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Mestizaje político y reforma constitucional.

Las negociaciones para formar gobierno en España están bloqueadas. A pesar de las apariencias, caso de producirse, el desbloqueo llegará en el último minuto. Como sucede en el baloncesto, hemos entrado en el tiempo de la basura. Todos los jugadores esperan a que pase el tiempo. En el discurso de la investidurafallida, el candidato socialista Pedro Sánchez ha hecho una aportación política interesante: el “mestizaje ideológico”. Ese concepto debería llenar la agenda política, pero está escondido.

Para desgracia de las sociedades occidentales es difícil el pensamiento mestizoen las actuales condiciones del juego político, aunque sería lo deseable después de los resultados electorales del 20-D. Con su reparto de votos,los españoleshan optado por el mestizaje ideológico: “entiéndase; hagan un esfuerzo de mestizaje”. A pesar de este mandato electoral, la cultura política imperante entre los líderes, los viejos y los nuevos, no es colaborar y compartir, sino dominar e imponer. Apoyados en pensamientos caducos, los políticos consideran que esa es la razón de ser del poder y su apropiación partidista.

Todos los grupos políticos piensan que lo mejor es ejercer el poder de manera excluyente, en solitario, sin compartirlo con nadie, excluyendo a todos y a todo. Aunque hay algo peor que el poder excluyente. La confluencia de poder excluyente einstituciones extractivas, en expresión de Acemoglu y Robinson. Son las dictaduras. Viví una y es suficiente. La naturaleza humana, por razones que aún desconocemos, tiende en general a la dominación, a la exclusividad y la eliminación del otro. Puede que sea una tendencia natural del hombre, pero es una tendencia irracional y dañina. Cuando este impulso se aplica en el ámbito político, al diferente se le visualiza como enemigo y rival irreconciliable. ¿De verdad es así como quieren los electores que los políticos ejerzan el poder que les han delegado?. Mi opinión es que los ciudadanos prefieren un poder incluyente funcionando en instituciones inclusivas.

El “civilizado” hombre moderno aún no ha aprendido a ejercer el poder de manera “inclusiva”. Tanto en la política como en la economía, lo ejerce de manera tan excluyente como lo ejercía el homo sapiens primitivo de hace 10.000 años. ¿Es esta forma de conducta socio-política una de “las naturales inclinaciones del hombre” a las que se refería Adam Smith al analizar el funcionamiento de la economía, y por tanto algo inevitable y consustancial a la naturaleza humana?. Si es así, ¿qué sentido tiene hablar de progreso de la “civilización humana”?. Los mecanismos de exclusión que hoy utilizamos son más refinados que antes, pero son igual de perversos. La fuerza y la violencia de la espada han sido sustituidas por el voto y la competencia políticas. La Ley ha sustituido al brazo armado. Bajo estas premisas, el deterioro de las democracias occidentales es un proceso en marcha, y prueba de ello son las instituciones europeas, incapaces de superar la confrontación y el desacuerdo entre naciones. La incapacidad para la colaboración leal, el compartir y el acuerdo tiene mucho que ver con el deterioro democrático y la concepción regresiva de la política, que se resume en el dicho “no importa lo que el otro diga; yo me opongo”. ¿No se puede cambiar este impulso primario del ser humano?.

El optimista antropológico dirá que sí y el pesimista que no. Las opiniones no son relevantes en el caso, y la respuesta científica llegará de manos de la neurocienciay la inteligencia artificial, del conocimiento de cómo funciona nuestro cerebro. Entre tanto, mientras los científicos investigan cómo cambiar los impulsos primarios y buscan una solución al comportamiento político irracional de los Humanos, podemos analizar la tendencia histórica. Los hechos históricos nos dicen que el ser humano evoluciona muy lentamente hacia la racionalidad y el pensamiento crítico, haciendo numerosas incursiones en la irracionalidad y el “pensamiento rebaño”. El camino no es recto sino sinuoso y propenso a la confusión.

