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Durante el siglo III A.C. se verifica una extraordinaria trasformación de las monedas circulantes en el mundo romano llevada a cabo en forma paralela a la expansión del territorio dominado por Roma, pasando de poco más de la Italia central a comienzos de la centuria, a una parte sustancial de las riberas del Mediterráneo, comprendiendo la totalidad de Italia, el Levante español, Córcega, Cerdeña y Sicilia a finales del siglo, a la par de ejerciendo un efectivo protectorado sobre partes sustanciales del mundo helenístico europeo.
De esta manera, las necesidades del comercio pronto obligan a ir más allá de un sistema monetario basado exclusivamente en el bronce con el As y sus divisores, en los que el valor intrínseco del metal representaba expresamente el valor asignado a cada moneda. El trasporte de esta moneda, de hasta un tercio de Kilo para los Ases de comienzos de siglo, exigía, cuando se trataba de cantidades importantes, unos medios de desplazamiento que hubieran llegado a impedir la compraventa de mercancías más allá de los límites de la ciudad de Roma.
Así, juntamente con los Ases, fundidos en bronce, se continua comerciando con el oro y sobre todo con la plata, en forma de lingotes, tomados como medio de intercambio, por su valor intrínseco, sin incorporar marcas o símbolos, ya que cada comerciante se encargaba de ensayarlas, a menudo con la llamada piedra de toque que dependiendo de la ley del metal producía con el roce con el lingote, un efecto diferente. Estos procedimientos que se inician en Grecia, pasan como tantas otras cosas a Roma y, de ahí se extienden a Asía y al resto de Europa, pudiendo encontrarnos en el siglo XVIII en China, lingotes y monedas de plata ensayadas por mercaderes locales que señalaban con sus propias marcas o punzones, símbolos acreditativos de las características del metal y la autenticidad de la proporción de plata en la aleación. Esta práctica llega hasta el siglo XIX en Europa, pudiendo encontrarnos con moneda de plata de esta época con características evidentes de haber sido ensayadas por este procedimiento, para comprobar su autenticidad a través de la verificación de su ley, siempre dada a conocer por el Estado que emite una determinada moneda.
En la misma manera que había sucedido con el circulante de bronce, también el oro y la plata pasan a ser acuñados como sistema de posibilitar su intercambio en unidades de peso reducido, así como de verificar su autenticidad a partir de la identificación de las figuras incluidas en el anverso y reverso de las monedas. También la oportunidad de mostrar símbolos característicos de la autoridad a nombre la la cual se emite la moneda y figuras o hechos directamente relacionados con esta autoridad, no pasa desapercibida a las Casa de Moneda que emiten en nombre de Roma, iniciándose de esta manera una tradición que se mantendrá inalterada hasta nuestros días.


Antes del siglo III A.C y durante y durante la primera parte de éste, ya la plata y el oro acuñado eran utilizados en la órbita de Roma, aunque sin emisiones propias, en base a utilizar los Dracmas Didracmas y Tetradracmas propios del mundo griego y, posteriormente a Alejandro, helenístico. Sin embargo, a mediados del siglo III A.C. y singularmente tras el triunfo de Roma sobre Cartago en la I Guerra Púnica aunque se mantienen estas denominaciones, ya comienza a emitirse la moneda de plata a nombre de Roma, figurando este nombre en caracteres itálicos en reverso de las monedas. Las primeras monedas en las que aparece esta leyenda son Didracmas con 8 gramos y ley aproximada de 900 milésimas con cabeza con casco en anverso y leyenda ROMA acompañada de caballo alado ( Pegaso ) en el reverso y Didracmas, llamados en el lenguaje de calle Cuadrigatus en los que aparece en el anverso la doble cabeza Jano mirando a izquierda y derecha, idéntica  a la representada en los Ases de bronce, y en el reverso, una cuadriga conducida por la figura alada de la Victoria transportando a Júpiter, apareciendo igualmente en el reverso la leyenda aludida de ROMA en caracteres itálicos.
Esta representación de una cuadriga pervivirá en la moneda romana hasta la época de Diocleciano a finales del siglo III D.C. cuando el declive del Imperio ya comenzaba a evidenciarse. Esta representación de la cuadriga o carro de guerra, como símbolo del triunfo y poder de Roma, no es privativa de las monedas de oro y plata, sino que llega a extenderse a las monedas de bronce. Así en el artículo anterior podemos contemplar esta representación en las dos últimas monedas reproducidas, dos sestercios de Tiberio en las que en el anverso aparece la mencionada cuadriga. Claro es que como símbolo de los nuevos tiempos, la figura de Júpiter pasa a ser sustituida por la figura del emperador reinante, con objeto de que los utilizadores de la moneda tendieran a identificar la representación de la figura de la autoridad que la emitió, con la figura central de la mitología griega, Zeus o su trasunto romano, Júpiter.

                          


Este medio de difusión de la imagen del poder con propósito de propaganda resultaba particularmente efectivo en un mundo en el que no existían otros medios de comunicación social propios del mundo actual como prensa, radio, televisión  o Internet, a través de los cuales se trasmite a los ciudadanos mensajes de este tipo, cuyo vehículo ideal en otros tiempos eran las monedas que eran manejadas y comprendidas por una población que en su mayoría no sabía ni leer ni escribir.
La época preimperial desde el siglo II A.C. hasta el tiempo de Augusto al filo entre el siglo I A.C y el I D.C es predominantemente la época del Denario, pieza que con un peso aproximado de 4 gramos sustituye al Dracma, siendo acuñado en la ciudad de Roma en plata con una ley de 900 milésimas que con ligeras variantes, será la ley de la mayoría de las monedas acuñadas en metales preciosos hasta bien entrado el siglo XX y que será identificada en el lenguaje de joyería con el termino usual de plata de ley.
El Denario omnipresente en la literatura y documentos de la época y que hasta el Evangelio menciona en repetidas ocasiones, será la moneda más extensamente acuñada de la historia y con un ámbito de utilización más amplio como demuestran sus hallazgos frecuentes, incluso en nuestro tiempo, no solamente en Europa sino también en numerosas zonas de  África y Asia. Su popularidad y pervivencia de uso fue tal que diez siglos después de la caída del Imperio Romano de Occidente  en el que se generaliza la emisión en Europa de moneda gruesa  de plata, continuaba utilizándose como sinónimo de moneda de buena ley que era empleada aun como circulante, expresándose su valor en un número determinado de unidades de cuenta, como pudieran ser el Maravedí, castellano el Ardite  aragonés o el Pfenig alemán. Desde su creación hasta los tiempos modernos, el Denario desempeñará  un papel de moneda universalmente aceptada, como llegó a ser posteriormente el Peso español o pieza de ocho reales de plata en los siglos XVII y XVIII o el Dólar en los siglos XIX y XX.

