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Lunes 10 de Marzo de 2014 23:11

Speak Jazzy

por Leopoldo Simó

10/03/2014

Speak Jazzy

 

SpeakJazzy

Cartel anunciador de la presentación de Speak Jazzy

 

No se trata de un nuevo artículo en este blog, sino de anunciar el nacimiento de un nuevo grupo español de jazz que de alguna manera da continuidad a uno de los que más han perdurado en el panorama jazzístico en España.

 

En los últimos meses del año 1986, Larry Martin (Manuel Martín Arriaga), que había iniciado su andadura musical en 1967, consiguió ver cristalizado un proyecto que llevaba tiempo madurando: la creación de su propia banda de jazz, la Larry Martin Band (LMB). Larry falleció el 30 de noviembre de 2013, a los 63 años, víctima de un cáncer y en esos 26 últimos años de su vida, Larry Martin Band ha sido uno de los pocos grupos de jazz españoles que ha sabido y podido permanecer estable (aunque haya habido cambios en su composición) y se ha consolidado como una de las mejores bandas de jazz en España.

 

Larry Martin fue un gran músico del que yo guardo un gratísimo recuerdo personal y ahora, pocos meses después de su desaparición, los músicos que le acompañaban últimamente en esta singladura han decidido continuar la obra iniciada por Larry y mantener el grupo incorporando a él un batería que le sustituya. Y es así como nace el grupo Speak Jazzy, con Enrique García (guitarra), Domingo Sánchez (piano), Richie Ferrer (contrabajo), Sheila Blanco (voz) y la incorporación de Valentín Iturat en la batería que dejó Larry.

 

Su presentación, como indica la foto, será del 20 al 23 de marzo en Café Populart de Madrid, en un concierto que rendirá homenaje al gran Larry.

 

 

 

Las emisiones de 8 Reales de Carlos III y Carlos IV por lo que respecta a la península, se habían efectuado solamente en las Cecas de Madrid y Sevilla, siempre con el mismo diseño para cada rey, con retrato del monarca en el anverso con peluca y coleta al estilo de la época sobre un busto revestido de túnica, y escudo con las armas alternadas de Castilla y León en el reverso, enmarcado por la leyenda HISPANIARUM Rex. Este diseño difiere fundamentalmente del empleado en las monedas emitidas en las Cecas hispanoamericanas como: Méjico, Lima y Potosí, en el que la cabeza del rey aparece con corona de laurel sobre un busto con coroza al uso de la moneda romana, mientras que el escudo, aunque también con las armas de Castilla y León alternadas, tiene forma rectangular y no curvilínea apareciendo flanqueado por las columnas de Hércules con la inscripción PLVS VLTRA, sobre banda que rodea a éstas. Estas piezas peninsulares y americanas tienen exactamente la misma métrica de peso y ley, con unos 27 gramos de peso y 900 milésimas de ley.

Este tipo de piezas son las que se continúan acuñando en las cecas americanas, una vez que Fernando VII es reconocido en estos países como rey de los territorios hispánicos, una vez producida la abdicación de Carlos IV en 1808  y rechazada en la totalidad de las colonias americanas la asunción del trono por José Napoleón, en ese mismo año. Sin embargo, el diseño dual de las monedas anteriores respecto a las monedas peninsulares y americanas, no se dará en el caso de Fernando VII respecto a los anversos de las piezas. En principio, a partir de 1812 se estandarizará el busto del rey a emplear en todas las cecas tanto peninsulares como americanas, con busto con corona de laurel revestido a la manera romana (FIGURAS 131.4 y 131.5), mientras que en los reversos se continuó operando con tipos de escudo y leyenda diferentes (HISPAN ET IND REX), para los anversos, y HISPANIARUM REX, para las peninsulares. Monedas con este diseño se baten en Madrid de 1814 a 1830, con el paréntesis del trienio constitucional (1820-1823) y en Sevilla, de 1814 a 1820.

Sin embargo, durante el periodo de la Guerra de la Independencia (1808-1814) hasta quedar asegurada la soberanía de Fernando VII sobre todo el territorio peninsular, no serán solamente las Cecas de Madrid y Sevilla las que emitan moneda. Con la dilución de poder que significó la guerra, diferentes territorios emitieron moneda, de una manera u otra a nombre de Fernando VII, en algún caso con la característica de busto del monarca según modelos propios pero con un reverso idéntico al de las emisiones peninsulares de Carlos III y Carlos IV, como es el caso de Madrid (de 1812 a 1814), Sevilla (de 1808 a 1810), Valencia (en 1811) y la zona de Cataluña no ocupada por los franceses (desde 1809 en Reus y hasta 1814 en Palma de Mallorca).

En otras zonas como: Gerona, Lérida, Palma de Mallorca, Tarragona y puede que Tortosa, se batieron piezas con la métrica de los 8 Reales pero denominadas en Duros o 5 Pesetas, a nombre de Fernando VII, pero sin el busto del Rey y con un tipo simplificado de grabado en base a punzones independientes, lo que da a estas monedas un carácter obsidional por haberse emitido en la mayoría de los casos en situación de extrema necesidad, fundamentalmente para el pago de las tropas, en ciudades sometidas al acoso o asedio del ejército francés. Por último en la ciudad de Cádiz, asiento de la Junta de Regencia durante gran parte de la guerra, se acuñaron también 8 Reales del tipo que se emplearía en Madrid y Sevilla desde 1814, durante el periodo 1819-1814, utilizando como marca de Ceca una C (Cádiz) coronada, representativa de ser la sede del poder soberano (las Cortes Constituyentes en ausencia y representación del Rey.

Esta variedad de tipos de emisiones en diferentes zonas del país, se dio también el caso del territorio dominado por los franceses. La emisión de 8 Reales de Plata y 20 Reales de Vellón de José Napoleón, comentadas en las entradas anteriores, se efectuaron solamente en las ciudades de Madrid (1808-1813) y Sevilla (1812) y únicamente en los momentos en que estas ciudades estuvieron en poder de las tropas francesas, los que ocurrió con ciertas alternancias, lo que explica que en los años 1812 y 1813 se emitieran piezas en Madrid, tanto a nombre de José Napoleón como del de Fernando VII. Esta simultaneidad de emisiones no se dio, sin embargo, en la ciudad de Barcelona que en poder de las tropas francesas desde el 12 de febrero de 1808, permaneció bajo su dominación hasta el principio de 1814. Ello posibilitó la continuidad de las emisiones de moneda en la Ceca de Barcelona desde su apertura, decretada el 21 de agosto de 1808, hasta su cierre el 30 de mayo de 1814.

 Las emisiones de Duros y medios Duros en Barcelona durante el dominio francés se atienen estrictamente a la misma métrica (peso y ley) que las emisiones de 8 y 4 Reales de los Borbones, por lo que aunque no se encontraban denominadas en reales, las trataremos en este volumen como antecedente de los dólares americanos, aunque de hecho, nunca tuvieron una circulación significativa en América en ningún momento. Hemos de advertir que, sin embargo, el menor divisor del Duro era una moneda que no equivalía a su cuarta parte, sino a su quinta parte (probablemente para asemejarla al Franco francés de la época), dando en ser denominado como Peseta (Peso pequeño, en idioma catalán) coincidiendo su métrica con la de la pieza de cuatro Reales de Vellón emitidas por José Napoleón en Madrid y Sevilla, en lugar de a las de 2 Reales de los Bobones.

Completan las emisiones de Barcelona, la acuñación de 20 Pesetas en oro de 1812 a 1814 y la de: 4, 2, 1 y medio Cuarto en bronce con un diseño equivalente al de los Duros. Estas piezas (Duro) estaban denominadas como de 5 Pesetas, con un anverso en el que rodea a la denominación una orla, tras la que se inscribe la leyenda EN BARCELONA y el año de emisión flaqueado por dos estrellas de 8 puntas que constituirán la marca de la Ceca de Barcelona durante los reinado de Isabel II y Alfonso XII (para la emisión en bronce de 10 y 5 céntimos de peseta, apareciendo en la parte central del reverso el escudo de Barcelona en forma de rombo con cuarteles alternados con la bandera de la ciudad (cruz) y la de Cataluña (barras verticales) rodeada de corona completa de hojas de roble.

El mas completo estudio sobre esta emisión (de la que mostramos dos ejemplares de 5 Pesetas de 1808 y 1811 en las Figuras 131.1 y 131.2) es el efectuado por E. GOIG en su libro La Moneda Catalana de la Guerra de la Independencia, cuya segunda emisión se publicó en 1977 en Barcelona, en la que se cita pormenorizadamente todas las disposiciones que regularon la reapertura de la Ceca de Barcelona, así como sus normas de funcionamiento. Cuestión central del capítulo de su obra sobre las Acuñaciones de Barcelona, es para el autor, la razón del empleo de un diseño tan radicalmente diferente del de la serie castellana de José Napoleón, sin el retrato ni la inclusión del nombre del rey, llegando la conclusión de que esta cuestión no había obedecido a un impulso aleatorio sino que obedeció mas bien, a un móvil político, dada la probable previsión francesa de anexionar a ese territorio a Francia como se había procedido con el Bramante y los Piases Bajos, a diferencia del resto de territorio español sobre el que se pretendía asentar la monarquía del Rey José, Hermano de Napoleón.

El acontecimiento que mas rotundamente confirma esta hipótesis, es que, de hecho, la anexión de Cataluña al Imperio Francés llegó a ser decretada por Napoleón el 26 de febrero de 1812, si bien ésto no significó ni un cambio de diseño ni de métrica, en la emisión de Duros en Barcelona, en la forma que había tenido lugar en Holanda, con la substitución de la emisión de la moneda anterior (los 40 Stuivers de Luis Napoleón, emitidos en 1807 y 1808) por la de 5 Francos con diseño idéntico a la francesa (cabeza coronada de Napoleón I) , acuñada en la Ceca de Utrecht.

Las piezas de 5 Pesetas se acuñaron en todos los años de 1808 a 1814, citando el Repertorio de las Monedas Napoleonidas de Mey y Poindessault, la cifra de 1.000.146 piezas, producidas durante los 7 años. Cuatro de estos años (los de 1809 1812) no son raros, por lo que aunque su tiraje medio anual es del orden de la tercera parte del de las piezas de 8 Reales de Plata o 20 Reales de Vellón de Carlos IV y José Bonaparte, su frecuencia de aparición en todas las conservaciones hace que las consideraremos equivalentes a las de las piezas comunes de gran módulo en plata, de estos monarcas. El hecho de que la frecuencia de aparición en estas piezas en subasta y el precio que alcanzan en ellas sea asimilable al de las piezas comunes correspondientes de Carlos IV y José Napoleón, siendo su tirada global del orden de tres veces inferior, solo puede ser explicado por una menor proporción de piezas fundidas que en el caso de las piezas de los Borbones estimábamos de 1 ejemplar superviviente por 100 acuñados, y que en este caso pudiera ser de 1 por cada 30, probablemente porque el diseño es mas llamativo, lo que a igualdad de contenido metálico suele conducir a un mayor acaparamiento.

Los medios Duros de Barcelona acuñados fundamentalmente en 1808 y 1809, en cantidades muy pequeñas en 1810, e ínfimas en 1814, con un tiraje global 154.640 ejemplares, son lógicamente mucho mas raros que los Duros. En cuanto a los Duros, la fecha de 1808 que debió de acuñarse en menor cantidad, al empezar el funcionamiento de la Ceca bien entrado el año, la consideraremos como Rara, con un valor doble del de las piezas comunes (1809-1812), mientras que la de 1813 producida ya en el momento de declive del poder francés en España, la consideraremos como Muy Rara con un valor de cuatro veces el de las piezas comunes, y la de 1814 como Rarísima, ya que solo se acuñaron en los comienzos del año  hasta que se suspendió la acuñación en Barcelona el 30 de mayo de 1814, con un valor de ocho veces el de las piezas comunes. En cuanto al incremento del valor de esta moneda con la conservación, consideraremos que el incremento de un grado supondrá multiplicar por vez y media su precio, ya que su patrón de gastaje por circulación, se asemeja al del de las piezas de 8 Reales de Carlos IV y del 8 Reales de Plata y 20 Reales de Vellón de José Bonaparte.

  

Figura 131.1 

  

 La pieza de la FIGURA 131.1 es un 5 Pesetas de José Napoleón acuñada en Barcelona en 1808. En nuestra opinión esta pieza aparece sobrevalorada en Cayón 1998 con un valor de 125.000P en F. Mas ajustada es la estimación de CALICÓ 2008 que solamente llega a 600€ en VF. La presenta pieza tiene un desgaste generalizado que afecta prácticamente tanto como anverso como reverso, aunque el cuidado diseño de la pieza hace que no haya perdido todavía gran parte de su relieve. En estas condiciones su grado es F. La fecha ya hemos indicado que la consideraremos como Rara por lo que su valor y precio de mercado de este ejemplar sería el doble del de las piezas comunes (225€ en F) siendo por tanto de 450€ en F.

 

Figura 131.2 

 

La pieza de la FIGURA 131.2 es también un 5 Pesetas de José Napoleón acuñado en Barcelona en 1811. En nuestra opinión esta pieza continua estando sobrevalorada en CAYÓN 1998, con 80.000P en F. Por su parte CALICÓ 2008 fija un valor en VF, mitad del de la pieza de 1808: 300€. En la subasta aludida en entradas anteriores de 25 de octubre de 2011, una pieza de esta fecha en VF con un precio de salida de 350€ no recibió oferta. Por su parte una pieza de 1808 en VF sí fue adjudicada en 550€. El presente ejemplar se encuentra en muy buena conservación con brillo original y pátina, llegando al grado XF-. Al tratarse de una pieza común de Barcelona, su valor y precio de mercado en XF- sería de 450€, el mismo que correspondería en esta conservación a una pieza equivalente de Madrid de Carlos IV o José Napoleón.

Figura 131.3

La pieza de la FIGURA 131.3 es un 8 Reales acuñado en Madrid en 1813 a nombre de Fernando VII con los Ensayadores Isidoro Ramos y José Sánchez (IJ). Esta pieza, como todas las llamadas “cabeza de loco” de Madrid está también en nuestra opinión sobrevalorada en CAYÓN 1998 con 140.000P en F. Nuevamente vuelve a estar mas ajustada la valoración de CALICÓ 2008 con 600€ en VF, en la línea de los precios alcanzados en la subasta mencionada de 2011, donde una pieza de este mismo tipo con fecha 1812 (algo mas escasa) en F se pagaron 480€ mas gastos. Este ejemplar tiene un desgaste que afecta a la tercera parte del relieve del pelo, al dije de sujeción del manto y a la melena de los leones y el pie de los castillos, por lo que su conservación solamente alcanza el grado F-. Este tipo de pieza lo consideramos como Muy Raro, con un valor de 4 veces el de las piezas comunes de Madrid de 8 Reales de Fernando VII (130€ en F-) por lo que su valor y precio de mercado sería de 520€ (600€ en F).

