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Miércoles 09 de Mayo de 2018 10:22

Mi debut como Alto Cargo : 6 Años en el Ministerio de Industria y Energía.

por Juan Alarcón Montoya
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Tras la conversación telefónica con Paco Ramos llamé al nuevo Subsecretario de Industria y Energía, que era un economista TAC, Luis Carlos Croissier Batista, que hasta ese momento llevaba la Oficina Presupuestaria de ese Ministerio y que procedente de los movimientos leninistas se había integrado como militante del PSOE, al igual que su cuñado entonces José Borrell Fontelles, ya que ambos estaban casados con dos hermanas francesas. A Croissier le había conocido por teléfono, cuando me llamó meses atrás para consultarme un tema de personal y quedó agradecido y satisfecho con la respuesta.

Cuando le visité en su despacho, me dijo que necesitaban un hombre duro y de confianza para el puesto de Director General de Servicios del Ministerio y que Paco Ramos me había propuesto como el idóneo. Yo le contesté que si por duro se entendía hacer cumplir las leyes ese era yo, pero que si lo que se pretendía era dar patadas en los cojones gratuitamente yo no era el indicado.

A continuación, fuimos a ver al Ministro, el navarro de Tafalla Carlos Solchaga Catalán, que estaba en el proceso de seleccionar a su equipo ministerial y en la sala de espera ví salir de entrevistarse con él al economista del PSOE Julián García Valverde, que tenía grandes pretensiones y se tuvo que conformar con la Vicepresidencia del INI, también al Catedrático de Economía de la Complutense Oscar Fanjul Martín, que al parecer le dijo que no a la S.G.T. , y que al vernos a Luis Carlos y a mí esperando a que nos recibiera Solchaga, se dió la vuelta, regresó y aceptó el puesto.

Carlos Solchaga nos recibió y me dijo : “ A ti te avalan el Subsecretario y Paco Ramos y por eso tienes mi confianza, pero si no funcionas adecuadamente te relevaremos” . Yo le respondí que estaba de acuerdo y que haría todo lo posible para no defraudarles.

Mi nombramiento se aprobó en el 2º Consejo de Ministros del nuevo Gobierno del PSOE, el viernes 15 de diciembre de 1982, y se publicó en el BOE del sábado 16 y ese mismo día empecé a desempeñar mi nuevo y difícil puesto de trabajo.

La gestión en materia de personal en el Ministerio de Industria y Energía había sido caótica y desastrosa, las incompatibilidades eran la norma y como Subdirector de Personal tenía a un veterano TAC, muy buena persona, Francisco Javier Calderón y del Castillo, con el que había hecho amistad al coincidir con él en algún Tribunal de Oposiciones, y al que a petición del Subsecretario pero también por decisión propia tuve que cesar, llamando a Julián Alvarez, que había vuelto a Función Pública como Director General, para que le buscara un acomodo fuera del Ministerio. A Calderón le dolió el cese pero lo comprendió, hasta tal punto, que pocos años después me invitó a su jubilación.

Luis Carlos Croissier, que practicaba una política de clientelismo personal y colocó a todo el personal que había tenido con él en la Oficina Presupuestaria, (Alejandro Pina Barrio, que llegó a Presidente de ENRESA, Mauro Lozano y Federico Soria a los que colocó en el Gabinete del Ministro, y el primero llegó a Director General del Gabinete del Ministro, Pilar Martín Cortés que llegó a Jefa de la Oficina Presupuestaria y después a Directora General) quiso controlar también el área de personal colocando como Subdirector a un economista de la A.I.S.S., Juan Carlos Gonzalo García que estaba con él cuando fue Jefe de la Oficina Presupuestaria y yo me negaba a ello y proponía el nombramiento de un TAC, compañero suyo de promoción, que estaba de Secretario General de la Pequeña y Mediana Industria, nivel 26, José Vicente Nuño Ruiz, a lo que Croissier se negaba pretextando que era muy rígido en la aplicación de las normas, lo cual era cierto.

