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Miércoles 04 de Octubre de 2017 04:48

PRIMER CONTACTO CON EL EXTRANJERO, MI EXPERIENCIA MILITAR Y MIS RECUERDOS DEL COLEGIO MAYOR MENÉNDEZ PELAYO.

por Juan Alarcón Montoya
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Como premio y complemento de formación logré que mi padre al acabar el primer Curso de Derecho me permitiera ir a París a perfeccionar mi francés, dispuesto a trabajar en lo que fuera para costear mi viaje y estancia. Mi padre hizo una gestión para que tuviera trabajo allí y me prestó un dinero y así hice el viaje con un compañero de curso Pedro Poza, que era mi mejor amigo e hijo de D. Francisco Poza, funcionario de la Diputación Provincial de Murcia como mi padre. Llegamos a París y nos alojamos en el Albergue de la Jeneuse de la Place Duplait. El dormitorio era una sala enorme con camas y allí podías comprar por poco precio una baguete de salchichón duro suavizado con mantequilla y una citronada para desayunar. La comida la hacíamos en los comedores Universitarios del Barrio Latino, servida en una bandeja de aluminio con compartimentos para los distintos alimentos, también por un precio módico. Y así estuvimos la primera semana hasta que Pedro consiguió trabajar en la limpieza de una Libreria de Barrio Latino y yo empecé a trabajar en el XVI Arrondisemente de París en una Oficina de una de las principales empresas de Francia dedicada a la construcción de parques y jardines, Entreprise Riousse, ubicada en la Rue Cortambert de Paris, en el XVI Arrondisement. En ella y en la Oficina Técnica me dedicaba a la confección y reproducción de planos para proyectos de diseño y construcción de parques y jardines. Era una empresa muy bien estructurada e incluso contaba con un stayere de la Ena entre su personal. Mi jefe era Monsieur Belin, un francés de grandes mostachos que tenía un Citróen Tiburon y que me cogió estima y un domingo me llevó en su coche a conocer Versalles. Yo conseguí alojamiento no en la Casa de España de la Cité Universitaire sino en la Maison de l'Agriculture, donde habían estudiantes de todos los países, destacando los paquistaníes. Desde allí me desplazaba todos los días en metro hasta la oficina, donde me dieron de alta en la seguridad social francesa con todos los derechos pero también con todos los costes, de tal manera que, cuando acabó julio y tuve que regresar, mi liquidación fué escasa. A mediodía me desplazaba en metro al Barrio Latino y allí junto al Odeón comía un menú a base de carne de caballo con fideos en Le Foyer Saint Genevieve, que era un comedor económico pero menos impersonal que los comedores universitarios. Tras la comida regresaba en metro a la oficina y por la tarde al salir de esta me trasladaba a la Alianza Francesa a recibir clases de francés. Todo un maratón diario. Los fines de semana hacía turismo por París con Pedro Poza. Cuando ya me estaba adaptando tuve que regresar.

En la Alianza Francesa al hacerme el examen de nivel me mandaron al de inicio como si no hubiese estudiado francés en mi vida, a la semana me pasaron al 1º y a las dos semanas al 2º nivel y con poco tiempo más habría obtenido el diploma de conocimiento de la lengua francesa.

Mi régimen de vida, para conseguir devolverle el dinero anticipado a mi padre, fué de gran austeridad y no me permití más que comprar algún libro de 2ª mano en los bouquinistas de las orillas del Sena. De hecho llevé ropa de verano y unas zapatillas cuya suela de goma se desgastó y cuando llovía, y en julio llueve a menudo en París, me calaba y me mojaba los pies. Menos mal que tenía 19 años y podía con todo. Tal fué nuestra austeridad que cuando regresé por tren acompañado por Pedro, paramos en Segovia y al salir de la Estación entramos en una confitería y compramos un papelón de dulces variados y, sentados en un banco, nos los comimos con gula rodeados de perros, a los que no dimos ni una migaja. Tengo una foto tomada en la playa en bañador en la que se me ve como en la vida he vuelto a estar: atlético y delgado.

