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LA MANIPULACIÓN DE LA CIUDADANÍA: LOS POLÍTICOS SE EQUIVOCAN… Y EL PUEBLO TAMBIEN.

Hay en las sociedades avanzadas una tendencia a “sacralizar” las decisiones del pueblo cuando vota democráticamente. La “sacralización” implica la santificación de las decisiones electorales. “El pueblo demócrata nunca se equivoca”, afirman los talibanes de la democracia. Esta afirmación de los talibanes de la democracia es tan falaz como la que nos venden desde hace tiempo los talibanes del neoliberalismo económico. Estos afirman sin rubor que las decisiones económicas de la economía de mercado son racionales y óptimas. La gran crisis de 2008 ha demostrado que muchas de las decisiones económicas ni son racionales ni son óptimas, y que su “sacralización” conduce a un modelo económico rígido, dogmático e injusto próximo al colapso. Si los ciudadanos no cuestionamos esta “sacralización” de las decisiones políticas y económicas, primero perderemos la democracia y poco después también se perderá la economía de mercado.

El “Brexit” es un ejemplo de lo que estoy afirmando. Los resultados electorales del 26-J en España otro. En ambos casos las decisiones electorales han sido erróneas, y quienes amamos y defendemos la democracia debemos ser más explícitos y contundentes condenando estos errores electorales. “Sacralizar” los resultados electorales deteriora la democracia. Cuestionarlos razonadamente la vitaliza y refuerza.

¿Por qué considero erróneas las decisiones electorales de ingleses y españoles?. Porque los electores no han votado utilizando la razón y la información, sino el sentimiento  y la desinformación que los políticos introducen en sus mensajes a la ciudadanía. Lamentándolo mucho, aunque la formación y el conocimiento humanos han avanzado en los últimos siglos, el ser humano de los países modernos aún no está suficientemente preparado para ejercer la democracia real y directa que exigen los elementos más concienciados de PODEMOS. Si los países con educación universal y bajo o nulo índice de analfabetismo ciudadano tienen estos problemas y sus ciudadanos son manipulables por los políticos, ¿qué decir de los países emergentes o subdesarrollados con altísimos índices de analfabetismo?.

En las sociedades avanzadas, la educación universal ha conseguido que los ciudadanos abandonen el analfabetismo mecánico (todos o casi todos los ciudadanos saben leer y escribir), pero la gran mayoría de ellos aún permanece en el analfabetismo funcional (casi nadie analiza críticamente las opciones electorales). Se necesitarán aún muchos años para que el ser humano supere su analfabetismo funcional. Yo pensaba ingenuamente que los grupos políticos emergentes en España, como PODEMOS y CIUDADANOS, iban a promover la capacidad crítica de la ciudadanía y la superación del analfabetismo funcional, pero he descubierto que al igual que los viejos partidos, los nuevos partidos tienen prisa por llegar al poder, y no les importa hacerlo manipulando a los ciudadanos. Para manipular, necesitan que la ciudadanía no desarrolle sus capacidades críticas. Ni PODEMOS ni CIUDADANOS se han planteado mejorar las capacidades críticas de la ciudadanía. Si a la falta de preparación y de capacidad crítica de la ciudadanía añadimos la demagogia y las mentiras de los líderes políticos el resultado es la muerte de la democracia. Este hecho me preocupa gravemente.

Mary Beard, catedrática de estudios clásicos en la Universidad de Cambridge, explica en El País del 10 de julio de 2016 cómo funcionaba la democracia directa en la ciudad-Estado de Atenas durante la Grecia Clásica del siglo V antes de Cristo. Utiliza como ejemplo la institución del “ostracismo”, pero seguro que Mary Beard guarda otras instituciones de la Grecia clásica en el baúl de sus conocimientos. Deberíamos estudiar con más profundidad las experiencias históricas de la Grecia clásica y aprender sus lecciones, pero no lo haremos y repetiremos los mismos errores. Al fin y al cabo la etapa histórica de la democracia ateniense fue relativamente breve y pronto volvieron la barbarie y la violencia de la mano de los espartanos. ¿Pasará lo mismo con las actuales democracias occidentales que hoy nos parecen imprescindibles?. Otra pregunta para la preocupación.

Desde luego el comportamiento de los líderes políticos españoles no ofrece demasiadas esperanzas de éxito democrático. Se mueven sin altura de miras, como ya hicieran entre el 20-D y el 26-J, y añaden sus propios errores a los errores de los electores. Si estos se equivocaron al premiar la corrupción con más votos y escaños, y al penalizar al centro político, a los equilibrios y al mestizaje político, los líderes políticos se equivocan también al seguir instalados en los juegos de los intereses personales o de grupo y en el partidismo. No hay generosidad suficiente para colaborar y negociar en interés del bien común. Cada líder tiene su particular visión de lo que es el bien común y de lo que conviene hacer, pero nadie parece dispuesto a ceder en sus posiciones. El resultado de tanta intolerancia e incomunicación entre líderes lleva directo al desastre.

Ni Sánchez ni Ribera, ni Rajoy ni Iglesias han entendido lo que pasa. La situación es de emergencia política, social y económica. Deberían acordar un pacto a cuatro, amplio y profundo, que sirviera para sacar a la sociedad de la ruina económica y moral en la que se encuentra. Un pacto a cuatro con reforma constitucional incluida es lo más sensato. En lugar de esto, cada líder utiliza a sus electores para alancear al oponente tan pronto se da la vuelta. Todos dicen que unas terceras elecciones generales serían un desastre, pero todos se preparan para ello por si acaso  y se posicionan para echar las culpas del fracaso a los otros. Volvemos a empezar porque pienso que nadie tiene voluntad real de consensuar. Cada líder tiene excusas  de peso para rechazar el consenso y seguir manipulando a la ciudadanía.

Madrid, 12 de julio de 2016.

José Ángel Suárez González

 

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