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El retorno del pensamiento keynesiano: cómo afrontar la desigualdad y el paro masivo.

Finalizaba mi anterior reflexión con preguntas que repito al inicio de esta. ¿Qué ideario?. ¿Tal vez el regreso del pensamiento económico keynesiano?. ¿Y por qué no, si resultara que algunas ideas de Keynes aún fueran válidas y resolvieran eficazmente la desigualdad del presente y el paro masivo del futuro?.

Keynes fue un pensador económico que planteó y defendió la necesidad de redefinirel papel económico del Estado. Sus ideas rompieron el mundo económico preexistente. Reconociendo que él mismo se había formado en la economía clásica y en el mercado, actuó con honestidad intelectual al criticar el pensamiento económico liberal y rechazarlo en parte por su incapacidad para solucionar los problemas económicos generados por la crisis financiera de 1929. Que Keynes descubriera la importancia del Estado para estimular la demanda, la inversión y el empleo, no significaba que fuera un defensor de la economía estatal, sino una persona razonable que propugnaba el entendimiento entre el Estado y el Mercado. Es la cooperación Estado-Mercado lo que necesitaremosrecuperarpara afrontar la próxima crisis financiera y es por ello que planteo sinrubor la necesidad de releer el pensamiento keynesiano. No soy el único en esta línea. Martin Wolf la comparte al afirmar en “La Gran Crisis” (2015) que “la crisis actual ha subrayado mi escepticismo sobre el equilibrio, pero también ha restaurado un admirado interés por las obras de Keynes, que ya había empezado cuando estaba en Oxford”.

La cooperación entre Estado y Mercado la defiende Keynes en su Teoría General al manifestar que “esto (la plena ocupación) no necesita excluir cualquier forma, transacción o medio por los cuales la autoridad pública coopere con la iniciativa privada. Pero fuera de esto, no se aboga francamente por un sistema de socialismo de Estado que abarque la mayor parte de la vida económica de la comunidad”. En otro pasaje Keynes expresa su admiración por Silvio Gesell a causa de que la obra de este autor - El orden económico natural - “puede describirse como el establecimiento de un socialismo antimarxista, una reacción contra el laissez faire edificada sobre bases teóricas totalmente distintas de las de Marx, porque se apoya en la repudiación más que en la aceptación de las hipótesis clásicas y en dejar en libertad la competencia en vez de abolirla. Creo que el porvenir aprenderá más de Gesell que de Marx”, decía Keynes.

En su afán por buscar soluciones a los problemas económico de las personas, Keynes planteaen las notas finales de su Teoría General (pgs 371 y siguientes de la obra original)dos problemas de su tiempo que persisten hoy día: “la incapacidad de la economía en que vivimos para procurar la ocupación plena, y la arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos”. Es decir, desempleo masivo y mala distribución de la riqueza en 1935,¿alguien duda que estos son también los desafíos de la economía mundial en 2015, 80 años después?.

Para afrontarestos dos problemas Keynes propone soluciones que rompen con el pensamiento clásico y el neoliberal: para mejorar la distribución de la riqueza Keynes razona sobre la “eutanasia del rentista” y encuentra en ella soluciones que aún hoy nos asombran, como afirmarque“podríamos proponernos lograr un aumento en el volumen de capital hasta que deje de ser escaso” ypropugnar como “política del Estado estimular la propensión media a consumir sin abandonar nuestro objetivo de privar al capital de su valor de escasez en una o dos generaciones”. Las políticas keynesianas aplicadas después de la segunda guerra mundial se centraron en estimular “la propensión media a consumir”incentivando el gasto público, y fueron un éxito para reducir el desempleo, pero descuidaron el objetivo de “privar al capital de su valor de escasez”, lo que ha producido una concentración de la riqueza como nunca antes se ha visto. Han pasado más de dos generaciones desde 1935, y los Estados siguen sin preocuparse por colaborar con el Mercado para “privar al capital de su valor de escasez”. ¿Es acertado renunciar a este objetivo keynesiano?.