                           
Continuando en la tradición   grecorromana de estructurar los sistemas monetarios para facilidad de cambio, en piezas tales que cada una represente el duplo de la pieza de valor inferior, un  Denario de plata se cambiaba por dos Quinarios de plata y cada Quinario por dos Sextercios, equivaliendo por tanto el Denario a 4 Sextercios, cambiándose de esta manera por 16 Ases. A diferencia del mundo griego, Roma no emite múltiplos en plata de Denario, salvo el Antoniano ( doble Denario ) acuñado desde Caracalla a Diocleciano, al menos en la zona occidental del Imperio, aunque en la zona oriental, particularmente en Alejandría, continúan emitiéndose Tetradracmas con características iniciales similares a los de Alejandro, si bien con representaciones de los rostros de los emperadores en sustitución de los bustos idealizados  de Hércules revestido de piel de lobo. El papel de múltiplos del Denario es asumido por la emisión de monedas de oro que llegan a alcanzar una difusión mucho mayor que las emisiones de Estáteras griegas iniciadas en la Grecia clásica y mantenidas en la helenística.
Así, la moneda de oro, propia de numerario romano será el Áureo ( denominación genérica del metal en el que está acuñada ) con un peso próximo a los 6 gramos que sólo empieza a acuñarse a partir del tiempo de Pompeyo, bien entrado el siglo I A.C. continuado por Cesar y los diferentes triunviros  y sus generales en la época denominada en la terminología anglosajona “imperatorial” y en términos castellanos, preimperial, llegando a la época de Augusto y manteniéndose con la misma denominación, peso y ley semejantes, a diferencia del Denario, hasta el reinado de Diocleciano a finales del siglo III D.C, siendo reemplazado durante el imperio de Constantino y sus sucesores, por el Sólido que continuará acuñándose por la práctica totalidad de los titulares de Imperio Romano de Oriente hasta la caída de Constantinopla en la década central del siglo XV. Siguiendo la equivalencia ya presente en cierta medida en la Grecia clásica de 1 a 16 en cuanto a la relación del valor de la plata al del oro, el Áureo se sitúa en términos generales en 25 Denarios, al tener cada uno 6 gramos frente a los 4 gramos de los denarios republicanos mantenidos durante el reinado de Augusto. En general a diferencia del Denario, el Áureo mantiene su peso y ley a lo largo de 4 siglos, mientras que el denario va decreciendo su peso y ley desde Augusto a sus últimas emisiones en época de Aureliano, a mediados del siglo III C,D.
Lógicamente este hecho fue determinando una pérdida del valor del Denario frente al Áureo a lo largo del tiempo, mientras que la valoración de este último en términos de moneda de cuenta acuñada como Ases o Sestercios permaneció sensiblemente equilibrada durante toda la época de su acuñación, llegando a desempeñar el Denario un papel similar a la llamada moneda de vellón  en el tiempo de los Austrias españoles en el siglo XVII, en el que las continuas devaluaciones del las monedas circulantes de vellón ( cobre recubierto por ligera capa de plata ) o bronce respecto a la moneda de cuenta ( Maravedí ) representaron una apreciación paralela del circulante en plata ( Reales ) y oro ( Escudos ) que en cada devaluación pasaban a tener un valor superior en Maravedís, moneda en la que se estipulaban la mayor parte de los contratos menores en forma similar a lo acaecido en Roma para este tipo de contratos expresados en Sestercios o en Ases como moneda de cuenta mientras que los de mayor cuantía quedaban expresados en Áureos o piezas de oro, según la terminología usual romana.
De esta manera queda completada una semblanza general del universo monetario romano antes de introducirnos en el fascinante mundo del Sestercio del que queda nuevamente como muestra reproducida en este artículo, un ejemplar de Tiberio y cuatro de Calígula, el emperador enloquecido de el que tanto hemos oído  hablar desde la niñez .                         
                         

