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El siglo XVIII fue en Europa una época de estabilidad monetaria en sus líneas generales. A lo largo del siglo XVI se habían ido asentando en los diferentes países europeos, en especial  en los occidentales, sistemas monetarios basados en la concesión por parte de los estados nacionales de privilegios de emisión de moneda a diferentes establecimientos radicados en las ciudades de mayor importancia de cada país. Estos establecimientos o Casas de Moneda generalmente marcaban con alguna inicial las monedas que emitían, así como empleaban signos específicos para que pudieran ser identificados los responsables de ensayar la aleación metálica cuando está tenia contenido en metal precioso: oro o plata. Los sistemas monetarios eran, casi sin excepción, bimetálicos, reservándose en oro para la acuñación de las mayores denominaciones, la plata para las intermedias, y el cobre, puro o aleado con el estaño (bronce) para las menores, dirigidas a soportar las pequeñas transacciones.

El diseño de las monedas era impuesto mediante disposiciones legales emanadas de la autoridad central, que en el absolutismo de la época radicaba en el monarca, aunque la ejerciera a través de sus secretarios o jefes de su burocracia. También, el peso y la ley de las aleaciones a emplear en las monedas, se fijaba con  medida escrupulosidad, en estas mismas disposiciones. Operaran bajo directa administración real o en régimen de concesión a un particular, las Casas de Moneda aceptaban la entrega de metal precioso en forma de objetos de plata u oro (usualmente vajillas) en lingotes o en moneda fuera de circulación, para una vez fundido todo el metal, calculada la proporción en oro y plata por los ensayadores, y vuelta a acuñar de acuerdo con las regulaciones legales, devolverla en forma de moneda con los diseños, peso y ley autorizados, a quienes habían entregado la plata, reteniendo una cantidad proporcional al metal manejado, para sufragar los gastos de emisión, fijados por los reyes, normalmente regulada por las ordenanzas que gobernaban el funcionamiento de las Casas de Moneda.

El siglo XVII es un periodo en el que este sistema se consolida, generalizándose la emisión de moneda gruesa de plata (con peso de 30 a 25 gramos y ley de 850 a 950 milésimas) y sus divisores, siendo éste el tipo de moneda emitida en mayor cantidad en países como Francia (Ecus) o España (8 Reales), mientras que en otros como Inglaterra, la emisión de moneda gruesa (Coronas) era la excepción, cediendo el paso a la utilización de moneda pequeña de plata, reservándose al oro, el papel de medio de pago para las transacciones de cierta importancia. Estas prácticas, con una autoridad central que regulaba y múltiples Cecas que emitían la moneda no se llegó a generalizar en territorios como Alemania, Italia o Flandes, que carecían de un poder centralizado, quedando la soberanía dispersa entre diversos principados, ducados o ciudades episcopales que se regían en el aspecto monetario por sus propias disposiciones, aunque desde el punto de vista político existiera un cierto reconocimiento a poderes supranacionales como pudieran ser el Sacro Imperio Romano Germánico o el Papado.

En este sentido el siglo siguiente, el XVIII, fue una continuación de los dos anteriores, incorporándose a los mencionados métodos de emisión monetaria otros países europeos de gran significación por su población y territorio, como Rusia e incluso Turquía, que en este siglo aún retenía bajo su control una parte importante del área europea, como eran los Balcanes. Así en Rusia desde el comienzo del siglo se comenzaron a emitir Rublos bajo Pedro I, de acuerdo como patrones semejantes a los seguidos por los países mas occidentales. También en el Imperio Turco se emitieron las piastras, grandes piezas de plata reflejando siempre frases del Corán y datadas en función de los años transcurridos desde que había empezado el reinado de cada Califa. También los estados italianos y alemanes se sumaron al movimiento internacional de circulación de las monedas, a través de diferentes acuerdos de unión aduanera, y en alguno caso monetaria, que simplificaron en alguna medida, el gran problema de los cambios, lo que entorpecía el comercio y dificultaba el desarrollo.

Es de todos conocido el impacto que tuvo en nuestra vida social y cultura política el súbito estallido de la llamada Revolución Francesa en 1789 que con su secuela del Régimen Napoleónico, en un espacio de 25 años llegó a transformar totalmente el “modus vivendi” europeo e iberoamericano, con el prologo que había supuesto la revolución inglesa de 1688 con el derrocamiento de los Estuardos y la independencia de los Estados Unidos, y el epílogo constituido por las revoluciones liberales de 1830 y 1848 en Europa. La sociedad estamental, basada en el privilegio de la sangre, surgida en la Edad Media con el Feudalismo, había perdurado dentro de unos estados nacionales que consolidaron el estatus de la nobleza y del clero, hasta que fue derrumbada a instancias de una nueva clase social, la burguesía, primero en Francia y luego en casi toda Europa, que impondría en el siglo XIX los regímenes liberales, hoy consustanciales con todas las democracias occidentales.

El impacto de este brusco vuelco de las estructuras políticas, económicas y sociales en Europa, tuvo unas consecuencias significativas y perdurables en los sistemas monetarios de los distintos países y, a través de ellos, en la numismática europea. El punto focal de este impacto fue la creación del llamado Franco de Germinal (en alusión al mes del año IV de la Revolución, en el que nació). Esta unidad monetaria rompió con todo los patrones que había seguido Francia en los dos siglos anteriores, en cuanto al peso y ley a emplear en la emisión de sus monedas. El Franco se definió como una moneda de plata con 900 milésimas de ley y un peso de 5 gramos. Proporcionalmente, tal como se había procedido con la implantación del llamado Sistema Métrico Decimal, para los pesos y medidas, se estableció el curso de  monedas de múltiplos del Franco en forma de monedas de plata de 2 y 5 Francos (con la misma ley y peso incrementado proporcionalmente) y de oro 5,20, 50 y 100 Francos, así como submúltiplos de 50 y 25 céntimos de Franco, mientras que en bronce, deberían acuñarse monedas de 1, 2, 5 y 10 céntimos de Franco.

Los convulsos tiempos que siguieron al triunfo de la Revolución, con prácticamente toda Europa enfrentada a Francia tratando de restaurar a los Borbones en el trono, impidieron que se materializaran todas las previsiones respecto a la implantación del sistema monetario decimal. Así, la única moneda acuñada denominada en francos, fue la de 5 Francos, con 25 gramos de peso y ley de 900 milésimas de plata, con el trío representativo de la divisa revolucionaria de Libertad Igualdad y Fraternidad, según diseño de Dupré en el anverso, bajo  la leyenda Unión et Force, que se emitió desde el año IV de la Revolución hasta el año XI. Paralelamente, en los territorios que comenzaban a ser ocupados por las triunfantes tropas francesas mas allá de la metrópoli, bajo el mando, primero, del Directorio y después, del de Napoleón como Primer Cónsul de la Revolución, se comenzó a acuñar moneda con las mismas características de las francesas de 5 Francos, en la línea de los operado en la llamada República Cisalpina en el norte de Italia de donde habían sido expulsados los austriacos.

Será en los años posteriores, cuando bajo el dominio de Napoleón, primero como Primer Cónsul, y después como Emperador de los Franceses, cuando el sistema monetario diseñado por la Revolución se implantó no solo en Francia, sino también en todo el territorio Europeo sometido por sus tropas. Esta influencia francesa en los sistemas monetarios europeos no operó únicamente en una dirección sino que se desarrolló en dos sentidos diferentes. En algunos países como Holanda (donde se acuñaron monedas de 5 Francos en Utrecht) o Italia (donde se procedió de igual manera en la Ceca de Roma) se utilizaron las existentes Casas de Moneda para emitir piezas idénticas a las francesas (sistema del Franco) en la misma forma en que los hacían las Cecas provinciales metropolitanas (todas ellas con la efigie de Napoleón, coronado o no coronado). Sin embargo, en otros países como en las emisiones del Reino de Italia, se acuñaron monedas con la métrica francesa, pero denominadas en la unidad monetaria de cada país: en este caso la Lira. También, en los momentos en que la dominación francesa quedó asentada en gran parte de Europa, y Napoleón comenzó el reparto de Reinos hacia los miembros de su familia, las iniciales emisiones con la efigie de éstos, denominadas en Francos, cedieron paso a emisiones con estas mismas características, pero denominadas en la moneda nacional, como fue el caso de las monedas de Luis Napoleón de 40 Stuivers en Holanda, de 5 Francos de Jerónimo de Napoleón en Westfalia, de 5 Liras de Murat en Nápoles después de 1812, o de Elisa Bonaparte y su marido en Lucca.

En otros países dominados, total o parcialmente, por Francia, durante la época napoleónica se continuó emitiendo el mismo tipo de piezas tradicionales en las denominaciones acostumbradas, con la misma métrica anterior, si bien reflejando en el anverso de las monedas, la efigie de los nuevos soberanos (normalmente miembros de la familia del emperador). Éste fue el caso de José Napoleón que primero como rey de Nápoles emitió moneda con su efigie con Piastras de 120 Grani y después como Rey de España desde 1808, acuñó moneda de 8 Reales de Plata o de 20 Reales de Vellón con el mismo peso y ley que los de las monedas de 8 Reales de los anteriores reyes de la Casa de Borbón. Esta situación se mantuvo, con diferentes avatares, debido al cambiante curso de la llamada Guerra de la Independencia por los españoles y Guerra Peninsular por los británicos, hasta 1813, año en el que las derrotadas tropas francesas hubieron de abandonar el territorio nacional tras la firma del tratado de Valencay el 13 de diciembre de ese año.

Así, las monedas españolas a nombre de José Napoleón, como las que se muestran en ésta y en la próxima entrada, no constituyen un paréntesis en la historia numismática española, sino que siguen una línea de continuidad, en cuanto a su métrica, con la emisiones anteriores a nombre de Carlos III y Carlos IV, y las coetáneas y posteriores acuñadas a nombre de Fernando VII bajo cuyo auspicio y efigie se continuó emitiendo moneda en la zona peninsular dominada por ejercito hispano británico, así como en las colonias americanas. Las emisiones de moneda a nombre de José Napoleón se limitaron a las efectuadas a las Cecas de Madrid y Sevilla en cuanto a la plata, a la de Madrid para las de oro y a la de Segovia para los 8 Maravedís de bronce; aunque en Barcelona, como veremos posteriormente, también se emitieron monedas de 5, 2´5 y 1 Pesetas y 4, 2, 1 y medio cuartos en Barcelona, bajo la dominación francesa, pero sin la efigie de José Napoleón.

FIGURA 129.1

La pieza que aparece en a FIGURA 129.1 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1809 con los Ensayadores Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, representados por las siglas AI. La disposición de José Napoleón de 18 de abril de 1809 ordenó el cambio de denominación para las monedas emitidas a nombre de este rey pasando de la de Reales de Plata a la de Reales de Vellón. Por tanto a partir de este momento las monedas pasaron a denominarse en la nueva unidad, con una equivalencia de 20 Reales de Plata por 8 Reales de Vellón. Por tanto, llama la atención que esta moneda fechada en 1808 esté denominada en Reales de Vellón. HERRERA en su obra El Duro nos señala que esta moneda fue acuñada con posterioridad a la citada disposición, y por tanto fue denominada en Reales de Vellón. Pero siguiendo una costumbre ya vigente en reinados anteriores, para señalar que el reinado de José Napoleón había ya comenzado el año anterior, la moneda fue fechada en 1808.

La tirada de esta moneda es una de las mas bajas de todas la de José Napoleón: 16.830 ejemplares. Sin embargo, su rareza no es excesiva ya que al estar datada en el primer año del reinado tendió a ser retenida como curiosidad por los particulares, por lo que ha sobrevivido una proporción mas alta de ejemplares que en el caso de las piezas datadas en años posteriores. Por ello la consideraremos Rara, pero no Muy Rara, con un precio doble del de los tipos de piezas comunes de 8 Reales de José Napoleón.

El presente ejemplar tiene un desgaste generalizado en anverso y reverso aunque acredita una buena pátina no alterada, por lo que lo consideraremos en un grado F-. Con objeto de proporcionar una referencia lo mas reciente posible respecto a los precios de estas monedas diremos en la subasta organizada por Martí Hervera, Soler y Llach y Sagarra el 25 de octubre de 2011, un ejemplar de esta fecha en XF- alcanzó el precio de 900€ y otro en F, el de 500€. En nuestro caso el presente ejemplar si fuera de fecha común tendría un precio de 175€ en F- (como el de las piezas comunes de Carlos IV). Al tratarse de un pieza considerada como Rara, su valor seria el doble de la cifra anterior, ésto es 360€, lo que coincidiría con su precio de mercado.

Las tres piezas siguientes corresponden a monedas de José Napoleón emitidas en 1809 antes del decreto de 18 de abril al que hemos hecho referencia. Por tanto están denominadas en Reales de Vellón, en la misma forma que los de los dos reyes anteriores. Las tres piezas tienen como siglas de los Ensayadores: IG.

FIGURA 129.2

La pieza de la FIGURA 129.2 presenta un león en el anverso con un gran gastaje, no distinguiéndose ninguno de los pelos de su melena. Menor gastaje se observa en el pelo del rey en el anverso. La pieza está limpiada aunque con el tiempo ha recuperado cierta pátina. En la subasta mencionada un ejemplar en XF- alcanzó en precio de 850€. La rareza de esta pieza es similar a la de la anterior (1808) por lo que la consideraremos como Rara y la asignaremos un precio doble al de las piezas comunes de José Napoleón. En nuestro caso el ejemplar se encuentra en grado F, por lo que su valor si fuera un tipo de pieza denominada en Reales de Vellón, le correspondería un precio de 225€. Al tratarse de un ejemplar de 1809 denominado en Reales de Plata, su valor y precio de mercado sería el doble de esta cantidad: 450€.

FIGURA 129.3

La pieza de la FIGURA 129.3 es en todo similar a la anterior, no variando en ella mas que la conservación. En este caso la melena de los leones del escudo del reverso está tan gastada como en el caso anterior, aunque el pelo de rey se encuentra mas resaltado que en aquella y así mismo la pieza conserva parte de su brillo original entre las letras de la leyenda, y fuera de ellas, cierta pátina original. En este caso su conservación es algo superior, por lo que asignaremos el grado F+, lo que significaría un valor y precio de mercado doble del de las piezas comunes de este rey: 500€ (260€ en F+, si fuera del tipo y fechas comunes de las de José Napoleón.

FIGURA 129.4

La pieza de la FIGURA 129.4 es igual que las anteriores, si bien su conservación es claramente superior. El ejemplar solo presenta gastaje en las líneas mas altas de pelo del rey, en el león y el pecho de águila imperial, en el reverso. El anverso conserva parte de su brillo original puesto que la pieza ha circulado muy poco. No obstante, se evidencian unas claras corrosiones limpiadas a la derecha del retrato del rey que disminuye notablemente su precio. Una pieza con estas mismas características en VF fue adjudicada en la subasta mencionada en 186€, si bien su conservación era VF, ciertamente inferior al de la presente pieza.

En nuestro caso la conservación de la pieza haciendo abstracción de las corrosiones, llega a XF-, por lo que si tratara de un tipo y fecha común su precio sería de 450€ en esta conservación. Al tratarse de una moneda de 1809 denominada en Reales de Plata la consideraremos como Rara y por tanto su precio sería doble del que correspondería para una pieza común (450€ en XF-). No obstante, aunque su valor si careciera de los defectos mencionados sería doble de esta cantidad: 900€, las corrosiones estimamos que divide por dos su precio de mercado, llegando solo a 450€.