Figura 131.4

La pieza de la FIGURA 131.4 es un 8 Reales del tipo usual acuñado a nombre de Fernando VII en Madrid de 1814 con los ensayadores Gregorio Lázaro y José Sánchez (GJ). La valoración de esta pieza en CAYÓN en 1998 vuelve a ser alta con 30.000€ en F, mientras que CALICÓ 2008 la asigna un precio de 200€ en VF. En la subasta mencionada de 2011 un ejemplar de 1814 en VF no recibió ofertas, teniendo un precio de salida de 200€. La presente pieza tiene los contornos de las hojas de la corona de laurel completos aunque solamente la mitad de los nervios es visible. Parte de la melena de los leones y del pie de los castillos es todavía visible, por lo que la graduaremos como VF, conservación que para una pieza común de Madrid de Fernando VII nos daría un valor y precio de mercado de 185€ (150€ en F).

Figura 131.5

La pieza de la FIGURA 131.5 es del mismo tipo que la anterior, pero con fecha de 1815, algo menos escasa que la de 1814. En este caso la valoración de CAYÓN 1998 es ya algo mas ajustada: 25.000P en F. CALICÓ 2008 asigna esta pieza un valor de 200€ en VF. En la subasta mencionada un ejemplar de 1815 F+ fue adjudicado en 140€. En este caso el desgaste llega afectar a dos tercios de las hojas de la corona y la melena de los leones y los pies de los castillos aparecen totalmente desgastados, no siendo visible de alguna del dije de sujeción del manto. En estas condiciones el grado es F- con un valor y precio de mercado de 120€, el correspondiente a las piezas de 8 Reales comunes de Madrid de Fernando VII (150€ en F).

131. THE ISSUES OF JOSEPH NAPALEON IN CATALONIA

 

The isues of 8 Reales of Charles III and Charles IV, as regards to the peninsula, had been made only in the Mints of Madrid and Seville, always with the same design for each King, with the portrait of the monarch on the front with wig and ponytail in the style of that time, on a bust covered with tunic and shield with the alternate arms of Castile and León in the back, framed by the legend HISPANIARUM Rex. This design is fundamentally different from the one used in coins issued in the Latin American Mints as: Mexico, Lima and Potosí, in which the King's head appears with laurel wreath on a bust with breastplate as in Roman coins, while the shield, even with the alternate arms of Castile and León, has rectangular shape and no curvilinear appearing flanked by the columns of Hercules with the PLVS VLTRA inscription, on a band that surrounds them. These Peninsular and American pieces have exactly the same metric of weight and fineness, with about 27 grams of weight and 900 thousandths of fine metal content.

This type of pieces is the one that continue to be coined in the American mints once Ferdinand VII is recognized in these countries as King of the Hispanic territories, after taking place the abdication of Charles IV in 1808 and rejected the assumption of the throne by José Napoleon in the whole of the American colonies, in the same year. However, the dual design of previous coins as regard Peninsular and American coins will not be employed in the case of Ferdinand VII on the front of the pieces. In principle, from 1812 the bust of the King will standardize in both Peninsular and American mints with bust with laurel wreath covered in the Roman way (Figures 131.4 and 131.5), while in the back they continued operating with different types of coat and legend (HISPAN ET IND REX), for the front and HISPANIARUM REX, for the Peninsular. Coins bearing this design were minted in Madrid from 1814 to 1830, with the parenthesis of the Liberal Triennium (1820-1823) and in Seville, from 1814 to 1820.

However, during the period of the War of Independence (1808-1814) until the sovereignty of Ferdinand VII over the Iberian Peninsula was guaranteed, the mints of Madrid and Seville will not be only which issue currency. With the dilution of power that lead to war, different territories issued currency, in one way or another in the name of Ferdinand VII, in some cases with the characteristic of the bust of the monarch according to own models but with the back identical to those of the peninsular issues of Charles III and Charles IV, as in the case of Madrid (from 1812 to 1814), Seville (from 1808 to 1810), Valencia (in 1811) and the area of Catalonia not occupied by the French (from 1809 in Reus to 1814 in Palma de Mallorca).

In other areas such as: Gerona, Lérida, Palma de Mallorca, Tarragona and maybe Tortosa, coins were minted with the metric of the 8 Reales but denominated in Duros or 5 Pesetas, in the name of Ferdinand VII, but without the bust of the King and with a simplified  type of engraving based on independent hallmarks, which gives these coins a character obsidional for being issued in most of cases with extreme need, primarily for the payment of the troops which were in cities subjected to harassment or siege of the French army. Finally, in the city of Cadiz, settlement of the Junta of Regency during much of the war, eight-real coins were also minted with the type employed in Madrid and Seville from 1814, during the period 1819 - 1814, using as mintmark a C (Cadiz) crowned, known as being the seat of the sovereign power (The Constituent Assembly in the absence and representation of the King).

This variety of types of issues in different parts of the country was also the case of the territory dominated by the French. The issuance of 8 Reales of Silver and 20 Reales of bullion of Joseph Napoleon, discussed in previous entries, were made only in the cities of Madrid (1808-1813) and Seville (1812) and only in the moments when these cities were under the power of the French troops, what occurred with certain alternations, this explains that in the years 1812 and 1813 coins were issued in Madrid both on behalf of Joseph Napoleon and Ferdinand VII. However, this simultaneity of issues did not happen in the city of Barcelona, which hold by French troops since 12 February 1808, remained under their rule until the beginning of 1814. This enabled the continuity of issuance of currency in the Mint of Barcelona since its opening, enacted on 21 August 1808, until its closure on 30 May 1814.

The issues of Duros and half Duros in Barcelona during the French rule adhere strictly to the same metric (weight and fineness) as the issues of 8 and 4 reales of the Bourbons, so although they were not denominated in Real, we will consider them in this volume as antecedent of American dollars, although in fact, they never had a significant circulation in America at any time. However, we must note that the lower divider of the Duro was a coin that was not equivalent to its fourth part, but to its fifth part (probably to resemble to the French Franco of that time), so being denominated Peseta (low weight, in Catalan language) with the same metric of the coin of 4 reales of bullion issued by Joseph Napoleon in Madrid and Seville, in the place of the coins of 2 reales of the Bourbons.

To complete the issues of Barcelona, we have the 20 pesetas coinage in gold from 1812 to 1814 and of: four, two, one and half fourth in bronze with an equivalent design to the Duro. These coins (Duro) were so-called 5 pesetas, with a front where a border surrounded the denomination, after which fits the legend EN BARCELONA and the year of issue flanked by two stars of 8 tips that will constitute the mark of the Mint of Barcelona during the reign of Elizabeth II and Alfonso XII (for the issuances in bronze of 5 and 10 cents of peseta) appearing in the central part of the back the coat of arms of Barcelona in rhombus shape with quarters alternating with the flag of the city (cross) and that of Catalonia (vertical bars) surrounded by a full Crown of oak leaves.

The most comprehensive study on this issue (of which we show two copies of 5 pesetas of 1808 and 1811 in Figures 131.1 and 131.2) is made by E. Goig in his book La moneda catalana de la Guerra de la Independencia (The Catalan Coin of the War of Independence), whose second edition was published in 1977 in Barcelona, where all the provisions that regulated the reopening of the Mint of Barcelona as well as its rules of operation are cited in detail. A central matter of the chapter of his work about the coinages of Barcelona, is for the author, the reason for the use of a design so radically different from the one of the Castilian series of Joseph Napoleon, without the portrait or the inclusion of the name of the King, reaching the conclusion that this fact had not obeyed a arbitrary impulse, but it was rather due, a politician motive, given the likely French prediction of annexing that territory to France as it had happened with the Bramante and the Netherlands, unlike the rest of the Spanish territory where it was intended to settle the monarchy of King Joseph, brother of Napoleon.

The event which strongly confirms this hypothesis is that, in fact, the annexation of Catalonia to the French Empire came to be decreed by Napoleon on 26 February 1812, even though it meant nor a change of design or metric in the issuance of Duros in Barcelona, in the same way as it had taken place in Holland, with the substitution of the issuance of the previous coin (the 40 stuivers of Louis Napoleon, cast in 1807 and 1808) by the 5 francs with design identical to the French one (Napoleon I crowned head), coined at the Mint of Utrecht.

The coins of 5 Pesetas were minted in every year from 1808 to 1814, citing The Repertoir of Napoleonidas coins of Mey and Poindessault, the figure of 1.000.146 pieces, produced during the 7 years. Four of these years (from 1809 to 1812) are not considered uncommon because, even the annueal average of circulation is of the order of the third part of the pieces of 8 Reales of silver or 20 Reales of bullion of Charles IV and Joseph Bonaparte, its appearance frequency in all the conservations makes that we consider them equivalent to the common coins of large module in silver of these monarchs. The fact that the frequency of appearance of these coins at auction and the price that they reach is equivalent to the common coins of Charles IV and Joseph Napoleon, being its overall coinage of about three times less, only can be explained by a lower proportion of castings which in the case of the coins of the Bourbons we estimate one surviving copy for 100 minted, and in this case, it could be of one copy for 30, probably because their design is more striking, what in the same way as its metallic proportion use to lead to a higher hoarding.

The half duros of Barcelona minted mainly in 1808 and 1809, in very small quantities in 1810, and in insignificant quantities in 1814, with a global production of 154.640 copies, are logically much rarer than the duros. As for the duros, the date of 1808 when they were minted in smaller amounts, because the operation of the Mint started well entered the year, we will consider it as rare, with a value of the double of the common coins (1809-1812), while those of 1813 produced at the time of decline of the French power in Spain, we will consider it as very rare with a value of four times that of the common coins, and that of 1814 as extremely rare, as they only coined them at the beginning of the year till its minting was suspended in Barcelona on 30 May 1814, with a value of eight times of the common coins. As regards the increase of the value of this coin according to its conservation, we will consider that the increase of a grade will multiply by time and half the price, because its wear pattern caused by circulation resembles that of the coins of 8 reales of Charles IV and the 8 reales of silver and 20 reales of billon of Joseph Bonaparte.

Figure 131.1 is a 5 pesetas coin of Joseph Napoleon minted in Barcelona in 1808. In our opinion, this piece appears overestimated in Cayón 1998 with a value of 125,000 pesetas in F. More adjusted is the estimation of Calicó 2008 that only reaches €600 in VF. This coin has a widespread wear that affects almost both, the front and the back, although the careful design of the coin makes that it has not lost much of its relief yet. In these conditions the grade is F. We have already indicated that we will consider the date as rare so the value and market price of this copy would be the double of the common coins (€225 in F) therefore being €450 in F.

The coin of Figure 131.2 is also a 5 Pesetas of Joseph Napoleon coined in Barcelona in 1811. In our opinion, this piece continues to be overestimated in Cayón 1998 with 80,000 pesetas in F. For his part, Calicó 2008 sets a value in VF of half of the coin of 1808: €300. In the auction alluded to in previous posts on 25 October 2011, a coin of this date in VF with a starting price of €350 had not any offer. Meanwhile, a coin of 1808 in VF was sold for €550. This copy is in very good conservation with original brightness and patina, reaching the grade XF-. Being a common coin of Barcelona, its value and market price in XF- would be €450, the same that would correspond in this conservation to an equivalent coin of Madrid of Charles IV or Joseph Napoleon.

The coin of Figure 131.3 is an 8 Reales coined in Madrid in 1813 in the name of Ferdinand VII with the Assayers Isidoro Ramos and José Sánchez (IJ). This coin, as all so-called "crazy head" of Madrid is also, in our opinion, overestimated in Cayón 1998 with 140,000 pesetas in F. Again, the valuation of Calicó 2008 is more adjusted with €600 in VF, in line with the prices achieved in the above-mentioned auction of 2011, where a coin of the same type with date 1812 (a little scarcer) in F was sold for €480 plus expenses. This copy has a wear that affects the third part of the relief of the hair, to the hanging trinket of the mantle, the mane of the lion and the foot of the castles, so that its conservation only achieves the F- grade. This type of piece regard as very rare, with a value of 4 times that of the common coins of Madrid of 8 reales of Ferdinand VII (€130 in F-), so its value and market price would be €520 (€600 in F).

The coin of Figure 131.4 is an 8 reales of the usual type coined in the name of Ferdinand VII in Madrid in 1814 Madrid with the Assayers Gregorio Lázaro and José Sánchez (GJ). The valuation of this coin in Cayón 1998 is again high with €30,000 in F, while Calicó 2008 assigns it a price of €200 in VF. In the auction referred of 2011 a copy of 1814 in VF did not receive offers, with a starting price of €200. This coin has the contours of the leaves of the laurel wreath complete, even though only half of the nerves are visible. Part of the mane of the lions and the foot of the castle is still visible, so its grade would be VF, a conservation that for a common coin of Madrid of Ferdinand VII would give us a value and market price of €185 (€150 in F).

The coin of Figure 131.5 is of the same type as above, but with date of 1815, a little less scarce than the one of 1814. In this case, the assessment of Cayón 1998 is a little bit more adjusted: 25,000 pesetas in F. Calicó 2008 assigns to this piece a value of €200 in VF. In the aforementioned auction, a copy of 1815 in F+ was sold at €140. In this case, its wear comes to affect two thirds of the leaves of the crown and the mane of the lion and the feet of the castles appear completely worn-out, not being visible at all the hanging trinket of the mantle. In these conditions its grade is F- with a value and market price of €120, the corresponding to the common coins of 8 reales of Madrid of Ferdinand VII (€150 in F).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo el mundo sabe que hay un monstruo de la galletas, pero lo que no todo el mundo sabe es que también hay uno para las magdalenas: MI HERMANA. De pequeña era capaz de desayunar un número ingente de, nada más y nada menos, magdalenas "La Bella Easo" con una buena dosis de nutella. A simple vista puede parecer una combinación excesiva; a mí de hecho, antes de probarlo, me lo parecía, pero una vez que lo pruebas tienes que darle la razón al monstruo de las magdalenas y rendirte ante semejante dosis de colesterol.

Otro dato importante a resaltar es que al monstruo de las magdalenas no le gusta NADA cocinar. Para que os hagáis una idea, un día me pidió que le hiciese un bocadillo, yo contesté que no, a lo que ella repuso: pues no ceno. Vamos que lo de pelar fruta sí, pero más allá no se adentra en los "fogones". Tampoco suele ser muy entusiasta en eso de pedirme que haga recetas, con lo cual me extrañé cuando ayer me dijo unas 15 veces que tenía que hacer las famosas magdalenas de Xavier Barriga que ya me había enseñado otro día en el blog Uno de Dos. Cuando a las 7 de a tarde de ayer se puso a copiar la receta, porque la impresora, para variar, se nos rebeló, le toqué la frente, vi que no se trataba de un proceso febril, ¡decidí que no quedaba otra que darle por el gusto al monstruo de las magdalenas!

