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Crecimiento negativo, inflación negativa, intereses negativos… ¿Qué está pasando?.

La mente humana está preparada de manera natural para los cálculos en positivo. Los números naturales fueron uno de nuestros primeros descubrimientos. Contábamos en positivo, medíamos en positivo… con los dedos de las manos, con muescas en los palos etc. Para concebir y trabajar con los números negativos, nuestro cerebro ha tenido que hacer un esfuerzo. No resulta cómodo ni natural contar en negativo. Los niños comprende antes el concepto de contar hacia atrás que el de contar en negativo. Para que comprendan mejor la operación resta no utilizamos el concepto “número negativo”, sino el concepto “te quito”, más relacionado con el instinto de propiedad que con las matemáticas. Tienes seis avellanas y te quito dos, ¿Cuántas te quedan?, pregunta el maestro.

Sin embargo la economía neoliberal opera cada vez más con conceptos en negativo. La última invención del neoliberalismo económico es la de los “intereses negativos”. Mucha gente no lo entiende. ¿Cómo puede ser esto?. Nuestro cerebro está acostumbrado a procesos lógicos. La razón nos dice que cuando prestamos dinero a alguien, esperamos que el acreedor nos devuelva cuando menos lo prestado, pero al parecer el Dios Mercado ha sido capaz de fabricar los “intereses negativos” para que sea posible devolver menos de lo prestado. Claro que también desde hace tiempo el Dios Mercado financiero nos permite vender algo antes de poseerlo. La naturaleza dice que no podemos vender lo que no tenemos, salvo que seamos unos avispados “trileros”, pero el mercado financiero hace este milagro cada día.

El neoliberalismo económico nos está proponiendo razonamientos antinaturales e irracionales. Utilizando productos “sofisticados” como los derivados financieros, las finanzas permiten vender algo antes de comprarlo. Ahora el mercado nos dice que si prestamos dinero a alguien, puede que nos devuelvan menos dinero del que prestamos (intereses negativos). ¿Acaso acabaremos pagando al banco por administrar nuestro dinero?. Más aún ¿tendremos que pagar por utilizar dinero físico?. También llevamos años oyendo hablar de crecimiento económico negativo, una expresión contradictoria pues si algo crece, la razón nos dice que no puede ser negativo. Finalmente los trabajadores deben aceptar rebajas en sus salarios porque la inflación de precios es negativa, pero resulta que el diccionario de la lengua define inflación como “elevación notable del nivel de precios con efectos desfavorables para la economía de un país”. Vender lo que aún no se tiene, intereses negativos, crecimiento negativo, inflación negativa… ¿Qué está pasando en el neoliberalismo económico?. ¿Qué esconden estas irracionalidades?.

Esconden la doble vara de medir. Todo lo que se hace es bueno si beneficia a la élite y está contra el libre mercado si beneficia a la mayoría. El último invento, los intereses negativos de la deuda pública, tiene su origen en la política de expansión cuantitativa diseñada por el BCE. Hemos sacralizado el mercado para dejar que sea él quien establezca el precio del dinero y para nuestra sorpresa ha establecido “intereses negativos”. Es un ejemplo de la mala economía que nadie se atreve a criticar. La necesidad de inyectar liquidez al sistema financiero se ha utilizado por la élite para hacer más ricos a los que ya eran ricos. Lo dice “a su manera” el Director del Departamento de Gestión de activos financieros de Bankinter, Miguel Artola, que administra más de 15.000 millones de euros. “Los mercados son cada vez más complicados…y lo que hace ahora el BCE (comprar deuda) y antes la FED, no es inocuo; están distorsionando el funcionamiento de los mercados”. Si los distorsionan en beneficio de la élite, el pensamiento neoliberal lo considera una virtud. Si lo hicieran en beneficio de la mayoría, la misma distorsión sería un atentado a la libertad económica.