En tercero de carrera tocaba hacer la IPS pero, cómo había crecido el número de universitarios, ese año decidieron que se hiciera también por los de segundo con lo que el número de candidatos a la IPS fue el doble, lógicamente había que descartar candidatos y por ello extremaron la selección tanto médica como de pruebas físicas. Yo superé todas las pruebas físicas, excepto en el salto del potro en el que roce con el trasero al salir, el Capitán examinador me dió por válido pero el comandante Hueso dijo que había rozado al salir y que quedaba eliminado, con lo cual tuve que esperar a cuarto para, tras hacer un curso de aeromodelismo, poder ingresar como voluntario en aviación con destino en el campo de Alcantarilla, sede dé los zapadores paracaidistas que, junto con los aviadores, fueron nuestros instructores. Entre ellos estaba el Teniente Beltrán que tenía fama de duro y de haber disparado a un soldado que no cumplió una orden y los Sargentos Peinado y Morejón.

El período de instrucción en Alcantarilla duró tres meses, durante los cuales la instrucción fué de tal intensidad que, prácticamente, podíamos habernos lanzado en paracaídas, pero cuando estábamos finalizando se produjo un incidente que tuvo graves consecuencias. Una tarde al regresar de la salida diaria estaba lloviendo y el cabo primero que estaba de guardia nos hizo formar dentro del pabellón, por lo que al formar no con la mano extendida sino con el codo y haber bebido, los del fondo empujaron y cayó al suelo el cabo, que también estaba bebido. Y pareció no pasar nada, hasta que ya dormidos, a las dos de la madrugada el oficial de guardia nos hizo salir a la calle y hacer una serie de ejercicios de castigo.

Al día siguiente y durante tres días nos hicieron hacer ejercicios de castigo con una ambulancia detrás recogiendo a los que iban cayendo. Nos amenazaron con constituir un pelotón de castigo con nosotros y modificaron la normativa para qué los procedentes de aeromodelismo de esa promoción de Alcantarilla, que en principio íbamos a hacer una “mili” de 12 meses al igual que los voluntarios de 18 años que completaban nuestra promoción, demorásemos nuestra licencia 6 meses y medio más.

Al parecer el Capellán también intervino en la valoración de los hechos ya que teníamos un compañero médico de Villajoyosa que no asistía al comedor y que, por sus conocimientos, se pasaba en el Botiquín gran parte de su tiempo y había hecho relación con el Capellán. Un día se encontraron en la Cantina, donde el de Villajoyosa comía diariamente y el Capellán le reprocho que no fuese a comer al comedor como todos sus compañeros y él le contestó que con su dinero comía donde le daba la gana. Esto molestó al Capellán que empezó a hablar de la singularidad de esta recluta y de los universitarios que en esta ocasión éramos muy numerosos.

Terminado el periodo de instrucción nos dieron destino; la mayoría de mis compañeros solicitaron ser asistentes de oficiales porque no tenían que estar en la Base y vestían de paisano, eran los llamados asistentes o “peregila” pero yo decidí no pedir ese destino, que suponía sólo acudir al cuartel para realizar la guardia. Mi padre a través del capitán Martini me consiguió destino en la Oficina de Preparación Aeronáutica ( Oficina de Vuelos) y allí permanecí los 18 meses y medio que duró mi servicio militar. A los tres meses, y tras el periodo de instrucción, teníamos un pase de pernocta que suponía el poder abandonar la base aérea y dormir en casa, a estos efectos mi padre me compró una moto marca Guzi con la que me desplazaba todos los días. Como anécdota recuerdo que no tenía cadena con candado para evitar que me la robaran, simplemente le quitaba la pipa del delco.

En la mili me curtí, deje de llevar camiseta de invierno y de verano y dejé de resfriarme. Aprendí y ejecute todos los vicios : fumar, beber, jugar a las cartas,…..El tiempo pasaba desesperadamente lento en aquella Oficina de Vuelos, donde aproveche para tener mi bautismo del aire, en una vieja avioneta de un mecánico de Algezares, que cuando estábamos a la altura de la Cresta del Gallo apagó el motor para que comprobara la estabilidad de la avioneta. Una insensatez, como lo fue abandonar el servicio para montarme en la avioneta.

