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Jueves 20 de Febrero de 2014 08:01

9-Las Monedas Napoleónicas y su expresión en España

por Ernesto Gutiérrez Guinea
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El siglo XVIII fue en Europa una época de estabilidad monetaria en sus líneas generales. A lo largo del siglo XVI se habían ido asentando en los diferentes países europeos, en especial  en los occidentales, sistemas monetarios basados en la concesión por parte de los estados nacionales de privilegios de emisión de moneda a diferentes establecimientos radicados en las ciudades de mayor importancia de cada país. Estos establecimientos o Casas de Moneda generalmente marcaban con alguna inicial las monedas que emitían, así como empleaban signos específicos para que pudieran ser identificados los responsables de ensayar la aleación metálica cuando está tenia contenido en metal precioso: oro o plata. Los sistemas monetarios eran, casi sin excepción, bimetálicos, reservándose en oro para la acuñación de las mayores denominaciones, la plata para las intermedias, y el cobre, puro o aleado con el estaño (bronce) para las menores, dirigidas a soportar las pequeñas transacciones.

El diseño de las monedas era impuesto mediante disposiciones legales emanadas de la autoridad central, que en el absolutismo de la época radicaba en el monarca, aunque la ejerciera a través de sus secretarios o jefes de su burocracia. También, el peso y la ley de las aleaciones a emplear en las monedas, se fijaba con  medida escrupulosidad, en estas mismas disposiciones. Operaran bajo directa administración real o en régimen de concesión a un particular, las Casas de Moneda aceptaban la entrega de metal precioso en forma de objetos de plata u oro (usualmente vajillas) en lingotes o en moneda fuera de circulación, para una vez fundido todo el metal, calculada la proporción en oro y plata por los ensayadores, y vuelta a acuñar de acuerdo con las regulaciones legales, devolverla en forma de moneda con los diseños, peso y ley autorizados, a quienes habían entregado la plata, reteniendo una cantidad proporcional al metal manejado, para sufragar los gastos de emisión, fijados por los reyes, normalmente regulada por las ordenanzas que gobernaban el funcionamiento de las Casas de Moneda.

El siglo XVII es un periodo en el que este sistema se consolida, generalizándose la emisión de moneda gruesa de plata (con peso de 30 a 25 gramos y ley de 850 a 950 milésimas) y sus divisores, siendo éste el tipo de moneda emitida en mayor cantidad en países como Francia (Ecus) o España (8 Reales), mientras que en otros como Inglaterra, la emisión de moneda gruesa (Coronas) era la excepción, cediendo el paso a la utilización de moneda pequeña de plata, reservándose al oro, el papel de medio de pago para las transacciones de cierta importancia. Estas prácticas, con una autoridad central que regulaba y múltiples Cecas que emitían la moneda no se llegó a generalizar en territorios como Alemania, Italia o Flandes, que carecían de un poder centralizado, quedando la soberanía dispersa entre diversos principados, ducados o ciudades episcopales que se regían en el aspecto monetario por sus propias disposiciones, aunque desde el punto de vista político existiera un cierto reconocimiento a poderes supranacionales como pudieran ser el Sacro Imperio Romano Germánico o el Papado.

En este sentido el siglo siguiente, el XVIII, fue una continuación de los dos anteriores, incorporándose a los mencionados métodos de emisión monetaria otros países europeos de gran significación por su población y territorio, como Rusia e incluso Turquía, que en este siglo aún retenía bajo su control una parte importante del área europea, como eran los Balcanes. Así en Rusia desde el comienzo del siglo se comenzaron a emitir Rublos bajo Pedro I, de acuerdo como patrones semejantes a los seguidos por los países mas occidentales. También en el Imperio Turco se emitieron las piastras, grandes piezas de plata reflejando siempre frases del Corán y datadas en función de los años transcurridos desde que había empezado el reinado de cada Califa. También los estados italianos y alemanes se sumaron al movimiento internacional de circulación de las monedas, a través de diferentes acuerdos de unión aduanera, y en alguno caso monetaria, que simplificaron en alguna medida, el gran problema de los cambios, lo que entorpecía el comercio y dificultaba el desarrollo.