FIGURA 129.5

Por último la pieza de la FIGURA 129.5 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1810 con las siglas de Ensayadores AI. Esta pieza es la mas corriente de todas las de esta denominación acuñadas a nombre de José Napoleón. Su estado de conservación es notoriamente mas bajo que el de las cuatro piezas anteriores. En ella el pelo del rey, el león, el águila y los castillos del escudo se encuentran totalmente empastados sin poderse distinguir ningunas de sus líneas interiores. Pese a ello se conserva todo el dibujo de borde de la pieza. Con este desgaste el grado que le corresponde es VG.

En la subasta de 2011 mencionada un ejemplar de esta misma fecha en XF+ se adjudicó en 600€, cantidad que no llegó a pagarse como precio de salida por un ejemplar XF. El valor y precio de mercado de esta pieza en VG sería el mismo que correspondería a una pieza de Carlos IV en esta misma conservación: 100€ (250€ en F).

 

9. THE NAPOLEONIC COINS AND THEIR EXPRESSION IN SPAIN

 

In Europe, the 18th century was a time of monetary stability in its general lines. During the 16th century, they had been settling in different European countries, especially in the West, monetary systems based on the grant of privileges of coin issuing given by the national States to various centre establishments in the cities of greater importance in each country. These establishments or Mints generally marked with some initial the coins they minted, as well as they employed specific signs by which the responsible for testing the metal alloy could be identified when it contained precious metal in it: gold or silver. Monetary systems were, almost without exception, bimetallic, reserving gold for the coinage of the highest denominations, silver for the intermediate, and the copper, pure or alloyed with tin (bronze) for the minors, aimed at supporting small transactions.

The design of the coins was imposed by legal provisions arising from the central authority that, in the absolutism of that period, was in the monarch’s hands, although he exercised it through his Secretaries or Heads of the bureaucracy. Also, the weight and the fineness of the alloys to be used in coins were set with measure conscientiousness, in these same provisions. They worked under the direct Royal administration or under concession to an individual regime, the Mints accepted the delivery of precious metal objects of silver or gold (usually crockery), ingots or currency out of circulation, for once the metal was molten and calculated the proportion of gold and silver by the assayers, they minted again in accordance with legal regulations, returning it in the form of coin with their designs, authorized weight and fineness to who had handed the silver, retaining a proportional amount of the minted metal, to cover the costs of issuing, set by the Kings, usually regulated by ordinances governing the operation of the Mints.

The 17th century is a period when this system was consolidated, generalizing the issue of thick coin of silver (with 30 to 25 grams weight and law of 850 to 950 thousandths) and its divisors, becoming this the type of currency issued in most of the countries as France (Ecus) or Spain (8 Reales), while in others such as England the issue of thick currency (Crown) was the exception, giving way to the use of small silver coin, reserving to the gold, the role of means of payment for transactions of some importance. These practices, with a central authority which regulated and multiple Mints that issued the currency did not generalize in territories such as Germany, Italy or Flanders, which lacked a centralized power, leaving the sovereignty dispersed between various Principalities, Duchies or Episcopal cities governed in terms of currency by its own provisions, although from the political point of view, there was a true recognition of supranational powers such as the Holy Roman Empire, or the Papacy.

In this regard, the following century, 18th, was a continuation of the previous two, incorporating into the above-mentioned methods of monetary issue other European countries of great significance because its population and territory, such as Russia and even Turkey, which in this century it still retained under its control an important part of the European area, such as the Balkans. So, in Russia, since the beginning of this century, it began issuing roubles under Peter I, according to the patterns resembling those followed by more Western countries. Also, in the Turkish Empire, it issued the piastras, large pieces of silver that always reflected phrases from the Koran and dated according to the years gone by since the year when the reign of each Caliph began. Also, the Italian and German States joined to the international movement of circulation coins, through different Customs Union, and in some cases monetary, agreements, what simplified somewhat, the great problem of the exchange, which hampers trade and made development dificult.

We all know the impact in our social life and political culture of the sudden outbreak of the French revolution in 1789 which with its sequel of the Napoleonic Regime, in 25 years came to completely transform the European and Ibero-American "modus vivendi", with the prologue that had resulted in the English revolution of 1688 with the overthrow of the Stewarts and the independence of the United States, and the epilogue constituting by the Liberal revolutions of 1830 and 1848 in Europe. The Estates of the realm, based on the privilege of the blood, that has emerged in the Middle Ages with Feudalism had survived in a some Nation-States that consolidated the status of the nobility and the clergy, until it was overthrown at the behest of a new social class, the bourgeoisie, first in France and then in almost the whole Europe, that would impose in the 19th century liberal regimes, nowadays inherent in all Western democracies.

The impact of this sudden turnaround of the political, economic and social structures in Europe, had a significant and enduring impact in the monetary systems of different countries and, through them, in the European numismatics. The focal point of this impact was the creation of the so-called French Franc (in allusion to the month of the 4th year of the revolution, in which the Revolution was born). This monetary unit broke with all the patterns that France had followed in the two previous centuries, for its weight and fineness to use in the issue of its currencies. The franc was defined as a silver coin with 900 thousandths of fineness and a weight of 5 grams. Proportionately, as it had been with the introduction of the so-called Metric Decimal system for weights and measures, it was established the circulation of multiples of the Franc in the form of silver-coins of 2 and 5 francs (with the same fineness and weight proportionally increased) and gold-coins of 5.20, 50 and 100 francs, as well as submultiples of 50 and 25 cents of franc, while in bronze coins of 1, 2, 5 and 10 cent of Franc should be minted.

The turbulent times following the triumph of the Revolution, with virtually the whole Europe faced with France trying to restore the Bourbons on the throne, prevented all forecasts with regard to the introduction of decimal coinage to materialize. Thus, the only coined currency denominated in francs, was the 5 francs, with 25 grams of weight and fineness of 900 thousandths of silver, with the trio representative of the revolutionary motto of liberty, equality and fraternity, according to Dupré's design on the front, under the Union et Force legend, which was issued from the 4th year of the Revolution until the 11th year. At the same time, in the territories which started to be occupied by the triumphant French troops beyond the metropolis, under the command, firstly, of the French Directory and then of Napoleon as first consul of the Revolution, coins with the same characteristics of the French 5 francs began to be minted, in line with those operated in the so-called Cisalpine Republic in the North of Italy, from where the Austrians had been expelled.

It was in later years, when under the rule of Napoleon, first as First Consul, and later as Emperor of the French, when the monetary system designed by the Revolution had been introduced not only France, but also throughout the whole European territory subjected by his troops. This French influence in the European monetary system did not operate only in one direction it was developed in two different directions. In some countries such as Holland (where 5 franc-coins were minted in Utrecht) or Italy (where they proceeded similarly in the Mint of Rome) the existing Mints were used to issue identical coins to the French ones (the Franc system) in the same way that the Metropolitan provincial mints made them (all of them with the effigy of Napoleon, crowned or not crowned). However, in other countries as with the issues in the Kingdom of Italy, coins were minted with the French metric, but with the denomination of the currency of each country: as in the case of the Lira. Also, at a time when French rule was settled in much of Europe and Napoleon became kingdom-sharing towards the members of his family, the initial issues with the effigy of these, with denominations in francs, gave way to issues with these same characteristics, but with the denominations in the national currency, as it was the case with the currencies of Louis Napoleon of 40 Stuivers in Holland, of 5 francs of Jerome Napoleon's in Westphalia, of 5 lire of Murat in Naples after 1812, and of Elisa Bonaparte and her husband in Lucca.

In other dominated countries, total or partially, by France, during the Napoleonic era the same kind of traditional pieces in the usual denominations was continued to issue, with the same previous metric, while reflecting on the front of the coins, the effigy of the new sovereigns (usually members of the family of the Emperor). This was the case of Joseph Napoleon who coined firstly as King of Naples currency with his effigy with Piastras of 120 Grani and later as King Spain from 1808, he issued 8 real-coins of silver or 20 real bullion coins with the same weight and fineness as the coins of 8 Reales of the previous Kings of the House of Bourbon. This situation remained, with different avatars, due to the changing course of the so-called War of Independence by the Spanish and Peninsular War by the British until 1813, the year when the defeated French troops had to leave the national territory after the signing of the Treaty of Valencay on December 13th of that year.

In this sense, the Spanish coins on behalf of Joseph Napoleon, as those shown in this and the next post, do not constitute a break in Spanish Numismatic history, but they follow a line of continuity, as in their metric, with previous issues on behalf of Charles III and Charles IV, and the contemporary and subsequent minted in the name of Ferdinand VII bass whose sponsorship and effigy they continued issuing currency in the Peninsular area dominated by British Hispano Army, as well as in the American colonies. The coins issued on behalf of Joseph Napoleon were limited to those carried out at the Mints of Madrid and Seville regarding silver, at Madrid for those in gold and at Segovia for the 8 Maravedís of bronze; while in Barcelona, as we shall see later, they also issued coins of 5, 2´5 and 1 Pesetas and 4, 2, 1 and half fourth in Barcelona, under French rule, but without the effigy of Joseph Napoleon.

The coin that appears on Figure 129.1 is a 20 real coin of Joseph Napoleon  coined in Madrid in 1809 with the Assayers Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, represented by the acronym AI. The provision of Joseph Napoleon of April, 18th 1809 ordered the change in the denomination of coins issued in the name of this King from Reales of silver to the Reales of bullion. Therefore, from this point coins became renamed in the new unit, at a rate of 20 reales of silver for 8 Reales of bullion. Therefore, it is striking that this coin dated in 1808 is denominated in Reales of bullion. Herrera, in his work The Duro, tells us that this coin was coined after the abovementioned provision, so it was denominated in real of bullion. But following an already existing custom in previous reigns, to point out that the reign of Joseph Napoleon had already begun in the previous year, the coin was dated in 1808.

The production of this coin is one of the lower of all of Joseph Napoleon: 16,830 copies. However, its rarity is not excessive, as being dating in the first year of the reign people tended to retain it as a curiosity, so a higher proportion of copies have survived than in the case of the coins dated in later years. Therefore, we will consider it rare, but not very rare, with double prize of the types of common pieces of 8 reales of Joseph Napoleon.

This copy has widespread wear on the front and back although it has a no altered good patina, so that we will consider it in a grade F-. In order to provide a reference the most recent as possible with respect to the price of these coins we can say that in the auction organized by Martí Hervera, Soler and Llach and Sagarra on October 25th, 2011, a copy of this date in XF- reached the price of €900 and another in F, €500. In our case, if this copy were of a common date would be priced at €175 in F-(such as the common coins of Charles IV). Considering it is a rare coin, its value would be double of the previous amount, this is €360, which would coincide with its market price.

The three following pieces correspond to Joseph Napoleon’s coin issued in 1809 before the Decree of April 18th to which we have referred. Consequently, they are denominated in Reales of bullion in the same way as the two previous Kings. The three pieces have the Assayers’ initials: IG.

The piece of Figure 129.2 presents a lion on the front with a great wear, not distinguishing any of the mane hairs. There is lower wear in the hair of the King on the front. The piece is cleaned, although with time passed it has regained some patina. In the aforementioned auction, a copy in XF- reached the price of €850. The rarity of this piece is similar to the previous (1808) so we will consider it as rare and we will assign the double price of the common coins of Joseph Napoleon. In this case, the copy is in grade F, which is why its value if it were a type of piece denominated in Reales of bullion, would be €225. As it is a copy of 1809 denominated in Reales of silver, its value and market price would be the double of this amount: €450.

The coin of Figure 129.3 is completely similar to the previous one, varying in it only its conservation. In this case, the mane of the lions of the coat of arms of the back is so worn as in the previous case, although the hair of the King is clearer than in the other and the piece also retains part of its original brightness between the letters of the legend, and outside them, some original patina. In this case its conservation is a little higher, so we assign the grade F+, what will mean a value and a market price of the double of the common pieces of this King: €500 (€260 in F+, if it would be of the common type and dates of Joseph Napoleon).

The piece of Figure 129.4 is the same as the previous ones, while its conservation is clearly superior. The copy only presents wear in the higher lines of the hair of the King, in the lion and in the chest of the imperial eagle on the back. The front retains part of its original brightness since the piece has not much circulated. However, a few clear cleaned corrosions on the right of the portrait of the King are evident which decreases significantly its price. A piece with these same characteristics in VF was sold in the mentioned auction at €186, but its conservation was VF, certainly less than the one of the present piece.

In our case, the conservation of the piece, ignoring the corrosions, reaches XF- so if it were a common type and date its price would be €450 in this conservation. Being a 1809 coin denominated in Reales of silver we consider it as rare and therefore its price would be the double that correspond to a common piece (€450 in XF-). However, although its value, if it lacks the above-mentioned defects, would be the double of this amount: €900, we believe that corrosions divide by two the market price, reaching only €450.

Finally, the piece of Figure 129.5 is a 20 real coin of Joseph Napoleon coined in Madrid in 1810 with the initials of the Assayers AI. This piece is the most common of all of this denomination minted in the name of Joseph Napoleon. Its conservation status is significantly lower than the previous four coins. In it, the hair of the King, the lion, the eagle and the castles of the shield are totally pasted without being able of distinguishing none of its internal lines. Despite this, the drawing of the edge around the piece is preserved. The grade that corresponds with this wear is VG.

In the auction of 2011 referred to, a copy of the same date in XF+ was sold at €600, amount which failed to pay as starting price for a copy in XF. The value and market price of this piece in VG would be the same that would correspond to a piece of Charles IV in this same conservation: €100 (€250 in F).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Indudablemente una moneda es en cierta medida un objeto artístico. Quizá esta dimensión de la moneda nos pasa desapercibida para las monedas que manejamos continuamente en nuestra vida diaria para pagar nuestras pequeñas compras como un periódico o una consumición en un bar. Pero esta dimensión artística no está ausente ni siquiera de la mas modesta de las monedas que manejamos diariamente. El material de que está hecha la moneda y el diseño que incorpora en su anverso y reverso, no son el resultado de un proceso caprichoso o aleatorio.

 

En algunos casos desde el Renacimiento, y en otros desde que conservamos documentación escrita sobre el procedimiento que llevó a la elección de los diseños a incorporar a los cuños a emplear en la acuñación de las monedas, conocemos que generalmente la elección de los diseños se lleva a cabo tras una competición, frecuentemente reñida, entre los mas significados artesanos o artistas de un país o de una Casa de la Moneda que presentan sus propuestas en base a una condiciones fijas por la regulación legal que rige cada emisión y por las prescripciones particulares de carácter industrial que permiten la aplicación práctica y eficiente de esta regulación.

 

Todo ello conduce a que cualquier moneda, en un estado de conservación no excesivamente deteriorado, sea en general un objeto que aparte de cumplir con las condiciones de: poca alterabilidad con el uso, facilidad de manejo y seguridad frente a falsificación, sea un objeto bello, y como tal tenga el atractivo suficiente para que, aparte de su valor práctico, puede ser objeto de deseo para los coleccionistas; en especial respecto a aquellas monedas que además de su belleza reúnen también el requisito de su escasez, cualidad que se da en cierta medida, a partir del momento en que la moneda queda fuera de la circulación, por haberse dictado una disposición que elimina su valor liberatorio para ser entregada o recibida como medio de pago entre particulares o entre ellos y el Estado.

 

La medida de esta escasez, como la de todo bien económico, es su precio. La moneda como objeto de colección queda de plano incluida bajo la tópica ley de la oferta y de la demanda. Conforme mayor sea la escasez de un tipo de moneda o de un tipo de pieza determinado, mayor será el precio que los coleccionistas estén dispuestos a pagar por ella, con cierta independencia de lo bonito que sea su diseño. Esta característica es la que diferencia esencialmente a la moneda de cualquier otro tipo de creación artística como pudiera ser la pintura o la escultura, pese a los fuertes contactos que el arte de acuñación de monedas tiene en relación con ellas. Esta circunstancia se debe a que la moneda es un objeto artístico, sí, pero fabricado en serie como pudiera ser un tipo determinado de modelo industrial para la fabricación de sillas de diseño, realizado por artistas de cierto renombre.

