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ROSCAS DE ANÍS Y SUELDOS DE 300 EUROS.

Escribí a mediados de 2013 que gestionar la economía es el arte de gestionar tres grandes industrias: la industria de la producción de bienes, la industria de las finanzas, y la industria de la distribución de la riqueza. De la primera el gestor menos malo es el mercado, de la segunda un mix de mercado y política, de la tercera el único gestor posible es la política. También escribí que cuando cada industria funciona a su aire, sin reglas y al servicio de sus propios intereses, la economía se desajusta y se hace ingobernable, que es lo que está pasando. No estamos saliendo de la crisis de 2008 sino caminando hacia la próxima pues no hemos corregido nuestros fallos de gestión de las tres industrias mencionadas.

El contenido de este artículo me asaltó visitando la villa de Cuellar. Cuellar es una villa de la Castilla Vieja y profunda. No es una villa cualquiera. Amurallada, tiene un centro histórico medieval y más de 30 monumentos en un estado más que aceptable. Repoblada en el siglo X, fue dos veces sede de la corte castellana, aunque el día de mi visita la encontré falta de actividad: demasiados locales en busca de emprendedor o negocio y calles vacías a la hora del vermut en un día soleado de invierno. Subiendo por la calle San Pedro nos cruzamos con un grupo de jóvenes “apagados” y entramos en la bollería Helio para comprar unas roscas de anís.

Jóvenes apagados, calles vacías y locales en busca de negocio me habían generado una sensación de país pobre y villa triste. La pregunta de la dueña de la bollería me dio la pista: “¿Pero cómo quieren que esto funcione con sueldos de 300 euros?. Parecen tontos aunque tengan tanto estudio.” A la señora le funcionaba el sentido común. Efectivamente el dinero está en manos de las personas equivocadas. Manos muertas que por diversas razones acumulan una riqueza que nunca gastarán. Personas con más pasado que futuro, cada vez con menos movilidad y menos necesidades. Cuando era joven tenía más vida que dinero. Ahora que soy mayor tengo más dinero que vida. ¿Alguna autoridad pública podría poner un poco de equilibrio en esto sin que los jóvenes pierdan la cabeza y sin que los ancianos pierdan la dignidad?. Los jóvenes “apagados” con los que me había cruzado, llenos de vitalidad y necesidades, con todo el futuro por delante apenas tienen ingresos. Y no es que sean vagos y holgazanes. Los que pueden trabajan, pero el empresario que los emplea se lo queda todo y como decía la señora, les paga “sueldos de 300 euros” y aspira a pagarlos de 200 si pudiera. En esas condiciones, ¿cómo esperan los políticos que los pueblos puedan vivir y comerciar, y la bollería Helio comprar y vender?.

“Póngame seis roscas, señora”. “¡Ala! - dijo mi esposa - son muchas!. El lunes me pongo a dieta y los abuelos comen como pajarillos”. “Seis, ponga seis -insistí-. Se las comerán mis hijos, que no les vendría mal un pase por el hambre de África para notar la diferencia”. “Cuando yo era joven -dijo la señora mientras me entregaba el pedido y me susurraba el precio- no oí a nadie decir que fuera a ponerse a dieta”. De nuevo el sentido común. Mientras una parte de la sociedad tiene que ponerse a dieta, a otra le falta para comer. ¿En qué mundo viven los políticos que no se ocupan de remediar tan escandalosa desigualdad?.

Los estudios confirman que la crisis ha incrementado los niveles de desigualdad en España. Somos más pobres y más desiguales. El índice Gini ha empeorado de 30 a 35. El 10% de españoles poseen el 55% de la riqueza, mientras el 50% malvive con el 10% de la riqueza. Las causas son claras: salarios bajos (se cobra la mitad que antes de la crisis), desempleo masivo (1 de cada 4 trabajadores), trabajo precario, temporal o a tiempo parcial (1 de cada 2 empleos), seguro de paro recortado (1 de cada 3 parados sin seguro), servicios públicos mermados (sanidad, educación), etc. Los datos de los salarios devaluados son bien conocidos, y los nuevos empleos se están contratando a niveles salariales de la década de 1980.

