación hasta que fué nombrado Secretario General del Gobierno Civil de Tarragona. Las primeras oposiciones que firmé fueron las de 1969, que consistían en una redacción sobre un tema de carácter general a elegir entre dos propuestos por el tribunal. Y el segundo ejercicio consistía en exponer en una hora tres temas ante el tribunal elegidos por mi al azar entre 315 temas de derecho administrativo, economía, historia, ciencias políticas y ciencias sociales. Me desplace en tren a Madrid y me alojé en el Hostal Buelta, cerca de Atocha; y para mi sorpresa aprobé el primer ejercicio, con lo cual un mes después tenía que someterme al segundo ejercicio el de los temas, que no tenía preparados. La encerrona que me pegué y el esfuerzo que hice para leer e intentar memorizar los 315 temas fue tan brutal, que tras el examen que lógicamente no supere, quedé sonado, con pérdidas de memoria y tardé en recuperarme más de un mes. Si lo hubiese superado pienso que no habría tenido ese deterioro tan acusado. Lógicamente, continúe como profesor ayudante y preparando las oposiciones y me presenté a la siguiente convocatoria en 1970, y en ésta una ocasión me alojé en el Hotel Dardé, en la calle Libreros, y habían cambiado el formato de la oposición creando las especialidades, lo que supuso reducir el número de temas que había que memorizar, que ya fueron sólo 130, con lo que pude prepararlos mejor. Supere el primer y segundo ejercicio con buena calificación y en el tercero me defendí como pude, y podría haber aprobado pero uno de los vocales del tribunal Pedro de Miguel, que después se casó con Sussane Jessel, una francesa compañera de la XIV, me hizo una pregunta según él para mejorar mi calificación, que por el contrario me hundió. Curiosamente, el número uno de esas oposiciones fué Jose Luis Hernández Conesa, un murciano que tenía exentos de la convocatoria anterior los dos primeros, y que en esta había superado la exposición de los temas con la mejor calificación. Bueno, entonces pensé yo, a la tercera será la vencida. Pero no, en la siguiente convocatoria en 1971, supere como años anteriores el primer y segundo ejercicio, que era un comentario de texto, con buena puntuación, hasta el punto que podía optar a uno de los primeros puestos, pero en el tercer ejercicio, el de la exposición oral de los temas, que se celebró en el salón de actos de la Fábrica de la Moneda, ese día expusimos Miguel Angel “Pío” Albaladejo Campoy de Cartagena que estaba apoyado en el Tribunal por el miembro del Opus Gaspar Ariño, que también me conocía de Murcia, y yo, que estaba apoyado por José Luis Hernández Conesa, el murciano número uno de la anterior, que actuaba como secretario. Cuando terminamos de exponer, el tribunal se demoró en sacar las calificaciones y se oían las voces de discusión en la sala de espera. Al final, el presidente del tribunal, Blas Zaballos, decidió que ese día no había aprobados, zanjando así la discusión entre los miembros del tribunal de si la exposición de “Pio” era mejor que la mía o viceversa. Y así regrese a Murcia sin haber sacado ni el número uno ni nada. Al año siguiente,en el Tribunal repitió Gaspar Ariño y estaba como vocal Juan Junquera González, cuñado de D. Rodrigo, al que este me había recomendado. Superé como siempre los dos primeros ejercicios, y al exponer los temas, y empezar con el primer tema lo inicié confuso y Juan Junquera, que estaba…
Como premio y complemento de formación logré que mi padre al acabar el primer Curso de Derecho me permitiera ir a París a perfeccionar mi francés, dispuesto a trabajar en lo que fuera para costear mi viaje y estancia. Mi padre hizo una gestión para que tuviera trabajo allí y me prestó un dinero y así hice el viaje con un compañero de curso Pedro Poza, que era mi mejor amigo e hijo de D. Francisco Poza, funcionario de la Diputación Provincial de Murcia como mi padre. Llegamos a París y nos alojamos en el Albergue de la Jeneuse de la Place Duplait. El dormitorio era una sala enorme con camas y allí podías comprar por poco precio una baguete de salchichón duro suavizado con mantequilla y una citronada para desayunar. La comida la hacíamos en los comedores Universitarios del Barrio Latino, servida en una bandeja de aluminio con compartimentos para los distintos alimentos, también por un precio módico. Y así estuvimos la primera semana hasta que Pedro consiguió trabajar en la limpieza de una Libreria de Barrio Latino y yo empecé a trabajar en el XVI Arrondisemente de París en una Oficina de una de las principales empresas de Francia dedicada a la construcción de parques y jardines, Entreprise Riousse, ubicada en la Rue Cortambert de Paris, en el XVI Arrondisement. En ella y en la Oficina Técnica me dedicaba a la confección y reproducción de planos para proyectos de diseño y construcción de parques y jardines. Era una empresa muy bien estructurada e incluso contaba con un stayere de la Ena entre su personal. Mi jefe era Monsieur Belin, un francés de