El resultado fué que, durante un mes, tuve que llevar la Dirección General y la Subdirección de Personal, y era el peor momento de todos, cuando había que instrumentar todas las medidas del cambio al mismo tiempo. Como consecuencia cogí un estrés que me hacía no dormir por las noches y estar al borde del infarto. Hasta tal punto que Solchaga, que debió darse cuenta, hizo que el Servicio Médico del INI me hiciera un chequeo. La situación llegó a tal extremo que, una noche de insomnio y taquicardias, tomé la decisión de que mi vida estaba antes que mi compromiso profesional y político, y que hasta aquí habíamos llegado, que iba a pedir ver a Solchaga y le iba a presentar la dimisión irrevocable. Esa mañana tenía que despachar con Croissier y este, que es muy inteligente, se dió cuenta de que había tomado una decisión sin vuelta atrás y entonces me dijo : “ No estoy de acuerdo con el nombramiento de José Vicente como Subdirector de Personal y te vas a arrepentir, pero allá tu, si quieres proponerlo adelante”. Efectivamente, se nombró a José Vicente Nuño y yo le dije : “ El nombrarte me ha costado estar al borde del infarto, ahora te voy a exigir que te pongas al día en el menor tiempo posible”. Y el esfuerzo que hizo fue tal que estuvo también al borde del infarto y bajó bastantes kilos de peso, que ya no volvió a recuperar, convirtiéndose en uno de los mejores expertos de personal de la Administración Española.

De Jefe de Sección de Régimen de Personal y Retribuciones ejercía un viejo TAC llamado Roberto Villanueva, que era de la escuela de otro famoso en ese ámbito llamado Villalpando, y al que llamaban “ Dios en el Ministerio de Industria”, que tenía más poder que el Ministro y que toleraba las comisiones de servicios cruzadas en los servicios periféricos, en función del interés de las funcionarias afectadas y de los cambios de destino de sus maridos. Al despachar conmigo, por estar vacante la Subdirección, y proponerle realizar unos nombramientos provisionales que quería hacer con carácter inmediato el Ministro, me dijo que eso era ilegal, a lo que yo le repliqué que, en todo caso, sería excepcional pero nunca ilegal y que era la última que le decía a un superior que estaba cometiendo ilegalidades, cuando no era así. Y a partir de ahí no despachó nunca más conmigo y, como podía jubilarse por edad, se jubiló.

Como Oficial Mayor del Ministerio estaba uno de los más veteranos TAC del mismo, Federico Moreno Cumplido, que era todo un caballero y que era un magnifico Preparador de Corredores de Comercio y un gran jurista, con él estaba un compañero mio de Promoción de TAC, Alfonso Sabán Godoy, que lo sabía todo sobre todo, pero que había chocado con Croissier y dejó el Ministerio e ingresó en la Magistratura por el 4º turno, en la especialidad de lo contencioso-administrativo. La especialidad de Federico Moreno era el Servicio de Recursos de donde procedía y donde tenía de Jefe del mismo a Juan Antonio Nuñez-Lagos Moreno, que cuando pasó a nivel 28 y dejó vacante el 26 me hizo tener que convencer, y casi obligar, a una TAC, M.ª del Carmen Pérez de Cabo, que estaba muy cómoda de Jefe de Sección para que lo ocupara y eso la realizó profesionalmente jubilándose, muchos años después, como la Subdirectora indubitada de Recursos del Mº de Industria. En el área económica el Jefe de Servicio era Rafael Pérez Rivero, otro TAC que desarrollaba su trabajo con absoluta eficiencia.

En el área de Obras y Suministros ejercía un aparejador, Adolfo Puente Muñoz, con el que tuve algunas diferencias ya que el Oficial Mayor no lo controlaba adecuadamente y comía todos los días con los contratistas en los restaurantes cercanos. Tendría que haberle cesado y me arrepiento de no haberlo hecho. Como anécdota de su actuación referiré que me pasó una propuesta de traslado del contenido de un local a otro en el sótano por 1 millón de pesetas, realizado por Lorenzana, que era la empresa que realizaba las mudanzas frecuentes de mobiliario en el Ministerio, y al decirle que me parecía muy caro, que pidiera más ofertas, al cabo de una semana me trajo la misma oferta pero por 500.000 pesetas, y al preguntarle como era posible esto, me dijo que porque hacían un boquete en el muro y evitaban tener que utilizar la escalera para el traslado y que la obra sólo costaba 100.000 pesetas. Le dije que de acuerdo y que en futuro pensase en ese tipo de soluciones para evitar el gasto.

