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Lunes 15 de Enero de 2018 19:54

MI ETAPA POLÍTICA ( Primera Parte)

por Juan Alarcón Montoya
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Ya durante la carrera se habían despertado mis inquietudes políticas. Se despertaron con Don Rodrigo, que, a pesar de su ideología falangista, nos enseñó los principios básicos de democracia y ya empecé a asistir a las reuniones que teníamos los viernes por la tarde en la residencia del Marqués de Mondéjar, que era un monárquico de don Juan y tenía un vino fino que contribuía a que el debate sobre política fuese interesante. El coordinador y animador era José Luis Mirete Navarro y se acabaron las tertulias cuando se acabaron las botellas de vino de la reserva que tenía en su residencia el marqués. En esa época también conocí los planteamientos del carlismo representados por Carlos Hugo de Borbón y Parma y que en mi curso de Derecho eran defendidos por Daniel Cáceres Hernández-Ros, que después fué Registrador de la Propiedad. Uno de los líderes del carlismo en Murcia era el cura de San Antolín, en cuya Iglesia saludamos por ese tiempo a Carlos Hugo de Borbón Parma que estuvo de visita en Murcia. También en esos años de carrera era compañero mío un falangista, Joaquín Cortés, que terminó de jurídico militar en Sevilla, y con él asistí un 20 de noviembre a la conmemoración, en la cárcel de Alicante, de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, cuyas Obras Completas había leído en mi infancia, ya que estaban en poder no sé si de mi padre o de mi madre, que en su juventud fue falangista y tenía un sello con el yugo y las flechas, y siempre me pareció que sus ideas, aunque no eran democráticas, sin embargo, sí tenían bastante de sociales.

Otro momento importante de este proceso de concienciación política fué el de mi etapa como Presidente de la Juventud Estudiante Católica, la J.E.C., de Murcia, que se produjo como consecuencia de un retiro espiritual en el Convento de la Luz, en el que al padre Mosquera, que era el que lo daba, le dije que estaba dispuesto a entregarme a Dios, pero que no podía ser sacerdote porque me gustaban mucho las mujeres, a lo que él me respondió que no era necesario para ser un buen cristiano ser sacerdote, sino que se podía ser de otras formas y, a poco de esto, me propuso ocupar la presidencia de la JEC de Murcia, de la que él era consiliario. Fuí Presidente durante un tiempo y en esa etapa me desplacé a Madrid para asistir a un Congreso Nacional de las Juventudes Católicas y allí coincidimos con la separación de la cátedra de Tierno, Aranguren, García Calvo, etc. y al regresar, en una reunión del Comité Provincial de la Acción Católica de Murcia bajo la presidencia de Juan Candela Martínez, que después fue el suegro de Joaquín Almunia, manifesté que había que movilizar a la Universidad, controlada férreamente por aquel entonces por el Rector don Manuel Batlle y por el falangista Luciano de la Calzada, Decano de Filosofía y Letras, ante lo cual Juan Candela manifestó que yo era un elemento peligroso y, poco después, al proponerle al padre Mosquera que me dejara la llave de la residencia para organizar algún baile de confraternización entre la rama masculina y femenina de la JEC, dado que solamente coincidíamos en las misas y retiros, no sólo no me dió la llave sino que me quitó la presidencia.

Por esos años se celebró el referéndum sobre la Ley Orgánica del Estado y publiqué en el diario La Verdad de Murcia un artículo de opinión, el 30 de junio de 1970, titulado: “Ser ciudadano es participar”, en el que defendía la participación pero abogaba por la libertad de votar en contra o de abstenerse y, lógicamente, me abstuve en la votación celebrada en la mesa correspondiente montada en las Escuelas Nuevas de El Palmar, sesión a la que asistió mi padre para intentar protegerme, dado que, a pesar de que la votación era secreta, por los resultados se podía saber lo que había votado cada uno. Y, efectivamente, sólo hubo una abstención, la mía, y tres votos en contra, que eran de los comunistas del pueblo.

Durante esos años de la carrera y al amparo de los propagandistas católicos de la A.C.N. de P., que estaban presididos en Murcia por Antonio Pérez Crespo, que fué después el primer Presidente del Ente Preautonómico Murciano, nos reuníamos unos cuantos jóvenes universitarios para debatir sobre temas intelectuales, económicos y sociales de actualidad y en esas tertulias  participábamos: Juan Antonio Vicent, abogado de Alcantarilla, Mariano García Canales, actual Catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Murcia, José Luis Mirete en la actualidadad Profesor Agregado de Filosofía del Derecho de la Universidad de Murcia, Mari-Carmen Sánchez-Rojas Fenoll que es Profesora Titular de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, Julia Celdrán Ruano, May Bernal de la Cuesta, Jesús Galera, las oriolanas María Antonieta Esquer y Asunción Arias, sobrina de Adolfo Muñoz Alonso, Rector de la Complutense y Consejero del Movimiento, y los aportes de Molina del Segura del Consiliario Antonio Hernández: Joaquín Abellán García, Ramón, Luis Felipe Hernández Lorca y Andrés Hernández Ros, que no era universitario pero que asimilaba con avaricia la información que se ponía en común. A este último, que llegó a ser unos años después el primer presidente de la Comunidad Autónoma Murciana, como tenía antecedentes penales, pues intentó poner una bomba en el pantano de Santomera, Antonio Pérez Crespo lo quiso echar del grupo, pero no lo consiguió, porque todos cerramos filas con él y amenazamos con abandonar las reuniones.