La receta es sencilla, suben bien, la costra de azúcar nos encantó y sobre todo SABEN A MAGDALENA!!!!! Esta última afirmación puede parecer una obviedad, pero yo hasta ayer no he conseguido ninguna receta de una magdalena que supiese a magdalena: o sabían a harina, o a muffin o a ... Ahora entiendo que el Xavier éste sea tan famoso...

El monstruo de las magdalenas quedó, por fin, satisfecha con la producción casera de su debilidad y probablemente, me las vuelva a pedir, lo cual es un gran mérito! Que conste que estamos hablando de una gran crítica culinaria: es capaz de distinguir ingredientes en un plato cual top chef. Escena típica en mi casa: mamá, hoy esto lo has hecho distinto, no? El problema es que cuando dice eso a la cocinera se le suele poner mala cara porque sabe que a la pregunta de: ¿te gusta más hoy o como siempre? el monstruo de las magdalenas contesta, en el 99.9999% de los casos: como siempre.

 

RECETA: aquí!

 

Martes 04 de Marzo de 2014 09:19

Viñetas de febrero 2014

por Elías

 

 

 

       

A partir del momento de asunción del trono de España por parte de Felipe V, descendiente en línea directa del rey de Francia Luis XIV, la Casa de Borbón pasa a regir los designios de dos de las grandes potencias europeas del momento: España y Francia. Estos dos países, aunque los tratados de Utrecht y Rastatt que liquidaron la Guerra de Sucesión reconociendo los derechos de Felipe V al trono de España disminuyendo su ámbito territorial en Europa (con la perdida de Milán y Bramante), prohibieron la unión dinástica de ambos cetros en una misma persona, sostuvieron a lo largo del siglo una política de alianzas; los llamados Pactos de Familia, que les llevó a sucesivos enfrentamientos con las otras potencias como: Austria, Inglaterra y Rusia.

Esta política de acercamiento a Francia (antaño su tradicional enemigo) solo quebró con ocasión de la entrada de España en la coalición de países europeos que trató de asaltar Francia tras la ejecución de Luis XVI, dando ocasión a la invasión francesa, del País Vasco y Cataluña, que los tratados de paz que liquidaron la coalición volvieron a quedar dentro de sus anteriores fronteras. A partir de ahí, Godoy como ministro de Estado de Carlos IV siguió una política de amistad con Francia, dentro de la cual el 27 de octubre de 1807 quedo suscrito un tratado secreto con Napoleón en virtud del cual España se comprometía a permitir el paso del ejército francés de general Junot a través de su territorio para ir a combatir a Portugal que en línea con su tradicional amistad con Inglaterra se había negado a unirse al llamado bloqueo continental contra ese país.

Paralelamente se fue desarrollando una pugna entre Carlos IV y su primogénito Fernando con relación al apoyo o no, a Godoy, cuya expresión fue el estallido del llamado motín de Aranjuez en los primeros meses de 1808 y la renuncia de Carlos IV a favor de su hijo. Ante esos hechos, Napoleón llamó a ambos a Bayona, (Francia) donde el 5 de mayo de ese año ambos acabaron renunciando la corona española en favor de Napoleón o persona que él designara. Entretanto, había estallado la rebelión frente a los franceses que pretendían el control total del territorio español, materializada en la sublevación del 2 de mayo en Madrid, seguida levantamientos semejantes en otras regiones impulsados por Juntas Locales que reconocían la soberanía de Fernando VII y exigían la retirada de los franceses.

Una vez sofocadas las revueltas en Madrid por Murat, mariscal de Napoleón, nombrado Lugarteniente General del Reino, el 6 de junio de 1809 Napoleón procedió a designar a su hermano José Bonaparte como Rey de España. Gran parte de los poderes tradicionales españoles aceptaron este nombramiento, aunque una parte del ejército y la mayoría de la población civil, con ayuda de las tropas británicas comandadas por Wellington se rebeló contra estos poderes, iniciando la llamada Guerra de la Independencia que se prolongó hasta 1813 con la salida del Rey José y de las últimas tropas francesas de territorio español.

De esta manera, durante este periodo tanto José Bonaparte en las zonas dominadas militarmente por Francia, como las Juntas Locales que reconocían a Fernando VII en las áreas que dominaban, recababan su soberanía para la emisión de monedas que, merced a su contenido metálico, circularon indistintamente por ambas zonas y posteriormente continuaron su curso durante el resto del reinado de Fernando VII y los primeros años del de su hija y sucesora Isabel II, en tanto eran substituidas por un nuevo tipo numerario acuñado en las Cecas de: Madrid, Sevilla y Barcelona, con los nuevos métodos basados en el empleo de la fuerza de vapor.

 La emisión de moneda a nombre de José Napoleón comienza durante los primeros meses de 1809, una vez asentado el poder francés en Madrid tras la intervención personal de Napoleón que hubo de venir en socorro de su hermano, obligado a abandonar la capital, tras la derrota del ejército de Andalucía, comandado por Dupont, a manos del general español Castaños, en Bailén. Estas emisiones se caracterizan por la continuidad en tipos y denominaciones con los que venían siendo empleados desde la entronización de los Borbones en España. En este periodo, las únicas monedas acuñadas por José Napoleón son Reales de a 8 producidos en la Ceca de Madrid, por los Ensayadores: Idelfonso Urquiza y Gregorio Lázaro (IG) con el mismo peso y ley que los de Carlos III y Carlos IV (FIGURAS 129.2, 129.3 y 129.4).

Sin embargo a partir del Decreto de 19 de abril de 1809, aunque se continuó acuñando esta moneda con las mismas características de peso y ley, se cambió su denominación a la de 20 Reales de Vellón, denominación que ya venía usándose, llamándose Real de Vellón a la moneda de cuanta castellana desde el reinado de los Reyes Católicos con una equivalencia de 34 maravedís. En aquel momento  los 34 maravedís equivalían también a un Real de Plata. Sin embargo, las sucesivas elevaciones del llamado premio de la plata, consecuencia de las masivas emisiones de moneda de vellón o cobre que habían tenido lugar en los reinados de: Felipe II, Felipe III y Felipe IV, llevó a que este Real de Plata dejara de valer 34 maravedís, valor que acabará teniendo el llamado Real de Vellón que, sin llegar a ser acuñado, representaba 34 maravedís, con lo que el Real de Vellón y el Maravedí pasaron a desempañar el papel de monedas de cuenta, en la que se expresaban los precios y la mayor parte de las obligaciones de los contratos.

De esta manera, aunque las monedas de: 8, 4, 2, 1 y medio Reales de Plata continuaron acuñándose durante toda la época de los Austrias y, con ligera variación de precio y ley, durante la de los Borbones, su curso real se establecería mediante una determinada equivalencia en reales de vellón  en maravedís (en una proporción de 1 real de vellón por 34 maravedís). El sistema tiende a complicarse con la Pragmática de 1686 de Carlos II en la que se ordena la acuñación de la llamada Plata Nueva (las Marías) que aunque mantienen su denominación en reales, tienen un 20% menos de plata, por lo que el Real de a 8 de Plata Antigua pasa a correr por 10 Reales de Plata Nueva (las Marías). Estos Reales de Plata Nueva son el origen de los llamados en tiempo de Felipe IV, Reales de Plata provincial con un peso reducido en relación con los antiguos Reales de Plata que continuaron acuñándose en las Cecas americanas.

A partir de 16 de mayo de 1737 el Real de a 8, tanto el acuñado en España como en América, pasa a valer 20 Reales de Vellón, y por tanto 680 maravedís (recordemos que las primeras monedas de 8 Reales de Plata del tiempo de Carlos I, se cotizaban a 272 maravedís). Esta relación será la que se ha se estabilizará hasta el cambio del sistema monetario español en 1833 en el comienzo del reinado de Isabel II, cuando el Real de Vellón llega a acuñarse , abandonándose la emisión de los Reales de Plata producidos de acuerdo con la antigua métrica. Pues bien, este cambio que en nuestra época llamaríamos “estructural” tuvo su origen durante el breve reinado de José Napoleón bajo el impulso de acercar la regulación legal a planteamientos racionales demandados por la realidad de las cosas, ya que dejaba de tener sentido mantener la denominación de 8 Reales sobre las piezas grandes de plata, cuando eran tomadas en el comercio, y así nombradas, con un valor de 20 reales de vellón de 34 maravedís, que es lo que todo el mundo entendía cuando, entonces, se hablaba de 20 reales.

Como consecuencia de ellos los divisores emitidos por José Napoleón de las monedas de 20 reales, ya no siguieron el sistema tradicional de estar constituidos por denominaciones de: medios, cuartos, octavos y dieciseisavos de los 20 reales, sino que  se adoptaron denominaciones de 10 reales de vellón, 4 reales de vellón, 2 reales de vellón y 1 real de vellón. De esta manera, las populares monedas de 4 reales (inferiores en un 20%, aproximadamente, del peso de las antiguas de 2 Reales) pasaron a ser la quinta parte de las denominadas como de 20 reales. Esta moneda de 4 Reales de Vellón será la que en el lenguaje popular ( y en el oficial, en Cataluña) reciba el nombre de “Peseta”, origen de la nueva unidad monetaria nacional a partir de 1868, acuñándose con un peso y ley semejante a las adoptadas como unidades monetarias desde aproximadamente la mitad del siglo, por los países que suscribieron la Unión Monetaria Latina.

Esta moneda de 4 Reales de Vellón tendrá un contenido metálico semejante a las antiguas monedas de 2 Reales de la llamada Plata provincial, y un 20% aproximadamente menos de peso que los Reales de Plata antigua que, en forma de pesos (8 Reales) y sus divisores, continuaron emitiéndose en América, tanto en la época colonial como en los primeros tiempos de los países hispanoamericanos, una vez independizados. También estas monedas, los 8 Reales de la llamada Plata antigua, constituyen, en forma de Dólar, la unidad monetaria de los Estados Unidos y de los países americanos de su área. Por otra parte, el nombre de real (de vellón) continuó perviviendo en la época de la peseta, desde 1868 a 2002, recibiendo tradicionalmente la moneda de 50 Céntimos de peseta, el nombre de 2 Reales y la de 5 pesetas, el de 10 Reales o el de Duro.

Las piezas de 8 Reales de Plata o de 20 Reales de Vellón, en métrica equivalente, se acuñaron en cantidades bastantes semejantes a la de 8 Reales de Madrid de Carlos IV, con cifras del orden de 700.000 ejemplares de media anual, de 1809 a 1812, siendo emitidos en cantidades claramente menores los 20 Reales de 1808, 1813 en Madrid y el 1812 de Sevilla, así como todos los de 8 Reales. Por tanto, aunque hayan sobrevivido en un número algo menor de ejemplares, los consideraremos como con una rareza y precios equivalentes a los de las piezas de 8 Reales de Carlos IV, cuando se trata de tipos de piezas comunes, como los de 20 Reales de Madrid de: 1809AI, 1810AI, 1811AI y 1812AI.

 Consideraremos como Raros, con un precio del orden del doble, a los 8 Reales de 1809IG, 20 Reales de 1808 y 1813 de Madrid, y 1812 de Sevilla. Por último consideraremos como Muy Raro, con un valor cuádruple del de las piezas comunes, al 1810IA (con los Ensayadores Idelfonso Urquiza y Antonio Rafael Narváez), y como Rarísima con un valor de 8 veces el de las pieza comunes, el 8 Reales de 1810IG que debió de tratarse de una prueba por cuanto a partir de 18 de abril de 1809, ya no se debían de haber vuelto a emitir piezas denominadas en Reales de Plata. Para el conocimiento pormenorizado de las tiradas de estas piezas, recomendamos la consulta del libro: Repertorio de las Monedas Napoleonidas de Jean de Mey y Bernard Poindessault.

Las monedas que aparecen en las FIGURAS 130.1, 130.2 y 130.3 son todas ellas 20 Reales emitidos en Madrid a nombre de José Napoleón en los años: 1810, 1811 y 1812, todos ellas con los Ensayadores Antonio Rafael Narváez e Isidoro Ramos. Todas estas piezas tienen una rareza no muy diferente equivaliendo la de las dos primeras a la de 1809 de Madrid de 20 reales, siendo la de 1812 algo mas escasa, aunque sin llegar a merecer un sensible sobreprecio. La pieza de la FIGURA 130.1 tiene solamente gastaje (como las dos siguientes) en las partes mas elevadas de su diseño, concretamente en este caso, en el pelo del rey, la melena del león del escudo del reverso y la pechuga del águila imperial en el centro de este escudo. Concretamente esta pieza retiene gran parte de su brillo original aunque ha sufrido una ligera limpieza; por tanto su grado sería VF+, sin llegar a XF-, por lo que le correspondería un valor y un precio de mercado de 400€ (350€ en VF).

La pieza de la FIGURA 130.2 es idéntica a la anterior, si bien su fecha de emisión es 1811. Esta pieza tiene algo mas de relieve que la anterior, aunque su brillo es algo mas apagado con consecuencia de haber sido limpiada en forma no tan cuidadosa como la anterior, por lo cual con lupa de fuerte aumento se observan líneas paralelas de erosión a lo largo de los campos de anverso y reverso. Compensando el mayor relieve con lo menos cuidadoso de su limpieza, su grado de conservación sería equivalente: VF+, por lo que su valor y precio de mercado volvería a ser 400€, el mismo que el que tendría una pieza de 8 Reales de Carlos IV de los tipos de piezas comunes de Madrid.

La pieza de la FIGURA 130.4 es un 20 Reales acuñado a nombre de José Napoleón en Madrid de 1813 con los Ensayadores Isidoro Ramos y Antonio Rafael Narváez (RN). Esta pieza tiene un tiraje notablemente inferior al de las anteriores, ya que José Napoleón tuvo de abandonar Madrid mucho antes de terminar 1813. Esta pieza tiene un diseño ligeramente diferente de las anteriores con un relieve algo mayor en el pelo que muestra mayores líneas de detalle, cuando la conservación es alta. El grado de esta pieza es menor que el de las anteriores por cuanto además del desgaste en los puntos que ya hemos señalado en las otras piezas, aparecen gastadas un número significativo de líneas del pelo del rey, así como los castillos y leones del escudo del reverso, pese a que aun éstos conservan un cierto número de detalles interiores. Ya hemos indicado que esta fecha la consideramos como Rara, por lo que su valor en VF- sería el doble que el de las piezas comunes (300€ en F, en esta conservación). Por tanto su valor y precio de mercado de 600€ en VF-.