Otra de las áreas clave de la Oficialía Mayor era la de Protocolo y esa la llevaba perfectamente una funcionaria de la A.I.S.S. Inmaculada Medina de Lemus, hermana de otro TAC sevillano Manuel Medina de Lemus.

La Seguridad del Ministerio también estaba en el ámbito de la Oficialía Mayor y la dirigía un ex Capitán no sé si del Ejercito o de la Guardia Civil, llamado Salvador Trucharte Armajach que dirigía los servicios de control y seguridad adjudicados a una empresa privada. Aquí también flojeaba el Oficial Mayor y me tocaba intervenir con frecuencia para tomar decisiones en un periodo conflictivo con manifestaciones continuas, consecuencia de la Reconversión Industrial. En una de ellas y como consecuencia de una reunión de los representantes sindicales en el Ministerio, decidieron encerrarse y tuve que ser yo quien, a las 11 de la noche, les conminara a salir porque el Ministerio tenía que cerrarse y, cuando salieron a consultar a los concentrados fuera, no les permití la entrada de nuevo. En otra ocasión le tuve que prestar mi coche oficial al Director General de SIDERO, Eduardo Santos, bestia negra de la Reconversión, para que abandonara el Ministerio sin peligro. Para controlar el fichaje de los funcionarios, instalamos una cámara de video que grababa los relojes de fichaje y un Inspector de Servicios, Joaquín Aguiló, se dedicaba a ver lo grabado y era objeto de las mofas del personal, hasta que murió de un infarto y suprimimos las grabaciones.

También dependía de mí la Informática, a cuyo cargo estaba un almeriense ingeniero industrial Antonio Cano Martin, que hacía la nómina en un viejo ordenador de la JEN de tarjetas perforadas. Aquí introduje medidas radicales: un terminal IBM valía 1 millón de pesetas y otro almeriense, Alberto Sánchez, lo había clonado y lo vendía por 100.000 pesetas; como sólo disponíamos de un presupuesto de 4 millones le compré 40 terminales con los que iniciamos el proceso de informática distribuida, con tal éxito que las auxiliares nos pedían el complemento de informática por utilizarlo, a lo que les respondíamos que les facilitaba el trabajo y deberían ser ellas quienes pagasen por tenerlo. Al cabo de 1 año fiché como Subdirector de Informática a un joven ingeniero de Caminos Tac, Cesar Lanza Suárez, con el que lanzamos un proceso de implantación informática extraordinario y pudimos ya incorporar terminales IBM, que habían bajado de precio y mejorado notablemente sus prestaciones.

Y Solchaga formó su equipo:

De Jefe de su Secretaria nombró al marino mercante José Casas.

De Director de su Gabinete Técnico el economista vasco Claudio Aranzadi Martínez.

De Secretario General Técnico al Catedrático de Economía Oscar Fanjul Martín.

De Subsecretario al TAC “guerrista” Luis Carlos Croissier Batista y dependiendo de él:

De Director General de Servicios a Juan Alarcón Montoya.

De Director General de Industrias Siderometalúrgicas y Navales el economista Eduardo Santos Andrés

De Director General de Industrias Químicas, Textiles y Farmacéuticas al técnico comercial Miguel Angel Feito Hernández.

De Director General de Innovación Industrial y Tecnología al asturiano economista de A.I.S.S y del PSOE, Florencio Ornia Alvarez.

De Director General de la Pequeña y Mediana Industria al TAC economista Luis Escauriaza Ibañez.

De Director General de Electrónica e Informática al ingeniero industrial, ex Alcalde de Mataro con el PSC, Joan Majó Cruzate.

De Secretario General de Energía al economista Martín Gallego Málaga del que dependían:

Como Directora General de Energía la economista Carmen Mestre Vergara, esposa separada de Andrés García de la Riva.

Como Director General de Minas al Ingeniero de Minas Juan Manuel Kindelán, nieto del general Kindelán y casado con Carlota Bustelo.

Con este equipo abordó la ardua tarea de hacer primero un diagnóstico de la situación industrial española, que era totalmente ruinosa, y acometer después sector por sector la necesaria Reconversión, cerrando las industrias no rentables y propiciando las fusiones necesarias para garantizar su viabilidad y todo ello en diálogo permanente con las Centrales Sindicales, que en principio intentaban minimizar los costes sociales de la Reconversión.