Es de todos conocido el impacto que tuvo en nuestra vida social y cultura política el súbito estallido de la llamada Revolución Francesa en 1789 que con su secuela del Régimen Napoleónico, en un espacio de 25 años llegó a transformar totalmente el “modus vivendi” europeo e iberoamericano, con el prologo que había supuesto la revolución inglesa de 1688 con el derrocamiento de los Estuardos y la independencia de los Estados Unidos, y el epílogo constituido por las revoluciones liberales de 1830 y 1848 en Europa. La sociedad estamental, basada en el privilegio de la sangre, surgida en la Edad Media con el Feudalismo, había perdurado dentro de unos estados nacionales que consolidaron el estatus de la nobleza y del clero, hasta que fue derrumbada a instancias de una nueva clase social, la burguesía, primero en Francia y luego en casi toda Europa, que impondría en el siglo XIX los regímenes liberales, hoy consustanciales con todas las democracias occidentales.

El impacto de este brusco vuelco de las estructuras políticas, económicas y sociales en Europa, tuvo unas consecuencias significativas y perdurables en los sistemas monetarios de los distintos países y, a través de ellos, en la numismática europea. El punto focal de este impacto fue la creación del llamado Franco de Germinal (en alusión al mes del año IV de la Revolución, en el que nació). Esta unidad monetaria rompió con todo los patrones que había seguido Francia en los dos siglos anteriores, en cuanto al peso y ley a emplear en la emisión de sus monedas. El Franco se definió como una moneda de plata con 900 milésimas de ley y un peso de 5 gramos. Proporcionalmente, tal como se había procedido con la implantación del llamado Sistema Métrico Decimal, para los pesos y medidas, se estableció el curso de  monedas de múltiplos del Franco en forma de monedas de plata de 2 y 5 Francos (con la misma ley y peso incrementado proporcionalmente) y de oro 5,20, 50 y 100 Francos, así como submúltiplos de 50 y 25 céntimos de Franco, mientras que en bronce, deberían acuñarse monedas de 1, 2, 5 y 10 céntimos de Franco.

Los convulsos tiempos que siguieron al triunfo de la Revolución, con prácticamente toda Europa enfrentada a Francia tratando de restaurar a los Borbones en el trono, impidieron que se materializaran todas las previsiones respecto a la implantación del sistema monetario decimal. Así, la única moneda acuñada denominada en francos, fue la de 5 Francos, con 25 gramos de peso y ley de 900 milésimas de plata, con el trío representativo de la divisa revolucionaria de Libertad Igualdad y Fraternidad, según diseño de Dupré en el anverso, bajo  la leyenda Unión et Force, que se emitió desde el año IV de la Revolución hasta el año XI. Paralelamente, en los territorios que comenzaban a ser ocupados por las triunfantes tropas francesas mas allá de la metrópoli, bajo el mando, primero, del Directorio y después, del de Napoleón como Primer Cónsul de la Revolución, se comenzó a acuñar moneda con las mismas características de las francesas de 5 Francos, en la línea de los operado en la llamada República Cisalpina en el norte de Italia de donde habían sido expulsados los austriacos.

Será en los años posteriores, cuando bajo el dominio de Napoleón, primero como Primer Cónsul, y después como Emperador de los Franceses, cuando el sistema monetario diseñado por la Revolución se implantó no solo en Francia, sino también en todo el territorio Europeo sometido por sus tropas. Esta influencia francesa en los sistemas monetarios europeos no operó únicamente en una dirección sino que se desarrolló en dos sentidos diferentes. En algunos países como Holanda (donde se acuñaron monedas de 5 Francos en Utrecht) o Italia (donde se procedió de igual manera en la Ceca de Roma) se utilizaron las existentes Casas de Moneda para emitir piezas idénticas a las francesas (sistema del Franco) en la misma forma en que los hacían las Cecas provinciales metropolitanas (todas ellas con la efigie de Napoleón, coronado o no coronado). Sin embargo, en otros países como en las emisiones del Reino de Italia, se acuñaron monedas con la métrica francesa, pero denominadas en la unidad monetaria de cada país: en este caso la Lira. También, en los momentos en que la dominación francesa quedó asentada en gran parte de Europa, y Napoleón comenzó el reparto de Reinos hacia los miembros de su familia, las iniciales emisiones con la efigie de éstos, denominadas en Francos, cedieron paso a emisiones con estas mismas características, pero denominadas en la moneda nacional, como fue el caso de las monedas de Luis Napoleón de 40 Stuivers en Holanda, de 5 Francos de Jerónimo de Napoleón en Westfalia, de 5 Liras de Murat en Nápoles después de 1812, o de Elisa Bonaparte y su marido en Lucca.

