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De la trivialidad y otras zarandajas

Hace unas semanas con ocasión de una entrevista a Varqufakis, ministro de Economía de Grecia, en un programa de televisión de La Sexta, éste respondió que  la negociación con la UE de Grecia a causa de su deuda, no era un partido de futbol, en el que había que ganar o perder el partido y que además no terminaba tan rápidamente.  Tiene interés recordarlo porque con frecuencia la actividad política en España parece asemejarse más a un partido de balompié (¿por qué habremos desterrado este palabra?) que a una competición larga y compleja, con altibajos y pequeñas victorias o derrotas.

Cada día trae su afán, parecen decirnos los periódicos y los medios de difusión, espoleando a los responsables políticos a seguir el (generalmente corto) recorrido de una noticia que parece aguijonear al partido rival. Lo que ayer era primera página es sustituido hoy por otra noticia, pues la anterior se ha demostrado que no tenía recorrido.Los medios digitales corrigen en alguna medida esta cuestión, pues las noticias permanecen en su banco de datos y en las portadas digitales, mientras tienen suficiente número de lectores.

Se argumentará que es la obligación de nuestros responsables políticos, porque no teniendo otras formas de saber cuáles son las preocupaciones de la opinión pública deben estar pendientes de aquellas que se publican en los medios. Pero también puede argüirse que los responsables no tienen que parecerse ni a las marionetas ni a esos preciosos juguetes que casi han desaparecido de los juegos de los niños: los tentempiés. Si se trata de ir al fútbol (que no me gusta), voy, si al Rocío, también (aunque sea ateo) de costalero, por supuesto en el Gran Poder (aunque me pase renegando toda la procesión).La máxima que hablen de mí aunque sea mal, es una verdad universal a juzgar por estos responsables políticos que desean a toda costa obtener un titular. Como la imaginación humana tiene un límite (en algunas personas este límite parece mayor de lo habitual) se recurre a asesores o negros cuya función esencial es tener ocurrencias mañaneras intentando por todos los medios obtener untwitter que consiga ser trendingtopic. Los más serios, lo consiguen pocas veces, porque son twitter previsibles, pero otros alardean cada día de tener un número creciente de seguidores. Tengo la impresión de que cuantas más ocurrencias tienes, más seguidores. Así se explica que cada vez es más difícil dar una conferencia o una clase, o una simple conversación, sin que nuestros oyentes o interlocutores consulten de manera agónica, constante y célere su Smartphone.

La reciente dimisión (parcial) del concejal del Ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata nos recuerda varios aspectos de la actualidad relacionada con las redes sociales. La primera es que todo queda registrado para siempre: todo aquello que haya sido escrito en las redes puede volver. A veces favorablemente, a veces como un obús. La segunda es que a pesar de su inmediatez las redes sociales no pueden usarse como una conversación, donde la repentina respuesta, ausente de reflexión, pude ser enmendada o sus conclusiones modificadas tras el debate. La frase escrita, escrita está y en consecuencia puede ser usada contra nosotros, incluso en contra del sentido que al parecer creímos darle. Puede ser usada, además, varos años después. Limitaciones de un medio sometido a un máximo de 140 caracteres.


Las explicaciones del concejal Zapata no han sido suficientes para permanecer en el cargo y me temo que tampoco para convencer a nadie. Burlarse del genocidio del Holocausto aunque sea por un chiste malo no es correcto. Las explicaciones fueron confusas porque se quería explicar lo inexplicable. Savater lo ha explicado bien hablando de las necesidades de España:Sin duda necesita una regeneración política, pero no vendrá de quienes sólo saben contar hasta ciento cuarenta.

Francisco Velázquez



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