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Jueves 12 de Octubre de 2017 10:00

CORREDOR DE FONDO.

por Juan Alarcón Montoya
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Haciendo los cursos de doctorado en la Facultad de Derecho de Murcia tuve que asistir a los Seminarios de las distintas disciplinas para documentarme sobre los trabajos a realizar en las bibliotecas especializadas con que estos contaban. Recuerdo especialmente el de Derecho Civil y los de Derecho Administrativo y de Filosofía del Derecho y Derecho Político a cargo de don Mariano Hurtado Bautista y D. Rodrigo Fernández-Carvajal González, en los que estaban como Profesores adjuntos: D. Juan Candela y D. Angel Garrorena Morales, número uno de su oposición de Técnicos de Administración Civil, cuerpo al que pertenecía en excedencia al igual que D. Rodrigo.

En ese Departamento y en su Seminario trabajaba, contratado como Profesor auxiliar de clases prácticas, un compañero de un curso superior Mariano García Canales, que tuvo que dejarlo por ser hijo de un agricultor de la Daya Vieja en Orihuela, y con la retribución que tenía en ese momento como Profesor Auxiliar no podía mantenerse y tuvo que colocarse en una compañía de seguros.

En ese momento, me propusieron ser contratado en su lugar y yo acepté de inmediato ya que había hecho los cursos de doctorado porque en aquella época no era fácil iniciarse en la abogacía, salvo que tu padre tuviese un bufete, que no era mi caso.

El salario no era mucho, unas 200 pesetas, pero tenía para mis gastos, ya que vivía con mis padres en El Palmar, y el trabajo consistía en atender la biblioteca especializada del departamento, tarea para la que se había contratado también para Filosofía del Derecho a José Luis Mirete, de un curso posterior.

Así, y con la experiencia de Angel Garrorena y de don Rodrigo, inicie la preparación de la oposición al Cuerpo Técnico de la Administración Civil del Estado, para lo cual me venía de perlas el poder contar con la biblioteca del departamento y poder dedicarme a leer sus libros con toda comodidad.

Mi primer Preparador fué Antonio Viñao Frago, Técnico de Administración Civil , destinado en la Dirección provincial de Educación de Murcia y que ha terminado de Catedrático de la Facultad de Ciencias de la Educación de Murcia y siendo uno de los mayores expertos españoles en Historia de la Educación. Posteriormente se hizo cargo de mi preparación Pedro Andujar Naval, también Técnico de Administración Civil que ocupaba el puesto de Secretario de la Delegación de Información y Turismo de Murcia y más tarde fué, ya con UCD, Director Provincial de esa Delegación hasta que fué nombrado Secretario General del Gobierno Civil de Tarragona.

Las primeras oposiciones que firmé fueron las de 1969, que consistían en una redacción sobre un tema de carácter general a elegir entre dos propuestos por el tribunal. Y el segundo ejercicio consistía en exponer en una hora tres temas ante el tribunal elegidos por mi al azar entre 315 temas de derecho administrativo, economía, historia, ciencias políticas y ciencias sociales.

Me desplace en tren a Madrid y me alojé en el Hostal Buelta, cerca de Atocha; y para mi sorpresa aprobé el primer ejercicio, con lo cual un mes después tenía que someterme al segundo ejercicio el de los temas, que no tenía preparados. La encerrona que me pegué y el esfuerzo que hice para leer e intentar memorizar los 315 temas fue tan brutal, que tras el examen que lógicamente no supere, quedé sonado, con pérdidas de memoria y tardé en recuperarme más de un mes.

Si lo hubiese superado pienso que no habría tenido ese deterioro tan acusado.

Lógicamente, continúe como profesor ayudante y preparando las oposiciones y me presenté a la siguiente convocatoria en 1970, y en ésta una ocasión me alojé en el Hotel Dardé, en la calle Libreros, y habían cambiado el formato de la oposición creando las especialidades, lo que supuso reducir el número de temas que había que memorizar, que ya fueron sólo 130, con lo que pude prepararlos mejor.

Supere el primer y segundo ejercicio con buena calificación y en el tercero me defendí como pude, y podría haber aprobado pero uno de los vocales del tribunal Pedro de Miguel, que después se casó con Sussane Jessel, una francesa compañera de la XIV, me hizo una pregunta según él para mejorar mi calificación, que por el contrario me hundió.

Curiosamente, el número uno de esas oposiciones fué Jose Luis Hernández Conesa, un murciano que tenía exentos de la convocatoria anterior los dos primeros, y que en esta había superado la exposición de los temas con la mejor calificación.

Bueno, entonces pensé yo, a la tercera será la vencida. Pero no, en la siguiente convocatoria en 1971, supere como años anteriores el primer y segundo ejercicio, que era un comentario de texto, con buena puntuación, hasta el punto que podía optar a uno de los primeros puestos, pero en el tercer ejercicio, el de la exposición oral de los temas, que se celebró en el salón de actos de la Fábrica de la Moneda, ese día expusimos Miguel Angel “Pío” Albaladejo Campoy de Cartagena que estaba apoyado en el Tribunal por el miembro del Opus Gaspar Ariño, que también me conocía de Murcia, y yo, que estaba apoyado por José Luis Hernández Conesa, el murciano número uno de la anterior, que actuaba como secretario.