El BCE en lugar de financiar directamente a los Estados, les ha obligado a acudir al mercado privado de capitales. ¿Por qué?. Porque así los ricos pueden especular con las necesidades financieras de los Estados y hacerse más ricos de lo que ya eran. Los inversores privados prestaron a los Estados suscribiendo títulos de deuda con un interés atractivo. Ahora el BCE compra a precios de “mercado” esos títulos a los viejos inversores que obtienen pingues beneficios. Los nuevos inversores se ven obligados a prestar dinero a “interés negativo”. Pero ¿no podía el BCE imprimir directamente el dinero que los Estados necesitaban y proporcionárselo?. ¿Por qué obligó el BCE a los Estados a buscar financiación en el mercado privado de capitales?. Los beneficios de la política de impresión directa de dinero por el Estado ya los verbalizó en 1865 el Presidente de los Estados Unidos Abraham Lincoln al afirmar que “el Gobierno debería crear, emitir y circular toda la moneda y crédito necesario para todos los necesarios gastos del Gobierno, así como para satisfacer el poder adquisitivo de los consumidores. Mediante la adopción de estos principios, los contribuyentes ahorrarán inmensas cantidades de interés”.

El establishment defensor del neoliberalismo vigente dice que estas cosas y casos son un ejemplo de la complejidad de la ciencia económica y una exigencia de los mercados libres y competitivos. Yo en cambio sostengo que estas cosas y casos son los prolegómenos de una crisis devastadora que está en camino. La introducción de complejos algoritmos para acelerar la negociación de alta frecuencia con activos financieros (high frequency trading), multiplica el riesgo y la volatilidad especulativa de los mercados. El apalancamiento irracional crea dinero sin fundamento e hincha el globo de la especulación. Vender algo antes de comprarlo con dinero prestado ya es pura especulación. Los administradores sensatos de fondos saben que millones de personas tienen sus pequeños ahorros en los mercados y que su obligación moral es proteger esos ahorros y evitar los riesgos del mercado especulativo. ¿Pero cómo resistirse a ganar un dinero fácil cuando todos especulan con las finanzas y tus bonus dependen de esa especulación?.

La especulación con productos financieros debería regularse o prohibirse, pero si lo sugieres, el establishment te acusa de antisistema, así que mejor dejar que los intereses negativos y la venta apalancada de lo que aún no se ha comprado continúe promoviendo la especulación salvaje con activos financieros; mejor dejar que la inflación negativa sirva de excusa para ajustar más las ya precarias condiciones de trabajo de los obreros; mejor dejar que el crecimiento negativo y el endeudamiento sigan acumulando riqueza de baja productividad real y alta productividad financiera; mejor dejar que los “intereses negativos” justifiquen que el banquero te devuelva menos dinero del que le dejaste en custodia. ¡Permaneceremos callados y dolientes hasta la devastación!.

Los líderes políticos deberían reflexionar y corregir el rumbo de esta mala economía, pero divididos como están entre defensores acérrimos del Mercado y defensores acérrimos del Estado, subidos al carro del populismo de las citas electorales y narcotizados por la expansión monetaria cuantitativa que el Estado canaliza a través del Mercado libre, escuchan a la élite de la que forman parte y prometen ríos de leche y miel, cuando en la calle se oye el festejo de los ricos cada vez más ricos y el llanto de los pobres cada vez más pobres. Crecimiento negativo, inflación negativa, intereses negativos… ¿qué vendrá después?.

Estos fenómenos son amenazas claras a la estabilidad y a la salud de la economía de mercado. No refuerzan el mercado sano sino que lo hunden en la falta de transparencia y en la corrupción. Aunque es verdad, como dicen los estrategas, que toda amenaza es al mismo tiempo una oportunidad, hoy me interesa resaltar el lado oscuro de las amenazas. Por eso cuando los políticos anuncian recuperación, yo hablo de devastación, aunque no guste oírlo. Lo digo ahora, cuando la fiesta aún no ha empezado para que no se me acuse de aguafiestas, y prometo dedicar otro día a hablar de la buena economía que pueden traer estas amenazas si somos capaces de utilizarlas como oportunidades.

 

Madrid, 21 de mayo de 2015.

José Ángel Suárez González

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