En otros países dominados, total o parcialmente, por Francia, durante la época napoleónica se continuó emitiendo el mismo tipo de piezas tradicionales en las denominaciones acostumbradas, con la misma métrica anterior, si bien reflejando en el anverso de las monedas, la efigie de los nuevos soberanos (normalmente miembros de la familia del emperador). Éste fue el caso de José Napoleón que primero como rey de Nápoles emitió moneda con su efigie con Piastras de 120 Grani y después como Rey de España desde 1808, acuñó moneda de 8 Reales de Plata o de 20 Reales de Vellón con el mismo peso y ley que los de las monedas de 8 Reales de los anteriores reyes de la Casa de Borbón. Esta situación se mantuvo, con diferentes avatares, debido al cambiante curso de la llamada Guerra de la Independencia por los españoles y Guerra Peninsular por los británicos, hasta 1813, año en el que las derrotadas tropas francesas hubieron de abandonar el territorio nacional tras la firma del tratado de Valencay el 13 de diciembre de ese año.

Así, las monedas españolas a nombre de José Napoleón, como las que se muestran en ésta y en la próxima entrada, no constituyen un paréntesis en la historia numismática española, sino que siguen una línea de continuidad, en cuanto a su métrica, con la emisiones anteriores a nombre de Carlos III y Carlos IV, y las coetáneas y posteriores acuñadas a nombre de Fernando VII bajo cuyo auspicio y efigie se continuó emitiendo moneda en la zona peninsular dominada por ejercito hispano británico, así como en las colonias americanas. Las emisiones de moneda a nombre de José Napoleón se limitaron a las efectuadas a las Cecas de Madrid y Sevilla en cuanto a la plata, a la de Madrid para las de oro y a la de Segovia para los 8 Maravedís de bronce; aunque en Barcelona, como veremos posteriormente, también se emitieron monedas de 5, 2´5 y 1 Pesetas y 4, 2, 1 y medio cuartos en Barcelona, bajo la dominación francesa, pero sin la efigie de José Napoleón.

FIGURA 129.1

La pieza que aparece en a FIGURA 129.1 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1809 con los Ensayadores Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, representados por las siglas AI. La disposición de José Napoleón de 18 de abril de 1809 ordenó el cambio de denominación para las monedas emitidas a nombre de este rey pasando de la de Reales de Plata a la de Reales de Vellón. Por tanto a partir de este momento las monedas pasaron a denominarse en la nueva unidad, con una equivalencia de 20 Reales de Plata por 8 Reales de Vellón. Por tanto, llama la atención que esta moneda fechada en 1808 esté denominada en Reales de Vellón. HERRERA en su obra El Duro nos señala que esta moneda fue acuñada con posterioridad a la citada disposición, y por tanto fue denominada en Reales de Vellón. Pero siguiendo una costumbre ya vigente en reinados anteriores, para señalar que el reinado de José Napoleón había ya comenzado el año anterior, la moneda fue fechada en 1808.

La tirada de esta moneda es una de las mas bajas de todas la de José Napoleón: 16.830 ejemplares. Sin embargo, su rareza no es excesiva ya que al estar datada en el primer año del reinado tendió a ser retenida como curiosidad por los particulares, por lo que ha sobrevivido una proporción mas alta de ejemplares que en el caso de las piezas datadas en años posteriores. Por ello la consideraremos Rara, pero no Muy Rara, con un precio doble del de los tipos de piezas comunes de 8 Reales de José Napoleón.

El presente ejemplar tiene un desgaste generalizado en anverso y reverso aunque acredita una buena pátina no alterada, por lo que lo consideraremos en un grado F-. Con objeto de proporcionar una referencia lo mas reciente posible respecto a los precios de estas monedas diremos en la subasta organizada por Martí Hervera, Soler y Llach y Sagarra el 25 de octubre de 2011, un ejemplar de esta fecha en XF- alcanzó el precio de 900€ y otro en F, el de 500€. En nuestro caso el presente ejemplar si fuera de fecha común tendría un precio de 175€ en F- (como el de las piezas comunes de Carlos IV). Al tratarse de un pieza considerada como Rara, su valor seria el doble de la cifra anterior, ésto es 360€, lo que coincidiría con su precio de mercado.

