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Viernes 08 de Febrero de 2013 10:26

NO SE NI LO QUE HE DICHO

por Juan Pedro Escanilla
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No puedo dejar de sentir una cierta simpatía por ella. Quizás porque nunca me ha gustado reírme de las meteduras de pata ajenas y los payasos de las bofetadas me dan más pena que otra cosa. Quizás por esa oscura solidaridad que recorre el alma de bolígrafo y sello de tinta de los funcionarios de toda la vida.

No hacía falta un micrófono abierto para darse cuenta de que la directora de la Agencia Tributaria tenía ante sí lo que se llama un marrón: justificar la puesta en marcha de un mecanismo de amnistía que se vendió dentro de una estrategia de repatriación de capitales y del que se sospecha que haya sido utilizado por imputados en diversas tramas de corrupción especialmente la llamada Gürtel.

La Agencia Tributaria es una maquinaria de una eficacia terrible (dentro del marco de su mandato legal que no siempre le permite llegar a todas partes), como esos chuchos que cuando pillan un hueso son incapaces de soltarlo. Recuerdo que a mí hace un tiempo me frieron a cartas reclamándome 25€ que no cuadraban en una declaración. Así que puedo comprender la frustración de sus funcionarios cuando una decisión política les obliga a cerrar un expediente a cambio de unos ingresos que finalmente han sido bastante magros.

El problema de Beatriz Viana es que tiene un pie en cada lado: De una parte su gran experiencia como funcionaria de la casa y, seguramente, la cultura administrativa de servicio al Estado que se respira en ella; De otra su obediencia política que la ha situado en un cargo que aparenta ser muy técnico pero que es uno de los más delicados de la administración. No es de extrañar el comentario, ni el gesto, ni el miedo a la prensa, ni esa actitud que parece decir: a ver como salgo de esta.

Con su alma dividida, consciente de la incoherencia de todo lo que está pasando y quizás también preocupada por el aluvión de ceses, imputaciones y otros males que se le pueden venir encima, el problema de la directora no era tanto el que al final de su intervención no supiera que es lo que había dicho sino que, probablemente, al comienzo de ésta, no sabía lo que iba a decir.

Como dicen los franceses, “Ce qui se conçoit bien s’exprime bien”. El resto es bla, bla, bla.

Juan Pedro Escanilla

Juan Pedro Escanilla

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