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POLITICA E INSTITUCIONES COLABORATIVAS.

Los ciudadanos está desorientados y sus problemas se acumulan (paro, desigualdad, recortes sociales, inestabilidad política, corrupción etc). Estamos enuna profunda crisis institucional y económica, a la vez nacional e internacional. La falta de colaboración nacional es escandalosa y no lo es menos a nivel internacional. Sin embargo, para salir de este tipo de crisis político-económicas, tenemos que hacer políticas “mestizas” y defender constitucionalmentela colaboración del Estado y el Mercado, algo a lo que se oponen algunos partidos y élites excluyentes. Estado y Mercado tienen virtudes que debemos preservar y fallos que debemos corregir.

Esto significa acabar con la vieja política de los talibanes del Mercado que quieren abolir el Estado y los talibanes del Estado, que quieren abolir el Mercado. A futuro, sugiero a los ciudadanos apoyar partidos políticos que defiendan la colaboración Estado-Mercado. En este artículo explico por qué. Si tu pensamiento se ubica a la derecha, no te avergüences de defender al Estado, y si está a la izquierda no te avergüences de defender al Mercado. No podemos vivir sin Estado, como tampoco podemos vivir sin Mercado.

Con este artículo finalizo mi aportación a cómo salir de lalarga crisis que padecemos. No tengo el poder ni la influencia para decidir, pero tengo ideas que pongo al servicio de la economía colaborativay de quien quiera aprovecharlas. Inicié mi línea de pensamientoel 21 de abrilde 2015con una crítica descarnada del sistema bancario vigente (“La crisis devastadora y el sistema bancario espantoso”). Hoy puedo aportar un testimonio más sobre lo espantoso de nuestro sistema bancario: el de Mervyn King, ex Gobernador del Banco de Inglaterra de 2003 a 2013, quien afirma que “de todas las diferentes maneras de organizar la banca, la peor es la que tenemos hoy día”. Me resulta increíble que ante estas advertencias de los expertos, los líderes políticos aún no hayan hecho nada importante para corregir el modelo de banca neoliberal y mantenganuna fe ciega en la bondad del mismo. Continué el 21 de mayode 2015 con un artículo sobre las “rarezas” económicas que están apareciendo en el neoliberalismo (“Crecimiento negativo, inflación negativa, intereses negativos… ¿Qué está pasando?”). Regresé el 29 de mayo a la crisis devastadora anunciando su incubación (“Crisis devastadora: amenaza y oportunidad”). Finalmente el 10 de junio identifiqué los dos mayores problemas de nuestro tiempo generados con la crisis financiera de 2007-08 y propuse soluciones keynesianas a los mismos (“El retorno del pensamiento keynesiano: cómo afrontar la desigualdad y el paro masivo”).15 meses después, y tras dos elecciones generalesla situación ha empeorado a nivel nacional, y nada ha cambiado a nivel internacional por lo que retomo mi discurso.

Este artículo se centrará en las instituciones colaborativas que necesitamos para solucionar nuestros problemas.La economía colaborativa está naciendo y las nuevas tecnologías son su mejor alimento. Lo explica Jeremy Rifkin en “La sociedad de coste marginal cero”. Es un sueño al alcance de la mano, aunque la torpeza humana puede estropearlo. En mi opinión Keynes es un economista cuyas ideas e intuiciones perdurarán durante mucho tiempo.Sin duda la economía de hoy no es la economía del tiempo de Keynes, pero, hoy como ayer, sin instituciones colaborativas nacionales e internacionales no podremos aplicar los remedios keynesianos, y caso de aplicarse tendrán un impacto muy reducido. Precisamente Keynes dedicó un tiempo de su vida a las instituciones y problemas financieros nacionales e internacionales representando a Gran Bretañaen las conferencias internacionales después de las dos Grandes Guerras.