 

Es esta característica de la fabricación en serie, consustancial con la moneda, lo que permite su accesibilidad a un gran número de personas que sienten el impulso de coleccionarlas. En el caso de la pintura, cada obra de un artista, por modesto que sea éste, es un objeto individualizado, de tal manera que aunque el mismo artista aborde el reflejar el mismo tema con un mismo modelo, el resultado de la obra será diferente, en mayor o menor medida, cada vez. Esta diferencia entre un tipo u otro de creación artística también se da en otros campos como puede reflejarse en la diferencia entre la producción de ropa de alta costura, con modelos individualizados para cada persona especifica o en el pret a porter con modelos de tallas normalizadas cada una de ellas reproducidas para un número determinado de prendas, según las previsiones de mercado.

 

Este aumento del número de ejemplares disponibles de cualquier bien manofacturado no disminuye un ápice el mérito de su diseño ni niega valor artístico al bien, pero sí lo hace accesible a un mayor o menor número de personas, en función de su escasez. Quizá el ejemplo mas próximo a la producción de monedas, sea el de las litografías o aguafuertes. En ellos, el artista que los suscribe ha efectuado un diseño, entendido como una composición plástica, que a través de procedimientos industriales, es capaz de ser reproducido en forma absolutamente idéntica para un número determinado de ejemplares, cuya cuantía no viene condicionada por el procedimiento de estampación, sino por consideraciones de otro tipo, que valora el artista, de cara a ponderar si es oportuno estampar pocos o muchos ejemplares de cada obra, ya que para un mismo artista y diseño especifico, a mayor tirada corresponderá un menor precio de mercado, y a menor tirada, en principio, mayor precio de mercado.

 

Esta relación entre tirada y precio también se da en el campo de coleccionismo de monedas. Todos sabemos, en principio, que una moneda de la cual se ha emitido un número de ejemplares alto (lo que llamamos tirada) será una moneda que alcanzará un precio de mercado bajo (fuera del valor intrínseco que pueda llegar a alcanzar la moneda por su posible contenido en metal precioso), mientras que una moneda con una tirada baja, será un bien escaso, muchos coleccionistas desearan adquirirla y por tanto es probable que llegue a alcanzar un valor de mercado alto. En este caso, como en el de las litografías o aguafuertes, con independencia de que los coleccionistas, o simplemente quienes utilicen los ejemplares como objeto de decoración, además del sentimiento de abundancia o escasez que tiene toda persona iniciada en el campo, respecto a un tipo determinado de piezas, se dispone, al menos para las creaciones mas recientes, de un registro, mas o menos oficial, del número de ejemplares producidos, lo que de alguna manera certifica las cifras de producción de cada diseño, dentro de una emisión determinada.

 

En el caso de las litografías o aguafuertes, la autoridad certificante es el propio artista respaldado por su editor o el responsable del proceso industrial de producción de las copias. En el caso de las monedas, la autoridad certificante es el propio Estado que levanta acta pormenorizada de las cantidades acuñadas, estando obligado por sus propias normas a dar publicidad a las mismas, con controles adicionales, en el caso de la Europa del Euro, por parte entidades supranacionales como el Banco Central Europeo.

 

Estas cantidades, por tanto, actúan como una guía segura para los coleccionistas, si bien con las importantes quiebras de no conocer exactamente, en muchos casos, si las cantidades acuñadas en un año, corresponden a tipos de piezas que realmente llevan sobre ellas la fecha del año al cual corresponde el tiraje, o bien continúan llevando la fecha correspondiente al año anterior, aunque hubiera sido acuñadas en el siguiente, así como el desconocimiento de cuál ha sido la proporción de la tirada de cada año que posteriormente ha sido fundida o retenida por los Bancos Centrales, sin que haya alcanzado circulación.

 

La cifras anteriores nos proporcionan una pista sobre la rareza relativa de unos tipos de moneda o de tipos de pieza (moneda del mismo tipo, pero de diferente año) respecto de otros, pero no nos permiten tener una idea del número de lo que viene en llamarse, ejemplares supervivientes, ésto es los que aproximadamente han llegado a manos de los coleccionistas, inversores o simplemente acumuladores de monedas (que siempre han existido, por lo que se refiere a las fabricadas con metales preciosos).

 

En estos casos, el único camino que puede permitir tener un orden de magnitud del número de piezas realmente existentes (mucho tiempo después de que estos tipos dejaran de circular) es la utilización de procedimientos de muestreo, en función de la correlación entre tirada y número de ejemplares en colecciones conocidas, y presencia de cantidades de este tipo de piezas en mercadillos y ventas públicas. Basándonos en este tipo de procedimientos, farragosos y de poca exactitud, hemos deducido que aproximadamente, el número de piezas supervivientes respecto a las monedas de plata emitidas en pesetas por España de 1869 a 1926, es del orden de: 1 a 10. Pues bien, en el caso de las monedas que estamos analizando en estas entradas, los 8 Reales peninsulares de los Borbones, en base a la comparación de aparición de estas piezas con las correspondientes a las monedas de 5 Pesetas de plata (los populares duros) nos atrevemos a formular la hipótesis de que el orden de magnitud del número de piezas supervivientes respecto a las emitidas, es del orden de 1 a 100, lo cual unido a la diferencia de tirajes, nos explica la radical distancia de precios que separa a este tipo de 8 Reales peninsulares, de las monedas posteriores de 5 Pesetas, aunque su contenido en plata no sea muy distinto (24 gramos de plata pura, frente a 22,5 gramos).

 Teniendo en cuenta el tiempo, mas o menos equivalente en que se mantuvo la circulación de ambos tipos de monedas, resulta extraño que la diferencia del ratio de fundición sea tan exagerado. Creemos que una de las razones que puede explicar este fenómeno es el hecho de que una vez suspendido el uso de los 8 Reales, el Tesoro y los particulares necesitaban metal para sufragar nuevas acuñaciones que en cantidades crecientes se continuaban produciendo en plata con una ley semejante (pasando solo de 916 milésimas a 900 milésimas). Mientras que en el caso de las monedas de 5 Pesetas, retiradas de la circulación con ocasión de la Guerra Civil (1936-1939), éstas eran acaparadas por los particulares, conscientes de que en adelante ya no iban a darse nuevas acuñaciones en plata, al menos no con carácter inmediato. Recordemos que la primera edición de 100 Pesetas de plata, solo tuvo lugar a partir de 1966, 30 años mas tarde del comienzo de la Guerra Civil.

 

Siendo así que a partir de los datos de HERRERA 1914 podemos estimar en unas 350.000 piezas las tiradas medias anuales de piezas de 8 Reales de Carlos III acuñadas en Madrid, de acuerdo con la hipótesis anterior, el número de ejemplares supervivientes de una determinada fecha, sería de unos 3.500. Pues bien, si queremos tener una cierta aproximación al número de ejemplares existentes correspondiente a cada grado de conservación, si repartimos este número de 3.500 piezas, en forma inversamente proporcional a la rareza relativa de cada fecha en cada grado de conservación (expresada por su precio), tenemos una estimación de unas: 50 piezas en AV, 100 en XF, 200 en VF, 400 en F, 900 en VG y 1.800 en G. Cáculo semejante podemos hacer para las piezas de Carlos IV y de Fernando VII. Es evidente que estas cifras carecen de toda exactitud, pero nos dan una idea de la escasez, justificando el del elevado precio que alcanzan estas piezas, en especial las de Carlos III en altas conservaciones.

 

FIGURA 128.1

 

Teniendo en cuenta que suele estimarse en unos 30 años el periodo transcurrido entre la adquisición de una moneda de cierto precio, y su venta, ocurrida normalmente en pública subasta tras el fallecimiento de su propietario, en el caso de las altas conservaciones, existe una correlación muy clara entre las cifras de ejemplares de este tipo de piezas subastadas en cada grado de conservación, y las cifras anteriores. Lo que confiere un cierto grado de verosimilitud a las hipótesis formuladas respecto a la supervivencia de ejemplares.

 

La pieza mostrada en la FIGURA 128.1 es un 8 Reales acuñado a nombre de Carlos IV en Sevilla en 1793 con los ensayadores Carlos Tiburcio de Roxas y Nicolás Lamas. Este tipo de piezas de Sevilla correspondientes a los últimos años del siglo XVIII aparecen, en nuestra opinión, supervaloradas en CAYÓN 1998. Así, para esta fecha, CAYÓN da un precio de 80.000P, debemos suponer que en una conservación F, consistente con la que estamos atribuyendo al resto de las piezas que valora en la edición 1998 de su catálogo. Este precio pudo ser el de estas piezas bastantes años atrás, pero creemos que no se ajusta a la actual minusvaloración de este tipo de piezas en el mercado.

 

Mas ajustada nos parece la valoración de CALICÓ 2008, 300€ en VF que ya refleja la disminución de precios para estas piezas en el mercado actual. Muestra de la supervaloración que alcanzó esta fecha (como la de la mayoría de los 8 Reales peninsulares de los Borbones) es el precio de salida de esta pieza en la subasta, tantas veces citada, de la colección CALBETÓ, en Ginebra en el 4 de diciembre de 1974: 1.500VS en VG.

 

FIGURA 128.2

 

La conservación de esta pieza no llega a VF como consecuencia del escaso marcaje de la onda lateral del pelo y la poca definición de la silueta de la coleta del rey. También en el reverso se observa una melena muy corta para los leones del escudo. Por ello, nos quedaremos con el grado VF-, al cual corresponde de acuerdo con la escala que venimos empleando, un valor de 300€ (350€ en VF). No obstante, el precio de mercado sería aproximadamente un 20% inferior, como consecuencia del descentraje de la pieza y al hecho de haber sido limpiada.

 

La pieza cuya fotografía se muestra en la FIGURA 128.2 es un 8 Reales de Carlos IV acuñado en Sevilla en 1795 con los mismos ensayadores anteriores representados por las letras CN. Aunque CAYÓN 1998 baja algo la valoración de esta pieza respecto a la anterior, creemos que 65.000P es aún un valor excesivamente alto en la actualidad para una conservación que venimos considerando como F. Nuevamente volvemos a estar mas de acuerdo con la valoración de CALICÓ 2008: 300€ en VF. En la subasta mencionada anteriormente esta fecha en F tuvo un precio de salida de 1.500FS.

 

La conservación de esta pieza es ciertamente mas alta que la de la anterior, afectando solamente a las partes mas altas del relieve como son la coleta y la onda lateral del rey en el anverso y un leve gastaje del pie del castillo del primer cuartel de escudo del reverso. En estas condiciones el valor y precio de mercado de la pieza es de 400€ en VF+ (400€ en VF).

 

FIGURA 128.3

 

La pieza mostrada en la FIGURA 128.3 es un 8 Reales acuñado en Sevilla a nombre de Carlos IV en 1802 con los mismos Ensayadores anteriores. En este caso la valoración de CAYÓN 1998 es ya mas ajustada al precio real de la pieza hoy en día. También CALICÓ disminuye el valor de la pieza respecto al de las de los últimos años del siglo anterior: 250€ en VF. En la subasta que venimos mencionando, el precio de salida de esta fecha en VF fue de 2.000FS, lo que evidencia su tremenda desvalorización desde 1974 (el FS cambiaba por 40 pesetas en 1974).

 

La conservación de la pieza es notoriamente superior al de las dos anteriores, afectando solamente en forma muy ligera al ojo de los leones del escudo del reverso y a la raya mas a la derecha de la onda lateral del pelo. Por lo demás la pieza conserva la práctica totalidad de su brillo original no mostrando otra huella de castage, lo que la hace merecer el grado XF, al que corresponde un valor de, en nuestro criterio, de 500€. No obstante, como un ocurre con frecuencia en este tipo de moneda, en el cuello del rey se aprecian señales de la llamada “plata agria”, lo que llega a disminuir nuestra valoración hasta un 20%, llegando a un precio de mercado de 400€.

 

La pieza de la FIGURA 128.4 es un 8 Reales de Carlos IV acuñado en Sevilla en 1803 con los mismos Ensayadores anteriores. Nuevamente la valoración de CAYÓN 1998, 70.000P, nos parece excesivamente alta ya que creemos que la rareza de esta fecha no es suficientemente mas alta que la de la anterior. CALICÓ por su parte no establece distinción en valor entre esta fecha y la anterior. En la subasta de la colección CALBETÓ, el precio de salida de esta pieza en F fue de 1.750FS.

 

FIGURA 128.4

 

Existe una notoria diferencia entre el grado que merece al anverso de esta pieza y su reverso. El gastaje de la pieza en su anverso afecta decisivamente a la casi totalidad de la peluca y las coleta del rey por lo que no puede decirse que su conservación exceda al grado F. Sin embargo, el reverso merecería un grado superior, con gastaje solamente en sus partes mas altas y la persistencia de gran parte de su brillo original. Por tanto, teniendo en cuenta la prevalencia del grado del anverso sobre el del reverso a la hora de valorar, pero teniendo en cuenta la influencia de éste, daríamos a la pieza en su conjunto, un grado F+, al que correspondería un valor y precio de mercado de 260€ (225€ en F).

 

La pieza de la FIGURA 128.5 es un 20 Reales acuñado en Madrid a nombre de José Napoleón realmente acuñado en 1809 con posterioridad al decreto de 18 de abril de 1809, pero datado en el año anterior para, según HERRERA, acreditar que el comienzo real del reinado de José Napoleón fue en 1808. El anverso es similar en cuento a su composición al d de los dos reyes anteriores de la Casa de Borbón, substituyendo sus nombre por el de IOSEPH NAP. En cuanto al reverso, si bien la forma del contorno del escudo es similar al del empleado en las piezas de los reyes anteriores, su contenido es bien diferente, distribuyendo en tres filas cada una con dos cuartele, las armas de, n solamente Castilla y León, sino además las de Aragón, Navarra, Granada y las de los dos mundos entre columnas de Hércules. En cuanto a la leyenda se añade al título de rey España, el de las Indias, tal como ya venía figurando en las piezas hispanoamericanas.

 

FIGURA 128-5


 

La presente pieza fue acuñada en 1809, una vez que el decreto de 18 de abril de 1809 prescribió que las monedas de 8 Reales fueran, con el mismo peso y ley, denominadas a partir de este momento como 20 Reales de Vellón. La rareza de estas piezas como analizaremos en la entrada siguiente es mayor que la de la mayoría de las de los años posteriores, por lo que las consideraremos como Raras, con un valor por tanto, del doble del de las piezas ordinarias de José Napoleón como son las de 1809-1811. La conservación de esta pieza es VF ya que solo muestra desgaste en las partes mas altas del pelo del rey, de las melenas de los leones y del pie de los castillos; por tanto su valor en VF sería del doble de los 350 euros en VF de las piezas normales (similar a las de Carlos IV), ésto es 700€ en VF. Sin embargo su precio de mercado deberemos reducirlo a 450€ (35% de disminución) por estar la pieza notoriamente limpiada.

 

128. SURVIVAL AND GRADES OF CONSERVATION IN THE PENINSULAR 8 REAL OF THE HOUSE OF BOURBON

 

Undoubtedly a currency is to some extent an artistic object. Perhaps this dimension of the currency happens unnoticed for the coins we use continually in our daily lives to pay for our small purchases such as a newspaper or a drink in a bar. But this artistic dimension is not absent even in the most modest coins we use on a daily basis. The material that made the currency and the design that incorporates in its front and its back, are not the result of a capricious or random process.