Cuando llevábamos 18 meses y a la vista de la demora indefinida en la licencia, y dado que tenía el pasaporte en regla, estaba dispuesto a desertar e irme a Francia. Afortunadamente nos licenciaron a los de aeromodelismo.

Al estar en la Oficina Aeronáutica tenía relación con todos los pilotos de la Base que se iban turnando como Oficiales de Vuelo y me llevaba bien con ellos y ellos agradecían que les facilitásemos su desempeño, ya que se limitaban a firmar las autorizaciones de los Planes de vuelo que les llevábamos al Club de Oficiales, donde realizaban sus guardias. La relación era cordial hasta el punto que unos días antes de que me licenciaran coincidí un Domingo por la mañana en la Plaza de Santo Domingo de Murcia con un Teniente que estaba casado con una hija de Villar, el Concesionario de Renault en Murcia, y como los dos ibamos vestidos de paisano le saludé afectuosamente con un “ Buenos días”, pero al día siguiente lunes él llegó a la Oficina a hacer su guardia acompañado por un brigada y nada más verle supe que algo no iba bien, y efectivamente se dirigió a mí, que me había puesto en posición de firmes para saludarle, y me dijo : “ Lo de ayer no me gustó nada, porque aunque estés licenciado siempre serás un Cabo y yo un Teniente “. A lo que yo estupefacto le contesté: “A la orden, si no manda algo más tengo mucho trabajo”. Que ironías tiene la vida, unos años después, yo tenía la asimilación a General de Brigada, caso de movilización, como Director General, y él no sería ni Comandante.

Cuando tomé la decisión de dejar el puesto de Profesor Ayudante de Clases Prácticas del Departamento de Derecho Político de la Univ. de Murcia y trasladarme a Madrid para optar a las Oposiciones a TAC solicité, no sé si apoyado por D. Rodrigo, plaza en el Colegio Mayor de Postgraduados Menéndez Pelayo, sito en la Avda. Séneca de la Ciudad Universitaria de Madrid.

El Director era un gallego, Luis Sánchez Harguindey Pimentel, cirujano cardiólogo en la Ciudad Sanitaria La Paz, con familia numerosa que vivía en el ático del edificio del colegio Mayor, que estaba en Avenida Séneca de la Ciudad Universitaria, con muy buenas relaciones con el régimen, que fué Subsecretario del Mº del Interior durante el 23 F y el subdirector era un totanero, Alejandro Lorca Tudela Licenciado en Derecho, director de una oficina de Banca Catalana en Madrid. La administradora y ama de llaves creo que se llamaba Mari-Luz.

Fuí admitido en la Pelaya como la llamábamos los colegiales y mi primer compañero de habitación fué Manuel otro gallego anestesiólogo, el segundo el malagueño Juan Pérez-Lanzac veterinario, el tercero el alicantino David Beltrá Esteve que preparaba Inspectores de Trabajo y el cuarto Cayetano Estébanez Estébanez Doctor en Filosofía por la Universidad de Salamanca con una Tesis sobre Fray Luis de León, que daba clase de Inglés en Toledo y terminó de Profesor de Ingles en la Universidad de Valladolid, donde vive con María Jesús, matrona de profesión y su numerosa prole.

La mayoría de los colegiales éramos opositores y compartíamos habitaciones, excepto los más veteranos:

A Abogados del Estado opositaban: Jesús Zueco, Antonio Rodriguez Berrocal, Juan Antonio Romero y el Autillo.

A Notarias y Registros : Manuel Rodriguez Berrocal y otro de Totana

A Catedráticos: de Farmacologia de la Univ. De Valladolid Alfonso Velasco; de Veterinaria y ahora en Murcia Pedro Alfonso Ponce.

A TAC : Gregorio Pérez Sauquillo, valenciano, que ingresó mucho después como técnico en el Ministerio de Transportes y yo.

Un murciano, Dario Valcarcel que era jefe de Personal de TVE.

Un extremeño, Gonzalo Guzmán Castaños, que trabajaba en la AECI.

Pedro Damas Rico un fascista de Renfe y su hermano Eloy que era Veterinario,

Un cantabro, Miguel Angel Mateo que preparaba Judicatura.