GOLD AND SILVER ARE MINTED IN ROME

During the third century B.C. a remarkable transformation of the circulating coins takes place in the Roman world held in parallel with the expansion of the territory controlled by Rome, from just over central Italy at the beginning of the century, a substantial part of the shores of the Mediterranean, comprising the whole of Italy, the east of Spain, Corsica, Sardinia and Sicily at the end of the century, as well as with exercising a effective protectorate in substantial parts of the Hellenistic world in Europe.
Thus, rapidly business needs forced to go beyond a monetary system based just on the bronze with the as and its dividers, in which the intrinsic value of this metal specifically represented the value assigned to each coin. The transportation of the currency, up to one third of kilogram for the as at the beginning of the century, required when substantial quantities, means of movement that had come to prevent the sale of goods beyond the city limits of Rome.
Thus, together with the As, casted in bronze, they continue the trading with gold and especially with silver in ingot form, taken as a way of exchange, for its intrinsic value, without adding marks or symbols, because each trader was responsible for assaying them, they made normally with the so-called touchstone, depending on the purity of the metal by the contact with the ingot, a different effect. These procedures that are initiated in Greece, like many other things go to Rome and from there they spread to Asia and to the rest of Europe, we may find in the eighteenth century in China, silver coins and ingots assayed by local merchants who used their own marks or hallmarks, making symbols proving the characteristics of the metal and the authenticity of the proportion of silver in the alloy. This practice continues until the nineteenth century in Europe, we may find silver coins of this period with obvious features of having been assayed with this procedure for verifying its authenticity by checking its purity, given by the state which emits a particular currency.
In the same way as it had happened with the current asset of bronze, also with gold and silver are coined as a system that allows its exchange in a weight-reduced way, and also their authenticity to be verify by the identification of the figures included on the front and on the back of the coins. Also the chance to show characteristic symbols of the authority’s name which issues the currency and figures or events directly related to this authority, it does not go unnoticed by the Mint that issued in the name of Rome, thus the beginning of this tradition that will remain unchanged until today.
Before the third century B.C. and during the first part of it, the minted silver and gold were used in the orbit of Rome, although without their own emissions, based on using Greek Drachmas, Didrachmas and Tetradrachms of the Greek world and after Alejandro, Hellenistic. However, in mid-third century B.C. and particularly after the victory of Rome over Carthage in the first Punic War, though those names remain the same, they start to issued silver coins in the name of Rome, this name appears in italics on the back of the currency. The first coins with this legend are seen in the Didrachmas of 8 grams and of approximately 900 mil-head, with the head with helmet in the front and the legend ROMA accompanied by winged horse (Pegasus) on the back, they were called in the street language Cuadrigati which features the double Janus head looking left and right on the front, identical to that shown in the As of bronze, and in the back, a quadriga (four-horse chariot) driven by the winged figure of Victory carrying Jupiter, also appearing on the back the legend ROME in italics aforementioned.
This representation of a quadriga in the Roman coin will remain until the time of Diocletian at the end of the third century A.D. when the decline of the empire was already starting to become evident. This representation of the quadriga or war chariot as a symbol of triumph and power of Rome is not exclusive of the gold and silver coins, but it is also use in the bronze coins. So in the previous article we can see this representation in the last two coins shown, in the two sesterces of Tiberius we can see the above mentioned chariot. It is clear that as a sign of new times, the figure of Jupiter is replaced by the figure of the reigning emperor, with the purpose of the users of the currency would identify the representation of the figure of authority that issued it, with central figure of the Greek mythology, Zeus or its ffaithful representation Roman Jupiter.
This way of spreading the image of power for purposes of propaganda was particularly effective in a world in which there were no other social media present in nowadays world as press, radio, television or Internet, used to transmit such messages to the citizens, whose vehicle at other times were the coins that were handled and understood by a population who mostly could not read or write.
The pre-imperial period from the second century B.C. to the time of Augustus at the edge between the first century B.C. and the first A.D. is predominantly the period of the denarius, a piece weighing about 4 grams replaced the drachma, being coined in the city of Roma in silver at a grade of 900 milliseconds with slight variations, it will be the purity of most of the coins minted in precious metals until the advanced twentieth century and it will be identified in the language of jewelry with the usual term of marked silver.
The denarius, ubiquitous in the literature and documents of that period and even mentioned the Gospel in several times, will be the most widely coin minted in history and a wider field of use as evidenced by its frequent findings, even in our time, not only in Europe but also in many parts of Africa and Asia. His popularity and persistence of use was such that ten centuries after the fall of Western Roman Empire in which the issue of thick silver coins is widespread in Europe, it continued to be used as a synonym for currency of good purity that was still used as current asset, expressing its value in a number of units of account, like the Castilian Maravedí, or the Aragonese Ardite or the German Pfenig. From its creation untill modern times, the denarius coin play a role universally accepted, as it became the Spanish peso later on or piece of eight Reals of silver in the seventeenth and eighteenth centuries or the dollar in the nineteenth and twentieth centuries.
Continuing in the Greco-Roman tradition of structuring monetary systems for making the change easier, they coined pieces in a way that each one represents the double of the lower value piece, a silver denarius was changed by two silver Quinarius and every Quinario by two Sesterces, therefore the Denarius was equivalent to 4 Sesterces, in this way you could change them for 16 as. Unlike the Greek world, Rome does not issue multiples in silver of Denarius, apart from the Antoniano (double denarius) coined Caracalla to Diocletian, at least in the western empire, although in the east, particularly in Alexandria, they continue to issued Tetradrachmas with similar initial characteristics to those of Alexander, but with representations of the faces of the emperors to instead of the idealized busts of Hercules covered with wolf's skin. The role of the multiples of the Denarius is assumed by issuing gold coins that can reach a much larger spreading than Greek Stater emissions started in ancient Greece and kept in the Hellenistic period.
Thus, the gold coin, typical of Roman coinage is the Aureus (generic name for the metal in which it is coined) weighing close to 6 grams which only begins to be coined from the time of Pompey, well into the first century B.C., continued by Cesar and by different triumvirs and their generals, called at that time in the Anglo-Saxon terminology "imperatorial" and in Spanish terms, “pre-imperial”, reaching the era of Augustus and maintaining the same name, weight and similar purity, unlike Denarius, until the reign of Diocletian in the late third century A.D., which was replaced during the reign of Constantine and his successors by the Solidus, continuing minted by nearly all of the holders of the Eastern Roman Empire until the fall of Constantinople in the central decade of the fifteenth century. Following this equivalence and to some extent present in ancient Greece from 1 to 16 regarding the relationship of the value of silver to gold, the Aureus is generally situated at 25 Denarius, having 6 grams each compared to the 4 grams of Republican Denarius held during the reign of Augustus. Overall unlike the Denarius, the Aureus maintains its weight and fineness over 4 centuries, while the Denarius is decreasing its weight and fineness from Augustus to his latest issued in time of Aurelian, in the mid-third century A.D.
Logically, this fact determined a lost of the Denarius value compared with the Aurius over the time, while the valuation of the last one in terms of currency as As or Sesterces remained substantially balanced during the whole period of its coinage, reaching Denario to play a role similar to the so-called billon coins at the time of the Spanish Habsburgs in the seventeenth century, in which the continuous devaluation of the currencies circulating of billon (copper cover by thin layer of silver) or bronze regarding the currency (Maravedí) represented a parallel assessment of current asset in silver (Real) and gold (Escudo) so in each devaluation went to have a higher value in Maravedí, the currency in which is set most of the minor contracts, similarly to what happened in Rome for this type of contracts denominated in Sesterces or As, as currency while those of highest amount were expressed in Aureus or in gold pieces, as the usual Roman terminology.
Thus, with this is completed a general description of the Roman monetary universe before enter into the fascinating world of the sesterces which is again reproduced as we can see in this article, a copy of Tiberius and four of Caligula, the mad emperor of who we have heard since childhood.                         

 

 

Domingo 03 de Octubre de 2010 23:40

El despertar de la moneda romana

por Ernesto Gutiérrez Guinea

Durante todo el periodo de existencia de la moneda metálica, desde el siglo VI A.C en Lidia ( Asia Menor) hasta nuestros días ha sido una constante el mostrar en el anverso de las monedas, lo que en lenguaje popular conocemos como “cara”, la imagen de la máxima autoridad del Estado que la he emitido en los casos en que ésta puede ser personificada en un hombre o mujer concreta como es el caso de emperadores , reyes , príncipes , duques , etc, mientras que cuando ésta no puede ser encarnada en una persona determinada , sino que es asumida por un Cuerpo representativo, como es el caso de las repúblicas, ciudades libres o confederaciones de Estados , esta imagen es tomada de representaciones alegóricas de la nación como el símbolo de la libertad ( normalmente una figura femenina) o el escudo de armas del Estado o ciudad que emite la moneda.

Estas dos alternativas de representación de la “cara” de la moneda ya se manifiestan con claridad en la moneda griega en la que la representación de personas concretas, solo comienza a partir del siglo III A.C. Anteriormente, sólo símbolos de una ciudad o confederación de ciudades están presentes, de ordinario a través de escenas mitológicas o figuras de la deidades protectoras de cada una. Es a partir del siglo III A.C cuando la figura de Alejandro de Macedonia se hace omnipresente en forma de cabeza idealizada evocando a Hércules, no sólo en las monedas emitidas en territorios primigeniamente griegos, como Macedonia, Tracia y Jonia, sino también en todo el mundo helenístico desde  Siria y Egipto hasta Persia y Bactria.

Esta cabeza, idealizada, de Alejandro irá siendo progresivamente sustituida por la de los distintos monarcas de las dinastías que se sucedan en los diferentes territorios en que queda dividido el Imperio tanto en Europa como en Asía. Toda esta tradición de representación figurativa del mundo griego será recogida, fijada y sistematizada en la moneda romana cuya evolución va a situarse desde el siglo III A.C hasta el siglo V D.C,

comprendiendo inicialmente la moneda republicana anterior a Augusto basada principalmente en la moneda de plata, siguiendo la tradición helenística, y posteriormente la moneda imperial en la que la plata se va progresivamente sustituyendo en la circulación diaria   por la moneda de bronce y particualermente de latón.