Después de la primera Gran Guerra, los políticos rechazaron las ideas yargumentosde Keynes sobre lo injusto y desproporcionado de las indemnizaciones impuestas a los vencidos (Alemania).Keynes dimitió de la Delegación inglesa y les dejó con su ceguera, resumiendo sus posiciones en el libro “TheEconomicConsequences of Peace”.Las consecuencias de ignorar la tesis de Keynes son de sobra conocidas: una nueva Gran Guerra y más de 50 millones de muertos. Después de la segunda Gran Guerra, Keynes volvió a formar parte de la delegación inglesa, esta vez presidiéndola. Pero se encontró frente al poder político norteamericano. EE.UU.rechazó sus argumentos para construirel FMI como Banco Central mundial con capacidad para emitir una moneda global (el bancor), y a cambio respaldó el Plan Withe que dejaba el poder monetario global en manos de Washington y el dólar USA.Desde entonces la Reserva Federal y el dólar actúan como Banco Central mundialy moneda global “oficiosos”. La sociedad estadounidense disfruta de las ventajas de fabricar la moneda global sin ninguno de sus inconvenientes. Las consecuencias de ignorar la tesis de Keynes son también conocidas: un sistema financiero inestable y desequilibrado que colapsará, y que mientras tanto tiene a cientos de millones de personas malviviendoen la miseria o la austeridad, y a unos pocos privilegiados viviendo opíparamente.

Hoy tenemos un sistema financiero nacional e internacionalgobernado por la inestabilidad y la especulación, una mezcla explosiva que devastará de nuevo nuestras sociedades, la española incluida. Lo advierto hoy, cuando los optimistas ya están diciendo que pronto regresaremos a la fiesta del crecimiento. Aunque el FMI,el Banco Mundial y el Banco Internacional de Pagos de Basilea sobreviven, en realidad ninguno de ellos tiene ya poder suficiente para gobernar el monstruo de los mercados financieros creado con la liberalización de los capitales desde la década de 1970. Ni siquiera los Gobiernos tienen ya ese poder, puesto que los mercados globales les han sometido y maniatado, muy especialmente a los Gobiernos de las democracias occidentales. A los mercados no les preocupa el interés común y la colaboración. Persiguen únicamente la competencia implacable que elimina al rival y la maximización del propio beneficio. Las personas y países les importan solo en la medida que son útiles para maximizar la ganancia del accionista.En su filosofía económica, las personas y países son un instrumento, no un fin. Es la mayor inmoralidad del capitalismo de mercado.

Expondré ahora mi opinión de fondo sobre el capitalismo. Voy a escandalizar pero no voy a engañarme a mi mismo ni a los demás. Tengo acreditado ser una persona de izquierdas. Me impulsó hacia la izquierda mi sentido de la justicia y la defensa de los débiles. Recibí ese empujón desde muy joven. No tengo ningún mérito especial. Era y es mi impulso natural. En la Universidad identifiqué justicia y defensa de los débiles con el Estado y lo público. Fui educado en esos principios. En el mundo del trabajo tuve que pasar de la teoría a la práctica y trabajar sindicalmente para que el Estado y lo público protegieran la justicia y a los débiles. En el mundo del trabajo aprendí muchas cosas, la más importante de todas que Estado y Mercado, socialismo y capitalismo no deben confrontar sino colaborar puesto que no son mundos antagónicos sino complementarios. Me costó asumir esto. Desde que se produjo la Gran Crisis 2007-08 me interesan las soluciones a los problemas económicos de la gente, y estoy convencido de que la solución que busco pasa por la cooperación Estado-Mercado.

Esa cooperación es imposible con la vieja política bipartidista derecha-izquierda, socialismo-capitalismo, PP-PSOE. La cooperación leal exige que la derecha política asuma la existencia del Estado y lo público, y que la izquierda política haga lo mismo con el Mercado y lo privado. Este proceso es imposible con los esquemas de la vieja política y el rechazo al “mestizaje” y la negociación. Es lo que han demostrado CIUDADANOS y PODEMOS que,para desgracia del pueblo español,repiten los esquemas de la vieja políticavetándose mutuamente. El cambio es posible si el foco de la política se pone en las personas y en su bienestar, en lugar de en los intereses de partido y en conservar el poder. Entonces descubrimos que Estado y Mercado tienen bondades y maldades, pero que si sumamos lo bueno del Estado y lo bueno del Mercado aportamos mayor bienestar a la gente. Eso significa romper el eje tradicional izquierda-derecha, Estado-Mercado, público-privado, y construir alternativamente el eje igualdad-desigualdad, bienestar-malestar, élite-pueblo: este es el discurso con el que Pablo Iglesias inició su carrera política pero en el que no cree porque lo plantea como un eslogan de campaña electoral, cuando es una filosofía de vida. A partir del sectarismo vigente y la exclusión mutua, es imposible la colaboración leal Estado-Mercado.