Cuando terminamos de exponer, el tribunal se demoró en sacar las calificaciones y se oían las voces de discusión en la sala de espera. Al final, el presidente del tribunal, Blas Zaballos, decidió que ese día no había aprobados, zanjando así la discusión entre los miembros del tribunal de si la exposición de “Pio” era mejor que la mía o viceversa.

Y así regrese a Murcia sin haber sacado ni el número uno ni nada.

Al año siguiente,en el Tribunal repitió Gaspar Ariño y estaba como vocal Juan Junquera González, cuñado de D. Rodrigo, al que este me había recomendado. Superé como siempre los dos primeros ejercicios, y al exponer los temas, y empezar con el primer tema lo inicié confuso y Juan Junquera, que estaba muy atento a mi exposición, se echó las manos a la cabeza y eso me desconcertó y no dí pié con bola hasta el tercer tema, que al tratarse de un tema de derecho político y darme ya por suspenso, lo bordé. Hasta el punto que al terminar me levanté para retirarme, y el presidente del tribunal me pidió que volviese a sentarme porque me iban a preguntar. Pero fue inútil, yo ya me había dado por suspendido. En esa convocatoria Pio sacó el número uno. Al regresar a Murcia, don Rodrigo me planteo que tenía que tomar una decisión: o dedicarme a la oposición o dejarla y preparar la tesis doctoral, de cara a las oposiciones a cátedra.

En esos momentos, el camino de la cátedra eran muy remoto. Angel estaba en ello y no había muchas perspectivas. Y, por otra parte, las retribuciones de los Profesores universitarios no eran para tirar cohetes.

Así que le contesté que, tras cinco años de preparación, no iba a tirar todo por la borda y que mi opción era sacar las oposiciones y contribuir desde la administración a realizar los cambios que eran necesarios en la sociedad española. Y para eso me iba a trasladar a Madrid el próximo curso porque los opositores allí tenían ciertas ventajas respecto a los que concurríamos desde fuera.

El me ofreció su apoyo y la verdad es que no tengo ninguna queja del mismo.

Como había hecho algunos ahorros, a pesar de mi escaso sueldo como profesor ayudante, decidí trasladarme a Madrid y a esos efectos escribí a un conocido, José Luis Pérez Sauquillo, que estaba en Madrid en el Colegio Mayor de postgraduados de la Universidad Complutense Menéndez Pelayo, ubicado en la Ciudad universitaria, para que me avalara y presenté mi solicitud que me fue admitida a reserva de plaza vacante. A principios de octubre se produjo esta y me traladé allí.

Una vez en Madrid, acudí a la Academia Javier de Burgos, especializada en preparar oposiciones a TAC, en ellas había un elenco de Preparadores tales como Mariano López Brikman, etc.

Después me pasé a unos preparadores TAC que trabajaban en Comercio, eran Alberto y un extremeño Paco Hernández Sayans, que era un cachondo integral, y nos dejaba sin clase la mayoría de los días. Hasta el punto que culminanos la preparación nosotros solos. Eramos: Joaquín Morales Hernández, un veterano de la administración contratado en Cultura, cuñado de Juan García Hortelano el novelista y militante del PCE, Jose Luis Centeno Castro y Agustín Miralles de Imperial, un andaluz que no se como acabó preparándose con nosotros, y que fue el único que no aprobó en esa convocatoria, la de 1973, la de la XIV Promoción de TAC.

Se dió la circunstancia de que ese año, entre que hice el Curso de Sociología Política del Instituto de Estudios Políticos, el Curso de Derecho Agrario, mi trabajo por las mañanas como contratado para la realización de un Código de Leyes Agrarias en el Ministerio de Agricultura, mi dispersión era total y fue el año que menos estudie el temario.

El primero y el segundo ejercicio los aprobé como siempre y esta vez me propuse sacar la oposición, aunque fuese en el último puesto. No saqué el último, saqué el penúltimo, el 40 de 41. Por si no aprobaba tenía ya aprobados los dos primeros ejercicios de Secretario de Administración Local de primera, sin ningún esfuerzo especial de preparación y leyéndome tan sólo los temas de administración local dos días antes del exámen y al mismo tiempo tenía firmada la presentación a letrados del IRYDA. Y ahora me he enterado de que había firmado la convocatoria de 13 plazas de Técnicos de la Diputación de Murcia a la que tan sólo estabamos admitidos 7 u 8 opositores.

El tercer ejercicio lo aprobé por lo pelos y el cuarto ejercicio, que se realizaba en Alcalá de Henares en la sede de la Escuela, lo aprobé con el beneplácito de Juan Junquera, que estaba de nuevo en el Tribunal.

Cuando fuí a Murcia pasé por la Universidad a saludar a don Rodrigo, que me felicitó por el aprobado y me dijo: “muy bien, ahora como Angel Garrorena, pida Usted un Negociado en Hacienda de Murcia y a preparar la tesis para la Cátedra”.

Y yo le contesté, algo así como : “me ha costado mucho sacar la oposición, y ahora me voy a dedicar a ejercerla y hacer carrera administrativa, porque creo que puedo hacer más por la Sociedad española”.

Había superado toda una serie de contrariedades, pero mi voluntad había conseguido al fin lograr el objetivo, no tan brillantemente como había imaginado, pero superando todos los obstáculos que se me presentaron.

Juan Alarcón Montoya

Juan Alarcón Montoya

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