Como podemos fácilmente suponer, la moneda republicana nos muestra representaciones alegóricas, en este caso símbolos de las familias en nombre de las cuales se emite la moneda, mientras que la moneda imperial aunque con los dos primeros emperadores mantiene aún un respeto a la tradición de la Republica  que vedaba la presencia del retrato figurativo de autoridades, con una presencia escasa en la moneda de bronce y latón de Augusto y Tiberio, a partir de Calígula la figura del emperador o de miembros distinguidos de su familia se hará omnipresente en este tipo de circulante, así como también en la moneda de plata y oro, en la que el uso del busto del emperador es ya una constante desde los tiempos de Augusto.

A diferencia de la moneda griega basa fundamentalmente en la plata obtenida a través del activo comercio mantenido por las polis a lo largo y ancho del Mediterráneo, el mundo romano parte de una mayor austeridad en el circulante, dadas las dificultades de aprovisionamiento de metales preciosos, presente en los primeros tiempos de la República  cuya autoridad a comienzos del siglo IIIA.C sólo a duras penas se extendía más alla de la región del Lazio en la Italia central.

Así, el sistema monetario romano anterior al siglo III A.C se basa en la utilización de los metales, básicamente el bronce, como instrumento de intercambio con una valoración del mismo, como el de cualquier otra mercancía, en función de su valor intrínseco, ya que los signos monetarios podían ser fundidos y utilizados para la forja de utensilios metálicos con una utilidad real en su manejo.

Sin embargo a lo largo del siglo III A.C. a medida que se va fortaleciendo la autoridad  la República que tras las victorias sucesivas sobre los galos cisalpinos, Pirro y Anibal, se va extendiendo no sólo sobre Italia sino también sobre el mundo mediterráneo, tiene lugar un fenómeno que va repetirse sistemáticamente en todas las civilizaciones posteriores. La moneda pierde valor intrínseco, es decir que expresado en términos actuales, se devalúa, al propio tiempo que la autoridad del Estado impone su curso forzoso para asegurar por una parte el comercio y por otra la obtención de recursos para el Estado en función de su papel de emisor de la moneda, proceso en el cual el valor asignado al producto final, es decir la moneda, es muy superior al valor de la materia prima, es decir el metal, y al de los costes de producción en el proceso de fabricación de la moneda.

La separación del valor intrínseco del valor circulante de la moneda, exigió  que la autoridad emisora, en el caso de la república y aún en el Alto Imperio, termino por el que se conoce al anterior a Diocleciano a finales del siglo III D.C, el Senado modelaba en el anverso y reverso de las monedas representaciones tan detalladas como fuera posible que dificultaran su reproducción a potenciales falsificadores y al mismo tiempo actuaran como un símbolo de la existencia de la autoridad del Estado  a través de la presencia de sus símbolos en la vida diaria de sus ciudadanos, obligando a la visualización de estos símbolos en su quehacer cuotidiano a través de la adquisición ordinaria de bienes y servicios.

Antes del siglo III A .C la unidad de peso en Roma era el As con una  masa equivalente a unos 360 gramos. Es en estos momentos cuando los lingotes de bronce inicialmente sin marca oficial alguna y después con marca oficial, pasan a ser sustituidos por auténticas monedas con forma lenticular en las cuales figuran siempre el símbolo del Estado, con doble cabeza de Jano, mirando a izquierda y derecha en el anverso y proa de nave en el reverso, con el número romano I arriba y la leyenda ROMA debajo de ella.

Estas monedas, dado su enorme peso, dimensiones ( unos 10 cms de diámetro y 1 cms de espesor), no podían ser, en modo alguno, acuñadas por el procedimiento griego de construcción de cuños con la figura incusa que eran posteriormente martilleados sobre los discos de metal, sino que tenían necesariamente que ser fundidas a partir de unos moldes de metal configurado en arcilla sobre los que se vería la aleación fundida, primero con el anverso y luego con el reverso, que posteriormente se soldaban a martillo.

Este procedimiento impedía, claro está, que los rasgos de las figuras quedaran delimitados con claridad por lo que se facilitaba la labor de los falsificadores, si bien inicialmente el problema no era excesivo ya que la moneda circulaba por su valor intrínseco, aunque ya a lo largo del siglo III A.C las monedas pasan progresivamente a ser acuñadas con lo que los rasgos de las figuras pasan a ser más acusados por lo que la identificación de las falsificaciones pasan a ser más pausible. Es claro que ésto es cada vez más imprescindible a irse alejando el valor circulante de los Ases, de su valor intrínseco.

Como submúltiplo de los Ases, se funden a lo largo de este periodo, Semis con un peso de 180 gramos y valor de la mitad del As con cabeza de Saturno identificados con una  S, Triens con un peso de 120 gramos y valor de un tercio de As con cabeza de Minerva identificados por cuatro puntos, Cuadrans con 90 gramos de peso y valor de un cuarto de As con cabeza de Hércules identificados por tres puntos, Sextans con peso de 60 gramos y cabeza de Mercurio, con valor de un sexto de As, identificados por dos puntos y Uncia con un peso de 30 gramos con cabeza de Bellona, con valor de un doceavo de As identificada por un punto.

Los primeros Ases acuñados datan de mediados del siglo III A.D ya con un peso de 30 gramos, es decir casi la décima parte de su peso a comienzos del siglo. En la época de Augusto en el siglo I A.C el As, ya siempre acuñado, se estabilizó en su peso de 10 gramos  que prácticamente se mantiene aún con un ligero declive hasta la epoca que deja de ser emitido ya en tiempos de Aureliano en el siglo III D.C

Como múltiplos del As se emiten al declinar el valor de éste, Duopondios con valor de dos Ases, Sextercios ya en tiempo de Augusto e incluso dobles Sextercios, si bien en forma esporádica, en tiempos de Trajano Decio y Póstumo ya en el siglo III D.C. Precisamente los sextercios emitidos a lo largo de casi tres siglos a nombre de todos los emperadores y familiares relevantes, de Augusto a Diocleciano, conocidos también como grandes bronces, por su peso ( de 30 a 20 gramos) y tamaño ( de 4 a 2 centímetros de diámetro) constituyen el culmen de numismática romana y es a ellos a los que dedicaremos los próximos artículos. Como muestra de éstos, añadimos a la reproducción de los 5 sextercios de Augusto publicados en el artículo anterior, otros 5 sextercios acuñados todos ellos en el reinado de Tiberio, hijo adoptivo y sucesor de Augusto.   