In some cases since the Renaissance, and in others since that we retain the written documentation about the procedure that led to the choice of designs to incorporate into the stamps to be used in the production of the coins, we know that usually the choice of designs is carried out after a competition, frequently tough, between the more significant artisans or artists of a country or a mint presenting their proposals based on fixed conditions by the legal regulation governing each coinage and the particular requirements of industrial character that allow the practical and efficient implementation of this regulation.

All of that leads that any currency, in a state of conservation not excessively deteriorated in general would be an object which apart from complying with the conditions of: little alterability with the use, ease of management and security against counterfeiting, would be a beautiful object, and has enough appeal to, apart from its practical value, be object of desire for collectors; especially for those coins that in addition to its beauty they also meet the requirement of their scarcity, quality that occurs to some extent, from the moment in which the currency remains outside the movement, have been issuing a provision that eliminates its discharge value to be delivered or received as a means of payment between individuals or between them and the State.

The measure of this shortage, as the one of all the good economic, is its price. The currency as an object of collection is outright including topical law of supply and demand. As higher is the shortage of one type of currency or a certain type of coin, higher would be the price that the collectors are willing to pay, some regardless of how nice that is its design. This feature is the one that essentially distinguishes the currency of any other type of artistic creation such as painting or sculpture, despite the strong contacts in the art of minting coins has in relation to them. This circumstance is due to that the currency is an artistic object, yes, but manufactured in series such as a certain type of industrial model for the manufacture of chairs design, made by artists of some renown.

It is this feature of the manufacture in series, inherent with the currency, allowing its accessibility to a large number of people who feel the impulse of collecting them. In the case of the painting, each work of an artist, by modest he would be, is an individualized object in such a way that although the same artist addressed reflect the same subject with the same model, the result of the work would differ, in greater or lesser extent, every time. This difference between one type or another of artistic creation also occurs in other fields as it may be reflected in the difference between the production of Haute Couture clothing, with individual models for each person specified or in the pret a porter with standardized models sizes each one played for a number of garments, according to market forecasts.

This increase in the number of available copies of any item manufactured does not diminish one pick the credit for its design nor denied the good artistic value, but it does make it accessible to a greater or smaller number of people depending on their scarcity. Perhaps the closer example to the production of coins would be the one of the lithographs and etchings. In them, the artist that subscribes has made a design, understood as a plastic composition, through industrial processes, is able to be reproduced in form absolutely identical to a specified number of copies, the amount of which is not conditioned by the stamping procedure, but by considerations of another type, which appreciates the artist, in order to assess whether it is appropriate to stamp a few or many copies of each work, since for the same artist and specific design, the greater print runs shall have a lower market price, and smaller circulation, in principle, greater market price.

This relationship between print run and price is also in the field of the coin collecting. We all know, in principle, that a coin which was issued in a high number of copies (what we call print run) will be a currency that will reach a low market price (other than the intrinsic value that can reach the currency by its possible content in precious metal), while a currency with a low print run, will be a scarce good, many collectors wanted to acquire it and therefore it is likely that it will achieve a high market value. In this case, as in the lithographs or etchings, regardless of which collectors, or simply those who use copies as decorative object, in addition to the feeling of abundance or scarcity that everyone who started in the field with respect to a particular type of available coins, at least for the latest creations, of a register, more or less official, of the number of produced copies, which somehow certifies the production figures of each design, within a given emission.

In the case of the lithographs and etchings, the certifying authority is the artist backed by his editor or the responsible person for the industrial process of production of copies. In the case of the currencies, the certifying authority is the State itself that lifts detailed record of the minted quantities, still bound by its own to rule advertisement for them, with additional controls, in the case of the Europe of the Euro, by supranational part entities such as the European Central Bank.

These amounts, therefore, act as a safe guide for collectors, although with significant failures to do not know exactly, in many cases, if the quantities minted in one year, correspond to types of coins that they really carry on them the date of the year which is responsible for the print run, either they continue bearing the date corresponding to the previous year, although they had been minted in the next one, as well as the ignorance of what has been the proportion of the print run of each year which has subsequently been cast or retained by the central banks, while it reached circulation.

The figures above give us a clue about the relative rarity of some types of currency or types of coins (currency of the same type but of different year) for others, but it does not allow us to have an idea of the number of next be called surviving copies, this is those who have approximately come at the hands of collectors, investors or simply accumulators of coins (which have always existed, so it refers to those made with precious metals).

In these cases, the only way that can afford to have an order of magnitude of the number of really existing pieces (long time after these types stop circular) is the use of sampling procedures, based on the correlation between the print run and the number of copies in well-known collections, and the presence of amounts of this type of coins in flea markets and public sales. On the basis of this type of procedures, confused and of little accuracy, we have deduced that roughly the number of surviving coins on the silver coins issued in pesetas by Spain from 1869 to 1926, is in the order: 1 to 10. As well, for coins that we are analising in these posts, the Peninsular 8 real of the Bourbons, based on the comparison of the appearance of these coins with the corresponding to coins of 5 peseta of silver (the popular 5 peseta coin) we dare to formulate the hypothesis that the order of magnitude of the number of surviving coins in respect to those issued, is in the order of 1 to 100, which together with the difference of coinages, explains us the radical distance from prices that separates this type of Peninsular 8 real, of the later coins of 5 peseta, although its silver content is not very different (24 grams of pure silver, versus 22,5 grams).

Taking into account the time, more or less equivalent in which stood the circulation of both types of coins, it is strange that the difference in the ratio of the smelting is so exaggerated. We believe that one of the reasons that may explain this phenomenon is the fact that once suspended the use of the 8 real, the Treasury and the individuals needed metal to cover new coinages continued in silver with a similar assay value in increasing amounts (passing from only 916 thousandth to 900 thousandth). While in the case of the 5 peseta coins withdrawn from circulation at the time of the Civil War (1936-1939), they were hoarded by individuals, aware that now it would not happen new silver coinages, at least not with immediate effect. We remember that the first edition of the 100 silver peseta, only took place from 1966, 30 years later the beginning of the Civil War.

Thus, based on the data of Herrera 1914 we can estimate some 350,000 pieces the annual average print runs of 8 real coins of Charles III minted in Madrid, according to the previous hypothesis, the number of surviving copies of a given date, it would be about 3,500. Well, if we want to have a certain approach to the number of existing copies for each grade of conservation if we divide up this number of 3,500 coins, in a proportional inversely way to the relative rarity of each date in each grade of conservation (expressed by its price), we have an estimate of about: 50 coins in AV, 100 in XF, 200 in VF, 400 in F, 900 in VG and 1,800 in G. We can make a similar estimation for the coins of Charles IV and Ferdinand VII. It is clear that these figures devoid of any accuracy, but it give us an idea of the shortage, justifying of the high price that reach these coins, especially those of Charles III in high conservation.

Taking into account that it is usually estimated about 30 years the period between the acquisition of a currency of a certain price, and its sale, which usually occurred in public auction after the death of its owner, in the case of the high conservation, there is a very clear correlation between the numbers of copies of this type of coins auctioned in each grade of conservation, and the figures above. What that confers a certain grade of verisimilitude to the assumptions made regarding the survival of copies.

The coin shown in the figure 128.1 is an 8 real coined in the name of Charles IV in Seville in 1793 with the assayers Carlos Tiburcio of Roxas and Nicolás Lamas. This type of Seville coins corresponding to the last years of the 18th century appear, in our opinion, overvalued in Cayón 1998.

 Thus, for this date, Cayón gives a price of P80,000, we should assume in a F conservation, consistent with which we are attributing to the rest of the coins that values in the Edition 1998 of his catalogue. This price of these coins could have been the one of these coins a few years ago, but we believe that it does not conform to the current underestimation of this type of coins in the market.

 

The conservation of this coin does not reach VF as a result of the scarce marking of the hair wave and the little definition of the silhouette of the ponytail of the king. Also on the back is observed a very short hair for the lions of the shield. For this reason, we are left with the VF-grade, which corresponds, according to the scale that we have been using, a value of €300 (€350 in VF). However, the market price would be approximately 20% lower, as a result of the decentring of the coin and the fact of having been cleaned.

The coin whose photograph is shown in the figure 128.2 is an 8 real of Charles IV coined in Seville in 1795 with the same previous assayers represented by the letters CN. Although Cayón 1998 down something, the value of this coin in relation with the previous assessment, we believe that P65,000 is still a too high value nowadays for a conservation that we have been considering as F. Once again we return to be more than according to the valuation of Calicó 2008: €300 in VF. In the auction above, this date in F had a starting price of FS1,500.

The conservation of this coin is certainly higher than the previous one, affecting only the higher parts of the relief such as the ponytail and the lateral wave of the king on the front and a slight wear of the foot of the castle of the first quadrant of the shield on the back. Under these conditions the value and market price of the coin are of €400 in VF+ (€400 in VF).

The coin shown in the figure 128.3 is an 8 real coined in Seville in the name of Charles IV in 1802 with the same previous assayers. In this case the assessment of Cayón 1998 is already more adjusted to the actual price of the coin today. Calicó also decreases the value of the coin to the one of the last years of the previous century: €250 in VF. In the auction we have been mentioning, the starting price of this date in VF was FS2,000, which showed his tremendous devaluation since 1974 (the FS changed for 40 pesetas in 1974).

The conservation of the coin is notoriously higher than the two previous, affecting only in a very light manner the eye of the lions of the shield of the back and the line further to the right of the lateral wave of the hair. Otherwise the coin retains almost all of its original brightness not showing other mark of coinage, what makes it to deserve the XF grade, which has a value of, in our view, €500. However, as often happens in this type of currency in the neck of the king can be seen signs of the so-called “sour silver”, what comes to decrease our assessment up to 20%, arriving to a market price of €400.

The coin of the figure 128.4 is an 8 real of Charles IV coined in Seville in 1803 with the same previous assayers. Once again the valuation of Cayón 1998, P70,000, seems excessively high we believe that the rarity of this date is not high enough than the previous one. Calicó for his part does not make distinction between this date and the previous value. In the auction of the Calbetó collection, the starting price of this coin in F was FS1,750.

There is a noticeable difference between the grade that deserves the front of this coin and its back. The wear of the coin on its front decisively affects almost all of the wig and the ponytail of the king for what could not be said that its conservation exceed the F grade. However, the back would deserve a higher grade, with wear only in its higher parts and the persistence of a large part of its original brightness. Therefore, taking into account the prevalence of the grade of the front on the one of the back at valuing, but taking into account the influence of it, we would give the coin as a whole, a F+ grade, which would be a value and market price of €260 (€225 in F).

The coin of the figure 128.5 is a 20 real coined in Madrid in the name José Napoleon really coined in 1809 after the Decree of April the 18th, 1809, but dated in the previous year to, according to Herrera,

 prove that the real beginning of the reign of José Napoleon was in 1808. The front is similar as for its composition to the one of the two previous kings of the House of Bourbon, by replacing their name by IOSEPH NAP. On the back, while the shape of the outline of the shield is similar to the one employed in the coins of the earlier kings, its content is quite different, being distributed in three rows each one with two quadrants, the weapons, only of Castile and León, but also those of Aragon, Navarra, Granada and those of the two worlds between columns of Hercules. As for the legend added to the title of King of Spain, the one of the Indies, as he was already appearing in the Latin American coins.

This coin was coined in 1809, after the Decree of April the 18th, 1809 prescribed that the 8 real coins

 were, with the same weight and assay value, so-called from this time as 20 real bullion coins. The rarity of these coins as we will discuss in the following post is greater than that most of the subsequent years, so we will consider them as rare, worth therefore twice the ordinary coins of José Napoleon such as those of 1809-1811. The conservation of this coin is VF that only show wear in the higher parts of the hair of the king, of the manes of the lions and the foot of the castles; therefore its value in VF would be the double of the 350 euros normal coins in VF (similar to those of Charles IV), this is €700 in VF. However its market price we will have to reduce it to €450 (35% of decrease) for being a notoriously cleaned coin.

 

More adjusted we think it is the valuation of Calicó 2008, €300 in VF that already reflects the decline in prices for these coins in the market today. It shows of the overvaluation that reached this date (as the majority of the peninsular 8 real of the Bourbons) it is the starting price of this coin in the auction, so often cited of the Calbetó collection, at Geneva on December the 4th, 1974: VS1,500 in VG.

 

 

Jueves 06 de Febrero de 2014 21:09

Viñetas de enero de 2014

por Elías

 

 

Domingo 02 de Febrero de 2014 17:37

Joan Chamorro & Andrea Motis

por Leopoldo Simó

 

 

02/02/2014

Joan Chamorro & Andrea Motis

 

En el mundo de la música ha habido varios casos de éxito temprano y fulgurante, figuras que desde muy jóvenes han destacado y de las que pronto se ha visto que su proyección podía ser enorme. Y ahora nos encontramos con uno de estos casos, aunque lleva ya algún tiempo causando sensación. Porque no puede decirse que Andrea Motis sea un proyecto de estrella en el mundo del jazz, Andrea Motis es la nueva revelación del jazz & blues vocal en España.

 

Ya publiqué un artículo en este mismo blog sobre Joan Chamorro y la Sant Andreu Jazz Band (la big band más joven de Europa y quizá del mundo) y en él ensalzaba la gran labor que Joan está haciendo en la formación de jóvenes intérpretes. La Sant Andreu Jazz Band es una escuela de formación musical y un grupo integrado por jovencísimos músicos, entre 8 y 18 años de edad, que tiene su sede en el barrio de Sant Andreu de Barcelona y que está causando sensación en el mundo entero. Y Joan Chamorro, además de ser el director de esta escuela de música, tiene sus propios grupos de jazz, en algunos casos incorporando intérpretes de la SAJB. Cuando conocí su proyecto fui a ver una de sus actuaciones al Jamboree Jazz Club de Barcelona (28 octubre 2012) y fue entonces cuando escribí y publiqué el artículo mencionado. En aquella ocasión Joan Chamorro presentó a Magalí Datzira, una joven contrabajista y vocalista que posee una voz preciosa. También estuvo Andrea Motis con su trompeta, pero aquella noche en el Jamboree la estrella era Magalí y a ella estuvo dedicado el concierto. De eso ha pasado ya más de un año y en ese tiempo he vuelto a ver a Joan Chamorro y Andrea Motis un par de veces, las dos en la Sala Clamores de Madrid y en ambas con un enorme éxito. Inteligentes los responsables de Clamores al contratarlos.

  

 JoanChamorroQuintet

 Joan Chamorro y Andrea Motis Quintet (Clamores, 8 sep 2013)

  

Escribí algo sobre la trayectoria musical de Joan Chamorro, pero no demasiado sobre Andrea Motis, de la que poco sabía. Andrea Motis nació en Barcelona y empezó a tocar la trompeta a los siete años y a los trece debutó como cantante en la SAJB. La conocí cuando tenía 17 años y ahora, con 18 y las actuaciones que lleva, ha crecido musicalmente y se le nota una mayor soltura en el escenario. Toca la trompeta y los saxos alto y soprano y tiene una maravillosa voz que empezó enamorando al público de Cataluña y que ya ha llegado a otros muchos rincones de España y del mundo, porque Chamorro y Motis no paran de actuar. Y aunque siguen siendo los escenarios catalanes los que más frecuentan, también han actuado en otras provincias españolas y en varios países (Francia, Suiza y Brasil y pronto lo harán en Turquía, Italia e Inglaterra), han grabado tres discos, Joan Chamorro presenta Andrea Motis, Feeling Good y Live at Jamboree, ya están preparando el siguiente y algunos de sus vídeos que hay circulando por Internet han superado las 300.000 reproducciones. La SAJB es una cantera de buenos músicos y habrá que estar pendiente de ellos.

