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Viernes 19 de Noviembre de 2010 18:01

Invierno: espigueo de relatos.

 

 Invierno: espigueo de relatos.

espigueo.

m. En la siega, acción de espigar.

m. Acción y efecto de rebuscar en libros datos para algún trabajo.

 

De cara al invierno, he decidido recapitular, hacer un inventario de los relatos de espigueo, de aquellas historias que, dentro del seno acogedor de un libro de relatos, me han atrapado por sus propios medios, me han dejado la huella de sus dientes en el recuerdo, la dentellada bien marcada.

Un libro de relatos es un abanico, más o menos amplio, de historias breves, más o menos logradas, dirigido a un público, más o menos impresionable, con una memoria a largo plazo más o menos fiable.

Tras la lectura de una recopilación de relatos la mayoría de las veces, pasado el tiempo, sólo guardamos una impresión general, favorable o desfavorable, una especie de recuerdo de la atmósfera que formaba el conjunto de historias, independientes, pero inefablemente unidas por la potencia narrativa de la autora, del autor, de los autores, por su pericia para exprimir el lenguaje o por su forma contar, de afrontar el mundo. También puede quedar un ligero poso: el poso de lo concreto y, entonces, recordaremos el uso preciso de una palabra, una imagen desconcertante, una escena escandalosamente anodina, pero, narrada con tanta pericia que daba respuesta a preguntas íntimas nunca puestas negro sobre blanco.

Lo que no es habitual es que entre la hojarasca de una obra de relatos, sin que nos lo propongamos, de manera inconsciente, reconozcamos una de esas historias que cumplen los severos requisitos secretos que la memoria exige para que una narración no caiga en el abismo del olvido y se convierta en una boya marítima de referencia, a la que podemos aferrarnos siempre que perdamos pie.

Se salvan estos relatos porque dejan en nosotros la tan cacareada honda impresión, casi una marca a hierro y fuego. Nos definen, o, al menos, definen el momento, la época, en la que nos cautivaron, aunque nunca dejen de acompañarnos. Nos acordamos de ellos, nos invaden, olas imprevistas, muchas veces y a ellos regresamos como la lengua al hueco de la muela perdida.

Nos reconfortan. Son relatos que nos salvan y de los que pasamos a ser huéspedes.

 

Éste es el fruto del espigueo inconsciente, involuntario. Mi propio abanico de historias indelebles: puro trigo.

  • La puerta en el muro, relato escrito por H.G. Wells en 1911 y seleccionado por Borges en La puerta en el muro y otras narraciones. Siruela, 1984.

  • La cámara sangrienta y La prometida del Tigre, del libro de Ángela Carter La Cámara Sangrienta y otros cuentos, traducción de Matilda Horne. Minotauro, 1991.

 

  • Los relatos Nadia y El corte más adecuado: Budnitz, Judy. American Baby. Alfaguara Ediciones, 2006.

 

  

  •  Y, por último, El final del verano y El perro de invierno de Alistair MacLeod. Dos relatos imborrables incluidos en Los pájaros traen el sol. RBA LIBROS, 2004. 

Martes 07 de Septiembre de 2010 13:31

Libros para el otoño: hojas de Canadá.

Ahora que se avecina el otoño y se empieza a revelar nuestro deseo de ver árboles perdiendo clorofila y ganando colores rojizos, no hay nada mejor que girar la memoria hacia un país como Canadá, donde los arces se transformarán en gloriosos mantos de hojas de fuego, puntuales, a partir del jueves 23 de septiembre de 2010, cuando, según el convenio astronómico, comenzará el otoño en el hemisferio norte.

 

Pero este país americano no sólo ha de recordarnos el esplendor de los arces o el sirope, carísimo, que se elabora con su savia.

 

Si alguien me dice Canadá, me traslado a las historias que pare el frío que allí habita, por encima del paralelo 45. Historias con forma de barroca novela de urbanitas ateridos, desastrados con afán de éxito en el mundo de la restauración, tentados por figuras demoníacas, rodeados de extraños amigos como menores de edad alcoholizados, gatos despeluchados y libros con recetas para hacer jabón con esencia de limón.