A poco más de dos años de ocupar la Dirección General me llamó mi “amigo” Segismundo Crespo, Subsecretario de Trabajo y me dijo que habían creado la D.G. de Personal y quería contar conmigo para el puesto, yo le dije que tenía el compromiso con Industria y no había terminado mi tarea allí y él le comentó, posiblemente al Ministro Almunia, que no aceptaba y me pidió que le diera el nombre de un candidato y yo le dí el nombre de Leandro González Gallardo, un TAC que estaba en Presupuestos, que finalmente fué el nombrado el 21 de junio de 1985.

Solchaga estuvo al frente del Ministerio desde el 1 de diciembre de 1982 hasta el 6 de julio de 1985, fecha en que pasó a ocupar la vacante de Ministro de Economía y Hacienda, motivada por la dimisión irrevocable de Miguel Boyer Salvador, como consecuencia de sus choques con el Vicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra y su frustrada pretensión de ser nombrado Vicepresidente Económico.

Durante ese periodo, el 4 de octubre de 1984, se produjo el relevo de Enrique Moya Francés por Luis Carlos Croissier como Presidente del INI, el gran holding que agrupaba a la casi totalidad de las Empresas Públicas españolas, y quedó vacante la Subsecretaria de Industria. Solchaga decidió nombrar Subsecretario, dándole así muestras de su aprecio al Catedrático que ocupaba la Secretaria General Técnica y le había coordinado el Libro Blanco de la Industria Española Oscar Fanjul. Pero a los pocos días se dio cuenta que había cometido un gran error : no era un hombre adecuado para la gestión y se puso de manifiesto rápidamente.

UGT había denunciado al Subsecretario la presunta prevaricación del Director del Registro de la Propiedad Industrial, un TAC veterano y prestigioso internacionalmente en el mundo de las patentes, Julio Delicado Montero, que tenía una hija contratada en ese Organismo. El Subsecretario cometió el error de recibir directamente, sin contar conmigo como Director Gral. de Servicios, a los representantes sindicales, y el tema se enconó. El Ministro me llamó y me preguntó por el tema y yo le dije que no sabía nada, que el Subsecretario me había dejado al margen y entonces me pidió que asumiera yo el tema y buscara una salida, pero que quería conservar a Julio Delicado como Director. Me reuní con los Sindicatos y me costó Dios y Ayuda reconducir la situación, ya que como habían tocado Subsecretario no querían sentarse con un simple Director General.

Al final el conflicto se resolvió cesando al Secretario General del Registro que era otro TAC granaíno, Luis Padial, de colmillo retorcido, que llevaba en un puño a los sindicalistas del Organismo y que era el responsable de la contratación de la hija de Julio Delicado. Así se salvó este que siguió ejerciendo hasta su jubilación, y que fué, casualmente, sustituido años después por Julián Alvarez, al que precisamente tuve que llamar en esos momentos para que le buscara un acomodo a Luis Padial, que lo encontró en el Ministerio de Obras Públicas.

Carlos Solchaga rectificó pronto el error cometido y el 23 de enero de 1985 propuso el nombramiento de Oscar Fanjul para Presidente del INH, el holding energético Instituto Nacional de Hidrocarburos, del que acababa de dimitir el Presidente del Circulo de Empresarios Claudio Boada para pasar a presidir el Banco Hispano Americano, acompañado por su Vicepresidente Jose María de Amusátegui. O sea que Fanjul estuvo de Subsecretario no llegó a 4 meses.

Tras el cese de Fanjul, Solchaga no se atrevía a desafiar a los guerristas nombrando a Eduardo Santos Andrés, el Director General de Siderometalúrgicas y hombre clave de la Reconversión Industrial, que se había sentido molesto con el ascenso de Fanjul, y consideraba que no tenía el suficiente reconocimiento. Durante ese tiempo yo tenía que despachar directamente con el Ministro y en uno de los despachos le dije que nombrara a quién quisiera que podía contar con mi apoyo. Quizás eso le decidió y el 7 de febrero de 1985 nombró a Eduardo Santos Andrés como Subsecretario y este en mi primer despacho con él me dijo : “Yo de esto no entiendo nada, yo voy a seguir llevando los temas de la Reconversión como Viceministro, tu te ocupas de la gestión del Ministerio y yo voy a firmar lo que tu me propongas, basta con que le pongas una muesca tuya. Ahora eso si, si fallas te ceso automáticamente”. Y así funcionamos durante todo el tiempo que duró su mandato como Subsecretario, él me firmaba sin dudar ni preguntar todo lo que llevaba mi muesca. Y tan sólo en un par de ocasiones me planteó alguna propuesta suya.

