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Martes 14 de Febrero de 2017 07:51

9. Del arrabal y los prostíbulos, al conventillo

por María Mirna Rugnon Paiva
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Con el paso del tiempo, el tango se va transformando, influye también el hecho de que con el crecimiento de las ciudades, y al empezar a desarrollarse la industrialización[1], aquellos sectores del Bajo, deben desocuparse para darle paso a la instalación de industrias; entonces los centros nocturnos se trasladaron de las orillas al centro.


 

Figura  Hasta diciembre de 1978, el conventillo de Medio Mundo —ubicado en la calle Cuareim 1080, en pleno barrio Sur de Montevideo— fue uno de los núcleos más importantes de la cultura afrouruguaya.

Esta danza, que en un principio era propia de los burdeles y sitios cercanos del puerto, fue llegando poco a poco a los conventillos, edificios muy grandes, a veces de dos pisos, destinados al inquilinato, donde se alojaban tanto criollos como emigrantes.

Los conventillos eran unas construcciones donde mucha gente compartía un edificio, acá cada familia o cada persona tenía una sola una pieza, pero, al mismo tiempo había una solidaridad entre todos; de allí, que había, en el mismo edificio, zonas comunes, para todos los inquilinos, por ejemplo, un patio grande en el medio, que servía para lavar ropa o para desarrollar actividades en común, en este lugar también se hacían reuniones de trabajo o festejos, y, en ocasiones se organizaban bailes con música de tango.

Existió un conventillo muy famoso en Montevideo llamado “Medio Mundo”, que ya desapareció. Carlos Gardel vivió allí entre 1890-1892, en su niñez, después de haber llegado desde Tacuarembó, en compañía de Berta Gardes. En ese entonces el futuro artista, permaneció bajo el cuidado de María, una sobrina de Escayola que vivía en el conventillo y una francesa Anais Beaux con su compañero Francisco Muniz. En la época en que la francesa Berta Gardes viajó a Toulouse a tener un hijo suyo, quien se llamaría Charles Romualdo. Acompañada de su hijo volvió a Uruguay a reunirse con su amiga Anais, su esposo y Carlitos. De ello deriva que, más adelante se trataría de hacer pasar al francesito, como que fuera Carlitos, es decir se intentó hacer creer que era un solo niño.

Continuando con el tema de la trayectoria de esa danza, esta empezó a difundirse y se dio a conocer más allá de los arrabales. Aparecieron así en Montevideo las academias, lugares para todo tipo de público, similares a los galpones, donde se bailaba y se daban clases, para aprender esa danza con mujeres “profesionales“ que cobraban por ese trabajo. Había hombres encargados de vigilar esos sitios, que se llamaban “los bastoneros”. En algunos sitios, se podía beber alternando con las “coperas”.





[1] Se inició en Uruguay hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, lo cual contribuyó a un mayor desarrollo y crecimiento de la vida en la ciudad. Surge la clase trabajadora.

 

María Mirna Rugnon Paiva

María Mirna Rugnon Paiva

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