         

 

THE BIRTH OF THE ROMAN COIN

During the entire period of existence of metallic coins, from the sixth century B.C. in Lydia (Asia Minor) to the present day, it has been a constant to display in the front of the coins, what we know in popular language as "face", the image of the highest authority of the state who have issued it, in those cases when it can be embodied by a specific man or woman as in the case of emperors, kings, princes, dukes, etc., whereas when it can not be embodied by a particular person, but it is assumed by a representative body, as in the case of the republics, free cities or confederations of states, this picture is assumed by allegorical representations of the nation as the symbol of freedom (usually a female figure) or the coat of arms of the state or city that issues the coin.
These two alternative representations of the "face" of the currency are clearly displayed in the Greek currency in which the representation of real people just begins in the third century B.C. Before then, there are only symbols of a city or of the confederation of cities are present in them, normally represented by mythological scenes or figures of deities, guardians of each place. It is in the third century B.C. when the figure of Alexander of Macedonia is ubiquitous as idealized head evoking Hercules, not only on coins minted in originally Greek encompassed territories such as Macedonia, Thrace and Ionia, but also in the whole Hellenistic world from Syria and Egypt to Persia and Bactria.
This idealized Alexander’s head will be progressively replaced by the one of various kings of the dynasties which follows him of the different territories in which the Empire was divided in, both in Europe and in Asia. All this tradition of figurative representation of the Greek world will be collected, fixed and systematized in the Roman currency whose evolution will be placed from the third century B.C. to the fifth century A.D.
Initially there was the Republican currency before Augustus based primarily on the silver coin, following by the Hellenistic tradition, and afterwards the imperial currency in which the silver is gradually replacing the daily circulation by the coin of bronze and in particular of brass.
As we can easily guess, the Republican coin shows allegorical representations, in this case symbols of the families on behalf of who the currency is issued, while the imperial currency even with the first two emperors still maintains a respect for the tradition of the Republic, which forbade the presence of the figurative portrait of the authorities, with a little presence of Augustus and Tiberius in the brass and bronze coins. After the emperor Caligula, the figure of the emperor or of the distinguished members of his family will be omnipresent in this type of currency, as well as in the silver and gold currency, in which the use of the bust of the emperor is already a constant since the time of Augustus.
Unlike the Greek coin based primarily on silver obtained through the active trading made between the polis and throughout the Mediterranean, the Roman world suffered a larger austerity in the currency at the beginning, due to the difficulties in the precious metals supply, present in the early days of the Republic whose authority, at the beginning of the third century A.C., only barely extended beyond the region of Lazio in central Italy.
Thus, the Roman monetary system before the third century B.C. is based on the use of metals, mainly bronze, as an instrument of exchange with a valuation of it, like any other merchandise, according to their intrinsic value, as monetary signs could be melted and used to forge metal tools with real utility in their management.
However during the third century B.C. as the authority is strengthening the Republic after successive victories over the Cisalpine Gauls, Pyrrhus and Hannibal, it is spreading not only in Italy but also in the Mediterranean world, a phenomenon takes place which is going to be consistently repeated in all subsequent civilizations. The currency lost its intrinsic value, i.e. expressed in current terms, it is devalued at the same time as the State's authority impose its legal tender on one hand to ensure trading and on the other to obtain resources for the State according to its issuing currency role, a process in which the value assigned to the final product, i.e. the currency is much higher than the value of the raw material, i.e. metal, and than the cost of production in the manufacturing process currency.
The separation of the intrinsic value from the current asset value of the currency, demanded that the issuing authority, in the case of the Republic and even in the Early Empire, the term for which is known the predecessor of Diocletian in the late third century A.D., the Senate modeled representations on the front and on the back of the coin as detailed as possible to make potential counterfeiters more difficult to copy them and at the same time was the symbol of the existence of the state authority thanks to the presence of its symbols in everyday life of their citizens, forcing them to see these symbols in their everyday routine through the regular acquisition of goods and services.
Before the third century B.C., the weight unit in Rome was the As with a mass equivalent of about 360 grams. It is in this time when the ingots of bronze, which initially did not have any official mark and then with the official mark, are replaced by a lenticular authentic coins in which there always are the symbol of the state, with a double head of Janus, looking left and right on the front and a ship’s prow on the back, with the Roman number I above it and the legend ROME underneath.
These coins, due to its huge weight, dimensions (about 10 cm. of diameter and 1 cm. thick) could not be in any way, coined by the Greek procedure of creating stamps with the figure carved (in incuso) which then were hammered on metal discs, but they were necessary to be cast from metal molds set in clay on which the molten alloy would be, first with the front and then with the back, which then were welded with a hammer.
Obviously, this procedure prevented that the features of the figures were clearly defined, facilitating the work of counterfeiters, although initially this problem was not usual because of the intrinsic value of the circulating currency, while throughout the third century B.C. coins started gradually to be minted so the features of the figures become more pronounced therefore the identification of fakes become more plausible. Clearly this is becoming more imperative when the current value of the As change from its intrinsic value.
As a submultiple of the As, they melt along this period Semis weighing 180 grams and costing one-half of an As, with the head of Saturn and identified with an S, Triens weighing 120 grams and with a  value of one third of an As, with the head of Minerva and identified by four points, Quadrans with 90 grams of weight and with a value of a quarter of an As, with the head of Hercules and identified by three points, Sextans weighing 60 grams and identified by two points and Uncia weighing 30 grams with the head of Bellona, worth one-twelfth of an As and identified by a point.
The first As coined date from mid-third century B.C. and weighing 30 grams, i.e. almost a tenth of its weight at the beginning of the century. At the time of Augustus in the first century B.C. the As, continually coined, stabilized at a weight of 10 grams and it practically remains even with a slight decline until the time it ceases to be issued in the time of Aurelian in the third century A.C. As the decline of the As, Dupondius are issued as the multiples of the As, they worth two as, in time of Augustus sesterces are issued and even double sesterces, although sporadically, in times of Trajan Decius and Posthumous in the third century A.C. Specifically, the sesterces issued during nearly three centuries in the name of all the emperors and relevant relatives of Augustus to Diocletian, known also as large bronzes, because their weight (30 to 20 grams) and size (4 to 2 cm of diameter) are the pinnacle of Roman coins and we will talk about them in the next articles. As an example of these, we add to the reproduction of the 5 sesterces of Augustus published in the previous article, 5 sesterces more coined in the reign of Tiberius, the adopted son and successor of Augustus.

 

 

 

 

 

 

 

 

Martes 07 de Septiembre de 2010 13:31

Libros para el otoño: hojas de Canadá.

por Ana C.López

Ahora que se avecina el otoño y se empieza a revelar nuestro deseo de ver árboles perdiendo clorofila y ganando colores rojizos, no hay nada mejor que girar la memoria hacia un país como Canadá, donde los arces se transformarán en gloriosos mantos de hojas de fuego, puntuales, a partir del jueves 23 de septiembre de 2010, cuando, según el convenio astronómico, comenzará el otoño en el hemisferio norte.

 

Pero este país americano no sólo ha de recordarnos el esplendor de los arces o el sirope, carísimo, que se elabora con su savia.

 

Si alguien me dice Canadá, me traslado a las historias que pare el frío que allí habita, por encima del paralelo 45. Historias con forma de barroca novela de urbanitas ateridos, desastrados con afán de éxito en el mundo de la restauración, tentados por figuras demoníacas, rodeados de extraños amigos como menores de edad alcoholizados, gatos despeluchados y libros con recetas para hacer jabón con esencia de limón.

 

 

 

Este inolvidable universo del que os hablo lo creó Yves Beauchemin en su obra Gatuperios (Alianza Editorial, 1989) (Le Matou, en el original en francés de Quebec) que sólo he podido encontrar en Bibliotecas Públicas. Es una joya que en su día fue traducida al español por María Teresa Gallego Urrutia (Premio Nacional a la Obra de un Traductor (Ministerio de Cultura) 2008)  en colaboración con María Isabel Reverte Cejudo. Una buena traducción marca la diferencia.