Dos Ingenieros aeronáuticos : Andres Alario Villán, que fué Directivo de AENA y Angel García San Román, que fue Director del Instituto Nacional.

Un físico, Javier Gutiérrez Monreal.

Antonio Gómez que sacó Técnico Comercial del Estado

De veterinaria :

Juan Pérez Lanzac, malagueño casado con una cordobesa, creo que se llamaba Carmen Martos y que se fueron a Bruxelas y regresaron para celebrar sus 40 años de matrimonio, Bodas de Plata, ya jubilados, en las Bodegas Campos de Córdoba, celebración a la que asistimos Alejandra y yo, que había asistido a su boda y banquete en el Circulo de Labradores de Córdoba en 1975, y que acaba de fallecer en 2017.

Rafael Castejón, hijo del Rector de la Univ. De Córdoba y otro cordobés Muriel

Residían otros dos murcianos : Juan Serrano físico nuclear de la JEN y un Profesor de Lengua Juan Aracil

A Madrid llevé una carta de recomendación de Ramón Luis Pascual de Riquelme, Presidente de la Diputación Provincial de Murcia y compañero de estudios en los Maristas de mi padre, dirigida al Jefe del Gabinete Técnico del entonces (1973) Ministro de Agricultura Tomás Allende y García Baxter que mi padre se empeñó en que llevara. Y con ella me presente en el despacho que este sindicalista fascistón tenía en el antiguo Palacio de Fomento, me recibió y tras leer la carta me dijo que las oposiciones a TAC no las iba a sacar pero que podía aprobar, con su apoyo naturalmente, unas oposiciones que se iban a convocar a Letrados del IRYDA , que volviese en su momento. Salí de la entrevista con un cabreo enorme y me prometí no volver a verle en la vida y llamé a mi padre indignado diciéndole que no me enviase nunca más a entrevistas con semejantes fascistas y mafiosos, que ya me las ventilaría por mi cuenta pero que no estaba dispuesto a vender mi independencia por un plato de lentejas podridas.

Distinta fué otra gestión con una carta de recomendación que llevaba de D. Rodrigo a Pedro Farias García, Profesor de Formación del Espíritu Nacional y falangista casado con Mercedes, la hija mayor del Rector de la Universidad de Murcia Manuel Batlle, y que en aquel momento ocupaba un puesto directivo en la Secretaria General del Movimiento de la C/ Alcalá de Madrid. Enterado de mis propósitos y de mi estancia en Madrid para intentar sacar la oposición, me propuso solicitar una beca para un Curso de 2 años de Sociología Política en el Instituto de Estudios Políticos sito en la Plaza de la Marina Española, sede del antiguo Senado de España, en el que con su aval fuí admitido.

Allí tuve durante los dos años que duró el Curso a Profesores tales como : Luis González Seara, Jesús Fueyo Alvarez, Luis Legaz Lacambra, Salustiano del Campo Urbano, José Jiménez Blanco, Adolfo Muñoz Alonso, Manuel Alonso Olea, Juan Velarde Fuertes, Román Perpiña Grau, Francisco Murillo Ferrol, Cruz Martinez Esteruelas, Tomás Mestre Vives, Jose Manuel Paredes Grosso, José Bugeda Sanchiz y el bigotudo e impresentable Juan Diez Nicolás, con el que tuvimos un incidente porque quería que diésemos nosotros la clases y, como nos opusimos radicalmente, dejó de darlas y nos exigió trabajos como exámen.

Y como compañeros tuve a Jose Carlos Mainer, el mayor experto actual en Literatura española; Jose Ignacio Wert, que llegó a Ministro de Educación con el PP; Francisco J. Vanaclocha Bellver, que fué Catedrático de Ciencia Política de la Universidad Carlos III y su novia entonces Luisa; Javier Pascual Casado, Tac como yo; Alfonso Fernandez Miranda, Catedrático de D. Político de la Univ. de Madrid; un coronel asturiano monárquico a tope llamado Portillo; Prudencio García Martínez, de la UMD, consultor de N.U.; Maria Jesús Cañellas, documentalista de TVE,...

Juan Alarcón Montoya

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