Los días 11 y 12 de diciembre de 1969 tuvieron lugar en Vitoria las III Connivencias de Jóvenes Propagandistas, con el desarrollo de una serie de ponencias: “Juventud y religión”, “Juventud y educación”, “Problema generacional”, Juventud e ideologías”, Juventud e ideologías políticas”, “Juventud y Familia”, “Juventud y amor” y “La realidad universitaria y la Ley de Educación”. El Centro de Murcia presentó la Ponencia “Juventud y familia”, siendo ponentes Joaquín Abellán García, María del Carmen Sánchez-Rojas Fenoll, Julia Celdrán Ruano y May Bernal de Cuesta, y yo con M.ª Antonieta Esquer presenté una ponencia titulada: “Juventud e ideologías políticas”, que fue criticada por el catedrático de la Universidad de Madrid José Manuel González Páramo y que, sin embargo, querían, con algunas modificaciones publicar en el diario Ya, a lo cual me negué y planteé que tenía que ser tal y conforme yo la había escrito.

En l974, cuando estaba haciendo el Curso en la Escuela Nacional de Administración Pública de Alcalá de Henares, me planteé vincularme políticamente para contribuir a realizar el tránsito hacia la democracia en España y a esos efectos pensé en conectar con Ruiz Jiménez, que estaba a la izquierda de la Democracia cristiana, de los Propagandistas y del Opus, y para ello suscribí una acción de Cuadernos para el Diálogo, su revista, de la cual era ya era suscriptor, pero, dado que había conocido en el Curso Selectivo de Alcalá como profesor a Enrique  Barón Crespo, que estaba vinculado a la Unión Sindical Obrera (USO), sindicato de origen católico pero de carácter socialista autogestionario, me fui a verle a su despacho laboralista, ubicado en la calle Doctor Castelo de Madrid, que compartía con Agapito Ramos y con Ramón Muñagorri, y le planteé mis inquietudes, que recibió con el mayor interés, con lo que me vinculé a su organización clandestina Reconstrucción Socialista de Madrid, que estaba integrada en la Federación de Partidos Socialistas (FPS) a nivel del todo el Estado. Una vez allí me convenció para crear en Murcia, con Sebastián Ramayo y Matilde Lorca, el núcleo inicial de Reconstrucción Socialista Murciana, de la cual fui el representante en la ejecutiva de la Federación de Partidos Socialistas.

Durante un largo período de la clandestinidad, años 75, 76 y parte del 77, estuvimos teniendo reuniones de la ejecutiva de la Federación a la que pertenecía junto con otros representantes: de Reconstrucción Socialista de Cataluña, Joan Raventós, Narcís Serra y Ernest Lluch; del País Vasco, con el después Secretario General: Eugenio Royo Errazquin, que fué Consejero de Economía de la Comunidad de Madrid; con los valencianos Vicente y Joan Garcés y Vicent Ventura; con el médico asturiano Pedro Sabando, que fué Subsecretario de Sanidad y Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid; con el aragonés Emilio Gastón que ha sido Justicia Mayor de Aragón; con el mallorquín Antonio Taravini; con el gallego José Manuel Beirás, con los andalucistas Alejandro Rojas Marcos, Cristóbal Montes y Luis Uruñuela, etc.

En 1975, en el ámbito de Murcia, y junto con mis amigos procedentes del Club Crao Juan José González Ruíz, que era Visitador médico y Sebastián Ramayo Verbo, que trabajaba en Hierros Vivanco, había constituido una sociedad anónima, Diógenes Levante S.A., con un capital de 1 millón de pesetas, para contribuir al desarrollo cultural, político y económico de la región de Murcia buscando al hombre nuevo, y de ahí el nombre de Diógenes, que pretendía aglutinar en torno a esta sociedad a las fuerzas renovadoras y emergentes tanto intelectuales como obreras murcianas en base al soporte de una librería y galería de exposiciones que instalamos en la plaza del Cardenal Belluga de Murcia, creando así un cauce de participación alternativo a los escasos y oficiales que había en aquel momento.

Diógenes fue, efectivamente, el punto de encuentro de todas las personas con inquietudes de Murcia, con independencia de su adscripción política. Nacimos estrechamente observados por el régimen, para quien esa unión de universitarios y obreros era peligrosa, pero, paradójicamente, yo, que era el Presidente, ocupaba entonces un puesto de trabajo en la mítica Presidencia del Gobierno de Carrero Blanco, a las órdenes del Coronel Blanco Rodríguez, antiguo Jefe de los Servicios de Información y Director General de Seguridad con Camilo Alonso Vega, y Sebastián Ramayo, mi socio y Gerente de Diógenes, era hijo del Comisario de Policía Ramayo y sobrino de la Diputada en Cortes y Jefa de la Sección Femenina de Murcia Carmen Verbo, con lo que la policía no se atrevía a tomar medidas. Eso sí, estábamos en su ojo de mira.

El objetivo era lograr la máxima participación y para ello contamos con el apoyo de las mujeres de mis socios: Encarnita y Carmen Alarcón Felices, y especialmente de un administrativo de Estrella de Levante, Juan Sabater, que pertenecía a USO y contribuyó a extender la participación mediante la compra de acciones por los trabajadores.

En el verano de 1976, un fin de semana fui a Santander con Alejandra, mi compañera, y el sábado terminamos en Gijón, porque no había plazas hoteleras libres en Santander y habíamos tenido que dormir el viernes en mi Simca 1200 aparcado en la Plaza Mayor de Torrelavega, y en la mañana del domingo leí en la prensa local que a las doce en el polideportivo de Gijón daba el primer mitin en España el Secretario del PSOE: Isidoro (Felipe González) y convencí a Alejandra para que asistiéramos antes de regresar a Madrid. Cuando le oí, le dije a Alejandra: “Ahí hay un líder”.

Juan Alarcón Montoya

Juan Alarcón Montoya

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