Las tres piezas siguientes corresponden a monedas de José Napoleón emitidas en 1809 antes del decreto de 18 de abril al que hemos hecho referencia. Por tanto están denominadas en Reales de Vellón, en la misma forma que los de los dos reyes anteriores. Las tres piezas tienen como siglas de los Ensayadores: IG.

FIGURA 129.2

La pieza de la FIGURA 129.2 presenta un león en el anverso con un gran gastaje, no distinguiéndose ninguno de los pelos de su melena. Menor gastaje se observa en el pelo del rey en el anverso. La pieza está limpiada aunque con el tiempo ha recuperado cierta pátina. En la subasta mencionada un ejemplar en XF- alcanzó en precio de 850€. La rareza de esta pieza es similar a la de la anterior (1808) por lo que la consideraremos como Rara y la asignaremos un precio doble al de las piezas comunes de José Napoleón. En nuestro caso el ejemplar se encuentra en grado F, por lo que su valor si fuera un tipo de pieza denominada en Reales de Vellón, le correspondería un precio de 225€. Al tratarse de un ejemplar de 1809 denominado en Reales de Plata, su valor y precio de mercado sería el doble de esta cantidad: 450€.

FIGURA 129.3

La pieza de la FIGURA 129.3 es en todo similar a la anterior, no variando en ella mas que la conservación. En este caso la melena de los leones del escudo del reverso está tan gastada como en el caso anterior, aunque el pelo de rey se encuentra mas resaltado que en aquella y así mismo la pieza conserva parte de su brillo original entre las letras de la leyenda, y fuera de ellas, cierta pátina original. En este caso su conservación es algo superior, por lo que asignaremos el grado F+, lo que significaría un valor y precio de mercado doble del de las piezas comunes de este rey: 500€ (260€ en F+, si fuera del tipo y fechas comunes de las de José Napoleón.

FIGURA 129.4

La pieza de la FIGURA 129.4 es igual que las anteriores, si bien su conservación es claramente superior. El ejemplar solo presenta gastaje en las líneas mas altas de pelo del rey, en el león y el pecho de águila imperial, en el reverso. El anverso conserva parte de su brillo original puesto que la pieza ha circulado muy poco. No obstante, se evidencian unas claras corrosiones limpiadas a la derecha del retrato del rey que disminuye notablemente su precio. Una pieza con estas mismas características en VF fue adjudicada en la subasta mencionada en 186€, si bien su conservación era VF, ciertamente inferior al de la presente pieza.

En nuestro caso la conservación de la pieza haciendo abstracción de las corrosiones, llega a XF-, por lo que si tratara de un tipo y fecha común su precio sería de 450€ en esta conservación. Al tratarse de una moneda de 1809 denominada en Reales de Plata la consideraremos como Rara y por tanto su precio sería doble del que correspondería para una pieza común (450€ en XF-). No obstante, aunque su valor si careciera de los defectos mencionados sería doble de esta cantidad: 900€, las corrosiones estimamos que divide por dos su precio de mercado, llegando solo a 450€.

FIGURA 129.5

Por último la pieza de la FIGURA 129.5 es un 20 Reales de José Napoleón acuñado en Madrid en 1810 con las siglas de Ensayadores AI. Esta pieza es la mas corriente de todas las de esta denominación acuñadas a nombre de José Napoleón. Su estado de conservación es notoriamente mas bajo que el de las cuatro piezas anteriores. En ella el pelo del rey, el león, el águila y los castillos del escudo se encuentran totalmente empastados sin poderse distinguir ningunas de sus líneas interiores. Pese a ello se conserva todo el dibujo de borde de la pieza. Con este desgaste el grado que le corresponde es VG.

En la subasta de 2011 mencionada un ejemplar de esta misma fecha en XF+ se adjudicó en 600€, cantidad que no llegó a pagarse como precio de salida por un ejemplar XF. El valor y precio de mercado de esta pieza en VG sería el mismo que correspondería a una pieza de Carlos IV en esta misma conservación: 100€ (250€ en F).