No. Opino que debemos remediar el error debatiendo sobre la “eutanasia del rentista”,sobre la oportunidad de retribuir o no al capital para acabar con el incentivo de crear deuda y sobre qué hacer para distribuir lasuper-productividad de los robots. Elanálisiskeynesiano de la “eutanasia del rentista” me parece incluso profético al considerar Keynes “el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecerá tan pronto como haya cumplido su destino y con la desaparición del aspecto rentista sufrirán un cambio radical otras muchas cosas que hay en el capitalismo”. ¿Ha cumplido ya el aspecto rentista del capitalismo su destino?.Pudieraser. No tengo duda de que los intereses negativos son un anticipo de la eutanasia keynesiana del rentista. La eutanasia implica, en expresión de Keynes, “privar al capital de su valor de escasez” que es lo mismo que retribuirlo al cero por ciento de interés y acabar con las deudas como negocio. Justo lo que demandan los europeos del Sur a los europeos del Norte. Los inventores del “interés negativo” ¿están aplicandoel pensamiento keynesianosobre la eutanasia del rentista o están pensando en otra cosa?.

Porlo que se refiere al desempleo masivo, tampoco tengo duda que este es el mayor problema económico de las próximas generaciones. Por si había alguna duda sobre el futuro del empleo, un informe de la Fundación ING en Alemania acaba de señalar que más de 18 millones de puestos de trabajo alemanes serán sustituidos por robots en los próximos 10 años. Ante este panorama sugiero repasar la revolución industrial inglesa del XVII, cuando millones de siervos fueron sustituidos por millones de ovejas en los campos de Gran Bretaña. Keynes propone combatir el desempleomasivo afirmando que “una socialización bastante completa de las inversiones será el único camino para aproximarse a la ocupación plena”. “Socializar las inversiones”, ¿es acasoesa la gran tarea pendiente de la política keynesiana?. ¿Cómo hacerlo?. El neoliberalismohace lo contrario, concentrandolas inversiones en cada vez menos manos. Keynes no es un revolucionario, pero ya hemos señalado que estaba honestamente preocupado por una economía clásica que no solucionaba los problemas económicos de su tiempo.Como pasa hoy con el neoliberalismo. Necesitamos la honestidad intelectual de economistasinfluyentes para resolver la desigualdad y el paro de nuestro tiempo. Martin Wolf me parece uno de ellos.

Asumo que estas dos propuestas keynesianas(“aumentar el volumen de capital hasta que deje de ser escaso” y “socializar las inversiones”) son ideas ajenas al neoliberalismo. Pretenden resolver problemas económicos y evitar una revolución.Una posible revolución le preocupabatambién a Keynes, al punto de afirmarque el proceso de eutanasia del rentista “no será algo repentino sino una continuación gradual… y no necesitará de un movimiento revolucionario”.¿Le dará el futuro la razón?.Mi apuesta es que, a través del desarrollo de estas dos líneas de trabajo (eutanasia del rentista y socialización de las inversiones),el pensamiento económico keynesiano debe recuperaren un futuro próximo el protagonismo frente al pensamiento económico neoliberal vigente, cuyos axiomas económicos provocarán otra crisis financiera devastadora. Pero no descarto que mi apuesta choque con la irracionalidad y la codicia humanas, vicios muy arraigados, y que por tanto sea necesaria la revolución que Keynes no deseaba.

Hay una tercera idea keynesiana que propongo rescatar en estos tiempos de dinerofácildedicado en cantidades ilimitadas a especular con activos financieros. Me refiero al dinero sellado con fecha de caducidad de Silvio Gesell, que Keynes consideraba una “idea sólida” pero llena de dificultades para aplicar en la práctica.El dinero sellado es un dinero cuyo valor se deteriora con el paso del tiempo y por el que pagamos si no lo gastamos, es decir, un dinero retribuido con intereses negativos.Aplicar este tipo de política exige cambios de mentalidad y dehábitos económicos, pero no hay duda de que el interés negativo puede penalizaral dinero no gastado. ¿Qué o quién nos impide institucionalizar el interés negativo y aplicarlo al dinero improductivo que se atesora sin gastar?.