 

 

Otra historia hija de las nevadas canadienses es la contenida en ese pozo de infancia oscura, en el que los adultos no son capaces de intuir más que sombras, contado por Margaret Atwood (Príncipe de Asturias de las Letras 2008) en su libro Ojo de gato (Ediciones B, 2002).

 

 

Ojo de gato sabe a hielo sucio, a colección de canicas celosamente custodiada, a sangre que nos hacía la gravilla en las rodillas al aprender a ir en bicicleta, a la sangre que se nos podía llegar a quemar, lentamente, por el influjo de todas las amistades infantiles con las que nos hemos hecho daño. Las distintas capas, tiempos y sensaciones volcadas en la narración, el descubrimiento de los velos del pasado infantil, como cataratas, el sabor en la lengua de una atmósfera de maldad infantil, son algunas de las bazas de Margaret Atwood, capaz de describir lo secreto, lo que pensamos que sólo nosotras mismas habíamos vivido, sin el amparo de los adultos.

 

Alice Munro, también canadiense, tiene otros poderes distintos a los de Margaret Atwood. Sus relatos breves suelen tratar de las relaciones entre miembros de familias, vecinos de pequeñas ciudades canadienses, suelen ser relatos sobre momentos de epifanía en la vida de una mujer, pero sin olvidar nunca la red que se teje alrededor y dentro de cada existencia.

 

 

Su escritura es sencilla, no como la de Yves Beauchemin, con recovecos y vértigo urbano,  no como la de Margaret Atwood, onírica a veces, con detalles de arenisca en el ojo, de entraña, de sensación. Su superpoder radica en la impronta que dejan sus historias que, con el paso del tiempo van ganando cuerpo en la memoria y se recuerdan motivos, el lector regurgita escenas pasados los años, y se recuperan imágenes. Me ha ocurrido esto con el primero de los relatos de Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (RBA, 2009), y con la  historia de la bibliotecaria del libro de cuentos cortos Secretos a voces (RBA, 2008).

 

No es posible hablar de Canadá sin recomendar la lectura voraz de las trilogías de Robertson Davies, que descanse en paz, publicadas en España por la editorial Libros del Asteroide:  la Trilogía Deptford, mi favorita, integrada por: El quinto en discordia, Mantícora y El mundo de los prodigios ; y  la Trilogía Cornish: Ángeles rebeldes, Lo que arraiga en el hueso y La lira de Orfeo.

 

Robertson Davies derrochó durante su vida un talento desmesurado. Sus obra es una obra maestra llena de inteligente crítica social, de conocimientos sobre lo divino y lo humano. En su afán por desentrañar el porqué de la vida de sus personajes, patentó, de algún modo, un método peculiar para lograrlo y, así, iluminarnos. Además, lucía una perfecta barba blanca.

 

 

El otoño de este año 2010 durará 89 días y 20 horas. Aprovechémoslas acercándonos a la savia literaria de estos cuatro canadienses y magníficos contadores de historias: Beauchemin, Atwood, Munro y Davies.

 

Que ustedes los disfruten.

 

A. C. L.

 

Lunes 05 de Julio de 2010 10:39

Alfa Romeo Spyder 2.0

por Alejandro Lazcano

Alfa Romeo Spyder 2.0

 

                                                           

 

 

Este fue el primer coche semiclásico que adquirí como fruto de una casualidad, ya que el mismo día que me entregaron un Alfa Romeo 75 Twin Spark 2.0 que yo iba a utilizar como vehículo familiar, estaban explicando a otro comprador las características de un Alfa Romeo Spyder 2.0 rojo, que se me quedó grabado en mi retina, y sobre cuyo propietario sentí una envidia sana monumental, ya que por un momento me olvide de mis hijos y solo pensé en poseerlo, lo cual, por motivos obvios era imposible.

 

Pues bien, resultó que a la hora de hacer la primera revisión y siguientes, volví a coincidir en el concesionario con el dueño del Spyder, y mis mas bajos instintos seguían vivos sobre aquel coche tan bonito.

 

Lo cierto es que una de las ocasiones vi que el dueño ya no conducía el Alfa sino que lo llevaba su hija, y empezaron a aparecer algunos rayones. Que pena, le comenté a Solera, encargado de chapa de TEXAUTO, con lo impecable que siempre ha estado este coche, a lo que me contesto, que el dueño ya no lo sacaba mucho y se encargaba su hija, pero al ser profesora en un Instituto, a veces, los alumnos le jugaban malas pasadas en forma de arañazos.

 

Pues bien, en una de estas visitas al concesionario, volví a encontrar a mi deseado Spyder, y como de costumbre pregunté a Solera, que de revisión. No, me contesto, lo estoy repasando para venderlo, ya que no lo usan y han decidido deshacerse de el.

 

Como os podéis imaginar la adrenalina se me salía por los poros, Solera, le dije, dame la dirección y teléfono del dueño que me lo quedo yo, no hace falta, me dijo, me ha dejado la transferencia firmada y me ha encargado a mi de su venta. Donde hay que firmar le dije, pero no quieres saber el precio y el estado, me contesto, pues me es indiferente, este es mi coche, de hecho lo lleva siendo muchos años en que lo sigo con paciencia sin poder hacerme con el, y ese momento ha llegado.

 

Es evidente que llegamos rápidamente a un acuerdo y una tarde nos acercamos a recogerlo, y dar el primer paseo descapotados, y creerme, la sensación fue tan grata que ni me entere del endemoniado tráfico de Madrid.

 

Este coche nos ha dado muchas satisfacciones, y lo hemos usado en numerosas concentraciones de vehículos clásicos, en las que han tratado de comprármelo en varias ocasiones, pero no se vende, es uno de mis juguetes favoritos.

 

En cuanto a características técnicas, indicar que este modelo es de la cuarta y última generación de Alfa Romeo Spyder que se fabrico a lo largo de 27 años, y que siempre será conocido, entre otras cosas, por su aparición en la película “El Graduado”, junto a la canción Miss Robinson de Simon and Garfunkel.

 

Esta cuarta generación dispone de un motor de 2000cc que le permitía obtener 132CV y que además, en el modelo correspondiente a 1991 fue dotado como novedad de catalizador. La culata y bloque son de aleación ligera, y la caja de cambios es de cinco velocidades y sus frenos de disco, disponiendo de ayuda asistida en la dirección y sistema de frenado, lo cual facilita su uso en ciudad.

 

En cualquier caso, quien esté interesado en conocer mas cosas de este modelo, puede acceder a la otra parte del blog en la que estoy incorporando mis artículos sobre coches y leer el relativo a este modelo.

 

Hasta el siguiente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Informacion adicional

  • Tema Los Coches Clásicos
Viernes 02 de Julio de 2010 11:30

"El amo del corral" de Tristan Egolf.

por Ana C.López

"EL AMO DEL CORRAL" DE TRISTAN EGOLF. Por Ana C. López. 