Cuando presentó la dimisión Boyer, el 6 de julio de 1985 teníamos una reunión de Comité de Dirección del Ministerio en un edificio del Canal de Isabel II, sito en un pantano de la sierra de Madrid, cuando el Director General de Electrónica e Informática Joan Majó recibió una llamada urgente de Carlos Solchaga desde La Moncloa conminándole a ir allí. Al parecer Felipe le había pedido a Solchaga, esa misma mañana, que asumiera la Cartera de Economía y que le diera ya un nombre para Industria y Solchaga, valorando que fuera del PSOE, catalán y de su confianza, dio el nombre de Joan Majó. Este abandonó la reunión como Director General y regresó al Ministerio como nuevo Ministro de Industria y Energía.

Solchaga se despidió de nosotros pidiéndonos que siguiéramos todos en nuestros puestos y que él sólo se llevaba al Ministerio de Economía a Pepe Casas y a su Director de Gabinete un técnico comercial llamado Luis Sempere Couderc, al que acababa de nombrar para sustituir a Claudio Aranzadi que había pasado a la Vicepresidencia del INI.

Majó solo nombró a su Director de Gabinete, un catalán llamado Enric Homs Martínez, y a su sucesor en la D.G. de Electrónica Jaime Clavell Ymbert. Estábamos los iniciales de Solchaga, más Fernando Maravall que había sustituido como S.G.T. a Oscar Fanjul y José Fernando Sánchez- Junco, que había sustituido a Eduardo Santos como D.G. de Siderometalúrgicas.

Tras las elecciones de 1986, Felipe González hizo una remodelación de su Gobierno y nombró Ministro de Industria y Energía a Luis Carlos Croissier Batista que tomó posesión el 25 de julio de 1986 y dijo que iba a cambiar a todo el equipo menos a mí, a pesar de que en su opinión todo se había hecho mal durante la etapa como Subsecretario de Eduardo Santos. Yo le insistí en que estaba cansado y quería dejar el puesto y él por 3 veces me dijo que tenía que seguir. Nombró como Subsecretario a su vecino de piso, Miguel Angel Feito Hernández, que era la persona con la yo que tenía más amistad del Ministerio. Me alegré y le felicité diciéndole que me tenía a su disposición, pero que, como ya llevaba 4 años en el puesto, estaba un poco aburrido y me gustaría colaborar con él en la preparación de los temas de la Comisión de Subsecretarios.

Durante el año anterior se había aprobado la Relación de Puestos de Trabajo del Ministerio, que fue la 1ª que se aprobó junto a la de Presidencia, tras un muy duro proceso de análisis y valoración de los puestos de trabajo con Elena Salgado como Subdirectora de Retribuciones de Hacienda. Esta era una ingeniero industrial, cuñada de Miguel Martín, Subsecretario de Economía y Hacienda, que estuvo contratada en el IMPI, en el que ejercía como Secretario General Juan Antonio Pagán Lozano, un TAC de la 16 Promoción, que organizó las oposiciones que la convirtieron en funcionaria de la Escala Técnica de Organismos Autónomos del Mº de Industria, y de allí pasó a la D.G. de Costes de Personal y se convirtió, con Borrell de Secretario de Estado de Hacienda, en la instrumentadora inflexible del sistema Hay de análisis y valoración de puestos de trabajo de la Admón. Central española, sobre el que se montaron las Relaciones de Puestos de Trabajo. Su aprobación para el Ministerio de Industria y Energía supuso que los puestos de jefe de Sección, que antes eran de libre nombramiento, pasaron a tener que proveerse por concurso de méritos, restando margen de maniobra para nombramientos y ceses a los Directores Generales, lo que les dificultaba la gestión en una estructura con muy pocos puestos de libre designación y generó un cabreo generalizado.