 

9. THE NAPOLEONIC COINS AND THEIR EXPRESSION IN SPAIN

 

In Europe, the 18th century was a time of monetary stability in its general lines. During the 16th century, they had been settling in different European countries, especially in the West, monetary systems based on the grant of privileges of coin issuing given by the national States to various centre establishments in the cities of greater importance in each country. These establishments or Mints generally marked with some initial the coins they minted, as well as they employed specific signs by which the responsible for testing the metal alloy could be identified when it contained precious metal in it: gold or silver. Monetary systems were, almost without exception, bimetallic, reserving gold for the coinage of the highest denominations, silver for the intermediate, and the copper, pure or alloyed with tin (bronze) for the minors, aimed at supporting small transactions.

The design of the coins was imposed by legal provisions arising from the central authority that, in the absolutism of that period, was in the monarch’s hands, although he exercised it through his Secretaries or Heads of the bureaucracy. Also, the weight and the fineness of the alloys to be used in coins were set with measure conscientiousness, in these same provisions. They worked under the direct Royal administration or under concession to an individual regime, the Mints accepted the delivery of precious metal objects of silver or gold (usually crockery), ingots or currency out of circulation, for once the metal was molten and calculated the proportion of gold and silver by the assayers, they minted again in accordance with legal regulations, returning it in the form of coin with their designs, authorized weight and fineness to who had handed the silver, retaining a proportional amount of the minted metal, to cover the costs of issuing, set by the Kings, usually regulated by ordinances governing the operation of the Mints.

The 17th century is a period when this system was consolidated, generalizing the issue of thick coin of silver (with 30 to 25 grams weight and law of 850 to 950 thousandths) and its divisors, becoming this the type of currency issued in most of the countries as France (Ecus) or Spain (8 Reales), while in others such as England the issue of thick currency (Crown) was the exception, giving way to the use of small silver coin, reserving to the gold, the role of means of payment for transactions of some importance. These practices, with a central authority which regulated and multiple Mints that issued the currency did not generalize in territories such as Germany, Italy or Flanders, which lacked a centralized power, leaving the sovereignty dispersed between various Principalities, Duchies or Episcopal cities governed in terms of currency by its own provisions, although from the political point of view, there was a true recognition of supranational powers such as the Holy Roman Empire, or the Papacy.

In this regard, the following century, 18th, was a continuation of the previous two, incorporating into the above-mentioned methods of monetary issue other European countries of great significance because its population and territory, such as Russia and even Turkey, which in this century it still retained under its control an important part of the European area, such as the Balkans. So, in Russia, since the beginning of this century, it began issuing roubles under Peter I, according to the patterns resembling those followed by more Western countries. Also, in the Turkish Empire, it issued the piastras, large pieces of silver that always reflected phrases from the Koran and dated according to the years gone by since the year when the reign of each Caliph began. Also, the Italian and German States joined to the international movement of circulation coins, through different Customs Union, and in some cases monetary, agreements, what simplified somewhat, the great problem of the exchange, which hampers trade and made development dificult.

We all know the impact in our social life and political culture of the sudden outbreak of the French revolution in 1789 which with its sequel of the Napoleonic Regime, in 25 years came to completely transform the European and Ibero-American "modus vivendi", with the prologue that had resulted in the English revolution of 1688 with the overthrow of the Stewarts and the independence of the United States, and the epilogue constituting by the Liberal revolutions of 1830 and 1848 in Europe. The Estates of the realm, based on the privilege of the blood, that has emerged in the Middle Ages with Feudalism had survived in a some Nation-States that consolidated the status of the nobility and the clergy, until it was overthrown at the behest of a new social class, the bourgeoisie, first in France and then in almost the whole Europe, that would impose in the 19th century liberal regimes, nowadays inherent in all Western democracies.

The impact of this sudden turnaround of the political, economic and social structures in Europe, had a significant and enduring impact in the monetary systems of different countries and, through them, in the European numismatics. The focal point of this impact was the creation of the so-called French Franc (in allusion to the month of the 4th year of the revolution, in which the Revolution was born). This monetary unit broke with all the patterns that France had followed in the two previous centuries, for its weight and fineness to use in the issue of its currencies. The franc was defined as a silver coin with 900 thousandths of fineness and a weight of 5 grams. Proportionately, as it had been with the introduction of the so-called Metric Decimal system for weights and measures, it was established the circulation of multiples of the Franc in the form of silver-coins of 2 and 5 francs (with the same fineness and weight proportionally increased) and gold-coins of 5.20, 50 and 100 francs, as well as submultiples of 50 and 25 cents of franc, while in bronze coins of 1, 2, 5 and 10 cent of Franc should be minted.