 

Aquí, en mi trinchera de lectora, tengo a buen recaudo uno de los tres libros que Tristan Egolf escribió antes de morir, por voluntad propia, en el año 2005 a los 33 años. Se trata de “El amo del corral” (1998), parco título en su versión española, siendo el original: “Lord of the Barnyard: killing the fatted calf and arming the aware in the cornbelt”.

 

                         

  

Ambientada en Kentucky, estado federado que, en parte, pertenece al denominado “cinturón del maíz” (corn belt) del medio Oeste de los Estados Unidos de Norteamérica, la ópera prima de Tristan Egolf es la narración a fogonazos, una erupción de sucesos inefables (del latín ineffabĭlis, indecible) que el autor, desafiando esta etimología, logra contar armado con una verborrea brillante, imparable y avasalladora. Desde La conjura de los necios (1980) de John Kennedy Toole, que también atesoro en mi trinchera de lectora, no había vuelto a encontrarme con un texto capaz de arrebatarme con tal intensidad, caótica y visceral, de tornado.

 

Podrás olvidar en el futuro el hilo argumental de El amo del corral, podrás olvidar los detalles, pero quedará en tu memoria la deslumbrante descripción de la pericia empresarial de un crío de ocho años, John Kaltenbrunner, semihuérfano, convertido en experto criador de gallinas de raza, sometido a todo tipo de vejaciones en la escuela, a la que va solo, sin asear, en tractor, sometido a un acoso infernal por un grupo de arpías metodistas que rondan como buitres la granja esperando la muerte de la madre para hacerse con la propiedad.

 

Nunca olvidarás las desgracias concatenadas que van lastrando la juventud malograda de nuestro antihéroe rural: su trabajo en una fábrica de despiece de pavos, codeándose, entre sangre, electrocuciones y tendones, con los inmigrantes de origen latino, con la escoria blanca y la negra, condenados todos a vivir por no morir, por encima del asco y la rabia contra el sistema.

 

Esta es la historia vital de un hijo de granjeros, con una voluntad de hierro y un destino que insiste en arrancarle las tripas, el corazón y la dignidad. Tiene su planteamiento, su nudo, y un aparente desenlace: John parece ser premiado por el destino con un nuevo empleo como recogedor de basura…

 

Mas no es el desenlace, el fin, sino que como si una nueva novela comenzase en el segundo tercio de El amo del corral, Tristan Egolf vuelve a cegarnos con otra tanda de golpes bajos cuando nos relata el episodio en el que John Kaltenbrunner, corazón cartesiano, arrastrado por las circunstancias, por el lodo de ese río putrefacto que ha sido hasta entonces su vida, se convierte en un auténtico héroe contra el mundo. Una huelga de basureros, sin precedentes, totalmente inenarrable, nos quita el aliento hasta que pasamos la última página y suspiramos. La avalancha ya ha pasado y en nuestra retina queda el fulgor de la caída, el vómito del miedo. 

 

Este verano os recomiendo la inmersión en la obra, en la América profunda, visceral, de Tristan Egolf.

 

 

 

Tristan Egolf: algunos datos sobre su figura.

 

 

Tristan Egolf nació en El Escorial, por casualidad, en 1971. Comenzó a segregar talento en el instituto, donde oculto bajo un seudónimo fácil de desencriptar por parte del jefe de estudios, publicó, junto con su mejor amigo, futuro periodista, una publicación underground que vendían a los alumnos del instituto, ávidos de subversión, por un módico precio. Les expulsaron tres días, cuando fueron descubiertos, pero, al mismo tiempo, las autoridades educativas alabaron el sorprendente dominio de la palabra, de la ficción y del ritmo de Tristan.

 

Si en la educación secundaria, las publicaciones underground fueron la válvula de escape por la que brotó su genio narrativo, ya en la Universidad, fue su grupo de música punk el que le granjeó el éxito: firmó un contrato con una compañía discográfica.

 

Escritor, músico y viajero, abandonó sus estudios superiores para ir a París a escribir su primera novela. Con 27 años, entró en contacto, de manera accidental con la editorial Gallimard que publicó su primera novela: “El amo del corral”

 

Antes de suicidarse en el año 2005, no sólo escribió otras dos novelas "La chica y el violín" (2002) - Skirt and the Fiddle- y "Kornwolf" (2006), sino que, ya de regreso en Estados Unidos, desarrolló su faceta de activista político, como líder de Smoketown 6, un colectivo que protestó contra el, ahora, ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, George W. Bush.

 

 

Ediciones disponibles en España:

 

1. Edición descatalogada por la editorial

EL AMO DEL CORRAL de Egolf, Tristan

MONDADORI
ISBN: 9788439702511
Año de edición:1998 BARCELONA

 

2. LORD OF THE BARNYARD: KILLING THE FATTED CALF AND ARMING THE AWAR E IN THE CORNBELT  Egolf, Tristan

GROVE PRESS
ISBN: 9780802136725
Año de edición:1998 NEW YORK

Lunes 17 de Mayo de 2010 16:33

Del monedero al monetario

por Ernesto Gutiérrez Guinea

 

No hay otro objeto con el que estemos mas familiarizados que con las monedas . Con ellas , el llamado dinero de bolsillo , pagamos nuestros gastos de cafetería , de transporte , interaccionamos con las máquinas de expedición de pequeños productos o ajustamos el valor de los billetes que hemos entregado para la adquisición de algo al valor señalado en su precio. Y no solo las damos , sino también las recibimos de las personas a través de las cuales hemos comprado algo , de manera que es prácticamente imposible volver a casa sin una modificación substancial de las monedas con las que hemos salido de ella .

Ello es así desde hace 2500 años ,en que en Lidia en la costa del Egeo ,los griegos , innovando como en tantos otros casos , pusieron en circulación unos pequeños trozos de aleación de oro y plata conformados por el sello del Estado que permitían , en forma sensiblemente igual que en nuestros días , ajustar el valor de las mercancías  al expresado en un determinado número de estas piezas de metal .

Si ello ha continuado siendo así a lo largo de 25 siglos , nada tiene de extraño que haya sido una constante a lo largo de la historia que muchas personas , ricas y pobres ,poderosas o débiles , hayan ido detrayendo de la circulación diaria parte de las monedas que reciben , aquellas que les han merecido una particular atención , en la misma medida que las mariposas ,plantas , conchas o fósiles curiosos , siempre han sido objeto de retención .

No hay otro objeto con el que estemos mas familiarizados que con las monedas . Con ellas , el llamado dinero de bolsillo , pagamos nuestros gastos de cafetería , de transporte , interaccionamos con las máquinas de expedición de pequeños productos o ajustamos el valor de los billetes que hemos entregado para la adquisición de algo al valor señalado en su precio. Y no solo las damos , sino también las recibimos de las personas a través de las cuales hemos comprado algo , de manera que es prácticamente imposible volver a casa sin una modificación substancial de las monedas con las que hemos salido de ella .

