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POLITICOS DE CORTO PLAZO.

Táctica (sistema especial que se emplea disimulada y hábilmente para conseguir un fin) y estrategia (arte o maña para dirigir un asunto) son conceptos de origen militar. Con el tiempo ambos conceptos pasaron a la política. La política es una lucha por la conquista del poder de manera civilizada. La guerra es una lucha por la conquista del poder de manera cruenta. Tiene sentido ese traslado de ambos conceptos de la milicia a la política. La táctica te hace ganar una batalla, pero sólo la estrategia te da la victoria de la guerra. En política pasa algo semejante: la táctica te puede dar el poder, pero sólo la estrategia cambia a fondo la sociedad.

Estamos en tiempo electoral. El 20-D elegiremos. Elegir es una facultad humana asociada a la libertad. Los ciudadanos españoles más conscientes queremos que las cosas cambien a fondo e intuimos que van a cambiar. ¿A fondo?. Esa es mi duda y la de muchos otros ciudadanos. Veo a los políticos actuales (nuevos y viejos) más ocupados en la táctica y el corto plazo para alcanzar el poder que en la estrategia de cambio profundo de la economía y la organización social. Tienen miedo de equivocarse y no nos enseñan todas las cartas. Les veo actuar más como vendedores de ilusión que como educadores de la razón. Es un gran fallo y una desgracia para la ciudadanía, que tal vez se merezca mejores liderazgos.

No estoy seguro de ese merecimiento. Tenemos una vida tan corta que a veces pierdo la esperanza en el éxito de la especie humana de la que formo parte. Sin embargo la Historia nos dice que siempre hemos salido adelante. Con dolor y sufrimiento, pero adelante. Hoy, como hace 2.500 años en la Grecia clásica, tenemos políticos orientados al cortoplacismo: a decir a la gente lo que les gusta oír, a prometer imposibles, a tomar decisiones que dejan los problemas para el siguiente mandatario, a probar halagos y engaños, a ocultar lo que realmente piensan, a competir y engañar para conseguir el voto en lugar de colaborar y acordar para beneficiar a la gente, etc. Aunque no todo son deficiencias. Hay dos elementos nuevos: parecer humanos y acercarse a los demás. Son buenos elementos pero no son suficientes.

La gente tiene problemas muy graves. En mi opinión el más grave es el problema del trabajo. Las personas sienten cómo el trabajo se agota, y al agotarse el trabajo, experimentan lo que es quedarse sin ingresos y sin medio de vida. El trabajo se agota porque los empresarios y directivos están en un proceso imparable de sustitución de mano de obra cara por máquinas inteligentes baratas. Los humanos de pensamiento simple dicen que eso no es ninguna novedad. Máquinas ha habido antes y las habrá siempre. Desde el principio de los tiempos el hombre crea máquinas que desplazan a los humanos del trabajo. Eso es y forma parte del progreso. Pero el pensamiento simple es incapaz de ver que esta vez es distinto. ¿En qué es distinto?. En que las máquinas que creamos hoy no sólo sustituyen a las personas en el trabajo, sino que son “inteligentes”. No necesitan a casi nadie que se ocupe de ellas, y por supuesto se auto-manejan. Antes las máquinas ayudaban a las personas en sus habilidades y creaban otros empleos en sus alrededores para complementarlas. Ahora ya no. Ahora sustituyen las habilidades humanas y además se manejan a sí mismas. La conclusión es evidente: Necesitamos organizarnos social y económicamente de otra forma. Pero los políticos no tienen el pensamiento estratégico en este problema. Parecen guiarse sólo por el pensamiento táctico: ocupar el poder y conservarlo. ¡Como que la gente no importa!. Este hecho no sólo me da pena. También me causa dolor y desazón.

Sin trabajo, el ingreso se deteriora o desaparece rápidamente. Es lo que está sucediendo y es una realidad indiscutible. Además el aumento de trabajadores sin ingresos pone en riesgo las pensiones de los jubilados. Trabajadores y jubilados son eslabones de la misma cadena. Los ingresos de ambos están en peligro. No tener un ingreso ni un medio de vida en la sociedad de los mercados, es una condena segura a muerte. Los políticos no pueden escapar a esta realidad. Hablan de paro y pensiones prometiendo soluciones milagrosas. Pero huyen de explicar cómo lo van a solucionar, y sin los cómos la política es una disciplina hueca. ¿Destruimos la inteligencia artificial?. ¿La orientamos y planificamos?. ¿Dejamos que gobierne nuestras sociedades sin condiciones ni limitaciones?. ¿Asignamos una renta básica a quien se quede sin trabajo?. ¿De dónde sacamos los recursos para hacerlo?. ¿Cambiamos el sistema fiscal y distribuimos la riqueza financiera para que todos los humanos dispongan de un patrimonio financiero y puedan vivir de él?. Estamos ante un problema de fondo que se resuelve con estrategia política, no con táctica. Pero a nuestros políticos la estrategia les da fatiga y prefieren la táctica cortoplacista que les da el acceso al poder.

Otro problema grave es la corrupción. No es un problema individual, pues considero que la mayoría de las personas actúan con honestidad. Es un problema grupal, que al afectar a determinados representantes políticos, se ha convertido en colectivo, generando desafección y desprestigio de la política. En esta materia los grupos políticos “emergentes” parecen desarrollar una estrategia de fondo y abandonar tácticas cortoplacistas. El discurso de denuncia de la corrupción institucional sin contemplaciones y el enfoque estratégico de condena política severa ha obligado a los partidos tradicionales a reaccionar y los nuevos partidos han puesto el listón bien alto. Sin duda es su mérito, pero se hundirán con rapidez si caen en las prácticas que critican. Por ejemplo, es incoherente el modo como han desacreditado al candidato del PSOE por verbalizar hace unos días lo que ellos mismos dicen del Gobierno corrupto. Esa incoherencia es pura táctica política y me hace dudar de sus verdaderas intenciones. ¿Tienen convicciones firmes o son unos impostores?.

Para bien o para mal, las elecciones son el momento de la decisión ciudadana: con su voto, los ciudadanos pueden premiar la reacción producida o penalizarla. En mi opinión los políticos corruptos han demostrado no estar a la altura de las circunstancias. El 20-D toca comprobar si los votantes estarán o no a la altura de las circunstancias penalizando no sólo la corrupción institucionalizada sino también la impostura.

No menos grave es el problema de la pobreza. Los políticos se escudan en que ellos no crean riqueza, y es cierto que la riqueza la crea la iniciativa privada y el mercado. Pero ellos saben que las reglas del mercado producen acumulación exagerada de la riqueza y se muestran incapaces de ofrecer soluciones para reducir las desigualdades. Quieren acabar con la pobreza sin limitar la riqueza, y eso es un imposible. En esto, como en tantas otras cosas de la política, no se puede contentar a todos. Hay que optar. Solucionar las desigualdades abusivas requiere estrategia política, y los políticos actuales parecen practicar sólo táctica política. ¡Es una pena!. Confío que el elector practique con su voto la estrategia política… y acierte, porque aunque decirlo no sea políticamente correcto, también la democracia se puede equivocar.

José Ángel Suárez González.

Madrid, 17 de diciembre de 2015

 

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