Hoy todo está mercantilizado y deteriorado, y falta mucha moralidad en el plato de la economía y de las instituciones financieras.Aunque las instituciones internacionales de colaboración creadas después de la segunda Gran Guerra, así como las escasas normas que regulaban el comercio y la política monetaria internacionales (Conferencia de Bretton-Woods en New Hamsphire) eran muy deficientes, en la década de 1970 empeoraron mucho más. Triunfaron las tesis del libre movimiento de capitales, la globalización y la desregulación salvajes, a las que con posterioridad se añadieron la innovación (productos financieros tóxicos) y los incentivos perversos (comisiones desvinculadas de la calidad de las operaciones financieras). Ese quintetode circunstancias nos trajoel imperio de los mercados desregulados y la crisis que padecimos en 2007-08y para la que no encontramos salida. La izquierda política tradicional se ampara en estos hechos para negar al capitalismo cualquier posibilidad de evolución, lo que considero un error grave porque la Historia ha demostrado que el capitalismo primitivo ha evolucionado hacia el capitalismo de mercado y yo sostengo que el capitalismo de mercado,si quiere sobrevivir, debe evolucionar hacia el capitalismo moral.

En mi opinión lo más urgente hoy es recomponer la cooperación financiera institucional y esa recomposición la enmarco en la evolución hacia el capitalismo moral.Sin cooperación nacional y multilateral es imposible reconducir el quinteto de circunstancias adversas y conseguir que el capitalismo se impregne de los principios morales que lo hagan evolucionar. Los políticos sabenque la cooperación se articulasobrenuevas instituciones, tanto nacionales como internacionales.La cooperación, a pesar de la mejora de los transportes, las comunicaciones y las redes sociales globales, tiene muy mala salud en nuestras sociedades. Eso demuestra que la tecnología puede ayudar pero no es el factor determinante. Opino que el factor determinante de la cooperación son las élites y sus relaciones de poder, como demostraron las reglas e instituciones creadas enBretton-Woods, claramente favorables a los vencedores de la Gran Guerra.Keynes era un científico no contaminado ideológicamente, que los países emergentes de hoy están reivindicando al reclamar desde hace tiempo el cambio de las relaciones de poder establecidas a la salida de la segunda Gran Guerra en julio de 1945, pero las élites nacionales de los países favorecidos (EE.UU., la UE, Japón etc.) se niegan a ceder parte de su poder, al igual que nos pasa en España.

Los países emergentes han utilizado las reuniones periódicas delG-20 para plantear una y otra vez sus exigencias. Pero las élites nacionales estadounidenses y europeas no están dispuestas a compartir el poder financiero y monetarioadquirido en 1945, así que las élites emergentes se han cansado de esperar y han decidido constituir su propio FMI. Ahora tenemos en el mundo dos FMI: el FMI de 1945 con sede en Washington y bajo la tutela de Estados Unidos y la UE; una institución muy desgastada y con mala fama, y el FMI de 2015, también llamado Nuevo Banco de Desarrollo,con sede en Shanghaiy bajo la tutela de Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica (BRICS) y otros países emergentes;una institución recién estrenada y sin fama. Confío que esta división sirva para converger mejor y no para confrontar.

Estos hechos confirman las dificultades de la vieja política para crear instituciones colaborativas nacionales e internacionales, gobernadas por el equilibrio de poderes. Si las élites nacionales fueran sensatas, llegarían a la conclusión de que una economía y unas finanzas globalizadas sólo puede gobernarse mediante nuevas instituciones globales, porque de lo contrario la economía global se fragmentará y desestructurará.Quizá sea de esta manera como mejor se pueda lograr una convergencia económica de largo plazo. Los defensores de la globalización económica deberían ser también defensores de un Gobierno, un Banco Central y una moneda globales, y trabajar institucional y políticamente en esa dirección. ¡Un ideal deseable!.Pero los dioses ciegan a los soberbios. Es llamativo que quienes más defienden el equilibrio de los mercados globales seantambién quienes más se oponen al equilibrio de poder en las instituciones colaborativas. ¿Por qué será?. Las élites nacionales mundiales son tercas. Sólo aprenden después de haber causado inmensos sufrimientos a sus pueblos. Aconsejo a los pueblos democráticos que desautoricen y cambien las élites, porque en los grandes desastres que padecemos los humanos, las élites ponen los motivos y los discursos políticos, mientras que los pueblos ponemos el sufrimiento y los muertos.

Mantra: Un Gobierno global, un Banco Central global, una moneda global.

Alcobendas, 12 de octubre de 2016.

José Ángel Suárez González.

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