 

Ello es así desde hace 2500 años ,en que en Lidia en la costa del Egeo ,los griegos , innovando como en tantos otros casos , pusieron en circulación unos pequeños trozos de aleación de oro y plata conformados por el sello del Estado que permitían , en forma sensiblemente igual que en nuestros días , ajustar el valor de las mercancías  al expresado en un determinado número de estas piezas de metal .

Si ello ha continuado siendo así a lo largo de 25 siglos , nada tiene de extraño que haya sido una constante a lo largo de la historia que muchas personas , ricas y pobres ,poderosas o débiles , hayan ido detrayendo de la circulación diaria parte de las monedas que reciben , aquellas que les han merecido una particular atención , en la misma medida que las mariposas ,plantas , conchas o fósiles curiosos , siempre han sido objeto de retención .

Es prácticamente imposible el encontrar un hogar en que en el fondo de muchos cajones no queden unas monedas que el tiempo ha puesto fuera de circulación o que algún antecesor nuestro retuviera por aquella extraña fascinación que ejercen sobre la mayoría de nosotros las cosas de antaño .

Las monedas tienen inscripciones que nos permiten llegar a conocer la autoridad que las emitió , que órgano ostentaba la competencia , que diríamos en el lenguaje administrativo , cual es el año de su emisión , cual es el valor que se les asignó para su circulación o en que divisa están expresadas , que nos invitan a preguntarnos cosas relacionadas con ellas en cuando se salen de las usuales que estamos acostumbrados a manejar , pero por encima de todo la mayoría de ellas , no todas , son objetos bellos , son autenticas obras de arte con un diseño seleccionado por concurso entre los artistas nacionales de mas renombre , que presentan la ventaja de estar fabricados en serie  de tal manera que se nos facilita su posesión y el disfrute de su contemplación .

De esta retención que tantas personas realizan, especialmente desde que nuestra pertenencia a la Unión Monetaria permite la circulación en España de monedas diseñadas y emitidas por otros países , surge el deseo de coleccionar las monedas , de comparar sus características , de disponerlas de forma que podamos visualizarlas con facilidad o de acudir a publicaciones que nos faciliten información adicional acerca de ellas .

Ahí es donde esta situada la puerta que nos puede permitir entrar en el maravilloso mundo del coleccionismo . ¡ Claro que para transponerla se necesita un cierto gusto innato por el coleccionismo! Pero si en nuestra niñez hemos coleccionado cromos , en nuestra juventud carteles de nuestros cantantes preferidos y en nuestra madurez postales de los lugares que hemos visitado , seguro que somos potenciales coleccionistas de monedas, que partiendo del material que va a ir pasando por nuestras manos cada día en las vueltas que recibamos , podemos llegar a ser auténticos coleccionistas que pasemos agradabilísimos momentos manejando esto objetos , aprendiendo cosas acerca de ellos y trasmitiendo a otros lo que vayamos conociendo .

Este es el objeto de este Blog . Por supuesto que en Internet podemos extraer informacion sobre monedas raras o excepcionales. Por supuesto que existen publicaciones especializadas en las que bucear y enterarnos con detalle cuanto puede valer una determinada moneda o cual es el diseño de las monedas emitidas por un pais en una época determinada . Pero es seguro que ello es tarea de cierta aridez a la que solo es posible sentirse llamado una vez que se tiene ya una cierta idea de lo que es el coleccionismo de monedas .

Esta idea es la que pretendo ir difundiendo a los compañeros de las Administraciones Publicas . Facilitar fotografias de las mas significativas que nos inviten a conocer cosas sobre ellas . Dar estimaciones del valor de mercado de cada tipo de monedas . Proporcionar informacion complementaria , huyendo de terminologia especializada . Contestar a vuestras inquietudes en este campo que manifesteis en forma de comentarios . En definitiva perseguir la amenidad , prometiendo que de  vuestra participacion , en un tiempo razonable , podeis llegar al  interes en este tipo de coleccionismo , a la par que frecuentar este Blog os suponga el entrar en un agradable intercambio de ideas sobre el mundo de las monedas

                                          .

FROM THE PURSE TO THE MONETARY PERSON

There is no other object with which we are most familiar than with the coins. With them, the so-called pocket money, we pay our expenses in the cafeteria, transport, of what we acquaint in machines of small products or we use for giving  the change of a note given to pay the value indicated in the price of something. And we do not only give them but also we receive from the people we have bought something too, so it is nearly impossible to come back home without a substantial modification of the coins with which we had gone out. It is like this for 2500 years ago, when in Lydia on the coast of the Aegean Sea, the Greeks, innovating as in many other cases, put into circulation a few small pieces of a gold and silver alloy with the seal of the State which allowed them, in very similar way as well as in our days, set the value of the goods to that expressed with a number of these pieces of metal.
If it has continued being like this over 25 centuries, it is not strange that along the history many people, rich and poor, powerful or weak, have been removing from the daily circulation of coins those that had deserved a particular attention for them, the same as butterflies, plants, shells or curious fossils, they have always been an object for keeping.
It is nearly impossible to find a home where there are not any coins left in the bottom of drawers which the time has taken them out of circulation or which some of our predecessors had retained moved by a strange fascination that most of the old thing produces in us.
The coins have inscriptions that enable us to know the authority that issued them, what organ held that authority, what in the administrative language is called the year of issue, the value assigned for its circulation or in which currency are expressed, this make us wonder things about them when they are not like the ones we are used to use. Above all, most of them, not all, are beautiful objects, they are authentic works of art with a design selected by competition among the most renowned national artists, which have the advantage of being produced in series what facilitates us having one and enjoying its contemplation.
Because of the fact of keeping them what so many people do, especially since our membership to the Monetary Union allows the circulation in Spain of coins designed and issued by other countries, it arises the desire to collect the coins, to compare its characteristics, to arrange them so that we can visualized them easily or go to publications that provide us more information about them.
That is where the door is placed, the one that allows us enter in the extraordinary world of collecting. It is clear that to go through it, we need a certain innate pleasure for collecting!
Nevertheless, if in our childhood we have collected picture cards, when teenagers posters of our favorite singers and in our maturity postcards from the places we visited, we are potential collectors of coins for sure, starting from the material that will go through our hands from the everyday changes we receive, we can become authentic collectors spending pleasant moments handling these objects, learning things about them and transmitting to others what we know.
This is the purpose of this Blog. Of course, in Internet we can obtain information about rare or unusual coins. Certainly, there are specialized publications that allow us diving and learning in details of how much you can afford a particular currency or what the design of the coins issued by a country at a particular time. But, for sure, it is somehow a hard task which is only possible if you have felt the interest once you have already some idea of what coin collecting is.
This idea is what I try to transmit to the partners of the Public Administration. To facilitate some of the most significant photographs will help us to know things about them. To give estimations of the market value of each type of coin. To provide additional information, avoiding specialized terminology. To answer your concerns in this field expressed by comments. Definitively to pursue the amenity, promising that your participation in a reasonable time, you can reach the interest for this type of collecting, at the same time as frequenting this blog, it will mean to enter into a friendly exchange of ideas about the world of coins.

 

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