Por último la pieza de la FIGURA 130.5 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Sevilla en 1812 con los Ensayadores Isidoro Ramos y José Sanchez Delgado, representados por las siglas RS. Esta es la única pieza de este tipo de moneda acuñada en la Ceca de Sevilla, aprovechando el breve tiempo en ese año en que ésta ciudad estuvo en poder de las tropas francesas, por lo que su tirada es claramente inferior a la de las piezas anteriores. En general estas piezas suelen encontrarse en conservaciones menores que la de las piezas anteriores. En este caso solamente es visible el 50% del pelo del rey y el gastaje de la pechuga del águila se extiende a la práctica totalidad de las plumas de sus alas. No obstante el aspecto de la pieza no es malo, por conservar su pátina original, sin haber sido limpiada. Su grado de conservación, por tanto, es F+. En estas condiciones, al tratarse de una pieza que ya hemos indicado que consideramos como Rara será el doble del de las piezas comunes de José Napoleón (260€ en F+), llegando por tanto a un valor y precio de mercado de 520€.

10. CHARACTERISTICS OF THE CASTILIANS ISSUES OF JOSEPH NAPOLEON

 

 

 

Miércoles 26 de Febrero de 2014 21:17

EL 23 F DE JORDI EVOLE

por Juan Pedro Escanilla

Desde que en 1938 Orson Welles sembró el pánico en Nueva York con su versión radiofónica de la guerra de los mundos de Herbert Georges Wells, ¿Cuál es el medio que no ha soñado alguna vez con repetir la hazaña? Recuerdo especialmente cómo, hace relativamente poco tiempo, la radio belga engañó a mucha gente con un "informativo especial" en el que daba cuenta de que Flandes se había independizado unilateralmente de Bélgica.

El engaño, tanto el jocoso como el malintencionado, forma parte de la munición habitual de programas radiofónicos y televisivos: Cámaras ocultas; Cobayas que llegan al plató sin saber que van a reencontrarse con el amor de su vida o a enterarse de que tenían un hermano que desconocían; Maquillaje de declaraciones; Montajes de videos y escenas similares se repiten asiduamente para gozo o indignación de los espectadores.

Me atrevo a decir que lo que ha intentado Evole es más difícil que lo de Orson Welles o los belgas: Sembrar el pánico, o simplemente hacer creer algo imaginario es relativamente fácil. En el caso de Welles lo que “cantaba” era lo de los marcianos pero, ¿Acaso era eso lo importante? Si cuando vimos en la tele la caída de las torres gemelas el locutor nos hubiera dicho que habían sido atacadas por naves extraterrestres nos lo habríamos creído a pies juntillas. En aquél momento lo importante era lo que pasaba. Quién era el culpable sería importante al día siguiente.

También fue fácil en el caso de la emisión belga: se creyó porque era perfectamente creíble dado el ambiente caldeado del norte del país. Podría hacerse perfectamente en España: hasta el más novato de los realizadores podría fabular un "informativo" sobre una declaración unilateral de independencia de Cataluña que se creerían cientos de miles de espectadores, unos porque la temen, otros porque la desean: Bastaría con unas imágenes de archivo de manifestaciones multitudinarias llenas de senyeras; declaraciones de Mas o Rajoy; guardias civiles tirando pelotas al mar en la Barceloneta y hasta un locutor podría decirnos, para poner picante, que el ayuntamiento de Cervera se había declarado leal a la monarquía cómo en el siglo XVIII.

Sin embargo, el desafío de Evole era mucho mayor: Tenía que partir de un guion ya escrito, aunque algunas páginas estén aún en blanco; Tenía que rellenar esos huecos de manera que pudieran integrarse de manera creíble en lo que ya sabemos todos. Por supuesto, metiendo lo necesario para que el conjunto pudiera interpretarse de una manera diferente a la habitual pero respetando cosas obvias: No podía haber muertos, ni manifestaciones, ni tanques en más sitios que en Valencia, de la misma manera que no puede haber un reloj en la muñeca de un soldado romano.

¿Superó el desafío? Creo que sólo a medias. Supongo que el número de crédulos sería más importante durante los cinco primeros minutos que al final, ya que a medida que avanzaba el programa si iban viendo las cuerdas cada vez más gordas. En esto Jordi Evole violó la ley más importante de los cuentistas, la de que la tensión debe ir siempre en aumento.

Tuvo algunos errores de bulto. Ignoró anécdotas menores, como el hecho de que un diputado tuviera que ser evacuado al hospital tras sufrir un ataque de asma y/o ansiedad (¿no estaba al tanto del compló?) pero sobre todo se olvidó de algo que fue fundamental para el desarrollo de los acontecimientos y con lo que los golpistas no habían contado: Que Francisco Laína (un TAC, mira tu por dónde), poniéndose unas cuantas leyes por montera, constituyó a la comisión de subsecretarios en gobierno en funciones del país y paró el golpe: Desde el hotel Palace, precisamente.

Hay algo más, que no tiene nada que ver con los hechos. Si la tesis que desde el principio plantea el falso documental, la de que el rey se implicó en un ardid para frenar el aumento del golpismo, hubiera sido verdad, su difusión hubiera sido un balón de oxígeno para la monarquía. Ya aparece cómo salvadora en la versión aceptada de los hechos pero aquí se iba un pelín más lejos: Juan Carlos habría sido el buen doctor que nos hace un poco de pupita en brazo o en el culete para vacunarnos de cosas más terribles: Un benefactor ilustrado vaya.

He seguido con cierta frecuencia programas de Jordi Evole. Creo que es uno de esos periodistas de investigación criados en el post Watergate que salieron de las escuelas de periodismo con una Remington cargada en la mochila y que piensan que su destino manifiesto es destapar un escándalo cada semana y si es posible dos. No me parece mal que sea así, pero no es el tipo de personalidad consistente con la tesis del documental de haber sido cierto.

Constatado esto, todo lo demás consistió en el juego de cazar el gazapo.

 

El siglo XVIII fue en Europa una época de estabilidad monetaria en sus líneas generales. A lo largo del siglo XVI se habían ido asentando en los diferentes países europeos, en especial  en los occidentales, sistemas monetarios basados en la concesión por parte de los estados nacionales de privilegios de emisión de moneda a diferentes establecimientos radicados en las ciudades de mayor importancia de cada país. Estos establecimientos o Casas de Moneda generalmente marcaban con alguna inicial las monedas que emitían, así como empleaban signos específicos para que pudieran ser identificados los responsables de ensayar la aleación metálica cuando está tenia contenido en metal precioso: oro o plata. Los sistemas monetarios eran, casi sin excepción, bimetálicos, reservándose en oro para la acuñación de las mayores denominaciones, la plata para las intermedias, y el cobre, puro o aleado con el estaño (bronce) para las menores, dirigidas a soportar las pequeñas transacciones.

El diseño de las monedas era impuesto mediante disposiciones legales emanadas de la autoridad central, que en el absolutismo de la época radicaba en el monarca, aunque la ejerciera a través de sus secretarios o jefes de su burocracia. También, el peso y la ley de las aleaciones a emplear en las monedas, se fijaba con  medida escrupulosidad, en estas mismas disposiciones. Operaran bajo directa administración real o en régimen de concesión a un particular, las Casas de Moneda aceptaban la entrega de metal precioso en forma de objetos de plata u oro (usualmente vajillas) en lingotes o en moneda fuera de circulación, para una vez fundido todo el metal, calculada la proporción en oro y plata por los ensayadores, y vuelta a acuñar de acuerdo con las regulaciones legales, devolverla en forma de moneda con los diseños, peso y ley autorizados, a quienes habían entregado la plata, reteniendo una cantidad proporcional al metal manejado, para sufragar los gastos de emisión, fijados por los reyes, normalmente regulada por las ordenanzas que gobernaban el funcionamiento de las Casas de Moneda.

El siglo XVII es un periodo en el que este sistema se consolida, generalizándose la emisión de moneda gruesa de plata (con peso de 30 a 25 gramos y ley de 850 a 950 milésimas) y sus divisores, siendo éste el tipo de moneda emitida en mayor cantidad en países como Francia (Ecus) o España (8 Reales), mientras que en otros como Inglaterra, la emisión de moneda gruesa (Coronas) era la excepción, cediendo el paso a la utilización de moneda pequeña de plata, reservándose al oro, el papel de medio de pago para las transacciones de cierta importancia. Estas prácticas, con una autoridad central que regulaba y múltiples Cecas que emitían la moneda no se llegó a generalizar en territorios como Alemania, Italia o Flandes, que carecían de un poder centralizado, quedando la soberanía dispersa entre diversos principados, ducados o ciudades episcopales que se regían en el aspecto monetario por sus propias disposiciones, aunque desde el punto de vista político existiera un cierto reconocimiento a poderes supranacionales como pudieran ser el Sacro Imperio Romano Germánico o el Papado.

En este sentido el siglo siguiente, el XVIII, fue una continuación de los dos anteriores, incorporándose a los mencionados métodos de emisión monetaria otros países europeos de gran significación por su población y territorio, como Rusia e incluso Turquía, que en este siglo aún retenía bajo su control una parte importante del área europea, como eran los Balcanes. Así en Rusia desde el comienzo del siglo se comenzaron a emitir Rublos bajo Pedro I, de acuerdo como patrones semejantes a los seguidos por los países mas occidentales. También en el Imperio Turco se emitieron las piastras, grandes piezas de plata reflejando siempre frases del Corán y datadas en función de los años transcurridos desde que había empezado el reinado de cada Califa. También los estados italianos y alemanes se sumaron al movimiento internacional de circulación de las monedas, a través de diferentes acuerdos de unión aduanera, y en alguno caso monetaria, que simplificaron en alguna medida, el gran problema de los cambios, lo que entorpecía el comercio y dificultaba el desarrollo.

Es de todos conocido el impacto que tuvo en nuestra vida social y cultura política el súbito estallido de la llamada Revolución Francesa en 1789 que con su secuela del Régimen Napoleónico, en un espacio de 25 años llegó a transformar totalmente el “modus vivendi” europeo e iberoamericano, con el prologo que había supuesto la revolución inglesa de 1688 con el derrocamiento de los Estuardos y la independencia de los Estados Unidos, y el epílogo constituido por las revoluciones liberales de 1830 y 1848 en Europa. La sociedad estamental, basada en el privilegio de la sangre, surgida en la Edad Media con el Feudalismo, había perdurado dentro de unos estados nacionales que consolidaron el estatus de la nobleza y del clero, hasta que fue derrumbada a instancias de una nueva clase social, la burguesía, primero en Francia y luego en casi toda Europa, que impondría en el siglo XIX los regímenes liberales, hoy consustanciales con todas las democracias occidentales.

El impacto de este brusco vuelco de las estructuras políticas, económicas y sociales en Europa, tuvo unas consecuencias significativas y perdurables en los sistemas monetarios de los distintos países y, a través de ellos, en la numismática europea. El punto focal de este impacto fue la creación del llamado Franco de Germinal (en alusión al mes del año IV de la Revolución, en el que nació). Esta unidad monetaria rompió con todo los patrones que había seguido Francia en los dos siglos anteriores, en cuanto al peso y ley a emplear en la emisión de sus monedas. El Franco se definió como una moneda de plata con 900 milésimas de ley y un peso de 5 gramos. Proporcionalmente, tal como se había procedido con la implantación del llamado Sistema Métrico Decimal, para los pesos y medidas, se estableció el curso de  monedas de múltiplos del Franco en forma de monedas de plata de 2 y 5 Francos (con la misma ley y peso incrementado proporcionalmente) y de oro 5,20, 50 y 100 Francos, así como submúltiplos de 50 y 25 céntimos de Franco, mientras que en bronce, deberían acuñarse monedas de 1, 2, 5 y 10 céntimos de Franco.

Los convulsos tiempos que siguieron al triunfo de la Revolución, con prácticamente toda Europa enfrentada a Francia tratando de restaurar a los Borbones en el trono, impidieron que se materializaran todas las previsiones respecto a la implantación del sistema monetario decimal. Así, la única moneda acuñada denominada en francos, fue la de 5 Francos, con 25 gramos de peso y ley de 900 milésimas de plata, con el trío representativo de la divisa revolucionaria de Libertad Igualdad y Fraternidad, según diseño de Dupré en el anverso, bajo  la leyenda Unión et Force, que se emitió desde el año IV de la Revolución hasta el año XI. Paralelamente, en los territorios que comenzaban a ser ocupados por las triunfantes tropas francesas mas allá de la metrópoli, bajo el mando, primero, del Directorio y después, del de Napoleón como Primer Cónsul de la Revolución, se comenzó a acuñar moneda con las mismas características de las francesas de 5 Francos, en la línea de los operado en la llamada República Cisalpina en el norte de Italia de donde habían sido expulsados los austriacos.

Será en los años posteriores, cuando bajo el dominio de Napoleón, primero como Primer Cónsul, y después como Emperador de los Franceses, cuando el sistema monetario diseñado por la Revolución se implantó no solo en Francia, sino también en todo el territorio Europeo sometido por sus tropas. Esta influencia francesa en los sistemas monetarios europeos no operó únicamente en una dirección sino que se desarrolló en dos sentidos diferentes. En algunos países como Holanda (donde se acuñaron monedas de 5 Francos en Utrecht) o Italia (donde se procedió de igual manera en la Ceca de Roma) se utilizaron las existentes Casas de Moneda para emitir piezas idénticas a las francesas (sistema del Franco) en la misma forma en que los hacían las Cecas provinciales metropolitanas (todas ellas con la efigie de Napoleón, coronado o no coronado). Sin embargo, en otros países como en las emisiones del Reino de Italia, se acuñaron monedas con la métrica francesa, pero denominadas en la unidad monetaria de cada país: en este caso la Lira. También, en los momentos en que la dominación francesa quedó asentada en gran parte de Europa, y Napoleón comenzó el reparto de Reinos hacia los miembros de su familia, las iniciales emisiones con la efigie de éstos, denominadas en Francos, cedieron paso a emisiones con estas mismas características, pero denominadas en la moneda nacional, como fue el caso de las monedas de Luis Napoleón de 40 Stuivers en Holanda, de 5 Francos de Jerónimo de Napoleón en Westfalia, de 5 Liras de Murat en Nápoles después de 1812, o de Elisa Bonaparte y su marido en Lucca.

En otros países dominados, total o parcialmente, por Francia, durante la época napoleónica se continuó emitiendo el mismo tipo de piezas tradicionales en las denominaciones acostumbradas, con la misma métrica anterior, si bien reflejando en el anverso de las monedas, la efigie de los nuevos soberanos (normalmente miembros de la familia del emperador). Éste fue el caso de José Napoleón que primero como rey de Nápoles emitió moneda con su efigie con Piastras de 120 Grani y después como Rey de España desde 1808, acuñó moneda de 8 Reales de Plata o de 20 Reales de Vellón con el mismo peso y ley que los de las monedas de 8 Reales de los anteriores reyes de la Casa de Borbón. Esta situación se mantuvo, con diferentes avatares, debido al cambiante curso de la llamada Guerra de la Independencia por los españoles y Guerra Peninsular por los británicos, hasta 1813, año en el que las derrotadas tropas francesas hubieron de abandonar el territorio nacional tras la firma del tratado de Valencay el 13 de diciembre de ese año.