 

He leído en algún sitio comparar su voz con la de Norah Jones y yo siempre digo que las comparaciones son absurdas (además de odiosas), que Andrea no imita a nadie, que siempre le han gustado mucho Billie Holiday y Sarah Vaughan y que de lo que sí se puede hablar es de diferentes estilos y maneras de interpretar y el de Andrea Motis, que está abriendo su carrera musical al ámbito internacional, está más en la línea del de las actuales Norah Jones o Stacey Kent, con una voz íntima y suave, que de otras vocalistas. Aunque esa voz íntima y suave de Andrea tiene también la fuerza y sabiduría suficientes como para interpretar temas con registros diferentes. De nuevo Cataluña nos presenta una estrella del jazz que unir a otras vocalistas catalanas ya consagradas, como Laura Simó, Carme Canela o Silvia Pérez Cruz (que ya pasaron por este blog), con el valor añadido de que además de ser una magnífica cantante y de una gran belleza, como ellas, es también una excelente instrumentista. Seguiré su evolución, porque con su juventud y con lo que hemos visto de ella hasta ahora, se le adivina una gran carrera musical.

  

Andrea Motis se atreve con todo tipo de temas. Con canciones clásicas que hace suyas y nos las devuelve en una personalísima versión llena de sensibilidad, dulzura y encanto con esa voz tan limpia y armoniosa que posee. Cuando la escucho interpretar Feeling Good o My Baby Just Cares For Me, canciones que hemos oído tantas veces a Nina Simone; o algunos temas de su admirada Sarah Vaughan, o Summertime, ese tema de Porgy and Bess que compuso George Gershwin y que han versionado las y los más grandes; o el Desafinado de Tom Jobim o hasta el Hallelujah de Leonard Cohen, pienso que cómo es posible que esta joven que acaba de dejar la adolescencia, haciendo suyos estos temas y tan diferente, me llegue tanto como cuando los he escuchado por algunos de mis intérpretes predilectos. Pero así es. No sé qué parte de "culpa" tiene Joan Chamorro en el éxito que están teniendo, supongo que mucha. Ahora mismo Joan Chamorro y Andrea Motis son dos de las figuras con mayor proyección que hay en el jazz en España.

 

Lo más habitual es que Joan (contrabajo, saxos y en ocasiones voz) y Andrea (voz, trompeta y saxos) estén acompañados en sus actuaciones por Ignasi Terraza al piano, Josep Traver con la guitarra y Esteve Pi a la batería. A los tres ya los vi con Joan y Andrea en otra ocasión, pero especialmente a Ignasi lo llevo siguiendo hace tiempo, porque lleva mucho sobre los escenarios, lo he visto con otras formaciones y me parece un pianista excelente sobre el que habrá que volver. Y así, con esta formación, se presentaron en Clamores el 30 y 31 de enero y el 1 de febrero de 2014. Y para no desaprovechar la oportunidad de verlos y escucharlos me fui a Clamores el jueves 30 y así poder disfrutar de una noche de buen jazz.

  

Su repertorio suele estar basado en temas clásicos, lo que es de agradecer, y estilos variados y así empezaron tocando I cried for you, un tema que ha formado parte de la banda sonora de varios films y que han interpretado, entre otros, Billie Holiday y Sarah Vaughan, dos de las cantantes referentes de Andrea, y continuaron con otro tema que popularizó enormemente Sarah Vaughan, You're not the kind. Un giro con Manha de carnaval, para después seguir con estándares de jazz.

   

 Chamorro Motis 1

 Joan Chamorro y Andrea Motis Quintet (Clamores, 30 enero 2014)

 

Joan, que es un maestro del escenario, con un carácter alegre y un sentido de la vida enormemente positivo, con buen rollo y que maneja a la perfección los tiempos del directo, supo desde el principio cómo conectar con el público madrileño que, por otra parte, estaba deseoso de escucharles.

  

 Chamorro Motis 2

 Joan Chamorro y Andrea Motis (Clamores, 30 enero 2014)

  

Pasaron a la bossa nova con Chega de Saudade, de Tom Jobim y Vinicius de Moraes, y terminaron la primera parte del concierto con My Baby Just Cares For Me, una composición de la era del swing, y que nadie se atrevió a bailar pese a la petición que Joan hizo al público (no había espacio para hacerlo).

 

  

AndreaMotis

 Andrea Motis (Clamores, 30 enero 2014)

  

En el segundo pase hubo más temas clásicos de jazz, como But not for me (siempre hay que incluir algo de George Gershwin), y también un bolero, Bésame mucho, que forma parte del contenido de su segundo disco. Y por allí andaba Magalí Datzira, que les había acompañado a Madrid y que subió al escenario para interpretar con ellos un par de temas. Magalí, una joven promesa de la Sant Andreu Jazz Band de Joan Chamorro.

 

JoanAndreaMagali

 Magalí Datzira con Joan Chamorro y Andrea Motis Quintet (Clamores, 30 enero 2014)

  

Finalizaron su actuación entre aplausos, bravos y peticiones de ¡otra, otra! y yo me quedé pensando ¿serán capaces de irse sin que escuchemos su versión de Feeling Good? Pero faltaba la propina y esa fue. Su interpretación de este famoso tema de los años 60 del siglo pasado, que da nombre a su segundo disco, me resulta de una gran belleza y más aún escuchándoselo en directo. Y es así como quiero terminar este post, con algo que no me cansaré de repetir: id a ver y escuchar música en directo, es otra historia.

 

 

 

 

 

 

Martes 28 de Enero de 2014 22:32

VOX ¿POPULI?

por Juan Pedro Escanilla

La foto dio la vuelta al mundo: Ortega Lara salía del zulo en el que había permanecido secuestrado por ETA durante año y medio con varios kilos menos, barbas de talib y unas gafas más grandes que su cara.

El otro cambio era más sutil, apenas perceptible: Los etarras habían secuestrado a un “pringao”, un funcionario de prisiones sin historia y tirando a gordito, pero en los cuatro metros de su celda había hecho un viaje iniciático del que volvía con el olor de los mártires y los héroes. Ese carisma le permitió convertirse en un icono para las victimas del terrorismo etarra, para la derecha y, en particular, para la derecha más reacia a negociar con ETA.

La relación del PP con las victimas de ETA ha pasado por altos y bajos: Utilizadas sin escrúpulo como ariete contra los gobiernos socialistas,blandos con el terrorismo, eran mas difíciles de manejar cuando el pragmatismo de la función del gobierno imponía al PP un enfoque más allá del meramente policial. Además, la infiltración es mutua, de manera que los desencuentros de unos y otros se traducían necesariamente en conflictos internos más o menos sordos. El propio Ortega Lara, con sus idas y venidas era un ejemplo de ese malestar.

Así que no es de extrañar que en esta atmosfera de fin de régimen en la que unos y otros tratan de posicionarse, se augura el fin del bipartidismo y florecen en todos los campos ideológicos toda clase de aventuras políticas, un sector de ese entramado, con Ortega Lara al frente, haya decidido dar el paso y formar su propio partido político: VOX.

Hasta ahora, una de las peculiaridades del sistema español, a diferencia de otros países europeos, era la inexistencia de un partido (no me refiero a grupúsculos) de extrema derecha. En realidad, ésta estaba incrustada en el PP conviviendo con liberales, conservadores moderados e incluso centristas. Algo que daba una ventaja electoral de salida al PP frente a una izquierda dividida y con unas reglas electorales que perjudican a las minorías.

Que la creación de este partido va contra los intereses de la derecha en su conjunto me parece claro. Sin embargo, lo que más me sorprende no es que el PP sufra una escisión (habrá que ver su alcance) sino por donde ha venido: Creo que es fácil estar de acuerdo en que los dos años de gobierno del PP se han distinguido por un enfoque conservador muy claro que raya la extrema derecha en asuntos como la enseñanza, las libertades públicas o el aborto. De manera que un observador atento se hubiera esperado una escisión mas bien por el lado del centro.

Esto significa que la formación de VOX no se debe a problemas de ideología religiosa, ni al miedo a la pérdida del poder económico de la derecha. Su monotonía es ETA y, por extensión, el país Vasco y Cataluña. A estas alturas de la película, una buena parte de la derecha española, no es que no sepa cómo reaccionar a los problemas territoriales, es que ni siquiera ha asimilado el Estado de las Autonomías.

Es fácil decirse que las elecciones pondrán a cada uno en su sitio. Que otros, de todos los colores, lo han intentado y el férreo sistema electoral les ha negado el pan y la sal. El problema es que las próximas elecciones son las europeas, las mas proporcionales de todas las españolas debido a la circunscripción única. He leído que un sondeo les da unos cuatrocientos mil votos y es probable que la espantá de Mayor Oreja, quien no hace falta que vaya en su lista, le basta con no ir en las del PP, les ceda unos cuantos más.

Así que no será difícil ver a Ortega Lara paseando su aura de Quijote por los pasillos del parlamento europeo.

Lo que me pregunto es ¿de que cuernos va a hablar allí durante cinco años? Porque el programa de VOX cabe en una hoja.

Viernes 17 de Enero de 2014 13:15

World Peace Cookies

por Ana Martínez Arce

Tengo un pequeño problema: al igual que el creador/transcriptor de esta receta tengo la fea manía de bautizar al personal. Debe ser que como soy bastante cotorra y hablo hasta de gente que no conozco, de alguna forma habrá que identificar al personal, digo yo. Por eso le pongo mote A TODO. De hecho me animo, me animo, y acabo poniendo motes hasta a los conocidos. Y la verdad es que a veces más que un problema es una habilidad bastante útil si, como en mi caso, eres un poco mete patas y tienes el don de la oportunidad: hablando en clave, el que está detrás, que se enteraría de lo que estás contando si no utilizases un mote, no se entera de nada, y una puede vivir (y comentar) tranquilamente...

 

Todo esto viene por lo del nombre de estas galletas: en un montón de blogs he visto que las llaman "Korova Cookies" o "World Peace Cookies" porque se supone que si el personal se comiese una al día, (o más de una porque, como dice mi hermana, son viciosas, aunque como diría la madre de una amiga mía, la viciosa no es la galleta, eres tú) no habría guerras en el mundo. Yo no sé si llegar hasta tal extremo, y mira que exagerada también soy un rato. Lo que sí sé es que, a mí, que en general las galletas de chocolate con trozos de chocolate, virutas de chocolate y salsa de chocolate por encima me parecen un poco excesivas, éstas me han gustado mucho. Debe ser la sal que llevan y que le da a todo dulce un toque adictivo y que las ha parido Pierre Hermé, o sea, Dios, en esto de la pastelería. Así que una puede pensar que son la versión fina y afrancesada de las típicas cookies de chocolate americanas. Pero vamos, que hay que probarlas y habrá que hacerlas la próxima vez que haya junta de vecinos para repartirlas y ver si, efectivamente, doman a las fieras, aunque para llevarlas haya que asistir a la junta de vecinos y eso ya me va haciendo menos gracia....

 

 

RECETA: 36 galletas

175gr harina

30gr cacao en polvo

media cucharadita de bicarbonato

150gr mantequilla

120gr azúcar moreno

50gr azúcar

media cucharadita de sal maldon o un cuarto de cucharadita de sal fina

1 cucharadita de extracto de vainilla

150gr chocolate troceado (yo, como siempre, en trozos generosos)

 

1. Tamizar juntos el cacao, la harina y el bicarbonato.

2. Batir la mantequilla hasta que quede en punto de pomada. Añadir los azúcares, la sal y la vainilla y batir durante otros 2 minutos.

3. Añadir la harina y remover hasta que quede incorporada en la mezcla. No conviene batir mucho una vez se añade la harina. Añadir los trozos de chocolate.

4. Hacer rollos con la masa de unos 4cm de diámetro y refrigerar durante al menos 3 horas. Se pueden dejar en la nevera hasta 3 días y congelar hasta 2 meses. En caso de haberlos congelado, no hace falta descongelar los rollos, simplemente se cortan las rodajas y se hornean durante un minuto más.

5. Precalentar el horno a 160ºC.

6. Cortar rodajas de 1-1.5cm de grosor y colocar sobre la bandeja del horno.

7. Hornear durante 12 minutos. Extraer del horno pasado ese tiempo aunque la masa siga estando blanda.

Lunes 13 de Enero de 2014 09:22

Nueva canción seleccionada

por FPP

Para escuchar y descargar las canciones puede pulsar AQUÍ

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Sábado 21 de Diciembre de 2013 18:49

FUNCIONARIOS, POLÍTICOS Y DIRECTIVOS

por Academia

FUNCIONARIOS, POLÍTICOS Y DIRECTIVOS

En los últimos años, proliferan los análisis de quienes destacan la necesidad de poner trabas a la posibilidad de que los altos funcionarios puedan desempeñar puestos de responsabilidad en las Instituciones del Estado, las Comunidades Autónomas o las Entidades locales. Se ha generado un movimiento en contra de que quienes conocen en profundidad  el funcionamiento de las Instituciones públicas, puedan dirigirlas o desempeñar las más altas responsabilidades
Si los partidos políticos que en cada ocasión tienen la mayoría parlamentaria necesaria, consideran la utilidad de que altos funcionarios puedan ser nombrados para los más altos cargos de la organización administrativa, se tratará de una decisión perfectamente legítima y democrática, pues coloca al frente de ella a personas que combinan el saber experto con la confianza exigible por quien tiene la responsabilidad política.
Probablemente por influencia anglosajona, algunos autores, incluso quienes reflexionan sobre la Administración Pública, realizan  tajantes afirmaciones  sobre la posibilidad de que los altos funcionarios se dediquen a la política y luego regresen a sus puestos de trabajo, una vez concluida la etapa de especial responsabilidad. Señalan exactamente:”Los jueces que se dediquen a la política no deberían volver a la judicatura. Lo mismo debería ser de aplicación para los altos funcionarios de las Administraciones Públicas. Todo el mundo tiene derecho a dedicarse a la política pero la salud pública, en versión mujer del césar, exige que no todo el mundo pueda tener derecho a volver a su posición anterior”.
Estas ideas, que parecen más producto de una ocurrencia, que diría el profesor Maravall, son especialmente dañinas para nuestro sistema democrático, para la circulación de las élites y para el funcionamiento eficaz del Estado de derecho. Puede aceptarse que los jueces y fiscales no vuelvan a los mismos juzgados o a los mismos asuntos , pero ¿ y  los registradores de la propiedad, los notarios, los abogados del Estado, los administradores superiores, los diplomáticos, los inspectores financieros, los catedráticos de universidad, los profesores de bachillerato? Repasemos por ejemplo los presidentes del Gobierno español Suárez, (funcionario), Calvo Sotelo , empresario, (del cuerpo de Ingenieros de Caminos),Felipe González, abogado,  Jose María Aznar,( Inspector financiero), José Luis Rodríguez Zapatero ,abogado, Mariano Rajoy, (registrador de la propiedad). Esta proporción se incrementa notablemente entre los Vicepresidentes y Ministros entre los que hay que recordar a Abril Martorell, Francisco Fernández Ordóñez,  Javier Moscoso, Soraya Sáenz de Santamaría, María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba, Pedro Solbes, Cristóbal Montoro.
Por una parte, constatamos que  la profesionalización acusada de los políticos  les aleja de la sociedad y ahí están las encuestas del CIS para recordarlo: Desde junio de 1988 , entre los tres problemas principales que existen en España aquel que se refiere a los políticos, en general, los partidos políticos y la política no ha dejado de ascender :junio  88 (1,6 %)Marzo 2002 (4,6 %)Mayo 2204 (4,8 %) julio de 2008 (6 %) abril de 2009 (8,8 %) Marzo de 2013 (31,4 %)julio de 2013 (27,6 %),septiembre 2013 (28,2 %).Esta situación contrasta con la consideración positiva de los funcionarios públicos , con el funcionamiento eficaz, en general, de los servicios públicos y con la casi absoluta ausencia de casos de corrupción en la que estén implicados funcionarios públicos , seleccionados y formados para cumplir con sus obligaciones de servicio público .
En España, nuestra legislación en materia de función pública contrae con los funcionarios que desempeñan altos cargos alguna obligación y no pocos riesgos. Empecemos por las obligaciones:
•    Para el desempeño de determinados puestos de trabajo, establecidos en la LOFAGE (Ley Orgánica de Organización y funcionamiento de la Administración General del Estado),los puestos de trabajo de Subsecretario, Secretario General Técnico, de Director General (con excepciones) y de subdelegados del gobierno deberán ser desempeñados por funcionarios públicos. En el caso de los Directores Generales, aunque la inmensa mayoría están desempeñados por funcionarios públicos, lo que les dota de una cierta estabilidad, el Consejo de Ministros puede exceptuarlos de la posesión de la condición de funcionarios públicos (cuestión que realiza con frecuencia pero no sin coste cada uno de los Gobiernos). Debería avanzarse, además, en la delimitación del concepto de directivo público, capacitado para el desempeño de los más altos puestos de la Administración: funcionarios públicos los hay de muchos tipos y niveles, pero la preparación, formación  selección adecuada sólo es predicable de algunos.
•    Con cierta frecuencia, el desempeño de puestos de esta naturaleza conlleva que algunos funcionarios puedan incluso disminuir sus retribuciones, lo que añadido al factor riesgo, siempre peligroso según los cánones de la organización burocrática, genera  dificultades a la hora de cubrir determinados puestos de director general.
•    El funcionario público nombrado para un alto cargo pasa a la situación de servicios especiales que le garantiza un reingreso automático, a un puesto de trabajo con retribuciones similares a  las que tenía cuando dejó de prestar servicios en la situación de activo.
Vayamos ahora con las dificultades:
•    Es muy difícil que el alto funcionario que ha desempeñado altos cargos se incorpore a la organización y desempeñe puestos directivos con responsabilidades administrativas. Generalmente, la “mochila”, que no resuelve el problema del regreso de los altos cargos -funcionarios a la Administración, se convierte en un colchón en el que, con frecuencia, se entra en el ostracismo y del que sale con mucha dificultad y el  (en la inmensa mayoría de los casos porque el directivo no puede, bien porque no hay ofertas o porque es rechazada su solicitud, pero en otros casos porque no quiere salir, precisamente por las dificultades que comporta).
•    La “organización”, incluso cuando se trata de personas del propio partido político bajo cuyo mandato se desarrolló la carrera del alto funcionario no confía en él. Lo considera gastado,  anticuado, o simplemente quemado y, por tanto, peligroso. Sin embargo, cualquier análisis de recursos humanos pondría el acento en aprovechar debidamente la experiencia  y conocimientos de quienes han tenido altas responsabilidades, que podrían contribuir precisamente a mejorar la negativa opinión que de la política tienen los españoles.

