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PRESENTADA LA NOVELA “EL FUTURO DE LOS RECUERDOS”, DE JOSÉ LÓPEZ CALVO

El pasado 10 de junio se presentó, en la sede de la Oficina Española de Patentes y Marcas, la primera novela de quien fuera su director a principios de siglo, José López Calvo, con el paradójico título “El futuro de los recuerdos”.

La presentación resultó una verdadera performance, en la que el público asistente participó respondiendo a una pregunta acerca de la posibilidad de trasladar su cerebro, en el último momento de la vida, a cualquier otro que se desease volver a vivir. El resultado fue una especie de radiografía de la felicidad, en la que hubo un acuerdo generalizado en querer revivir momentos en familia, como la llegada al mundo de los hijos, o algunas experiencias estéticas ligadas a la naturaleza, como amaneceres o puestas de sol. Bien es verdad que hubo respuestas para todos los gustos, como la que rememoraba la victoria de España en el Mundial de Fútbol o la conciencia, en la primera infancia, de tener un amigo. Hay quien quiso fijar su último aliento en el momento exacto de su propio nacimiento…

Todo ello, aderezado con la presencia del actual director general de la Oficina Española de Patentes y Marcas, José Antonio Gil Celedonio, de Felipe Formariz, presidente de la Asociación del Cuerpo de Administradores Civiles del Estado, del que el autor es miembro distinguido y de Consuelo Sánchez Naranjo, escritora y vocal de la Junta directiva de la Asociación de Antiguos Alumnos del Instituto Nacional de Administración Pública, quien propuso, tanto a los participantes en el acto como a algunos de los asistentes entre el público, temas diversos de debate relacionados con el libro.

El libro de Pepe López Calvo arranca con la fotografía de una catedral en ruinas recortada contra un cielo azul apenas alterado por nubes incipientes, surcadas a su vez por las siluetas de unos pájaros que bien podrían haber escapado de la película de Hitchcock o regresado del fin del primer Parque Jurásico. Y a partir de ahí, nos transporta a 2040 para enmarcar la acción, pero como juega con el flashback, nos trae de nuevo casi hasta la actualidad, a 2025, para adentrarse en el laberinto de los resortes del poder.

Y en el juego del poder se enfrasca y se enfanga, como solo puede hacerse cuando se han experimentado sus efectos, siquiera a una escala menor. Se relata la caída a las alturas -de nuevo la paradoja – del personaje que representa, precisamente, el poder, alguien que es elevado a la presidencia de un gobierno futuro por puro descarte y que es perseguido por ello hasta la aniquilación, primero de cuanto ama y después, de todo lo demás. Hablando de poder, en un párrafo de la novela se dice: “para quienes ambicionan el poder no hay vía media entre la cumbre y el precipicio, es imposible recuperarse del éxito que convierte al individuo en un monumento, en una epopeya, en el Elegido, en un terrible y repentino proceso de construcción e hipertrofia de Ego consciente de estar abocado a un abrupto giro al cabo del tiempo hacia la cotidianeidad tras el cese, destronado el príncipe y súbitamente vestido de plebeyo”. Hay un juego, además, de niños escondiéndose de Dios, que viene a predecir que si frente a lo incomprensible, antes se volvían los ojos a Aquél, “ahora se volvían hacia el gobierno”. Pepe imagina un mundo en el que todo, absolutamente todo cuanto tiene que ver con la incertidumbre –que históricamente provocaba plegarias invocando la misericordia divina- acabará originando “exigencias de las instituciones de respuestas inexistentes a la pregunta de por qué no se previó lo imprevisible”.

Es un escenario un poco Orwell, pero sobre todo, más que posible, porque ya hemos iniciado el camino y avanzado pasos inconexos en esa dirección: amaños de presunta corrupción en veladas noticias que no acaban de concretar y, por tanto, no son denunciables pero siembran la sospecha sobre figuras que empiezan a desdibujarse a partir de ese momento, a manos siempre de los auténticos corruptos, que nadie atrapa ni desenmascara jamás y una vida judicializada hasta el ridículo que implica blindajes absolutos de quienes se atreven a dedicarse al ámbito público.

Precisamente en el poder basó su intervención Gil Celedonio, que abrió, además, un debate sobre el dilema ético que plantearía una solicitud, ante la Oficina Española de Patentes y Marcas, presuntamente formulada por un científico que pretendiera patentar, por ejemplo, un casco que incluyera un software que nos permitiera instalarnos con absoluto realismo en cualquier momento de nuestro pasado.

Entre los temas tratados se encontró también el del amor cibernético en todas sus facetas, incluidas las que afectan a la familia y a los hijos, sobre las se opinó largo y tendido.

Nada, sin embargo, tan expresivo como escuchar al autor de la novela que, aunque en la contraportada del libro se cura en salud afirmando que se trata de un juego, pasa a desmentirlo inmediatamente después con la misteriosa frase “los avances futuros que se evocan en este libro se basan en la añoranza del pasado y en la posibilidad de revivirlo a través de la tecnología”.


 

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