Hoy es técnicamente posible penalizar el dinero improductivo, algo imposible de hacer en el estado del arte de las finanzas de los tiempos de Keynes.¿Qué consecuencias tendría esto para nuestros pequeños ahorros?.Ninguna si alguien solvente nos garantiza un ingreso periódico del que vivir con dignidad, de manera que nuestros pequeños ahorros no sean más que una parte de ese “aumento en el volumen de capital que deja de ser escaso”y por el que ya no se percibe ninguna retribución según el pensamiento keynesiano. ¿Quién puede ser ese “alguiensolvente” que nos asegure un ingreso periódico?. Puede ser el Estado o el Mercado o mejor incluso, una colaboración entre ambos. ¿Qué impide que podamos garantizar a todos los ciudadanos un ingreso digno y periódico si seguimos la política de “socializar las inversiones”y repartir la super-productividad de las máquinas?.

Este paraíso keynesiano de “capital que deja de ser escaso” e “inversiones socializadas” no estáaún construido, pero ¿no solucionaríamos la mala distribución de la riqueza presente y el desempleo masivo futurosi probáramos a construirlo?. Considero que crear dinero con el objetivo de que “el capital deje de ser escaso” beneficia más a la mayoría de los ciudadanos que inyectar liquidez al sistema financiero con el objetivo de hacer más ricos a los que ya lo son, como hacenhoyel BCE, la FED, y los Bancos Centrales de Japón y Gran Bretaña con su política de “expansión cuantitativa”. También considero que “socializar las inversiones” es un excelente antídoto contra la acumulación improductiva de riqueza financierarefugiada cada vez más en los paraísos fiscales, y contra la apropiación codiciosa de la productividad de los robots. Estos deben empezar a tributar en lugar de los humanos. Sugiero a los políticos que tomen nota de esteconjunto de ideas y que las pongan en circulación. Algunas ya están sobre la mesa de debate como el ingreso mínimo y periódico para todos en forma de renta básica universal.

El establishmentdefensor del neoliberalismojustifica sus políticas económicas en la exigencia de respeto a los mercados libres y competitivos. Yo en cambio sostengo que estaspolíticas son las causantes de la crisis devastadora que se está incubando. La manera que creode evitarla es aplicar las dos medidas que propone Keynes en su Teoría General: 1) aumentar el volumen de capital (financiero) hasta que deje de ser escaso y 2) socializar las inversiones para distribuir la productividad y acercarse a la plena ocupación. La primera medidaya se está ejecutando a través de la política de “expansión cuantitativa”, que está aumentando el capitalfinanciero al punto de que, en opinión de Keynes, dejará de ser escaso “de manera que el inversionista no reciba ya bonificación alguna (interés cero)”.Se ha fabricadotanto dinero últimamente que algunos inversionistas ya asumen que se les retribuya con interésnegativo. El problema no son los intereses negativos, sino que el aumento de la cantidad de dinero no se está haciendo para beneficiar a la mayoría de ciudadanos sino para beneficiar a unos pocos (las élites).

¿Y cómo socializar las inversiones?.Este es el objetivo más difícil porque exige solidaridad entre las personas, colaboración entre Estado y Mercado y preservar la cultura del esfuerzo. Afirmo que,caminando hacia el primer objetivo (“aumentar el volumen de capital hasta que deje de ser escaso”), encontraremos fórmulas para“socializar las inversiones” sin abolir el mercado, la sana competencia y el premio al esfuerzo personal.Para aplicar estas dos medidas, los partidos políticos deben abandonar la vieja forma de hacer política y el sectarismo partidista, sustituyendo la confrontación y la oposición sistemática a lo que diga el otro por la colaboración en beneficio de las personas. También deberán organizar de manera eficiente y racionalla incorporación de trabajadores-robots en sustitución de trabajadores-humanos. Si dejamos este proceso a la improvisación o a la codicia humana, los resultados serán desastrosos. Termino con una tesis económica radical: o reinventamos las instituciones para vivir de las finanzas y de los robots, o no sobreviviremos como especie. ¡De cómo sucederá esto me ocuparé en la próxima reflexión!.

 

Madrid, 10 de junio de 2015.

José Ángel Suárez González

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