Como el profesor Baena demostró en su estudio de las élites político-administrativas, para algunas capas de esas élites el desempeño de altos cargos ha supuesto un ascenso social y el paso a la pertenencia de colectivos más privilegiados, pero buena parte de quienes han desempeñado los altos cargos lo han hecho como correlato natural de su carrera profesional .Especialmente desde que la Administración Pública creció exponencialmente a partir de  los años 80, coincidiendo con la expansión del Estado del Bienestar (dado por muerto por el rey Guillermo de Holanda) y la implantación de las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos democráticos, el número de funcionarios públicos que han desempeñado altos cargos es ingente.
Frente a esta situación, nosotros preconizamos una carrera administrativa horizontal y vertical que permita el desempeño de los más altos puestos dentro de la pirámide de las Instituciones, volviendo a puestos de trabajo  en los que pueda aprovechar la Administración Pública racionalmente los conocimientos y experiencias adquiridos. Un Estatuto del directivo es necesario. Un Estatuto que permita el desempeño de altos puestos en la organización administrativa a quienes conocen en profundidad las políticas públicas por su pertenencia a colectivos profesionales especialmente seleccionados y formados y que, posteriormente a su cese, no sean castigados por la organización, sino que se les reconozcan los servicios prestados  y conserven las categorías profesionales adecuadas. Un Estatuto del Directivo que clarifique, dentro de lo posible, los ámbitos de decisión que deben ser exclusivo desempeño del mérito y la capacidad.
Las  ideas que pretenden responsabilizar a los funcionarios de los problemas de nuestro país no tienen justificación científica alguna. Los altos funcionarios en el desempeño de responsabilidades de dirección de las políticas públicas pueden aportar conocimiento experto, honradez y capacidad de gestión pública, que en los Estados desarrollados suponen incrementos de valor que no es muy inteligente despreciar.

DICIEMBRE DE 2013.

Sábado 21 de Diciembre de 2013 18:45

¡LA BUROCRACIA ES LA CULPABLE!

por Academia

¡LA BUROCRACIA ES LA CULPABLE!


Desde hace años, exactamente los mismos  que dejó de estar en la cumbre de la moda del pensamiento Max Weber, cuya importancia y legado nos ha glosado brillantemente Don Julián, la burocracia es culpable de todo.
Al principio, tímidamente, después vilipendiada con ahínco y finalmente quemada en la hoguera, la burocracia es la auténtica culpable de todo lo malo  que nos acontece. Son los burócratas los responsables de prestar servicios públicos a los ciudadanos (siempre tediosos e insuficientes), recaudar impuestos (claramente excesivos), suministrar el carné de identidad (hay que pedir cita previa), proteger a los ciudadanos (con la inseguridad que sufrimos…) o representarlos en el exterior (los diplomáticos siempre están en cócteles). Si de la salud se trata, se nos cuenta que no me operan hasta dentro de un año y si de la educación pública se debate, se constata la última huelga de profesores. Se justifica que  los funcionarios estén en el punto de mira porque en el sentir de los españoles, se afirma, hay un malestar importante con el funcionamiento de las instituciones públicas.  Sin embargo, las encuestas del CIS  expresan lo contrario, puesto que la referencia al funcionamiento de los servicios públicos administrativos está fuera de las encuestas que reflejan las preocupaciones de los españoles.
Pero sigamos: lo realmente importante es lo que fastidian, porque los burócratas son responsables de los terremotos, de la tragedia genocida de los jemeres rojos e incluso de que Casillas no haya sido titular en el Real Madrid. ¿No se lo creen?
Algunos ejemplos tomados de la prensa de las últimas semanas:
•    Con ocasión del fallecimiento de Ieng Sary, ministro de Exteriores de los jemeres rojos (unos tipos responsables de uno de los genocidios mayores de Asia) se plantea la posibilidad de que, como todos los reos que ahora son juzgados, más de cuarenta años después de los hechos que supusieron la muerte de  millones de personas, “muchos temen que sólo éste último (Kieu Samphan) viva lo suficiente para escuchar su veredicto, dada la frondosa burocracia procesal… (EL PAIS; 15 de marzo de 2013).            
•    El periódico El País titula a cuatro columnas: Nuevo seísmo en Lorca: la burocracia.
En su contenido, el artículo relata pormenores de los problemas de los vecinos para la reconstrucción de sus viviendas: algunos están en el paro y sólo cobran 426 euros, otros tiran de sus ahorros que se acaban; dos o tres mil dice el Alcalde, se han marchado de Lorca, otros que no estaban empadronados se quejan de que no les dan nada. Termina el artículo: “Están cansados de la carrera de obstáculos en la que se ha convertido el proceso de reconstrucción. Y de esperar. Sobre todo de esperar.”(19 marzo 2013).         
También en el fútbol la burocracia es culpable: como titula un artículo: Iker, una baja administrativa, Conocida es la desazón de todos los madridistas por la lesión de Casillas y , más tarde, por la negativa de su entrenador a colocarle como titular. Pero, en ese momento, nos enteramos de que Mourinho está descubriendo trucos burocráticos: la burocracia es fría como el aparato del Estado y Mourinho ha establecido un régimen especial para Casillas…Todo depende de un papeleo interno .De lo que el portugués ha dado en llamar como “alta competitiva”, expresión insólita para definir una situación insólita. Ventilado el asunto por este conducto administrativo extraordinario,..(El País 1-4-13).

Por supuesto, cuando en cualquier circunstancia, los ciudadanos deben gastar su tiempo en presentar la documentación correspondiente a cualquier trámite, los culpables son los burócratas, nunca los legisladores que determinan el cumplimiento de los requisitos necesarios para obtener un permiso, licencia o subvención. O los diversos lobbies o grupos de presión que imponen salvaguardas a sus intereses y, en consecuencia, generan autorizaciones sin duda excesivas en algunos casos.
Algunas noticias más:
-La burocracia sindical de CCOO y UGT ha vendido a los trabajadores en los convenios y pactos con la patronal.
-El primer ataúd ecológico español queda sepultado por la burocracia.

Esta responsabilidad viene de antiguo, como dice Marañón refiriéndose a Felipe II:
Este sentimiento de admiración a su padre, y de temor de no poderle superar, es lo que seguramente influyó más hondamente en la actitud de Felipe II como Rey. Por ello fue un monarca esencialmente burocrático y exageró hasta límites absurdos su burocratismo y su sistemática ausencia de los campos de batalla: precisamente porque el padre amado ganó su gloria en la actitud inversa.
Marañón 237.
Un intelectual recientemente desaparecido, Octavio Paz, también contribuye a la buena fama .Dice Paz : trabajo muchas horas en una oficina absurda, con el pomposo título de Director General de Organismos internacionales me pagan muy mal y estoy sujeto a la rutina de un reglamento y a su caprichosa aplicación por remotos burócratas…
-Liquidar la burocracia. La crisis obliga a liquidar las ineficiencias titula  Un artículo de Ian traynor (The guardian).En él hace responsable a la burocracia, entre otras cosas, de que el parlamento europeo funcione 14 semanas al año en Estrasburgo.25 abril 2013.El gran titular reza seis ideas para mejorar Europa : Más democracia, menos burocracia… es una de ellas

Afortunadamente, algún organismo internacional parece ser más realista, como señala el Informe sobre el Desarrollo Humano: Una estrategia de desarrollo del país, sólidas capacidades burocráticas y políticas apropiadas son los elementos esenciales que conjuntamente dan forma al proceso de transformación.

MÁS:

El 15 de mayo, día de san Isidro, aparecía en la prensa la noticia de que en un pueblo madrileño, el Ayuntamiento había decidido arrasar un pequeño huerto de cinco por cinco metros que los padres de los alumnos de un colegio habían plantado, como parte de las actividades educativas. Al parecer no estaban en poder de los permisos municipales; por eso el titular rezaba: Burocracia anti lechuga.

El colofón de esta buena prensa nos lo da una carta al director publicada por el Diario El País (19-5-13) bajo el sugestivo título de: Es hora de romper los huevos: Hace tiempo que el sector privado inició su proceso de optimización de costos y gracias a ello, y a pesar de los despidos que se han producido y de la dramática situación que tales políticas han causado en muchos ciudadanos, muchas empresas pueden seguir subsistiendo y manteniendo ocupada a la plantilla existente. La Administración del Estado se mantiene alejada de practicar esas políticas y los bolsillos del contribuyente sufren  y terminarán por romperse si el Gobierno no es capaz de aliviar la pesada carga que están soportando. Ya va siendo hora de romper los huevos para hacer la tortilla.

Termino ya.  La mala reputación de aquellos que trabajan en las organizaciones públicas y cumplen las normas,  los reglamentos o  las leyes tiene su cumbre en una frase de un teórico del management, DAVID  LILIENTHAL que  escribió:
A medida que los hombres y las organizaciones se preocupan de los papeles, entienden cada vez menos, pierden la percepción de la realidad de los asuntos que deberían ocuparles. El tomar las decisiones a tenor de los papeles ejerce un efecto deshumanizante, y no pocas de las inhumanidades que el hombre comete se explican por esa causa, como han anotado casi todos los grandes observadores de la humanidad”.
•    El tema no estaría completo si no hiciéramos referencia a el esfuerzo en el trabajo de los funcionarios, en este caso alemanes, :
En Alemania, En un email de despedida,
Un funcionario alemán confiesa que 'no hizo nada' durante          catorce años.


Atención señores, tenemos hasta una ciudad para nosotros, dice la prensa: los que describen Bruselas como una ciudad poblada por funcionarios que nadan en privilegios y cuya única tarea consiste en regular hasta el más mínimo detalle la vida cotidiana con solo un requisito: que estas normas no sirvan para nada.
Hay un consuelo. Hasta Galdós al arremeter contra los dos grandes partidos de la restauración acusándoles de que “pasarán unos y otros dejándolo todo como hoy se halla” los hace responsables de que no acometerán ni el problema religioso, ni el económico ni el educativo, no harán más que burocracia pura…”
Hace pocos años, ¿se acuerdan de la reinvención del gobierno?, Osborne y Plastrik (qué habrá sido de ellos?) en un libro titulado La reducción de la burocracia escribieron : la mayoría de los políticos …saben que la burocracia no está funcionando, pero no saben con qué sustituirla. Muchas  de las personas que trabajan en el gobierno también lo saben, puesto que viven dentro del vientre de la bestia.

En fin, señores académicos, esto hay que mejorarlo.

Es evidente que los aquí presentes no estamos de acuerdo con estas afirmaciones, que pensamos como ha relatado brillantemente D Julián Alvarez que la burocracia es necesaria, que la racionalidad de las decisiones que emanan de los componentes de su estructura es beneficiosa. Que el establecimiento de sólidas Administraciones al servicio de los ciudadanos, formadas por personas seleccionadas con arreglo a los criterios de mérito y capacidad y el desarrollo de su trabajo con garantías, constituye uno de los pilares del funcionamiento eficaz del Estado democrático. Como escribieron Weber y Schumpeter,  y Julián Alvarez acaba de recordarnos, la burocracia “ha de ser lo bastante fuerte para guiar, y, si es necesario, para instruir a los políticos que estén a la cabeza de los Ministerios”.
Se cuentan por centenares los autores que han valorado positivamente la labor de los directivos seleccionados con arreglo a procedimientos objetivos y hoy, incluso quienes valoran especialmente la conveniencia de insistir. Valga como ejemplo lo que Gardells y Brueggen indican:” las actuales tribulaciones de la gobernanza en Occidente indican que es precisa una evolución de la democracia en la que se establezcan formas de interacción con elementos meritocráticos como contrapeso a la cultura política de  los grupos de presión y el cortoplacismo de la democracia electoral”.

Por eso, entre otras razones hemos decidido agruparnos. No obstante, no olvidemos que el éxito de esta Academia y los deseos de estar juntos, que los presenten comparten, tienen que ser duraderos porque como decía Goethe:

El entusiasmo no es un producto que se pueda conservar en salmuera durante mucho tiempo.

Muchas gracias.


Francisco Javier Velázquez López
Junio de 2013


EN DEFENSA DE LA BUROCRACIA Y DE LAS ORGANIZACIONES BUROCRATICAS. RELEYENDO A MAX WEBER

Hablar hoy en defensa de la burocracia y de las organizaciones burocráticas puede parecer una provocación o una insensatez si no un anacronismo. Intentaré en los próximos minutos que no parezca ni una cosa ni otra. Para ello voy a retomar las principales tésis de Weber sobre éste tema expuestas en su monumental aunque inacabada obra ECONOMIA Y SOCIEDAD  que tanta influencia ha tenido desde su publicación en 1922 en la Sociología europea y norteamericana.
Para no alargar excesivamente ésta exposición me limitaré a esbozar brevemente un aspecto particular de su sociología política relativo a la dominación política, concretamente al problema de la legitimidad, a las diferentes formas posibles de concebir la relación entre el mando y la obediencia en el ámbito político.
Ninguna dominación, afirma Weber, se contenta con una obediencia que sea sólo sumisión exterior por razones de oportunidad, respeto o temor sino que intenta despertar en los miembros de la comunidad la fé en su legitimidad, es decir, transformar la disciplina en adhesión a la verdad que representa. Weber distingue  tres tipos puros de dominación legítima.
El primero, dominación legal, es de carácter racional y tiene  por fundamento la creencia en la validez de la legalidad de las normas establecidas racionalmente y en la legitimidad de los jefes designados de acuerdo con la ley.