Tanto los ricos como los pobres aceptan la desigualdad como una maldición bíblica, como un fenómeno de la naturaleza,. Los ricos asumen como algo inevitable que de vez en cuando los pobres se suban a sus barbas. Lo consideran el precio a pagar por la desigualdad persistente. Piensan que la generación de ricos que sufre la rebelión de los pobres tiene mala suerte. Paga por sus propios pecados y por los de sus antepasados. Las cosas podrían ser de otra manera. La tecnología y las finanzas permiten otro modo de reparto de la riqueza, pero nadie parece tener interés en promover el cambio. Se diría que nos gusta más la desigualdad que la igualdad. Mientras las máquinas inteligentes incrementan la productividad que se apropian casi en exclusiva los dueños del capital, los trabajadores tienen sueldos miserables. Mientras los dueños del capital concentran cada vez más dinero, y lo dedican a comerciar con papeles financieros en lugar de a producir bienes y servicios de consumo, los trabajadores no pueden comprar los bienes y servicios que envasan o producen las máquinas porque tienen sueldos miserables.

¿Hasta cuándo piensan los políticos que esta situación es sostenible?. ¿Están todos los políticos alineados con el pensamiento de la desigualdad como fenómeno natural e inevitable?. Necesitamos políticas públicas de redistribución de los incrementos de la productividad y del capital financiero, y la tecnología actual facilita hacerlo. ¿Por qué no se hace?. Falta voluntad política en los que Gobiernan e inteligencia crítica en quienes les votan. Crear empleo a costa de rebajar salarios no sólo implica un empobrecimiento de la mayoría de los ciudadanos, sino que es una medida antieconómica y de muy baja rentabilidad.

Algunos economistas piensan que la demanda global de una economía no se altera si cambiamos menos trabajadores con salarios dignos por más trabajadores con salarios miserables lo que es un grave error técnico y político. En el mundo de las matemáticas es cierta la ecuación de 10 trabajadores por 10 euros de salario igual a 20 trabajadores por 5 euros de salario, pero en el mundo de la economía esa ecuación no funciona. Los 20 trabajadores de 5 euros no pueden acceder a los mismos bienes y servicios a los que acceden los 10 trabajadores de 10 euros. La política económica de rebajar salarios, que es la que gusta a la derecha, promueve la redistribución de la miseria salarial, y la redistribución de la miseria salarial sin duda incentiva la creación de empleo, pero deprime el consumo y la producción. Es lo que está sucediendo en España en 2015. ¿Cuánto tiempo necesitaremos para darnos cuenta del disparate que estamos cometiendo?. ¿No hay solución?. La solución pasa por redistribuir con equidad los excedentes de la productividad y la competitividad, a lo que se opone el empresariado y la política de derechas de forma radical. Su primera preocupación no es la distribución justa del excedente, sino la situación del mercado, las ventas y los beneficios. ¿Por qué cuesta tanto entender que el mercado, las ventas y los beneficios dependen de la distribución justa del excedente tanto a nivel nacional como internacional?

Para finalizar la mañana encuentro una frase escrita en una pared enfoscada de uno de los locales que buscan negocio: “Votes lo que votes, explotado hasta que ¡explotes!”. Alguien de Cuellar con rabia social y pensamiento crítico ha concentrado en una frase su distanciamiento de la política y su impotencia personal para cambiar las cosas. Es un grito desgarrado que apunta un camino: la rebelión de las masas. ¿Es el único posible?. ¡Torpeza e injusticia humanas!. ¡Lo que estamos viviendo es desolador!. Los comercios rebosan de mercancías pero la gente no gana lo suficiente para el pan nuestro de cada día debido a las erróneas políticas económicas del Gobierno. Algunos políticos piensan estúpidamente que esto se resuelve con una dosis adecuada de represión y violencia. Otros con una dosis de dictadura y violencia. ¡Inmensos errores!

José Ángel Suárez González

 

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