The turbulent times following the triumph of the Revolution, with virtually the whole Europe faced with France trying to restore the Bourbons on the throne, prevented all forecasts with regard to the introduction of decimal coinage to materialize. Thus, the only coined currency denominated in francs, was the 5 francs, with 25 grams of weight and fineness of 900 thousandths of silver, with the trio representative of the revolutionary motto of liberty, equality and fraternity, according to Dupré's design on the front, under the Union et Force legend, which was issued from the 4th year of the Revolution until the 11th year. At the same time, in the territories which started to be occupied by the triumphant French troops beyond the metropolis, under the command, firstly, of the French Directory and then of Napoleon as first consul of the Revolution, coins with the same characteristics of the French 5 francs began to be minted, in line with those operated in the so-called Cisalpine Republic in the North of Italy, from where the Austrians had been expelled.

It was in later years, when under the rule of Napoleon, first as First Consul, and later as Emperor of the French, when the monetary system designed by the Revolution had been introduced not only France, but also throughout the whole European territory subjected by his troops. This French influence in the European monetary system did not operate only in one direction it was developed in two different directions. In some countries such as Holland (where 5 franc-coins were minted in Utrecht) or Italy (where they proceeded similarly in the Mint of Rome) the existing Mints were used to issue identical coins to the French ones (the Franc system) in the same way that the Metropolitan provincial mints made them (all of them with the effigy of Napoleon, crowned or not crowned). However, in other countries as with the issues in the Kingdom of Italy, coins were minted with the French metric, but with the denomination of the currency of each country: as in the case of the Lira. Also, at a time when French rule was settled in much of Europe and Napoleon became kingdom-sharing towards the members of his family, the initial issues with the effigy of these, with denominations in francs, gave way to issues with these same characteristics, but with the denominations in the national currency, as it was the case with the currencies of Louis Napoleon of 40 Stuivers in Holland, of 5 francs of Jerome Napoleon's in Westphalia, of 5 lire of Murat in Naples after 1812, and of Elisa Bonaparte and her husband in Lucca.

In other dominated countries, total or partially, by France, during the Napoleonic era the same kind of traditional pieces in the usual denominations was continued to issue, with the same previous metric, while reflecting on the front of the coins, the effigy of the new sovereigns (usually members of the family of the Emperor). This was the case of Joseph Napoleon who coined firstly as King of Naples currency with his effigy with Piastras of 120 Grani and later as King Spain from 1808, he issued 8 real-coins of silver or 20 real bullion coins with the same weight and fineness as the coins of 8 Reales of the previous Kings of the House of Bourbon. This situation remained, with different avatars, due to the changing course of the so-called War of Independence by the Spanish and Peninsular War by the British until 1813, the year when the defeated French troops had to leave the national territory after the signing of the Treaty of Valencay on December 13th of that year.

In this sense, the Spanish coins on behalf of Joseph Napoleon, as those shown in this and the next post, do not constitute a break in Spanish Numismatic history, but they follow a line of continuity, as in their metric, with previous issues on behalf of Charles III and Charles IV, and the contemporary and subsequent minted in the name of Ferdinand VII bass whose sponsorship and effigy they continued issuing currency in the Peninsular area dominated by British Hispano Army, as well as in the American colonies. The coins issued on behalf of Joseph Napoleon were limited to those carried out at the Mints of Madrid and Seville regarding silver, at Madrid for those in gold and at Segovia for the 8 Maravedís of bronze; while in Barcelona, as we shall see later, they also issued coins of 5, 2´5 and 1 Pesetas and 4, 2, 1 and half fourth in Barcelona, under French rule, but without the effigy of Joseph Napoleon.

The coin that appears on Figure 129.1 is a 20 real coin of Joseph Napoleon  coined in Madrid in 1809 with the Assayers Antonio Goicoechea y Idelfonso de Urquiza, represented by the acronym AI. The provision of Joseph Napoleon of April, 18th 1809 ordered the change in the denomination of coins issued in the name of this King from Reales of silver to the Reales of bullion. Therefore, from this point coins became renamed in the new unit, at a rate of 20 reales of silver for 8 Reales of bullion. Therefore, it is striking that this coin dated in 1808 is denominated in Reales of bullion. Herrera, in his work The Duro, tells us that this coin was coined after the abovementioned provision, so it was denominated in real of bullion. But following an already existing custom in previous reigns, to point out that the reign of Joseph Napoleon had already begun in the previous year, the coin was dated in 1808.