El segundo tipo, dominación tradicional, se basa en la santidad de las tradiciones en vigor y en la legitimidad de quienes ejercen el poder en virtud de la costumbre.

El tercer tipo, dominación carismática, descansa en la sumisión de los miembros del grupo al valor personal de un hombre que se distingue por su santidad, heroismo o ejemplaridad.

La dominación legítima legal-racional se caracteriza por un conjunto de reglas de Derecho que constituye un mundo abstracto de prescripciones técnicas y de normas en el que la justicia consiste en la aplicación de las reglas generales a los casos particulares y la administración tiene por objeto proteger los intereses dentro del marco legal gracias a órganos instituidos al efecto. El propio primer magistrado del Estado ha de respetar el orden impersonal del Derecho mientras que los miembros del grupo, los ciudadanos, solo obedecen igualmente al Derecho. La aplicación de los numerosos reglamentos y normas exige un cuerpo de funcionarios cualificados que no son propietarios de su cargo ni tampoco de los medios de la Administración pero  que están protegidos en el ejercicio de sus funciones por un Estatuto donde se establecen sus derechos y obligaciones.

La forma más típica de la dominación legal-racional es la burocracia que se basa, según Weber, en los siguientes principios.

1) L a existencia de servicios públicos definidos, y por tanto, de competencias rigurosamente determinadas por leyes y reglamentos, de manera que las funciones estén claramente divididas y distribuidas al igual que los poderes de decisión necesarios para la realización de las tareas correspondientes.
2) La protección de los funcionarios en el ejercicio de sus funciones en virtud del Estatuto. En general uno se hace funcionario para toda la vida, y por consiguiente, el servivio al Estado es una profesión principal y no secundaria al lado de otra ocupación
3) La jerarquía de las funciones lo que significa que el sistema administrativo está muy estructurado en servicios subalternos y en puestos de dirección, con posibilidad de apelar desde el procedimiento inferior al superior; dicha estructura es monocrática, no colegiada y manifiesta una fuerte tendencia a la centralización.
4) El ingreso al servicio del Estado se hace por concurso, examen o título lo que exige del candidato una formación especializada.
5) Una remuneración regular del funcionario bajo la forma de sueldo fijo y de una pensión cuando se alcanza la edad de jubilación. La paga se establece en función de la jerarquía interna de la administración y de la importancia de las responsabilidades del funcionario.
6) El derecho que tiene la autoridad de controlar el trabajo de sus subordinados,, eventualmente, mediante la instrucción de expedientes disciplinarios.
7) La posibilidad de ascenso de los funcionarios según criterios objetivos y no a discreción de la autoridad, es decir derecho a una carrera administrativa.
8) La separación completa entre la función y la persona que la realiza ya que ningún funcionario puede ser propietario de su cargo o de los medios de la administración.
Esta caracterización weberiana de la burocracia es, naturalmente, sólo valida en el contexto del Estado moderno del que la burocracia es uno de sus elementos fundamentales y consustanciales. En resumidas cuentas, lo que sostiene Weber es que  las sociedades occidentales, embarcadas en procesos de racionalidad instrumental creen en una legitimidad basada en la racionalidad y en las normas, aceptan a los gobernantes elegidos de acuerdo con dichas normas y obedecen a los productos de los procesos racionales y legalmente establecidos ( o sea, leyes y reglamentos)  y no meramente a las personas que gobiernan. Para Weber, es evidente que el modelo de Administración más congruente con el Estado de Derecho y con la economía de mercado, es un modelo basado en la racionalidad y el respeto a las leyes, es decir, un modelo burocrático profesional.
En línea con la postura weberiana sobre la burocracia Joseph Schumpeter,  en su clásico “CAPITALISMO,  SOCIALISMO Y DEMOCRACIA” señala cómo el gobierno democrático en la sociedad industrial moderna tiene que disponer para el cumplimiento de todos los objetivos incluidos en la esfera de actividad pública, de una burocracia bien capacitada que goce de buena reputación y se apoye en una sólida tradición, dotada de un fuerte sentido del deber y de un “esprit de corps” no menos fuerte. La existencia  de tal burocracia es la mejor respuesta que se puede dar a la objeción del poder ejercido por ¨aficionados”. No basta con que la burocracia sea eficiente en la administración ordinaria y competente para emitir dictámenes sino que, además, debe ser bastante fuerte para guiar y, si es necesario, para instruir a los políticos que estén a la cabeza de los Ministerios. Para poder hacer todo esto, sigue diciendo Schumpeter, la burocracia tiene que estar en situación de desarrollar sus propios principios y ser lo bastante independiente para mantenerlos, es decir, que la burocracia lejos de ser un obstáculo para la democracia es un complemento inevitable de la misma al igual que constituye un completo imprescindible para el desarrollo económico moderno.
Mas recientemente, el profesor Pierre Rosanvallon ha puesto de manifiesto como, a partir de los años 1890-1920, va a producirse un fenómeno que modificará en profundidad los regímenes burocráticos: la formación de un auténtico poder administrativo, de un aparato burocrático que se constituye en una fuerza identificada con la realización del interés general. Los modelos de “servicio público” en Francia y de “administración racional” en los Estados Unidos han ejemplificado las dos corrientes principales que han tratado de alcanzar este objetivo.
Los regímenes democráticos han ido así descansando cada vez más sobre dos pilares: el sufragio universal y la administración pública, ésta última transformándose de una mera correa de transmisión del poder político en una institución dotada de cierta autonomía basada en su competencia. Simultáneamente se han consolidado de forma paralela dos tipos de pruebas para designar a los representantes o intérpretes de la generalidad social: las elecciones y los concursos u “oposiciones”, éstas últimas como sistema de selección objetiva de los más competentes para el desempeño de funciones públicas.
Al lado de la legitimidad derivada de la elección en las urnas surgió pues, una segunda forma de legitimidad democrática, sigue diciendo Rosanvalon, la legitimidad derivada de la identificación con la generalidad social.
Esta visión positiva de la burocracia y de las organizaciones burocráticas-cuya máxima expresión se encuentra en Hegel que consideraba a los funcionarios por sus valores y por su ética como representantes de la corporación de lo universal- lleva décadas declinando por diversas causas entre las que cabe destacar la globalización de los mercados  y los desafíos producidos por la necesidad de incrementar incesantemente la competitividad  y la innovación, desafíos ante los que, según la crítica dominante, la burocracia y su modelo organizacional no ha sabido responder ni en la administraciones públicas ni en las empresas privadas de bienes y servicios.
Como dice el profesor Fernandez Rodriguez en su estudio  preliminar al libro de Paul du Gay “En elogio de la burocracia”, lo cierto es que la salida neoliberal a la actual crisis con la consecuente ola de reformas económicas, recortes de derechos sociales sin precedentes y privatizaciones, ha provocado que administraciones y empresas públicas y, en general, todo lo relacionado con lo público, estén ahora en el punto de mira de los defensores de la desregulación máxima de los mercados, sector éste de lo público que se ha caracterizado por albergar de forma dominante a la burocracia que, como ya hemos apuntado, había sido fundamental para el desarrollo de las instituciones estatales tal como existen hoy día incluyendo al propio capitalismo industrial. Sin embargo, en esta nueva fase financiera del capitalismo parece que la racionalidad y la regulación burocrática representan un freno para la acumulación de beneficios por lo que es necesario darles la espalda.
Este sentimiento antiburocráctico no es nuevo ni se manifiesta de una manera uniforme aunque se haya agudizado en las últimas décadas.
En primer lugar, existe una corriente de crítica a la burocracia y a los burócratas que podríamos calificar de popular o no doctrinal y que se ha expresado a veces en obras literarias de todos conocidas como, por ejemplo, en el famoso “Vuelva usted mañana” de Larra o en la novela “Miau” de Galdós. En Francia es un ejemplo clásico de esta corriente la obra de Courteline “Messieurs les ronds de cuir” aunque quizás la crítica más despiadada de la burocracia y sus procedimientos se encuentre en “El proceso” de Kafka. En  la actualidad, en numerosos artículos de prensa, charlas en medios de comunicación y en conversaciones informales entre amigos y conocidos la burocracia es un término que se asocia a los defectos en que, a veces, incurren las grandes organizaciones, especialmente las del sector público: papeleo, reglamentaciones minuciosas despersonalización de los asuntos y tardanza en la resolución de los mismos.
Aunque a veces estas quejas estén ciertamente basadas en experiencias reales con frecuencia parecen contradecirse entre si. Por un parte, es frecuente que los ciudadanos se quejen de la cantidad de datos que exigen las administraciones públicas al iniciarse cualquier expediente administrativo pero, a la vez, estas mismas personas protestan airadamente si no se puede conocer rápidamente el estado de un expediente que no ha sido registrado y clasificado debidamente por falta de datos. Hace ya tiempo que Peter Blau en su conocida obra ”Burocracia y sociedad moderna” señaló como la información detallada que ofende e  irrita al ciudadano es exactamente el requisito para que una administración funcione de manera eficiente.
De la misma manera se suele criticar el hecho de que las administraciones sigan la norma del precedente en la resolución de asuntos pero se critica igualmente cuando un asunto no se ha resuelto de la misma manera que otro anterior de igual o parecida naturaleza.
Otra crítica usual caracteriza a los funcionarios como personas dedicadas con fruición a la elaboración de normas enrevesadas con el único objeto de complicar la vida de los ciudadanos. No hace mucho tiempo, aquí en España, el Presidente de la C.E.O.E. pedía la disminución del número de funcionarios de los Departamentos ministeriales para que dejaran de dedicarse a la elaboración de proyectos de leyes y reglamentos minuciosos cuyo objeto no es otro que el de dificultar y controlar la actividad de pequeñas y grandes empresas.
Junto a ésta crítica de la alta función pública directiva está muy extendida a nivel popular la caricaturización del funcionario “de ventanilla” como alguien que cuando no está tomando cafés está fuera de su puesto dedicado a gestiones particulares o a hacer la compra diaria en el caso de las mujeres.
Pero junto a ésta crítica popular de la burocracia existen otras de mayor calado teorético o filosófico que consideran a ésta forma de organización como inherentemente poco ética. La burocracia se concibe en estas corrientes críticas como la expresión parcial de una racionalidad instrumental que sólo puede sostener su identidad reprimiendo y marginando –lo emocional, lo personal, lo sexual y así sucesivamente. Desde esta perspectiva, la cultura burocrática estaría basada en una serie de separaciones fundamentales y exclusiones- entre la razón y la emoción, el placer y el deber, lo público y lo privado, etc -que se manifiestan a nivel organizacional en forma de disfunciones acumulativas que la van incapacitando y convirtiendo la conducta racional de la función pública burocrática en algo vacio ética y emocionalmente. Es paradigmática  a este respecto la crítica de Alasdair MacIntyre sobre la figura del gerente o la de Zygmunt Bauman en su ética postmoderna.
En realidad estas posturas asumen que la tesis central de Weber es la creciente racionalización instrumental de todas las esferas de la conducta humana, el rol crucial que desempeña en ello la burocracia y los desfiguramientos éticos y emocionales que ello provoca. De modo similar se presenta a los  burócratas como especialistas sin alma y como autómatas de los reglamentos.  Pero el propio Weber rechaza tratar el carácter impersonal experto, procedimental y jerárquico de la razón burocrática y sus acciones como si éstos fueran no éticos o moralmente insolventes. Por el contrario, Weber deja bastante claro que la burocracia comprende un ethos particular, no sólo un conjunto de fines e ideales dentro de un código dado de conducta sino, además, vías y medios de comportarse o conducirse dentro de un orden de la vida dado. En otras palabras, Weber insiste en que la burocracia debe ser valorada como una institución moral particular propiamente dicha en la que los atributos éticos de la misma deben ser considerados como los logros contingentes y a menudo frágiles de esta esfera socialmente organizada que es la existencia moral.
Los atributos éticos del buen burócrata-adhesión a los procedimientos, aceptación de la obediencia y autoridad, compromiso con los fines de la función pública- no representan, por tanto, un torpe intento de minimizar una concepción completa o amplia de la categoría de persona. Más bien deberían ser contemplados como un logro ético y moral en si mismo. Representan el resultado de unas técnicas y prácticas éticas concretas a través de las cuales los individuos desarrollan las disposiciones y capacidades para comportarse de acuerdo a los valores de la función pública burocrática.
La tercera y última tendencia del sentimiento antiburocrático contemporáneo es, aparentemente, menos abstracta y filosófica que la segunda. Deriva de dos escenarios discursivos bien diferentes: la teoría de la elección pública y el gerencialismo. Existen diferencias obvias entre las dos: la teoría de la elección pública asume que el problema de la burocracia pública es de control y busca medidas a través de las cuales los representantes elegidos puedan poner límites a la autonomía de la burocracia, sometiéndola a un control político más estricto; los gerencialistas, por su parte, problematizan los defectos de la burocracia pública en términos de fracaso a la hora de trabajar como una empresa comercial.
Los problemas de la burocracia pública señalados por esta corriente crítica y las principales soluciones para su reforma han pasado a ser conocidos, colectivamente, como la NUEVA GESTION PUBLICA y mas recientemente como GOBIERNO EMPRESARIAL. De acuerdo con los autores a los que adjudica la acuñación del última término (Osborne y Gaebler) el gobierno empresarial consiste en diez principios esenciales que se unen para reinventar la gestión del sector público y que son los siguientes:
La gestión empresarial:
1. Promueve la competencia entre los proveedores de servicios
2. Capacita y faculta a los ciudadanos para desplazar el control fuera de la burocracia y otorgarlo a la comunidad
3. Se centra en el rendimiento, no en el gasto,
4. Las organizaciones y las personas se guían por misiones y objetivos, no por reglas y regulaciones
5. Redefine a los usuarios como clientes
6. Previene los problemas antes de que se presenten en vez de limitarse a proporcionar servicios con posterioridad
7. Gana dinero, no lo gasta
8. Descentraliza la autoridad por medio de la gestión participativa
9. Prefiere los mecanismos de mercado a los mecanismos burocráticos
10. Cataliza asociaciones entre los sectores público, privado y del voluntariado (sinergias).
Estos diez elementos o principios forman una especie de “lista de la compra” para los gobiernos que buscan la modernización de las burocracias públicas especialmente en los países de la O.C.D.E. La mayoría de los esfuerzos de modernización  han implicado el despliegue simultáneo de algunos de estos elementos clave que, obviamente, actúan de forma significativa. Por ejemplo, el establecimiento de objetivos de rendimiento es útil precursor para el desplazamiento de las condiciones de empleo de los funcionarios hacia contratos temporales y esquemas de pago asociados al rendimiento. En otras palabras, parece que existen buenas razones para considerar  a estos diez elementos o principios como una serie interactiva o sistema. Como señaló en su momento el Ministerio de Hacienda australiano, las diferentes líneas de la reforma no son una coincidencia sino que se refuerzan mutuamente y su naturaleza integrada es crucial para el éxito global de las reformas.
El blanco principal al que la Nueva Gestión Pública dirige su crítica es a la organización impersonal, procedimental, jerárquica y técnica de la burocracia weberiana. El gobierno burocrático es `presentado como el paradigma que fracasó. En una era de cambio constante y profundo se requiere un nuevo paradigma para el sector público si es que dicho sector quiere sobrevivir.  El gobierno empresarial es justamente presentado como ese nuevo paradigma, paradigma que hace referencia a una serie de capacidades y comportamientos que se manifiestan y expresan en las cualidades empresariales tanto de individuos como de colectividades; por ejemplo, la receptividad hacia las necesidades y deseos de los usuarios, un mayor interés hacia el trabajo propio y hacia los fines y objetivos de la organización a la que sirven así como una actitud positiva para aceptar mayores responsabilidades que aseguren un alto nivel de resultados de forma eficiente.