Así, las monedas españolas a nombre de José Napoleón, como las que se muestran en ésta y en la próxima entrada, no constituyen un paréntesis en la historia numismática española, sino que siguen una línea de continuidad, en cuanto a su métrica, con la emisiones anteriores a nombre de Carlos III y Carlos IV, y las coetáneas y posteriores acuñadas a nombre de Fernando VII bajo cuyo auspicio y efigie se continuó emitiendo moneda en la zona peninsular dominada por ejercito hispano británico, así como en las colonias americanas. Las emisiones de moneda a nombre de José Napoleón se limitaron a las efectuadas a las Cecas de Madrid y Sevilla en cuanto a la plata, a la de Madrid para las de oro y a la de Segovia para los 8 Maravedís de bronce; aunque en Barcelona, como veremos posteriormente, también se emitieron monedas de 5, 2´5 y 1 Pesetas y 4, 2, 1 y medio cuartos en Barcelona, bajo la dominación francesa, pero sin la efigie de José Napoleón.

FIGURA 129.1

La pieza que aparece en a FIGURA 129.1 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1809 con los Ensayadores Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, representados por las siglas AI. La disposición de José Napoleón de 18 de abril de 1809 ordenó el cambio de denominación para las monedas emitidas a nombre de este rey pasando de la de Reales de Plata a la de Reales de Vellón. Por tanto a partir de este momento las monedas pasaron a denominarse en la nueva unidad, con una equivalencia de 20 Reales de Plata por 8 Reales de Vellón. Por tanto, llama la atención que esta moneda fechada en 1808 esté denominada en Reales de Vellón. HERRERA en su obra El Duro nos señala que esta moneda fue acuñada con posterioridad a la citada disposición, y por tanto fue denominada en Reales de Vellón. Pero siguiendo una costumbre ya vigente en reinados anteriores, para señalar que el reinado de José Napoleón había ya comenzado el año anterior, la moneda fue fechada en 1808.

La tirada de esta moneda es una de las mas bajas de todas la de José Napoleón: 16.830 ejemplares. Sin embargo, su rareza no es excesiva ya que al estar datada en el primer año del reinado tendió a ser retenida como curiosidad por los particulares, por lo que ha sobrevivido una proporción mas alta de ejemplares que en el caso de las piezas datadas en años posteriores. Por ello la consideraremos Rara, pero no Muy Rara, con un precio doble del de los tipos de piezas comunes de 8 Reales de José Napoleón.

El presente ejemplar tiene un desgaste generalizado en anverso y reverso aunque acredita una buena pátina no alterada, por lo que lo consideraremos en un grado F-. Con objeto de proporcionar una referencia lo mas reciente posible respecto a los precios de estas monedas diremos en la subasta organizada por Martí Hervera, Soler y Llach y Sagarra el 25 de octubre de 2011, un ejemplar de esta fecha en XF- alcanzó el precio de 900€ y otro en F, el de 500€. En nuestro caso el presente ejemplar si fuera de fecha común tendría un precio de 175€ en F- (como el de las piezas comunes de Carlos IV). Al tratarse de un pieza considerada como Rara, su valor seria el doble de la cifra anterior, ésto es 360€, lo que coincidiría con su precio de mercado.

Las tres piezas siguientes corresponden a monedas de José Napoleón emitidas en 1809 antes del decreto de 18 de abril al que hemos hecho referencia. Por tanto están denominadas en Reales de Vellón, en la misma forma que los de los dos reyes anteriores. Las tres piezas tienen como siglas de los Ensayadores: IG.

FIGURA 129.2

La pieza de la FIGURA 129.2 presenta un león en el anverso con un gran gastaje, no distinguiéndose ninguno de los pelos de su melena. Menor gastaje se observa en el pelo del rey en el anverso. La pieza está limpiada aunque con el tiempo ha recuperado cierta pátina. En la subasta mencionada un ejemplar en XF- alcanzó en precio de 850€. La rareza de esta pieza es similar a la de la anterior (1808) por lo que la consideraremos como Rara y la asignaremos un precio doble al de las piezas comunes de José Napoleón. En nuestro caso el ejemplar se encuentra en grado F, por lo que su valor si fuera un tipo de pieza denominada en Reales de Vellón, le correspondería un precio de 225€. Al tratarse de un ejemplar de 1809 denominado en Reales de Plata, su valor y precio de mercado sería el doble de esta cantidad: 450€.

FIGURA 129.3

La pieza de la FIGURA 129.3 es en todo similar a la anterior, no variando en ella mas que la conservación. En este caso la melena de los leones del escudo del reverso está tan gastada como en el caso anterior, aunque el pelo de rey se encuentra mas resaltado que en aquella y así mismo la pieza conserva parte de su brillo original entre las letras de la leyenda, y fuera de ellas, cierta pátina original. En este caso su conservación es algo superior, por lo que asignaremos el grado F+, lo que significaría un valor y precio de mercado doble del de las piezas comunes de este rey: 500€ (260€ en F+, si fuera del tipo y fechas comunes de las de José Napoleón.

FIGURA 129.4

La pieza de la FIGURA 129.4 es igual que las anteriores, si bien su conservación es claramente superior. El ejemplar solo presenta gastaje en las líneas mas altas de pelo del rey, en el león y el pecho de águila imperial, en el reverso. El anverso conserva parte de su brillo original puesto que la pieza ha circulado muy poco. No obstante, se evidencian unas claras corrosiones limpiadas a la derecha del retrato del rey que disminuye notablemente su precio. Una pieza con estas mismas características en VF fue adjudicada en la subasta mencionada en 186€, si bien su conservación era VF, ciertamente inferior al de la presente pieza.

En nuestro caso la conservación de la pieza haciendo abstracción de las corrosiones, llega a XF-, por lo que si tratara de un tipo y fecha común su precio sería de 450€ en esta conservación. Al tratarse de una moneda de 1809 denominada en Reales de Plata la consideraremos como Rara y por tanto su precio sería doble del que correspondería para una pieza común (450€ en XF-). No obstante, aunque su valor si careciera de los defectos mencionados sería doble de esta cantidad: 900€, las corrosiones estimamos que divide por dos su precio de mercado, llegando solo a 450€.

FIGURA 129.5

Por último la pieza de la FIGURA 129.5 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1810 con las siglas de Ensayadores AI. Esta pieza es la mas corriente de todas las de esta denominación acuñadas a nombre de José Napoleón. Su estado de conservación es notoriamente mas bajo que el de las cuatro piezas anteriores. En ella el pelo del rey, el león, el águila y los castillos del escudo se encuentran totalmente empastados sin poderse distinguir ningunas de sus líneas interiores. Pese a ello se conserva todo el dibujo de borde de la pieza. Con este desgaste el grado que le corresponde es VG.

En la subasta de 2011 mencionada un ejemplar de esta misma fecha en XF+ se adjudicó en 600€, cantidad que no llegó a pagarse como precio de salida por un ejemplar XF. El valor y precio de mercado de esta pieza en VG sería el mismo que correspondería a una pieza de Carlos IV en esta misma conservación: 100€ (250€ en F).

 

9. THE NAPOLEONIC COINS AND THEIR EXPRESSION IN SPAIN

 

In Europe, the 18th century was a time of monetary stability in its general lines. During the 16th century, they had been settling in different European countries, especially in the West, monetary systems based on the grant of privileges of coin issuing given by the national States to various centre establishments in the cities of greater importance in each country. These establishments or Mints generally marked with some initial the coins they minted, as well as they employed specific signs by which the responsible for testing the metal alloy could be identified when it contained precious metal in it: gold or silver. Monetary systems were, almost without exception, bimetallic, reserving gold for the coinage of the highest denominations, silver for the intermediate, and the copper, pure or alloyed with tin (bronze) for the minors, aimed at supporting small transactions.

The design of the coins was imposed by legal provisions arising from the central authority that, in the absolutism of that period, was in the monarch’s hands, although he exercised it through his Secretaries or Heads of the bureaucracy. Also, the weight and the fineness of the alloys to be used in coins were set with measure conscientiousness, in these same provisions. They worked under the direct Royal administration or under concession to an individual regime, the Mints accepted the delivery of precious metal objects of silver or gold (usually crockery), ingots or currency out of circulation, for once the metal was molten and calculated the proportion of gold and silver by the assayers, they minted again in accordance with legal regulations, returning it in the form of coin with their designs, authorized weight and fineness to who had handed the silver, retaining a proportional amount of the minted metal, to cover the costs of issuing, set by the Kings, usually regulated by ordinances governing the operation of the Mints.

The 17th century is a period when this system was consolidated, generalizing the issue of thick coin of silver (with 30 to 25 grams weight and law of 850 to 950 thousandths) and its divisors, becoming this the type of currency issued in most of the countries as France (Ecus) or Spain (8 Reales), while in others such as England the issue of thick currency (Crown) was the exception, giving way to the use of small silver coin, reserving to the gold, the role of means of payment for transactions of some importance. These practices, with a central authority which regulated and multiple Mints that issued the currency did not generalize in territories such as Germany, Italy or Flanders, which lacked a centralized power, leaving the sovereignty dispersed between various Principalities, Duchies or Episcopal cities governed in terms of currency by its own provisions, although from the political point of view, there was a true recognition of supranational powers such as the Holy Roman Empire, or the Papacy.

In this regard, the following century, 18th, was a continuation of the previous two, incorporating into the above-mentioned methods of monetary issue other European countries of great significance because its population and territory, such as Russia and even Turkey, which in this century it still retained under its control an important part of the European area, such as the Balkans. So, in Russia, since the beginning of this century, it began issuing roubles under Peter I, according to the patterns resembling those followed by more Western countries. Also, in the Turkish Empire, it issued the piastras, large pieces of silver that always reflected phrases from the Koran and dated according to the years gone by since the year when the reign of each Caliph began. Also, the Italian and German States joined to the international movement of circulation coins, through different Customs Union, and in some cases monetary, agreements, what simplified somewhat, the great problem of the exchange, which hampers trade and made development dificult.

We all know the impact in our social life and political culture of the sudden outbreak of the French revolution in 1789 which with its sequel of the Napoleonic Regime, in 25 years came to completely transform the European and Ibero-American "modus vivendi", with the prologue that had resulted in the English revolution of 1688 with the overthrow of the Stewarts and the independence of the United States, and the epilogue constituting by the Liberal revolutions of 1830 and 1848 in Europe. The Estates of the realm, based on the privilege of the blood, that has emerged in the Middle Ages with Feudalism had survived in a some Nation-States that consolidated the status of the nobility and the clergy, until it was overthrown at the behest of a new social class, the bourgeoisie, first in France and then in almost the whole Europe, that would impose in the 19th century liberal regimes, nowadays inherent in all Western democracies.

The impact of this sudden turnaround of the political, economic and social structures in Europe, had a significant and enduring impact in the monetary systems of different countries and, through them, in the European numismatics. The focal point of this impact was the creation of the so-called French Franc (in allusion to the month of the 4th year of the revolution, in which the Revolution was born). This monetary unit broke with all the patterns that France had followed in the two previous centuries, for its weight and fineness to use in the issue of its currencies. The franc was defined as a silver coin with 900 thousandths of fineness and a weight of 5 grams. Proportionately, as it had been with the introduction of the so-called Metric Decimal system for weights and measures, it was established the circulation of multiples of the Franc in the form of silver-coins of 2 and 5 francs (with the same fineness and weight proportionally increased) and gold-coins of 5.20, 50 and 100 francs, as well as submultiples of 50 and 25 cents of franc, while in bronze coins of 1, 2, 5 and 10 cent of Franc should be minted.

The turbulent times following the triumph of the Revolution, with virtually the whole Europe faced with France trying to restore the Bourbons on the throne, prevented all forecasts with regard to the introduction of decimal coinage to materialize. Thus, the only coined currency denominated in francs, was the 5 francs, with 25 grams of weight and fineness of 900 thousandths of silver, with the trio representative of the revolutionary motto of liberty, equality and fraternity, according to Dupré's design on the front, under the Union et Force legend, which was issued from the 4th year of the Revolution until the 11th year. At the same time, in the territories which started to be occupied by the triumphant French troops beyond the metropolis, under the command, firstly, of the French Directory and then of Napoleon as first consul of the Revolution, coins with the same characteristics of the French 5 francs began to be minted, in line with those operated in the so-called Cisalpine Republic in the North of Italy, from where the Austrians had been expelled.

It was in later years, when under the rule of Napoleon, first as First Consul, and later as Emperor of the French, when the monetary system designed by the Revolution had been introduced not only France, but also throughout the whole European territory subjected by his troops. This French influence in the European monetary system did not operate only in one direction it was developed in two different directions. In some countries such as Holland (where 5 franc-coins were minted in Utrecht) or Italy (where they proceeded similarly in the Mint of Rome) the existing Mints were used to issue identical coins to the French ones (the Franc system) in the same way that the Metropolitan provincial mints made them (all of them with the effigy of Napoleon, crowned or not crowned). However, in other countries as with the issues in the Kingdom of Italy, coins were minted with the French metric, but with the denomination of the currency of each country: as in the case of the Lira. Also, at a time when French rule was settled in much of Europe and Napoleon became kingdom-sharing towards the members of his family, the initial issues with the effigy of these, with denominations in francs, gave way to issues with these same characteristics, but with the denominations in the national currency, as it was the case with the currencies of Louis Napoleon of 40 Stuivers in Holland, of 5 francs of Jerome Napoleon's in Westphalia, of 5 lire of Murat in Naples after 1812, and of Elisa Bonaparte and her husband in Lucca.

In other dominated countries, total or partially, by France, during the Napoleonic era the same kind of traditional pieces in the usual denominations was continued to issue, with the same previous metric, while reflecting on the front of the coins, the effigy of the new sovereigns (usually members of the family of the Emperor). This was the case of Joseph Napoleon who coined firstly as King of Naples currency with his effigy with Piastras of 120 Grani and later as King Spain from 1808, he issued 8 real-coins of silver or 20 real bullion coins with the same weight and fineness as the coins of 8 Reales of the previous Kings of the House of Bourbon. This situation remained, with different avatars, due to the changing course of the so-called War of Independence by the Spanish and Peninsular War by the British until 1813, the year when the defeated French troops had to leave the national territory after the signing of the Treaty of Valencay on December 13th of that year.