Mi esperanza es que los Humanos acabemos convencidos de que las normas, las reglas y el derecho son imprescindibles para la convivencia civilizada y el progreso humano. Por eso me resulta tan irracional la insistencia de algunos economistas en la defensa de una economía y un mercado sin reglas. Las normas básicas de la convivencia, tanto política como económica, son comunes a todos y deben acordarse en colaboración leal, honesta y democrática. Un ejemplo de normas básicas consensuadas es la reforma constitucional. En mi opinión, los españoles han mandatado a sus políticos para que se pongan de acuerdo, y es más fácil ponerse de acuerdo en la reforma constitucional que en el tipo de gobierno. Con la reforma constitucional los partidos políticos pueden y deben consensuar. Con el tipo de gobierno -gobierno a la derecha o gobierno a la izquierda - es casi imposible acordar si no hay cultura de “mestizaje político”, y de momento no la hay, aunque Pedro Sánchez la publicite, la trabaje y la espere.

El problema se agrava cuando aparecen las estrategias políticas de camuflaje. En junio de 1977 los españoles elegimospor primera vez en más de 40 años diputados a Cortes constituyentes, en octubre de ese añose firmaron los pactos de la Moncloapara desarrollar una política económica común que dirigió el profesor Fuentes Quintana, en diciembre de 1978 estábamos refrendando la Constitución y 3 meses más tarde estábamos renovando el Gobierno del Estado. En 2016, como sucedió en 1977,los españoles necesitamos repetir ese proceso. Hoy como en 1977 tenemos dos problemas graves que debemos afrontar en común mediante el“mestizaje político”: uno es político y otro económico. El político es nuestro andamiaje institucional y democrático que se ha quedado viejo; el económico es la austeridad europea que nos está matando.

Ambos problemas, el político-institucional y el económico-social, demandan soluciones de consenso ylos votos del pueblo español han puesto el toro en suerte. ¿A qué esperan los políticos para entrar a matar?. ¿Acaso nuestros políticos creen que resolverán el problema económico con políticas sólo de izquierdas o sólo de derechas?. ¿No son suficientes los ejemplos de las experiencias griega y portuguesa?. Los españoles necesitamos presentarnos en Bruselas con un pacto de la “Moncloa bis” bajo el brazo. Un pacto económico de consenso y mestizaje. La política económica de austeridad en la Unión Europea no la superaremos sólo desde la izquierda o sólo desde la derecha. Necesitamos que izquierda y derecha españolas hagan mestizaje y vayan de la mano. Así enseñaremos a los políticos alemanes “cerriles” que se niegan a pactar con el resto de Europael camino del “mestizaje político”. Deben convencerse de que la colaboración política no es debilidad y que pactar llena la democracia de contenido y beneficia a la mayoría. El pacto es un instrumento de inclusión de los otros, y nada aporta más al bienestar de una sociedad que el acuerdo político y las instituciones inclusivas. Al pactar, todos tienen que ceder. ¡Es elemental!.

La política no es el arte de la discrepancia permanente, sino el arte de consensuar para mejorar el bienestar de la mayoría de ciudadanos. Es responsabilidad de este arte hallar los mecanismos para producir virtudes públicas a partir de vicios privados. Así lo entendió Adam Smith hace 240 años al ofrecernos su relato de una economía que transformaba el egoísmo y el provecho privados en motor de la riqueza colectiva de una nación. Esa idea simple ha inspirado y sigue inspirando el capitalismo codicioso que hoy conocemos. ¿Eternamente?. No. La inteligencia artificial y las máquinas inteligentes han puesto fecha de caducidad al relato smithiano del capitalismo codicioso. En mi opinión es posible un relato alternativo queel “mestizaje político” español puede ayudar a construir en torno a ideas como los derechos universales constitucionalizados (sanidad, educación, pensiones, etc.), el ingreso básico universal y las finanzas. Me ocuparé en la próxima entrega de desarrollar estas ideas.

José Ángel Suárez González

Madrid, 18 de marzo de 2016.

 

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