Según estos críticos la cultura burocrática parece hostil al desarrollo de estas capacidades y disposiciones y, por consiguiente, a la producción de personas emprendedoras . El compromiso burocrático con las normas de impersonalidad, neutralidad, objetividad y demás es considerado como la antítesis del cultivo de las diversas competencias empresariales. Lo que realmente asumen estos autores es que todas las organizaciones-sean hospitales, universidades, entes benéficos, bancos o ministerios- necesitarán desarrollar normas o técnicas similares de conducta, iguales a las de las organizaciones empresariales. Como señala Kanter, todas las organizaciones –sean públicas, privadas o de voluntariado- deben alejarse de las garantías burocráticas para adoptar la flexibilidad empresarial si no quieren estancarse cancelando con ello, por incumplimiento, cualesquiera compromisos que hayan adquirido.
Pero, aún admitiendo que puede haber similitudes entre formas de trabajo gerenciales y directivas dentro de las administraciones públicas y las empresas comerciales, existen diferencias significativas entre sus subsistemas de valores por lo que la adopción por parte de los funcionarios públicos de los valores y comportamientos de sus homólogos del sector privado puede ser una opción muy poco deseable. El propio Weber señaló que los valores que gobiernan la conducta  de los burócratas estatales y los que rigen la de los líderes empresariales son intransferibles e insistió en la irreductibilidad de las diferentes esferas de la vida ética y la consecuente necesidad de aplicar diferentes protocolos éticos a cada una de ellas. Cualquier intento de establecer normas de contenido idéntico en los diferentes órdenes de la vida, sea por razones de filosofía o de gestión, sigue diciendo Weber, es un esfuerzo claramente fuera de este mundo.
Estas corrientes antiburocráticas y en defensa de la gestión empresarial han tenido especial impacto en las administraciones británica y norteamericana, pero se han extendido en mayor o menor medida a la mayoría de los países de la O.C.D.E. incluida España.
Para el triunfo de las ideas de estas corrientes de la Nueva Gestión Pública ha tenido especial transcendencia la victoria electoral de Margaret Thatcher en la elecciones británicas de 1979 y la imposición de su agenda neoliberal que repercutió ampliamente el resto de los países occidentales. El neoconservadurismo o neoliberalismo va a dominar los valores y políticas gubernamentales durante la década de los ochenta y generará una influencia duradera en las administraciones posteriores. La retórica neoliberal pretenderá la eliminación de todas aquellas trabas que impiden la libertad de empresa en un escenario de creciente globalización de la economía. Así, de forma progresiva, en los lugares donde se imponga electoralmente (Reino Unido con Thatcher y luego con John Major y EE.UU. con Ronald Reagan y George H.W. Bush) se abandonarán las políticas keynesianas desmantelando buena parte del estado de bienestar a través de la eliminación de ciertos programas sociales y la desregulación de los mercados, incluido el de trabajo. Lo curioso es que en el caso del Reino Unido esta nueva cultura gerencial y antiburocrática fue apenas modificada por Tony Blair y su tercera vía que asumió la mayoría de los criterios empresariales de sus antecesores en el cargo. Lógicamente, el actual gobierno británico basado en una alianza entre conservadores y liberales está profundizando las reformas y convirtiéndose en campeón de los recortes del gasto público, en dura competencia con los gobiernos de Irlanda, Grecia, Portugal y España y, en general los países del sur de Europa. 
En el caso del Reino Unido, aunque ha habido muchos cambios en la administración central durante los años de gobiernos conservadores los más importantes, con diferencia, fueron resultado del programa “Próximos Pasos” (Next Steps) iniciado a partir del denominado Informe Ibbs, Mejorando la Gestión del Gobierno de 1988. Este informe recomienda que muchos de los servicios que tradicionalmente habían sido proporcionados directamente por los ministerios deberían ser transferidos  a Agencia Ejecutivas dirigidas por gestores  no políticos y vinculadas a los ministerios centrales a través de Documentos Marco en los que se especificarían sus tareas, responsabilidades y sus objetivos de rendimiento generales, además de sus competencias en materia presupuestaria y de personal. La aceptación por parte del gobierno conservador de las recomendaciones del Informe inició un cambio en la identidad de la administración pública británica de una enorme trascendencia. Su estructura unitaria fue reemplazada por otra multidivisional, cuasi autónoma con una neta diferenciación entre la esfera política y la gerencial o administrativa. Por encima de todo, el gobierno hizo todo lo posible para fomentar un sentido de responsabilidad e identidad corporativa dentro de cada una de las Agencias Ejecutivas. Se introdujeron políticas de remuneración por rendimiento mientras que entre los puestos directivos y en un número creciente de puestos de gestión los contratos temporales e individualizados se convirtieron en la norma. La competencia abierta por los puestos de trabajo de las Agencias a personas sin la condición previa de funcionarios ha desempeñado también un importante papel en la creación de un sentido de identidad corporativa particular. (Más de un tercio de los directores ejecutivos de las Agencias actuales no proceden de las administraciones públicas).
Como resultado de éstos y otros cambios se está reforzando un tipo particular de identidad empresarial en su orientación, muy diferente de la que tradicionalmente ha estado asociada a la administración pública británica donde los sistemas comunes de reclutamiento, remuneración, y organización junto a pautas comunes de conducta contribuyeron a un poderoso espíritu corporativo y de identificación con la Administración en su conjunto.
Otra consecuencia, quizás la más importante de la aplicación del programa “Próximos Pasos” es, como ya hemos dicho, la acentuación de la separación rígida entre política y administración y el debilitamiento de la responsabilidad individual de los ministros frente al Parlamento, ministros que se responsabilizaban de todo lo que ocurría en su Departamento y de todo aquello que sus funcionarios hacían o dejaban de hacer, lo que facilitaba la imparcialidad y neutralidad política de estos últimos.
Uno de los objetivos centrales del programa Próximos Pasos era el de separar las esferas de influencia y las tareas de políticos y burócratas, convirtiendo a los últimos básicamente en gestores lo que plantea una cuestión crucial por resolver como es la de establecer la línea divisoria entre unas y otras funciones. La línea de separación no está ni puede estar claramente delimitada y está fuera de toda duda que existen implicaciones políticas en el trabajo de los funcionarios a lo largo de toda la cadena  jerárquica, especialmente en sus escalones más altos.
En realidad, esta  separación rígida entre la política y la administración o gestión permite a los ministros desviar en ocasiones su responsabilidad hacia los gestores, hacia los directivos de las Agencias Ejecutivas, alterándose así la posición de los funcionarios públicos que se ven obligados a responder directamente de cuestiones que los ministros definen como operacionales. De esta manera se ha modificado la percepción pública  de su imparcialidad frente a los partidos políticos y, además, han sido utilizados a veces como chivos expiatorios de los ministros que no han estado dispuestos a asumir su responsabilidad cuando las cosas no han ido como deberían.
Otro de los objetivos  del programa “Próximos Pasos” es mostrar como los gobiernos no deberían tolerar obstrucciones burocráticas. Los burócratas deberían estar personalmente comprometidos con el éxito de las políticas del gobierno lo que es incompatible con la obligación del funcionario de proporcionar asesoramiento honesto e imparcial sin miedo ni favoritismo, con independencia de que coincida a no con la visión del ministro.
Los peligros que la exigencia de entusiasmo representa tanto para el ethos burocrático de la responsabilidad como para la imparcialidad y neutralidad respecto de los partidos políticos se extiende además a la expectativa de equidad e imparcialidad en el procedimiento a la hora de tratar distintos casos. En particular, el creciente despliegue de medidas de evaluación y la introducción de remuneraciones basadas en el desempeño suponen una amenaza al espíritu de impersonalidad formal –sin odio ni pasión- que Weber había señalado como características constitutivas de la conducta burocrática. Si ha de ser fiel a su verdadera vocación el auténtico funcionario no debe hacer política sino limitarse a administrar imparcialmente. Lo que le está vedado, dice Weber, es pués, precisamente aquello que siempre y necesariamente es característica de los políticos: parcialidad, lucha y pasión son sus pautas de conducta.
Los defensores del programa “Próximos Pasos” y de las teorías de Nueva Gestión Pública parecen incapaces de imaginar las dificultades que implicaría que la gestión de negocios privados y de los asuntos de la administración pública pudieran realizarse de forma idéntica en todos sus aspectos. La administración pública se diferencia de la gestión empresarial, ante todo, por las restricciones impuestas por parte del entorno político dentro del cual se llevan a cabo los procesos de gestión pública.
El papel de los funcionarios no puede ser definido, de forma exhaustiva, en términos de logro de resultados de forma eficiente: existe, además, el deber de cumplir con los diversos límites existentes sobre la acción de los organismos públicos (derecho administrativo) y de satisfacer los imperativos políticos del servicio público –lealtad a los responsables políticos,  receptividad hacia la opinión pública y el parlamento, sensibilidad frente a la complejidad del interés público, honestidad en la formulación del asesoramiento, etc. Un sistema representativo necesita de funcionarios que actúen como guardianes de los valores en relación a los procedimientos de los que son responsables.
Al definir a la burocracia pública en términos económicos como una forma de organización ineficiente no se tiene en cuenta el rol político y ético crucial que desempeña. Si se reduce el tamaño de la burocracia y se adopta un estilo de gestión más empresarial debemos reconocer que, aunque en el corto plazo pueda mejorar la eficiencia económica, los costes a largo plazo que se deben asumir pueden incluir los de la pérdida de la aversión a la corrupción así como la imparcialidad, probidad y fiabilidad en el tratamiento de distintos casos. Efectivamente, como dice Chapman, la burocracia puede ser más cara que otros tipos de organización pero esto no es una sorpresa: La democracia tampoco es necesariamente, la forma de gobierno más barata.
Lo que está en juego en estas reformas que tratan de convertir a las administraciones públicas en una empresa de negocios no son solo asuntos relacionados con operaciones, costes y respuestas a corto plazo. En última instancia, implica cuestiones de carácter constitucional en cuanto afectan a las bases mismas de la vida política democrática.
Los malos resultados de estas políticas gerencialistas y el incremento de los casos de corrupción condujeron a que en 1994 el primer ministro del Reino Unido creara un comité para la fijación de normas de conducta de la vida pública conocido como Comité Nolan por el nombre de su Presidente. Seis meses después se público el informe titulado “Standards in Public Life” que se ha convertido en un referente mundial para cualquier gobierno interesado en la ética de sus políticos y funcionarios
En el caso de España creo que fue significativo de la influencia en nuestro país de esta nueva corriente de pensamiento organizacional la creación en 1986 del Ministerio de Administraciones Públicas desgajando del de Presidencia las competencias en materia de organización administrativa y personal. En los años siguientes se acentúa progresivamente en España la creación de Entes y Organismos de diversa naturaleza jurídica pero que  tienen en común lo que se ha venido a denominar la “huida del Derecho Administrativo•. Se busca liberar a amplias esferas de la administración de las rigurosas normas procedimentales, presupuestarias y en materia de personal (contratación, remuneraciones, etc). Aunque este proceso se produjo también en la Administración Central ha alcanzado su máximo desarrollo en las Administraciones autonómicas y locales. Es ilustrativo para comprobar la creciente influencia de los principios de la Nueva Gestión  Pública en nuestro país la proliferación  de las llamadas Cartas de Servicios, la utilización del término “cliente” en documentos oficiales, la puesta en práctica en numerosos organismos de la técnica de la Dirección por Objetivos y los intentos de aplicar indiscriminadamente la evaluación del rendimiento y el pago de incentivos en función de la productividad. Junto a ello, especialmente en las Comunidades Autónomas y Entes Locales, la contratación de personal sometido al régimen laboral, en muchos casos sin garantías de la aplicación de los principios de igualdad, mérito, capacidad y publicidad. Me atrevería a decir que el principio de neutralidad de la función  pública se ha puesto en peligro con graves consecuencias para el control del gasto público y, por ende, de la corrupción.
Quisiera dedicar la última parte de esta exposición a hacer una breve referencia a la neutralidad política de los funcionarios en España y las garantías para su efectividad. Creo que lo que garantiza fundamentalmente el respeto a la neutralidad e imparcialidad de los funcionarios en un  régimen democrático es la delimitación de las áreas  de lo específicamente político y lo administrativo dentro del aparato del Estado así como el establecimiento de una carrera administrativa basada en los principios de mérito y capacidad y articulada en base a criterios objetivos y públicos en el área de lo no político. El principio de neutralidad o imparcialidad de los funcionarios tiene actualmente en España rango constitucional. En efecto, el artículo 103.3 de la Constitución recoge, junto a los principios de mérito y capacidad para el acceso a la Función Pública, el de imparcialidad en el ejercicio de las funciones, principios recogidos en la Ley 30/84, de 2 de agosto, de Medidas para la Reforma de la Función Pública, ley ésta que, además, diseña un sistema de carrera administrativa basada en los criterios ya aludidos de objetividad y publicidad. Desafortunadamente una serie de modificaciones legales así como las prácticas administrativas han desvirtuado –al menos parcialmente- los objetivos de la ley a lo largo de los años posteriores a su aprobación.
Bien es verdad que se ha producido un intento de revitalizar la carrera o, mejor dicho, carreras administrativas. con lo aprobación del Estatuto Básico del Empleado Público el 7 de abril del 2007.
El Estatuto me parece particularmente importante para el problema del que hemos tratado a lo largo de los últimos minutos que no es otro que el de la ética del servicio público y el descrédito de la burocracia. El Estatuto Básico en su artículo 52 desarrollado en los siguientes, contiene los principios éticos que deben presidir la conducta de los empleados públicos y que por su importancia transcribo a continuación:
“Los empleados públicos deberán desempeñar con diligencia las tareas que tengan asignadas y velar por los intereses generales con sujeción y observancia de la Constitución y del resto del ordenamiento jurídico y deberán actuar con arreglo a los siguientes principios: objetividad, integridad, neutralidad, responsabilidad, imparcialidad, confidencialidad, dedicación al servicio público, transparencia, ejemplaridad, austeridad accesibilidad, eficacia, honradez, promoción del entorno cultural y medioambiental y respeto a la igualdad entre mujeres y hombres”.
Como vemos, estos principios responden al espíritu de la concepción weberiana del buen burócrata con las naturales adaptaciones al contexto social, cultural y político actual. No cabe, pues, ninguna duda de que, frente a las críticas economicistas de la burocracia y sus valores tradicionales éstos perduran en nuestra Administración, al menos en los textos legales y en la conciencia y en el comportamiento de la mayoría de los funcionarios.
Como colofón quisiera recordar unas palabras de D. Manuel Azaña que en 1923 decía:”es de interés primordial para los españoles el que el Estado acapare, en lo posible, los mejores ingenieros, los mejores médicos, los mejores letrados, disputándoselos a la industria privada y a las profesiones libres. Abaratar la Administración no es criterio admisible, porque mientras siga siendo defectuosa e incapaz, por poco que cueste será cara”.

Autor : Julian Álvarez Álvarez

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