 

 

 

Este inolvidable universo del que os hablo lo creó Yves Beauchemin en su obra Gatuperios (Alianza Editorial, 1989) (Le Matou, en el original en francés de Quebec) que sólo he podido encontrar en Bibliotecas Públicas. Es una joya que en su día fue traducida al español por María Teresa Gallego Urrutia (Premio Nacional a la Obra de un Traductor (Ministerio de Cultura) 2008)  en colaboración con María Isabel Reverte Cejudo. Una buena traducción marca la diferencia.

 

 

Otra historia hija de las nevadas canadienses es la contenida en ese pozo de infancia oscura, en el que los adultos no son capaces de intuir más que sombras, contado por Margaret Atwood (Príncipe de Asturias de las Letras 2008) en su libro Ojo de gato (Ediciones B, 2002).

 

 

Ojo de gato sabe a hielo sucio, a colección de canicas celosamente custodiada, a sangre que nos hacía la gravilla en las rodillas al aprender a ir en bicicleta, a la sangre que se nos podía llegar a quemar, lentamente, por el influjo de todas las amistades infantiles con las que nos hemos hecho daño. Las distintas capas, tiempos y sensaciones volcadas en la narración, el descubrimiento de los velos del pasado infantil, como cataratas, el sabor en la lengua de una atmósfera de maldad infantil, son algunas de las bazas de Margaret Atwood, capaz de describir lo secreto, lo que pensamos que sólo nosotras mismas habíamos vivido, sin el amparo de los adultos.

 

Alice Munro, también canadiense, tiene otros poderes distintos a los de Margaret Atwood. Sus relatos breves suelen tratar de las relaciones entre miembros de familias, vecinos de pequeñas ciudades canadienses, suelen ser relatos sobre momentos de epifanía en la vida de una mujer, pero sin olvidar nunca la red que se teje alrededor y dentro de cada existencia.

 

 

Su escritura es sencilla, no como la de Yves Beauchemin, con recovecos y vértigo urbano,  no como la de Margaret Atwood, onírica a veces, con detalles de arenisca en el ojo, de entraña, de sensación. Su superpoder radica en la impronta que dejan sus historias que, con el paso del tiempo van ganando cuerpo en la memoria y se recuerdan motivos, el lector regurgita escenas pasados los años, y se recuperan imágenes. Me ha ocurrido esto con el primero de los relatos de Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio (RBA, 2009), y con la  historia de la bibliotecaria del libro de cuentos cortos Secretos a voces (RBA, 2008).

 

No es posible hablar de Canadá sin recomendar la lectura voraz de las trilogías de Robertson Davies, que descanse en paz, publicadas en España por la editorial Libros del Asteroide:  la Trilogía Deptford, mi favorita, integrada por: El quinto en discordia, Mantícora y El mundo de los prodigios ; y  la Trilogía Cornish: Ángeles rebeldes, Lo que arraiga en el hueso y La lira de Orfeo.

 

Robertson Davies derrochó durante su vida un talento desmesurado. Sus obra es una obra maestra llena de inteligente crítica social, de conocimientos sobre lo divino y lo humano. En su afán por desentrañar el porqué de la vida de sus personajes, patentó, de algún modo, un método peculiar para lograrlo y, así, iluminarnos. Además, lucía una perfecta barba blanca.

 

 

El otoño de este año 2010 durará 89 días y 20 horas. Aprovechémoslas acercándonos a la savia literaria de estos cuatro canadienses y magníficos contadores de historias: Beauchemin, Atwood, Munro y Davies.

 

Que ustedes los disfruten.

 

A. C. L.

 

Viernes 02 de Julio de 2010 11:30

"El amo del corral" de Tristan Egolf.

"EL AMO DEL CORRAL" DE TRISTAN EGOLF. Por Ana C. López. 

 

Aquí, en mi trinchera de lectora, tengo a buen recaudo uno de los tres libros que Tristan Egolf escribió antes de morir, por voluntad propia, en el año 2005 a los 33 años. Se trata de “El amo del corral” (1998), parco título en su versión española, siendo el original: “Lord of the Barnyard: killing the fatted calf and arming the aware in the cornbelt”.