grandes mostachos que tenía un Citróen Tiburon y que me cogió estima y un domingo me llevó en su coche a conocer Versalles. Yo conseguí alojamiento no en la Casa de España de la Cité Universitaire sino en la Maison de l'Agriculture, donde habían estudiantes de todos los países, destacando los paquistaníes. Desde allí me desplazaba todos los días en metro hasta la oficina, donde me dieron de alta en la seguridad social francesa con todos los derechos pero también con todos los costes, de tal manera que, cuando acabó julio y tuve que regresar, mi liquidación fué escasa. A mediodía me desplazaba en metro al Barrio Latino y allí junto al Odeón comía un menú a base de carne de caballo con fideos en Le Foyer Saint Genevieve, que era un comedor económico pero menos impersonal que los comedores universitarios. Tras la comida regresaba en metro a la oficina y por la tarde al salir de esta me trasladaba a la Alianza Francesa a recibir clases de francés. Todo un maratón diario. Los fines de semana hacía turismo por París con Pedro Poza. Cuando ya me estaba adaptando tuve que regresar. En la Alianza Francesa al hacerme el examen de nivel me mandaron al de inicio como si no hubiese estudiado francés en mi vida, a la semana me pasaron al 1º y a las dos semanas al 2º nivel y con poco tiempo más habría obtenido el diploma de conocimiento de la lengua francesa. Mi régimen de vida, para conseguir devolverle el dinero anticipado a mi padre, fué de gran austeridad y no me permití más que comprar algún libro de 2ª mano en los bouquinistas de las orillas del Sena. De hecho llevé ropa de verano y unas zapatillas cuya suela de goma se desgastó y cuando llovía, y en julio llueve a menudo en París, me calaba y me mojaba los pies. Menos mal que tenía 19 años y podía con todo. Tal fué nuestra austeridad que cuando regresé por tren acompañado por Pedro, paramos en Segovia y al salir de la Estación entramos en una confitería y compramos un papelón de dulces variados y, sentados en un banco, nos los comimos con gula rodeados de perros, a los que no dimos ni una migaja. Tengo una foto tomada en la playa en bañador en la que se me ve como en la vida he vuelto a estar: atlético y delgado. En tercero de carrera tocaba hacer la IPS pero, cómo había crecido el número de universitarios, ese año decidieron que se hiciera también por los de segundo con lo que el número de candidatos a la IPS fue el doble, lógicamente había que descartar candidatos y por ello extremaron la selección tanto médica como de pruebas físicas. Yo superé todas las pruebas físicas, excepto en el salto del potro en el que roce con el trasero al salir, el Capitán examinador me dió por válido pero el comandante Hueso dijo que había rozado al salir y que quedaba eliminado, con lo cual tuve que esperar a cuarto para, tras hacer un curso de aeromodelismo, poder ingresar como voluntario en aviación con destino en el campo de Alcantarilla, sede dé los zapadores paracaidistas que, junto con los aviadores, fueron nuestros instructores. Entre ellos estaba el Teniente Beltrán que tenía fama de duro y de haber disparado a un soldado que no cumplió una orden y los Sargentos Peinado y Morejón. El período de instrucción en Alcantarilla duró tres meses, durante los cuales la instrucción fué de tal intensidad que, prácticamente, podíamos habernos lanzado en paracaídas, pero cuando estábamos finalizando se produjo un incidente que tuvo graves consecuencias. Una tarde al regresar de la salida diaria estaba lloviendo y el cabo primero que estaba de guardia nos hizo formar dentro del pabellón, por lo que al formar no con la mano extendida sino con el codo y haber bebido, los del fondo empujaron y cayó al suelo el cabo, que también estaba bebido. Y pareció no pasar nada, hasta que ya dormidos, a las dos de la madrugada el oficial de guardia nos hizo salir a la calle y hacer una serie de ejercicios de castigo. Al día siguiente y durante tres días nos hicieron hacer ejercicios de castigo con una ambulancia detrás recogiendo a los que iban cayendo. Nos amenazaron con constituir…
Tras pasar por las clases particulares de Salvador Cerón, el hijo del peón caminero de casi dos metros de altura, y del químico Laureano Sánchez los Maristas me aprobaron las Matemáticas y el Francés pero no me presentaron a la Reválida y aconsejaron a mi padre buscara otro Colegio. Mi padre con el asesoramiento de Juan Pedro Pineda, Practicante del Psiquiátrico y actor aficionado, que tenía un hijo problemático, Cecilio, que asistía a una Academia privada a la que iban los que vivían en El Carmen y los estudiantes con problemas de Murcia. Estaba en un 2º piso, en el domicilio particular de un viejo republicano murciano que vivía allí con su madre, que era radicalsocialista y fué Director en 1932 de un diario murciano “La Región” y, ademas de Director General de Correos, fue profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia. La edad de la madre le retuvo en Murcia y le hizo someterse a la depuración