In this sense, the Spanish coins on behalf of Joseph Napoleon, as those shown in this and the next post, do not constitute a break in Spanish Numismatic history, but they follow a line of continuity, as in their metric, with previous issues on behalf of Charles III and Charles IV, and the contemporary and subsequent minted in the name of Ferdinand VII bass whose sponsorship and effigy they continued issuing currency in the Peninsular area dominated by British Hispano Army, as well as in the American colonies. The coins issued on behalf of Joseph Napoleon were limited to those carried out at the Mints of Madrid and Seville regarding silver, at Madrid for those in gold and at Segovia for the 8 Maravedís of bronze; while in Barcelona, as we shall see later, they also issued coins of 5, 2´5 and 1 Pesetas and 4, 2, 1 and half fourth in Barcelona, under French rule, but without the effigy of Joseph Napoleon.

The coin that appears on Figure 129.1 is a 20 real coin of Joseph Napoleon  coined in Madrid in 1809 with the Assayers Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, represented by the acronym AI. The provision of Joseph Napoleon of April, 18th 1809 ordered the change in the denomination of coins issued in the name of this King from Reales of silver to the Reales of bullion. Therefore, from this point coins became renamed in the new unit, at a rate of 20 reales of silver for 8 Reales of bullion. Therefore, it is striking that this coin dated in 1808 is denominated in Reales of bullion. Herrera, in his work The Duro, tells us that this coin was coined after the abovementioned provision, so it was denominated in real of bullion. But following an already existing custom in previous reigns, to point out that the reign of Joseph Napoleon had already begun in the previous year, the coin was dated in 1808.

The production of this coin is one of the lower of all of Joseph Napoleon: 16,830 copies. However, its rarity is not excessive, as being dating in the first year of the reign people tended to retain it as a curiosity, so a higher proportion of copies have survived than in the case of the coins dated in later years. Therefore, we will consider it rare, but not very rare, with double prize of the types of common pieces of 8 reales of Joseph Napoleon.

This copy has widespread wear on the front and back although it has a no altered good patina, so that we will consider it in a grade F-. In order to provide a reference the most recent as possible with respect to the price of these coins we can say that in the auction organized by Martí Hervera, Soler and Llach and Sagarra on October 25th, 2011, a copy of this date in XF- reached the price of €900 and another in F, €500. In our case, if this copy were of a common date would be priced at €175 in F-(such as the common coins of Charles IV). Considering it is a rare coin, its value would be double of the previous amount, this is €360, which would coincide with its market price.

The three following pieces correspond to Joseph Napoleon’s coin issued in 1809 before the Decree of April 18th to which we have referred. Consequently, they are denominated in Reales of bullion in the same way as the two previous Kings. The three pieces have the Assayers’ initials: IG.

The piece of Figure 129.2 presents a lion on the front with a great wear, not distinguishing any of the mane hairs. There is lower wear in the hair of the King on the front. The piece is cleaned, although with time passed it has regained some patina. In the aforementioned auction, a copy in XF- reached the price of €850. The rarity of this piece is similar to the previous (1808) so we will consider it as rare and we will assign the double price of the common coins of Joseph Napoleon. In this case, the copy is in grade F, which is why its value if it were a type of piece denominated in Reales of bullion, would be €225. As it is a copy of 1809 denominated in Reales of silver, its value and market price would be the double of this amount: €450.

The coin of Figure 129.3 is completely similar to the previous one, varying in it only its conservation. In this case, the mane of the lions of the coat of arms of the back is so worn as in the previous case, although the hair of the King is clearer than in the other and the piece also retains part of its original brightness between the letters of the legend, and outside them, some original patina. In this case its conservation is a little higher, so we assign the grade F+, what will mean a value and a market price of the double of the common pieces of this King: €500 (€260 in F+, if it would be of the common type and dates of Joseph Napoleon).

The piece of Figure 129.4 is the same as the previous ones, while its conservation is clearly superior. The copy only presents wear in the higher lines of the hair of the King, in the lion and in the chest of the imperial eagle on the back. The front retains part of its original brightness since the piece has not much circulated. However, a few clear cleaned corrosions on the right of the portrait of the King are evident which decreases significantly its price. A piece with these same characteristics in VF was sold in the mentioned auction at €186, but its conservation was VF, certainly less than the one of the present piece.

In our case, the conservation of the piece, ignoring the corrosions, reaches XF- so if it were a common type and date its price would be €450 in this conservation. Being a 1809 coin denominated in Reales of silver we consider it as rare and therefore its price would be the double that correspond to a common piece (€450 in XF-). However, although its value, if it lacks the above-mentioned defects, would be the double of this amount: €900, we believe that corrosions divide by two the market price, reaching only €450.

Finally, the piece of Figure 129.5 is a 20 real coin of Joseph Napoleon coined in Madrid in 1810 with the initials of the Assayers AI. This piece is the most common of all of this denomination minted in the name of Joseph Napoleon. Its conservation status is significantly lower than the previous four coins. In it, the hair of the King, the lion, the eagle and the castles of the shield are totally pasted without being able of distinguishing none of its internal lines. Despite this, the drawing of the edge around the piece is preserved. The grade that corresponds with this wear is VG.

In the auction of 2011 referred to, a copy of the same date in XF+ was sold at €600, amount which failed to pay as starting price for a copy in XF. The value and market price of this piece in VG would be the same that would correspond to a piece of Charles IV in this same conservation: €100 (€250 in F).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Indudablemente una moneda es en cierta medida un objeto artístico. Quizá esta dimensión de la moneda nos pasa desapercibida para las monedas que manejamos continuamente en nuestra vida diaria para pagar nuestras pequeñas compras como un periódico o una consumición en un bar. Pero esta dimensión artística no está ausente ni siquiera de la mas modesta de las monedas que manejamos diariamente. El material de que está hecha la moneda y el diseño que incorpora en su anverso y reverso, no son el resultado de un proceso caprichoso o aleatorio.

 

En algunos casos desde el Renacimiento, y en otros desde que conservamos documentación escrita sobre el procedimiento que llevó a la elección de los diseños a incorporar a los cuños a emplear en la acuñación de las monedas, conocemos que generalmente la elección de los diseños se lleva a cabo tras una competición, frecuentemente reñida, entre los mas significados artesanos o artistas de un país o de una Casa de la Moneda que presentan sus propuestas en base a una condiciones fijas por la regulación legal que rige cada emisión y por las prescripciones particulares de carácter industrial que permiten la aplicación práctica y eficiente de esta regulación.

 

Todo ello conduce a que cualquier moneda, en un estado de conservación no excesivamente deteriorado, sea en general un objeto que aparte de cumplir con las condiciones de: poca alterabilidad con el uso, facilidad de manejo y seguridad frente a falsificación, sea un objeto bello, y como tal tenga el atractivo suficiente para que, aparte de su valor práctico, puede ser objeto de deseo para los coleccionistas; en especial respecto a aquellas monedas que además de su belleza reúnen también el requisito de su escasez, cualidad que se da en cierta medida, a partir del momento en que la moneda queda fuera de la circulación, por haberse dictado una disposición que elimina su valor liberatorio para ser entregada o recibida como medio de pago entre particulares o entre ellos y el Estado.

 

La medida de esta escasez, como la de todo bien económico, es su precio. La moneda como objeto de colección queda de plano incluida bajo la tópica ley de la oferta y de la demanda. Conforme mayor sea la escasez de un tipo de moneda o de un tipo de pieza determinado, mayor será el precio que los coleccionistas estén dispuestos a pagar por ella, con cierta independencia de lo bonito que sea su diseño. Esta característica es la que diferencia esencialmente a la moneda de cualquier otro tipo de creación artística como pudiera ser la pintura o la escultura, pese a los fuertes contactos que el arte de acuñación de monedas tiene en relación con ellas. Esta circunstancia se debe a que la moneda es un objeto artístico, sí, pero fabricado en serie como pudiera ser un tipo determinado de modelo industrial para la fabricación de sillas de diseño, realizado por artistas de cierto renombre.

 

Es esta característica de la fabricación en serie, consustancial con la moneda, lo que permite su accesibilidad a un gran número de personas que sienten el impulso de coleccionarlas. En el caso de la pintura, cada obra de un artista, por modesto que sea éste, es un objeto individualizado, de tal manera que aunque el mismo artista aborde el reflejar el mismo tema con un mismo modelo, el resultado de la obra será diferente, en mayor o menor medida, cada vez. Esta diferencia entre un tipo u otro de creación artística también se da en otros campos como puede reflejarse en la diferencia entre la producción de ropa de alta costura, con modelos individualizados para cada persona especifica o en el pret a porter con modelos de tallas normalizadas cada una de ellas reproducidas para un número determinado de prendas, según las previsiones de mercado.

 

Este aumento del número de ejemplares disponibles de cualquier bien manofacturado no disminuye un ápice el mérito de su diseño ni niega valor artístico al bien, pero sí lo hace accesible a un mayor o menor número de personas, en función de su escasez. Quizá el ejemplo mas próximo a la producción de monedas, sea el de las litografías o aguafuertes. En ellos, el artista que los suscribe ha efectuado un diseño, entendido como una composición plástica, que a través de procedimientos industriales, es capaz de ser reproducido en forma absolutamente idéntica para un número determinado de ejemplares, cuya cuantía no viene condicionada por el procedimiento de estampación, sino por consideraciones de otro tipo, que valora el artista, de cara a ponderar si es oportuno estampar pocos o muchos ejemplares de cada obra, ya que para un mismo artista y diseño especifico, a mayor tirada corresponderá un menor precio de mercado, y a menor tirada, en principio, mayor precio de mercado.

 

Esta relación entre tirada y precio también se da en el campo de coleccionismo de monedas. Todos sabemos, en principio, que una moneda de la cual se ha emitido un número de ejemplares alto (lo que llamamos tirada) será una moneda que alcanzará un precio de mercado bajo (fuera del valor intrínseco que pueda llegar a alcanzar la moneda por su posible contenido en metal precioso), mientras que una moneda con una tirada baja, será un bien escaso, muchos coleccionistas desearan adquirirla y por tanto es probable que llegue a alcanzar un valor de mercado alto. En este caso, como en el de las litografías o aguafuertes, con independencia de que los coleccionistas, o simplemente quienes utilicen los ejemplares como objeto de decoración, además del sentimiento de abundancia o escasez que tiene toda persona iniciada en el campo, respecto a un tipo determinado de piezas, se dispone, al menos para las creaciones mas recientes, de un registro, mas o menos oficial, del número de ejemplares producidos, lo que de alguna manera certifica las cifras de producción de cada diseño, dentro de una emisión determinada.

 

En el caso de las litografías o aguafuertes, la autoridad certificante es el propio artista respaldado por su editor o el responsable del proceso industrial de producción de las copias. En el caso de las monedas, la autoridad certificante es el propio Estado que levanta acta pormenorizada de las cantidades acuñadas, estando obligado por sus propias normas a dar publicidad a las mismas, con controles adicionales, en el caso de la Europa del Euro, por parte entidades supranacionales como el Banco Central Europeo.

 

Estas cantidades, por tanto, actúan como una guía segura para los coleccionistas, si bien con las importantes quiebras de no conocer exactamente, en muchos casos, si las cantidades acuñadas en un año, corresponden a tipos de piezas que realmente llevan sobre ellas la fecha del año al cual corresponde el tiraje, o bien continúan llevando la fecha correspondiente al año anterior, aunque hubiera sido acuñadas en el siguiente, así como el desconocimiento de cuál ha sido la proporción de la tirada de cada año que posteriormente ha sido fundida o retenida por los Bancos Centrales, sin que haya alcanzado circulación.

 

La cifras anteriores nos proporcionan una pista sobre la rareza relativa de unos tipos de moneda o de tipos de pieza (moneda del mismo tipo, pero de diferente año) respecto de otros, pero no nos permiten tener una idea del número de lo que viene en llamarse, ejemplares supervivientes, ésto es los que aproximadamente han llegado a manos de los coleccionistas, inversores o simplemente acumuladores de monedas (que siempre han existido, por lo que se refiere a las fabricadas con metales preciosos).

 

En estos casos, el único camino que puede permitir tener un orden de magnitud del número de piezas realmente existentes (mucho tiempo después de que estos tipos dejaran de circular) es la utilización de procedimientos de muestreo, en función de la correlación entre tirada y número de ejemplares en colecciones conocidas, y presencia de cantidades de este tipo de piezas en mercadillos y ventas públicas. Basándonos en este tipo de procedimientos, farragosos y de poca exactitud, hemos deducido que aproximadamente, el número de piezas supervivientes respecto a las monedas de plata emitidas en pesetas por España de 1869 a 1926, es del orden de: 1 a 10. Pues bien, en el caso de las monedas que estamos analizando en estas entradas, los 8 Reales peninsulares de los Borbones, en base a la comparación de aparición de estas piezas con las correspondientes a las monedas de 5 Pesetas de plata (los populares duros) nos atrevemos a formular la hipótesis de que el orden de magnitud del número de piezas supervivientes respecto a las emitidas, es del orden de 1 a 100, lo cual unido a la diferencia de tirajes, nos explica la radical distancia de precios que separa a este tipo de 8 Reales peninsulares, de las monedas posteriores de 5 Pesetas, aunque su contenido en plata no sea muy distinto (24 gramos de plata pura, frente a 22,5 gramos).

 Teniendo en cuenta el tiempo, mas o menos equivalente en que se mantuvo la circulación de ambos tipos de monedas, resulta extraño que la diferencia del ratio de fundición sea tan exagerado. Creemos que una de las razones que puede explicar este fenómeno es el hecho de que una vez suspendido el uso de los 8 Reales, el Tesoro y los particulares necesitaban metal para sufragar nuevas acuñaciones que en cantidades crecientes se continuaban produciendo en plata con una ley semejante (pasando solo de 916 milésimas a 900 milésimas). Mientras que en el caso de las monedas de 5 Pesetas, retiradas de la circulación con ocasión de la Guerra Civil (1936-1939), éstas eran acaparadas por los particulares, conscientes de que en adelante ya no iban a darse nuevas acuñaciones en plata, al menos no con carácter inmediato. Recordemos que la primera edición de 100 Pesetas de plata, solo tuvo lugar a partir de 1966, 30 años mas tarde del comienzo de la Guerra Civil.

 

Siendo así que a partir de los datos de HERRERA 1914 podemos estimar en unas 350.000 piezas las tiradas medias anuales de piezas de 8 Reales de Carlos III acuñadas en Madrid, de acuerdo con la hipótesis anterior, el número de ejemplares supervivientes de una determinada fecha, sería de unos 3.500. Pues bien, si queremos tener una cierta aproximación al número de ejemplares existentes correspondiente a cada grado de conservación, si repartimos este número de 3.500 piezas, en forma inversamente proporcional a la rareza relativa de cada fecha en cada grado de conservación (expresada por su precio), tenemos una estimación de unas: 50 piezas en AV, 100 en XF, 200 en VF, 400 en F, 900 en VG y 1.800 en G. Cáculo semejante podemos hacer para las piezas de Carlos IV y de Fernando VII. Es evidente que estas cifras carecen de toda exactitud, pero nos dan una idea de la escasez, justificando el del elevado precio que alcanzan estas piezas, en especial las de Carlos III en altas conservaciones.