 

                         

  

Ambientada en Kentucky, estado federado que, en parte, pertenece al denominado “cinturón del maíz” (corn belt) del medio Oeste de los Estados Unidos de Norteamérica, la ópera prima de Tristan Egolf es la narración a fogonazos, una erupción de sucesos inefables (del latín ineffabĭlis, indecible) que el autor, desafiando esta etimología, logra contar armado con una verborrea brillante, imparable y avasalladora. Desde La conjura de los necios (1980) de John Kennedy Toole, que también atesoro en mi trinchera de lectora, no había vuelto a encontrarme con un texto capaz de arrebatarme con tal intensidad, caótica y visceral, de tornado.

 

Podrás olvidar en el futuro el hilo argumental de El amo del corral, podrás olvidar los detalles, pero quedará en tu memoria la deslumbrante descripción de la pericia empresarial de un crío de ocho años, John Kaltenbrunner, semihuérfano, convertido en experto criador de gallinas de raza, sometido a todo tipo de vejaciones en la escuela, a la que va solo, sin asear, en tractor, sometido a un acoso infernal por un grupo de arpías metodistas que rondan como buitres la granja esperando la muerte de la madre para hacerse con la propiedad.

 

Nunca olvidarás las desgracias concatenadas que van lastrando la juventud malograda de nuestro antihéroe rural: su trabajo en una fábrica de despiece de pavos, codeándose, entre sangre, electrocuciones y tendones, con los inmigrantes de origen latino, con la escoria blanca y la negra, condenados todos a vivir por no morir, por encima del asco y la rabia contra el sistema.

 

Esta es la historia vital de un hijo de granjeros, con una voluntad de hierro y un destino que insiste en arrancarle las tripas, el corazón y la dignidad. Tiene su planteamiento, su nudo, y un aparente desenlace: John parece ser premiado por el destino con un nuevo empleo como recogedor de basura…

 

Mas no es el desenlace, el fin, sino que como si una nueva novela comenzase en el segundo tercio de El amo del corral, Tristan Egolf vuelve a cegarnos con otra tanda de golpes bajos cuando nos relata el episodio en el que John Kaltenbrunner, corazón cartesiano, arrastrado por las circunstancias, por el lodo de ese río putrefacto que ha sido hasta entonces su vida, se convierte en un auténtico héroe contra el mundo. Una huelga de basureros, sin precedentes, totalmente inenarrable, nos quita el aliento hasta que pasamos la última página y suspiramos. La avalancha ya ha pasado y en nuestra retina queda el fulgor de la caída, el vómito del miedo. 

 

Este verano os recomiendo la inmersión en la obra, en la América profunda, visceral, de Tristan Egolf.

 

 

 

Tristan Egolf: algunos datos sobre su figura.

 

 

Tristan Egolf nació en El Escorial, por casualidad, en 1971. Comenzó a segregar talento en el instituto, donde oculto bajo un seudónimo fácil de desencriptar por parte del jefe de estudios, publicó, junto con su mejor amigo, futuro periodista, una publicación underground que vendían a los alumnos del instituto, ávidos de subversión, por un módico precio. Les expulsaron tres días, cuando fueron descubiertos, pero, al mismo tiempo, las autoridades educativas alabaron el sorprendente dominio de la palabra, de la ficción y del ritmo de Tristan.

 

Si en la educación secundaria, las publicaciones underground fueron la válvula de escape por la que brotó su genio narrativo, ya en la Universidad, fue su grupo de música punk el que le granjeó el éxito: firmó un contrato con una compañía discográfica.

 

Escritor, músico y viajero, abandonó sus estudios superiores para ir a París a escribir su primera novela. Con 27 años, entró en contacto, de manera accidental con la editorial Gallimard que publicó su primera novela: “El amo del corral”

 

Antes de suicidarse en el año 2005, no sólo escribió otras dos novelas "La chica y el violín" (2002) - Skirt and the Fiddle- y "Kornwolf" (2006), sino que, ya de regreso en Estados Unidos, desarrolló su faceta de activista político, como líder de Smoketown 6, un colectivo que protestó contra el, ahora, ex presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, George W. Bush.

 

 

Ediciones disponibles en España:

 

1. Edición descatalogada por la editorial

EL AMO DEL CORRAL de Egolf, Tristan

MONDADORI
ISBN: 9788439702511
Año de edición:1998 BARCELONA

 

2. LORD OF THE BARNYARD: KILLING THE FATTED CALF AND ARMING THE AWAR E IN THE CORNBELT  Egolf, Tristan

GROVE PRESS
ISBN: 9780802136725
Año de edición:1998 NEW YORK

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