The production of this coin is one of the lower of all of Joseph Napoleon: 16,830 copies. However, its rarity is not excessive, as being dating in the first year of the reign people tended to retain it as a curiosity, so a higher proportion of copies have survived than in the case of the coins dated in later years. Therefore, we will consider it rare, but not very rare, with double prize of the types of common pieces of 8 reales of Joseph Napoleon.

This copy has widespread wear on the front and back although it has a no altered good patina, so that we will consider it in a grade F-. In order to provide a reference the most recent as possible with respect to the price of these coins we can say that in the auction organized by Martí Hervera, Soler and Llach and Sagarra on October 25th, 2011, a copy of this date in XF- reached the price of €900 and another in F, €500. In our case, if this copy were of a common date would be priced at €175 in F-(such as the common coins of Charles IV). Considering it is a rare coin, its value would be double of the previous amount, this is €360, which would coincide with its market price.

The three following pieces correspond to Joseph Napoleon’s coin issued in 1809 before the Decree of April 18th to which we have referred. Consequently, they are denominated in Reales of bullion in the same way as the two previous Kings. The three pieces have the Assayers’ initials: IG.

The piece of Figure 129.2 presents a lion on the front with a great wear, not distinguishing any of the mane hairs. There is lower wear in the hair of the King on the front. The piece is cleaned, although with time passed it has regained some patina. In the aforementioned auction, a copy in XF- reached the price of €850. The rarity of this piece is similar to the previous (1808) so we will consider it as rare and we will assign the double price of the common coins of Joseph Napoleon. In this case, the copy is in grade F, which is why its value if it were a type of piece denominated in Reales of bullion, would be €225. As it is a copy of 1809 denominated in Reales of silver, its value and market price would be the double of this amount: €450.

The coin of Figure 129.3 is completely similar to the previous one, varying in it only its conservation. In this case, the mane of the lions of the coat of arms of the back is so worn as in the previous case, although the hair of the King is clearer than in the other and the piece also retains part of its original brightness between the letters of the legend, and outside them, some original patina. In this case its conservation is a little higher, so we assign the grade F+, what will mean a value and a market price of the double of the common pieces of this King: €500 (€260 in F+, if it would be of the common type and dates of Joseph Napoleon).

The piece of Figure 129.4 is the same as the previous ones, while its conservation is clearly superior. The copy only presents wear in the higher lines of the hair of the King, in the lion and in the chest of the imperial eagle on the back. The front retains part of its original brightness since the piece has not much circulated. However, a few clear cleaned corrosions on the right of the portrait of the King are evident which decreases significantly its price. A piece with these same characteristics in VF was sold in the mentioned auction at €186, but its conservation was VF, certainly less than the one of the present piece.

In our case, the conservation of the piece, ignoring the corrosions, reaches XF- so if it were a common type and date its price would be €450 in this conservation. Being a 1809 coin denominated in Reales of silver we consider it as rare and therefore its price would be the double that correspond to a common piece (€450 in XF-). However, although its value, if it lacks the above-mentioned defects, would be the double of this amount: €900, we believe that corrosions divide by two the market price, reaching only €450.

Finally, the piece of Figure 129.5 is a 20 real coin of Joseph Napoleon coined in Madrid in 1810 with the initials of the Assayers AI. This piece is the most common of all of this denomination minted in the name of Joseph Napoleon. Its conservation status is significantly lower than the previous four coins. In it, the hair of the King, the lion, the eagle and the castles of the shield are totally pasted without being able of distinguishing none of its internal lines. Despite this, the drawing of the edge around the piece is preserved. The grade that corresponds with this wear is VG.

In the auction of 2011 referred to, a copy of the same date in XF+ was sold at €600, amount which failed to pay as starting price for a copy in XF. The value and market price of this piece in VG would be the same that would correspond to a piece of Charles IV in this same conservation: €100 (€250 in F).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ultima modificacion el Jueves 20 de Febrero de 2014 08:15
Ernesto Gutiérrez Guinea

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