 

FIGURA 128.1

 

Teniendo en cuenta que suele estimarse en unos 30 años el periodo transcurrido entre la adquisición de una moneda de cierto precio, y su venta, ocurrida normalmente en pública subasta tras el fallecimiento de su propietario, en el caso de las altas conservaciones, existe una correlación muy clara entre las cifras de ejemplares de este tipo de piezas subastadas en cada grado de conservación, y las cifras anteriores. Lo que confiere un cierto grado de verosimilitud a las hipótesis formuladas respecto a la supervivencia de ejemplares.

 

La pieza mostrada en la FIGURA 128.1 es un 8 Reales acuñado a nombre de Carlos IV en Sevilla en 1793 con los ensayadores Carlos Tiburcio de Roxas y Nicolás Lamas. Este tipo de piezas de Sevilla correspondientes a los últimos años del siglo XVIII aparecen, en nuestra opinión, supervaloradas en CAYÓN 1998. Así, para esta fecha, CAYÓN da un precio de 80.000P, debemos suponer que en una conservación F, consistente con la que estamos atribuyendo al resto de las piezas que valora en la edición 1998 de su catálogo. Este precio pudo ser el de estas piezas bastantes años atrás, pero creemos que no se ajusta a la actual minusvaloración de este tipo de piezas en el mercado.

 

Mas ajustada nos parece la valoración de CALICÓ 2008, 300€ en VF que ya refleja la disminución de precios para estas piezas en el mercado actual. Muestra de la supervaloración que alcanzó esta fecha (como la de la mayoría de los 8 Reales peninsulares de los Borbones) es el precio de salida de esta pieza en la subasta, tantas veces citada, de la colección CALBETÓ, en Ginebra en el 4 de diciembre de 1974: 1.500VS en VG.

 

FIGURA 128.2

 

La conservación de esta pieza no llega a VF como consecuencia del escaso marcaje de la onda lateral del pelo y la poca definición de la silueta de la coleta del rey. También en el reverso se observa una melena muy corta para los leones del escudo. Por ello, nos quedaremos con el grado VF-, al cual corresponde de acuerdo con la escala que venimos empleando, un valor de 300€ (350€ en VF). No obstante, el precio de mercado sería aproximadamente un 20% inferior, como consecuencia del descentraje de la pieza y al hecho de haber sido limpiada.

 

La pieza cuya fotografía se muestra en la FIGURA 128.2 es un 8 Reales de Carlos IV acuñado en Sevilla en 1795 con los mismos ensayadores anteriores representados por las letras CN. Aunque CAYÓN 1998 baja algo la valoración de esta pieza respecto a la anterior, creemos que 65.000P es aún un valor excesivamente alto en la actualidad para una conservación que venimos considerando como F. Nuevamente volvemos a estar mas de acuerdo con la valoración de CALICÓ 2008: 300€ en VF. En la subasta mencionada anteriormente esta fecha en F tuvo un precio de salida de 1.500FS.

 

La conservación de esta pieza es ciertamente mas alta que la de la anterior, afectando solamente a las partes mas altas del relieve como son la coleta y la onda lateral del rey en el anverso y un leve gastaje del pie del castillo del primer cuartel de escudo del reverso. En estas condiciones el valor y precio de mercado de la pieza es de 400€ en VF+ (400€ en VF).

 

FIGURA 128.3

 

La pieza mostrada en la FIGURA 128.3 es un 8 Reales acuñado en Sevilla a nombre de Carlos IV en 1802 con los mismos Ensayadores anteriores. En este caso la valoración de CAYÓN 1998 es ya mas ajustada al precio real de la pieza hoy en día. También CALICÓ disminuye el valor de la pieza respecto al de las de los últimos años del siglo anterior: 250€ en VF. En la subasta que venimos mencionando, el precio de salida de esta fecha en VF fue de 2.000FS, lo que evidencia su tremenda desvalorización desde 1974 (el FS cambiaba por 40 pesetas en 1974).

 

La conservación de la pieza es notoriamente superior al de las dos anteriores, afectando solamente en forma muy ligera al ojo de los leones del escudo del reverso y a la raya mas a la derecha de la onda lateral del pelo. Por lo demás la pieza conserva la práctica totalidad de su brillo original no mostrando otra huella de castage, lo que la hace merecer el grado XF, al que corresponde un valor de, en nuestro criterio, de 500€. No obstante, como un ocurre con frecuencia en este tipo de moneda, en el cuello del rey se aprecian señales de la llamada “plata agria”, lo que llega a disminuir nuestra valoración hasta un 20%, llegando a un precio de mercado de 400€.

 

La pieza de la FIGURA 128.4 es un 8 Reales de Carlos IV acuñado en Sevilla en 1803 con los mismos Ensayadores anteriores. Nuevamente la valoración de CAYÓN 1998, 70.000P, nos parece excesivamente alta ya que creemos que la rareza de esta fecha no es suficientemente mas alta que la de la anterior. CALICÓ por su parte no establece distinción en valor entre esta fecha y la anterior. En la subasta de la colección CALBETÓ, el precio de salida de esta pieza en F fue de 1.750FS.

 

FIGURA 128.4

 

Existe una notoria diferencia entre el grado que merece al anverso de esta pieza y su reverso. El gastaje de la pieza en su anverso afecta decisivamente a la casi totalidad de la peluca y las coleta del rey por lo que no puede decirse que su conservación exceda al grado F. Sin embargo, el reverso merecería un grado superior, con gastaje solamente en sus partes mas altas y la persistencia de gran parte de su brillo original. Por tanto, teniendo en cuenta la prevalencia del grado del anverso sobre el del reverso a la hora de valorar, pero teniendo en cuenta la influencia de éste, daríamos a la pieza en su conjunto, un grado F+, al que correspondería un valor y precio de mercado de 260€ (225€ en F).

 

La pieza de la FIGURA 128.5 es un 20 Reales acuñado en Madrid a nombre de José Napoleón realmente acuñado en 1809 con posterioridad al decreto de 18 de abril de 1809, pero datado en el año anterior para, según HERRERA, acreditar que el comienzo real del reinado de José Napoleón fue en 1808. El anverso es similar en cuento a su composición al d de los dos reyes anteriores de la Casa de Borbón, substituyendo sus nombre por el de IOSEPH NAP. En cuanto al reverso, si bien la forma del contorno del escudo es similar al del empleado en las piezas de los reyes anteriores, su contenido es bien diferente, distribuyendo en tres filas cada una con dos cuartele, las armas de, n solamente Castilla y León, sino además las de Aragón, Navarra, Granada y las de los dos mundos entre columnas de Hércules. En cuanto a la leyenda se añade al título de rey España, el de las Indias, tal como ya venía figurando en las piezas hispanoamericanas.

 

FIGURA 128-5


 

La presente pieza fue acuñada en 1809, una vez que el decreto de 18 de abril de 1809 prescribió que las monedas de 8 Reales fueran, con el mismo peso y ley, denominadas a partir de este momento como 20 Reales de Vellón. La rareza de estas piezas como analizaremos en la entrada siguiente es mayor que la de la mayoría de las de los años posteriores, por lo que las consideraremos como Raras, con un valor por tanto, del doble del de las piezas ordinarias de José Napoleón como son las de 1809-1811. La conservación de esta pieza es VF ya que solo muestra desgaste en las partes mas altas del pelo del rey, de las melenas de los leones y del pie de los castillos; por tanto su valor en VF sería del doble de los 350 euros en VF de las piezas normales (similar a las de Carlos IV), ésto es 700€ en VF. Sin embargo su precio de mercado deberemos reducirlo a 450€ (35% de disminución) por estar la pieza notoriamente limpiada.

 

128. SURVIVAL AND GRADES OF CONSERVATION IN THE PENINSULAR 8 REAL OF THE HOUSE OF BOURBON

 

Undoubtedly a currency is to some extent an artistic object. Perhaps this dimension of the currency happens unnoticed for the coins we use continually in our daily lives to pay for our small purchases such as a newspaper or a drink in a bar. But this artistic dimension is not absent even in the most modest coins we use on a daily basis. The material that made the currency and the design that incorporates in its front and its back, are not the result of a capricious or random process.

In some cases since the Renaissance, and in others since that we retain the written documentation about the procedure that led to the choice of designs to incorporate into the stamps to be used in the production of the coins, we know that usually the choice of designs is carried out after a competition, frequently tough, between the more significant artisans or artists of a country or a mint presenting their proposals based on fixed conditions by the legal regulation governing each coinage and the particular requirements of industrial character that allow the practical and efficient implementation of this regulation.

All of that leads that any currency, in a state of conservation not excessively deteriorated in general would be an object which apart from complying with the conditions of: little alterability with the use, ease of management and security against counterfeiting, would be a beautiful object, and has enough appeal to, apart from its practical value, be object of desire for collectors; especially for those coins that in addition to its beauty they also meet the requirement of their scarcity, quality that occurs to some extent, from the moment in which the currency remains outside the movement, have been issuing a provision that eliminates its discharge value to be delivered or received as a means of payment between individuals or between them and the State.

The measure of this shortage, as the one of all the good economic, is its price. The currency as an object of collection is outright including topical law of supply and demand. As higher is the shortage of one type of currency or a certain type of coin, higher would be the price that the collectors are willing to pay, some regardless of how nice that is its design. This feature is the one that essentially distinguishes the currency of any other type of artistic creation such as painting or sculpture, despite the strong contacts in the art of minting coins has in relation to them. This circumstance is due to that the currency is an artistic object, yes, but manufactured in series such as a certain type of industrial model for the manufacture of chairs design, made by artists of some renown.

It is this feature of the manufacture in series, inherent with the currency, allowing its accessibility to a large number of people who feel the impulse of collecting them. In the case of the painting, each work of an artist, by modest he would be, is an individualized object in such a way that although the same artist addressed reflect the same subject with the same model, the result of the work would differ, in greater or lesser extent, every time. This difference between one type or another of artistic creation also occurs in other fields as it may be reflected in the difference between the production of Haute Couture clothing, with individual models for each person specified or in the pret a porter with standardized models sizes each one played for a number of garments, according to market forecasts.

This increase in the number of available copies of any item manufactured does not diminish one pick the credit for its design nor denied the good artistic value, but it does make it accessible to a greater or smaller number of people depending on their scarcity. Perhaps the closer example to the production of coins would be the one of the lithographs and etchings. In them, the artist that subscribes has made a design, understood as a plastic composition, through industrial processes, is able to be reproduced in form absolutely identical to a specified number of copies, the amount of which is not conditioned by the stamping procedure, but by considerations of another type, which appreciates the artist, in order to assess whether it is appropriate to stamp a few or many copies of each work, since for the same artist and specific design, the greater print runs shall have a lower market price, and smaller circulation, in principle, greater market price.

This relationship between print run and price is also in the field of the coin collecting. We all know, in principle, that a coin which was issued in a high number of copies (what we call print run) will be a currency that will reach a low market price (other than the intrinsic value that can reach the currency by its possible content in precious metal), while a currency with a low print run, will be a scarce good, many collectors wanted to acquire it and therefore it is likely that it will achieve a high market value. In this case, as in the lithographs or etchings, regardless of which collectors, or simply those who use copies as decorative object, in addition to the feeling of abundance or scarcity that everyone who started in the field with respect to a particular type of available coins, at least for the latest creations, of a register, more or less official, of the number of produced copies, which somehow certifies the production figures of each design, within a given emission.

In the case of the lithographs and etchings, the certifying authority is the artist backed by his editor or the responsible person for the industrial process of production of copies. In the case of the currencies, the certifying authority is the State itself that lifts detailed record of the minted quantities, still bound by its own to rule advertisement for them, with additional controls, in the case of the Europe of the Euro, by supranational part entities such as the European Central Bank.

These amounts, therefore, act as a safe guide for collectors, although with significant failures to do not know exactly, in many cases, if the quantities minted in one year, correspond to types of coins that they really carry on them the date of the year which is responsible for the print run, either they continue bearing the date corresponding to the previous year, although they had been minted in the next one, as well as the ignorance of what has been the proportion of the print run of each year which has subsequently been cast or retained by the central banks, while it reached circulation.

The figures above give us a clue about the relative rarity of some types of currency or types of coins (currency of the same type but of different year) for others, but it does not allow us to have an idea of the number of next be called surviving copies, this is those who have approximately come at the hands of collectors, investors or simply accumulators of coins (which have always existed, so it refers to those made with precious metals).

In these cases, the only way that can afford to have an order of magnitude of the number of really existing pieces (long time after these types stop circular) is the use of sampling procedures, based on the correlation between the print run and the number of copies in well-known collections, and the presence of amounts of this type of coins in flea markets and public sales. On the basis of this type of procedures, confused and of little accuracy, we have deduced that roughly the number of surviving coins on the silver coins issued in pesetas by Spain from 1869 to 1926, is in the order: 1 to 10. As well, for coins that we are analising in these posts, the Peninsular 8 real of the Bourbons, based on the comparison of the appearance of these coins with the corresponding to coins of 5 peseta of silver (the popular 5 peseta coin) we dare to formulate the hypothesis that the order of magnitude of the number of surviving coins in respect to those issued, is in the order of 1 to 100, which together with the difference of coinages, explains us the radical distance from prices that separates this type of Peninsular 8 real, of the later coins of 5 peseta, although its silver content is not very different (24 grams of pure silver, versus 22,5 grams).

Taking into account the time, more or less equivalent in which stood the circulation of both types of coins, it is strange that the difference in the ratio of the smelting is so exaggerated. We believe that one of the reasons that may explain this phenomenon is the fact that once suspended the use of the 8 real, the Treasury and the individuals needed metal to cover new coinages continued in silver with a similar assay value in increasing amounts (passing from only 916 thousandth to 900 thousandth). While in the case of the 5 peseta coins withdrawn from circulation at the time of the Civil War (1936-1939), they were hoarded by individuals, aware that now it would not happen new silver coinages, at least not with immediate effect. We remember that the first edition of the 100 silver peseta, only took place from 1966, 30 years later the beginning of the Civil War.