El mismo día de su toma de posesión Feito me pidió que le explicara detenidamente, comida por medio, los pros y contras de la nueva RPT, cosa que hice con total minuciosidad. A continuación, tuvimos la 1ª reunión del nuevo Comité de Dirección presidido por el Ministro Luis Carlos Croissier y que estaba integrado por nuevos Directores como Fernando Magro, que sustituía a Feito, Julio González Sabat de D.G. de Electrónica, Victor Pérez Pita de Energía, Juan José Cerezuela Bonet de Minas y Subdirectores que habían ascendido como Santiago Eguidazu Mayor a S.G.T. y Mauro Lozano Belda a Director de Gabinete, y abrió la misma Feito que utilizó la información que yo le había facilitado para hacer una crítica total de la RPT y de la gestión realizada. Crítica a la que se sumaron los demás nuevos Directores Generales con la sonrisa de Croissier. Yo quedé tan demudado y estupefacto por la traición de quien yo creía mi mejor amigo dentro del Ministerio que no sabía como reaccionar, ya que cómo presentar la dimisión si ya había intentado rechazar el nombramiento. La situación embarazosa la salvó como siempre Croissier diciendo: “ya está bien, lo que decís es cierto, pero vais a tener que asumirlo y en el futuro es posible que la provisión por concurso llegue hasta los niveles 26, a cambio han mejorado las retribuciones del personal”.

Las relaciones con Feito, que era mi Subsecretario, por mi parte quedaron totalmente cortadas y se limitaron estrictamente al despacho de los asuntos oficiales y a pesar de que el intentaba distender y bromear, se encontró siempre ya con un muro. Así estuvimos los dos años que duró el mandato de Croissier y cuando se produjo su sustitución el 12 de julio de 1988 por Claudio Aranzadi Martínez, que dejaba la Presidencia del INI, Feito que continuaba como Subsecretario me dijo que el Ministro quería sustituirme, a lo que le repliqué que me lo dijera el Ministro.

Y así pasaban los días y seguíamos igual, pero a finales de julio me llamó el Subsecretario de Sanidad y Consumo Jose Luis Fernández Noriega, médico neurocirujano dedicado al sindicalismo, y me dijo que iban a cesar al D. G. de Servicios de Sanidad, que era mi amigo y Tac el granadino Miguel Marañon Barrio, y que querían contar conmigo, yo no le dije que sí ni que no y entonces me llamó el Ministro Julián García Vargas y me hizo la propuesta y yo le dije que estábamos a punto de irnos de vacaciones, que a la vuelta en septiembre hablaríamos.

Cuando pasó agosto, a mi regreso a Madrid la situación seguía igual, así que decidí tomar yo la iniciativa. Llamé a Julián García Vargas y le pregunté si la oferta seguía en pié, a lo que me contestó que fuese a verle ya mismo. Eso hice y me recibió con el Subsecretario que estaba encantado de que yo ocupase el cargo. El nombramiento se produjo el 9 de septiembre de 1988 y así finalicé una etapa de 6 años de mi vida profesional, que fueron de mucha dedicación en los que tuve que poner orden en materia de Recursos Humanos no sólo del Ministerio sino también de sus Organismos Autónomos: IMPI, CEDETI, IGME, Registro de la Propiedad Industrial, CIEMAT, EOI y también en el INI, y de los que los dos últimos años fueron muy incómodos. En la comida que me dieron mis colaboradores destaque que lo que más sentía era dejar el equipo humano que había logrado formar en esos años, entre los que destacaban: Jose Vicente Nuño Ruiz como Subdirector de Personal, Cristina Pena Soto como Oficial Mayor, César Lanza como Subdirector de Tratamiento de la Información, Manuel Pérez Olea como Vocal Asesor y M.ª Carmen Pérez de Cabo como Jefa de Recursos.

El Ministro Aranzadi me felicitó por el cambio de destino y me comunicó que siempre podría contar con el Ministerio de Industria, manteniéndome los dos Consejos de Admón de Empresas del INI que tenía: Bazán e INITEC. Me sustituyó un TAC, Santos Castro Fernández, compañero de promoción de Croissier, que estaba de Secretario General del INI con él y que era mi candidato a sucederme, pero que fué cesando a casi todos mis colaboradores.

Juan Alarcón Montoya

Juan Alarcón Montoya

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