y limitación de todo tipo de actividades profesionales. Era un hombre corpulento de educación esmerada, laico, marxista, antiamericano acérrimo, había que ver sus comentarios cuando desayunaba en clase su café con leche y bizcochos leyendo el periódico que por aquella época daba las noticias de la guerra de Corea. Se decía por el régimen que era masón y maricón. Yo creo que lo primero era posible, pero de lo segundo nunca dió ninguna muestra. El se reservaba las Matemáticas y el Francés y teníamos dos profesoras : una de Lengua y Literatura llamada Fuensanta. una morenaza murciana de unos 30 años y otra rubia de ojos azules que nos daba Quimica. El cuadro se completaba con D. Antonio Zamora, Alcalde Pedáneo de Aljucer y antiguo seminarista. Tenía como compañeros a Jose M.ª Ruiz-Funes Aroca, Antonio Sancho, Cecilio Pineda, Paco Poza Guillamón, Hernández Pagán, Castillo, Pedro Hernandez, Frutos, Fernando Muñoz Valcarcel, Fernando Rica que se hizo sacerdote, ….. La Academia fué un espacio de libertad: teníamos el Cinema Iniesta con sus programas dobles a la vuelta, el jardin de Floridablanca enfrente donde retozaban las alumnas de Instituto de 2ª Enseñanza Femenino Saavedra Fajardo y los Futbolines en la puerta de enfrente a la de acceso a la Academia. Los novillos eran habituales y las excusas variopintas. Presentándonos como alumnos del Colegio San José de Espinardo, este si autorizado, aprobamos la Reválida de 4º , 5º y 6º de Ciencias y la Revalida de Bachiller Superior de Ciencias, con la anécdota de que cambiaron los exámenes y a mí me dieron la Matricula de Honor de Matemáticas que correspondía a Fernandito Muñoz “el pitagorin”, luego Premio Extraordinario de Fin de Carrera y Catedrático de Ciencias Exactas de la Univ. de Murcia y a él le dieron la que me correspondía en Historia. El curso siguiente era el Preu que teóricamente tenía que hacer en Ciencias, porque quería ser Ingeniero Agrónomo, pero mi padre me hizo ver que en Murcia no había Escuela de Ingenieros Agrónomos y que las más cercanas estaban en Valencia y Sevilla y que eramos familia numerosa y no podía costear los estudios a todos los hermanos. La realidad fué que tanto el 2º como el 3º Antonio y Francisco Javier dejaron los estudios en el Bachiller y no tuvo que pagarle los estudios a ninguno hasta que el menor Santiago, con 14 años de diferencia conmigo, se fué a Valencia a estudiar Empresariales. En definitiva, que me matriculé en Preu Letras ya como alumno oficial en el Instituto de Enseñanza Media de Murcia Alfonso X el Sabio, y tuve que coger el latín que había abandonado en los Maristas y aprender griego en un año con la ayuda de las clases prácticas de un ex seminarista de mi pueblo, de origen muy humilde, llamado Fulgencio, que destacó como futbolista. Logré aprobar por los pelos el Preu y en 1963 me matricule en 1º de Derecho en la Univ. De Murcia junto con otros ciento y pico alumnos y tan sólo una veintena de chicas. Como era consciente de la irregularidad de mis estudios me planteé abordar ese primer Curso con la máxima dedicación y, tras las clases de la mañana en la Universidad, por la tarde asistía a las clases particulares que tenía organizadas en su casa Antonio Pérez Crespo, que después sería Presidente de la ACNDP Acción Católica Nacional de Propagandistas de Murcia, Presidente de la Junta de Obras del Puerto de Cartagena y el primer Presidente de Ente Preautonómico murciano. Fué un año muy intenso y de plena dedicación pero el resultado fué espléndido : obtuve la 2ª mejor nota del Curso, tras el n.º 1 que no podía ser otro que Antonio Remiro Brotons, de Elche, actual Catedrático de D. Internacional Público de la Universidad Complutense, y que alojado en el Hotel del Rincón de Pepe se dedicó a estudiar, hasta en su camino hacia la Universidad por la Trapería. Obtuve una Matricula de Honor en Derecho Romano, un Sobresaliente en Derecho Político y otro en Historia del Derecho y un Notable en Derecho Natural . Con las calificaciones obtenidas en 1º de carrera dí por superados mis complejos de inferioridad en materia de educación y le plantee a mi padre trasladarme a Madrid para hacer Derecho y Económicas al mismo tiempo. Mi padre no aceptó y yo perdí el interés por continuar dedicándome exclusivamente al estudio. Fui elegido por Paco Ruiz Risueño, delegado de Facultad del SEU y posteriormente Abogado del Estado y Diputado por Albacete del P.P., delegado de actividades culturales de la Facultad y me dedique a organizar todo tipo de eventos. Entre ellos una revista cultural a la que invite a participar a un alumno destacado de primero que declinó la invitación por dedicarse exclusivamente al estudio, se trataba de José Ramón Calero, que se casó con Purita García Perea y terminó siendo abogado del Estado en Murcia y, durante un tiempo, líder de Alianza Popular. Durante la carrera fuí aprobando todo, excepto los dos internacionales, que eran precisamente…
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