Thus, based on the data of Herrera 1914 we can estimate some 350,000 pieces the annual average print runs of 8 real coins of Charles III minted in Madrid, according to the previous hypothesis, the number of surviving copies of a given date, it would be about 3,500. Well, if we want to have a certain approach to the number of existing copies for each grade of conservation if we divide up this number of 3,500 coins, in a proportional inversely way to the relative rarity of each date in each grade of conservation (expressed by its price), we have an estimate of about: 50 coins in AV, 100 in XF, 200 in VF, 400 in F, 900 in VG and 1,800 in G. We can make a similar estimation for the coins of Charles IV and Ferdinand VII. It is clear that these figures devoid of any accuracy, but it give us an idea of the shortage, justifying of the high price that reach these coins, especially those of Charles III in high conservation.

Taking into account that it is usually estimated about 30 years the period between the acquisition of a currency of a certain price, and its sale, which usually occurred in public auction after the death of its owner, in the case of the high conservation, there is a very clear correlation between the numbers of copies of this type of coins auctioned in each grade of conservation, and the figures above. What that confers a certain grade of verisimilitude to the assumptions made regarding the survival of copies.

The coin shown in the figure 128.1 is an 8 real coined in the name of Charles IV in Seville in 1793 with the assayers Carlos Tiburcio of Roxas and Nicolás Lamas. This type of Seville coins corresponding to the last years of the 18th century appear, in our opinion, overvalued in Cayón 1998.

 Thus, for this date, Cayón gives a price of P80,000, we should assume in a F conservation, consistent with which we are attributing to the rest of the coins that values in the Edition 1998 of his catalogue. This price of these coins could have been the one of these coins a few years ago, but we believe that it does not conform to the current underestimation of this type of coins in the market.

 

The conservation of this coin does not reach VF as a result of the scarce marking of the hair wave and the little definition of the silhouette of the ponytail of the king. Also on the back is observed a very short hair for the lions of the shield. For this reason, we are left with the VF-grade, which corresponds, according to the scale that we have been using, a value of €300 (€350 in VF). However, the market price would be approximately 20% lower, as a result of the decentring of the coin and the fact of having been cleaned.

The coin whose photograph is shown in the figure 128.2 is an 8 real of Charles IV coined in Seville in 1795 with the same previous assayers represented by the letters CN. Although Cayón 1998 down something, the value of this coin in relation with the previous assessment, we believe that P65,000 is still a too high value nowadays for a conservation that we have been considering as F. Once again we return to be more than according to the valuation of Calicó 2008: €300 in VF. In the auction above, this date in F had a starting price of FS1,500.

The conservation of this coin is certainly higher than the previous one, affecting only the higher parts of the relief such as the ponytail and the lateral wave of the king on the front and a slight wear of the foot of the castle of the first quadrant of the shield on the back. Under these conditions the value and market price of the coin are of €400 in VF+ (€400 in VF).

The coin shown in the figure 128.3 is an 8 real coined in Seville in the name of Charles IV in 1802 with the same previous assayers. In this case the assessment of Cayón 1998 is already more adjusted to the actual price of the coin today. Calicó also decreases the value of the coin to the one of the last years of the previous century: €250 in VF. In the auction we have been mentioning, the starting price of this date in VF was FS2,000, which showed his tremendous devaluation since 1974 (the FS changed for 40 pesetas in 1974).

The conservation of the coin is notoriously higher than the two previous, affecting only in a very light manner the eye of the lions of the shield of the back and the line further to the right of the lateral wave of the hair. Otherwise the coin retains almost all of its original brightness not showing other mark of coinage, what makes it to deserve the XF grade, which has a value of, in our view, €500. However, as often happens in this type of currency in the neck of the king can be seen signs of the so-called “sour silver”, what comes to decrease our assessment up to 20%, arriving to a market price of €400.

The coin of the figure 128.4 is an 8 real of Charles IV coined in Seville in 1803 with the same previous assayers. Once again the valuation of Cayón 1998, P70,000, seems excessively high we believe that the rarity of this date is not high enough than the previous one. Calicó for his part does not make distinction between this date and the previous value. In the auction of the Calbetó collection, the starting price of this coin in F was FS1,750.

There is a noticeable difference between the grade that deserves the front of this coin and its back. The wear of the coin on its front decisively affects almost all of the wig and the ponytail of the king for what could not be said that its conservation exceed the F grade. However, the back would deserve a higher grade, with wear only in its higher parts and the persistence of a large part of its original brightness. Therefore, taking into account the prevalence of the grade of the front on the one of the back at valuing, but taking into account the influence of it, we would give the coin as a whole, a F+ grade, which would be a value and market price of €260 (€225 in F).

The coin of the figure 128.5 is a 20 real coined in Madrid in the name José Napoleon really coined in 1809 after the Decree of April the 18th, 1809, but dated in the previous year to, according to Herrera,

 prove that the real beginning of the reign of José Napoleon was in 1808. The front is similar as for its composition to the one of the two previous kings of the House of Bourbon, by replacing their name by IOSEPH NAP. On the back, while the shape of the outline of the shield is similar to the one employed in the coins of the earlier kings, its content is quite different, being distributed in three rows each one with two quadrants, the weapons, only of Castile and León, but also those of Aragon, Navarra, Granada and those of the two worlds between columns of Hercules. As for the legend added to the title of King of Spain, the one of the Indies, as he was already appearing in the Latin American coins.

This coin was coined in 1809, after the Decree of April the 18th, 1809 prescribed that the 8 real coins

 were, with the same weight and assay value, so-called from this time as 20 real bullion coins. The rarity of these coins as we will discuss in the following post is greater than that most of the subsequent years, so we will consider them as rare, worth therefore twice the ordinary coins of José Napoleon such as those of 1809-1811. The conservation of this coin is VF that only show wear in the higher parts of the hair of the king, of the manes of the lions and the foot of the castles; therefore its value in VF would be the double of the 350 euros normal coins in VF (similar to those of Charles IV), this is €700 in VF. However its market price we will have to reduce it to €450 (35% of decrease) for being a notoriously cleaned coin.

 

More adjusted we think it is the valuation of Calicó 2008, €300 in VF that already reflects the decline in prices for these coins in the market today. It shows of the overvaluation that reached this date (as the majority of the peninsular 8 real of the Bourbons) it is the starting price of this coin in the auction, so often cited of the Calbetó collection, at Geneva on December the 4th, 1974: VS1,500 in VG.

 

 

Jueves 06 de Febrero de 2014 21:09

Viñetas de enero de 2014

por Elías

 

 

Domingo 02 de Febrero de 2014 17:37

Joan Chamorro & Andrea Motis

por Leopoldo Simó

 

 

02/02/2014

Joan Chamorro & Andrea Motis

 

En el mundo de la música ha habido varios casos de éxito temprano y fulgurante, figuras que desde muy jóvenes han destacado y de las que pronto se ha visto que su proyección podía ser enorme. Y ahora nos encontramos con uno de estos casos, aunque lleva ya algún tiempo causando sensación. Porque no puede decirse que Andrea Motis sea un proyecto de estrella en el mundo del jazz, Andrea Motis es la nueva revelación del jazz & blues vocal en España.

 

Ya publiqué un artículo en este mismo blog sobre Joan Chamorro y la Sant Andreu Jazz Band (la big band más joven de Europa y quizá del mundo) y en él ensalzaba la gran labor que Joan está haciendo en la formación de jóvenes intérpretes. La Sant Andreu Jazz Band es una escuela de formación musical y un grupo integrado por jovencísimos músicos, entre 8 y 18 años de edad, que tiene su sede en el barrio de Sant Andreu de Barcelona y que está causando sensación en el mundo entero. Y Joan Chamorro, además de ser el director de esta escuela de música, tiene sus propios grupos de jazz, en algunos casos incorporando intérpretes de la SAJB. Cuando conocí su proyecto fui a ver una de sus actuaciones al Jamboree Jazz Club de Barcelona (28 octubre 2012) y fue entonces cuando escribí y publiqué el artículo mencionado. En aquella ocasión Joan Chamorro presentó a Magalí Datzira, una joven contrabajista y vocalista que posee una voz preciosa. También estuvo Andrea Motis con su trompeta, pero aquella noche en el Jamboree la estrella era Magalí y a ella estuvo dedicado el concierto. De eso ha pasado ya más de un año y en ese tiempo he vuelto a ver a Joan Chamorro y Andrea Motis un par de veces, las dos en la Sala Clamores de Madrid y en ambas con un enorme éxito. Inteligentes los responsables de Clamores al contratarlos.

  

 JoanChamorroQuintet

 Joan Chamorro y Andrea Motis Quintet (Clamores, 8 sep 2013)

  

Escribí algo sobre la trayectoria musical de Joan Chamorro, pero no demasiado sobre Andrea Motis, de la que poco sabía. Andrea Motis nació en Barcelona y empezó a tocar la trompeta a los siete años y a los trece debutó como cantante en la SAJB. La conocí cuando tenía 17 años y ahora, con 18 y las actuaciones que lleva, ha crecido musicalmente y se le nota una mayor soltura en el escenario. Toca la trompeta y los saxos alto y soprano y tiene una maravillosa voz que empezó enamorando al público de Cataluña y que ya ha llegado a otros muchos rincones de España y del mundo, porque Chamorro y Motis no paran de actuar. Y aunque siguen siendo los escenarios catalanes los que más frecuentan, también han actuado en otras provincias españolas y en varios países (Francia, Suiza y Brasil y pronto lo harán en Turquía, Italia e Inglaterra), han grabado tres discos, Joan Chamorro presenta Andrea Motis, Feeling Good y Live at Jamboree, ya están preparando el siguiente y algunos de sus vídeos que hay circulando por Internet han superado las 300.000 reproducciones. La SAJB es una cantera de buenos músicos y habrá que estar pendiente de ellos.

 

He leído en algún sitio comparar su voz con la de Norah Jones y yo siempre digo que las comparaciones son absurdas (además de odiosas), que Andrea no imita a nadie, que siempre le han gustado mucho Billie Holiday y Sarah Vaughan y que de lo que sí se puede hablar es de diferentes estilos y maneras de interpretar y el de Andrea Motis, que está abriendo su carrera musical al ámbito internacional, está más en la línea del de las actuales Norah Jones o Stacey Kent, con una voz íntima y suave, que de otras vocalistas. Aunque esa voz íntima y suave de Andrea tiene también la fuerza y sabiduría suficientes como para interpretar temas con registros diferentes. De nuevo Cataluña nos presenta una estrella del jazz que unir a otras vocalistas catalanas ya consagradas, como Laura Simó, Carme Canela o Silvia Pérez Cruz (que ya pasaron por este blog), con el valor añadido de que además de ser una magnífica cantante y de una gran belleza, como ellas, es también una excelente instrumentista. Seguiré su evolución, porque con su juventud y con lo que hemos visto de ella hasta ahora, se le adivina una gran carrera musical.

  

Andrea Motis se atreve con todo tipo de temas. Con canciones clásicas que hace suyas y nos las devuelve en una personalísima versión llena de sensibilidad, dulzura y encanto con esa voz tan limpia y armoniosa que posee. Cuando la escucho interpretar Feeling Good o My Baby Just Cares For Me, canciones que hemos oído tantas veces a Nina Simone; o algunos temas de su admirada Sarah Vaughan, o Summertime, ese tema de Porgy and Bess que compuso George Gershwin y que han versionado las y los más grandes; o el Desafinado de Tom Jobim o hasta el Hallelujah de Leonard Cohen, pienso que cómo es posible que esta joven que acaba de dejar la adolescencia, haciendo suyos estos temas y tan diferente, me llegue tanto como cuando los he escuchado por algunos de mis intérpretes predilectos. Pero así es. No sé qué parte de "culpa" tiene Joan Chamorro en el éxito que están teniendo, supongo que mucha. Ahora mismo Joan Chamorro y Andrea Motis son dos de las figuras con mayor proyección que hay en el jazz en España.

 

Lo más habitual es que Joan (contrabajo, saxos y en ocasiones voz) y Andrea (voz, trompeta y saxos) estén acompañados en sus actuaciones por Ignasi Terraza al piano, Josep Traver con la guitarra y Esteve Pi a la batería. A los tres ya los vi con Joan y Andrea en otra ocasión, pero especialmente a Ignasi lo llevo siguiendo hace tiempo, porque lleva mucho sobre los escenarios, lo he visto con otras formaciones y me parece un pianista excelente sobre el que habrá que volver. Y así, con esta formación, se presentaron en Clamores el 30 y 31 de enero y el 1 de febrero de 2014. Y para no desaprovechar la oportunidad de verlos y escucharlos me fui a Clamores el jueves 30 y así poder disfrutar de una noche de buen jazz.

  

Su repertorio suele estar basado en temas clásicos, lo que es de agradecer, y estilos variados y así empezaron tocando I cried for you, un tema que ha formado parte de la banda sonora de varios films y que han interpretado, entre otros, Billie Holiday y Sarah Vaughan, dos de las cantantes referentes de Andrea, y continuaron con otro tema que popularizó enormemente Sarah Vaughan, You're not the kind. Un giro con Manha de carnaval, para después seguir con estándares de jazz.

   

 Chamorro Motis 1

 Joan Chamorro y Andrea Motis Quintet (Clamores, 30 enero 2014)

 

Joan, que es un maestro del escenario, con un carácter alegre y un sentido de la vida enormemente positivo, con buen rollo y que maneja a la perfección los tiempos del directo, supo desde el principio cómo conectar con el público madrileño que, por otra parte, estaba deseoso de escucharles.

  

 Chamorro Motis 2

 Joan Chamorro y Andrea Motis (Clamores, 30 enero 2014)

  

Pasaron a la bossa nova con Chega de Saudade, de Tom Jobim y Vinicius de Moraes, y terminaron la primera parte del concierto con My Baby Just Cares For Me, una composición de la era del swing, y que nadie se atrevió a bailar pese a la petición que Joan hizo al público (no había espacio para hacerlo).

 

  

AndreaMotis

 Andrea Motis (Clamores, 30 enero 2014)

  

En el segundo pase hubo más temas clásicos de jazz, como But not for me (siempre hay que incluir algo de George Gershwin), y también un bolero, Bésame mucho, que forma parte del contenido de su segundo disco. Y por allí andaba Magalí Datzira, que les había acompañado a Madrid y que subió al escenario para interpretar con ellos un par de temas. Magalí, una joven promesa de la Sant Andreu Jazz Band de Joan Chamorro.

 

JoanAndreaMagali

 Magalí Datzira con Joan Chamorro y Andrea Motis Quintet (Clamores, 30 enero 2014)

  

Finalizaron su actuación entre aplausos, bravos y peticiones de ¡otra, otra! y yo me quedé pensando ¿serán capaces de irse sin que escuchemos su versión de Feeling Good? Pero faltaba la propina y esa fue. Su interpretación de este famoso tema de los años 60 del siglo pasado, que da nombre a su segundo disco, me resulta de una gran belleza y más aún escuchándoselo en directo. Y es así como quiero terminar este post, con algo que no me cansaré de repetir: id a ver y escuchar música en directo, es otra historia.

 

 

 

 

 

 

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